No. Nos hacemos mayores cometiendo los mismos errores una y otra vez, haciendo las mismas estupideces, empecinados. Un ejemplo, viajar en bici. No espabilamos pese a que estemos advertidos más que suficientemente de los problemas que nos podemos encontrar cuanto nos aventuramos a visitar otras partes del mundo a lomos de una bicicleta.
Y así seguimos apareciendo en autobuses, trenes y aviones con nuestros pesados bultos pretendiendo que tenemos derechos como clientes y pretendiendo también que no nos vamos a encontrar ningún tipo de dificultades. Y nos volvemos a sorprender cuando comprobamos que no es así, que hay que pagar sobrecargo aunque nuestro bulto cumpla todos los requisitos y ni pesen ni ocupen más de lo estipulado. Pero tragamos, porque es mayor nuestra ilusión y nuestro ánimo que unos cuantos contratiempos, porque la satisfacción de la práctica del cicloturismo nos compensa todos esos sinsabores.
A mi me ha pasado otra vez, una vez más, en estos días de paréntesis que me he tomado para perderme, incomunicado, en lo más profundo de la Toscana italiana. He pagado por la bici en autobuses y aviones, lo cual no les ha impedido a unos mirarme como sospechoso y a otros perdérmela y maltratarla.
Pero no nos damos por vencidos. Seguimos reincidiendo, desoyendo a nuestro propio fuero interno y a las recomendaciones de nuestros allegados que tratan de disuadirnos sin éxito.
¿Por qué sera?
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lunes, 14 de octubre de 2013
lunes, 8 de julio de 2013
El mayor problema para viajar en bici es...
El transporte hasta el inicio y desde el final de nuestro
viaje. Recuerdo como si fuera ayer, sobre todo cuando vienen estos días
calurosos, que cuando éramos chavales (de eso hace ya unas décadas) la
única oportunidad que teníamos para practicar el cicloturismo era agarrar
nuestras bicicletas, cargarlas en la misma puerta de nuestra casa y salir desde
ahí hasta donde nos aguantaran las fuerzas y nos diera tiempo. Y luego volver. Recuerdo que marcábamos en un gran mapa las rutas que íbamos
“conquistando” a golpe de pedal y recuerdo cómo se fue configurando una flor
con pétalos multicolores, los que representaban a otros tantos bucles grandes o
pequeños que invariablemente nacían y morían en nuestra ciudad.
Con el paso del tiempo, la cosa fue mejorando. Primero,
aprovechando las vacaciones de nuestros familiares en lugares más o menos
desplazados, lo cual nos permitía hacer travesías más o menos largas, luego,
haciéndonos acompañar por conductores desinteresados que nos posibilitaban la
itinerancia y nos acomodaban el campamento, los hubo incluso que nos proveían
de avituallamiento. Cuando hubimos completado las rutas a nuestro alcance
(aunque nunca se acaben de completar), empezamos a desplazarnos, en coche, a
otros emplazamientos y volvimos a repetir los pasos anteriores, primero bucles
y luego también travesías.
Buses, trenes y aviones
Buses, trenes y aviones
La mayoría de edad y el verdadero calvario no lo conocimos hasta
que no nos propusimos dar saltos más importantes en el mapa que conllevaban,
necesariamente, tener que tomar largos trenes o vuelos. Fue entonces cuando
descubrimos que la práctica del cicloturismo se puede convertir en un verdadero
infierno. Largas peregrinaciones con grandes bolsas y cajas a cuestas,
interminables negociaciones por las tasas abusivas que nos querían cobrar por
nuestras bicis, disgustos tremendos al comprobar cómo trataban a nuestras
queridísimas bicicletas, averías provocadas por dicho maltrato… el precio a
pagar por disfrutar de unos días, unas semanas o unos meses pedaleando por
lugares recónditos era muy caro.
Tantos fueron los inconvenientes, que, al final, cada vez
que nos proponíamos un destino, una de las cosas que más nos disuadía era
precisamente eso: la penitencia antes y después del viaje. Hasta que
descubrimos dos cosas: la logística y la proximidad.
