Cuando algo se visualiza como un reto casi inalcanzable, donde existen unas barreras importantísimas, una percepción de peligrosidad extrema y una pusilanimidad generalizada, lo que hace falta para realizarlo es un superhéroe.
Los superhéroes pueden hacer lo que el común de los mortales no puede. Muchas veces porque no lo intenta. Muchas veces porque no se lo cree. Necesitamos más superhéroes, muchos superhéroes. Aunque realmente lo que necesitamos es que cualquiera se convierta en un superhéroe, simplemente porque se crea lo que está haciendo, le ponga mucha energía y un montón de ilusión. Eso hará cambiar las cosas.
Para ejemplo un botón, o, más bien, un montón de estrellas que dentro del programa del mismo nombre, STARS (Sustainable Travel Accreditation and Recognition for Schools), trata de demostrar que se puede ir al cole en bici, aunque sea en una ciudad tan pretendidamente imposible como Madrid. Y lo demuestran con hechos y con mucho gusto, por cierto.
Ole!! Ole!! Ole!! en bici voy al cole... from José Rossi on Vimeo.
Enhorabuena por la iniciativa y que la fuerza acompañe a todo aquella persona que, como ha ocurrido en este colegio madrileño, ya lo hace, se lo ha propuesto o se lo quiere proponer. Es mucho más fácil de lo que parece. Tenemos demasiados monstruos y demasiado bien alimentados, pero ni son tan feroces ni pueden tanto contra la voluntad personal individual.
Tú puedes ser tu propio superhéroe. Y el nuestro. Inténtalo.
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miércoles, 10 de septiembre de 2014
Superhéroes, necesitamos superhéroes
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miércoles, 23 de abril de 2014
Llevando a los niños a pedales
Una parte vital de la logística doméstica es, además de acarrear las compras a casa, transportar a los menores a los distintos lugares a donde les tenemos destinados, empezando por el colegio y acabando por esa interminable carta de actividades en las que hemos decidido los mayores que tienen que invertir su tiempo y nuestro dinero y así, de paso, tenerlos colocados en lugares seguros.
Eludiendo la cuestión de fondo del confinamiento infantil y de la agorafobia que padecemos muchos de los mayores y que infringimos a nuestros pequeños, vamos a tratar del tema no menos escabroso de cómo transportamos a los niños de un sitio a otro y, más que eso, cómo los podríamos transportar si quisiéramos, entre todos, promocionar entornos que dieran oportunidades a las distintas opciones de locomoción por igual.
Podríamos ponernos realmente pesados tratando de argumentar pros, fórmulas, modelos, accesorios, trucos prácticos, sistemas, condiciones y hasta ingeniería civil y social, pero muchas veces es más útil y más sugerente ver unos cuantos ejemplos más o menos llamativos, más o menos fáciles.
Ahí van unos cuantos rescatados de la última visita al país líder en hacerlo a pedales.

Hasta aquí todo muy bien, muy correcto y muy conocido, pero el que se lleva la palma es el vehículo que vi pasar un viernes por la mañana en Nijmegen, no sabiendo bien si estaba suficientemente despierto como para dar crédito a lo que estaba presenciando.
Eludiendo la cuestión de fondo del confinamiento infantil y de la agorafobia que padecemos muchos de los mayores y que infringimos a nuestros pequeños, vamos a tratar del tema no menos escabroso de cómo transportamos a los niños de un sitio a otro y, más que eso, cómo los podríamos transportar si quisiéramos, entre todos, promocionar entornos que dieran oportunidades a las distintas opciones de locomoción por igual.
Podríamos ponernos realmente pesados tratando de argumentar pros, fórmulas, modelos, accesorios, trucos prácticos, sistemas, condiciones y hasta ingeniería civil y social, pero muchas veces es más útil y más sugerente ver unos cuantos ejemplos más o menos llamativos, más o menos fáciles.
Ahí van unos cuantos rescatados de la última visita al país líder en hacerlo a pedales.

Hasta aquí todo muy bien, muy correcto y muy conocido, pero el que se lleva la palma es el vehículo que vi pasar un viernes por la mañana en Nijmegen, no sabiendo bien si estaba suficientemente despierto como para dar crédito a lo que estaba presenciando.
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miércoles, 12 de febrero de 2014
Mirando a otra parte
Sabemos que ser íntegros en esta vida viciada cuesta y cuesta mucho más cuando en ello nos van votos, cuando atacamos a las prácticas más comunes y mayoritarias, aunque sean cuestionables e incluso reprobables, aunque la intervención contraiga más beneficios que perjuicios comunitarios e incluso para los propios protagonistas. Cuesta porque hemos asumido como parte de un juego siniestro mirar a otra parte en determinados momentos, aunque esos momentos sean determinantes para la estrategia de decimos estar siguiendo en otros en los que no nos tiembla el pulso porque estamos interviniendo sobre minorías.
Hablamos por supuesto de movilidad, de sostenibilidad, de autodependencia, de hipermotorización, de viajes estúpidos y, lo más importante, de inculcar entre nuestros niños y jóvenes nuevos valores para que sean ellos los que nos den la alternativa hacia un mundo y unas ciudades más habitables, más amables, más respetuosas, más humanas en definitiva, ya que nosotros hemos sido incapaces ni siquiera de proponerlo en serio.
Hacer una peatonalización y perseguir después a los ciclistas, hacer unos kilómetros de carril bici, una zona azul, verde o naranja, un calmado de tráfico o colocar unos cuantos aparcabicis no es comprometido y prácticamente no conlleva mayor inconveniente que pelear con unos pocos vecinos y comerciantes. Son minorías, son actuaciones puntuales, pecata minuta.
Ahora bien, cuando lo que tratamos de atajar son los vicios contraídos por toda una generación a la que hemos inculcado los valores del individualismo, de la competitividad, del hiperconsumismo, de la propiedad privada, de la globalización, de la deslocalización, del miedo, de la sobreprotección de los menores, del acuartelamiento de los mismos, de la agorafobia y del ventajismo, la cosa cambia. Ahí nos tiembla el pulso.
Un ejemplo tremendo de ello lo tenemos en los accesos a los centros escolares, otro en los accesos a los centros laborales en hora punta. Siempre es hora punta cuando hablamos de viajes al cole, siempre es hora punta cuando hablamos del viaje al trabajo. Y más punta todavía y más afilada cuando volvemos de dichos centros.
