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lunes, 1 de junio de 2015

Zona de exclusión de coches en areas escolares

En el desarrollo orgánico de la Ley Anti-Coche que se debería promulgar en la legislatura entrante o en las Ordenanzas Anti-Coche que pueden servir de puente hasta la aprobación de dicha ley, un punto que reviste especial importancia por su transcendencia generacional y por representar uno de los factores desencadenantes de mayor conflictividad motorizada es el tratamiento especial que debe darse a los entornos de los centros escolares, sobre todo en las horas de entrada y salida.

Las zonas que acogen centros educativos suelen presentar niveles de saturación motorizada y de violencia vial extremos en las horas punta. Prisas, sustos, maniobras violentas, encontronazos, atropellos, broncas... todo por dejar acceder hasta la puerta a los padres a bordo de sus coches con todo el caos y la agresividad que ello provoca, agudizada en muchos casos por un sentido de sobreprotección mal entendido por parte de muchos padres.


La propuesta es sencilla: prohibir el acceso de los coches en un radio mínimo de 200 metros de las puertas de acceso a los centros educativos en horarios de entrada y salida. Si se consigue, es fácil deducir que sólo por dispersión y por inconveniencia, la fórmula serviría además para mejorar la calidad del espacio circundante a los centros y hacer más agradable y más saludable estos momentos de encuentro y despedida. Sólo con alejar los coches y las segundas filas.

La puesta en práctica es lo complicado. Ya sólo la intención de impedir a los padres acceder en coche se entiende como una afrenta y como una violación de un derecho fundamental inherente a la paternidad o algo así. Cuando ya se pone en marcha, la cosa reviste una problemática mayor ya que de los comentarios y opiniones se suele pasar al enfrentamiento personal y hasta a la descalificación hacia los encargados de velar por el cumplimiento de la medida. Demencial pero cierto.

Nada, de todas formas, que no pase en otros escenarios. Lo grave y preocupante es que en estos desencuentros los niños no son sólo coprotagonistas y sino espectadores de excepción de las actitudes de sus padres y de los padres de sus compañeros, lo cual agudiza el problema porque les ayuda a interiorizar comportamientos que pasan a formar parte de su bagaje personal y que reproducirán en el futuro con emulación casi genética.


miércoles, 23 de abril de 2014

Llevando a los niños a pedales

Una parte vital de la logística doméstica es, además de acarrear las compras a casa, transportar a los menores a los distintos lugares a donde les tenemos destinados, empezando por el colegio y acabando por esa interminable carta de actividades en las que hemos decidido los mayores que tienen que invertir su tiempo y nuestro dinero y así, de paso, tenerlos colocados en lugares seguros.

Eludiendo la cuestión de fondo del confinamiento infantil y de la agorafobia que padecemos muchos de los mayores y que infringimos a nuestros pequeños, vamos a tratar del tema no menos escabroso de cómo transportamos a los niños de un sitio a otro y, más que eso, cómo los podríamos transportar si quisiéramos, entre todos, promocionar entornos que dieran oportunidades a las distintas opciones de locomoción por igual.

Podríamos ponernos realmente pesados tratando de argumentar pros, fórmulas, modelos, accesorios, trucos prácticos, sistemas, condiciones y hasta ingeniería civil y social, pero muchas veces es más útil y más sugerente ver unos cuantos ejemplos más o menos llamativos, más o menos fáciles.

Ahí van unos cuantos rescatados de la última visita al país líder en hacerlo a pedales.



Hasta aquí todo muy bien, muy correcto y muy conocido, pero el que se lleva la palma es el vehículo que vi pasar un viernes por la mañana en Nijmegen, no sabiendo bien si estaba suficientemente despierto como para dar crédito a lo que estaba presenciando.


jueves, 18 de abril de 2013

La vida más allá del carril bici

Cascante es una de esas poblaciones que se ha aventurado a proponer un nuevo estilo de movilidad entre sus habitantes. Una de tantas que se ha propuesto hacer un replanteamiento de la movilidad en su entorno urbano y que lo ha querido hacer a la brava, previo estudio, pero a la brava, como se hacen estas cosas en un escenario tan concreto como el que ofrece un pueblo de 4.000 habitantes, relativamente llano, diseccionado por dos carreteras y con una arraigadísima cultura de utilizar el coche para todo.