O proximidad y logística
Cuando te has ido a la otra punta del mundo para andar en
bici lo que descubres es que las sensaciones a diezmil kilómetros no son muy diferentes a las
que puedes experimentar a pocos kilómetros de tu casa. La emoción, la
incertidumbre, la intensidad dependen más de la predisposición y de la actitud
que de la distancia del destino. Lo único que las diferencia es la cultura de
las gentes que habitan esos lugares. Por eso, muchas veces, tratando de buscar
grandes experiencias remotas nos perdemos los tesoros que tenemos al alcance de
la mano.
Pero si lo que buscamos es una mayor comodidad en los
tránsitos, a lo que tenemos que recurrir es a simplificar nuestra logística.
Claro que tendremos que pagar algo por ello, pero muchas veces nos va a
compensar no tener que viajar arrastrando nuestras monturas por estaciones y
aeropuertos. Podemos enviar nuestra bicicleta, podemos alquilar una bicicleta
en destino o podemos mandar a recogerla cuando acabemos nuestra ruta. Esto nos
aliviará mucho los ya de por sí cansinos pasos por áreas de espera,
ventanillas, colas de embarque y puestos fronterizos.
Si es en nuestro entorno inmediato, hay múltiples empresas
que nos pueden prestar estos servicios. Si necesitamos poner nuestra bici en
otro lugar, hay también quienes se han especializado en el tema a unos precios
realmente razonables. Pero nunca hay que desestimar la posibilidad de alquilar
bici y equipajes en el destino, siempre que quien nos lo provea demuestre
solvencia y calidad. Nosotros ahora usamos esta y disfrutamos como enanos.
martes, 25 de junio de 2013
Viajar con niños en bicicleta
Pequeños y bicicletas no sólo son compatibles, son una aventura digna de experimentarse si se tiene la oportunidad. Más si los pequeños son los tuyos. Es una manera excepcional de redescubrir las relaciones personales, tan viciadas y tan condicionadas en otros muchos momentos. De viaje en bici la relación es mucho más fuerte, es de pura camaradería, de compañerismo, de dependencia, de solidaridad y de comprensión del más débil. Y eso, yendo con menores es siempre mucho más acusado.
Pero además es una oportunidad de aprender una forma de viajar que implica necesariamente aprender a valorar el camino mucho más que la meta y eso a muchos menores, acostumbrados a ser llevados de un lado a otro como ganado, les cuesta mucho comprender y a sus mayores a veces mucho más. El "¿cuánto falta?" debe reformularse en "mira qué chulo" o "fíjate en eso". Cuando tienes todo el día para llegar, lo que menos vale es la llegada, porque hay que disfrutar todo el día y es entonces cuando el camino cobra relevancia e interés.
Por eso hay que procurar que haya alicientes durante toda la jornada: una parada en una fuente, un avituallamiento improvisado, un lugar de recreo a medio camino, la hora de comer, la sobremesa, un río o una piscina, una consulta en el mapa, en el móvil o en el GPS, todo debe ser motivo para despertar el interés de los menores hacia cosas y actividades que normalmente no se hacen.
Y la improvisación. Ese tesoro tan despreciado y tan olvidado en la sociedad de la información y de la planificación excesiva. La improvisación, el cambio de planes, la forma de afrontar y superar las pequeñas incidencias inevitables y casi deseables, es, sin duda, uno de los mayores alicientes y uno de los mejores descubrimientos en un viaje. Debe serlo. Mejor que los grandes hitos y las atracciones. Y es uno de los mejores aprendizajes cuando se está descubriendo "la vida de los mayores".
Viajar con niños es, pues, más intenso y muchas veces muy exigente, pero es una oportunidad de oro para comprobar sobre el terreno que la vida, la que sucede ahí fuera, esa que es tan atractiva como incontrolable, es la mejor escuela para nuestros menores y un viaje en bicicleta incrementa la vivencia increíblemente convirtiéndose en una escuela también para los mayores. Y en una cura de humildad.
Un saludo desde la ruta. Dos, otro de mi compañero de aventuras.
Pero además es una oportunidad de aprender una forma de viajar que implica necesariamente aprender a valorar el camino mucho más que la meta y eso a muchos menores, acostumbrados a ser llevados de un lado a otro como ganado, les cuesta mucho comprender y a sus mayores a veces mucho más. El "¿cuánto falta?" debe reformularse en "mira qué chulo" o "fíjate en eso". Cuando tienes todo el día para llegar, lo que menos vale es la llegada, porque hay que disfrutar todo el día y es entonces cuando el camino cobra relevancia e interés.
