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martes, 6 de agosto de 2013

La bicicleta ¿vehículo preferente?

Todavía resuenan con estruendo los ecos de la gran conquista lusa en el camino de la normalización de la bicicleta como vehículo de pleno derecho al hacerse con una nueva normativa que así la presente y la defiende. Con naturalidad.

Fruto, sin lugar a dudas, de una sociedad civil organizada, adulta y determinada, cuyos argumentos se apoyan en cuestiones fundamentales: en la necesidad de reconocer a la bicicleta como un vehículo más en la calle, más vulnerable que otros, pero vehículo en definitiva. Sin medias tintas, con pulso firme y evitando las excepciones para buscar la regla. Porque el Gobierno portugués, como está tratando de hacer el español, había propuesto una norma que marginaba extraordinariamente a los ciclistas y los relegaba a meros comparsas en una ordenación vial claramente orientada al automovilista.

Repasando las actuaciones y las campañas de nuestra sociedad civil, representada fundamentalmente por la Coordinadora ConBici por ser la que más asociaciones aglutina, encontramos que su campaña fundamental se ha centrado en la lucha contra la obligatoriedad del casco, dejando pasar cuestiones tan centrales como el modo de circular en la calzada o la permisividad en la circulación por las aceras.

Sin embargo, después de unos cuantos varapalos recibidos de fuera y de dentro de sus filas, ConBici decidió dar un giro, que a sus dirigentes se les antojó como decisivo, para defender la Ciudad 30, esa en las que las calles de un solo carril por dirección estarán limitadas a esa velocidad, curiosamente un poco después de que la DGT hiciera mención a esa posibilidad. Y se vistieron de defensores de la calzada, después de haber estado muchos años emperrados en vender miedo y en que lo mejor para los ciclistas era huir del tráfico y refugiarse en carriles bici (aunque fueran pésimos y obligatorios). De sabios es cambiar de opinión.


Cuando la DGT que estaba en los cielos y cuyo nombre santificaban, porque los sentaba a su mesa para hacerles creer que les escuchaba, decidió mostrar sus garras a nuestros representantes se les ocurrió la idea de plantarle cara y presentarle sus armas en forma de documento, acompañado por este video.



Y es aquí donde la cosa alcanzó toda su amplitud y nos desveló que entendía esta gente como los derechos de los ciclistas. Lo que descubrimos, además de mucha mojigatería, es que las demandas de lo que se autodenomina la voz legítima del colectivo ciclista urbano y cicloturista no recogen más que una serie de excepcionalidades y se olvidan de la cuestión central: el derecho a circular por el viario y el respeto debido cuando lo hagan, además de su obligación de cumplir las normas.

Así nos muestran casos excepcionales como son la circulación contrasentido, la posibilidad de saltarse semáforos de regulación peatonal o la necesidad de circular por "espacios peatonales" y para hacerlo se sirven de una presentación del ciclista cándida, por no decir ñoña. Y luego se amparan en que en otros países más desarrollados, estas excepcionalidades están contempladas y obvian todo lo demás que ocurre en esos mismos países.

Sin embargo, cuando eludimos tratar las cuestiones centrales, las que atañen al derecho inviolable de circular  con naturalidad por el viario, a la necesidad de respetar las distancias de seguridad tanto de circulación como de adelantamiento, a la exigencia de reducir la velocidad de circulación sobre todo en las intersecciones y a observar un respeto escrupuloso a los más vulnerables, empezando por los peatones, todo esto se queda en algo casi estúpido.

El problema, el gran problema en ConBici, que la DGT y cualquiera un poco despierto no ha pasado por alto, es que esta gente no quiere molestar al todopoderoso tráfico motorizado, no quiere cambiar el orden de las cosas y no quiere soliviantar a nuestros gobernantes, porque se conforman con las migajas. Les basta con tener unos pasillos para circular exhibiendo prepotencia, les basta con poder subir sus bicis en el tren, les basta con poder hacer unos cuantos contramanos y con poder utilizar las aceras.