¿De ir en coche al bar a ir al cole en bici?

Con un radio de apenas 600 metros, los cascantinos, como todos sus convecinos de la ribera navarra y, en general, como todas las poblaciones rurales no han superado la dependencia del coche y todavía continúan utilizándolo para todo, incluso dentro del pueblo.

Resultaría tedioso analizar por qué hay semejante dependencia del motor, pero lo resumiremos en una mezcla de necesidad y de ostentación. Necesidad, porque estos pueblos, como todos, han ido quedando aislados, desprovistos de unabuena oferta de transporte público, y sus habitantes se han visto obligados a . buscarse la vida de manera individual, lo que les ha ido empujando a hacerse con uno o varios automóviles por familia para poder atender sus necesidades de movilidad exterior.

Este proceso, que se ha ido consumando de manera progresiva desde los años 70, ha generado una cultura que presenta la tenencia del coche no sólo como una necesidad sino como un estatus al que hay que llegar para considerarse un habitante en plenitud. Esto ha ido derivando, en las últimas décadas, en un vicio que ha conllevado a la utilización-exhibición del coche para todo: para llevar los niños al colegio, para ir a trabajar (aunque se trabaje en el propio municipio), para ir al bar, para ir al polideportivo o para quedar con los colegas.

Ridículos viajes de apenas unos centenares de metros hechos a golpe de acelerador y demostrando una prepotencia que, desgraciadamente, es refrendada por la inmensa mayoría. Estos pueblos viven presos de sus propios coches, habiendo cedido el espacio a los mismos para su circulación y para su aparcamiento, que se entiende como un derecho civil de primer orden.

El reto de la movilidad sostenible en la sociedad motorizada


Pues bien, en este pueblo, y no es el primero, se han propuesto darle la vuelta al asunto, aunque sea haciendo pequeñas tentativas, para proponer una nueva forma de moverse y para enseñar a sus menores que otro pueblo es posible. Y llevan en ello un par de años. Empezaron haciendo un Plan de Movilidad, que ha ido dando sus frutos. Hace unos meses predicaban con el ejemplo, anunciando que la Policía Local iba a patrullar en bicicleta. Ayer presentaban una iniciativa de camino escolar a modo de "bicibus" de la manera más sencilla que se puede hacer que es mediante quedadas colectivas y circulación en pelotón.


Lo llamativo de este cambio es que se hace de una manera premeditada sin necesidad de infraestructuras, sin carriles bici. Recuerdo con intensidad nuestra primera reunión en el Instituto del colindante Cintruénigo cuando, decididos a promocionar el uso de la bicicleta, la condición que nos pusieron es que se hiciera sin carriles bici, porque no hacían falta.

Es mucho más curioso cuando la próxima población Corella había apostado por el modelo opuesto y había montado toda una red de ciclovías pintadas en un fantástico azul Copenague que sentó un precedente en todo el estado. O quizá no lo sea tanto, cuando la gente, conociendo los problemas que había suscitado la implementación de semejante duplicidad viaria quisiera hacer las cosas de manera más modesta, pero a la vez más natural y más empática.


De todas maneras, hay una componente que es decisiva en estos procesos que están viviendo todas estas localidades gemelas y es que, en todas ellas, la bicicleta no ha perdido presencia social en esos años de alocada motorización y siempre han mantenido una masa crítica de gente de todas las edades y todas las condiciones que han seguido utilizándola para sus quehaceres cotidianos. Eso es lo que las diferencia del resto, que los abuelos, los padres, los hermanos y los amigos han seguido usando la bici para desplazarse. Les deseamos todo el éxito que se merecen y que a buen seguro lograrán en esta iniciativa y en las que se propongan en el futuro.