Por eso hay que procurar que haya alicientes durante toda la jornada: una parada en una fuente, un avituallamiento improvisado, un lugar de recreo a medio camino, la hora de comer, la sobremesa, un río o una piscina, una consulta en el mapa, en el móvil o en el GPS, todo debe ser motivo para despertar el interés de los menores hacia cosas y actividades que normalmente no se hacen.
Y la improvisación. Ese tesoro tan despreciado y tan olvidado en la sociedad de la información y de la planificación excesiva. La improvisación, el cambio de planes, la forma de afrontar y superar las pequeñas incidencias inevitables y casi deseables, es, sin duda, uno de los mayores alicientes y uno de los mejores descubrimientos en un viaje. Debe serlo. Mejor que los grandes hitos y las atracciones. Y es uno de los mejores aprendizajes cuando se está descubriendo "la vida de los mayores".
Viajar con niños es, pues, más intenso y muchas veces muy exigente, pero es una oportunidad de oro para comprobar sobre el terreno que la vida, la que sucede ahí fuera, esa que es tan atractiva como incontrolable, es la mejor escuela para nuestros menores y un viaje en bicicleta incrementa la vivencia increíblemente convirtiéndose en una escuela también para los mayores. Y en una cura de humildad.
Un saludo desde la ruta. Dos, otro de mi compañero de aventuras.
domingo, 23 de junio de 2013
Biajar con b... de bici
Nefasto. Así se ha presentado el tiempo durante toda esta primavera. La bicicleta, con tanta agua y digamos lo que digamos los puristas que promulgamos que la lluvia no representa un inconveniente, no resulta tan cómoda ni tan atractiva. El buen tiempo hace mucho para animar a la gente a optar por la bici. Y se ha hecho de rogar mucho este año.
Pero ha llegado justo en el momento preciso: con las vacaciones. Las de los estudiantes, me refiero. Esta es la primera semana lejos de las aulas (sin "j") y en la calle se respira otro ambiente, con toda la chavalería. Es el momento de proponer planes: excursiones, campamentos, estancias, retoce o viajes con mayúsculas.
En nuestro caso, los viajes con mayúsculas se escriben con b, de bicicleta, por supuesto.

Biajar en bicicleta es una manera incomparable de recorrer un territorio, de visitarlo, de conocerlo, de sentirlo. Muchas veces hemos hecho referencia a eso, y, sin embargo, nunca es suficiente. Porque es un lujo al alcance de cualquiera y a la medida de cada cual.
Biajar en bicicleta permite avanzar sin perderse detalle, respirar el aire, conocer los rincones, pararte en cualquier sitio, valorar las pequeñas cosas, esas que pasan desapercibidas cuando se viaja en cabinas aisladas.
Biajar en bicicleta reduce la ansiedad por alcanzar el destino porque el destino no es el único objetivo y muchas veces no es el más importante, porque el placer reside en el itinerario, en la traslación, en el camino.
Biajar en bicicleta, en definitiva, es una forma de vivir el viaje realmente intensa, personal e irrepetible.
Nos vemos en el camino, con minúsculas.
Pero ha llegado justo en el momento preciso: con las vacaciones. Las de los estudiantes, me refiero. Esta es la primera semana lejos de las aulas (sin "j") y en la calle se respira otro ambiente, con toda la chavalería. Es el momento de proponer planes: excursiones, campamentos, estancias, retoce o viajes con mayúsculas.
En nuestro caso, los viajes con mayúsculas se escriben con b, de bicicleta, por supuesto.
biajar con b
- intr. Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por el medio de locomoción más agradable, la bici
- Recorrer un medio de transporte una distancia a pedales
- Ser transportada una mercancía por una bicicleta
- col. Estar bajo los efectos de un alucinógeno:

Biajar en bicicleta es una manera incomparable de recorrer un territorio, de visitarlo, de conocerlo, de sentirlo. Muchas veces hemos hecho referencia a eso, y, sin embargo, nunca es suficiente. Porque es un lujo al alcance de cualquiera y a la medida de cada cual.
