Estamos anonadados con las prácticas de los monstruos de la venta on-line mundiales por su diligencia y sus precios inigualables. Ahora clicas en la pantalla y adquieres no sólo productos y servicios deseables, sino también inmediatez. El placer se multiplica. Ya no es suficiente con la compulsión, esa satisfacción que dura una docena de latidos en los que la sangre rebota en las sienes haciendo sentirte todopoderoso, ahora puedes decidir cuándo quieres disfrutar de la posesión de tu compra.
Ahora mismo. Oraintxe, que diríamos por aquí. Ara mateix, agora mesmo, right now, tout de suite, ahoritita... da igual el idioma, es ¡ya!
Da igual cómo se monta la tela de araña, pero nos tiene atrapados, encantados, cautivos en una mezcla de ubicuidad, borrachera de abundancia, oportunidad, necesidad... todo ello sucedáneo seguro de una felicidad que no se nos asoma, de una soledad que nos acompaña, de una insatisfacción casi permanente, de una ansiedad que no sabemos saciar. El caso es que triunfa y, para hacerlo, se vale de cualquier medio.
Los grandes monstruos del e-commerce lo saben y siguen apostando a fórmulas que, al final, juegan con abaratar la producción, eliminar la cadena comercial y ser intensivas en un transporte que el mundo sigue manteniendo barato a costa del propio planeta. "Compra y lo puedes disfrutar mañana en tu casa". "Compra y lo tienes en dos horas en tu domicilio". Por arte de magia, porque somos todopoderosos, omnipresentes. Y nosotros compramos. ¡Vaya que si compramos! Y nos lo traen. O lo intentan. Y fracasan, sobre todo, en la entrega terminal. Aunque en realidad no fuera tan urgente. Pero fracasan.
Y fracasan porque no es tan fácil encontrar a la gente en su casa. Y eso provoca una ineficiencia y unos costes en el transporte realmente formidables (eso y las devoluciones, que se producen en casi un 30% de los envíos), lo que ha obligado a dichas empresas y sus socios logísticos y de distribución necesarios a replantear y reinventar la entrega/recogida terminal. Y se han inventado los puntos de entrega concertados, en establecimientos o en taquillas automáticas, donde el destinatario se acerca para recoger su compra o hacer su devolución. Pero no les acaba de funcionar.
Otra fórmula, sobre todo para entregas en zonas de tráfico restringido, es contar con empresas especializadas en dicho trabajo, con formulaciones como microplataformas de distribución de última milla o por simple contratación de servicios. Se ha revelado la más eficiente, la más ecológica y la más amable. Porque trabaja desde la proximidad, que le permite ofrecer un punto de recogida cercano, hacer profusión de viajes en un área relativamente reducida, concertar las entregas, y todo ello con medios amables, vehículos a pedales o con asistencia eléctrica, ligeros y divertidos.
Lo mejor de esta opción, además de que normalmente está promovida por empresas locales con un compromiso y un conocimiento de su entorno y de sus personas incomparables, es que está al alcance de cualquiera, no sólo de los grandes operadores mundiales.
Esta es la clave.
Si Amazon, por nombrar al más conocido de estos operadores, busca soluciones de proximidad y está montando almacenes en el centro de las ciudades y subcontratando servicios al mejor postor porque su demanda de transporte es inabarcable por el sistema de transporte tradicional, ¿por qué los comercios locales, que ya tienen sus establecimientos montados y sus almacenes al lado de sus clientes no pueden proponérselo?
La respuesta es fácil: porque no venden lo suficiente. Pero no es la única.
Igual es que no creen que pueden competir con el fantasma de internet que les tiene acogotados.
Igual es porque siguen anclados en formulaciones obsoletas de venta que se reducen a tener unos metros cuadrados, personal para atenderlos y levantar la verja cada mañana.
Igual es que no son capaces de creer en su diferencia esencial respecto al mundo virtual, que es que ellos son tangibles, que allí puedes tocar, oler, probar el producto y pedir consejo a una persona que puede atenderte y puede entenderte, aunque muchas veces no quiera hacerlo.
Igual es que "Tu tienda de siempre" tiene que reinventarse y eso pasa, entre otras cosas, por estar atenta y ser excelente en el trato personal. Por ser original, única y exclusiva. Por querer a su clientela como a su familia. Por tener personas que atienden y tratan de entender a personas, y les aconsejan si les piden consejo y les ayudan y les acompañan en su decisión de compra.
Igual es que el comercio tradicional tiene que tener una tienda on-line para dar credibilidad a sus productos y servicios.
Igual es que el comercio tradicional tiene que asociarse para algo más que para hacer campañas anodinas y legalar carnets de fidelidad, flores, boletos de tómbola o pagarse la iluminación navideña.
Igual es que el comercio tradicional tiene que actualizarse y competir en servicio, proximidad y tangibilidad con esos monstruos que sólo pueden ofrecer precio, globalidad y virtualidad.
Igual, sólo igual, es que no han sido capaces de preguntárselo a esas personas que entran en su establecimiento. O que no han sabido ofrecerlo a su comunidad en alianzas locales, con otras empresas locales... y siguen esperando a que sus tiendas se llenen porque sí, porque la gente pasea por su calle o simplemente porque las tienen abiertas.
Desde luego, lamentarlo no arregla la situación y pelear contra elefantes con tirachinas es una pérdida de tiempo y energía peor que lamentarlo.
Txita, de la mano del Departamiento de Movilidad del Ayuntamiento de Donostia y San Sebastián Shops y dentro del proyecto Cyclelogistics, ya lo está proponiendo.
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lunes, 6 de marzo de 2017
Sí Amazon puede, tú seguro que puedes
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martes, 27 de octubre de 2015
La pesadilla que se muerde la cola
Esto del tráfico es un cuento recurrente, una cadena sinfín, una excusa autojustificada, una causa reincidente. Tráfico induce tráfico. La cadena viciosa del coche es una vieja conocida con la que no acabamos de congeniar pero que no nos la podemos quitar de encima.
Sin embargo hay otra lógica que es igual de contundente y que no nos atrevemos a citar en serio, porque, aunque sólo conlleva beneficios para la comunidad, contraviene los intereses de los grupos dominantes, que nos han traído hasta donde estamos prometiéndonos el bienestar y el desarrollo.
Hay que empezar a darle la vuelta a la justificación del coche por el coche y hay que empezar a pensar que esto lo hemos hecho mal y que encima nos está haciendo daño, pero que es reversible si empezamos a ponernos a ello.
Sin embargo hay otra lógica que es igual de contundente y que no nos atrevemos a citar en serio, porque, aunque sólo conlleva beneficios para la comunidad, contraviene los intereses de los grupos dominantes, que nos han traído hasta donde estamos prometiéndonos el bienestar y el desarrollo.
Hay que empezar a darle la vuelta a la justificación del coche por el coche y hay que empezar a pensar que esto lo hemos hecho mal y que encima nos está haciendo daño, pero que es reversible si empezamos a ponernos a ello.
martes, 15 de septiembre de 2015
¿Nos creemos realmente que hay alternativa a la ciudad de los coches?
Llevamos más de 25 años dándole vueltas al mismo asunto: cómo reincorporar las bicicletas de una manera digna en nuestras ciudades... y hoy es el día en que todavía no lo tenemos del todo claro.
Somos una generación que ha nacido y ha crecido en ciudades que han ido dando más y más oportunidades a la utilización del coche y parece ser que somos incapaces de plantear algo diferente sin ruborizarnos un poco. Es normal, nos avergonzamos de haber participado en este festín automovilístico y ahora nos parece que, de alguna manera, estamos traicionando un poco un estilo de vida que nos ha acompañado toda la vida hasta estrangularnos figurada y literalmente.