Ahí todo vale. El canibalismo, la depredación circulatoria. la violencia y la agresividad extrema están justificadas y consentidas. La labor de los agentes de la ley, en todo caso, es velar por que las agresiones no vayan más allá de la verbalidad, que las invasiones del espacio público no duren más de media hora, que las infracciones sean temerarias pero no mortales. Porque tenemos interiorizado que es inevitable y, más que eso, que no hay que evitarlo, porque es parte del juego. Mirar a otra parte en esos momentos es conveniente.
Lo que no nos damos cuenta es que esos viajes suman las dos terceras partes del total de los viajes que se producen en entorno urbano, así que si no actuamos sobre ellos estaremos limitándonos a intervenir sobre un tercio como máximo de los desplazamientos que se producen en una ciudad.
Así pues, dejémonos de monsergas y de pantomimas cuando hablemos de movilidad. La movilidad principal es la obligada, la del horario, la de la hora punta, la del miedo y la violencia, la misma a la que tratamos de no mirar de frente porque nos acobarda. Si no actuamos sobre la movilidad obligada no tendremos legitimidad a la hora de tratar de intervenir en otros aspectos más marginales aunque igualmente decisivos para sentar las bases de un nuevo modelo de accesibilidad, de movilidad y por extensión de convivencia y de ciudad.
Hablamos por supuesto de movilidad, de sostenibilidad, de autodependencia, de hipermotorización, de viajes estúpidos y, lo más importante, de inculcar entre nuestros niños y jóvenes nuevos valores para que sean ellos los que nos den la alternativa hacia un mundo y unas ciudades más habitables, más amables, más respetuosas, más humanas en definitiva, ya que nosotros hemos sido incapaces ni siquiera de proponerlo en serio.
Hacer una peatonalización y perseguir después a los ciclistas, hacer unos kilómetros de carril bici, una zona azul, verde o naranja, un calmado de tráfico o colocar unos cuantos aparcabicis no es comprometido y prácticamente no conlleva mayor inconveniente que pelear con unos pocos vecinos y comerciantes. Son minorías, son actuaciones puntuales, pecata minuta.
Ahora bien, cuando lo que tratamos de atajar son los vicios contraídos por toda una generación a la que hemos inculcado los valores del individualismo, de la competitividad, del hiperconsumismo, de la propiedad privada, de la globalización, de la deslocalización, del miedo, de la sobreprotección de los menores, del acuartelamiento de los mismos, de la agorafobia y del ventajismo, la cosa cambia. Ahí nos tiembla el pulso.
Un ejemplo tremendo de ello lo tenemos en los accesos a los centros escolares, otro en los accesos a los centros laborales en hora punta. Siempre es hora punta cuando hablamos de viajes al cole, siempre es hora punta cuando hablamos del viaje al trabajo. Y más punta todavía y más afilada cuando volvemos de dichos centros.
Ahí todo vale. El canibalismo, la depredación circulatoria. la violencia y la agresividad extrema están justificadas y consentidas. La labor de los agentes de la ley, en todo caso, es velar por que las agresiones no vayan más allá de la verbalidad, que las invasiones del espacio público no duren más de media hora, que las infracciones sean temerarias pero no mortales. Porque tenemos interiorizado que es inevitable y, más que eso, que no hay que evitarlo, porque es parte del juego. Mirar a otra parte en esos momentos es conveniente.
Lo que no nos damos cuenta es que esos viajes suman las dos terceras partes del total de los viajes que se producen en entorno urbano, así que si no actuamos sobre ellos estaremos limitándonos a intervenir sobre un tercio como máximo de los desplazamientos que se producen en una ciudad.
Así pues, dejémonos de monsergas y de pantomimas cuando hablemos de movilidad. La movilidad principal es la obligada, la del horario, la de la hora punta, la del miedo y la violencia, la misma a la que tratamos de no mirar de frente porque nos acobarda. Si no actuamos sobre la movilidad obligada no tendremos legitimidad a la hora de tratar de intervenir en otros aspectos más marginales aunque igualmente decisivos para sentar las bases de un nuevo modelo de accesibilidad, de movilidad y por extensión de convivencia y de ciudad.
jueves, 18 de abril de 2013
La vida más allá del carril bici
Cascante es una de esas poblaciones que se ha aventurado a proponer un nuevo estilo de movilidad entre sus habitantes. Una de tantas que se ha propuesto hacer un replanteamiento de la movilidad en su entorno urbano y que lo ha querido hacer a la brava, previo estudio, pero a la brava, como se hacen estas cosas en un escenario tan concreto como el que ofrece un pueblo de 4.000 habitantes, relativamente llano, diseccionado por dos carreteras y con una arraigadísima cultura de utilizar el coche para todo.
Con un radio de apenas 600 metros, los cascantinos, como todos sus convecinos de la ribera navarra y, en general, como todas las poblaciones rurales no han superado la dependencia del coche y todavía continúan utilizándolo para todo, incluso dentro del pueblo.
Resultaría tedioso analizar por qué hay semejante dependencia del motor, pero lo resumiremos en una mezcla de necesidad y de ostentación. Necesidad, porque estos pueblos, como todos, han ido quedando aislados, desprovistos de unabuena oferta de transporte público, y sus habitantes se han visto obligados a . buscarse la vida de manera individual, lo que les ha ido empujando a hacerse con uno o varios automóviles por familia para poder atender sus necesidades de movilidad exterior.
Este proceso, que se ha ido consumando de manera progresiva desde los años 70, ha generado una cultura que presenta la tenencia del coche no sólo como una necesidad sino como un estatus al que hay que llegar para considerarse un habitante en plenitud. Esto ha ido derivando, en las últimas décadas, en un vicio que ha conllevado a la utilización-exhibición del coche para todo: para llevar los niños al colegio, para ir a trabajar (aunque se trabaje en el propio municipio), para ir al bar, para ir al polideportivo o para quedar con los colegas.
Ridículos viajes de apenas unos centenares de metros hechos a golpe de acelerador y demostrando una prepotencia que, desgraciadamente, es refrendada por la inmensa mayoría. Estos pueblos viven presos de sus propios coches, habiendo cedido el espacio a los mismos para su circulación y para su aparcamiento, que se entiende como un derecho civil de primer orden.
