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viernes, 12 de julio de 2013

Lamentarlo no es suficiente

Aunque es lo menos que se puede hacer al conocer la terrible noticia de la consecuencia fatal de un atropello que se produjo hace unos días cuando un coche arrolló a unos chavales que circulaban por un carril bici de Corella, la ciudad que más ha apostado por este tipo de infraestructuras de toda Navarra.

Faltan las palabras para expresar la angustia que nos sobrecoge a todos los que estamos todos los días trabajando y peleando por que la gente utilice cada vez más la bicicleta como medio de locomoción, de manera segura, sobre todo entre los más jóvenes.

Lejos de tratar de analizar las particularidades concretas del caso, tarea reservada a la Policía Foral de Navarra, un cuerpo que nos consta que ha hecho un esfuerzo especial en los últimos años en relación con la seguridad vial de los ciclistas, especialmente entre los escolares, el suceso reviste una especial relevancia por las circunstancias que lo rodean.

Lugar del suceso (Foto de Diario de Navarra)

Por un lado, un grupo de menores que circulan despreocupadamente en sus bicicletas por una calle de un pueblo mediano disfrutando de su periodo vacacional. Una calle que, además, cuenta con un carril bici. Una calle secundaria donde no haría falta semejante infraestructura pero que el celo y la vehemencia de muchos corellanos, especialmente los Biciclistas de Corella, consiguió que se implementara, para mejorar la visibilidad de los ya numerosos ciclistas urbanos.

Por otro, un automovilista joven que viaja confiado, sin atender demasiado a lo que sucede, porque normalmente no sucede nada.

Y, de repente, se produce el desastre. Un golpe fatal. Y en un segundo todo cambia y la normalidad se convierte en tragedia.

¿Qué más se puede hacer?

Desde luego lamentarse no sirve para arreglar nada. Para evitar que esto se vuelva a producir no basta con quejarse, por más alto y más veces que se haga. Hay que hacer algo más.

Está claro que no es una cuestión de carriles bici. Tampoco es una cuestión de si el chaval llevaba casco o no. O de si iban más o menos despistados. O de si ya casi era de noche y quizá no iban provistos de luces. No basta con eso.

Para prevenir futuros accidentes, sobre todo en medio urbano, no queda otra que trabajar sobre los automovilistas con mucha más contundencia que la que se está aplicando en la actualidad. Hay que remarcar una y otra vez la responsabilidad tremenda que se asume al conducir un coche, mucho más cuando se hace en poblaciones y hay que recordar que el peligro, el verdadero peligro en los accidentes lo aportan los automóviles, que con un simple golpe pueden resultar mortales.

Si queremos que nuestros pueblos y ciudades sirvan para ser vividos de manera segura y amable, necesitamos darnos cuenta de que los coches son los mayores obstáculos ante los que nos encontramos. Para conseguir que la gente disfrute de ese espacio común que es la calle, tendremos que desincentivar el uso del automóvil para algo que no sea imprescindible y está demostrado que la mayoría de los viajes que se hacen en coche en nuestras poblaciones, más si son medianas o pequeñas, son viajes que se podían haber hecho en cualquier otro modo.

Hasta que no seamos capaces de hacerlo, nos seguiremos encontrando con este tipo de desgracias con mayor o menor frecuencia. Lamentablemente.

martes, 9 de julio de 2013

Hola, soy N, feliz falsedad

Hoy, día de mi cumpleaños, os obsequio con este regalo que nos hizo Copenhagenize ayer dentro de su doctrina y la de cada vez más gente de que ya basta de aceptar la tiranía del coche y sus consecuencias con la indolencia que nos caracteriza. Basta ya de engañarse y de engañarnos: el coche mata. Gracias por no usarlo más que cuando no queda otro remedio.
N'ko

If Car Commercials Were Based on Fact not Fiction - 001 from Ivan Conte on Vimeo.

jueves, 28 de marzo de 2013

Manos arriba, esto es un atasco

Nos han robado la ciudad. Nos la han robado y la han puesto al servicio de los más fuertes, de los más potentes, de los más agresivos, de los más peligrosos, de los más dañinos, de los más devoradores, de los coches.


Ha pasado poco a poco, lo hemos ido viendo evolucionar, crecer, como si fuera un hijo nuestro, de todos, mimado, consentido, maleducado. Y se ha ido haciendo fuerte, ha ido ganando parcelas, hasta que se ha vuelto contra nosotros, de una manera tiránica y ahora nos tiene amedrentados. Porque nos amenaza, nos golpea y nos castiga.

Y es que es muy difícil, después de tantos años de hacerle la vista gorda, tratar de no perdonarle sus trastadas, de darle de todo sin pedirle nada, ahora se ha hecho fuerte y se ha juntado con otros coches, con muchos coches y resulta mucho más amenazante. Hordas de estos descarados y prepotentes niñatos que nos tienen prácticamente secuestrada la calle porque la necesitan ellos, para sus carreras, para sus acelerones, para sus juergas y sus tortazos.

Y así andamos, por las esquinas, esquivándolos, eludiendo el enfrentamiento con ellos porque nos sabemos menos y menos violentos, y sabemos que ellos no tienen miramientos. Se han hecho con la ciudad y la han sometido a sus deseos, han conquistado las calles y se han hecho con los cuartos de estar urbanos hasta tal punto que nos hemos acostumbrado a prescindir de estos espacios y vivir arrinconados.

Lo que pasa es que son nuestros hijos malcriados y no podemos evitar quererles algo, aunque nos estén haciendo la vida imposible, aunque nos estén dejando sin dinero, sin recursos, aunque nos estén haciendo el aire irrespirable. Asfixiados pero conformes, somos unos miserables prisioneros de unas criaturas que hemos estado alimentando durante muchos años, demasiados. Y ya llevamos perdido mucho tiempo, mucho dinero y una buena parte de nuestra salud en ello.

domingo, 27 de enero de 2013

Peatón, no cruces por el paso de cebra

15 atropellos en 20 días. La ciudad de Pamplona ha sido escenario de un aumento espectacular en los atropellos de peatones. Tanto ha sido así que la Policía Municipal, ha decidido iniciar una campaña sobre el terreno para tratar de resolver el problema.

Hasta aquí todo lógico, pero ¿cómo pueden evitarse los atropellos? La Policía Municipal de Pamplona ha pensado que posicionándose en los pasos de peatones más conflictivos para recordar las responsabilidades de conductores y viandantes. Esto es, que los peatones pasen por estos pasos y que los coches respeten la prioridad de los viandantes.

Lo malo es que, de los 15 atropellos, 13 se han producido precisamente en esos pasos peatonales. Así pues, es difícil adivinar qué más se puede hacer que trabajar para que los conductores sean más respetuosos con las normas de circulación en estos lugares.


¿Cuál es entonces la estrategia? Pues, sencillamente, tratar de repartir la culpa de los atropellos con los peatones, recordándoles que ya no basta con cruzar por los pasos habilitados para ellos sino que ahora tendrán que incrementar sus precauciones a la hora de invadir la calzada asegurándose de que los conductores les hayan visto y extremándolas cuando las condiciones meteorológicas sean adversas ya que paraguas, capuchas y prendas oscuras dificultan su visibilidad y su interacción con los automovilistas.