Hemos pasado por distintas fases en este camino. Primero, la de jóvenes aguerridos, valientes y decididos que utilizaban sus bicicletas en un mundo hostil menospreciando el riesgo y haciendo gala de un coraje ejemplar (o, al menos, eso nos creíamos o nos hacían creer nuestros semejantes). Luego, ocupamos posiciones más vanguardistas, tratando de defender de una manera organizada y misional nuestro derecho como ciudadanos ciclistas. Algunos, después, tuvimos la oportunidad de proponer y desarrollar nuestros propios proyectos para poner en marcha iniciativas que ponían en valor económica y socialmente la bicicleta. Los más privilegiados pudimos participar en algunos procesos efervescentes a finales de la década pasada, donde la bici ebullía y se mostraba como una prometedora artífice de la redención de nuestras ciudades del automovilismo.
Esta década implosiva nos ha enseñado que no era oro todo lo que relucía, que muchas cosas se han quedado en agua de borrajas y que las bicicletas en la ciudad siguen aquejando una marginalidad ilusionante que ya se les está haciendo añeja.
Hasta hoy. Días antes de la Semana de la Movilidad, que ahora se ha quedado sólo en Europea y ha perdido el apellido de Sostenible, que no deja de ser un poco como la Semana Santa del transporte, llena de actos solemnes, de reuniones ceremoniosas, de boato protocolario, de marchas colectivas, de chiringuitos y de rollo festivalero. Somos incorregibles. Nos gusta presumir de lo que carecemos. En esta semana que viene nos vamos a ver las caras más o menos los mismos de siempre para volver a reprocharnos que no hemos sido lo suficientemente valientes para darle la vuelta a la tortilla "autoinmobiliaria", y, peor que eso, que no lo vamos a ser, incluso demostrando que sabemos lo que hay que hacer. Porque somos cobardes y nos encontramos cómodos en las medias tintas, en la mediocridad celosa y pacata, envidiando a los demás pero desconfiando de sus progresos.
Los que además vivimos inmersos en escenarios políticos cambiantes, vamos a poder empezar a comprobar cómo se concretan los nuevos propósitos de renovación urbana, en los que la gestión movilidad y del espacio público juegan un papel importantísimo (o deberían hacerlo).
Mientras todo eso ocurre, seguiremos tratando de hacer pedagogía, en cualquier oportunidad que se nos presente, para seguir insistiendo en que se puede mejorar notablemente la calidad de los lugares donde vivimos y que eso pasa por repensar nuestras ciudades en claves distintas a las puramente especulativas y consumistas. Sabiendo que vivimos en una sociedad donde el propósito de enmienda va de la mano de la enmienda al propósito y que nos gusta más el revisionismo que la construcción de un mundo mejor. Ahí estaremos.
lunes, 20 de abril de 2015
Queridos ciclistas, vosotros no sois la solución
Hoy, el día después del Día Mundial de la Bicicleta, tenemos malas noticias para vosotras, personas que festejáis la bici: vosotras no sois la solución. Tampoco se puede decir que seáis parte del problema, exactamente, aunque colaboráis con vuestra inocencia en el mantenimiento del mismo. Colaboráis cuando os miráis al ombligo y obviáis al resto del mundo, colaboráis cuando creéis que vuestra sola presencia basta para cambiarlo, colaboráis cuando presuponéis que algo cambia si tú cambias. Y eso no es así, o, al menos, eso no es suficiente.
El día que no haya que celebrar el Día Mundial de la Bicicleta será el verdadero día de la bicicleta, ese en el que la bicicleta sea normal, tanto como lo es hoy en día una lavadora, el televisor, el teléfono móvil o el coche (¿alguien se imagina celebrar el día del coche?), y, con el paso que llevamos, nos va a costar mucho llegar a ese día o, quizá, va a ser imposible si no cambiamos de rumbo.
No, amigos y amigas de las bicicletas, vosotros no podéis cambiar el mundo solos y, si no se producen acontecimientos de mayor dimensión o no se trabaja en supuestos en otra dirección a lo único a lo que podéis aspirar es a ser un invitado molesto en las calles de los demás. Sentimos ser tan aguafiestas, pero más vale ser sinceros que seguir alimentando ilusiones inconsistentes y sueños inalcanzables.
No va a ser suficiente con que ganéis más adeptos, por más convencidos que estos estén, no va a ser suficiente con que logréis que os hagan algunos carriles bici más, o muchos, no va a ser suficiente con que insistáis en enseñar a la gente a andar en bici por la calzada, no va a ser suficiente con que os declaréis insumisos y circuléis por las aceras. Vais a seguir siendo una minoría y os van a seguir tratando como algo marginal.
Mientras no cuestionemos y reduzcamos drásticamente el uso del coche privado y su tiranía, todo lo demás va a ser insuficiente. No hay más. Nos pongamos lo dignos que nos pongamos, hagamos las declaraciones que se nos ocurran, expliquemos por activa y por pasiva las bonanzas de nuestra opción o salgamos una y otra vez a la calle a demostrar que somos un pelotón.
Si no cambiamos las reglas de este juego, si no replanteamos el uso de la calle, si no cambiamos el rumbo de la ordenación del territorio, de la dispersión de los usos, de la zonificación de los actividades, lo nuestro va a ser puro onanismo, buen rollo autocomplaciente, y poco más.
Perdón por interrumpir la resaca de la fiesta.
El día que no haya que celebrar el Día Mundial de la Bicicleta será el verdadero día de la bicicleta, ese en el que la bicicleta sea normal, tanto como lo es hoy en día una lavadora, el televisor, el teléfono móvil o el coche (¿alguien se imagina celebrar el día del coche?), y, con el paso que llevamos, nos va a costar mucho llegar a ese día o, quizá, va a ser imposible si no cambiamos de rumbo.
No, amigos y amigas de las bicicletas, vosotros no podéis cambiar el mundo solos y, si no se producen acontecimientos de mayor dimensión o no se trabaja en supuestos en otra dirección a lo único a lo que podéis aspirar es a ser un invitado molesto en las calles de los demás. Sentimos ser tan aguafiestas, pero más vale ser sinceros que seguir alimentando ilusiones inconsistentes y sueños inalcanzables.
No va a ser suficiente con que ganéis más adeptos, por más convencidos que estos estén, no va a ser suficiente con que logréis que os hagan algunos carriles bici más, o muchos, no va a ser suficiente con que insistáis en enseñar a la gente a andar en bici por la calzada, no va a ser suficiente con que os declaréis insumisos y circuléis por las aceras. Vais a seguir siendo una minoría y os van a seguir tratando como algo marginal.
Mientras no cuestionemos y reduzcamos drásticamente el uso del coche privado y su tiranía, todo lo demás va a ser insuficiente. No hay más. Nos pongamos lo dignos que nos pongamos, hagamos las declaraciones que se nos ocurran, expliquemos por activa y por pasiva las bonanzas de nuestra opción o salgamos una y otra vez a la calle a demostrar que somos un pelotón.
Si no cambiamos las reglas de este juego, si no replanteamos el uso de la calle, si no cambiamos el rumbo de la ordenación del territorio, de la dispersión de los usos, de la zonificación de los actividades, lo nuestro va a ser puro onanismo, buen rollo autocomplaciente, y poco más.
Perdón por interrumpir la resaca de la fiesta.
miércoles, 14 de enero de 2015
En bici al trabajo, también en invierno
Lo de que el tiempo, el malo claro, es una de las excusas más recurrentes entre la gente que ve en la bici una opción con más pegas que otra cosa se vende como un tópico fácilmente desmontable por el simple hecho de que en esos países donde la bicicleta se usa de una manera masiva el tiempo no es para nada respetuoso en el invierno (y tampoco en el otoño ni en la primavera).
Sí, es verdad, en Holanda, en Dinamarca y en Alemania hace malo en invierno, y hace frío y hay poca luz, y en Suecia no digamos, y, sin embargo, eso no arredra a nórdicos y centroeuropeos en su empeño de utilizar la bicicleta como medio de transporte. No, eso no es una excusa para ellos. Por eso no debería ser excusa para nosotros tampoco y así lo decimos y repetimos. Lo que pasa es que ellos son vikingos y teutones y nosotros no. Por eso, cuando el frío aprieta y las inclemencias azotan nuestras latitudes, las tropas ciclistas urbanas se diezman. Invariablemente.