El reto de la movilidad sostenible en la sociedad motorizada
Pues bien, en este pueblo, y no es el primero, se han propuesto darle la vuelta al asunto, aunque sea haciendo pequeñas tentativas, para proponer una nueva forma de moverse y para enseñar a sus menores que otro pueblo es posible. Y llevan en ello un par de años. Empezaron haciendo un Plan de Movilidad, que ha ido dando sus frutos. Hace unos meses predicaban con el ejemplo, anunciando que la Policía Local iba a patrullar en bicicleta. Ayer presentaban una iniciativa de camino escolar a modo de "bicibus" de la manera más sencilla que se puede hacer que es mediante quedadas colectivas y circulación en pelotón.
Lo llamativo de este cambio es que se hace de una manera premeditada sin necesidad de infraestructuras, sin carriles bici. Recuerdo con intensidad nuestra primera reunión en el Instituto del colindante Cintruénigo cuando, decididos a promocionar el uso de la bicicleta, la condición que nos pusieron es que se hiciera sin carriles bici, porque no hacían falta.
Es mucho más curioso cuando la próxima población Corella había apostado por el modelo opuesto y había montado toda una red de ciclovías pintadas en un fantástico azul Copenague que sentó un precedente en todo el estado. O quizá no lo sea tanto, cuando la gente, conociendo los problemas que había suscitado la implementación de semejante duplicidad viaria quisiera hacer las cosas de manera más modesta, pero a la vez más natural y más empática.
De todas maneras, hay una componente que es decisiva en estos procesos que están viviendo todas estas localidades gemelas y es que, en todas ellas, la bicicleta no ha perdido presencia social en esos años de alocada motorización y siempre han mantenido una masa crítica de gente de todas las edades y todas las condiciones que han seguido utilizándola para sus quehaceres cotidianos. Eso es lo que las diferencia del resto, que los abuelos, los padres, los hermanos y los amigos han seguido usando la bici para desplazarse. Les deseamos todo el éxito que se merecen y que a buen seguro lograrán en esta iniciativa y en las que se propongan en el futuro.
Pero estas no son iniciativas aisladas. Cada vez hay más poblaciones concienciadas y decididas a iniciar la aventura hacia la desmotorización y a hacerlo empezando por el principio, por los niños, por la educación y por la consolidación de estos valores entre los que serán una de las generaciones decisivas para hacer el cambio modal y el cambio mental que devuelva las ciudades a las personas y que dejen a los coches relegados a sus usos verdaderamente eficientes o inevitables.
Como ejemplo, en el otro extremo de Navarra pero con una casuística similar, Bera plantea una campaña de ir "al cole sin coche", al menos los miércoles.
Más ejemplos de camino escolar en este blog de referencia.
¿De ir en coche al bar a ir al cole en bici?
Con un radio de apenas 600 metros, los cascantinos, como todos sus convecinos de la ribera navarra y, en general, como todas las poblaciones rurales no han superado la dependencia del coche y todavía continúan utilizándolo para todo, incluso dentro del pueblo.
Resultaría tedioso analizar por qué hay semejante dependencia del motor, pero lo resumiremos en una mezcla de necesidad y de ostentación. Necesidad, porque estos pueblos, como todos, han ido quedando aislados, desprovistos de unabuena oferta de transporte público, y sus habitantes se han visto obligados a . buscarse la vida de manera individual, lo que les ha ido empujando a hacerse con uno o varios automóviles por familia para poder atender sus necesidades de movilidad exterior.
Este proceso, que se ha ido consumando de manera progresiva desde los años 70, ha generado una cultura que presenta la tenencia del coche no sólo como una necesidad sino como un estatus al que hay que llegar para considerarse un habitante en plenitud. Esto ha ido derivando, en las últimas décadas, en un vicio que ha conllevado a la utilización-exhibición del coche para todo: para llevar los niños al colegio, para ir a trabajar (aunque se trabaje en el propio municipio), para ir al bar, para ir al polideportivo o para quedar con los colegas.
Ridículos viajes de apenas unos centenares de metros hechos a golpe de acelerador y demostrando una prepotencia que, desgraciadamente, es refrendada por la inmensa mayoría. Estos pueblos viven presos de sus propios coches, habiendo cedido el espacio a los mismos para su circulación y para su aparcamiento, que se entiende como un derecho civil de primer orden.
El reto de la movilidad sostenible en la sociedad motorizada
Pues bien, en este pueblo, y no es el primero, se han propuesto darle la vuelta al asunto, aunque sea haciendo pequeñas tentativas, para proponer una nueva forma de moverse y para enseñar a sus menores que otro pueblo es posible. Y llevan en ello un par de años. Empezaron haciendo un Plan de Movilidad, que ha ido dando sus frutos. Hace unos meses predicaban con el ejemplo, anunciando que la Policía Local iba a patrullar en bicicleta. Ayer presentaban una iniciativa de camino escolar a modo de "bicibus" de la manera más sencilla que se puede hacer que es mediante quedadas colectivas y circulación en pelotón.
Lo llamativo de este cambio es que se hace de una manera premeditada sin necesidad de infraestructuras, sin carriles bici. Recuerdo con intensidad nuestra primera reunión en el Instituto del colindante Cintruénigo cuando, decididos a promocionar el uso de la bicicleta, la condición que nos pusieron es que se hiciera sin carriles bici, porque no hacían falta.
Es mucho más curioso cuando la próxima población Corella había apostado por el modelo opuesto y había montado toda una red de ciclovías pintadas en un fantástico azul Copenague que sentó un precedente en todo el estado. O quizá no lo sea tanto, cuando la gente, conociendo los problemas que había suscitado la implementación de semejante duplicidad viaria quisiera hacer las cosas de manera más modesta, pero a la vez más natural y más empática.
De todas maneras, hay una componente que es decisiva en estos procesos que están viviendo todas estas localidades gemelas y es que, en todas ellas, la bicicleta no ha perdido presencia social en esos años de alocada motorización y siempre han mantenido una masa crítica de gente de todas las edades y todas las condiciones que han seguido utilizándola para sus quehaceres cotidianos. Eso es lo que las diferencia del resto, que los abuelos, los padres, los hermanos y los amigos han seguido usando la bici para desplazarse. Les deseamos todo el éxito que se merecen y que a buen seguro lograrán en esta iniciativa y en las que se propongan en el futuro.