Según los datos y la estrategia de la Policía podríamos concluir que:
  1. En Pamplona los pasos peatonales son los lugares más peligrosos para cruzar ya que más de un 85% de los atropellos sucedidos este año han tenido lugar en ellos.
  2. Que en días lluviosos es mejor no salir a la calle en algo que no sea un coche y que, si se hace, es mejor no llevar paraguas y capuchas, porque dificultan las operaciones al cruzar la calle.
  3. Que es mejor no ir vestido de colores oscuros de noche.
Ya sólo queda por decir que la mejor manera de evitar que los peatones sean atropellados es que no anden a pie. Todavía hay demasiada gente y gente demasiado poderosa obsesionada en demostrar que el coche no es el verdadero culpable de la peligrosidad vial y en culpabilizar a las víctimas de estos "accidentes". Y no hay visos de que esto cambie.

miércoles, 23 de enero de 2013

¿Qué es más peligrosa una mosca o una mariposa?

En este tipo de disquisiciones parece que ha andado metido un equipo investigador de la Universidad de Granada (UGR) tratando de dirimir, tras una exhaustiva revisión de todos los accidentes que se han registrado en España en el periodo comprendido entre 1993 y 2009 en los que se han visto involucrados ciclistas. ¡22.834 ni más ni menos!

Toda una tesina para llegar a una triste conclusión: que los hombres son más peligrosos que las mujeres en bici. Tremendo. A lo que añaden que aún lo son más si van drogrados, llevando pasajeros o conduciendo una bicicleta con los frenos en mal estado o sin luces. Brutal. Para eso no hace falta hacer un estudio. Basta con conocer la naturaleza humana o tener dos dedos de frente.

Lo que resulta sangrante es que un trabajo de esta entidad no dé para más que para volver a cargar tintas sobre los ciclistas, no importa sin son chicos, chicas, deportistas o utilitarios. Definir a un ciclista como peligroso en un contexto como el del tráfico en España es poco menos que trivializar un asunto que es de gravedad capital como es la seguridad de los ciclistas en la circulación.


Los peligrosos son los rinocerontes

Porque enfocar el riesgo de utilizar la bicicleta sólo desde la responsabilidad del ciclista, su perfil y sus condicionantes y circunstancias es obviar en voz alta el verdadero origen de la verdadera peligrosidad de la circulación que son los coches.

Lo que pasa es que estamos tan entrenados a asumir los daños colaterales que ocasiona el uso intensivo e indiscriminado del coche que nos llega a parecer que es inocuo cuando analizamos el resto de la circulación.

Pues no, las mariposas y las moscas, por más molestas que sean no son en sí mismas peligrosas, lo que son peligrosos son los rinocerontes, sobre todo cuando corren alocados en manada y van topando con los demás.

P.D.: Un saludo a Oscar Patsí, autor de "La revolución de las mariposas", inspirador del presente post y otro a Juan Cris Ortiz por dar la voz.

lunes, 21 de enero de 2013

El gran pufo de las autovías

Somos el país de las infraestructuras megalíticas para los coches. En la ciudad y fuera de ella, esto está pensado y desarrollado para los coches. Pero la cosa se ha ido de las manos desde hace ya unos cuantos años y parece que nadie acaba de poner el grito en el cielo. No sé. Igual se nos pasa el enfado cuando llegamos antes a nuestro pueblo, a nuestra montaña o a nuestro curro. Quién sabe.

Lo que pasa es que en esto, como en tantas otras cosas, nadie se ha preocupado en saber cómo funciona realmente, cuánto cuesta, cómo se paga y quién se enriquece con ello. Igual porque nadie se ha preocupado tampoco en explicarlo. Igual porque es tan grave que es mejor que el vulgo lo disfrute... y lo pague.

Un ejemplo sangrante se recoge en el periódico regional opositor de la región donde vivo: la Autovía del Camino es una de esas obras desproporcionadas realizadas en los años de la depredación del suelo, del derroche del dinero público y del fasto descomunal.

El Supercamino

Una obra de apenas 70 kilómetros que costó 334 millones de euros, sólo un 11% más de lo presupuestado, pero que se decidió fin
anciar con la perversa fórmula del "peaje a la sombra". Perversa sobre todo cuando está mal calculada. Según este método la Administración firma una concesión con un grupo de inversores gracias al cual se ahorra los fastuosos desembolsos que exige una infraestructura de estas características a cambio de pagar, una vez construída, por cada kilómetro recorrido por cada vehículo que utilice la vía.


Si el cálculo hubiera estado bien hecho, el precio por kilómetro sería justo y el sistema de financiación razonable. El problema viene cuando el cálculo de usos se hace a la baja y el precio se infla. Entonces llega el beneficio, y con él la sospecha. Sobre todo cuando no se cumplen las expectativas oficiales y la autovía es un éxito y se usa mucho más que lo que se creía y el beneficio se dispara.

Pues resulta que la citada autovía cuenta con estos ingredientes y el gobierno regional, como todos los gobiernos regionales en estos momentos, está pagando el pato, y lo está pagando además, no a la concesionaria original (mezcla de caja de ahorros, gran holding constructor y pequeña amalgama de constructores locales) sino a un grupo inversor filial ni más ni menos que del Deutsche Bank que, enterado de la rentabilidad exorbitante que ofrecía, decidió hacerse con el 80% del negocio.

¿Cómo vamos a sufragar esto? 

En nuestro triste caso a razón de 5,82 por cada vehículo ligero que recorra los 72 kilómetros o de 7,84 euros por cada vehículo pesado hasta 2032. Y eso que la crisis, la bendita crisis está haciendo que el tráfico disminuya, también en esta vía y que se haya paralizado la expansión inmobiliaria que genera, a modo de racimo, cualquiera de estas grandes infraestructuras de alta capacidad y alta velocidad a su alrededor.

¿Quién va a parar todo esto? Desde luego este no parece el Camino. El Camino de la austeridad, de la humildad, de la solidaridad, aunque algo conserva del espíritu del Camino: la penitencia.

domingo, 20 de enero de 2013

Amaxofobia, la oportunidad

El telediario oficial ha recogido en su sesión de noche una noticia de esas que no se sabe bien con qué criterio se incluyen en el sumario, pero que te caen así, como minirreportaje de fondo, con testimonios incluídos. La amaxofobia o miedo a conducir ha sido la que se ha injertado hoy entre desgracia y desgracia.

La amaxofobia es como se denomina la patología que recoge el miedo a conducir en forma de crisis ansiedad. Razonable pensarán algunos, marginal opinarán otros, deleznable seguro que habrá algunos que defiendan. El caso es que la noticia presenta esta afección como algo mucho más común de lo que muchos sospechamos. Dicen que la amaxofobia la sufren, en sus distintos niveles de agudeza, uno de cada tres conductores.


Una de cada tres personas que conducen sufren esta dolencia y no se recogen todos los casos de miedo a la conducción. Terrible, terrorífico. ¡Y aún nos siguen vendiendo la experiencia de conducir como una experiencia incomparabla! ¡Pues vaya si lo es! Y, sin embargo, continúan sin querer desmantelar toda la lógica de la motorizzación, de la deslocalización, de la dispersión, de la zonificación y la alegría de la hipermovilidad porque creen que sigue representando el fundamento de esta maltrecha economía que hace aguas por los cuatro costados.

Y no sólo eso. Todavía sigue habiendo intrépidos irresponsables que siguen comerciando con el miedo de los ciclistas y el que tienen que tener los peatones como se les ocurra compartir el espacio, su espacio, el espacio de todos con esos que lo hacen desde detrás de un volante y a golpe de acelerador.