Es por eso que hay que insistir en el argumento. Porque esto debe plantearse como una misión, donde los adeptos rebosen convicción, fe en su elección. El hábito hace al monje que dice el refrán. Y el sacrificio no es tanto cuando hay muchos parroquianos haciendo el mismo ejercicio. Eso han debido pensar muchos. Al menos por estos lares.
Lo que sorprende es que este tipo de llamamientos procedan precisamente de esos lugares donde nadie se cuestiona el tema. El ejemplo nos llegó ayer mismo en forma de reto bajo el nombre literal de Día Internacional de ir en Bici al Trabajo en Invierno, que en inglés suena mejor (International Winter Bike to Work Day). Y nos llegó desde el Norte más ciclista.
El reto consiste en geoposicionarte en un mapa global en el que tu aportación, tu gota, es comprometerte a ir en bici al trabajo el viernes 13 de Febrero haga el tiempo que haga. Así de simple... al menos sobre el papel. El gancho es ver un mapa lleno de gotas, tantas como ciclistas que dicen que van a cumplir el reto, tantos como gotas de lluvia o copos de nieve en ese Viernes 13. Se aprovecha la propuesta para hacer una breve encuesta sobre el sujeto y el objeto del reto (perfil de la persona, itinerario, opinión sobre los elementos que más promocionan o motivan los viajes en bici, etc.)
Bonito y con esas pretensiones virales que tanto nos gustan hoy en día. Lo sospechoso es que la invitación a semejante reto es que no provenga de Italia, España, Portugal o Grecia sino de Holanda. ¿Qué mueve a una holandesa a querer hacer cruzada de algo que para ellos es absolutamente normal e incuestionable? Y ¿por qué no se propone un reto parecido en Julio o Agosto donde en el otro hemisferio de este planeta las cosas se ponen más difíciles, al menos en lo que a la meteorología se refiere? ¿O es que la cosa ciclista también es una exclusiva del Norte?
What it Feels Like in Winter Cycling Paradise from Winter Bike to Work Day on Vimeo.
Sí, es verdad, en Holanda, en Dinamarca y en Alemania hace malo en invierno, y hace frío y hay poca luz, y en Suecia no digamos, y, sin embargo, eso no arredra a nórdicos y centroeuropeos en su empeño de utilizar la bicicleta como medio de transporte. No, eso no es una excusa para ellos. Por eso no debería ser excusa para nosotros tampoco y así lo decimos y repetimos. Lo que pasa es que ellos son vikingos y teutones y nosotros no. Por eso, cuando el frío aprieta y las inclemencias azotan nuestras latitudes, las tropas ciclistas urbanas se diezman. Invariablemente.
Es por eso que hay que insistir en el argumento. Porque esto debe plantearse como una misión, donde los adeptos rebosen convicción, fe en su elección. El hábito hace al monje que dice el refrán. Y el sacrificio no es tanto cuando hay muchos parroquianos haciendo el mismo ejercicio. Eso han debido pensar muchos. Al menos por estos lares.
Lo que sorprende es que este tipo de llamamientos procedan precisamente de esos lugares donde nadie se cuestiona el tema. El ejemplo nos llegó ayer mismo en forma de reto bajo el nombre literal de Día Internacional de ir en Bici al Trabajo en Invierno, que en inglés suena mejor (International Winter Bike to Work Day). Y nos llegó desde el Norte más ciclista.
El reto consiste en geoposicionarte en un mapa global en el que tu aportación, tu gota, es comprometerte a ir en bici al trabajo el viernes 13 de Febrero haga el tiempo que haga. Así de simple... al menos sobre el papel. El gancho es ver un mapa lleno de gotas, tantas como ciclistas que dicen que van a cumplir el reto, tantos como gotas de lluvia o copos de nieve en ese Viernes 13. Se aprovecha la propuesta para hacer una breve encuesta sobre el sujeto y el objeto del reto (perfil de la persona, itinerario, opinión sobre los elementos que más promocionan o motivan los viajes en bici, etc.)
Bonito y con esas pretensiones virales que tanto nos gustan hoy en día. Lo sospechoso es que la invitación a semejante reto es que no provenga de Italia, España, Portugal o Grecia sino de Holanda. ¿Qué mueve a una holandesa a querer hacer cruzada de algo que para ellos es absolutamente normal e incuestionable? Y ¿por qué no se propone un reto parecido en Julio o Agosto donde en el otro hemisferio de este planeta las cosas se ponen más difíciles, al menos en lo que a la meteorología se refiere? ¿O es que la cosa ciclista también es una exclusiva del Norte?
What it Feels Like in Winter Cycling Paradise from Winter Bike to Work Day on Vimeo.
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lunes, 17 de noviembre de 2014
Sé ciclisto y tírate el pisto
Hoy he aprendido un nuevo palabro. Una de esas pretendidas ingenuidades ingeniosas de nuestros amigos los publicistas encaminadas a premiar las decisiones bien tomadas, o lo que es lo mismo, la compra del producto deseable, que, curiosamente, ha de coincidir con el deseado.
En el extraordinario mundo de la publicidad, en ese en el que todo vale si está bien presentado, unos genios de la argucia mercantilista han acuñado el término "automovilisto" para definir al cliente de su producto: un coche todoterreno que, además de abrirte las puertas de la naturaleza para poder pisotear hasta el más recóndito de sus rincones, te va a posicionar frente a tus semejantes en un lugar privilegiado, distinguido, aunque no lo quieras.
Hasta aquí todo normal. La industria del automóvil vendiendo posición social y accesibilidad incomparables.
¿Alguien se imagina qué pasaría si una marca de bicicletas hiciera lo mismo para vender su producto?
Seguro que veríamos el intento comercial como una exageración, como un dispendio y como algo ilusorio, a pesar de que, en realidad, los argumentos que los publicistas utilizan para convencernos de que necesitamos comprar un coche son mucho más apropiados y más cercanos a las virtudes que nos ofrece una bicicleta para conseguir los objetivos que el supuesto comprador desea conquistar.
Veamos como sería:
En el extraordinario mundo de la publicidad, en ese en el que todo vale si está bien presentado, unos genios de la argucia mercantilista han acuñado el término "automovilisto" para definir al cliente de su producto: un coche todoterreno que, además de abrirte las puertas de la naturaleza para poder pisotear hasta el más recóndito de sus rincones, te va a posicionar frente a tus semejantes en un lugar privilegiado, distinguido, aunque no lo quieras.
Hasta aquí todo normal. La industria del automóvil vendiendo posición social y accesibilidad incomparables.
¿Alguien se imagina qué pasaría si una marca de bicicletas hiciera lo mismo para vender su producto?
Seguro que veríamos el intento comercial como una exageración, como un dispendio y como algo ilusorio, a pesar de que, en realidad, los argumentos que los publicistas utilizan para convencernos de que necesitamos comprar un coche son mucho más apropiados y más cercanos a las virtudes que nos ofrece una bicicleta para conseguir los objetivos que el supuesto comprador desea conquistar.
Veamos como sería:
"En serio, ¿para qué quieres un todoterreno? ¿para llegar a lo más alto? ¿para sentirte superior? ¿para ser el centro de todas las miradas? ¿o para demostrar que tú estás por encima de todo eso?"
"Sé ciclisto y cómprate una bicicleta por mucho menos de 10.900 euros con muchos más de 5 años de satisfacción asegurada. Gracias, por pedalear."
martes, 21 de octubre de 2014
Bien mirado, cabemos todos
Eso al menos dice la campaña que ha lanzado el Ayuntamiento de Pamplona y que, por una vez, apela a la conciliación, al entendimiento y a la convivencia, más que al recordatorio de la norma, a la amenaza o al castigo. Eso también lo hacen, claro, pero esto nos parece más novedoso, al menos en cuanto al enfoque y a la estética.