Pero estas no son iniciativas aisladas. Cada vez hay más poblaciones concienciadas y decididas a iniciar la aventura hacia la desmotorización y a hacerlo empezando por el principio, por los niños, por la educación y por la consolidación de estos valores entre los que serán una de las generaciones decisivas para hacer el cambio modal y el cambio mental que devuelva las ciudades a las personas y que dejen a los coches relegados a sus usos verdaderamente eficientes o inevitables.
Como ejemplo, en el otro extremo de Navarra pero con una casuística similar, Bera plantea una campaña de ir "al cole sin coche", al menos los miércoles.
Más ejemplos de camino escolar en este blog de referencia.
sábado, 15 de septiembre de 2012
La Vuelta al Coche
Empieza una nueva temporada. Septiembre marca la vuelta a la actividad, a las rutinas. El nuevo curso, el nuevo año empieza, en contra de los que nos quieren vender, en Septiembre. Cuando acaban las vacaciones escolares, después de las operaciones retorno, con las crisis posvacacionales, por si no tuviéramos suficiente con las sistémicas.
En Septiembre la intensidad se recupera y las ciudades recobran su hiperactividad que, entre muchos otros síntomas, produce la hipermovilidad a la que nos vemos sometidos, si se practica en coche.
El viaje al cole multiplica las necesidades de movilidad de la gente que, con la excusa de aprovechar el viaje y con el argumento de la peligrosidad de las calles, hace viajes imposibles en tiempos record para colocar a sus hijos en sus colegios, y después correr atropelladamente hacia sus destinos finales.
En este clima conocido y reconocible, la convención europea ha decidido introducir la Semana de la Movilidad Sostenible que ya nos hemos acostumbrado también a celebrar en estas fechas. Esa escenificación de buenas intenciones que nos hace recordarnos precisamente eso: que no tenemos mucho más que intenciones, que somos pecadores convencidos y que aceptamos la penitencia.
Volvemos a la carga.
En Septiembre la intensidad se recupera y las ciudades recobran su hiperactividad que, entre muchos otros síntomas, produce la hipermovilidad a la que nos vemos sometidos, si se practica en coche.
El viaje al cole multiplica las necesidades de movilidad de la gente que, con la excusa de aprovechar el viaje y con el argumento de la peligrosidad de las calles, hace viajes imposibles en tiempos record para colocar a sus hijos en sus colegios, y después correr atropelladamente hacia sus destinos finales.
En este clima conocido y reconocible, la convención europea ha decidido introducir la Semana de la Movilidad Sostenible que ya nos hemos acostumbrado también a celebrar en estas fechas. Esa escenificación de buenas intenciones que nos hace recordarnos precisamente eso: que no tenemos mucho más que intenciones, que somos pecadores convencidos y que aceptamos la penitencia.
Volvemos a la carga.
viernes, 20 de abril de 2012
La vergüenza continúa
Mencionábamos hace unos días el caso de un padre irresponsable que transgredía la ley al transportar a sus dos inocentes hijas en bicicleta al colegio y que fue denunciado por la Policía Municipal haciendo aplicación del Código de Circulación de este país, que no contempla ese tipo de prácticas expresamente. Ocurría en Pozuelo de Alarcón y el encausado, un tal Oliver Green, se hizo eco en el cibermundo para denunciar el suceso con gran repercusión mediática en los principales altavoces del asunto ciclista de este país y de Europa.
Bien, pues el cuerpo de Policía Municipal de Pozuelo, lejos de amilanarse por tamaño desacato, continúa firme en su propósito de que el transgresor pague por su atrevimiento y le han recordado que su bicicleta no es legal en España y que, por tanto, no puede utilizarla mientras no cambie el Reglamento de Circulación vigente y que, ya puestos, se verán obligados a retenerle si intenta hacer uso de la misma para dicho fin.
Están en su derecho, es su obligación: hacer cumplir la ley y preservar el orden, así que nada que objetar. Pero ¿por qué han decidido actuar en este caso y perseguir tan celosamente a un ciudadano que no ponía en peligro a nadie y que no molestaba a los demás en su ejercicio diario de desplazarse a sus destinos rutinarios? ¿Por qué le pasa algo aquí que en el resto de Europa no le ocurriría? ¿Por qué no se le ha hecho la vista gorda como se hace, por ejemplo, con la doble fila institucionalizada en todos los centros escolares de este país? ¿Por qué se le acosa al débil por una falta que no va a ninguna parte y no se persigue al peligroso con el mismo celo y determinación?
Pues simplemente porque vivimos en un país atrasado en asuntos de movilidad. Muy atrasado. Y, pese a que hay visos que de momento no son más que promesas de hace ya más de un año de que la cosa va a cambiar, mientras no se haga, no podremos acceder a la Unión Europea en este aspecto por una cuestión puramente legal y, de hecho, los europeos que se atrevan a circular por este país a su estilo correrán el mismo riesgo que éste y otros muchos jinetes del apocalipsis que campan poniendo en riesgo su vida y las de los suyos.
Mejor no pensar que le podría pasar a esta mujer por aquí.
Por cierto, si os interesa el modelo de bicicleta que utiliza este infractor, lo podéis comprar, por ejemplo, en esta tienda de armas ilegales y letales, aunque no es la única que vende máquinas de éstas o artículos para trucarlas.
Bien, pues el cuerpo de Policía Municipal de Pozuelo, lejos de amilanarse por tamaño desacato, continúa firme en su propósito de que el transgresor pague por su atrevimiento y le han recordado que su bicicleta no es legal en España y que, por tanto, no puede utilizarla mientras no cambie el Reglamento de Circulación vigente y que, ya puestos, se verán obligados a retenerle si intenta hacer uso de la misma para dicho fin.
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| La máquina de la discordia |
Están en su derecho, es su obligación: hacer cumplir la ley y preservar el orden, así que nada que objetar. Pero ¿por qué han decidido actuar en este caso y perseguir tan celosamente a un ciudadano que no ponía en peligro a nadie y que no molestaba a los demás en su ejercicio diario de desplazarse a sus destinos rutinarios? ¿Por qué le pasa algo aquí que en el resto de Europa no le ocurriría? ¿Por qué no se le ha hecho la vista gorda como se hace, por ejemplo, con la doble fila institucionalizada en todos los centros escolares de este país? ¿Por qué se le acosa al débil por una falta que no va a ninguna parte y no se persigue al peligroso con el mismo celo y determinación?