Biajar en bicicleta permite avanzar sin perderse detalle, respirar el aire, conocer los rincones, pararte en cualquier sitio, valorar las pequeñas cosas, esas que pasan desapercibidas cuando se viaja en cabinas aisladas.
Biajar en bicicleta reduce la ansiedad por alcanzar el destino porque el destino no es el único objetivo y muchas veces no es el más importante, porque el placer reside en el itinerario, en la traslación, en el camino.
Biajar en bicicleta, en definitiva, es una forma de vivir el viaje realmente intensa, personal e irrepetible.
Nos vemos en el camino, con minúsculas.
domingo, 12 de agosto de 2012
La esencia del cicloturista
Recuerdo en mis tiempos de viajero hiperactivo en bicicleta que estábamos empeñados en marcar una frontera infranqueable que separaba al viajero del turista y que, básicamente, los diferenciaba por su actitud cuando visitaban países que no eran el suyo. Así el viajero era una persona que trataba de descubrir la parte auténtica de la ruta que había elegido, diseñada por ella misma, de acuerdo con unos objetivos y unos intereses casi personales, mientras que el turista era un mero consumidor de productos dirigidos por toda una industria montada para atraer visitantes y con productos terminados, normalmente masivos y masificados, normalmente comercializados dentro de paquetes con toda una mercadotecnia alrededor.
Según esta división el turista era una víctima, una presa de un mercado interesado, mientras que el viajero era el protagonista de su propio viaje. El turista debía cumplir y comprobar toda una serie de hitos y expectativas que le eran dadas y el viajero dependía sólo de su capacidad de investigar, improvisar y maravillarse por las pequeñas cosas, por los detalles, por las personas y los parajes tal y como eran, sin espectáculo y sin marketing alrededor.
El tiempo pasa y la experiencia te enseña que nada es puro, como nada está totalmente contaminado, que en todos los sitios hay cosas auténticas y que la propia mercadotecnia turística es una realidad en sí misma, digna de conocerse y descubrirse, con sus ambientes, su encanto y sus protagonistas, basta con tener las ganas de verlas así y de disfrutarlas.
Así, cuando hablemos de cicloturismo, tratemos de poner el acento en la actitud, más que en el producto. Porque no se puede esperar eternamente, a semejanza de lo que ocurre con los carriles bici, a que una ruta esté perfectamente diseñada, señalizada y aparejada y conveniente segregada para catalogarla como cicloturista. Ejemplos: el Danubio, el Canal del Midi o el Camino de Santiago (salvando las distancias).
La esencia del cicloturismo debe radicar en el propio protagonista y en su capacidad de descubrir, improvisar, interactuar y maravillarse. Sólo así seremos capaces de promocionar y proteger esta variedad de viaje que no es comparable con ninguna otra, y, con ella, el encanto de las carreteras secundarias, de las pistas locales, de los pueblos olvidados, de los lugares "vírgenes"... y de aquellos que no lo son. Y eso no depende del tipo de bicicleta, de la calidad de los accesorios, de si se viaja con alforjas o no... esas son cuestiones menores, aunque pueden condicionar tu forma de viajar de manera determinante.
Salud, pedales y a descubrir mundo.
Según esta división el turista era una víctima, una presa de un mercado interesado, mientras que el viajero era el protagonista de su propio viaje. El turista debía cumplir y comprobar toda una serie de hitos y expectativas que le eran dadas y el viajero dependía sólo de su capacidad de investigar, improvisar y maravillarse por las pequeñas cosas, por los detalles, por las personas y los parajes tal y como eran, sin espectáculo y sin marketing alrededor.
El tiempo pasa y la experiencia te enseña que nada es puro, como nada está totalmente contaminado, que en todos los sitios hay cosas auténticas y que la propia mercadotecnia turística es una realidad en sí misma, digna de conocerse y descubrirse, con sus ambientes, su encanto y sus protagonistas, basta con tener las ganas de verlas así y de disfrutarlas.
Así, cuando hablemos de cicloturismo, tratemos de poner el acento en la actitud, más que en el producto. Porque no se puede esperar eternamente, a semejanza de lo que ocurre con los carriles bici, a que una ruta esté perfectamente diseñada, señalizada y aparejada y conveniente segregada para catalogarla como cicloturista. Ejemplos: el Danubio, el Canal del Midi o el Camino de Santiago (salvando las distancias).
