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domingo, 23 de febrero de 2014

Multa por exceso de velocidad

Ya sabemos lo desquiciada que está la cosa con la bicicleta en este país de locos en el que vivimos, pero nunca está de más constatar hasta dónde pueden llegar los que tienen que hacer cumplir las normas en su celo a la hora de desempeñar su labor.

Cuando una ordenanza recoge un artículo que limita la velocidad de circulación de las bicicletas a 10 kms/h en una zona urbana, normalmente un paseo compartido con peatones, todo el mundo entiende que se trata más de una recomendación que persigue la buena convivencia entre ciudadanos en un lugar de uso intensivo y de gran atractivo, que de un límite exacto que se va a vigilar escrupulosamente.

Pues no. No al menos en Málaga, como muestra este testimonio (de Julio del año pasado), que sin conocer más concretamente las circunstancias del suceso no puede pasar de ser una anécdota, pero que deja claro cuál es el nivel de subdesarrollo ciclista y de abstrusismo en el que nos movemos.

Un oyente se dirige al Facebook del programa de radio "Levántate y Cárdenas" y deja esto:

"Hola Cárdenas, 

Te sigo desde Crónicas, y me pareces un gran periodista y, lo más importante, que eres independiente y dices las cosas claras quien sea, tenga el puesto que tenga. Por eso te voy a informar de que ayer en Málaga, cuando iba paseando por el Paseo Marítimo en mi bicicleta tranquilamente, una pareja de la policía local, que también iban en bicicleta, me pararon ante mi sorpresa. 

Cuando me pidieron mi DNI y me expusieron el motivo por el cuál habían interrumpido mi marcha, no podía salir de mi asombro creyendo que me estaban tomando el pelo o bien me estaban grabando desde algún lugar. 
Me multaron con 60€ por ir a más de...-prepárate- 10km/h. ¿Les pregunté que qué aparato o quién determinaba la velocidad a la que iba una bicicleta? y me respondió...-que su cuenta kilómetros de su bicicleta-. 

Entonces le pregunté de nuevo, que quién no tenga cuenta kilómetros en su bicicleta no puede pasear por el paseo marítimo, y me respondió que no, que tendría que ir por la carretera. En fin, el colmo recaudatorio del Ayuntamiento de Málaga. Porque he dejado de ir a trabajar a mi oficina en coche porque han puesto todos los aparcamientos del centro y sus alrededores de zona azul de pago, con lo cual tomé la decisión de irme en bicicleta. Ahora multan a las personas por pasear en bicicleta a más de 10km/h, cuando no hay forma científica de calcular la velocidad. 

Por favor te ruego que des eco informativo de este suceso, al menos que sirva de antecedente para otras personas y para que sepa el resto de España el afán recaudatorio que se vive por Málaga. Gracias, y sigue así Cárdenas!!!"


Para echarse a llorar... sobre todo porque ese Paseo Marítimo de Málaga arrastra un triste historial que deja cuenta de la crispación entre peatones y ciclistas desde hace años. Más o menos el mismo que el resto de paseos en todas nuestras ciudades. Una muestra más de que están todavía demasiado orientadas al coche, que siguen penalizando a los ciclistas y los recluyen, con su consentimiento, en zonas de carácter estancial. Una vergüenza. Otra.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Estamos en manos de unos cuantos desalmados

No es nada nuevo. El problema a estas alturas es que ya nada es nuevo y nada nos sorprende, por más descabellado o desmesurado que sea. Nos basta con lamentarnos y pasar página, como si leyéramos un periódico, sin darnos cuenta que, con nuestra actitud, estamos favoreciendo el agravamiento de la situación.

La indolencia generalizada facilita tremendamente la acción de los desaprensivos y también las reacciones desproporcionadas frente a estos, igualmente execrables. Al final, todo concita el enrarecimiento de las relaciones y la justificación de lo injustificable. Nos acostumbran tanto a lo abominable que al final nos familiarizamos con ello como si fuera lo normal y lo lógico.

Para muestra una anécdota que nos ha contado hoy un buen amigo. A su hijo un adolescente, la policía municipal de este pueblo, que podría ser cualquiera, le ha sorprendido montando en bicicleta por una zona peatonal con auriculares. Lo que viene siendo lo más normal del mundo. Tranquilamente, sin hacer daño a nadie, sin molestar, sin exhibir una actitud chulesca o agresiva. Mal, pero nada más.

Pero fue a dar con el policía equivocado, con el momento equivocado o con el lugar equivocado y le han denunciado. Una multa de 60 euros. ¡Menuda broma!

Y que conste que es por el tamaño de los cascos, le confesó el policía.

Después del mosqueo natural y de alguna consulta sobre la legalidad del asunto, padre e hijo se presentan en las dependencias policiales para abonar la multa y, para su sorpresa, el policía de turno les aclara que esa denuncia está mal hecha y que donde pone "falta leve" debería poner "falta grave" lo que hace que los 60 euros se conviertan en ¡200 euros!


Tremendo. No es sólo la rabia, la impotencia y la desolación que produce este tipo de actuaciones, sino el precedente que se crea en la desproporción de las sanciones en situaciones que no revisten peligro alguno. Sancionables, sin duda, previo aviso público por supuesto, pero siempre que el castigo sea proporcional al riesgo y sobre todo a la peligrosidad que dichas acciones provoquen en circulación. Desde luego, aplicarle a una bicicleta que circula tranquilamente por un área peatonal amplia la misma categoría que a un conductor que maneja un vehículo de una tonelada no parece que sea nada de esto.

Lo peor es que nos ponemos a discutir sobre ello y nos enredamos y nos acaloramos, pero no nos damos cuenta que, haciéndolo, estamos desviando la atención de lo importante: la normalización de la utilización de la bicicleta y su incentivación que no tiene nada que ver con este tipo de actuaciones.

Estamos locos, estamos en manos de unos cuantos desalmados.