Cuesta ver, en estos tiempos que corren en los que detentan el poder lo usan para defender a sus interesados y tener al resto de la población amedretada, que alguien proponga mensajes en positivo, aunque de puro bienintencionados resulten un tanto inanios.
Cuesta reconocer, en estos tiempos que corren en los que cada uno va a lo suyo, que hay otra perspectiva que aquella desde la que uno mira el escenario.Ya sólo por eso merece la pena el intento.
Ahora bien, lo que cuesta de verdad es creerse esa realidad "idílica", con espacios compartimentados, con aceras bici subiendo las bicicletas a la altura de los peatones en calles donde no se circula a más de 30 kms/hora y esos ciudadanos obedientes y modosos. Cuesta creerse que eso es posible en una sociedad tiranizada por el ventajismo y la intimidación y donde estamos dispuestos a cagarnos en el bien común si sacamos provecho con ello, aunque sea nimio.
Seguiremos empujando para que esto pueda suceder y, sobre todo, para que los ciclistas puedan salir de esos ridículos carriles bici y se hagan con la calle de una manera más digna y menos peligrosa.
Nos vemos en las calles, que, bien mirado, son de todos y se las hemos cedido a los automovilistas.
Cuesta ver, en estos tiempos que corren en los que detentan el poder lo usan para defender a sus interesados y tener al resto de la población amedretada, que alguien proponga mensajes en positivo, aunque de puro bienintencionados resulten un tanto inanios.
Cuesta reconocer, en estos tiempos que corren en los que cada uno va a lo suyo, que hay otra perspectiva que aquella desde la que uno mira el escenario.Ya sólo por eso merece la pena el intento.
Ahora bien, lo que cuesta de verdad es creerse esa realidad "idílica", con espacios compartimentados, con aceras bici subiendo las bicicletas a la altura de los peatones en calles donde no se circula a más de 30 kms/hora y esos ciudadanos obedientes y modosos. Cuesta creerse que eso es posible en una sociedad tiranizada por el ventajismo y la intimidación y donde estamos dispuestos a cagarnos en el bien común si sacamos provecho con ello, aunque sea nimio.
Seguiremos empujando para que esto pueda suceder y, sobre todo, para que los ciclistas puedan salir de esos ridículos carriles bici y se hagan con la calle de una manera más digna y menos peligrosa.
Nos vemos en las calles, que, bien mirado, son de todos y se las hemos cedido a los automovilistas.
miércoles, 15 de octubre de 2014
Me encanta andar en mi bici
La campaña que ha propuesto Italian Cycle Chic en Facebook. Es tan tonta que conmueve. No consiste más que en grabar en video durante apenas unos segundos tu pedaleo con tu indumentaria, esa que elijes para tu destino, no precisamente para andar en bici.
Una especie de juego "selfie" pero sin retratar la cara, sólo las piernas en movimiento.
Bastan esos instantes para transmitir normalidad, sensualidad y glamour a bordo de una bici. Un movimiento acompasado... como un baile. Agradable. Placentero. Encantador. Me encanta. Me encanta andar en mi bici.
Una especie de juego "selfie" pero sin retratar la cara, sólo las piernas en movimiento.
Bastan esos instantes para transmitir normalidad, sensualidad y glamour a bordo de una bici. Un movimiento acompasado... como un baile. Agradable. Placentero. Encantador. Me encanta. Me encanta andar en mi bici.
jueves, 5 de junio de 2014
Al contraataque
La industria del automóvil sigue tratando de sobreponerse a la propagación de las tendencias desmotorizantes que se están imponiendo en las ciudades. Los mensajes dirigidos a la desincentivación del uso del coche se han generalizado en la mayoría de las ciudades del mundo presuntamente civilizado. Mensajes como el que ha enviado la Ciudad de Melilla hace apenas unos días.
Frente a esto la todopoderosa y maquiavélica industria del automóvil no se ha quedado impávida y ha propuesto otra vez más la huida hacia adelante. Esa que ha protagonizado en las últimas décadas mostrando ciudades sin coches, paraísos para los del volante, imágenes idílicas. Ahora fagocitan también el mensaje dirigido a fomentar el caminar. Ya lo vimos en su día con respecto a las bicicletas.
Esto va en serio. Estáis avisados.
Frente a esto la todopoderosa y maquiavélica industria del automóvil no se ha quedado impávida y ha propuesto otra vez más la huida hacia adelante. Esa que ha protagonizado en las últimas décadas mostrando ciudades sin coches, paraísos para los del volante, imágenes idílicas. Ahora fagocitan también el mensaje dirigido a fomentar el caminar. Ya lo vimos en su día con respecto a las bicicletas.
Esto va en serio. Estáis avisados.
martes, 18 de febrero de 2014
¿Qué ciudad hemos preparado para nuestros niños?
¿Y cómo tenemos que adiestrar a nuestros niños para que se adapten a esa ciudad?
Si viendo videos adoctrinadores como éste no se nos ponen los pelos de punta es que somos unos indolentes y unos irresponsables, o que ya nos hemos inmunizado a la basura infantil.
¿De verdad queremos mantener este estado de cosas? ¿De verdad queremos seguir metiendo miedo a nuestros niños? ¿Queremos seguir prohibiéndoles jugar en las aceras? ¿Queremos seguir reprimiéndoles y represaliándoles porque no son capaces de hacerse con el orden que les hemos establecido? ¿De verdad lo queremos? ¿O es que simplemente no creemos que se pueda cambiar?
Esto no es seguridad vial, esto no es educación vial, esto es represión vial.
Basta de semaforitos, basta de niños advertidos, basta ya de meter miedo y de proteger al coche y justificarlo, incluso en los despistes de los automovilistas, basta ya de culpabilizar a los que tendrían que ser los protagonistas de la movilidad y de la vida urbana.
Esto es demasiado siniestro para que nos siga pareciendo normal.
Si con ese video no os ha sido suficiente, ahí va otra joya de la misma firma. Aquí al miedo, a la protección de la tiranía del coche, a la educación aborregante y maniqueísta hay que sumar la justificación de las prisas y la irascibilidad al volante, la inevitabilidad de la congestión, la incitación al consumo y a la competencia infantil y, no paremos de alucinar... ¡la circulación de las bicicletas por las aceras y la peligrosidad de los peatones!
Luz roja a esta luz verde tristona y atemorizadora que va a hacer de nuestros niños unos zombies a las órdenes de Nancy Agente de Tráfico. No más terror en las aulas.
Si viendo videos adoctrinadores como éste no se nos ponen los pelos de punta es que somos unos indolentes y unos irresponsables, o que ya nos hemos inmunizado a la basura infantil.
¿De verdad queremos mantener este estado de cosas? ¿De verdad queremos seguir metiendo miedo a nuestros niños? ¿Queremos seguir prohibiéndoles jugar en las aceras? ¿Queremos seguir reprimiéndoles y represaliándoles porque no son capaces de hacerse con el orden que les hemos establecido? ¿De verdad lo queremos? ¿O es que simplemente no creemos que se pueda cambiar?
Esto no es seguridad vial, esto no es educación vial, esto es represión vial.
Basta de semaforitos, basta de niños advertidos, basta ya de meter miedo y de proteger al coche y justificarlo, incluso en los despistes de los automovilistas, basta ya de culpabilizar a los que tendrían que ser los protagonistas de la movilidad y de la vida urbana.Esto es demasiado siniestro para que nos siga pareciendo normal.
Si con ese video no os ha sido suficiente, ahí va otra joya de la misma firma. Aquí al miedo, a la protección de la tiranía del coche, a la educación aborregante y maniqueísta hay que sumar la justificación de las prisas y la irascibilidad al volante, la inevitabilidad de la congestión, la incitación al consumo y a la competencia infantil y, no paremos de alucinar... ¡la circulación de las bicicletas por las aceras y la peligrosidad de los peatones!
