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domingo, 3 de mayo de 2015

¿El siguiente por favor?

El tema de la movilidad se ha convertido en un lugar común, tanto que cualquiera puede opinar sobre ello y emitir juicios de valor y recomendaciones universales sin el más mínimo pudor. Esto que de por sí puede observarse como algo positivo (que hablen), resulta un tanto sospechoso cuando los que se aúpan al estrado son entidades de un corte tan marcadamente lejano al asunto de cómo nos movemos como el Consejo de Estado o, como ha pasado esta semana, la CEOE.

¿Qué le importa a la Confederación de Empresarios el tema de si la movilidad es más o menos sostenible si no es porque redunde en su resultado empresarial? ¿Qué le hace pronunciarse públicamente en este tema? Y lo que es mejor ¿qué tiene que decir?

Pues la CEOE ha decidido subirse al tren del eufemismo más recurrente en estos tiempos que es el de la sostenibilidad y lo ha hecho esta vez desde el vagón de la movilidad. Y así ha proclamado que es incuestionable la necesidad de reducir el uso de los coches en las ciudades y que hay que apostar por otras fórmulas como la potenciación del transporte privado, sobre todo del tren, del tranvía y del bus y del metro, pero, eso sí, en una gestión privatizada o en el peor de los casos semi-privatizada.


No está mal. Todo suma si de lo que se trata es de restar argumentos a favor de la utilización masiva del coche, sobre todo para trayectos urbanos. Aunque no sabemos bien qué pensarán algunos de sus asociados del tema: industrias del automóvil, del recambio, talleres de reparación, concesionarios, aseguradoras, financieras, funerarias, empresas energéticas, gestores de zonas de aparcamiento restringido, etcétera, etcétera, etcétera. Esta gente no tiene que estar nada contenta con este tipo de declaraciones públicas de sus presuntos representantes.

Lo que ya no resulta tan sospechoso es que la CEOE se haya olvidado de que la gente puede utilizar la bicicleta o caminar para sustituir muchos de esos viajes que actualmente hace en coche, pero esto, dada la circunstancia, casi es mejor para nosotros. Nos hace pasar desapercibidos y nos evita una situación comprometida.

Las bicicletas no representan nada para la CEOE y como mucho son un invitado molesto para la DGT o para el Consejo de Estado y sólo interesa en su versión electrificada, para repartir las migas del suculento pastel del Plan Pima Aire que ha sostenido (esto sí que es sostenibilidad) el sector de la comercialización de coches en este país desde el Ministerio de Medio Ambiente (¡sí señor). Las bicicletas siguen sin ser tenidas en cuenta aunque muchos ciudadanos, cada vez más, hayan decidido elegirla como medio de locomoción urbana, incluso a pesar de que haya sido uno de los pocos sectores emergentes en nuestra economía depauperada gracias a la proliferación de comercios, talleres, distribuidores e iniciativas que tienen a la bicicleta como objeto (empresas de bicicletas públicas, fabricantes de aparcabicis, aseguradoras, etc.).

Somos un grano en el culo. Un culo que sigue echando mucha mierda, un culo que cada vez huele peor porque cada vez trata de digerir más cantidad de basura y cada vez está más empachado. Lo peor es que nos estamos enquistando y no vamos a ser tan fáciles de quitar, si no es con una operación, porque nada indica que este organismo en el que nos encontramos quiera ponerse a dieta y rebajar el consumo de coches y sucedáneos motorizados.

Lo malo es que quizás estemos perdiendo la capacidad de sorprendernos ante los disparates y las estupideces, vengan del frente que vengan, porque cada vez son más frecuentes y más desafortunados. No sabemos quién se pronunciará mañana y cuál será su consejo pero, ¡qué más da! Lo importante es que se hable del tema para que forme parte del universo cultural en el que navegamos, que ya habrá ocasiones para dar un golpe de timón.

¿El siguiente por favor?

martes, 24 de febrero de 2015

Recortes de una realidad sangrante

Ojeando la prensa local de estos días se puede comprobar que, ante la ausencia de otras noticias que las relativas a la corrupción y al tiempo, hay poco de que hablar en los medios de comunicación. Por eso vuelven la mirada hacia problemas menores, presuntamente irresolubles o demasiado conocidos y que entretienen a la audiencia por representar lugares comunes donde la gente se siente reconfortada y cualquiera es capaz de emitir juicios, opiniones o despropósitos sin tomar partido.

Y las bicicletas, cómo no, vuelven a ofrecer ese tópico facilón y recurrente que tanto agradece el gran público. Ayer y hoy han sido portada alternativamente de los periódicos locales de mayor tirada en Navarra. Ayer hablando de robos de bicicletas y hoy de accidentes, en general, pero poniendo también el acento en los ciclistas, aunque la portada se la llevaran las rotondas.

Hojeando en páginas centrales compruebo que el análisis de los mayores problemas del tráfico en esta ciudad o, al menos, los que más accidentes generan lo hace un responsable del cuerpo de Policía Municipal de Pamplona y ahí ya se introducen los dos factores más determinantes: las rotondas y los ciclistas que cruzan pasos peatonales.


Esto no sería nada más que la constatación de una realidad sangrante, suficientemente denunciada y sobradamente anunciada desde este mismo espacio y desde otros muchos a lo largo y ancho de este país miserable, al menos con el tratamiento que se le da a los usuarios de la bicicleta por parte de las "autoridades competentes". No daría para más si no fuera por la profundidad con la que, esta vez, se trata el tema y por la prolijidad del interlocutor elegido por el reportero, que se despacha a gusto sobre estos temas.

A nosotros, que lo que nos interesa son las bicis o, quizá más, la visión de la movilidad en general y la perspectiva desde la que se perciben las bicicletas, es una oportunidad para extraer algunos pasajes que ayudan a comprender cuáles son las claves de una realidad que, por más conocida, no se afronta desde el ángulo adecuado.

Que las bicis se presenten como un peligro es parte de esa visión acomplejada y orientada por el dominio del automóvil. Que el accidente más repetido con diferencia entre los que utilizan la bicicleta sea el atropello lateral cuando se cruza un paso de cebra delata la desnaturalización de la práctica ciclista y la renuncia colectiva a la calzada que se ha generalizado, sobre todo entre las personas que se han incorporado recientemente a la utilización de la bicicleta en estas ciudades concebidas para coches.

Ahora bien, siendo todo esto comprensible, lo que no parece es que sea excusable que el determinismo de los que pueden colaborar en cambiar este orden de cosas reduzca el problema a una cuestión de infraestructuras, educación vial o entendimiento entre ciclistas y peatones. Las joyas que involuntariamente nos aporta el responsable de la Policía Municipal no tienen pierde.



Todo en orden:
  1. Es inevitable que los ciclistas, ante la imposibilidad de construir infraestructuras que segreguen su circulación del tráfico, se tengan que refugiar en las aceras.
  2. Hay que disculparles, porque nadie va a tocar el tráfico en esa ciudad consolidada, que para los profanos significa inamovible y para los menos profanos significa "la que no vamos a mover bajo ningún precepto" aunque se pudiera.
Tremenda la lógica aplastante que manejan los poderes establecidos y los agentes que velan por hacer cumplir con la ley que mantiene las cosas inalterables.