La esencia del cicloturismo debe radicar en el propio protagonista y en su capacidad de descubrir, improvisar, interactuar y maravillarse. Sólo así seremos capaces de promocionar y proteger esta variedad de viaje que no es comparable con ninguna otra, y, con ella, el encanto de las carreteras secundarias, de las pistas locales, de los pueblos olvidados, de los lugares "vírgenes"... y de aquellos que no lo son. Y eso no depende del tipo de bicicleta, de la calidad de los accesorios, de si se viaja con alforjas o no... esas son cuestiones menores, aunque pueden condicionar tu forma de viajar de manera determinante.
Salud, pedales y a descubrir mundo.
jueves, 9 de agosto de 2012
Días de playa
Tocaba parar. Y dedicarse a la vida contemplativa, al placer de no hacer nada, al cambio de rutinas, a andar en bici, nadar y retozar. A escuchar música, a leer y a cotillear la conversación de Iphone de la vecina de toalla, que está encantada de estar desenamorada de ese tío que no le merecía y de poder contarlo una y otra vez. Tirarse a la bartola tiene su premio. La placidez de estas playas norteñas es el remedio a estas olas de calor que deben andar sufriendo por ahí. Aquí no se nota el sofoco. Así que vamos a resistir unas semanas.
Saludos desde el paraíso y hasta la vuelta (con minúscula).
Saludos desde el paraíso y hasta la vuelta (con minúscula).
lunes, 16 de enero de 2012
Cicloturismo urbano
Una Brompton, dos cámaras de fotos, una de video, algo de ropa, unos billetes de transporte colectivo y unas reservas en unos cuantos hoteles baratos, es suficiente equipaje para proponerse una semana de cicloturismo que, en invierno y con las temperaturas que hay que afrontar, mejor proponérselo de visita de unas cuantas ciudades en las que el sol da mejores resultados que en la tuya. Eso y unos cuantos amigos y amigas que visitar, que es más un privilegio que una condición.
Una semana da tiempo para ver mucho. Demasiado. Aunque no da tiempo de digerirlo. La visión directa de la realidad es lo que tiene, que es difícil de conceptualizar, de relativizar, de encasillar. Es una vivencia y, como tal, requiere un cierto tiempo de digestión antes de tratar de interpretarla, de expresar algo sobre ella.
Es algo realmente nuevo para mi, pese a que muchas veces he practicado la intermodalidad en muchas de mis visitas, con resultados inmejorables. Cuando vas porque te da la gana, sin más objetivos que dar una vuelta, visitar, ver, pasear, mantener unas cuantas conversaciones jugosas y catar unos cuantos platos sabrosos, la cosa cambia. Para mejor.
Es un verdadero lujo. Una verdadera comodidad. Presentarse en el centro de una ciudad con una bicicleta desplegable en la mano que es capaz de moverte con soltura, con agilidad por sus calles, visitando sus rincones, acudiendo a las citas, interactuando con sus habitantes. Es un privilegio que está al alcance de cualquiera pero que sólo unos pocos practicamos, no acabo de entender muy bien por qué.
El caso es que he estado una semana visitando algunas capitales mediterráneas y las impresiones han sido inmejorables. Con sus cosas y sus casos, con sus peros y sus temas pendientes, pero siempre es un descubrimiento ver en directo la realidad en comparación a retransmitirla y hablar con algunos de los protagonistas de la misma. En primera persona.
Un placer. Un lujo.
Una semana da tiempo para ver mucho. Demasiado. Aunque no da tiempo de digerirlo. La visión directa de la realidad es lo que tiene, que es difícil de conceptualizar, de relativizar, de encasillar. Es una vivencia y, como tal, requiere un cierto tiempo de digestión antes de tratar de interpretarla, de expresar algo sobre ella.
Es algo realmente nuevo para mi, pese a que muchas veces he practicado la intermodalidad en muchas de mis visitas, con resultados inmejorables. Cuando vas porque te da la gana, sin más objetivos que dar una vuelta, visitar, ver, pasear, mantener unas cuantas conversaciones jugosas y catar unos cuantos platos sabrosos, la cosa cambia. Para mejor.
