Hoy toca redundarse, hacerse eco de uno mismo. Da un poco de vergüenza pero ahí va la transcripción de la entrevista que tuve en
Diario de Noticias de Alava con Jaione Sanz y que se publica hoy en este tabloide regional.
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| Con mi Brompton en el centro cívico Aldabe vitoriano (fotografía de José Ramón Gómez) |
"Mirando a la bici desde el sur", como reza su charla, ¿qué fotografía obtenemos?
Hay
que ser consecuentes con el escenario que vivimos, en el que hay que
incorporar la bicicleta como herramienta positiva. Pero nos hemos
preocupado mucho por mirar qué hacen países de otras latitudes donde la
bici tiene más éxito pero que tienen otras condiciones de vida y nos
hemos emperrado en copiar estructuras que no son transpantables al
escenario que nosotros tenemos.
El caso es que la bici
parece haberse convertido en la obsesión de todos los ayuntamientos. ¿Es
un interés real por promocionar este vehículo limpio o hay mucho de
marketing?
La bicicleta es barata, positiva, da una
imagen verde... Tiene una buena rentabilidad a nivel político y social. Y
aquí, que los políticos no son tontos, se ha decidido usar la bici como
una herramienta rentable.
¿Pero se establecen los mecanismos apropiados para fomentar el uso de la bici sin que choque con otros medios de transporte?
Ahí
está el quid de la cuestión. Sobre todo en las capitales medianas, la
mayoría de itinerarios no motorizados se puede hacer a pie y no hemos
sabido valorar eso y preservarlo, detrayendo de lo que hay que detraer,
que es el tráfico motorizado. Ha habido un poco de miedo al implementar
la bici. Se ha recurrido a fórmulas magistrales, como las bicis
públicas, biciarriles posibilistas... Y no se han sentado las bases. Y
las bases se sientan desde la infancia. Hay que afianzar la bici entre
quienes la usan, los niños y los jóvenes, y luego ir a por las
siguientes generaciones. Pero eso no es tan rentable, visible y bonito.
Y
precisamente esa educación es la que facilitaría la convivencia, ya que
ahora mismo, al menos en Vitoria, parece que la bici se ha convertido
en la mala de la película.
Sí, la asignatura pendiente es
conciliar, sobre todo con los coches que es donde hay que meter mano:
condicionar viajes, calmar velocidades... La velocidad es la clave del
asunto.
De hecho, aquí se siguen construyendo bicicarriles
en las aceras mientras la asociación Bizikleteroak insiste en llevar la
bici a la carretera con una 'ciudad 30'.
Sí. Por un
lado, es la historia que se vende de que ya se ha quitado mucho al
coche. Y, por otro, nos han enseñado a tener miedo al tráfico. Así que
donde son más convenientes las bicis es fuera del tráfico. Y esta es un
arma de doble filo. En el momento en que sacas a los ciclistas de la
calzada, de su lugar natural, estás jugando contra el siguiente
colectivo más desfavorecido, que es el de los peatones. Los peatones no
son gente moviéndose, sino personas viviendo, mientras que los ciclistas
son personas que han elegido un vehículo para desplazarse. Y es un
crimen saltarse esto, porque entonces estamos condicionando los
tránsitos peatonales y, por tanto, su habitabilidad.
En
Vitoria se creó el primer sistema de préstamo gratuito de bicis del
Estado. Ahora se acerca uno nuevo de pago. ¿Tiene sentido?
A
nosotros siempre nos había gustado, pese a todas las deficiencias que
tenía, el sistema de Vitoria porque era barato. Claro que había
apropiación de la cosa pública porque alguien cogía la bici y no la
devolvía hasta la tarde, las bicis estaban en mal estado, no se hacía un
mantenimiento intensivo, se forzaba al personal de los centros cívicos a
hacer una atención para la que no estaba preparado... Pero era un
sistema barato y, por tanto, bueno, con visibilidad y disponibilidad de
bicis. En el momento en que el Ayuntamiento quiere dar el salto a la
gran operación de bici pública automatizada... Esto es un monstruo, un
invento, una gran e increíble operación de marketing con muchos
intereses encubiertos de los grandes operadores de bicis públicas, como
el que va a funcionar en Vitoria. Detrás hay operaciones de marketing,
de publicidad en calle. De hecho, lo primero que ha dicho el alcalde es
que no se preocupen los vitorianos que ya ha encontrado un patrocinador
para el sistema. ¿Un patrocinador para qué? Podría haberse buscado para
otro fin relacionado con las bicis.
El alcalde dice que
con el anterior sistema la bici no se había afianzado como un medio de
transporte real y que ahora sí se logrará.
Esa
argumentación tiene una encerrona: presentar la bici, que es un
transporte unipersonal, como un transporte colectivo público. Y si fuera
gratis, ni tan mal. Pero tiene un coste desorbitante. Y en las ciudades
pequeñas está demostrado que no funciona. Se está cometiendo un error,
pero con rentabilidad política. Y ésos están bien pagados.
También se ha planteado crear un registro de bicis para frenar la oleada de robos. ¿Qué opina?
Otra
invención. A ver, no está mal que haya registros de bicis y que los
datos estén a buen recaudo, pero todas las bicis tienen un número de
serie. Pretender que las policías locales hagan una labor de persecución
del crimen organizado en el robo de bicis sólo porque las bicis estén
en un registro municipal es una barbaridad. Mucho más cuando no hay una
unificación en los sistemas de registros, hay que pagar... Más bien
parece una operación para tener a los ciclistas controlados y ordenados
porque empiezan a ser molestos.
Vitoria aspira a que en 2020 el 15% de los desplazamientos por la ciudad se haga en bici. ¿Posible?
No
sé por qué una meta tiene que ser un número. Es lo de siempre:
presentar grandes propuestas con un buen aparato de comunicación
alrededor. Lo importante no es cuántas bicis hay en la ciudad, sino
cuántos coches. Lo importante no es que haya más bicis, sino menos
coches. Si hay más bicis porque hay menos coches, es interesante. Si hay
más bicis porque hay menos usuarios del transporte público, ya no es
tan interesante. Y si hay más bicis porque hay menos peatones, no
interesa la jugada. Lo que hay que hacer es ponérselo difícil a los
coches. ¿Pero existe esa determinación por complicar las cosas al coche o
se está jugando a los números positivos? Si se detrae tranquilidad
peatonal, estamos jugando a un juego siniestro. Y en Vitoria, el número
de viajes en coche están subiendo. Quizá se estén logrando los objetivos
bici, pero no de la movilidad sostenible. Y la bici, sin movilidad
sostenible, no tiene sentido.