Pero estas no son iniciativas aisladas. Cada vez hay más poblaciones concienciadas y decididas a iniciar la aventura hacia la desmotorización y a hacerlo empezando por el principio, por los niños, por la educación y por la consolidación de estos valores entre los que serán una de las generaciones decisivas para hacer el cambio modal y el cambio mental que devuelva las ciudades a las personas y que dejen a los coches relegados a sus usos verdaderamente eficientes o inevitables.

Como ejemplo, en el otro extremo de Navarra pero con una casuística similar, Bera plantea una campaña de ir "al cole sin coche", al menos los miércoles.

Más ejemplos de camino escolar en este blog de referencia.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Acción, reacción, acción

Hace unas semanas denunciaba en este mismo espacio el extremo ridículo al que se había llegado en el pueblo donde vivo en el que se había distorsionado tanto la realidad que se estaba luchando denodadamente con todos los medios para tratar de justificar la necesidad de mantener un servicio de transporte colectivo para posibilitar el desplazamiento de una población escolar de varios cientos de niños y niñas un trayecto que no sobrepasaba en ningún caso los 2 kilómetros de longitud.

La denuncia causó gran revuelo e indignación entre algunos padres y motivó una contestación pública del concejal encargado del tema al día siguiente de su publicación en prensa, tachando la propuesta de teórica y casi de colaboracionista.

Un mes más tarde, descubrimos que lo que entonces se negaba y se calificaba como chifladura de advenedizos presuntuosos hoy se está haciendo como iniciativa del ayuntamiento y que es el mismo concejal que auspiciaba la imposibilidad de buscar alternativas y el mismo ayuntamiento que amparaba las movilizaciones y las llevaba hasta sede parlamentaria el que ahora encabeza una propuesta de camino escolar. Por cierto, la primera actuación ha costado la nada desdeñable cantidad de 1.500 euros.


Nos tenemos que congratular, una vez más, de que estos políticos mezquinos que tenemos, que sólo saben liderar proyectos porque son de su titularidad y les sirven para capitalizar réditos políticos y que denostan todo lo que no sale de sus filas, actúen aunque sea por reacción ante la proclamación de su ridículo o tratando de capear una situación sobrevenida. Mientras sea para bien y el tiempo perdido sea así de breve, bienvenida la reacción y enhorabuena por la iniciativa que ojalá os dé buen resultado.

Espero que ahora nadie se acuerde de que no había alternativa posible, que esa pasarela invitaba al suicidio infantil, que en el camino al pie de la misma los militares solían estar de maniobras bélicas, que los quads asesinos circulan por ahí acechando contra escolares y acompañantes y que todo esto era una majadería de un listillo que prácticamente no vivía aquí y que llevaba a sus hijos a otro colegio, más que sospechoso, apartado de un ayuntamiento que ya había hecho los deberes de la movilidad sostenible.

domingo, 14 de octubre de 2012

Hay otro camino

El caso del Colegio Mendialdea de Berriozar ha alcanzado la cota más alta de la irresponsabilidad colectiva, tratando de defender a ultranza el transporte escolar subvencionado. Lo que empezó siendo una pura pataleta a un recorte que, aunque no suficientemente argumentado, no deja de ser razonable si lo analizamos detenidamente, ha ido derivando en un asunto sobre el que se ha pronunciado oficialmente el Ayuntamiento de Berriozar, el Defensor del Pueblo de Navarra y que ha acabado en el Parlamento navarro como moción mayoritaria de toda la oposición.

Hablamos de un gasto de 230.000 euros al año para transladar a varios cientos de escolares que se desplazan poco más de un kilómetro, en el peor de los casos, en un pueblo de 9.000 habitantes.

Las razones argumentadas:
  1. Que es un servicio que se lleva prestando y sufragando durante 30 años.
  2. Que el itinerario es peligroso.
La primera razón no merece ningún análisis, pero la segunda si lo merece. Definir el itinerario como peligroso, simplemente porque quiere justificarse la necesidad de un servicio de transporte colectivo motorizado, es un ejercicio que, en este caso, raya la demagogia. Argüir que lo es porque hay que cruzar una carretera general y transitar por una zona industrial es ignorar las alternativas y, por tanto, falsear la realidad.