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| La máquina de la discordia cargada |
Pues simplemente porque vivimos en un país atrasado en asuntos de movilidad. Muy atrasado. Y, pese a que hay visos que de momento no son más que promesas de hace ya más de un año de que la cosa va a cambiar, mientras no se haga, no podremos acceder a la Unión Europea en este aspecto por una cuestión puramente legal y, de hecho, los europeos que se atrevan a circular por este país a su estilo correrán el mismo riesgo que éste y otros muchos jinetes del apocalipsis que campan poniendo en riesgo su vida y las de los suyos.
Mejor no pensar que le podría pasar a esta mujer por aquí.
Por cierto, si os interesa el modelo de bicicleta que utiliza este infractor, lo podéis comprar, por ejemplo, en esta tienda de armas ilegales y letales, aunque no es la única que vende máquinas de éstas o artículos para trucarlas.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Llevar a tus hijos al cole en bici está perseguido
Ha explotado en internet el caso de un padre de Pozuelo que fue advertido por la policía local de esa población madrileña por llevar a sus hijas en su bici al cole. Se han hecho eco de la noticia hasta el pope del ciberbiciespacio Copenhagenize y la ECF European Cyclists' Federation. La lluvia de comentarios no se ha hecho esperar. Ignominia, vergüenza, subdesarrollo... la gente ha dado rienda suelta a su exaltación.
No quiero abundar en el caso concreto, pero sí me parece oportuno recordar que en este país la ley no está a favor del transporte de criaturas en bicis ni en remolques y es un asunto crucial en una sociedad altamente motorizada precisamente por este motivo: el transporte escolar es la gran excusa para utilizar el coche. Uno de los argumentos que más utiliza la gente para recurrir inevitablemente al coche en sus desplazamientos urbanos es que tienen que llevar a sus churumbeles al cole, a la guardería, al instituto o a cualquier sucedáneo de los mismos.
Llevarlos en coche está protegido
Y resulta curioso el celo de muchos agentes de la ley en perseguir malhechores en bicicleta a la vez que se relajan ante las transgresiones de los padres automovilistas y facilitan y dan cobertura a prácticas como la doble fila, la invasión de pasos de cebra, las maniobras irregulares y la violencia vial en los accesos a los centros de menores.
El otro día me comentaba un compañero que la policía local de Pamplona le había parado, por segunda vez en menos de un mes, para comprobar si llevaba a algún chiquillo en su remolque Chariot cuando venía de camino a Mundoraintxe. En ambas el carro iba vacío, lo cual no ha servido para amilanar a los servidores de la ley a mantener su vigilancia hacia el forajido con su carromato.
- Ya sabes que está prohibido usarlos en la calzada ¿no?
- Sí, sí, pero yo nunco voy por la calzada cuando llevo a mi hijo.
Arguye intimidado, como si fuera posible o recomendable hacerlo.
- Ah vale - advierte el agente. Y prosigue- Por cierto ¿ese compañero tuyo que lleva a dos niños en un tandem? ¿Eso está homologado?
¡Me han pillado! ¡Y por lo visto nos han abierto ya una linea de investigación! Es lo que tiene el crimen organizado. De momento sigo siendo un fugitivo, ya veremos cuánto me dura.
Artículo relacionado
- Los jinetes del Apocalipsis van en bici
No quiero abundar en el caso concreto, pero sí me parece oportuno recordar que en este país la ley no está a favor del transporte de criaturas en bicis ni en remolques y es un asunto crucial en una sociedad altamente motorizada precisamente por este motivo: el transporte escolar es la gran excusa para utilizar el coche. Uno de los argumentos que más utiliza la gente para recurrir inevitablemente al coche en sus desplazamientos urbanos es que tienen que llevar a sus churumbeles al cole, a la guardería, al instituto o a cualquier sucedáneo de los mismos.
Llevarlos en coche está protegido
Y resulta curioso el celo de muchos agentes de la ley en perseguir malhechores en bicicleta a la vez que se relajan ante las transgresiones de los padres automovilistas y facilitan y dan cobertura a prácticas como la doble fila, la invasión de pasos de cebra, las maniobras irregulares y la violencia vial en los accesos a los centros de menores.
Más de lo mismo
El otro día me comentaba un compañero que la policía local de Pamplona le había parado, por segunda vez en menos de un mes, para comprobar si llevaba a algún chiquillo en su remolque Chariot cuando venía de camino a Mundoraintxe. En ambas el carro iba vacío, lo cual no ha servido para amilanar a los servidores de la ley a mantener su vigilancia hacia el forajido con su carromato.
- Ya sabes que está prohibido usarlos en la calzada ¿no?
- Sí, sí, pero yo nunco voy por la calzada cuando llevo a mi hijo.
Arguye intimidado, como si fuera posible o recomendable hacerlo.
- Ah vale - advierte el agente. Y prosigue- Por cierto ¿ese compañero tuyo que lleva a dos niños en un tandem? ¿Eso está homologado?
¡Me han pillado! ¡Y por lo visto nos han abierto ya una linea de investigación! Es lo que tiene el crimen organizado. De momento sigo siendo un fugitivo, ya veremos cuánto me dura.
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jueves, 5 de enero de 2012
Los jinetes del apocalipsis van en bici
Hace unos días leí con estupor un artículo que, bajo el sugerente nombre de "La muerte en bici", clamaba contra todos esos padres y madres irresponsables que ponen en juego la integridad de su prole transportándola en esos ridículos vehículos de dos ruedas. Sobra entrar a discutir las lindezas que les dedica, sin embargo creo
que responde a un sentir que no es tan minoritario como los que vivimos
inmersos en el universo ciclista queremos creer.
Por desgracia aquí no hay cultura ciclista y se sigue viendo a los que utilizamos la bicicleta como medio de transporte, bien sea individual como de personas o mercancías, como una especie de locos a pedales. Eso que a veces es positivo y provoca comentarios de admiración, muchas veces también sirve para expresar la indignación de muchos ciudadanos que tratan de imponer un estilo cívico entre sus semejantes donde este tipo de prácticas resultan no sólo inconvenientes, sino denunciables como criminales..
Me confieso. Yo soy uno de esos jinetes del apocalipsis que me enorgullezco de jugar con la supuesta integridad de mis hijos para tratar de conservar su salud física y mental, gracias a un nivel de actividad suave y divertida que hace que nuestros viajes urbanos sean atractivos e interactivos. Llamarme maltratador y asesino pero cada vez que nos proponemos el viaje diario obligado y planteamos las alternativas (somos unos de esos privilegiados que se lo puede proponer, como más del 50% de la población) la respuesta es invariable: ¡la bici!