Es el miedo a conducir lo que hay que seguir fomentando y alimentando. No precisamente la citada amaxofobia, que no deja de ser una desgracia personal, sino más bien el miedo hacia una práctica que nos cuesta mucho a todos y que debería estar desaconsejado. Como fumar, como molestar a tus vecinos, como amenazar a los demás. El miedo nunca es bueno, porque es irracional, pero sí lo es la sensación de alerta y angustia por la presencia de un peligro o mal, sea real o imaginario.

Tenemos suerte, más del 85% de las personas que sufren esta fobia son mujeres y son ellas las que van a cambiar este mundo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Cuelga el coche

Hay menos coches. Es un hecho constatado. Hay menos tráfico. Bastante menos del que quieren reconocer los responsables de la gestión del mismo. Hay más gente parada y hay más gente que se mueve de otra manera, y eso ha dado como resultado un descenso en la utilización del coche. Eso y que los gastos de mantener y mover un automóvil se han puesto por las nubes y que cada vez hay más gente que no puede o no quiere permitírselo.

La noticia de esta semana va más allá. Ahora a la gente le ha dado por inutilizar su coche mediante el método de darlo de baja. Una práctica hasta ahora casi desconocida que consiste en dejar el coche parado en el garaje para no utilizarlo y no pagar impuestos por él. Algo hasta ahora reservado para piezas de coleccionista.

Imagen sacada de aquí


Sorprende que mucha gente se siga aferrando a su automóvil de tal manera que, incluso si no lo va a utilizar, quiera ocupar 10 metros cuadrados de inmueble por seguir poseyéndolo, pero no es menos cierto que tanto el coche como el garaje han costado un riñón y se han depreciado demasiado en los últimos años como para andar regalándolos, así que es mejor enterrar el coche aparcado en su propio ataúd.

No es fácil atisbar cuál será el siguiente peldaño en la desmotorización. Si vendrá de la mano del banco malo o del bien común. El caso es que la gente ya empieza a apañárselas con menos y empieza a prescindir de los elementos de lujo. Mientras tanto el PIVE sigue animando a los fabricantes y vendedores de coches a hacer un último esfuerzo para apuntalar sus ventas. Es un mundo loco.

De todas formas, si te animas, prueba a dar de baja tu coche temporalmente y comprueba cuánto ahorras y cómo cambia tu vida. Es un mero trámite administrativo. De regalo, te puedes hacer con un "carnet de no conducir" y así vas haciendo ostentación de tu opción.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Incentivar el uso del coche

En agarrarnos con fuerza a un clavo ardiendo es en lo que parece que se está convirtiendo este tránsito increíble entre la vorágine y la debacle de este sistema moribundo. O al menos así están tratando de explicárnoslo como única opción posible. Da igual que sea más de lo mismo o menos de lo mismo, el caso es que sea lo mismo. En eso consiste el truco, en insistir hasta la saciedad en los mismos postulados que nos han traído hasta aquí, como los únicos que nos pueden llegar a salvar. Increíble de no ser cierto.

Un ejemplo de ello, más allá de las recetas económicas y políticas que nos están administrando, es el aliento desesperado que quiere dársele al coche como bastión de la movilidad y motor de la economía. Alargar la vida del todopoderoso vehículo parece que es el encargo que se han propuesto los poderes, aceptando el chantaje de fabricantes y vendedores, por llamarlos de alguna manera digna.

La noticia es el nuevo plan de ayudas a la compra de coches nuevos o seminuevos en la que se ha embarcado el gobierno central de la mano de fabricantes y concesionarios. A la espera de que el ladrillo vuelva a pesar lo que pesaba y, no contentos con esquilmar las arcas públicas para pagar el desastre, ahora vienen con una micromedida de ayuda a la compra de coches.


Más coches

Hacen falta más coches. La caída en picado de un sector que había generado su propia burbuja al calor de la inmobiliario-financiera y que ahora sufre las vacas flacas ha servido para justificar, bajo la excusa de mejorar la eficiencia y disminuir el nivel contaminante, la subvención a la compra de 75.000 coches de aquí a diciembre.

Ahora que la demanda de coche había bajado, por la disminución de la actividad económica, por el incremento del precio del combustible y, en menor medida, por las medidas disuasorias de su uso, principalmente la tarificación del aparcamiento, ahora vienen los poderes fácticos y se autoadjudican unas ayudas que, por ejemplo, la compra de bicicletas no la tienen.

75.000 coches más. Prácticamente nada. Si en vez de coches se hubiera financiado la compra de bicis hubiera dado para 1.000.000 a razón de 75 euros/bici, que en proporción viene a ser lo mismo. Todo para salvar a fabricantes y a tiendas, dando igual que la fabricación sea estatal o no.

Para la ciudad, sobre todo

No ha pasado ni una semana de la celebración de la Movilidad Sostenible como evento, en la misma ciudad en la que se organizó simbólicamente la marcha de la bici hasta la factoría de coches local el periódico de mayor tirada y más conservador publica hoy un informe según el cual Pamplona es tan transitable en coche en Septiembre como en Agosto. Cuestión de minutos.

¿Qué significa esto? Pues que esta ciudad, como tantas otras, es todavía demasiado favorable al uso del coche. Que, pese a esas medidas pretendidamente disuasorias, la facilidad y la prioridad de uso del coche como medio de locomoción es incontestable. Eso y que, como en todas estas mediciones de viajes en coche se siguen descontando los tiempos terminales de aparcamiento y desplazamiento a pie hasta el destino final.

martes, 31 de julio de 2012

El peligro en la circulación no es el coche

Surge la cuestión entre los comentarios que suscita una nueva colisión entre ciclista de bicicarril y coche en un paso de con preferencia ciclista. Ya no nos sorprenden, son como las noticias de enfrentamientos en Oriente Próximo o Medio. Nos hemos acostumbrado. Tanto, que ya hacemos comentarios tópicos y nos permitimos bromas tontas cuando la integridad de las personas está en juego.

Respecto al incidente, había un consenso generalizado a la hora de culpabilizar a los conductores de los coches, así, en general, como incautos, incívicos y prepotentes. Casi nada. Como si fueran una casta aparte, como si el mero hecho de ir al volante de un automóvil sirviera para categorizar a las personas y para prejuzgarlas como presuntos energúmenos menospreciadores de la vida de los demás. Lamentamos terriblemente cuando se generaliza con los ciclistas, pero no tenemos ningún empacho en hacerlo con los automovilistas cuando nos conviene. Somos así de simples, así de tontos.

Es el exceso de confianza

Pues no. En este caso, como en la mayoría de los accidentes circulatorios en la ciudad la culpa no es del coche como elemento, ni siquiera la peligrosidad es inherente al mismo, a su peso, a su velocidad. El peligro, el verdadero peligro en la práctica circulatoria lo produce el exceso de confianza. Ese que nos invita a minimizar nuestras defensas, nuestras precauciones, nuestra prevención. Tanto si somos conductores de automóviles, como de bicicletas o caminamos a pie.


Lo demás son pamplinas, argumentos visados, posicionamientos irracionales, tontería. Cuando se produce un accidente, sólo hay que pensar cómo se podría haber evitado y cómo se puede evitar el siguiente y dejarse de memeces respecto a la culpabilidad y al victimismo que la misma suscita. Lo importante es que nadie ponga en juego la integridad física de nadie, empezando por la propia.