Luz roja a esta luz verde tristona y atemorizadora que va a hacer de nuestros niños unos zombies a las órdenes de Nancy Agente de Tráfico. No más terror en las aulas.
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miércoles, 5 de febrero de 2014
Ciclistas de ciudad ¿nos hacen falta héroes?
¿Presentar a los ciclistas cotidianos como héroes sirve para promocionar el uso de la bicicleta o sólo vale para alimentar el ego de los pocos valientes que ya son practicantes? ¿Y sirve para promocionar el uso de la bicicleta como medio de locomoción o más bien la presenta al público como una actividad marginal reservada para unos pocos elegidos? ¿Andar en bicicleta por la ciudad es una proeza? Y aunque lo llegue a ser en algunos casos ¿es conveniente presentarlo como tal?
Esa es la cuestión ante iniciativas como la que presentábamos hace unos días de RyderState a nivel privado o como lo que propone el Cyclescheme británico, que es el programa de fomento de la bicicleta como vehículo para desplazamientos laborales.
Si RyderState proponía el reto de convertirte en el gobernador ciclista de tu territorio, el programa Super Commuter lo que busca es una docena de líderes, condes ciclistas de los 12 territorios en los que han dividido Britannia.
Propuestas como estas son sintomáticas de una falta de normalización de la bicicleta, de que la bicicleta y el ciclista urbano son una casta y que el intento de dignificarla y de promocionarla se queda en algo minoritario, endogámico por no llamarlo sectario.
Para movilizar a la gente hacia la bicicleta quizá son más adecuadas imágenes y visiones menos radicales de la misma. El verdadero reto en esto de que la gente se incline hacia la bicicleta consiste precisamente en lo contrario: se trata de hacer ver que la bicicleta es fácil y está al alcance de cualquiera, sin una preparación especial, sin facultades sobrehumanas, sin necesidad de ostentar un arrojo o un menosprecio del riesgo especiales, lejos de concursos, de conquistas, de demostraciones espectaculares, con naturalidad.
¿Demasiado normales?
Esa es la cuestión ante iniciativas como la que presentábamos hace unos días de RyderState a nivel privado o como lo que propone el Cyclescheme británico, que es el programa de fomento de la bicicleta como vehículo para desplazamientos laborales.
Propuestas como estas son sintomáticas de una falta de normalización de la bicicleta, de que la bicicleta y el ciclista urbano son una casta y que el intento de dignificarla y de promocionarla se queda en algo minoritario, endogámico por no llamarlo sectario.
Para movilizar a la gente hacia la bicicleta quizá son más adecuadas imágenes y visiones menos radicales de la misma. El verdadero reto en esto de que la gente se incline hacia la bicicleta consiste precisamente en lo contrario: se trata de hacer ver que la bicicleta es fácil y está al alcance de cualquiera, sin una preparación especial, sin facultades sobrehumanas, sin necesidad de ostentar un arrojo o un menosprecio del riesgo especiales, lejos de concursos, de conquistas, de demostraciones espectaculares, con naturalidad.
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domingo, 8 de diciembre de 2013
Peatones y ciclistas en el punto de mira
Defender la supremacía del coche. Ese es el objetivo principal que tiene la Dirección General de Tráfico española. Para los que aún anden despistados. Por eso no podemos esperar que esta institución vaya a cambiar nada que no sea en beneficio de los automovilistas. Lo que sí podemos esperar y comprobar es que con el viejo argumento de la seguridad vial, de lo que traten de convencernos es de que todos tenemos un poco de culpa cuando somos atropellados, porque lo que es incuestionable e inamovible es el reinado del coche en la calle. Vamos, que los coches sólo pasaban por allí y nosotros nos cruzamos en su camino.
Así las campañas de la DGT rezuman ese poso que deja clara la superioridad del coche sobre el resto de medios de transporte y, de alguna manera, su presunta inocencia en la inseguridad y en la violencia vial que sufrimos en nuestras calles. La campaña monográfica sobre la bicicleta que presentaron no dejaba ningún tipo de dudas a este respecto.
Esto es lo literal. Ciclistas ridículos, con actitudes pueriles, presentados como insensatos, invitados incómodos a los que soportar, lentos, patosos, testarudos. Gente a la que domesticar, que debe llevar hasta lo que no está aprobado todavía como obligatorio.
Y castigar al infractor
Pero hay una vertiente mucho más taimada y profunda en la que nuestra DGT trabaja de manera infatigable: el castigo ejemplar. Ese que hace escarmentar y que se puede utilizar para exhibir públicamente las conductas indeseables para su escarnio. ¿Parte de su trabajo? Sí, pero resulta sospechoso cuando dirige su objetivo a los más débiles, a los que, por lo general, se llevan la peor parte en un accidente.
Esta semana hemos tenido noticia de una campaña de estas características que ha tenido lugar en varias localidades de Navarra.
Aquí la DGT de la mano de la Polícía Local, ha decidido castigar esta vez a los peatones. Y no le ha temblado el pulso a la hora de establecer las multas: 200 euros por cruzar un paso con semáforo en rojo y 100 por hacerlo fuera de un paso de cebra. Así, el titular se lo llevan las denuncias, aunque la proporción de infractores respecto a la muestra sea irrisoria, que sería la verdadera noticia. En concreto, en Navarra, de 10.677 viandantes controlados se han denunciado a ¡13! ¡Qué te parece! ¡Un 0,12 %! ¡Uno de cada 820! Ridículo.
Lo más lamentable de este tipo de campañas es que al resto de la población nos parecen lógicas y hasta recomendables. Hay que domesticar a los que transgreden las normas. Lo que no nos damos cuenta es que estamos cayendo en su trampa que es la que legitima el orden establecido sin reparar es que es un orden totalmente ventajoso para el coche y que discrimina hasta extremos impensables a los demás.
En vez de tratar de comprender qué motiva esas infracciones
Si en vez de seguir su lógica según la cual el orden establecido es el bueno y el recomendable y cualquiera que no lo siga tiene que ser escarmentado, fuéramos capaces de verlo desde una óptica más conciliadora en la que primara la convivencia y las calles se entendieran como espacios de tránsito multimodal y como lugares pensados prioritariamente para las personas, este tipo de problemáticas se trabajarían desde una perspectiva diferente.
¿Por qué los peatones cruzan con el semáforo en rojo o fuera de los pasos peatonales? ¿Por qué las bicicletas andan por las aceras? ¿Por qué no quieren parar en los cruces? ¿Es sólo porque son una partida de suicidas que no valoran en nada su integridad? ¿O lo hacen sólo para molestar?
Si en vez de enfocar las cosas desde ese ángulo tratáramos de entender que quizá todo está demasiado orientado a que el coche funcione y el tráfico fluya y que para conseguirlo hemos condenado al resto de usuarios de la calle a hacer paradas ridículas, itinerarios penosos o hemos creado barreras que sólo son franqueables por pasos quizá demasiado distantes unos de otros o simplemente mal diseñados, quizá fuéramos capaces de cuestionar este orden y trabajar por hacer ciudades con calles más permeables, más accesibles, más seguras, más amables, más pensadas en las personas que en los coches.
Esto no entra en los planes de la Dirección General de Tráfico ni en el de la práctica totalidad de las Policías Municipales, porque su misión precisamente es hacer que se cumpla el orden. Así pues, si queremos que algo cambie, no tratemos de explicárselo a los que están para que esto funcione. Ya estáis avisados.
Así las campañas de la DGT rezuman ese poso que deja clara la superioridad del coche sobre el resto de medios de transporte y, de alguna manera, su presunta inocencia en la inseguridad y en la violencia vial que sufrimos en nuestras calles. La campaña monográfica sobre la bicicleta que presentaron no dejaba ningún tipo de dudas a este respecto.