Es un verdadero lujo. Una verdadera comodidad. Presentarse en el centro de una ciudad con una bicicleta desplegable en la mano que es capaz de moverte con soltura, con agilidad por sus calles, visitando sus rincones, acudiendo a las citas, interactuando con sus habitantes. Es un privilegio que está al alcance de cualquiera pero que sólo unos pocos practicamos, no acabo de entender muy bien por qué.
El caso es que he estado una semana visitando algunas capitales mediterráneas y las impresiones han sido inmejorables. Con sus cosas y sus casos, con sus peros y sus temas pendientes, pero siempre es un descubrimiento ver en directo la realidad en comparación a retransmitirla y hablar con algunos de los protagonistas de la misma. En primera persona.
Un placer. Un lujo.
lunes, 14 de noviembre de 2011
Este tipo es un payaso
Bromas aparte, este tipo es realmente un payaso y, además de eso, es uno de los grandes cicloviajeros que actualmente rulan por el mundo. Alvaro Neil es Biciclown, el "Ciclopayaso". Todo un personaje, toda una persona, toda una vida dedicada a andar en bici y conquistar mundos, personas, a base de risas, de sonrisas. Sus muecas, sus chistes, sus invenciones, sus salidas, su forma de ver la realidad, distorsionada por su kaleidoscopio de humor, aumentada por la intensidad de la itinerancia en bicicleta, en su bicicleta, que es a la vez su compañera, su vehículo y su casa.
Biciclown es un tipo que bien merece un homenaje. Y en Pamplona se lo vamos a dar. El próximo sábado 19 de Noviembre a las 19:00 horas en el Salón Audivisión 1 del Colegio Salesianos en la calle Aralar 7 se va a proyectar su documental "La Sonrisa del Nómada", justo cuando se cumplen 10 años desde que Alvaro comenzó su aventura de unir sonrisas y cicloturismo. Toda una oportunidad para reunirse alrededor de una de esas historias personales irrepetibles, singulares, simpáticas y además originales.
Además de poder ver el audiovisual, sus amigos se han puesto en contacto con él, que les ha confirmado que estará disponible para mantener una cita en directo gracias a la cibertecnología y estará encantado de dialogar con nosotros.
A modo de aperitivo...
Biciclown es un tipo que bien merece un homenaje. Y en Pamplona se lo vamos a dar. El próximo sábado 19 de Noviembre a las 19:00 horas en el Salón Audivisión 1 del Colegio Salesianos en la calle Aralar 7 se va a proyectar su documental "La Sonrisa del Nómada", justo cuando se cumplen 10 años desde que Alvaro comenzó su aventura de unir sonrisas y cicloturismo. Toda una oportunidad para reunirse alrededor de una de esas historias personales irrepetibles, singulares, simpáticas y además originales.
Además de poder ver el audiovisual, sus amigos se han puesto en contacto con él, que les ha confirmado que estará disponible para mantener una cita en directo gracias a la cibertecnología y estará encantado de dialogar con nosotros.
¡Estáis invitados!
A modo de aperitivo...
jueves, 23 de junio de 2011
Visiones en el Camino
Ayer dimos por concluída nuestra pequeña aventura por tierras castellano-leonesas siguiendo la ruta milenaria del Camino de Santiago sin pena ni gloria, pero con satisfacción y con la sensación de haber hecho algo emocionante: surcar en bicicleta este mar de lomas y vaguadas, sembrado de pueblos únicos, irrepetibles, que conservan una buena parte de su historia antigua y reciente. Pueblos donde subsisten todavía en pie algunas construcciones hechas en adobe, donde parece que el tiempo se haya detenido, que se pueda repasar, con sus luces y sus sombras, donde el deterioro de las cosas es tan real que acaba siendo estético. Historia, historias, reliquias y despojos. Todo envuelto en una luz mágica, en un ambiente místico, en un aroma añejo.
También hemos visto un par de "facilidades" para ciclistas, fórmulas que simbolizan parches para kilómetros y presuntas vías ciclables que no son más que caminos (aunque otra vez más las señales azules y redondas vuelven a significar obligación y, por tanto, prohibición de circulación por la calzada). Empezamos mal.