Estoy seguro que les he abducido con mis argucias enfermizas de adulto obstinado y con la intimidación de padre a la antigua, pero dejarme creer que nos lo estamos pasando bien y que estamos aprovechando los mejores años de nuestra vida haciendo las cosas divertidas y agradables y enseñando a los demás que pueden hacerse y que es fácil.
Estoy convencido de que merezco un castigo ejemplar y estoy dispuesto a pagar por mi atrevimiento ante los tribunales morales que me desautorizan. No espero ningún tipo de clemencia porque sé que atento contra sus valores más fundamentales y además lo hago con intencionalidad, alevosía y muchas veces también con nocturnidad. Mientras pueda, seguiré pecando.
Lo peor del asunto es que con mi actitud estoy induciendo a otros a transgredir esos valores proteccionistas de nuestros menores, lo cual me hace doblemente responsable. Cargaré también con esa pena.
El mal ya está hecho. Ahora bien, tenemos que estar especialmente preocupados porque la semilla del mal está echando raices y cada vez está ganando más adeptos que, además, están divulgando sus experiencias sectarias y maléficas. ¡Cuidado!
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| Foto Amsterdamize |
Me confieso. Yo soy uno de esos jinetes del apocalipsis que me enorgullezco de jugar con la supuesta integridad de mis hijos para tratar de conservar su salud física y mental, gracias a un nivel de actividad suave y divertida que hace que nuestros viajes urbanos sean atractivos e interactivos. Llamarme maltratador y asesino pero cada vez que nos proponemos el viaje diario obligado y planteamos las alternativas (somos unos de esos privilegiados que se lo puede proponer, como más del 50% de la población) la respuesta es invariable: ¡la bici!
Estoy seguro que les he abducido con mis argucias enfermizas de adulto obstinado y con la intimidación de padre a la antigua, pero dejarme creer que nos lo estamos pasando bien y que estamos aprovechando los mejores años de nuestra vida haciendo las cosas divertidas y agradables y enseñando a los demás que pueden hacerse y que es fácil.
Estoy convencido de que merezco un castigo ejemplar y estoy dispuesto a pagar por mi atrevimiento ante los tribunales morales que me desautorizan. No espero ningún tipo de clemencia porque sé que atento contra sus valores más fundamentales y además lo hago con intencionalidad, alevosía y muchas veces también con nocturnidad. Mientras pueda, seguiré pecando.
Lo peor del asunto es que con mi actitud estoy induciendo a otros a transgredir esos valores proteccionistas de nuestros menores, lo cual me hace doblemente responsable. Cargaré también con esa pena.
El mal ya está hecho. Ahora bien, tenemos que estar especialmente preocupados porque la semilla del mal está echando raices y cada vez está ganando más adeptos que, además, están divulgando sus experiencias sectarias y maléficas. ¡Cuidado!
domingo, 11 de diciembre de 2011
Dejar que los niños se acerquen
Es un ejercicio realmente interesante dejar a los niños que hablen y que opinen sobre temas que les afectan pero que parece que sólo estén reservados a los mayores. Un ejemplo: cómo ir a la escuela. Otro: cómo jugar en la calle. Muy poca gente les da la oportunidad de expresarse y se pierden un montón de pistas buenas, de problemas cotidianos y de soluciones fáciles.
Los niños no tienen prejuicios, ni miedos más allá de los que les han enseñado a reproducir en casa, tampoco tienen una serie de condicionantes respecto a lo que se puede o no se puede hacer, ni siquiera consideran que las calles sean algo rígido e inamovible. Eso y que son frescos, alegres, valientes, descarados y descabellados, ayuda mucho a buscar muchas soluciones en las que ellos pueden ser verdaderos protagonistas.
Los mayores nos inventamos fórmulas como la tormenta de ideas, para intentar ser atrevidos u originales a la hora de salir de atolladeros o de crear nuevas oportunidades. Jugamos a ser niños. A ellos les sale natural.
Trabajar con niños es sin duda intenso, emocionante y muchas veces agotador y hasta desquiciante, pero merece la pena cuando ellos también son los encausados. El problema es que muchas veces cuando lo hacemos tratamos de orientarles hacia lugares comunes o respuestas esperadas, porque no estamos dispuestos a jugar con determinadas cosas. Y así orientamos las dinámicas, dirigimos las preguntas, moderamos en exceso sus propuestas o descartamos alegremente sus ideas.
Los niños, como las personas ancianas, aportan una visión distinta de la realidad que resulta esencial a la hora de construirla.
Muchas iniciativas encaminadas a protegerlos no cuentan con su aprobación ni con su participación y luego nos sorprendemos de los resultados. Hacer que los niños lideren propuestas y se sientan protagonistas y corresponsables es vital para que éstas salgan adelante y os sorprenderá su nivel de implicación y de compromiso y lo que son capaces de arrastrar en el núcleo de sus familias.
... porque si no tendremos "niños loro"...
En los últimos días, se me han juntado varias noticias relacionadas con niños y bicicletas. Por un lado, el Ayuntamiento de Eivissa ha dado la oportunidad de expresarse a sus escolares respecto a sus propuestas para mejorar la movilidad en la capital balear haciendo un remedo de pleno infantil. El único problema quizá es que sólo se reprodujeron los lugares comunes del asunto (carril bici, bici pública, coches y autobuses eléctricos) y no se dió rienda suelta a la creatividad infantil.
... y necesitaremos "carriles niño" para que se desplacen
Una visión diferente llega desde el Ayuntamiento de Málaga, que no se sabe muy bien si por falta de profundización en la propuesta o por un empecinamiento en el tema carrilista estudia crear un carril exclusivo para que los niños vayan al colegio. Me gustaría saber si les preguntado a ellos o simplemente se los imaginan, pobrecillos, jugando al tren chuchú y el primero, angelito, haciendo pipiiiii chucuchucuchucu...
Para mi que eso del camino escolar no consistía en hacer vías segregadas para niños (ya es el colmo) sino en mejorar el entorno escolar y, sobre todo, en reforzar las habilidades de los menores a la hora de desplazarse en su itinerario al colegio y proveerles de herramientas y ayudas que les faciliten sus tránsitos, como ir en grupo, tener comercios asociados, voluntarios observadores y cosas así. Por lo visto estaba equivocado y esto no era suficientemente interesante para mejorar la autonomía de sus menores y les van a hacer carriles... otra vez.