Esto es lo literal. Ciclistas ridículos, con actitudes pueriles, presentados como insensatos, invitados incómodos a los que soportar, lentos, patosos, testarudos. Gente a la que domesticar, que debe llevar hasta lo que no está aprobado todavía como obligatorio.
Y castigar al infractor
Pero hay una vertiente mucho más taimada y profunda en la que nuestra DGT trabaja de manera infatigable: el castigo ejemplar. Ese que hace escarmentar y que se puede utilizar para exhibir públicamente las conductas indeseables para su escarnio. ¿Parte de su trabajo? Sí, pero resulta sospechoso cuando dirige su objetivo a los más débiles, a los que, por lo general, se llevan la peor parte en un accidente.
Esta semana hemos tenido noticia de una campaña de estas características que ha tenido lugar en varias localidades de Navarra.
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| Una policía local controla el paso de los peatones (Diario de Navarra) |
Aquí la DGT de la mano de la Polícía Local, ha decidido castigar esta vez a los peatones. Y no le ha temblado el pulso a la hora de establecer las multas: 200 euros por cruzar un paso con semáforo en rojo y 100 por hacerlo fuera de un paso de cebra. Así, el titular se lo llevan las denuncias, aunque la proporción de infractores respecto a la muestra sea irrisoria, que sería la verdadera noticia. En concreto, en Navarra, de 10.677 viandantes controlados se han denunciado a ¡13! ¡Qué te parece! ¡Un 0,12 %! ¡Uno de cada 820! Ridículo.
Lo más lamentable de este tipo de campañas es que al resto de la población nos parecen lógicas y hasta recomendables. Hay que domesticar a los que transgreden las normas. Lo que no nos damos cuenta es que estamos cayendo en su trampa que es la que legitima el orden establecido sin reparar es que es un orden totalmente ventajoso para el coche y que discrimina hasta extremos impensables a los demás.
En vez de tratar de comprender qué motiva esas infracciones
Si en vez de seguir su lógica según la cual el orden establecido es el bueno y el recomendable y cualquiera que no lo siga tiene que ser escarmentado, fuéramos capaces de verlo desde una óptica más conciliadora en la que primara la convivencia y las calles se entendieran como espacios de tránsito multimodal y como lugares pensados prioritariamente para las personas, este tipo de problemáticas se trabajarían desde una perspectiva diferente.
¿Por qué los peatones cruzan con el semáforo en rojo o fuera de los pasos peatonales? ¿Por qué las bicicletas andan por las aceras? ¿Por qué no quieren parar en los cruces? ¿Es sólo porque son una partida de suicidas que no valoran en nada su integridad? ¿O lo hacen sólo para molestar?
Si en vez de enfocar las cosas desde ese ángulo tratáramos de entender que quizá todo está demasiado orientado a que el coche funcione y el tráfico fluya y que para conseguirlo hemos condenado al resto de usuarios de la calle a hacer paradas ridículas, itinerarios penosos o hemos creado barreras que sólo son franqueables por pasos quizá demasiado distantes unos de otros o simplemente mal diseñados, quizá fuéramos capaces de cuestionar este orden y trabajar por hacer ciudades con calles más permeables, más accesibles, más seguras, más amables, más pensadas en las personas que en los coches.
Esto no entra en los planes de la Dirección General de Tráfico ni en el de la práctica totalidad de las Policías Municipales, porque su misión precisamente es hacer que se cumpla el orden. Así pues, si queremos que algo cambie, no tratemos de explicárselo a los que están para que esto funcione. Ya estáis avisados.
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viernes, 20 de septiembre de 2013
La Semana de la Movilidad Inamovible
Estamos acostumbrados a celebraciones. Nos gusta eso del Día o de la Semana de. Nos reconforta saber que con una participación simbólica, con un donativo, cumplimos con las principales misiones que hay por hacer en nuestro mundo. Y nos lo creemos.
Esta vez es la Semana de la Movilidad. Aunque sabemos de sobra que no se está haciendo prácticamente nada por cambiar el estado de las cosas en lo que a la movilidad urbana se refiere, nos gusta comulgar con el eslogan que propone: "La ciudad sin mi coche". Un eslogan que, ya de entrada, encierra un cierto vicio en su enunciado, porque presupone que todo el mundo tiene un coche en propiedad. Falso.
Pero la mayor falsedad de la Semana de la Movilidad y la política de movilidad de la práctica totalidad de las ciudades de nuestro entorno no es esa. La mayor falsedad es que nadie se está proponiendo en serio restar coches y viajes motorizados en nuestros pueblos y ciudades. Parece que fuera una especie de traición al estado de bienestar, al confort personal y hasta al desarrollo económico conquistados las décadas pasadas.
Es por eso que la mayoría de nuestros políticos no se atreven a hacer nada que perjudique el uso y el abuso de los automóviles en los núcleos urbanos y, cuando se proponen hacer alguna actuación que teóricamente beneficia a otros modos, lo hacen de cara a la galería. Así tenemos una buena colección de chapuzas en forma de carriles bici, aceras invadidas, bicicletas públicas, zonas azules y peatonalizaciones dotadas de fabulosos aparcamientos subterráneos que no hacen sino un efecto llamada. Porque nadie en su sano juicio osaría limitar el acceso de los coches al centro.
Y sin embargo cada vez más gente anda en bicicleta. A pesar de que todo el desarrollo ciclista se ha hecho a costa de invadir zonas peatonales y condicionar el libre albedrío que define a las mismas, convirtiéndolas en espacios de circulación. Esto es especialmente preocupante en las aceras. Haber propuesto oficialmente la invasión de las aceras por las bicicletas está teniendo unas consecuencias realmente graves en ciudades como las nuestras con un marcado carácter peatonal.
La gente que camina, pasea o simplemente está, que es la mayoría, a la que no se ha dudado en agraviarla por no molestar el tráfico rodado, está pagando el pato de esta política de movilidad y está sufriendo las consecuencias más importantes, aunque las más graves se las estén llevando esos ciclistas de acera al ser atropellados sistemáticamente en pasos peatonales y en pasos de acera bici.
No parece que nada de esto tenga visos de cambiar, al menos esencialmente, porque nadie tiene la más mínima intención de desincentivar el uso del coche. Así pues dejarnos a algunos que no participemos en esta mascarada y que tratemos de luchar por la movilidad eficiente, saludable, democrática e igualitaria, pero también por la proximidad, por la accesibilidad y por la rehumanización de nuestras ciudades.
Esta vez es la Semana de la Movilidad. Aunque sabemos de sobra que no se está haciendo prácticamente nada por cambiar el estado de las cosas en lo que a la movilidad urbana se refiere, nos gusta comulgar con el eslogan que propone: "La ciudad sin mi coche". Un eslogan que, ya de entrada, encierra un cierto vicio en su enunciado, porque presupone que todo el mundo tiene un coche en propiedad. Falso.
Pero la mayor falsedad de la Semana de la Movilidad y la política de movilidad de la práctica totalidad de las ciudades de nuestro entorno no es esa. La mayor falsedad es que nadie se está proponiendo en serio restar coches y viajes motorizados en nuestros pueblos y ciudades. Parece que fuera una especie de traición al estado de bienestar, al confort personal y hasta al desarrollo económico conquistados las décadas pasadas.
Es por eso que la mayoría de nuestros políticos no se atreven a hacer nada que perjudique el uso y el abuso de los automóviles en los núcleos urbanos y, cuando se proponen hacer alguna actuación que teóricamente beneficia a otros modos, lo hacen de cara a la galería. Así tenemos una buena colección de chapuzas en forma de carriles bici, aceras invadidas, bicicletas públicas, zonas azules y peatonalizaciones dotadas de fabulosos aparcamientos subterráneos que no hacen sino un efecto llamada. Porque nadie en su sano juicio osaría limitar el acceso de los coches al centro.