Por suerte, hay algunas iniciativas privadas que facilitan de verdad el discurrir de los ciclistas en un Camino pensado para los viandantes.
Todo se andará...
También hemos visto un par de "facilidades" para ciclistas, fórmulas que simbolizan parches para kilómetros y presuntas vías ciclables que no son más que caminos (aunque otra vez más las señales azules y redondas vuelven a significar obligación y, por tanto, prohibición de circulación por la calzada). Empezamos mal.
Por suerte, hay algunas iniciativas privadas que facilitan de verdad el discurrir de los ciclistas en un Camino pensado para los viandantes.
Todo se andará...
lunes, 20 de junio de 2011
Cicloturista, no hay Camino...
... sólo si vas en mountain bike. Sí, después de 30 años y un Xacobeo he vuelto al Camino de Santiago. Con el escepticismo propio de la tierra de donde provengo y a bordo de una nave biplaza llamada Pino de la marca alemana Hase, todo un invento para ir acompañado de un menor con tantas ganas de descubrir mundo que cuando hablamos de cicloturismo le brillan los ojos y se apuntaría a un bombardeo con tal de ver cosas nuevas desde la bicicleta.
No he venido para constatar nada, sólo para pasar unos días en bici aprovechando un recorrido trillado y que cuenta con algunos servicios que comprenden las circunstancias del cicloturista, aunque sea a fuerza de ver pasar unos cuantos miles cada año.
En el Camino no hace falta explicar que llevas una bicicleta y no provoca ninguna sorpresa. Todos los alojamientos, más o menos, cuentan con lugares donde dejar la bici a buen recaudo. En el Camino puedes viajar ligero porque hay un servicio, el Jacotrans, que te puede ayudar a portear tu exceso de equipaje. Esto desvirtúa un poco el concepto de cicloturismo de alforjas pero, cuando ya no cuentas con el tiempo ni con la forma y vas con un chaval que cuando deja de pedalear pesa 25 kilos, es eso o un motor.
Ahora bien, si tu idea es ir por superficie pavimentada, el Camino no es la vía ideal. Hay rutas mejores. Circular por carreteras nacionales con tráfico no demasiado denso pero sí pesado y rápido no es un lugar idóneo para disfrutar de un viaje en bici. Tampoco lo es circular en paralelo por un pista no lo suficientemente ancha para ciclistas y pedestres y con conexiones e itinerarios muchas veces demasiado forzados.
Creo que ya va siendo hora de que se reflexione en profundidad al respecto, porque estamos descartando a un colectivo que representa una inmensa mayoría en el centro de Europa y una minoría muy numerosa en el resto del mundo, que representan un mercado potencial importantísimo. Despreciar al ciclista de ruta, al ciclista de carreteras tranquilas, responde a un atrevimiento propio de la ignorancia, de la falta de miras en el desarrollo de un turismo alternativo y supone también depreciar una ruta que, como ya comenté en su día, debería ser una referencia mundial.
Queda mucho Camino por recorrer. Queda mucho Camino por construir. Mucho.
No he venido para constatar nada, sólo para pasar unos días en bici aprovechando un recorrido trillado y que cuenta con algunos servicios que comprenden las circunstancias del cicloturista, aunque sea a fuerza de ver pasar unos cuantos miles cada año.
En el Camino no hace falta explicar que llevas una bicicleta y no provoca ninguna sorpresa. Todos los alojamientos, más o menos, cuentan con lugares donde dejar la bici a buen recaudo. En el Camino puedes viajar ligero porque hay un servicio, el Jacotrans, que te puede ayudar a portear tu exceso de equipaje. Esto desvirtúa un poco el concepto de cicloturismo de alforjas pero, cuando ya no cuentas con el tiempo ni con la forma y vas con un chaval que cuando deja de pedalear pesa 25 kilos, es eso o un motor.
Ahora bien, si tu idea es ir por superficie pavimentada, el Camino no es la vía ideal. Hay rutas mejores. Circular por carreteras nacionales con tráfico no demasiado denso pero sí pesado y rápido no es un lugar idóneo para disfrutar de un viaje en bici. Tampoco lo es circular en paralelo por un pista no lo suficientemente ancha para ciclistas y pedestres y con conexiones e itinerarios muchas veces demasiado forzados.