Ahora bien, cuando se le pregunta sobre los accidentes registrados en calzada el dato, que queda sumergido en la profundidad del artículo, es demoledor.


Apenas se registran accidentes en calzada y, de éstos, y el responsable municipal no lo dice, la mayoría tienen lugar en las malditas rotondas. Esas que no entiende nadie, ni los automovilistas para las que se diseñaron, pero en las que los ciclistas quedan doblemente desvalidos porque no concurren en igualdad de condiciones y desaparecen en el ángulo muerto de visión de los automovilistas.

Siendo tan claro como grave el panorama ¿por qué no se propone otra solución que la connivencia (que no convivencia) o la educación vial infantil? Pues porque no es labor de la policía proponer sino salvaguardar, probablemente.

Sin embargo, todos los que confirmamos, otra vez más, esta realidad no podemos quedarnos callados presenciando el deterioro de la situación ciclista y el confinamiento al que quieren someter a las personas que usan la bici, como si fuera lo más natural, siempre tratando de preservar la tiranía del tráfico automovilístico.

martes, 20 de enero de 2015

La movilidad, cuestión de Estado

¿Quién nos iba a decir hace unos años que los asuntos de movilidad podrían en algún momento llegar a convertirse en asuntos de Estado? Pues mírate tú, después de ya van para cuatro años de borrador de Reglamento General de Circulación, que los delirios de la Dirección General de Tráfico española han creado tanta polémica y tanta incertidumbre que han promovido la apelación al Consejo de Estado, órgano consultivo de mayor rango del aparato del Estado, para que emita un dictamen al respecto.

Hay tanta disputa incluso entre las propias instancias gubernamentales (DGT contra su propio Ministerio de Interior o contra el Ministerio de Fomento), ademas del tremendo descontento social, que han ido a buscar a un árbitro, aunque sea a nivel consultivo, y han recurrido ni más ni menos que al Consejo de Estado.


Pero ¿quién es el Consejo de Estado y qué sabe de movilidad para decidir sobre las medidas relacionadas con el tráfico y su gestión?

Pues son la creme de la creme de lo que hoy en día algunos han denominado "la casta": ex-presidentes, ex-ministros, ex-altos cargos de la administración, ex-nombrados a dedo. ¿Y son ellos los que han sido capaces de dictaminar si es conveniente aumentar las velocidades en las autovías, reducirlas en la ciudad o si es prudente permitir la circulación de las bicicletas por zonas peatonales? Pues sí.

Y así, además de alertar de la imprudencia temeraria que supondría aumentar la limitación de velocidad en autopistas y autovías a 130 kms/hora, se permiten el lujo de defender disparates tales como que la limitación de velocidad a 30 kms/hora en calles con un sólo carril por sentido ralentizaría la vida de las ciudades y podría llegar a provocar su colapso. ¡Y se quedan tan anchos! Y los correveidiles de turno amplifican la noticia y hacen coro.

Luego dedican también su espacio a reflexionar sobre lo inadecuado de permitir la circulación de las bicicletas por las aceras por no considerarlas espacios de circulación, en cuya argumentación se llegó a barajar la conveniencia de introducir una licencia y un seguro obligatorios, pero que, vista la cantidad de despropósitos que presentaba, se optó por recomendar retirar todo el capítulo relativo a bicicletas.

Pero la joya del informe, la frase lapidaria que determina el punto y final que centra la filosofía de este dictamen es la que dice que ahora mismo es inviable el modelo sostenible propuesto de abandonar el automóvil y fomentar el uso de la bicicleta: Terrorífico.

Ya sabíamos de qué lado estaba el Gobierno, ahora también constatamos que la casta no quiere ciclistas sino dóciles automovilistas que contribuyan obedientemente al mantenimiento del cotarro que tienen montado y bien montado para su uso, disfrute, lucro y regodeo. ¿Qué os habíais pensado?

Está claro más que nunca que los que nos han traído hasta aquí no nos pueden ayudar a salir, pero no es menos cierto que, tan sólo que le dediquen tiempo a estas cuestiones da una idea de la entidad que empieza a cobrar y del terror que les da ver cómo su sistema se empieza a derrumbar inexorablemente. Tiempo al tiempo.

lunes, 27 de octubre de 2014

Con bicis y a lo loco

Así. A lo bestia. Así es como circulan muchos a bordo de sus bicis. Sin cuidado, sin miedo, sin mirar. Jugándosela así porque sí, a lo loco. Sin cabeza.

La penúltima, el atropello de un ciclista a un autobús urbano, en la Zaragoza de los cicleatones. ¿¡Cómo hay que ir para estrellarse contra el lateral de un autobús urbano transitando por una acera!?

¿Quién asiste a estos bienaventurados? 

¿En qué endiablada cabeza cabe cruzar un paso de peatones, de bicis o simplemente saltar a la calzada sin mirar y sin asegurarte de que te han visto? Pues parece que en más cabezas de la cuenta. Y, la verdad, no se sabe bien a quién se encomienda esta gente porque su ángel protector no está haciendo la labor.

La pandilla de descerebrados a pedales crece y crece sin cesar, y con ella los siniestros en los que se ven involucrados bicicletas que, con toda la razón, ya ha dejado de preocupar a nuestras autoridades, a los medios de comunicación de masas y al público congregado y ha empezado a indignarles porque se está consolidando como uno de los problemas de seguridad vial más acuciantes de nuestras ciudades. Y, lo que es peor, está enervando a los propios promotores de la bicicleta que ven, indefensos, como las estadísticas les empiezan a quitar la razón cuando defienden este vehículo como más seguro.


¿Cómo vamos a resolver este problema?

Es la pregunta del millón en la alocada carrera de la promoción de la bicicleta que se ha vivido en nuestro país desde hace más de una década y que sigue su momento inercial en estos tiempos de sequía presupuestaria y dieta económica.

Parece que las posiciones son irreconciliables: o se deja a los ciclistas circular por las aceras y se hace cursos minoritarios para educarles a cómo hacerlo, o se les obliga a abandonarlas a base de persecución y multas y se les abandona en un tráfico que se ve como poco apropiado en muchas vías.

La vía intermedia no se comprende porque genera también enfrentamiento entre las distintas facciones bicicleteras. Esa vía intermedia que abogaría por tranquilizar el tráfico informando de la presencia de ciclistas en la mayoría de las calles y que necesitaría segregar a los ciclistas en las grandes avenidas y en las cuestas parece que no cuenta ni con la unanimidad de los propios ciclistas.

Parece que tiene que ser todo o nada o, más que eso, todo a una carta o nada de nada. Así los ciclistas que abogan por la integración de la bicicleta en el tráfico como un vehículo más son incapaces de tolerar ningún tipo de segregación y lo dejan todo en manos de la educación vial voluntarista y, frente a ellos, los segregacionistas sólo son capaces de aceptar la circulación por carriles bici como único garante de su seguridad y, si no, aceptan de buen grado la invasión de las aceras. Así integristas y segregacionistas, todos se presentan absolutistas y, como tales, cerrados al diálogo y poseedores de la verdad absoluta e incuestionable.