Y eso no sólo se logra con educación vial. Muchas veces, en el caso de los ciclistas en la mayoría, depende de la capacidad de hacerse ver e interactuar en el tráfico y eso, en muchas ocasiones, se hace extremadamente complicado cuando se concurre en un cruce desde una vía ciclista bidireccional y segregada: un bicicarril, para que nos entendamos.

La disfunción bicicarril-intersección

Un bicicarril (odio el término) en una intersección se convierte en una trampa mortal, aumentada terriblemente por la sensación de seguridad, de continuidad y por la preferencia que confiere a sus usuarios. Visto desde la bici es claro simple y recto. Visto desde el interior de un coche es, simplemente, imposible. Un conductor no puede, a la vez, mirar a cinco sitios y actuar en consecuencia, así que reduce su atención a tres: su trayectoria, la presencia de otros usuarios al borde de la calzada y el comportamiento del resto de conductores en la misma.


Así, cuando un ciclista emerge desde un lateral, a una velocidad media cercana a los 20 kms/hora, o lo que es lo mismo, a 5 metros por segundo, se convierte en un par de segundos en un blanco que aparece desde más de 10 metros en la trayectoria de un conductor que ha de atender, si la vía ciclista es de dos sentidos, además de a su retrovisor y a los márgenes de la calzada, a un ángulo de 20 metros, muchas veces dificultado por obstáculos (coches aparcados, contenedores, árboles, vegetación, mobiliario urbano, etc.), lo cual hace la operación imposible.


Es por eso por lo que no podemos caer en la trivialización de este tipo de sucesos y en simplismos del estilo de "los conductores tienen que aprender a respetar a los ciclistas" o "el coche mata". Claro que mata, pero mucho más si te tiras literalmente bajo sus ruedas o juegas a ver si te atropella.

Así pues, empecemos a pensar en cómo minimizar las víctimas y dejémonos de monsergas. Porque nadie quiere atropellar a nadie. Nadie. Ni los farrukitos ni los kamikafres. Dicho esto, no está de más hacer un recordatorio básico para automovilistas.


domingo, 22 de abril de 2012

Aunque tú puedas, tu país no puede

Vivimos inmersos en una vorágine que nos impide pararnos un momento y pensar qué estamos haciendo, qué hemos hecho mal o qué podemos hacer para aliviar esta sensación de congestión y agarrotamiento a que nos están condenando los que alimentan y mantienen este estado de cosas. Hemos aprendido a tragar y a sufrir las consecuencias de tal manera que parece obsceno y de alguna manera traidor tratar de cuestionar el rumbo que seguimos empecinados en mantener o tratar de denunciar algunas situaciones que favorecen esta deriva.

Nos han enseñado a no ser críticos, nos han enseñado a ser obedientes, pase lo que pase, cueste lo que cueste, por nuestro propio bien, por el bien colectivo. Tanto es así, que incluso cuando las cosas se ponen feas de verdad como se están poniendo, sólo una minoría es capaz de denunciarlo públicamente, porque el resto sigue creyendo que es mejor estar parados que moverse si nadie se lo ha ordenado. Es curioso el fundamento del orden social que se ha ido consolidando en nuestra sociedad, ese que fomenta el aborregamiento, el seguidismo y la resignación.


Hoy toca hablar del presupuesto familiar, una de esas entelequias que la mayoría de nosotros estamos habituados a gestionar con maestría pero sin cuestionar ninguna de sus partidas porque parecen inamovibles. Entre dichas subcuentas, hay una que es especialmente importante, muchas veces tan importante incluso como la de la vivienda, y que participa decisivamente en la asfixia que viven muchas familias en este país. Es la cuenta del coche.

La cuenta del coche

Nadie cuestiona la cuenta del coche en una sociedad que ha trabajado muy duro para hacer que el coche sea el medio de locomoción más conveniente. Nadie. Nadie ha reparado en que la tenencia y manutención de un coche, cuesta mensualmente un mínimo de 300 euros. Nos hemos acostumbrado de tal manera a soportar este gasto que lo hemos asimilado al de la hipoteca o el alquiler de la vivienda. De hecho, muchas familias alimentan 2 y 3 coches con presupuestos familiares realmente exiguos y con agobios financieros fenomenales. Pero somos así de valientes cuando nos lo proponemos, o, casi mejor, cuando asumimos algo como incuestionable.

Lo más aterrorizante de esta situación es que, ahora que nos están haciendo apretarnos el cinturón de una manera increíble, la gente sigue aferrada al volante en propiedad y a todo lo que ello conlleva como si de ello dependiera su libertad, su capacidad de moverse o su acceso al mercado laboral. Somos así de miserables. Vivimos así de engañados.

La verdadera cuenta del coche

Pero la verdadera cuenta del coche, la de cuánto tenemos que pagar no ya sólo como propietarios sino además como contribuyentes, es la que la inmensa mayoría en esta sociedad engañosa y falsa está empeñada en ignorar, intencionadamente o no. El coste real para una sociedad que se ha organizado alrededor del coche es muchísimo mayor que ese presupuesto familiar donde sólo nos han repercutido algunos impuestos marginales como son el de los carburantes, el de circulación o el del valor añadido.

Nadie en su sano juicio es capaz de cuestionar hasta el día de hoy el gasto en construcción y mantenimiento de las infraestructuras megalomaníacas que se han aparejado para el coche a lo largo y ancho del país, aunque es quizá la partida presupuestaria que todo el mundo sospecha que representa el precio para poder disfrutar de nuestros todopoderosos coches y para garantizarnos la ubicuidad que ellos nos facilitan. Más bien al contrario, se siguen justificando autopistas urbanas e interurbanas como la solución a la concurrencia de un parque automovilístico cada vez mayor y cada vez más utilizado.


Sin embargo, no es la cuenta más importante. Mucho mayor es el peaje que estamos pagando en salud pública por el uso intensivo y extensivo del coche. La incidencia de la obesidad, de las enfermedades cardiorrespiratorias o del estrés en nuestra sociedad producto de un estilo de vida cada vez más sedentario y de una calidad del aire cada vez peor, fomentado por el uso del coche se han convertido en los problemas más acuciantes de la sanidad pública en este país. Eso por no hablar del coste de los accidentes y de las secuelas de los mismos.

Pero está también el precio de la congestión y el coste de la subsidiarización del aparcamiento, algo que nos cuesta mucho más creer pero que desgraciadamente es igual de real. Todo eso sin tener el cuenta las fabulosas ayudas y exenciones a la fabricación, compra y reposición de coches y recambios. Y por supuesto sin cuestionar el estilo de urbanismo y la hipermovilidad que nos han vendido, que sólo tiene sentido a bordo de un automóvil.

Lo que no tiene precio es el espacio público que se ha usurpado para conseguir que todo esto funcione, tanto para circulación como para aparcamiento y que ahora parece descabellado de restituir a sus verdaderos acreedores: las personas.

Por todo esto y porque además el coche aisla, violenta y condiciona los tránsitos de los demás, haznos un favor: deja el coche en casa. Cuando puedas y cuanto puedas. Tu bolsillo lo agradecerá, el nuestro también.

viernes, 6 de abril de 2012

Por fin llegó la Semana Santa del Coche

Muchas veces cuando uno se mete en uno de esos soliloquios en los que se cuestiona el uso excesivo, abusivo e irracional del coche cargado de múltiples argumentos y razones de peso, alguien pregunta:

- ¿Es que queréis que la gente renuncie a sus coches?