Para empezar, no toda la población vive al otro lado de la travesía que, aunque mantiene la categoría de carretera nacional, está muy condicionada: los pasos peatonales que no están semaforizados, están elevados y pintados de rojo y blanco para alertar y reducir la velocidad de los automóviles que circulan por ella.

En segundo lugar, hay un itinerario paralelo seguro y separado del propuesto por los demandantes que, además, se implementó por el mismo Ayuntamiento que ahora denuncia el tema hace apenas dos años. Se trata de un paso sobre la vía del tren gracias a una pasarela peatonal y ciclista que da acceso al colegio por unos caminos pavimentados que evitan atravesar una zona industrial que, además de desagradable, es casi intransitable de manera digna. Un itinerario que, además, cuenta con una acera bici hasta dicha pasarela más que aceptable. Un recorrido agradable y seguro.

Foto de Aitonak

Lo malo de este itinerario, lo que tiene realemente preocupados a los padres y madres de este centro, es que sólo puede hacerse a pie o en bici, y eso es lo verdaderamente peligroso, inconveniente, impresentable, indigno y, por lo tanto, inasumible. Nadie está dispuesto a que ningún niño vaya de casa al colegio en algo que no sea un vehículo motorizado. Eso es lo cómodo, y en eso se están gastando 1.000 euros al día.


Es preocupante la forma como se están llevando a cabo la mayoría de los recortes en los servicios sociales en los últimos meses por unos gobernantes obsesionados en contener los presupuestos de cualquier manera, pero no es menos preocupante lo que subyace detrás de reivindicaciones como estas, es decir, lo indiscutible de la propuesta y, más que eso, la ausencia de alternativas al incuestionable transporte motorizado.

Hay algo que es innegociable en nuestra sociedad: la seguridad de los menores. Pero de ahí a asociarla, en el caso de la movilidad, al transporte motorizado y desestimar cualquier alternativa como inviable hay un trayecto realmente grande. Sobre todo porque es el propio transporte motorizado el que hace peligroso ese itinerario. La sobreprotección a que sometemos a nuestros menores llega a unas cotas de insostenibilidad absolutamente espeluznantes. Tanto que ya no les permitimos desplazarse andando o en bici si no van permanentemente vigilados y acompañados por sus mayores, sean estos padres, profesores, monitores o cualquier sustituto de éstos. Y muchas veces ni así.

Estamos construyendo una sociedad, una forma de vivir alimentada por el miedo y las consecuentes inseguridad y protección, que favorece el enclaustramiento de nuestros niños y niñas, su aislamiento, la constante supervisión de los mismos, que están deviniendo en un sedentarismo y una atrofia infantil realmente preocupantes.

No quiero pensar qué hubiera pasado si, aprovechando la "oportunidad" que representaba este recorte, las apymas, en vez de defender a capa y espada el servicio de transporte en bus a perpetuidad, se hubieran organizado para llevar a los niños andando o en bici, con el apoyo de un Ayuntamiento que alardea de favorecer la movilidad sostenible.

lunes, 1 de octubre de 2012

Volver a las andadas

Está claro que para lo único que va a servir esta crisis, hasta el momento, es para replantearnos algunos de nuestros hábitos lujosos. El pilates, el cine o el vermú están pasando estragos para sobrevivir en estos tiempos aciagos. Pero también está disminuyendo notablemente el uso del coche en los viajes urbanos. En parte porque se está convirtiendo en una práctica inasumible para muchas economías domésticas, al precio que está el combustible y el aparcamiento, y en mucha mayor parte por la caída en picado de la población activa. El paro desmoviliza mucho y desmotoriza mucho más.

Sin embargo, nada apunta a que estas circunstancias estén empujando a cambiar el orden de las cosas. Al menos en lo que respecta a la movilidad urbana, la reducción en el tráfico motorizado no se está aprovechando para reconfigurar la circulación de personas y dar oportunidades a los modos que están creciendo exponencialmente. Moverse a pie o en bici siguen siendo formas de transportarse desprestigiadas en la mayoría de nuestras ciudades. Indeseables.


