Mostrando entradas con la etiqueta Velo-city. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Velo-city. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de marzo de 2011

Cansados de no hacer nada

Tratando de ordenar las impresiones de la intensa estancia en Sevilla, nos damos cuenta de que asistir a este tipo de congresos tan densos es realmente fatigador. Y sin embargo no hemos hecho nada. Nada que no sea escuchar ponencias, participar en talleres, formar parte de mesas redondas, mantener conversaciones, intervenir en tertulias, comer de pie, hablando, oyendo, intentando comprender distintos idiomas, distintos acentos, distintos enfoques, distintas perspectivas. Con gente conocida, conociendo gente.


Este Velo-city 2011 nos ha resultado intenso. Aunque, repasando las notas, me ha sorprendido que han sido pocas las sorpresas, las novedades, las ideas, las verdaderas aportaciones que hemos podido recoger en estas tres jornadas. Ha habido muchas comunicaciones interesantes, pero quizá muy pocas verdaderamente reveladoras. Esa quizá ha sido la impresión general de este congreso.

Más de lo mismo

Con Guillermo Gil Peñalosa como protagonista con su facilidad de verbo y su bilingüismo abrumador, demasiado protagonista, resulta un poco defraudante darse cuenta que el mejor momento lo ha protagonizado quizá Francesco Tonucci, repitiendo lo mismo que ha venido diciendo los últimos 20 años, que no es precisamente un discurso especializado en bicicletas ni mucho menos. Ha habido grandes oradores, presentaciones magistrales y comunicadores emocionantes, pero no se ha visto nada nuevo.

Y no es una impresión personal, lamentablemente. Muchas, demasiadas personas conocidas en un universo que no se ha renovado en los últimos 10 años, donde los discursos se repiten, como las caras. Creo que en los últimos tiempos ha habido demasiados congresos, demasiadas jornadas, demasiadas reuniones. Y me parece que no hay propuestas ni novedades suficientes como para alimentarlos. Siempre es grato ver que hay gente convencida, que hay pequeños logros, que hay algunos que van por delante y otros que van por detrás, que todos empujan... pero hay algo que se empieza a desgastar por pura repetición, por pura reincidencia.

Hay que hacer

Lo comentaba el otro día en una concentración colectiva, a las que no soy muy dado a asistir por no caer en la autocomplacencia que generan: demasiados congresos y aquí sin hacer nada. Cierto. Creo que es necesario pasar de los discursos a las acciones. Es muy bonito buscar el reconocimiento cuando pensamos que hemos cumplido con los objetivos, o queremos que los demás lo piensen, pero resulta realmente preocupante oir a un alcalde decir que ya está todo hecho cuando han conseguido un 4% de ciclistas en 4 años, justo antes de concluir su legislatura y en plena campaña electoral. Como es inquietante dar 1.000.000 de gracias antes de explicar cómo se van a conseguir otros tantos nuevos ciclistas en los siguientes 4 años, simplemente porque se ha conseguido recaudar la financiación que sólo retribuye la remuneración de unas pocas personas.

Pero si no están los que deciden...

Resulta preocupante que todo el mundo hable de conseguir más y más ciclistas, más y más kilómetros de carriles bici y más y más bicicletas públicas, y nadie hable de una nueva educación, de cómo reducir la dependencia del coche, de cómo revitalizar nuestras ciudades y de cómo acabar con la suburbialización, la dispersión y la deslocalización de todo. Nos queda mucho por hacer, mucho, y sin embargo parece que necesitamos todo el rato una palmadita en la espalda.

Ahora bien, lo verdaderamente preocupante es que en este congreso en concreto hubiera tan poca representación de los que toman las decisiones. Muy pocos políticos, muy pocos directores generales, muy pocos consejeros, muy pocos alcaldes y concejales, muy pocos. Así va a ser imposible. Sin ellos y ellas no. Lo que me temo es que no estaban, no sólo porque no son buenos momentos para andar alegremente acudiendo a convenciones, sino más bien porque creen que después de estos últimos años de hiperactividad, de implementaciones, de subvenciones y de desenfreno ciclabilizador, ya es suficiente. Ellos y ellas también se han cansado de no hacer prácticamente nada, de no haber cambiado las tendencias.

Nos vienen años de escasez, de vacas flacas

Van a ser años emocionantes, donde va a haber que redoblar esfuerzos, que agudizar el ingenio, que hacer cosas baratas, que funcionen. Donde la efectividad no se medirá en kilómetros, donde las bicicletas públicas y las ayudas no se multiplicarán como los panes y los peces, donde cada proyecto va a ser mirado con lupa y donde cada actuación va a tener que ser justificada y justificable. La economía ha retrocedido, la velocidad se ha ralentizado, el futuro ya no nos va a atropellar y todo se va ha hacer de una manera más tranquila, más humana, más lógica. Como la bicicleta.

Para construir ese futuro, va a hacer falta más que nunca buscar apoyos, hacer piña, crear sinergias, empatizar, compartir... y dejarse de viejas rencillas, de miradas de reojo, de recelos y de rencores. Para ello hará falta también contar con nuevos socios, jóvenes, con ganas, que sean capaces de cambiar las inercias y de superar los personalismos. En esto ya no soy tan optimista.

De todas formas, hay que mirar con mirada serena, sin distorsiones, porque no sólo es más real, sino que no se pierden los detalles. Merece la pena.

viernes, 25 de marzo de 2011

Tratando de construir una nueva ciclabilidad

Este ha sido el granito de arena que hemos aportado a un congreso internacional de la bicicleta que no nos ha dejado en absoluto indiferentes y que nos ha devuelto activados a nuestra la realidad. Sobre la que actuamos, sobre la que tenemos que actuar.



Imprescindibles los comentarios.

jueves, 24 de marzo de 2011

Velo-city 2011 Sevilla... un mundo feliz

Un poco mareados por tantos mensajes, ofuscados por tratar de comprender distintas ópticas que ofrecen distintas propuestas, distintos propósitos, empujados por la fuerza de inercias excesivamente pesadas y que cada vez cobran más envergadura sin que nadie las ponga realmente en cuestión, diálogos interminables, interlocuciones ilustrativas de las diferencias culturales, de los distintos niveles de desarrollo ciclistas.

Velo-city es un pequeño universo de personas implicadas en el desarrollo de la bicicleta, pero no deja de tener un vicio en sí mismo que es precisamente ese: todos empujan porque haya más ciclistas, de una manera intensa, comprometida... pero muchas veces obsesiva. Y todo eso se produce en una burbuja que no produce más que el propio eco de todas estas voces y genera una especie de euforia colectiva que, aparte de ser provocativa y emocionante, tiene el peligro de la autocomplacencia y de creer que hemos arreglado algo sólo porque hemos conseguido que unas cuantas personas monten en bicicleta alguna vez a la semana.

Es precisamente esa obsesión la que muchas veces no nos deja ver que el objetivo de incrementar el uso de la bicicleta está provocando un descenso de los viajes a pie o en transporte público, y no está consiguiendo reducir el uso excesivo e injustificado del coche, porque realmente se ha desviado la atención hacia las bicicletas como instrumento de marketing social.