Es la pregunta del millón. Hay que reconocer que el coche tiene sus cualidades incuestionables: recorrer largas distancias, transportar cargas y varios pasajeros a la vez, llegar a lugares donde el transporte colectivo no llega... En esas misiones el coche es insustituible y las vacaciones representan la gran oportunidad para reivindicar el coche como el gran vehículo para poder acceder a nuestros destinos privados y privativos.

La Semana Santa se presenta como una de esas oportunidades inigualables para justificar y exprimir el coche. La semana de los 14 millones de desplazamientos en un país de 47 millones de habitantes así lo demuestra. Incluso con un pronóstico meteorológico tan malo como el que tenemos, nadie es capaz de renunciar al placer de conducir, en medio del atasco, con el resto de la muchedumbre automotorizada, aunque la gasolina vuelva a marcar máximos históricos y para disfrutar de 3 días de vacaciones haya que penar 2 de preparativos, viajes y recogidas. Somos así de borregos y además nos regodeamos de ello con estúpida arrogancia.

Ayer, en el supermercado donde se concentraba todavía parte de los más rezagados haciendo aprovisionamiento de víveres y útiles para la salida, me encontré este mensaje enternecedor:


Estamos metidos en esto hasta las cejas y, lo peor de todo, es que queremos seguir estándolo.

¿Cuánto nos cuesta todo esto?

Ayer se publicó un estudio que revela los costes de los atascos. Tan sólo valorando sus efectos en la contaminación, en la pérdida de tiempo y en el exceso de consumo de combustible y revela que a cada miserable ciudadano motorizado los atascos le vienen a salir por un pico anual de entre 100 y 1.000 euros, dependiendo del tamaño y de la congestión de la ciudad donde resida.

Un pico que hay que sumar a la cuenta anual de la tenencia y uso de un coche que, por término medio, no baja de los 3.000 euros y a toda una serie de gastos indirectos que el sufrido contribuyente sufraga formalmente y que vienen motivados también por la sobreutilización del automóvil. Son esos gastos relacionados con la salud (incremento exponencial de la obesidad, afecciones respiratorias, problemas cardiovasculares y el nunca suficientemente ponderado estrés), el mantenimiento de las infraestructuras, muchas veces sobredimensionadas y faraónicas, la incidencia de los accidentes en muertes y secuelas imputables a los mismos.

Todo eso sin contar con la cesión de espacio público y la conculcación del derecho a la paz y la seguridad en las principales calles y plazas de nuestras ciudades y todas las prebendas y las regalías que le hemos ido concediendo al Santo Coche. No sé qué más va a tener que suceder para que empecemos a darnos cuenta de que esto no es que sea insostenible, sino que empieza a resultar insoportable. Si la crisis, la recesión y los recortes no lo han conseguido...

En fin, en otro momento profundizaremos sobre ello porque ahora tengo un poco de prisa. ¡Chao!

martes, 20 de marzo de 2012

¿No estaremos defendiendo al lobo de las ovejas?

No me hagáis mucho caso pero con tantas estrategias dirigidas a refugiar a los pobres ciclistas lejos de los coches, sin importar si con ello estamos comprometiendo la tranquilidad del rebaño peatonal, siempre tan dócil y conformista ¿no estaremos consiguiendo preservar la movilidad motorizada más que la ciclista? ¿Y no estaremos evitando restar ferocidad a esa fiera depredadora y agresiva que es el coche? ¿No le tendremos tanto miedo que nos tiene acobardados y preferimos pelear con rivales de menos entidad? ¿O es que creemos que es imposible vencerle?

Cuando se ven a peatones y ciclistas discrepando y discutiendo por el espacio, parecen más dos cabritillos topando, ignorantes de que el verdadero enemigo no es su oponente, hasta que aparece el lobo y entonces corren a esconderse balando como ovejitas que son.


Pidiendo carriles, permiso para circular por espacios peatonales y otros refugios, ¿no estaremos haciendo rediles y estaremos facilitando que los lobos campen a sus anchas a nuestro alrededor por todo el resto de la ciudad?

Ignoro si la estrategia de defender al peligroso contra el inofensivo responde a la amenaza que se cierne sobre el coche, que lo está haciendo un vehículo en vías de extinción y exige la necesidad de preservarlo a cualquier precio y a costa de provocar perjuicio, malestar e incomodidades al resto de formas de desplazarse que gozan de buena salud y tienen el futuro garantizado.

Si no ¿qué otra cosa puede hacernos parecer tan estúpidos de no darnos cuenta dónde está el problema y cuál es la solución?



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domingo, 18 de marzo de 2012

Polución, electrificación y farruquitos

Hoy he desayunado con prensa local y reconozco que, con la que está cayendo, me han sorprendido los titulares que copaban las portadas de los dos principales diarios regionales. Uno de ellos invocaba la lluvia como solución a la polución.


El otro daba la solución a la movilidad moderna: la motorización eléctrica.

Visto así, sin más, no guardaría más relación que dos noticias anecdóticas copando sendas portadas de dos diarios provincianos. Analizando un poco más el marco, observamos que ambas portadas recogen también noticias de la factoría automovilística de la región, lo cual ya nos empieza a apuntar el trasfondo del asunto.

El automóvil no es la causa, es la solución

Esto es, que el automóvil no es la causa pero sí la solución a esta crisis climática y económica. De hecho la culpa de la contaminación es del anticiclón, como bien sabrán madrileños y otros pobladores de las grandes urbes con boina, y la solución está en la lluvia, que cambia el polvo por brillo. Y, por otro lado, la solución  a los problemas de la movilidad viene otra vez de la mano del motor, en este caso eléctrico, tan limpio y tan inocuo que se puede presentar flanqueado por una bici en la zona peatonal de más calidad de la capital de provincias, que para eso está. Como si la electricidad manara de fuentes claras y transparentes.

Cruda realidad que se confirma al día siguiente, cuando los altos directivos de la factoría anuncian al populacho que son ellos los que han venido a salvarnos de esta crisis económica tan mala y tan perversa y de la que empezamos a sospechar que hemos sido nosotros, pobres ciudadanos de a pie, los que la hemos causado con nuestras demandas excesivas de servicios públicos, de casas sobrevaloradas y de ambición financiera desmedida o algo así.

... y Farruquito

Ambos periódicos recogen también la noticia de la inminente llegada del artista Farruquito, una estrella del baile flamenco, que desgraciadamente se ha hecho más conocido por su actitud negligente y temeraria en la conducción de un coche sin licencia, causando la muerte de un peatón y dándose a la fuga a continuación. Tan conocido se hizo que ha dado nombre a esos kamikafres al volante, que navegan impunes por nuestra geografía.

Una combinación terrilble la de polución, electrificación y farruquitos, que asola nuestras ciudades, que nos enferma irremediablemente, que provoca víctimas, que transmite miedo y que consolida la ignorancia en nuestra sociedad.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Malos hábitos

Dicen que la obesidad se ha convertido en el principal problema de salud pública mundial, a la altura del hambre, aunque con connotaciones diametralmente opuestas. Tres millones de personas mueren al año por complicaciones relacionadas con el sobrepeso, mayoritariamente provocadas por malos hábitos de vida: alimentación, sedentarismo, estrés, ansiedad... Terrible balance el de la gula, el de la dieta basura y el del "fast food", superpotenciados por todo el aparato de mercadotecnia que llevan aparejado.