Como muestra el botón minúsculo pero simbólico de los padres y madres del colegio de mi pueblo que, ante la retirada del transporte colectivo subvencionado para un trayecto inferior a 2 kilómetros, se resisten a que sus hijos caminen o vayan en bici a clase porque, además de peligroso, les parece ignominioso.

La generación que estamos sobreprotegiendo, gracias a este tipo de elecciones comodonas, va a sufrir las consecuencias de una forma de vida demasiado pasiva, sedentaria y viciada. Los datos de la salud infantil son cada vez más preocupantes y son tan fáciles de remediar como cambiar los hábitos de movilidad en los viajes que lo permitan y los estudios de movilidad nos dicen que la mayoría de los tránsitos urbanos que realizamos permitirían utilizar modos no motorizados.

Volver a andar, amigas y amigos, no es una forma de regresión sino un paso adelante decisivo para recuperar la ciudad de las personas saludables. A pie o en bici. Basta con eso.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La otra semana de la movilidad, la insostenible

No es broma. La movilidad está de capa caída, la sostenible también. Aunque nos regocijemos con el incremento de ciclistas urbanos y la boyante marcha de los negocios relacionados con la venta y reparación de bicicletas, la movilidad en su conjunto sigue haciendo aguas.

El ejemplo más amargo lo tengo en la propia puerta de mi casa. Esa donde, al punto de la mañana, se apelotonan los infantes acompañados de sus mayores para esperar el autobús escolar. Ese que este curso no volverá a pasar sufragado por el erario público debido a los recortes gubernamentales.

Esta semana el colectivo escolar de mi pueblo se ha dedicado a organizar una semana de la movilización por la movilidad insostenible, sólo por preservar el derecho consolidado e inalienable de los padres y madres de adiestrar a sus hijos e hijas en la más absurda de las reivindicaciones: la del inmovilismo reivindicativo.


Estos padres y madres afectados reclaman la continuidad de un servicio de transporte escolar subvencionado por el gobierno regional que transporta a cerca de 400 escolares en 9 autobuses 4 veces al día para recorrer la distancia de 600 metros. ¡4 manzanas!

Lo de menos en este caso tan flagrante es el coste de dicha aberración y el ahorro que se va a producir en las arcas públicas, que tampoco irá destinado a otros fines, sino a recortar el presupuesto. Lo vergonzoso es la actitud de unos padres y madres, de una comunidad escolar incapaz de proponer otros medios para hacer el camino escolar más sano, más activo, más responsable, más barato y más consciente entre los niños y niñas de primaria en un pueblo que goza de buena salud demográfica y de un colegio en un entorno privilegiado, al que puede accederse de manera tranquila, agradable y activa, sin ningún tipo de dificultad, sin peligro.

Son malos tiempos para la sostenbilidad estos en los que todos y todas estamos pensando en cómo salvar nuestro culo, cómo mantener nuestros privilegios, cómo conservar nuestro bienestar o lo que creemos que es eso y cómo hacernos más egoistas en respuesta a tanto castigo y recorte social y político. Es lo que tiene la estupidez colectiva, que por pura agregación acaba autojustificándose y haciéndose más reaccionaria.


¿Quién pagará el pato esta vez? Sin duda los menores, víctimas de la miopía de sus padres, incapaces de ver que, otra vez más, las pretendidas dificultades sólo presentan oportunidades inmejorables de cambio y de mejora.

Otra vez más el miedo, la sobreprotección, la abulia y la insensatez colectiva construyendo una sociedad, un entorno y una convivencia cada vez más viciada y más insostenible.

sábado, 15 de septiembre de 2012

La Vuelta al Coche

Empieza una nueva temporada. Septiembre marca la vuelta a la actividad, a las rutinas. El nuevo curso, el nuevo año empieza, en contra de los que nos quieren vender, en Septiembre. Cuando acaban las vacaciones escolares, después de las operaciones retorno, con las crisis posvacacionales, por si no tuviéramos suficiente con las sistémicas.