Eso y el casco, ¡por supuesto! ¡Ningún niño sin casco, por favor! ¡Ni sin chaleco! Que no se olviden que estamos en guerra. No seamos irresponsables. Yo me acuerdo cómo hace unos años los niños caían como moscas de los golpes que se daban en la cabeza cuando andaban en bici o patinaban o cuando corrían demasiado...
Hoy leo que los niños aprenden antes a manejar el PC que la bicicleta, así que esto no tiene visos de cambiar a corto plazo. Pero ¿qué se puede esperar del futuro? Por suerte, el futuro se construye día a día y todo apunta a que este modelo de economía y de asentamiento urbano no es sostenible y el que viene tratará de recuperar las ciudades para que sean más compactas, más habitables, más tranquilas, más amables, más seguras, más cercanas, en definitiva, más humanas. Ciudades en las que no se necesita tanto el coche porque las distancias se recorren andando o en bici. En esas ciudades, los niños y los mayores podrán recuperar la calle como espacio de encuentro, de compra y de socialización. Ese es el reto.
Los niños no tienen prejuicios, ni miedos más allá de los que les han enseñado a reproducir en casa, tampoco tienen una serie de condicionantes respecto a lo que se puede o no se puede hacer, ni siquiera consideran que las calles sean algo rígido e inamovible. Eso y que son frescos, alegres, valientes, descarados y descabellados, ayuda mucho a buscar muchas soluciones en las que ellos pueden ser verdaderos protagonistas.
Los mayores nos inventamos fórmulas como la tormenta de ideas, para intentar ser atrevidos u originales a la hora de salir de atolladeros o de crear nuevas oportunidades. Jugamos a ser niños. A ellos les sale natural.
Pero que no repitan las ideas de sus padres...
Trabajar con niños es sin duda intenso, emocionante y muchas veces agotador y hasta desquiciante, pero merece la pena cuando ellos también son los encausados. El problema es que muchas veces cuando lo hacemos tratamos de orientarles hacia lugares comunes o respuestas esperadas, porque no estamos dispuestos a jugar con determinadas cosas. Y así orientamos las dinámicas, dirigimos las preguntas, moderamos en exceso sus propuestas o descartamos alegremente sus ideas.
Los niños, como las personas ancianas, aportan una visión distinta de la realidad que resulta esencial a la hora de construirla.
Muchas iniciativas encaminadas a protegerlos no cuentan con su aprobación ni con su participación y luego nos sorprendemos de los resultados. Hacer que los niños lideren propuestas y se sientan protagonistas y corresponsables es vital para que éstas salgan adelante y os sorprenderá su nivel de implicación y de compromiso y lo que son capaces de arrastrar en el núcleo de sus familias.
En los últimos días, se me han juntado varias noticias relacionadas con niños y bicicletas. Por un lado, el Ayuntamiento de Eivissa ha dado la oportunidad de expresarse a sus escolares respecto a sus propuestas para mejorar la movilidad en la capital balear haciendo un remedo de pleno infantil. El único problema quizá es que sólo se reprodujeron los lugares comunes del asunto (carril bici, bici pública, coches y autobuses eléctricos) y no se dió rienda suelta a la creatividad infantil.
... y necesitaremos "carriles niño" para que se desplacen
Una visión diferente llega desde el Ayuntamiento de Málaga, que no se sabe muy bien si por falta de profundización en la propuesta o por un empecinamiento en el tema carrilista estudia crear un carril exclusivo para que los niños vayan al colegio. Me gustaría saber si les preguntado a ellos o simplemente se los imaginan, pobrecillos, jugando al tren chuchú y el primero, angelito, haciendo pipiiiii chucuchucuchucu...
Para mi que eso del camino escolar no consistía en hacer vías segregadas para niños (ya es el colmo) sino en mejorar el entorno escolar y, sobre todo, en reforzar las habilidades de los menores a la hora de desplazarse en su itinerario al colegio y proveerles de herramientas y ayudas que les faciliten sus tránsitos, como ir en grupo, tener comercios asociados, voluntarios observadores y cosas así. Por lo visto estaba equivocado y esto no era suficientemente interesante para mejorar la autonomía de sus menores y les van a hacer carriles... otra vez.
Eso y el casco, ¡por supuesto! ¡Ningún niño sin casco, por favor! ¡Ni sin chaleco! Que no se olviden que estamos en guerra. No seamos irresponsables. Yo me acuerdo cómo hace unos años los niños caían como moscas de los golpes que se daban en la cabeza cuando andaban en bici o patinaban o cuando corrían demasiado...
¿Qué futuro les espera?
Hoy leo que los niños aprenden antes a manejar el PC que la bicicleta, así que esto no tiene visos de cambiar a corto plazo. Pero ¿qué se puede esperar del futuro? Por suerte, el futuro se construye día a día y todo apunta a que este modelo de economía y de asentamiento urbano no es sostenible y el que viene tratará de recuperar las ciudades para que sean más compactas, más habitables, más tranquilas, más amables, más seguras, más cercanas, en definitiva, más humanas. Ciudades en las que no se necesita tanto el coche porque las distancias se recorren andando o en bici. En esas ciudades, los niños y los mayores podrán recuperar la calle como espacio de encuentro, de compra y de socialización. Ese es el reto.
domingo, 30 de octubre de 2011
Sembrando alternativas a la movilidad
El otro día en el marco de un taller sobre movilidad y bicicletas con un grupo de jóvenes en un centro educativo del centro de mi ciudad y después de haber charlado durante casi una hora de las cuestiones concernientes a esto de andar en bicicleta por ciudades pensadas para los coches, lancé a mis atentos interlocutores la pregunta del millón:
La respuesta fue casi unánime:
Rotundo. Demoledor. Aunque en absoluto sorprendente. Si no ¿qué sentido tendría hacer este tipo de talleres para tratar de explicar que esto de la bici, además de fácil y efectivo, es conveniente y puede ayudar a cambiar algunas cosas a nuestro alrededor de una manera realmente divertida?