Hay además en esta forma de entenderse con el mundo (la alimentación no deja de ser una forma más de relación con el entorno y con los demás) un efecto multiplicador en la fórmula que ha mejorado la simple comida basura: la comida basura + coche. Esta forma de consumir comida ha sido popularmente comercializada por los norteamericanos del norte, oficialmente conocidos como estadounidenses, responsables de muchos de los hábitos que los occidentalitos de a pie hemos ido adquiriendo a través de su persuasiva exposición en sus potentísimos aparatos mediáticos.


El protocolo conocido como "drive thru" (conducir a través), consistente en acudir al expendedor de comida basura sin desmontar del coche, relacionarse con un interfono y pasar a recoger tu dosis en una ventanilla, se ha popularizado a través de películas, anuncios y otros sucedáneos de realidad virtual y se ha ido implantando en forma de exitosísimas franquicias por toda la geografía mundial civilizada, por llamarlo de alguna manera.

La máxima expresión de sedentarismo, consumismo, malos hábitos de nutrición y autodependencia se recoge en estos centros donde prácticamente sólo se puede acceder en coche y que, en el colmo de los colmos, incluso cuentan con un carril ex proceso para realizar la citada operación. ¡Un carril coche en medio de un universo coche!


Son estos centros las auténticas catedrales que consagran esta simbiosis fatal, que se ha convertido en uno de los lastres más pesados y preocupantes de nuestra sociedad. Compararlo con el hambre es obsceno, como obsceno es seguir potenciando esta forma de consumo, de movilidad y de postración de la población.

domingo, 8 de enero de 2012

España necesita más coches

En la dudosa tarea de tratar de ver la realidad desde sus distintos prismas y tratar de comprender el sentido de algunas poderosas fuerzas que mueven los hilos y tejen las redes que encorsetan nuestra sociedad y que la inmovilizan en la lógica de la movilidad motorizada, ayer planteaba un ejercicio de intentar comprender el sentido del "otro lado" el de la industria del automóvil.

Hoy he sabido que la fabricación de automóviles en nuestro país sigue siendo uno de los motores de nuestra decrépita economía y sigue siendo una de las esperanzas de mantenimiento y recuperación de la misma, aunque sea a corto plazo. En España se fabrican más de 2.000.000 de coches al año, de los cuales tan sólo un 10% son para el mercado interior y el resto se exportan. Terrible balance.


Esto que, dicho así no dice gran cosa, nos coloca como la octava potencia mundial en la poderosísima industria de la automoción, superados sólo por China, Japón, Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur, Brasil e India. En España este sector representa casi el 10% de la población activa, factura más del 6 % del PIB y representa casi un 20% de sus exportaciones. ¡Como para meterle mano!

Coches que dependen del tren para subsistir

Más es. El mismo artículo menciona las dificultades logísticas en las que se encuentra el sector en un mundo globalizado y residiendo en una esquina de Europa. Paradójicamente se plantea como una necesidad para tratar de mantener este bastión de nuestra economía el implementar una red de ferrocarril de mercancías poderosa, que nos acerque al resto del continente y que nos permita competir interiormente con Chequia, Eslovaquia o Polonia, ya que el coste logístico representa un 13% del precio, casi lo mismo que el coste de personal (!). Una red ferroviaria cuya implementación precisamente está diferida por el esfuerzo de montar en este país la mayor red de tren de alta velocidad y de autovías del mundo. 

Todo ello, coincidiendo justo con la noticia de que el año ha cerrado con un nivel de ventas de coches semejante al de 1993 y que el petróleo vuelve a lograr máximos históricos, parece poco halagüeño el futuro de una sociedad dependiente de la venta de coches, que ha basado su desarrollo efímero de la última década en la dispersión urbanística y en la especulación a todos los niveles, y que habla de sostenibilidad en términos casi más agonísticos que ilusionantes.

¿Alguien sigue pensando que lo de la movilidad sostenible y lo de la promoción de la bicicleta no son sino globos sonda para mantenernos entretenidos mientras en las cocinas de la economía seguían preparando el mismo menú que nos había dado de comer las últimas décadas?

El gobierno regional de donde yo procedo hace tiempo que nos ha dejado de engañar con paños calientes y lleva unos cuantos años dirigiendo sus mejores esfuerzos a consolidar y mejorar el futuro incierto de un sector que por estos lares además de ser fundamental en la economía se ha erigido como valedor de toda una idiosincrasia que aún empodera más al coche. ¡Como si le hiciera falta!

Llamarme conspiranóico pero creo que pensar que esto se va a poder cambiar por la vía política es ser algo más que un poco iluso.

jueves, 22 de diciembre de 2011

A vueltas con el aparcamiento

Hablábamos ayer de algunas medidas para reducir la peligrosidad en nuestras calles provocada por la conjunción de la preeminencia de la circulación motorizada y la percepción de seguridad que confieren algunas facilidades que se habilitan para los "no motorizados", que acaban convirtiéndose en trampas mortales cuando son interceptados in fraganti con consecuencias por desgracia muchas veces fatales.

Hoy el tema no es tanto profundizar sobre la mejora de la seguridad vial como tratar de entender por qué se utiliza el coche de manera compulsiva en nuestras ciudades y cómo ha afectado esto a la disponibilidad de espacio público en nuestras ciudades.

Hace muchos, muchos años... o quizá no tantos, la calle era de dominio público, no se podía disponer de ella para nada que no fuera transitar o para estar. No se podía abandonar ninguna propiedad en la calle. Pasó después que nos dejamos abducir por el automovilismo y hubo que cambiar la ley para permitir al todopoderoso coche llegar y estacionar donde quisiera. A eso lo llamamos aparcar. Y ahí empezó nuestra condena.


Cuando el automovilismo se masificó nos obligó a ceder el espacio público para sus necesidades y demandas: carriles exclusivos de circulación rápida y plazas de aparcamiento por todas partes. Y lo que hasta entonces era algo excepcional, se normalizó y lo raro, aunque difícil, se hizo posible. Y desplazarse en pesadas cajas metálicas blindadas con ruedas de puerta a puerta, algo absolutamene descabellado, se facilitó y se promovió de tal manera, que hoy en día nos parece natural.

Tanto es así que, cuando se nos acabó la superficie disponible, después de haber arrinconado a otras formas de desplazamiento urbano, empezamos a excavar las ciudades en busca de más sitios donde dejar nuestros coches. ¿Una locura? Sin duda. Pero cuando los locos son mayoría, los cuerdos no cuentan y, de hecho, no son bienvenidos. Y así fuimos horadando toda la ciudad y llenando de coches el subsuelo urbano. Casi nada.

Foto de aquí
Pero el problema persistió y aún se nos ocurrió dar otra vuelta de tuerca, y lejos de desincentivar a la gente a que siguieran utilizando el coche, que era lo que nos daba tantos problemas, nos armamos con sistemas inteligentes de información en tiempo real de la disponibilidad de plazas de aparcamiento y señalizamos las calles con paneles luminosos que así lo anunciaban. El efecto llamada.

Eso y una fórmula magistral que, además de prometer disponibilidad de espacios en superficie, se convierte en fuente de ingresos además de crear puestos de trabajo: la zona de estacionamiento restringido (ZER). Magistral.

Y sin embargo, sigue sin funcionar. Los parkings no se completan, las ZER se llenan de vecinos y no ofrecen aparcamiento de rotación, además de generar tráfico inducido. Y donde debería de haberse conseguido descongestionar la circulación, se colapsa más. Y los viajes que se tenían que haber acortado, se eternizan. Y la contaminación aumenta, y la disposición de espacio público para los coches se incrementa, y el ruido y las incomodidades para peatones, ciclistas, vecinos, comerciantes y visitantes se hacen insoportables.