En Septiembre la intensidad se recupera y las ciudades recobran su hiperactividad que, entre muchos otros síntomas, produce la hipermovilidad a la que nos vemos sometidos, si se practica en coche.


El viaje al cole multiplica las necesidades de movilidad de la gente que, con la excusa de aprovechar el viaje y con el argumento de la peligrosidad de las calles, hace viajes imposibles en tiempos record para colocar a sus hijos en sus colegios, y después correr atropelladamente hacia sus destinos finales.

En este clima conocido y reconocible, la convención europea ha decidido introducir la Semana de la Movilidad Sostenible que ya nos hemos acostumbrado también a celebrar en estas fechas. Esa escenificación de buenas intenciones que nos hace recordarnos precisamente eso: que no tenemos mucho más que intenciones, que somos pecadores convencidos y que aceptamos la penitencia.

Volvemos a la carga.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Llevar a tus hijos al cole en bici está perseguido

Ha explotado en internet el caso de un padre de Pozuelo que fue advertido por la policía local de esa población madrileña por llevar a sus hijas en su bici al cole. Se han hecho eco de la noticia hasta el pope del ciberbiciespacio Copenhagenize y la ECF European Cyclists' Federation. La lluvia de comentarios no se ha hecho esperar. Ignominia, vergüenza, subdesarrollo... la gente ha dado rienda suelta a su exaltación.


No quiero abundar en el caso concreto, pero sí me parece oportuno recordar que en este país la ley no está a favor del transporte de criaturas en bicis ni en remolques y es un asunto crucial en una sociedad altamente motorizada precisamente por este motivo: el transporte escolar es la gran excusa para utilizar el coche. Uno de los argumentos que más utiliza la gente para recurrir inevitablemente al coche en sus desplazamientos urbanos es que tienen que llevar a sus churumbeles al cole, a la guardería, al instituto o a cualquier sucedáneo de los mismos.

Llevarlos en coche está protegido

Y resulta curioso el celo de muchos agentes de la ley en perseguir malhechores en bicicleta a la vez que se relajan ante las transgresiones de los padres automovilistas y facilitan y dan cobertura a prácticas como la doble fila, la invasión de pasos de cebra, las maniobras irregulares y la violencia vial en los accesos a los centros de menores.



Más de lo mismo

El otro día me comentaba un compañero que la policía local de Pamplona le había parado, por segunda vez en menos de un mes, para comprobar si llevaba a algún chiquillo en su remolque Chariot cuando venía de camino a Mundoraintxe. En ambas el carro iba vacío, lo cual no ha servido para amilanar a los servidores de la ley a mantener su vigilancia hacia el forajido con su carromato.

- Ya sabes que está prohibido usarlos en la calzada ¿no?
- Sí, sí, pero yo nunco voy por la calzada cuando llevo a mi hijo.

Arguye intimidado, como si fuera posible o recomendable hacerlo.

- Ah vale - advierte el agente. Y prosigue- Por cierto ¿ese compañero tuyo que lleva a dos niños en un tandem? ¿Eso está homologado?

¡Me han pillado! ¡Y por lo visto nos han abierto ya una linea de investigación! Es lo que tiene el crimen organizado. De momento sigo siendo un fugitivo, ya veremos cuánto me dura.

Artículo relacionado
- Los jinetes del Apocalipsis van en bici

domingo, 11 de diciembre de 2011

Dejar que los niños se acerquen

Es un ejercicio realmente interesante dejar a los niños que hablen y que opinen sobre temas que les afectan pero que parece que sólo estén reservados a los mayores. Un ejemplo: cómo ir a la escuela. Otro: cómo jugar en la calle. Muy poca gente les da la oportunidad de expresarse y se pierden un montón de pistas buenas, de problemas cotidianos y de soluciones fáciles.

Los niños no tienen prejuicios, ni miedos más allá de los que les han enseñado a reproducir en casa,  tampoco tienen una serie de condicionantes respecto a lo que se puede o no se puede hacer, ni siquiera consideran que las calles sean algo rígido e inamovible. Eso y que son frescos, alegres, valientes, descarados y descabellados, ayuda mucho a buscar muchas soluciones en las que ellos pueden ser verdaderos protagonistas.