Parece descabellado tratar de contradecir a la mayoría aplastante de automovilistas, a toda una cultura creada alrededor del coche, a toda una serie de intereses que la alimentan y la agrandan, a toda una serie de vicios adquiridos y muy difíciles de contrarrestar que todos asumimos como algo incuestionable o, en el mejor de los casos, como un mal necesario, inevitable.
Parece ilógico contradecir a la mayoría y, sin embargo, cada vez que nos toca charlar con las generaciones venideras de los problemas que genera el estilo de vida dependiente del coche, de las posibilidades de la bicicleta en la ciudad, de la oportunidad que tienen ellos mismos de utilizarla de una manera lógica, razonable, respetuosa y digna, de su necesario protagonismo para cambiar las cosas, un brillo emocionado asoma en sus ojos. Y cada vez que les enseñamos en tan solo una hora los fundamentos del mantenimiento y ajuste básico de la bicicleta, no pueden reprimir sus comentarios ilusionados, sus risas nerviosas ante el descubrimiento de tanta simplicidad a su alcance.
Esa ilusión, esa intensidad es la que nos anima a creer que nuestra locura, porque está claro que contradecir a la mayoría y tratar de defender con entusiasmo otra lógica es sin lugar a dudas una especie de locura, es útil porque cala, porque aporta, porque propone retos, porque despierta interés, porque levanta incertidumbres y plantea cuestiones y porque pone en canción a los que, en menos de lo que pensamos, tendrán necesariamente la batuta y marcarán el ritmo de todo esto.. Seguiremos en ello hasta que haga falta y ojalá que no sean muchos años. Llamarme iluso, pero creo que va a hacer falta menos de lo que muchos presuponen.
- ¿Qué dirían vuestros padres si les propusierais venir al colegio en bicicleta?
La respuesta fue casi unánime:
- Nos dirían a ver si nos hemos vuelto locos.
Rotundo. Demoledor. Aunque en absoluto sorprendente. Si no ¿qué sentido tendría hacer este tipo de talleres para tratar de explicar que esto de la bici, además de fácil y efectivo, es conveniente y puede ayudar a cambiar algunas cosas a nuestro alrededor de una manera realmente divertida?
Parece descabellado tratar de contradecir a la mayoría aplastante de automovilistas, a toda una cultura creada alrededor del coche, a toda una serie de intereses que la alimentan y la agrandan, a toda una serie de vicios adquiridos y muy difíciles de contrarrestar que todos asumimos como algo incuestionable o, en el mejor de los casos, como un mal necesario, inevitable.
Parece ilógico contradecir a la mayoría y, sin embargo, cada vez que nos toca charlar con las generaciones venideras de los problemas que genera el estilo de vida dependiente del coche, de las posibilidades de la bicicleta en la ciudad, de la oportunidad que tienen ellos mismos de utilizarla de una manera lógica, razonable, respetuosa y digna, de su necesario protagonismo para cambiar las cosas, un brillo emocionado asoma en sus ojos. Y cada vez que les enseñamos en tan solo una hora los fundamentos del mantenimiento y ajuste básico de la bicicleta, no pueden reprimir sus comentarios ilusionados, sus risas nerviosas ante el descubrimiento de tanta simplicidad a su alcance.
Esa ilusión, esa intensidad es la que nos anima a creer que nuestra locura, porque está claro que contradecir a la mayoría y tratar de defender con entusiasmo otra lógica es sin lugar a dudas una especie de locura, es útil porque cala, porque aporta, porque propone retos, porque despierta interés, porque levanta incertidumbres y plantea cuestiones y porque pone en canción a los que, en menos de lo que pensamos, tendrán necesariamente la batuta y marcarán el ritmo de todo esto.. Seguiremos en ello hasta que haga falta y ojalá que no sean muchos años. Llamarme iluso, pero creo que va a hacer falta menos de lo que muchos presuponen.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Kero ir en bizi
Dale la oportunidad. Que aprenda a decirlo no es menos emocionante que lo que le motiva a hacerlo. Dale a tu hijo o hija la oportunidad de hacer el viaje a la guardería, al cole, a casa, a la compra, a pasear o de visita en tu bici. Enséñale el mundo desde tu perspectiva privilegiada, dinámica, cercana, equilibrada, sana y divertida. No le quites la ilusión. Aprenderá a decirlo y tú te emocionarás, te lo aseguro. Hazlo por él o ella, hazlo por ti, hazlo por vosotros.
Cada vez se ve a más gente con una sillita en su bicicleta, o con dos o con un remolque, circulando en hora punta con serenidad, con determinación, con ilusión, con una sonrisa, con dos sonrisas. Hay algunos que van con dos, uno delante y uno detrás, o en un carro para dos pasajeritos. Es un buen principio, es la mejor iniciación.
Llevando a tus hijos en bici en sus primeros trayectos urbanos les estás enseñando que otro mundo es posible. El tuyo, el suyo. Hoy todavía marcaréis una diferencia, atraeréis la atención de los demás, padres y niños. Algo de lo que los hijos van a estar bien orgullosos. Dentro de unos años será normal.
Lleva a tus hijos en bici y ahórrate el estrés, la violencia, el agobio, el aire viciado, el aislamiento, la peligrosidad, el aturdimiento propios del coche. Y ahórrate unos buenos duros. Y ahórrate unos buenos minutos. Y ganarás salud, vitalidad, buen punto, puntualidad, contacto con el entorno, proximidad, vulnerabilidad y amabilidad.
Cada vez se ve a más gente con una sillita en su bicicleta, o con dos o con un remolque, circulando en hora punta con serenidad, con determinación, con ilusión, con una sonrisa, con dos sonrisas. Hay algunos que van con dos, uno delante y uno detrás, o en un carro para dos pasajeritos. Es un buen principio, es la mejor iniciación.
Llevando a tus hijos en bici en sus primeros trayectos urbanos les estás enseñando que otro mundo es posible. El tuyo, el suyo. Hoy todavía marcaréis una diferencia, atraeréis la atención de los demás, padres y niños. Algo de lo que los hijos van a estar bien orgullosos. Dentro de unos años será normal.
Lleva a tus hijos en bici y ahórrate el estrés, la violencia, el agobio, el aire viciado, el aislamiento, la peligrosidad, el aturdimiento propios del coche. Y ahórrate unos buenos duros. Y ahórrate unos buenos minutos. Y ganarás salud, vitalidad, buen punto, puntualidad, contacto con el entorno, proximidad, vulnerabilidad y amabilidad.
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