Eso señores y señoras de ConBici, señores y señoras de la Mesa Nacional de la Bicicleta y, sobre todo, señoras y señores en general no son más que tonterías, cuestiones marginales, excepcionales. Lo importante es comprender qué significa que la bicicleta sea un vehículo y qué exige, tanto para sus usuarios como para el resto de los mortales. Si no se respeta eso, se cae, como ha caído ConBici, en trivializar la bicicleta y presentarla como algo extraordinario. Nuestros vecinos los portugueses han comprendido eso y le han visto las orejas al lobo, al mismo lobo que aquí nos amedrenta, y han decidido domesticarlo y priorizar en la construcción de un orden social basado en el respeto y no en el miedo.

Del casco, por cierto, ni mención.

viernes, 2 de agosto de 2013

Portugal pedalea más cerca de Europa que España

Triste pero cierto. O no tan triste. Lo bueno de las situaciones descabelladas es que se hagan ridículas y que su excepcionalidad las presente como fuera de juego. Es lo que le pasa a este país de pandereta con muchas cosas, entre las que se cuenta su normativa de circulación. Mientras Portugal celebra una conquista histórica, después de haber sufrido durante demasiados años un retraso histórico en lo que respecta a la ley de la calle, va España o sus excelsos gobernantes y se marcan, o se quieren marcar, un tanto retrógrado.

Así, mientras en Portugal la bicicleta consigue un reconocimiento histórico como vehículo de pleno derecho en la calzada, gracias sin duda al empeño de la presión social encabezada por la Federaçao Portuguesa de Cicloturismo e Utilizadores da Bicicleta (FPCUB) y la Associaçao pela Mobilidade Urbana em Bicicleta (MUBi), aquí nos regalan nuestros mandamases en pleno calor del verano un anteproyecto de Ley que vuelve a reincidir en colocar a ciclistas y peatones en la picota y ver cómo se les puede derribar.


Es penoso ver cómo en nuestro país vecino por excelencia, donde ni siquiera estaban contempladas concesiones como la de circular en carretera en pareja o la obligación de adelantar manteniendo una distancia de seguridad mínima de metro y medio, que aquí hace años que se habían conseguido, son capaces de dar dos pasos adelante y reconocer el derecho de los ciclistas de ocupar un espacio suficiente para circular, de utilizar remolques y bicicletas de carga por la calzada o de poder ignorar la existencia de una ciclovía contigua por tener reconocido el derecho preferencial de uso de la calzada, y aquí nuestros gobernantes se jacten de haber logrado hacer obligatorio el casco para los menores de edad o poder someter a controles de alcoholemia a los peatones.

No sé si merecemos lo que tenemos y lo que nos espera, visto lo visto, pero la buena nueva que nos llega desde Lusitania debería ilusionarnos y cohesionarnos cada vez más para conseguir lograr el reconocimiento de la bicicleta como un vehículo digno y recomendable, en vez de andar dando tumbos respecto a la necesidad de invadir aceras o de hacer contramanos. Por cierto, en Portugal por las aceras sólo se podrá circular hasta los 10 años.

Cultura de la Bicicleta con mayúsculas

Pero hay temas de mayor calado en la ley que acaba de aprobar apenas hace unos días el Parlamento portugués. Hay toda una carga conceptual de un nivel ciclocultural realmente elevado que subyace en el texto de su Código da Estrada y que ha sido alumbrada por gente de primera división en esto de sentar las bases para un buen desarrollo ciclista. Conceptos como el de "usuarios vulnerables" de la calle, como el de "preferencia incondicional" en los cruces y rotondas, como el de "diseño urbanístico inclusivo" en zonas de coexistencia, como el de la "obligación de reducir la velocidad" por parte de los automovilistas ante la presencia de ciclistas o peatones. La verdad es que merece la pena echarle un vistazo al documento.

Esto señoras y señores de la bicicleta de este país no es el fruto de una pataleta cívica o de una campaña unidireccional como la que han planteado las organizaciones de este país contra el maldito casco. Por cierto, del casco ni mención en la ley portuguesa. Esto es un trabajo que tiene una trayectoria y una enjundia realmente encomiables. Bien trazado, bien madurado, bien peleado y bien rematado. De verdad, parabéns Portugal! A ver si aprendemos.