Y sin embargo cada vez más gente anda en bicicleta. A pesar de que todo el desarrollo ciclista se ha hecho a costa de invadir zonas peatonales y condicionar el libre albedrío que define a las mismas, convirtiéndolas en espacios de circulación. Esto es especialmente preocupante en las aceras. Haber propuesto oficialmente la invasión de las aceras por las bicicletas está teniendo unas consecuencias realmente graves en ciudades como las nuestras con un marcado carácter peatonal.
La gente que camina, pasea o simplemente está, que es la mayoría, a la que no se ha dudado en agraviarla por no molestar el tráfico rodado, está pagando el pato de esta política de movilidad y está sufriendo las consecuencias más importantes, aunque las más graves se las estén llevando esos ciclistas de acera al ser atropellados sistemáticamente en pasos peatonales y en pasos de acera bici.
No parece que nada de esto tenga visos de cambiar, al menos esencialmente, porque nadie tiene la más mínima intención de desincentivar el uso del coche. Así pues dejarnos a algunos que no participemos en esta mascarada y que tratemos de luchar por la movilidad eficiente, saludable, democrática e igualitaria, pero también por la proximidad, por la accesibilidad y por la rehumanización de nuestras ciudades.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Esto no es movilidad sostenible
Hacer unos cuantos carriles bici más o menos chapuceros, peatonalizar
unas cuantas zonas, poner unas cuantas señales de limitación de velocidad a 30
kms/h o ampliar la zona azul no es hacer movilidad sostenible. Como no lo es
que más gente ande en bicicleta o a pie si no se hace a costa de que menos
gente utilice el coche particular para desplazarse en viajes.
No es movilidad sostenible hacer cursos para que la gente aprenda a
circular por esa gamberrada que supuso pintar muchas aceras de nuestra ciudad,
como no lo es colocar unas cuantas bicicletas públicas en unos cuantos puntos.
Tampoco es movilidad sostenible poner unos cuantos puntos de recarga para
coches eléctricos o comprar una pequeña flota y colocarla en esos puntos a
disposición de la gente. Eso no es movilidad sostenible.
Ninguna de estas medidas
significa por sí misma que se esté haciendo algo por mejorar nuestras ciudades
en términos de movilidad si no sirve para disuadir a la gente de que utilice el
coche privado y, más que eso, si no consigue reducir su uso de manera
significativa.
Porque hemos llegado a un punto, incluso inmersos en plena recesión
(que ha colaborado notable y desgraciadamente en la reducción del número de
viajes), en que el transporte privado se ha convertido en el principal agente
nocivo no sólo si se quiere conservar una calidad del aire básica, sino porque
su utilización masiva redunda en un deterioro general del entorno urbano.
Deterioro en términos de seguridad vial, deterioro en términos de sanidad
pública derivado de fomentar hábitos de vida poco saludables, deterioro por
sobreocupación del suelo e incluso del subsuelo, deterioro porque sus
infraestructuras representan barreras formidables que condicionan la
permeabilidad de las ciudades y el acceso a las mismas para los que no utilizan
medios motorizados para moverse.
Celebrarlo durante una
semana al año con unas cuantas actividades más o menos simbólicas y más o menos
simpáticas, pero siempre superficiales, no mejora el resultado.
No. Esto no es movilidad sostenible. No lo es mientras sigamos
promoviendo la dispersión de la población mientras los centros urbanos se
quedan semivacíos. No lo es mientras sigamos invitando a los ciudadanos a
utilizar la tremenda oferta de aparcamientos subterráneos para acceder hasta el
mismísimo casco antiguo en coche. No lo es mientras sigamos presentando el
transporte público como una indeseada carga para la administración y hasta para
el propio ciudadano.
No lo es mientras sigamos permitiendo el acoso y la intimidación de
los peatones por las bicicletas circulando impunemente por las aceras como si
no pudiera ser de otra manera. No lo es mientras sigamos manteniendo esas
fabulosas autopistas urbanas que son nuestras principales avenidas. No lo es
mientras sea más fácil cruzar la ciudad en coche que rodearla. No lo es
mientras los polígonos donde se centraliza la mayor parte de la actividad económica
sigan siendo imposibles de acceder en algo que no tenga motor. No lo es
mientras nuestros menores y mayores no tengan oportunidades de moverse
libremente y con seguridad por nuestra ciudad.
Esto, señoras y señores, no
es movilidad sostenible. Así que no sé por qué insistimos en celebrarlo.
viernes, 9 de agosto de 2013
A los ciclistas nos quieren pingüinos
Idénticos, inocentones, patosos, en fila de a uno, dóciles y ordenados, con casco y con chaleco reflectante. Circulando por los "carriles pingüino", esos por los que no se puede correr, adelantar ni girar, por los que no se puede circular libremente. A ser posible en "bicis pingüino", esas torpes e idénticas bicicletas públicas en las que se marcha cansinamente.
Por lo visto les molesta que revoloteemos alegremente como mariposas o pajarillos, circulando a diestro y siniestro entre sus vacas sagradas, los coches. No pueden soportar nuestra fragilidad, nuestra ligereza, nuestra agilidad. No les gusta que nos colemos en los atascos, que nos escurramos entre su pesado tráfico alegremente. No nos quieren en medio de sus carriles, porque creen que los ralentizamos y les gusta bufar y berrear a golpe de acelerador, como si les persiguiera el diablo.
Y por eso nos quieren castigar y nos quieren imponer su norma. La que nos orilla, la que nos confina en carriles bici, la que nos obliga a calzarnos un casco y ¿por qué no? también un chaleco reflectante, porque no hay armadura disponible en el mercado homologada.
La imagen es más que elocuente: el Alcalde de Málaga, la Directora General de Tráfico y todo su séquito, marchan en formación por el carril bici a bordo de las recién estrenadas bicis públicas ante la mirada atónita de unos peatones a los que, por supuesto, no les ceden el paso pese a que está perfectamente marcado. Soberbio. Ejemplar.
Por lo visto les molesta que revoloteemos alegremente como mariposas o pajarillos, circulando a diestro y siniestro entre sus vacas sagradas, los coches. No pueden soportar nuestra fragilidad, nuestra ligereza, nuestra agilidad. No les gusta que nos colemos en los atascos, que nos escurramos entre su pesado tráfico alegremente. No nos quieren en medio de sus carriles, porque creen que los ralentizamos y les gusta bufar y berrear a golpe de acelerador, como si les persiguiera el diablo.
Y por eso nos quieren castigar y nos quieren imponer su norma. La que nos orilla, la que nos confina en carriles bici, la que nos obliga a calzarnos un casco y ¿por qué no? también un chaleco reflectante, porque no hay armadura disponible en el mercado homologada.
La imagen es más que elocuente: el Alcalde de Málaga, la Directora General de Tráfico y todo su séquito, marchan en formación por el carril bici a bordo de las recién estrenadas bicis públicas ante la mirada atónita de unos peatones a los que, por supuesto, no les ceden el paso pese a que está perfectamente marcado. Soberbio. Ejemplar.
domingo, 21 de julio de 2013
Tú atropella ciclistas que nosotros te cubrimos las espaldas
Así de fácil. Si vas conduciendo tu automóvil y te das el "susto" de atropellar un ciclista, tranquilo que nosotros estamos aquí para que eso no suponga un disgusto para ti y para tu economía. Terrible.
sábado, 13 de julio de 2013
No hace falta tomar tantos riesgos...
... para tener un accidente.
Este es el eslogan que ha utilizado la asociación de aseguradoras francesas para alertar a los ciclistas de que tomen sus precauciones para evitar accidentes, mostrando la cara más impresentable de sus actitudes. Y este es el video que han editado para la ocasión. Una buena pieza.
Visitando la web que han hecho para la campaña nos encontramos además con una revisión de las situaciones donde más frecuentemente los ciclistas se ponen en riesgo y con unas recomendaciones para cada caso.
