"Me da igual lo que hagáis y lo que dejéis de hacer. No voy a cambiar nada y vosotros no vais a cambiarme a mi. Seguiré haciendo lo que me de la gana. Vaya en coche, a pie, en bici o en lo que quiera. Me da risa todo vuestro rollo ese del respeto, de la sostenibilidad y tal. Dais pena. Si me salto un semáforo, un paso de peatones, ando en bici por la acera, me pongo borde con algún imbécil o cruzo sin mirar es mi problema y el de nadie más. Yo correré con las consecuencias, no vosotros. Gracias por el intento, pero no ha servido".
Igual no así de literal, pero mucha, mucha gente todavía está en esa perspectiva en el asunto de la movilidad, por mencionar uno."Si no me pillan, me lo paso todo por el mismísimo..."
Esta es probablemente la cuestión más importante por la cual no podemos conquistar mejores niveles de seguridad, respeto o pura educación vial, por no decir civil, en nuestro entorno y por lo cual asuntos como el de la movilidad, entre otros, se hallan anclados en el siglo veinte. Estamos rodeados de una partida de desaprensivos que no piensan más que en su ombligo, en su interés, en su ventaja y se las apañan para acomodar todo su entorno a su estilo.
Estúpidos envalentonados en movimiento, que ponen patas arriba, con su sola intervención, todo el juego de la convivencia y, además, la sensación de seguridad que produce. Da igual que anden en bici, a pie, en coche, en moto, que conduzcan un bus, un tren o un avión. Lo echan todo a perder con su participación, son nefastos para los demás.
La pregunta es ¿qué hacer con ellos?