Y luego nos quedan nuestros políticos, temerosos de importunar al tráfico motorizado, que prefieren no mover ficha que equivocarse.

Las cosas deben cambiar.

domingo, 15 de junio de 2014

Lo que no queremos ver

Los accidentes nos ciegan. Nos hacen ponernos automáticamente del lado del más perjudicado y culpabilizar a los demás. Da igual lo que haya sido. Somos misericordes y nos gusta serlo. Nos parece que las cosas funcionan mejor así o deberían funcionar mejor. Poniéndonos del lado del más débil o del peor parado. Y muchas veces acertamos. Aunque otras no y no somos capaces de reconocerlo, o nos parece que con ello transgredimos una norma ética según la cual construimos toda nuestra lógica de ordenación y priorización en el mundo que nos rodea: el débil es el bueno.

El problema con este tipo de conductas, que no dejan de ser reflejos, impulsos que nos ayudan a creer en buenos y malos, en culpables e inocentes y en santos y demonios, es que muchas veces no nos deja ver lo que realmente sucede a nuestro alrededor. Es cierto que muchas veces no podemos verlo, pero no es menos cierto que muchas otras lo que nos pasa realmente es que no queremos verlo.


Con los accidentes ciclistas pasa y mucho, sobre todo entre las filas ciclistas. Tenemos de tal manera demonizados a los automovilistas (no todos ni a todos pero sí generalizando) que no se nos pasa por la cabeza que voluntaria o involuntariamente los conductores de coches no sean otra cosa que culpables y, de paso, malos. Cuando la víctima es mortal entonces mejor ni mencionarlo.

Lo vimos hace un tiempo en aquel fatal accidente de Corella, cuando primero quisimos ver un atropello y luego nos dimos cuenta que podía haber sido una negligencia del ciclista favorecida por unas infraestructuras deficientes y por una señalización inexistente. Nos negamos a reconocer la realidad aunque sea evidente, al menos en primera instancia, y ponemos el grito en el cielo maldiciendo el automovilismo.

Con el desdichado incidente de Castellón podemos estar ante otro caso de lo mismo. Negacionismo reincidente y recalcitrante. Nos gusta ver energúmenos al volante o algo así. Agresores vehementes. Incontrolados sobrepotenciados por su carrocería y su acelerador. Y no suele ser así más que excepcionalmente.

El otro día nos subyugaba la imagen del ciclista recogido por las asistencias médicas, la bicicleta desvencijada a un lado y el coche casi intacto parado en el centro del carril. Todo encajaba. Ahora hagamos el ejercicio en el otro sentido y miremos desde la perspectiva contraria.


Desde este punto de vista las cosas cambian mucho y pueden arrojar otro tipo de luz al incidente. Aquí vemos un semáforo en medio de una recta, con un paso de acera bici perpendicular. Esto ya son otras cosas. Esto ya nos presenta una situación más conocida. Esto nos presenta otra hipótesis distinta a la presupuesta en la noticia. Esto puede que no sea un ciclista circulando por la calzada,. Esto puede explicar la situación anómala del ciclista en el carril izquierdo. Dejémoslo tan sólo en hipótesis.

Lo que pasa es que muchas personas no están dispuestas a verlo y para ella tan sólo sugerirlo es algo así como una profanación o una injuria.

martes, 10 de junio de 2014

Arrollar a un ciclista

La imagen es demoledora. Un coche, un tanque, ha sufrido un daño menor después de haberse llevado por delante a un ciclista cuyo pronóstico es grave.

Imagen del accidente en Avenida del Mar (Castellón). - MANOLO NEBOT (El Periódico Mediterráneo)

Es difícil hacerse con un suceso de esta magnitud. Es una desgracia, una fatalidad y eso lo hace doblemente grave e inabordable. Tratar de enjuiciarlo es una temeridad y una trivialidad sin fundamento. Pero no nos podemos abstraer a la elocuencia de la imagen. Esa bici tranquila, con su cesta, no es el prototipo de un ciclista agresivo ni tampoco de uno ocasional. Delata a un usuario cotidiano, a un ciclista habitual. Que circule por la calzada lo hace aún más evidente. Un ciclista utilitario

Cabrían todo tipo de cuestiones. ¿Por qué el ciclista circulaba por el carril izquierdo si no hay ningún cruce o rotonda que lo justifique? Pero hay algunas que son decisivas. ¿Cómo se puede arrollar a un ciclista que circula por la calzada en el mismo sentido? ¿De qué sirve un casco en este tipo de colisiones? ¿Y el timbre?

Sólo cabe esperar que el ciclista se restablezca y que el caso se esclarezca, hasta entonces sólo nos queda pelear contra el impacto de la imagen y el eco de esas preguntas y sus terribles consecuencias.

lunes, 17 de febrero de 2014

A la penúltima ¿va la vencida?

Una más. Otra más. Otra carta de un peatón indignado. Contra los ciclistas de acera temerarios e impunes. Contra la generalizada permisividad y connivencia de los que deberían estar atajando estas conductas y a estos conductores que van sembrando el terror por las aceras. Otra llamada de atención utilizando el altavoz de los medios de comunicación. Otro testimonio desesperado ante la relajación de las normas más básicas que garantizan la convivencia en la calle. Otra voz que clama. La última. La penúltima.


Unas cuantas veces a la semana nos toca leer cartas de estas. Con distintos tonos, desde distintos lugares, en distintos medios. Lo que es invariable es el mensaje: la acera no puede ser un lugar de circulación. Da igual de qué vehículos hablemos, da igual lo pretendidamente amables que los consideremos, lo que es inevitable es que, en cuanto las aceras y algunas zonas peatonales de carácter estancial son circuladas por bicicletas, patines y otros artilugios que aceleran la marcha de las personas, dichos espacios pierden su condición tranquila y despreocupada y se convierten en lugares donde la gente está tensionada y donde la libertad de movimientos y el estilo azaroso e imprevisible propio de las personas en la calle se ven coartados.

¿Hasta cuándo? ¿Cuándo será la vencida?

Parece que el camino andado en los últimos años no va a ayudar a enfocar el asunto porque se ha desquiciado de tal manera que ya no sabemos por dónde empezar, porque no nos acordamos de cuál era el orden de prioridades. Y no es una pura cuestión de educación para la convivencia, no. Eso es reducir el problema a un enfrentamiento entre débiles en los márgenes de la calle y consolidar el dominio del tráfico motorizado en el centro de la ordenación de nuestras ciudades.

Mientras sigamos consintiendo que esto se produzca y no reivindiquemos la reducción del tráfico motorizado y de la oferta de aparcamiento y la ralentización de la circulación residual, esta carta, cualquier carta siempre será la penúltima.

domingo, 16 de febrero de 2014

Vamos a contar mentiras ¡tralará!

¿Cuántas pruebas necesita un ser humano para darse cuenta de que le están engañando y que le están contando un cuento? Es difícil saberlo, porque depende, entre otras cosas, de su inclinación a creer en lo que se le cuenta, que suele estar directamente relacionada con su deseo de que las cosas sean como las cuenta el cuento más que como suceden en la realidad.