Aún así, y viendo cómo la cosa se empezaba a torcer, pusimos a devanarse los sesos a nuestros mejores lumbreras, que acabaron dando a luz una invención que de alguna manera suponía una renuncia, aunque realmente era sólo una formulación: el aparcamiento disuasorio. La cosa consitía en habilitar bolsas de aparcamiento alejadas de las zonas congestionadas y proporcionarles conexión vía transporte público. Nada, la gente siguió intentando el puerta a puerta en coche y sufriendo en silencio haciendo ruido, contaminando y ocupando el valioso espacio.


Y es que somos tan, tan obstinados y tan, tan contradictorios, que cuando se plantea la posibilidad de tratar de mejorar la situación para recuperar la ciudad para que sea más habitable, resulta que volvemos a contar con la oposición de los mismos que están sufriendo las penurias. Y así vecinos, comerciantes y, por supuesto, visitantes automovilistas se niegan rotundamente a cualquier proceso que trate de reducir el espacio coche para hacerlo espacio vivo.

Esta renuncia a la calle para ponerla al servicio del todopoderoso coche es lo que genera los mayores problemas, los mayores conflictos y los mayores peligros en la configuración de las calles. Hoy he tenido noticia del Informe del estado de la movilidad de la ciudad de Madrid, de 2010, que arroja datos en este sentido y una tendencia preocupante provocada por la crisis: cada vez hay más coches en la calle y menos en garajes. Igualmente preocupante es la noticia que llega desde Barcelona, según la cual la nueva política de movilidad para esta legislatura rebaja la presión sobre el coche y encarece el transporte público. Somos realmente geniales.

jueves, 15 de diciembre de 2011

¿Cómo devolvemos los ciclistas a la calzada?

Aún me acuerdo en una visita a Donostia-San Sebastián, hace ya unos cuantos años, tuve la oportunidad de coincidir con Alfonso Sanz, uno de los grandes precursores de la movilidad ciclista en este país ingrato, y, a la vista de los múltiples despropósitos que se habían fraguado en aquella ciudad bajo la única denominación de "bidegorris" (carriles bici), le expresaba mi más sincera preocupación respecto a la eficacia de los mismos y, más que eso, al problema entonces aún incipiente de implementar este tipo de infraestructuras complicadas y metidas con calzador en espacios la mayoría de las veces de carácter peatonal con las consiguientes molestias y conflictos que generaban y la inevitable desnaturalización de la circulación ciclista.

Su contestación no fue otra que:

- Ahora sí que tenemos un problema: ¿cómo devolvemos los ciclistas a la calzada?

Han pasado años, unos cuantos ya, demasiados, y el problema no ha hecho más que generalizarse y acentuarse. Y hoy es el día en que, con una mínima incorporación de personas al uso de la bici de acuerdo con esas pautas y este modelo, la cosa se ha hecho ingobernable.

Hemos presenciado en estas últimas semanas algunas tentativas de atajar el asunto "cicleatonal" por la pura fuerza, a golpe de multa, para regocijo de medios de comunicación, y también hemos visto tímidos intentos de plantear alternativas más razonables fundamentadas en la educación y el fomento de la convivencia, pero el tema tiene ya unas proporciones que resultan difíciles de manejar a golpe de fusta o de catecismo.

¿Qué se puede hacer cuando las cosas se han distorsionado tanto?

Lo primero y más importante es tratar de recordar lo que hemos hecho un esfuerzo increíble por olvidar en nuestra euforia pro-bicista, que no es otra cosa que que queremos ciudades más tranquilas, más limpias, más seguras y más habitables. Ese era uno de los grandes argumentos que aportaba la bicicleta antes del "boom" de los bicicarriles y de las bicis públicas. Lo que pasa es que habían sido tantos años de misionerismo baldíos, tantos años de predicar en el desierto que cuando hemos visto la santa bici reproducida tantas veces y en tantos sitios que no hemos podido contener nuestro entusiasmo y la cosa se ha desmandado.

Lo segundo y no menos grave es reconocer la prioridad del respeto hacia el peatón como protagonista intocable en este proceso, más en estas latitudes donde el estilo de vida y la configuración de las ciudades han posibilitado que siga siendo, incluso en medio de la irrefrenable motorización, líder en el reparto modal de nuestras ciudades. El peatón, los espacios peatonales, son el gran tesoro que hay que cuidar y agrandar en nuestras ciudades, muy por delante de la bicicleta y los ciclistas.

Una vez asumidas estas premisas y, reconociendo la universalidad y la imperiosidad del transporte público, es fácil deducir que nuestras miradas tienen que volverse hacia los vehículos privados motorizados y, dado que el espacio es afortunadamente finito y escaso, tratar de recomponer la situación para mejorar la calidad del mismo, estableciendo criterios claros de priorización de sus usos y actuando a continuación sobre los mismos para conseguirlo.

No es nada más sencillo que recuperar el espíritu de los Pactos Locales de Movilidad y Accesibilidad Sostenibles y Seguras (lo pongo con mayúsculas porque representaban unas auténticas cartas magnas que, además, contaban con la participación de la mayoría de agentes sociales de las poblaciones donde se consolidaron). Aquello que, hoy más que nunca, es papel mojado en la mayoría de las ciudades, era el verdadero fundamento de las nuevas ciudades, consensuado por muchos y elevado a escritura pública. Sin embargo, nadie, absolutamente nadie ha tenido el más mínimo empacho en ignorarlos cuando se les ha pintado la cosa favorable. Y las asociaciones de promoción de la bicicleta han cometido muchos atropellos flagrantes en este sentido.


Así pues, y para acabar, el mensaje no puede ser otro, nunca debió de ser otro, que desincentivar el uso del coche, que recortar espacios de circulación y aparcamiento, que ralentizar la circulación, que condicionar extremadamente el uso compulsivo del coche para viajes ridículos, que penalizar los usos no justificados. Todo esto había que haberlo echo hace ya unos años y como requisito previo a empezar a plantear etapas sucesivas. Porque sólo cumpliéndolo podestaremos en condiciones de dar oportunidades reales a los demás modos de transporte.

Pero esto no se ha querido hacer y así de mal ha funcionado el invento. Y ahora queremos redimir a los peatones culpabilizando a los ciclistas que andan por las aceras. Y ahora queremos educar a los ciclistas en el civismo y en la convivencia. Y ahora queremos atemorizarlos y ponerlos entre la espada y la pared. Ahora no, señoras y señores, ahora no.

No, porque esto hay que empezarlo por donde hay que empezarlo y es por los automovilistas. Es con ellos con los que hay que batallar. Es hacia ellos hacia los que hay que apuntar y hacia los que hay que dirigir toda nuestra determinación y todas nuestras medidas. Y hay que explicarlo claramente. No sois bienvenidos en la ciudad señoras y señores automovilistas y, si vuestro viaje es imperioso, tendréis que demostrarlo y acreditarlo, si no también pagar por ello. Y cuando no se avengan a este nuevo orden, habrá que imponerles castigos ejemplares, sin que nos tiemble el pulso y con luz, taquígrafos, bombo y platillo.

Todavía estamos a tiempo. Nada es irreversible. Aunque los acontecimientos recientes no permitan ser demasiado optimistas, menos cuando el sector duro de ConBici vuelve a la carga, reivindicando el modelo de red de vías segregadas sevillano, que tanto nos ha traído de cabeza desde que se perpetró.