Riesgo #1 - Comerse una puerta
Riesgo #2 - Menospreciar la intersección
Riesgo #3 - Saltarse un semáforo en rojo
Riesgo #4 - Atraparse en el ángulo muerto
Recomendación: sé consciente de que no te ven
Riesgo #5 - Circular a oscuras sin luces
Aunque siempre nos quedará vender miedo
Todo bien si no llegan a caer, como no podía ser de otra manera, en la debilidad en la que interesadamente caen todas las aseguradoras: magnificar los riesgos y sobredimensionar las prevenciones. Así en el apéndice de la página nos adornan con datos que les sirven para demostrar que andar en bici es peligroso e incluso mortal y que luces, reflectantes, timbre y casco son algo más que recomendables, como, y eso no les hace falta decirlo porque se sobreentiende, un buen seguro de vida y otro de responsabilidad civil. O varios. Total tarde o temprano te la vas a dar...
Este es el eslogan que ha utilizado la asociación de aseguradoras francesas para alertar a los ciclistas de que tomen sus precauciones para evitar accidentes, mostrando la cara más impresentable de sus actitudes. Y este es el video que han editado para la ocasión. Una buena pieza.
Visitando la web que han hecho para la campaña nos encontramos además con una revisión de las situaciones donde más frecuentemente los ciclistas se ponen en riesgo y con unas recomendaciones para cada caso.
Riesgo #1 - Comerse una puerta
Recomendación: circula por el centro del carril
Riesgo #2 - Menospreciar la intersección
Recomendación: sigue las normas y especial atención
Riesgo #3 - Saltarse un semáforo en rojo
Recomendación: respeta las señales y semáforos
Riesgo #4 - Atraparse en el ángulo muerto
Recomendación: sé consciente de que no te ven
Riesgo #5 - Circular a oscuras sin luces
Recomendación: hazte ver
Aunque siempre nos quedará vender miedo
Todo bien si no llegan a caer, como no podía ser de otra manera, en la debilidad en la que interesadamente caen todas las aseguradoras: magnificar los riesgos y sobredimensionar las prevenciones. Así en el apéndice de la página nos adornan con datos que les sirven para demostrar que andar en bici es peligroso e incluso mortal y que luces, reflectantes, timbre y casco son algo más que recomendables, como, y eso no les hace falta decirlo porque se sobreentiende, un buen seguro de vida y otro de responsabilidad civil. O varios. Total tarde o temprano te la vas a dar...
miércoles, 8 de mayo de 2013
Consejos pendejos
Si ayer alabábamos el gusto de los mensajes que ha lanzado el grupo mexicano Bicionudos, hoy toca mostrar el ejemplo de cómo no debe hacerse una campaña de educación vial. Nos llega también desde México, esta vez del DF y de la mano de Muévete en Bici, la iniciativa oficial que a través de la fórmula de las ciclovías recreativas, circuitos cerrados al tráfico para disfrutar de la bici los festivos, busca darle una cierta visibilidad al uso de la bicicleta.
No vamos a poner en cuestión este tipo de iniciativas, lo que motiva este artículo es una campaña que ésta ha publicado recientemente y que reúne todos los ingredientes de una promoción mal enfocada. Ñoña, pueril, impersonal, fría, ridícula y, encima, en verso.
He aquí tan sólo algunas de las pruebas.

Nadie discute la conveniencia de difundir consejos para la correcta organización de una actividad como la que proponen, pero elegir esta forma no es lo más acertado y, menos, utilizando pareados si no es con fin cómico casi ridiculizante. Tratar a la gente así es tratarlos de idiotas y eso nunca es conveniente cuando se trata de ayudar a esa misma gente a tomar las decisiones correctas, las inteligentes, las que les convienen a ellos y las que le convienen a la ciudad.
Mal.
No vamos a poner en cuestión este tipo de iniciativas, lo que motiva este artículo es una campaña que ésta ha publicado recientemente y que reúne todos los ingredientes de una promoción mal enfocada. Ñoña, pueril, impersonal, fría, ridícula y, encima, en verso.
He aquí tan sólo algunas de las pruebas.

Nadie discute la conveniencia de difundir consejos para la correcta organización de una actividad como la que proponen, pero elegir esta forma no es lo más acertado y, menos, utilizando pareados si no es con fin cómico casi ridiculizante. Tratar a la gente así es tratarlos de idiotas y eso nunca es conveniente cuando se trata de ayudar a esa misma gente a tomar las decisiones correctas, las inteligentes, las que les convienen a ellos y las que le convienen a la ciudad.
Mal.
martes, 7 de mayo de 2013
Consejos bicionudos
Hoy el homenaje a la campaña más acertada por su forma, por su tono y por su contenido es para el grupo mexicano de defensa de la bicicleta de Puebla llamado Bicionudos.
Sencillos pero contundentes: el que quiere que se le respete, debe respetar. Y punto. Pero si además se hace con buen gusto con esa estética anacrónica tan simpática y con tanta claridad, se agradece doblemente.
Enhorabuena, son realmente Bicionudos.
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domingo, 27 de enero de 2013
Peatón, no cruces por el paso de cebra
15 atropellos en 20 días. La ciudad de Pamplona ha sido escenario de un aumento espectacular en los atropellos de peatones. Tanto ha sido así que la Policía Municipal, ha decidido iniciar una campaña sobre el terreno para tratar de resolver el problema.
Hasta aquí todo lógico, pero ¿cómo pueden evitarse los atropellos? La Policía Municipal de Pamplona ha pensado que posicionándose en los pasos de peatones más conflictivos para recordar las responsabilidades de conductores y viandantes. Esto es, que los peatones pasen por estos pasos y que los coches respeten la prioridad de los viandantes.
Lo malo es que, de los 15 atropellos, 13 se han producido precisamente en esos pasos peatonales. Así pues, es difícil adivinar qué más se puede hacer que trabajar para que los conductores sean más respetuosos con las normas de circulación en estos lugares.
¿Cuál es entonces la estrategia? Pues, sencillamente, tratar de repartir la culpa de los atropellos con los peatones, recordándoles que ya no basta con cruzar por los pasos habilitados para ellos sino que ahora tendrán que incrementar sus precauciones a la hora de invadir la calzada asegurándose de que los conductores les hayan visto y extremándolas cuando las condiciones meteorológicas sean adversas ya que paraguas, capuchas y prendas oscuras dificultan su visibilidad y su interacción con los automovilistas.
Según los datos y la estrategia de la Policía podríamos concluir que:
Hasta aquí todo lógico, pero ¿cómo pueden evitarse los atropellos? La Policía Municipal de Pamplona ha pensado que posicionándose en los pasos de peatones más conflictivos para recordar las responsabilidades de conductores y viandantes. Esto es, que los peatones pasen por estos pasos y que los coches respeten la prioridad de los viandantes.
Lo malo es que, de los 15 atropellos, 13 se han producido precisamente en esos pasos peatonales. Así pues, es difícil adivinar qué más se puede hacer que trabajar para que los conductores sean más respetuosos con las normas de circulación en estos lugares.
¿Cuál es entonces la estrategia? Pues, sencillamente, tratar de repartir la culpa de los atropellos con los peatones, recordándoles que ya no basta con cruzar por los pasos habilitados para ellos sino que ahora tendrán que incrementar sus precauciones a la hora de invadir la calzada asegurándose de que los conductores les hayan visto y extremándolas cuando las condiciones meteorológicas sean adversas ya que paraguas, capuchas y prendas oscuras dificultan su visibilidad y su interacción con los automovilistas.
Según los datos y la estrategia de la Policía podríamos concluir que:
- En Pamplona los pasos peatonales son los lugares más peligrosos para cruzar ya que más de un 85% de los atropellos sucedidos este año han tenido lugar en ellos.
- Que en días lluviosos es mejor no salir a la calle en algo que no sea un coche y que, si se hace, es mejor no llevar paraguas y capuchas, porque dificultan las operaciones al cruzar la calle.
- Que es mejor no ir vestido de colores oscuros de noche.
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