Es lo que pasa con las bicis y con aquellos a los que nos gusta que haya bicis y cosas relacionadas con las bicis que mejoran su presencia y que las hacen más visibles en nuestra sociedad. Llevamos tanto tiempo deseando que nuestras ilusiones se hagan realidad que pretendemos verlas realizadas incluso antes de que se produzcan. Nos gusta tanto ver indicios, adivinar pruebas irrefutables de su creciente nivel de implantación, de normalización, que caemos irremediablemente en la misma trampa: nos dejamos engañar.

Ayer se dieron a conocer dos datos que podrían ser relevantes en el camino de la ciclabilización de la ciudad en la que vivo: que las bicis se podrán meter en los autobuses públicos y que las bicicletas públicas ahorran un montón de combustible. Por un lado, el cambio normativo en la ordenanza del transporte público comarcal que va a permitir, a partir de hoy, transportar bicicletas plegables, plegadas y enfundadas en los autobuses. Por otro lado, el ahorro energético que supone tener una partida de bicicletas públicas dispersas en la ciudad. Dos páginas en el mismo periódico en las que las bicicletas son protagonistas no está mal para despertar un sábado, pero ¿qué se esconde detrás de estas noticias pretendidamente positivas?

¿Bicis al bus?

En primer lugar, las bicicletas plegables enfundadas, como cualquier arma, hace tiempo que están tácitamente permitidas en los autobuses urbanos de la Comarca de Pamplona. De hecho, la propia Mancomunidad de la Comarca, titular y responsable de la prestación de este servicio, hace unos años lanzó una campaña para que la gente se animara a practicar este formato de multimodalidad para posibilitar el uso combinado de bici y bus en un terreno poco adaptado al uso de ninguno de los dos y así aprovechar una potencial sinergia entre ambos modos sostenibles de desplazamiento.


Sin embargo, la realidad le ha dado la espalda a esta iniciativa y ha demostrado que el impulso de la bici no depende de artificios tan retorcidos y remotos como este sino de medidas mucho más naturales.

¿Bicis públicas que ahorran petróleo?

Es lo mismo que le pasa al sistema de bicicletas públicas de esta ciudad. Concebido como un elemento meramente propagandístico, una herramienta más de escaparatismo verde, nunca se ha tratado de optimizar ni de potenciar este servicio que ha quedado reducido a unas bicicletas aparcadas en la calle... y vamos para 7 años de triste historia. Un servicio que apenas si lo utilizan una treintena de personas al día, unas bicicletas que se usan, de media, una vez cada tres días, lejos de ser un impulso para dinamizar el uso de la bicicleta se ha convertido en un lastre y en una demostración de que la promoción de la bici no consiste en repetir unos eslogans o en reproducir unas herramientas, sino en apostar por ella de una manera decidida.


Así pues, publicitar el permiso de transportar bicis en buses no es necesariamente un símbolo de desarrollo ciclista, como no lo es publicar el presunto ahorro de combustible equivalente de unas bicicletas que, además de costar unos miles de euros al año que se ocultan gracias a una dudosa cuenta de compensación, no están pensadas para sustituir viajes de coches y, por lo tanto, no consiguen ahorrar todos esos litros de combustible no renovable y de emisiones equivalentes de gases que pretende nuestro ayuntamiento de la mano de esa empresa de publicidad en calle que las gestiona.

No podemos picar esos anzuelos, porque nos va a dar la impresión a nosotros de que nos alimentan y a nuestros "pescadores" de que nos tienen engañados y contentos en nuestras peceras, en cautividad, inofensivas para su mundo automovilístico.

Las bicicletas públicas que no se usan hay que desmantelarlas y la movilidad sostenible no se consigue colando bicis plegables en autobuses y dejando todo lo demás como estaba.

sábado, 25 de enero de 2014

Ciclogénesis bicicletera en Pamplona

Pamplona se ha metido en los últimos días en una ciclogénesis bicicletera tanto en el terreno político como en el mediático, que ha deparado un cierto clima de excepción en la calle. La gente se ha hipersensibilizado con las bicicletas y eso, como se sabe, tiene su lado positivo pero también conlleva una cierta reacción negativa contra "esos de las bicis", que suele empujar a las víctimas a esgrimir el "ladran, luego pedaleamos" que tan pocos amigos acaba haciendo.

Foto: Javier Muru

El caso es que una conjunción de acontecimientos ha servido para poner a la bicicleta en la palestra, si no lo estaba ya antes en la ciudad con más kilómetros de ciclovías por habitante y con las bicicletas públicas menos utilizadas de estas latitudes, la única cuyo registro de bicicletas incluye de manera obligatoria una placa a modo de matrícula y la que se ha atrevido a regular la velocidad en su gran parque fluvial longitudinal por debajo de 10 kilómetros hora. Pamplona ha despertado de su letargo y ha vuelto a polemizar sobre la bici.

Por un lado, el Pleno del Ayuntamiento aprobando una serie de mociones relativas a la bicicleta:
  • Aparcamientos domésticos seguros en locales de titularidad municipal, sobre todo para la población del Casco Viejo de la ciudad, por su particular situación y casuística.
  • Aparcamientos cubiertos y vigilados de rotación en los parkings de concesión pública en lugares estratégicos de la ciudad.
  • Revisión y ampliación de la red de carriles bici de la ciudad.
  • Conexión de la red de carriles bici haciendo mención especial a los accesos que presentan fuertes pendientes.
  • Realización de campañas de buenas prácticas entre ciclistas.
Por si esto no fuera suficiente, coincidió con una publicación engañosa en el periódico de mayor tirada relativa a una supuesta restricción para las bicicletas en el uso de ascensores y en el tránsito por calles peatonales de máxima densidad peatonal, con su correspondiente desmentido posterior, y con la desgraciada noticia de una ciclista que, después de atropellar a una niña, no se quedó a asistirla.

Todo esto despertó a los medios de comunicación que trataron de recoger, cada uno poniendo énfasis en un aspecto diferente según su criterio apriorístico de lo que era más importante, más noticiable o simplemente más sensacionalista. Al final, unos preocupados por los robos, otros por la calidad de los carriles y los terceros por ascensores y limitaciones de circulación y velocidad, la cosa ha devenido un auténtico fregado mediático con su correspondiente revuelo de opinión.

Todo ello coincidiendo con la segunda reunión del Observatorio de la Bicicleta de Pamplona recientemente constituido, en el que muchos de esos temas habían surgido y ya se habían tratado de una manera informal en su primera reunión, pero que no habían trascendido de este foro.

El resultado de todos estos acontecimientos y de todo este espacio dedicado en los efímeros medios de comunicación ha sacado a la bicicleta de su estado de hibernación y la ha puesto en el candelero y ha servido para poner en solfa todo lo que nuestros ayuntamientos benévolos han concedido a los ciclistas: migajas y, para colmo, dispersas.



La bicicleta no ha conseguido mejores cotas de normalización en nuestras ciudades y más concretamente en Pamplona simplemente porque no se ha trabajado desde la lógica de promocionar un medio de transporte sino desde la óptica de la misericordia por unos cuantos desalmados que querían jugársela en medio de la ciudad motorizada con sus vehículos a pedales.