Los mayores nos inventamos fórmulas como la tormenta de ideas, para intentar ser atrevidos u originales a la hora de salir de atolladeros o de crear nuevas oportunidades. Jugamos a ser niños. A ellos les sale natural.

Pero que no repitan las ideas de sus padres...

Trabajar con niños es sin duda intenso, emocionante y muchas veces agotador y hasta desquiciante, pero merece la pena cuando ellos también son los encausados. El problema es que muchas veces cuando lo hacemos tratamos de orientarles hacia lugares comunes o respuestas esperadas, porque no estamos dispuestos a jugar con determinadas cosas. Y así orientamos las dinámicas, dirigimos las preguntas, moderamos en exceso sus propuestas o descartamos alegremente sus ideas.

Los niños, como las personas ancianas, aportan una visión distinta de la realidad que resulta esencial a la hora de construirla.

Muchas iniciativas encaminadas a protegerlos no cuentan con su aprobación ni con su participación y luego nos sorprendemos de los resultados. Hacer que los niños lideren propuestas y se sientan protagonistas y corresponsables es vital para que éstas salgan adelante y os sorprenderá su nivel de implicación y de compromiso y lo que son capaces de arrastrar en el núcleo de sus familias.

... porque si no tendremos "niños loro"...

En los últimos días, se me han juntado varias noticias relacionadas con niños y bicicletas. Por un lado, el Ayuntamiento de Eivissa ha dado la oportunidad de expresarse a sus escolares respecto a sus propuestas para mejorar la movilidad en la capital balear haciendo un remedo de pleno infantil. El único problema quizá es que sólo se reprodujeron los lugares comunes del asunto (carril bici, bici pública, coches y autobuses eléctricos) y no se dió rienda suelta a la creatividad infantil.

... y necesitaremos "carriles niño" para que se desplacen

Una visión diferente llega desde el Ayuntamiento de Málaga, que no se sabe muy bien si por falta de profundización en la propuesta o por un empecinamiento en el tema carrilista estudia crear un carril exclusivo para que los niños vayan al colegio. Me gustaría saber si les preguntado a ellos o simplemente se los imaginan, pobrecillos, jugando al tren chuchú y el primero, angelito, haciendo pipiiiii chucuchucuchucu...

Para mi que eso del camino escolar no consistía en hacer vías segregadas para niños (ya es el colmo) sino en mejorar el entorno escolar y, sobre todo, en reforzar las habilidades de los menores a la hora de desplazarse en su itinerario al colegio y proveerles de herramientas y ayudas que les faciliten sus tránsitos, como ir en grupo, tener comercios asociados, voluntarios observadores y cosas así. Por lo visto estaba equivocado y esto no era suficientemente interesante para mejorar la autonomía de sus menores y les van a hacer carriles... otra vez.

Eso y el casco, ¡por supuesto! ¡Ningún niño sin casco, por favor! ¡Ni sin chaleco! Que no se olviden que estamos en guerra. No seamos irresponsables. Yo me acuerdo cómo hace unos años los niños caían como moscas de los golpes que se daban en la cabeza cuando andaban en bici o patinaban o cuando corrían demasiado...



¿Qué futuro les espera?

Hoy leo que los niños aprenden antes a manejar el PC que la bicicleta, así que esto no tiene visos de cambiar a corto plazo. Pero ¿qué se puede esperar del futuro? Por suerte, el futuro se construye día a día y todo apunta a que este modelo de economía y de asentamiento urbano no es sostenible y el que viene tratará de recuperar las ciudades para que sean más compactas, más habitables, más tranquilas, más amables, más seguras, más cercanas, en definitiva, más humanas. Ciudades en las que no se necesita tanto el coche porque las distancias se recorren andando o en bici. En esas ciudades, los niños y los mayores podrán recuperar la calle como espacio de encuentro, de compra y de socialización. Ese es el reto.

martes, 13 de septiembre de 2011

El cielo puede esperar... porque vamos en bicicleta

Lanzaba hace un par de días la consigna de que "El paraíso ciclista no existe" animando a hacer una labor introspectiva de revalorización de lo que tenemos cerca y de lo que debemos conservar antes de lanzarnos a imitar modelos de otras latitudes. Hoy redundo en ello. Resulta difícil remontar el vuelo después de una noticia como la de ayer, pero es, hoy más que nunca, imprescindible.