No desfallezcamos, la vía del entendemiento es mucho más efectiva y duradera que la de la segregación y la violencia.

martes, 22 de noviembre de 2011

Hazte un favor, hoy no cojas el coche

Aunque sea para uno de tus trayectos. Para el que lo puedas hacer. Para ese de menos de 2 kilómetros. Y no lo hagas por los demás, que no sea una obra de caridad, de solidaridad o de congraciamiento. Hazlo por ti. Hazlo por tu salud, por la física y por la mental, hazlo por tu economía, por la de dinero y la de tiempo. Lo vas a notar. Y te sorprenderás.

Campaña de Ciudad Ciclista
Te sorprenderás respirando el aire de la calle, te sorprenderás sintiéndote vivo, te sorprenderás saludando a alguien, te sorprenderás llegando despierto, te sorprenderás recuperando el buen humor, te sorprenderás saboreando esos minutos que le dedicas al viaje, te sorprenderás fijándote en los detalles, te sorprenderás oyendo tu respiración, te sorprenderás notando tu cuerpo. Te sorprenderás mucho. Te sorprenderás gratamente.

No lo hagas de manera drástica ni obligada. No lo hagas por cumplir una orden. No lo hagas tampoco porque cada vez te lo estén poniendo más difícil eso de conducir y aparcar por la ciudad. No lo hagas por condescendencia. Así no te va a resultar tan interesante ni tan satisfactorio.

Si sientes que lo estás decidiendo, que estás mejorando tus opciones, que estás aprovechando mejor ese momento, que te está reportando algo a ti, exclusivamente a ti, es mejor. No me malinterpretes. Yo no creo que seas un egoista cuando coges tu coche para hacer esos ridículos viajes. Simplemente creo que no te has dado la oportunidad de probar otra cosa.

Ahora, eso sí, si a la vuelta de tu viaje sin coche te sientes mejor no pienses en agradecérselo a nadie más que a ti. Tuyo es el mérito, tuya la recompensa.

Y si es así, tampoco hace falta que lo repitas mañana. Las cosas buenas hay que saborearlas poco a poco, no te vayas a "biciar", que luego es difícil salir de este tipo de adicciones. Es mejor que te vayas acostumbrando, que te vayas haciendo a esas sensaciones, progresivamente, sin prisa, con tranquilidad, saboreándolas. De todo lo bueno es mejor quedarse con ganas.

¡Ah! Y no esperes que te lo agradezca nadie tampoco. Recuerda que lo has hecho por ti.

La Tira de El Correo (Iñaki Cerrajería)


martes, 1 de noviembre de 2011

Ruralia se mueve... en coche

Durante los últimos años, el movimiento de la movilidad sostenible ha sacudido la mayoría de nuestras ciudades, alertando a los capitalinos sobre la inviabilidad de un estilo de vida invariablemente aferrado al coche. Aunque la sacudida no ha dado los frutos esperados y no ha levantado más polvo que unas cuantas actuaciones hechas más para la galería que para cambiar el estado de las cosas, es cierto que el discurso de la movilidad ha calado entre la ciudadanía y ya cualquiera habla del asunto con naturalidad, con desparpajo y hasta con acaloramiento. Está claro que el tema de la movilidad está presente en las ciudades, pero ¿qué está pasando en los pueblos?

Ruralia existe

La vida rural se ha ido convirtiendo en las últimas décadas en una manera marginal de habitar, no sólo porque cada vez se está metropolizando más nuestra sociedad y queda menos gente en nuestros pueblos que se están quedando despoblados a ritmo acelerado, sino porque cada vez se están quedando más aislados. Sólo se puede plantear la vida en un pueblo si se cuenta con un coche, o con varios. El transporte público ha ido desapareciendo, reduciéndo drásticamente su cobertura y su frecuencia, argumentando razones de inviabilidad económica, y han ido paulatinamente dejando sin servicio a la población rural.


En esta situación, las personas que viven en nuestros pueblos son totalmente dependientes de sus automóviles para desplazarse fuera de sus núcleos, lo que ha generado, después de unos pocos años, que acaben utilizando el coche también para sus desplazamientos interiores. Los jóvenes esperan ansiosamente la mayoría de edad para acceder al coche, como único medio de ganar autonomía e independencia.

Distancias ridículas, la mayoría de las veces inferiores a un kilómetro se realizan en coche. Se va a por el pan o al bar en coche. Hasta la puerta. Y luego se vuelve a casa. Hasta la puerta. Se lleva a los niños al colegio y después se va a la cafetería, distantes ambos de tu casa apenas unos cientos de metros, en coche. Hasta la puerta. Y eso requiere una disposición total del espacio públicos por y para los coches,y genera auténticos colapsos y problemas circulatorios, además de inseguridad y violencia vial, en poblaciones de apenas 1.000 habitantes emperrados en hacerlo todo a bordo de sus automóviles, sin renunciar a llegar hasta la puerta de sus distintos destinos.

Aceras invadidas o inexistentes, peligrosidad en las cuatro calles del pueblo, encontronazos, nervios, discusiones, ocupación del espacio, maniobras temerarias, choques, accidentes, víctimas... todo ocurre en espacios muchas veces inferiores a 2 kilómetros cuadrados. Nada que envidiar a lo que sucede en las grandes urbes, solo que en estos espacios el asunto reviste una especial gravedad y una incomparable ridiculez.


Plantear en estos escenarios la necesidad de prescindir del coche en este tipo de desplazamientos interiores es,  a pesar de parecer rotundamente lógico, una misión imposible. Al menos la experiencia así lo demuestra. Hace falta voluntad política para ello y hoy en día escasea, sobre todo si se trata de cercenar los derechos del todopoderoso coche. Nadie osa siquiera proponerlo porque tiene la certeza que va a tener al pueblo en contra, empezando, como siempre, por los comerciantes y los hosteleros, que en estas sociedades tan reducidas ostentan un poder demoledor.

¿Qué hacer? 

Las pocas propuestas que apuntan una cierta viabilidad pasan por plantear iniciativas civiles. Es decir, tratar de reunir a todos los agentes sociales alrededor de una mesa y plantear un Pacto de Movilidad y Accesibilidad para el pueblo, así con mayúsculas. Un documento que siente los principios de un acuerdo social para recuperar la habitabilidad del pueblo, que establezca prioridades y consensúe las reglas de convivencia y el necesario reconocimiento y protección de los más débiles en la cadena de la depredación circulatoria, marcando el objetivo de recuperar el espacio público para las personas.


Resulta igualmente útil contar con los más pequeños, con los niños, capaces de asumir nuevos retos y nuevas realidades sin los prejuicios de sus mayores, para que sean ellos los protagonistas de estos procesos, aprovechando la sobreprotección y la sobreatención de la que "gozan" hoy en día. Si somos capaces de que sean ellos los transmisores del mensaje de la circulación tranquila, de la recuperación de espacios para el juego, para la relación, de la ridiculez de muchos desplazamientos motorizados, que sean ellos los que propongan, bien aconsejados, el "hoy vamos andando" o el "por qué no cogemos las bicis", tendremos muchas más posibilidades de obtener algún éxito.

Hay que contar con estos pequeños tiranos, tan dispuestos a las propuestas innovadoras, diferentes, divertidas. Sin ellos y sin el consenso social, plantear actuaciones traumáticas suele resultar en confrontaciones gratuitas y en cacicadas inoportunas e incomprendidas.

El panorama no es halagüeño, las dificultades son grandes, pero el asunto bien merece un esfuerzo.