El resultado de esta visión caritativa no ha sido otro que el esperado: conservar la opción ciclista en la marginalidad, en la pobretonería y en la discriminación respecto al todopoderoso tráfico motorizado, pero con buenas dosis de propaganda, de autocomplacencia y de escenificación de éxito.

Lo que se concluye de toda esta onda expansiva es que el proceso de ciclabilización que han iniciado con más o menos acierto, con más o menos decisión o con más o menos valentía nuestros ayuntamientos todavía está pendiente de un reconocimiento mayor de la dignidad del ciclista y con ella de sus derechos, obligaciones, deseos y condiciones. Hasta entonces seguiremos trabajando denodadamente por lograrlo.

sábado, 11 de enero de 2014

¿Hay que gastarse muchos millones para conseguir mejores ciudades?

Hoy ha llegado a nuestros ojos este vídeo fantástico, que recrea la maravilla de la ingeniería civil que ha planeado el Ayuntamiento de Burgos para una de sus avenidas más importantes: la Calle Vitoria.



Algo similar a lo que se ha hecho en muchas ciudades en estas arterias centrales para hacerlas más amables y más vertebradoras de los núcleos urbanos. La obra propone una reconversión de una autopista urbana de cuatro carriles en una vía normal de un carril por sentido y un ridículo carril bici encajonado en el andén central en el que se presupone que el ciclista sólo quiere recorrer esta preciosidad urbanística en sentido longitudinal, reforzando una concepción casi zoológica de la movilidad ciclista, porque no han previsto ninguna escapatoria más allá de los puros pasos peatonales, con la consecuente invasión automática de las aceras ampliadas colindantes. Una estupidez soberana, pero que queda que ni pintada ahí en medio a modo estandarte de la modernidad sostenible.

Mejorable, sin duda, pero a primera vista interesante, aunque lo verdaderamente importante es si es prioritaria a otras actuaciones en el barrio o en la ciudad, dado el coste astronómico de este tipo de obras, sobre todo en tiempos de crisis y de recortes presupuestarios a diestro y siniestro.

En fin, que la respuesta civil, esta vez de los vecinos congregados por las redes sociales, no se ha hecho esperar y por desgracia ha desembocado en incidentes desagradables: una batalla campal.


¿Qué quiere la gente?

Es lo que tiene la remodelación de la ciudad, que genera respuestas. Seguro que a todos estos la mejora de los espacios peatonales, de la eficiencia del transporte público o de la pretendida circulación ciclista no se la trae al pairo, como la mayor calidad del espacio público o los beneficios económicos y sociales que ello conlleva, pero visto así parece que sólo defienden su derecho inalienable de usar el coche en la ciudad de manera prioritaria a cualquier otro modo de transporte y a ellos sólo les preocupa la reducción de carriles y la eliminación de plazas de aparcamiento. Sus carriles, sus plazas de aparcamiento.

Aunque lo verdaderamente preocupante y lamentable no es que se produzcan estas respuestas ante una propuesta de reurbanización, sino que estas sean violentas y acaben con daños en el mobiliario urbano y en los comercios y bajos de esa misma calle que dicen pretender proteger. Esto no es solidaridad, esto no es civismo, esto no es más que brutalidad y no ayuda para nada a argumentar las razones de fondo, que seguro que las hay y algunas seguro que valiosas, ante ese Ayuntamiento por unos cauces más adecuados. Con este tipo de maniobras, casi siempre distorsionadas por unos cuantos energúmenos calentados por actuaciones policiales desmesuradas, sólo se consigue desautorizar la iniciativa popular.



¿Importante o impactante?

Lo que subyace en este tipo de encontronazos entre ayuntamientos y ciudadanía es el criterio de unos y otros sobre lo que es importante en la construcción de una ciudad. Mientras que para los cargos electos suelen resultar más atractivas, dada la perentoriedad de sus puestos, las actuaciones visibles y que dejen huella inequívoca de su paso por el poder, para la ciudadanía suelen ser más importantes los servicios sociales que muchas veces pasan casi inadvertidos para el resto de la opinión pública por no ser tan mediáticos o no ser mediáticos en absoluto.

Normalmente estas diferencias se suelen presentar por parte de las autoridades, aprovechando toda su potencia propagandística, como miopía ciudadana y reaccionarismo a cualquier cambio por parte de vecinos y comerciantes afectados y, aunque se han dado numerosos casos que así lo han atestiguado, generalizar siempre es peligroso, sobre todo cuando el presupuesto es escaso y las necesidades acuciantes.

La pregunta del millón sería precisamente esa: ¿hay que gastarse muchos millones para conseguir mejores ciudades y personas más felices? En el caso que nos ocupa podríamos acompañarla de una segunda: ¿sólo las modificaciones urbanísticas son capaces de cambiar la configuración de una ciudad?

Seguiremos atentos a nuestros receptores.

jueves, 5 de diciembre de 2013

¿Qué está pasando en Zaragoza?

¿Por qué la capital maña es la ciudad que más incidentes con ciclistas involucrados genera? ¿Es sólo porque hay un interés mediático en airearlos aunque sean simples encontronazos sin mayor gravedad? ¿O es porque hay un estado de opinión generalizado contra la ciclabilización que se ha consumado en esa ciudad? ¿O es simplemente que allí hay más accidentes e incidentes ciclistas que en ninguna otra ciudad?

Lo que está claro es que prácticamente todos los días se registran sucesos y artículos de opinión en los que los ciclistas son desgraciadamente protagonistas. No parece que sea más grave que en otras ciudades de su alrededor o que en cualquier ciudad que ha tratado de meter ciclistas con calzador y multiplicarlos con el efecto bicicleta pública. Eso y que Zaragoza es una ciudad plana, que todo ayuda. También ayuda que en esta ciudad se hayan hecho las cosas mal o medio mal en la implementación de vías ciclistas.

Pero son sin duda dos los elementos que ayudan a hacer de altavoz de la denuncia de esta situación y los dos provienen de la sociedad civil: la decana Pedalea, asociación de defensa de los derechos de los usuarios de la bici en esta ciudad, y la joven Acera Peatonal, una asociación de marcado carácter reivindicativo cuyo único objetivo visible es recuperar el espacio peatonal usurpado por los ciclistas. De hecho, es realmente sintomático que se haya constituido una entidad con un fin tan específico.

Se trata de una situación incómoda, como lo es que los ciclistas campen a sus anchas por los lugares equivocados o exponiéndose tontamente a riesgos importantes, pero no es más que la punta de un iceberg mucho más profundo: el fracaso prematuro de la ciclabilización acelerada.

Zaragoza no es más que un buen ejemplo de que no basta con construir carriles bici segregados, poner bicicletas públicas, haber calmado el tráfico o haber apoyado algunas iniciativas vendiendo movilidad sostenible para conseguir que la bicicleta sea cómoda, segura o conveniente.


Zaragoza, como otras muchas ciudades, no ha puesto el acento en la reducción del tráfico motorizado y, así, es imposible dar la alternativa a los nuevos valores de la locomoción. Tranvía o peatonalizaciones no son más que espectáculos, si se sigue pudiendo acceder al centro en coche y aparcarlo, aunque sea pagando.