No podemos esperar a que se reconfigure todo nuestro entorno para empezar a vivir a nuestro estilo o a cambiar nuestros hábitos. Hay que interactuar en una realidad para cambiarla y, sobre todo en bicicleta, el movimiento se demuestra andando. Por donde se pueda y como se pueda. Primero con pasos titubeantes, después con pedaleo decidido, con prudencia, con dignidad, con seguridad, con respeto, siendo visibles, ocupando un espacio, el que nos merecemos, porque tenemos derecho y porque nos hemos hecho acreedores ya que nuestra forma de desplazarnos es beneficiosa para todos.

Empezando por nosotros mismos. Andar en bici asiduamente da tono vital, muscular y mental, da karma. No os voy a decir que da felicidad, pero sí da bienestar, buen punto. No es la primera vez que mantengo una conversación con alguien que se incorpora a esto de la bicicleta como medio de locomoción habitual y afirma que lo más positivo es la forma en la que llega a su actividad: despierto, activo, tranquilo y con una sonrisa. Los que antes iban en coche o en bus son los que más promulgan esta visión.

Tampoco soy el único que hace conteos en sus trayectos habituales y, en mi histórico, las personas que se mueven en bicicleta se han multiplicado por 3 en los últimos años. Así pues, es más una cuestión de tiempo, de pura comunicación de experiencias, de envidia de ese ciclista que fluye cuando el tráfico se colapsa, de onda expansiva y de masa crítica (de la de todos los días) que esto vaya para adelante de una manera irremediable. Mucho más que a base de grandes infraestructuras, de bicicletas públicas, de registro de bicicletas, de semanas del asunto y de campañas institucionales magníficas. ¿Un millón más para 2015? Eso se consigue por pura inercia.

De todas maneras, hay un montón de iniciativas que, bien organizadas, pueden tener unos resultados realmente espectaculares en poco tiempo, pero que van para largo. Un ejemplo: la Ikastola Salbatore Mitxelena de Zarautz. Otro: el colegio Landako Eskola de Durango. Y, como estos, muchos más. Que hacen que eso de andar en bici (o pie) sea cada vez más terrenal, menos divino.


El cielo puede esperar por mi y por cada vez más personas, que vamos a pedalear todos los días porque eso ocurra, y, aunque "Sin bicicletas no hay paraíso", ya dije al principio que "El paraíso ciclista no existe" así que, que nos dejen en paz los que venden la moto y que no nos venden más los ojos, que solos ya vemos.

Además, que no se preocupen por nosotros los del cielo porque, yendo en bici, vamos despacio pero seguiro que llegamos puntuales.

viernes, 18 de marzo de 2011

Caperucita se llama Marta... y no teme al "coche feroz"

El pasado día mencionaba una exposición itinerante del CENEAM que bajo el nombre de "Caperucita camina sola" planteaba, de una manera bastante siniestra, la problemática de la autonomía infantil. Hoy he conocido esta auténtica joya que ha producido Almansa en Bici. Mucho más vital, más alegre, más natural, más amable, más fácil, sin tanto miedo, sin "coche feroz", sin la "necesidad ineludible" de proponer carriles bici, sin amaneramiento. Así da gusto. Enhorabuena.


Una bici cambia el mundo from acalmansa on Vimeo.
Este tipo de documentos deberían incorporarse de una manera obligatoria en la enseñanza primaria a nivel estatal. Esto y una educación vial menos orientada al coche, cursos para consolidar las habilidades de nuestros menores para ser más autónomos con sus bicicletas... y a pie.