Seguiremos atentos a la crónica.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Nunca acabarás de flipar

Que la realidad excede a la imaginación más calenturienta lo podemos comprobar día a día. Pero hay días especiales en los que las pruebas de ello se agolpan como para demostrarnos que nuestro atrevimiento nunca será tan espeluznante como la vida misma. Para bien y para mal.


Hoy mismamente en apenas un cuarto de hora de navegación por la red me han atrapado dos noticias en los dos extremos más antagónicos de la flipadera de la movilidad, como demostraciones de las divergencias abismales que hay dentro de lo que quizá equivocadamente hemos dado por llamar el mundo civilizado.

Detenido por intentar recoger a sus hijos del colegio a pie

La primera noticia viene de la mano del siempre interesante blog The Urban Country. Nos relata el desquiciante caso de un padre de Cumberland County, Tennessee, que ha sido arrestado por la policía por tratar de recoger a sus hijos del colegio ¡a pie! Terrorífico. Doblemente terrorífico por ser real.

Según la norma de este colegio la forma única y obligatoria para recoger a los menores a la salida del colegio es hacerlo en coche, como si fuera un drive thru cualquiera de hamburguesería típica. Esto provoca filas de resignados padres y madres de más de una milla esperando su turno para recoger sus correspondientes paquetes.


El padre transgresor decidió saltarse el orden y apearse del coche para caminar hasta la puerta y reclamar a sus vástagos con la negativa de los encargados del colegio que, ante su insistencia, decidieron, con la mediación de la policía, llevárselo por delante. ¡Merecido! Por listo. ¡Alucinante a lo que es capaz de llegar la estupidez en la cultura del coche!

Carril para bicicantarines

En el otro lado de la balanza están esa pandilla de locos estrafalarios, únicos e irrepetibles, que son los holandeses. Esta vez la anécdota nos llega desde el mismísimo Amsterdam, capital de la cosa guay. Aquí han querido recoger dos tradiciones muy arraigadas entre sus habitantes como son cantar por la calle y andar en bici y han decidido reservar algunas ciclosendas para semejante maridaje, señales incluidas. Flipante es poco.


A cualquiera le ha dado en algún momento por entonar su canción preferida mientras pedaleaba, pero de ahí a dedicar una infraestructura a ello, para que la gente se explaye desinhibidamente a ello a pleno pulmón y a golpe de pedal hay un salto importante en términos de flipadera.

Estamos locos, no cabe duda, pero que cada uno elija qué tipo de locura prefiere... si puede.

viernes, 12 de julio de 2013

Lamentarlo no es suficiente

Aunque es lo menos que se puede hacer al conocer la terrible noticia de la consecuencia fatal de un atropello que se produjo hace unos días cuando un coche arrolló a unos chavales que circulaban por un carril bici de Corella, la ciudad que más ha apostado por este tipo de infraestructuras de toda Navarra.

Faltan las palabras para expresar la angustia que nos sobrecoge a todos los que estamos todos los días trabajando y peleando por que la gente utilice cada vez más la bicicleta como medio de locomoción, de manera segura, sobre todo entre los más jóvenes.

Lejos de tratar de analizar las particularidades concretas del caso, tarea reservada a la Policía Foral de Navarra, un cuerpo que nos consta que ha hecho un esfuerzo especial en los últimos años en relación con la seguridad vial de los ciclistas, especialmente entre los escolares, el suceso reviste una especial relevancia por las circunstancias que lo rodean.

Lugar del suceso (Foto de Diario de Navarra)

Por un lado, un grupo de menores que circulan despreocupadamente en sus bicicletas por una calle de un pueblo mediano disfrutando de su periodo vacacional. Una calle que, además, cuenta con un carril bici. Una calle secundaria donde no haría falta semejante infraestructura pero que el celo y la vehemencia de muchos corellanos, especialmente los Biciclistas de Corella, consiguió que se implementara, para mejorar la visibilidad de los ya numerosos ciclistas urbanos.

Por otro, un automovilista joven que viaja confiado, sin atender demasiado a lo que sucede, porque normalmente no sucede nada.

Y, de repente, se produce el desastre. Un golpe fatal. Y en un segundo todo cambia y la normalidad se convierte en tragedia.

¿Qué más se puede hacer?

Desde luego lamentarse no sirve para arreglar nada. Para evitar que esto se vuelva a producir no basta con quejarse, por más alto y más veces que se haga. Hay que hacer algo más.

Está claro que no es una cuestión de carriles bici. Tampoco es una cuestión de si el chaval llevaba casco o no. O de si iban más o menos despistados. O de si ya casi era de noche y quizá no iban provistos de luces. No basta con eso.

Para prevenir futuros accidentes, sobre todo en medio urbano, no queda otra que trabajar sobre los automovilistas con mucha más contundencia que la que se está aplicando en la actualidad. Hay que remarcar una y otra vez la responsabilidad tremenda que se asume al conducir un coche, mucho más cuando se hace en poblaciones y hay que recordar que el peligro, el verdadero peligro en los accidentes lo aportan los automóviles, que con un simple golpe pueden resultar mortales.

Si queremos que nuestros pueblos y ciudades sirvan para ser vividos de manera segura y amable, necesitamos darnos cuenta de que los coches son los mayores obstáculos ante los que nos encontramos. Para conseguir que la gente disfrute de ese espacio común que es la calle, tendremos que desincentivar el uso del automóvil para algo que no sea imprescindible y está demostrado que la mayoría de los viajes que se hacen en coche en nuestras poblaciones, más si son medianas o pequeñas, son viajes que se podían haber hecho en cualquier otro modo.

Hasta que no seamos capaces de hacerlo, nos seguiremos encontrando con este tipo de desgracias con mayor o menor frecuencia. Lamentablemente.

martes, 14 de mayo de 2013

Breve repaso al carril bici de Pamplona

Hace unos días la televisión regional de esta parte del mundo donde vivimos decidió dar un repaso al carril bici de esta capital provinciana que es Pamplona y, después de haber entrevistado al responsable político del tema y debido al estupor que les produjo la indolencia del mismo respecto a la situación descabellada de la cosa, decidieron, aguerridas periodistas, buscar un contrapunto que sirviera para denunciar la situación, con tal suerte que dieron con uno de nuestros colaboradores más asiduos.

He aquí el resultado de más de media hora de conversación después de conveniente cercenada y extractados tan sólo unos segundos debidamente sacados de contexto.

 

No queda ni rastro de argumentos tales como "esto es una gamberrada" o "lo que no quieren es quitarle nada al coche" o "el peligro y los accidentes se producen en los encuentros entre carriles bici y aceras y la calzada" o "esto es un atropello". La prensa es así de cruel.

miércoles, 1 de mayo de 2013

La policía, montada, es más efectiva

En bici, por supuesto. Pasó ayer. Otra vez más la realidad desbordó las cotas más altas de nuestra imaginación y nos demostró que es mucho más alucinante que nuestras ensoñaciones más calenturientas y que nuestras fantasías más atrevidas.

Un policía alcanza a un ladrón con la bici que había robado
Fuente: Diario de Navarra

Un agente de la Policía Municipal de Pamplona detuvo al ladrón con la bicicleta que había robado y abandonado en su huída.

Un agente de la Policía Municipal de Pamplona detuvo a un ladrón utilizando la misma bicicleta que esta persona había sustraído y que había abandonado durante su huida. Los hechos ocurrieron sobre las 13:45 horas del pasado vuernes día 26. La emisora interna de la policia informó a los agentes de la sustracción de una bicicleta en la Plaza del Castillo. Además, gracias a los testigos, se facilitó una descripción del presunto ladrón. 

Dos agentes que se encontraban de servicio a pie por las inmediaciones del Teatro Gayarre observaron que por Carlos III circulaba en bicicleta una persona que coincidía con la descripción facilitada, por lo que procedieron a seguirle hasta la calle Arrieta, donde abandonó la bicicleta para continuar huyendo a la carrera.

Uno de los dos agentes cogió entonces la bicicleta que había sido abandonada, se montó en ella y persiguió al ladrón hasta Paulino Caballero, donde lo consiguió alcanzar.

Demostrado. En bici es más rápido y, si la policía fuera montada en bicicleta, además de empatizar mejor con los ciclistas y dar mayor visibilidad y prestigio a la bicicleta, podría perseguir a los criminales de una manera mucho más efectiva.

Ignoro si el agente en cuestión es uno de esos que está solicitando la inclusión de una brigada ciclista en esta ciudad, pero, incluso si no lo es, seguro que, gracias a su instinto, se ha dado cuenta de que si hubiera "policías montados" conseguirían llegar más rápido.

lunes, 22 de abril de 2013

Pilladas en el paso de cebra

Hoy me he encontrado, leyendo el periódico, con una breve noticia que recogía dos sucesos que desgraciadamente se están haciendo clásicos y que resumen el estado de las cosas en lo que a ordenación del tráfico se refiere en esta parte del mundo. Una peatona y una ciclista atropelladas en sendos pasos de peatones. Por suerte, ninguna de las víctimas reviste gravedad. Lo que es grave es que este tipo de atropellos se produzcan.


No es lo mismo

Ahora bien, ambos incidentes no son comparables en absoluto. Mientras en el caso de la viandante se trata de un atropello criminal, denunciable y execrable por culpa de un automovilista que ha decidido tomar ventaja en una situación que no lo permitía, en el caso de la ciclista ésta es la víctima propiciatoria de su propio atropello al invadir la calzada por un paso de peatones desde una acera, ambas acciones ilegales y terriblemente peligrosas.

Sin embargo y pese a este carácter diametralmente opuesto, es desafortunadamente demasiado común, por repetido y por esa rancia educación misericorde que tenemos, ponerse del lado del más débil, aunque sea éste el que decida ponerse en peligro de forma gratuita e inconsciente y entonces tendemos, como se deduce de esta noticia, a ponerlos en el mismo rasero y a juzgarlos a ambos inocentes.

No da igual

Pues no, la inconsciencia no es inocente y la estulticia menos, sobre todo cuando involucra a otros y tiene consecuencias sobre ellos y, de la misma manera que no se nos pasaría por la mente exculpar al conductor que despreocupadamente atropella a la niña que cruzaba por el paso de peatones, no deberíamos compadecernos y perdonar a la ciclista que se arroja desde una acera, esté pintada o no para ciclistas, porque su maniobra tiene consecuencias para ella y para el atropellador que no puede evitarla.

Así pues, basta ya de hacer demagogia con los pobres e infaustos ciclistas que trasgreden la ley para su propio beneficio poniendo en peligro su integridad y la de los demás, aunque caigan atropellados en el intento, porque esto nos va a hacer flaco favor a la hora de defender sus derechos y su dignidad en el futuro.

domingo, 21 de abril de 2013

Ciclismiquis

En una lectura distraída de un periódico regional, da igual cuál, da igual de dónde, me he encontrado con el clásico valiente que expresa su opinión a modo de queja para denunciar el desfase ciclista urbano en una mezcla de exigencia y de reprobación gracias a la cual no se sabe bien si trata de pedir o de impedir el desarrollo razonable de la actividad bicicletera en su ciudad. Habitual.


La nota recoge la esencia más cruel de en lo que ha derivado la cuestión de la bici en muchas de nuestras ciudades para la mayoría de la gente.

Por un lado, las "bicisitudes" de los que intentan seguir esos chorizos que se han habilitado bajo el denominador común de carril bici, que no son sino auténticas gamberradas hechas por técnicos municipales ignorantes y asumidas como mal menor por la mayoría de los ciclistas dóciles y miedosos.

Por otro, el sangrante tema del timbre y de la conveniencia o necesidad imperiosa de su uso, que es la expresión máxima de la peatonalización del tráfico ciclista, ya que en calzada el uso del timbre resulta impropio por ridículo.

En último lugar está el asunto de la velocidad a la que circulan los carrilbicistas y cicleatones que atemoriza a los peatones y, más que eso, es la demostración de que todo esto, además de hacer tortuosos, incómodos e incomodantes los itinerarios en bici conlleva la necesaria ralentización de los ciclistas, una vez convertidos en pseudo-peatones.

Lo peor de todo esto es que a muy poca gente le chirría. Esta mezcla de conformismo, ñoñería y taimada agresividad está dejando a la bicicleta a la altura del betún y a sus prácticantes como los bastardos de la circulación urbana. Veremos cuánto dura la alegría.

domingo, 20 de enero de 2013

Amaxofobia, la oportunidad

El telediario oficial ha recogido en su sesión de noche una noticia de esas que no se sabe bien con qué criterio se incluyen en el sumario, pero que te caen así, como minirreportaje de fondo, con testimonios incluídos. La amaxofobia o miedo a conducir ha sido la que se ha injertado hoy entre desgracia y desgracia.

La amaxofobia es como se denomina la patología que recoge el miedo a conducir en forma de crisis ansiedad. Razonable pensarán algunos, marginal opinarán otros, deleznable seguro que habrá algunos que defiendan. El caso es que la noticia presenta esta afección como algo mucho más común de lo que muchos sospechamos. Dicen que la amaxofobia la sufren, en sus distintos niveles de agudeza, uno de cada tres conductores.


Una de cada tres personas que conducen sufren esta dolencia y no se recogen todos los casos de miedo a la conducción. Terrible, terrorífico. ¡Y aún nos siguen vendiendo la experiencia de conducir como una experiencia incomparabla! ¡Pues vaya si lo es! Y, sin embargo, continúan sin querer desmantelar toda la lógica de la motorizzación, de la deslocalización, de la dispersión, de la zonificación y la alegría de la hipermovilidad porque creen que sigue representando el fundamento de esta maltrecha economía que hace aguas por los cuatro costados.

Y no sólo eso. Todavía sigue habiendo intrépidos irresponsables que siguen comerciando con el miedo de los ciclistas y el que tienen que tener los peatones como se les ocurra compartir el espacio, su espacio, el espacio de todos con esos que lo hacen desde detrás de un volante y a golpe de acelerador.

Es el miedo a conducir lo que hay que seguir fomentando y alimentando. No precisamente la citada amaxofobia, que no deja de ser una desgracia personal, sino más bien el miedo hacia una práctica que nos cuesta mucho a todos y que debería estar desaconsejado. Como fumar, como molestar a tus vecinos, como amenazar a los demás. El miedo nunca es bueno, porque es irracional, pero sí lo es la sensación de alerta y angustia por la presencia de un peligro o mal, sea real o imaginario.

Tenemos suerte, más del 85% de las personas que sufren esta fobia son mujeres y son ellas las que van a cambiar este mundo.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Incentivar el uso del coche

En agarrarnos con fuerza a un clavo ardiendo es en lo que parece que se está convirtiendo este tránsito increíble entre la vorágine y la debacle de este sistema moribundo. O al menos así están tratando de explicárnoslo como única opción posible. Da igual que sea más de lo mismo o menos de lo mismo, el caso es que sea lo mismo. En eso consiste el truco, en insistir hasta la saciedad en los mismos postulados que nos han traído hasta aquí, como los únicos que nos pueden llegar a salvar. Increíble de no ser cierto.

Un ejemplo de ello, más allá de las recetas económicas y políticas que nos están administrando, es el aliento desesperado que quiere dársele al coche como bastión de la movilidad y motor de la economía. Alargar la vida del todopoderoso vehículo parece que es el encargo que se han propuesto los poderes, aceptando el chantaje de fabricantes y vendedores, por llamarlos de alguna manera digna.

La noticia es el nuevo plan de ayudas a la compra de coches nuevos o seminuevos en la que se ha embarcado el gobierno central de la mano de fabricantes y concesionarios. A la espera de que el ladrillo vuelva a pesar lo que pesaba y, no contentos con esquilmar las arcas públicas para pagar el desastre, ahora vienen con una micromedida de ayuda a la compra de coches.


Más coches

Hacen falta más coches. La caída en picado de un sector que había generado su propia burbuja al calor de la inmobiliario-financiera y que ahora sufre las vacas flacas ha servido para justificar, bajo la excusa de mejorar la eficiencia y disminuir el nivel contaminante, la subvención a la compra de 75.000 coches de aquí a diciembre.

Ahora que la demanda de coche había bajado, por la disminución de la actividad económica, por el incremento del precio del combustible y, en menor medida, por las medidas disuasorias de su uso, principalmente la tarificación del aparcamiento, ahora vienen los poderes fácticos y se autoadjudican unas ayudas que, por ejemplo, la compra de bicicletas no la tienen.

75.000 coches más. Prácticamente nada. Si en vez de coches se hubiera financiado la compra de bicis hubiera dado para 1.000.000 a razón de 75 euros/bici, que en proporción viene a ser lo mismo. Todo para salvar a fabricantes y a tiendas, dando igual que la fabricación sea estatal o no.

Para la ciudad, sobre todo

No ha pasado ni una semana de la celebración de la Movilidad Sostenible como evento, en la misma ciudad en la que se organizó simbólicamente la marcha de la bici hasta la factoría de coches local el periódico de mayor tirada y más conservador publica hoy un informe según el cual Pamplona es tan transitable en coche en Septiembre como en Agosto. Cuestión de minutos.

¿Qué significa esto? Pues que esta ciudad, como tantas otras, es todavía demasiado favorable al uso del coche. Que, pese a esas medidas pretendidamente disuasorias, la facilidad y la prioridad de uso del coche como medio de locomoción es incontestable. Eso y que, como en todas estas mediciones de viajes en coche se siguen descontando los tiempos terminales de aparcamiento y desplazamiento a pie hasta el destino final.

sábado, 11 de agosto de 2012

Así están las cosas amigos de la bicicleta

Desde la distancia, desde el retiro, las cosas se ven más claras, más sencillas, más simples. A veces el fragor de la batalla te hace posicionarte en exceso, tomar cualquier pequeño acontecimiento como una señal inequívoca de un movimiento organizado, intencionado. Y a veces no es así.

No lo puedo evitar. Leo los periódicos. Los de aquí y los de allá. Y todos los días siguen goteando noticias relacionadas con la bicicleta. Y vistas así, repantingado en la playa, con el sol, la brisa, los niños y los vecinos de toalla sobrevenidos dificultando la capacidad de atención, las noticias no son tan graves y adquieren ciertos tintes amables, incluso grotescos.

El otro día era una entrevista al ex-director del Area de Protección Ciudadana de Pamplona, recientemente ascendido a Director General del Gobierno de Navarra. En ella, entre otras cosas, hablaba de tráfico, de muertos y de carriles bici, como no podía ser de otra manera. He perdido el ejemplar y en internet no está disponible gratis, pero lo que venía a decir es que lo de las bicis es un mal menor generalizado y que están abocadas a entenderse con los peatones. En las aceras, claro, su lugar natural a partir de ahora. ¿El casco? Obligatorio, pero sin dramatizar. Chapeau!

A los días, y siempre referido a la ciudad de la que he tomado una distancia defensiva, publicaban los primeros números del Registro de Bicicletas con Matrícula Incluída del que Pamplona hace gala, innovando en la vigilancia del ciclista trangresor. 141 bicis registradas en 4 meses. Record!

Ayer el que visitaba un pueblo de Navarra era el Ministro del Interior, que ha dejado claro que lo del casco y la acera eran un envido en el primer caso y un hórdago en el segundo. ¡Menuda jugada, maestro!

En el periódico de hoy (¿o era el de ayer?) me he encontrado de lleno, foto de cuarta incluída, a la delegación del asociacionismo carrilbicista de mi pueblo de visita en la Santa Sede (léase Holanda) para hacer ofrenda de su premio simbólico a un santón conocido por ser uno de los mayores protectores y promocionadores del sistema neerlandés de segregación ciclista, junto con Mr.David Hembrow: Mark Wagenbuur. ¡Amén Jesús!

La imagen rezuma emoción y convicción apostolar. Sobre todo después de conocer los últimos premiados: el Director del Area de Movilidad, destituido junto con todo el departamento por el mismo partido que lo puso, y La Mujer, así en general y con mayúsculas. Este va para uno de sus obispos y funciona a modo de canonización. Me gustaría saber si ya han invitado a Mark a visitar Pamplona y alrededores para que les deje las cosas claras de lo que ni para los más acérrimos de la segregación es admisible, es decir, las gamberradas que se han hecho por aquí en nombre del Carril Bici. Recomendable el último artículo de Mark en su blog Bicycle Dutch.

Seguro que no lo han hecho y están dispuestos a ponerse las orejeras que les impiden ver otra cosa que no sea la señal azul de la esperanza ciclista, aunque detrás haya una chapuza innombrable que ponga en riesgo la integridad de sus correligionarios. Esos que no tienen espíritu crítico, esos que no dudan en agraviar a los peatones, como hacen los holandeses, para preservar su derecho inalienable a la seguridad percibida.

En fin, un circo. El mismo circo pero cada vez más esperpéntico y con los enanos creciendo a toda pastilla. A mi me sigue haciendo gracia.

Saludos.