Creo que ya va siendo hora de que se reflexione en profundidad al respecto, porque estamos descartando a un colectivo que representa una inmensa mayoría en el centro de Europa y una minoría muy numerosa en el resto del mundo, que representan un mercado potencial importantísimo. Despreciar al ciclista de ruta, al ciclista de carreteras tranquilas, responde a un atrevimiento propio de la ignorancia, de la falta de miras en el desarrollo de un turismo alternativo y supone también depreciar una ruta que, como ya comenté en su día, debería ser una referencia mundial.
Queda mucho Camino por recorrer. Queda mucho Camino por construir. Mucho.
viernes, 29 de abril de 2011
Un día como hoy... hace 20 años
Hoy toca efemérides. Yo, que soy de memoria frágil y selectiva no puedo tener en cuenta las fechas. Por eso me resulta tan sorprendente que la gente que me rodea se acuerde de las cosas con precisión, con todo lujo de detalles.
- ¿Sabes qué hacías tú un día como hoy hace 20 años?
El que me lo ha preguntado hoy, a media mañana, es un viejo compañero de aventuras.
- No sé ¿estaríamos metidos en algún marrón?
- ¡Exacto! El 27 de Abril de 1.991 estábamos en la Estancia Laguna Amarga a pocos kilómetros del Paine.
No he podido dar crédito. ¿20 años? ¡No puede ser! He esperado a llegar a casa y he corrido a revisar el cuaderno de bitácora de aquel periplo, el primer gran viaje en bicicleta en el que nos embarcamos.
Efectivamente. Recojo el artículo de aquel día, que se me antoja especialmente lejano visto en perspectiva.
(aunque no sé si mi corta experiencia me da permiso y categoría para tratar un tema de semejante envergadura)
Esta última semana nos ha tocado visitar varias estancias. Algunas las hemos buscado, otras simplemente han salido a nuestro paso. En unas nos han invitado sin siquiera pedirlo, en otras casi hemos tenido que suplicar que nos atiendan. En unas el trato ha sido familiar, en otras, para cuando nos han dirigido la palabra, la sensación de intrusión se había hecho demasiado evidente.
En estos meses de otoño, prácticamente no hay trabajo. Juntar algun rebañito, marcar el ganado, esquilar la cara al ovino, carnear para consumo, cargar cuero para vender, separar ganado para vender lo mismo, pero poca cosa. Alambrar, también.
No hay demasiado personal en las estancias, varios de los barracones o casetas en las más grandes están vacías. Hay los trabajadores mínimos para mantener la estancia. Así que los "viejos" se dedican a hacer estas labores y a esperar a la llamada del cocinero:
Conversación, bromas y radio: tres ingredientes de la vida cotidiana de los gauchos, que, a pesar de la dureza de su trabajo, hacen gala de un envidiable sentido del humor y no son tan malhablados como uno pudiera imaginarse (no se por qué). Dura vida la del gaucho y mal pagada. Cobran realmente una miseria para lo duro que es el trabajo, aunque tienen la manutención pagada y su condición de internado les impide hacer gastos fuera de los pocos fines de semana que se acercan a la ciudad. Son gente sencilla, muchos de ellos chilenos en Argentina, por el argentino es vago por naturaleza. No se quejan demasiado, aunque siempre están dispuestos a cambiar de patrón si el sueldo es mejor.
Fotos: Vincenzo Mazza
- ¿Sabes qué hacías tú un día como hoy hace 20 años?
El que me lo ha preguntado hoy, a media mañana, es un viejo compañero de aventuras.
- No sé ¿estaríamos metidos en algún marrón?
- ¡Exacto! El 27 de Abril de 1.991 estábamos en la Estancia Laguna Amarga a pocos kilómetros del Paine.
No he podido dar crédito. ¿20 años? ¡No puede ser! He esperado a llegar a casa y he corrido a revisar el cuaderno de bitácora de aquel periplo, el primer gran viaje en bicicleta en el que nos embarcamos.
Efectivamente. Recojo el artículo de aquel día, que se me antoja especialmente lejano visto en perspectiva.
La vida en una estancia... fuera de temporada
(aunque no sé si mi corta experiencia me da permiso y categoría para tratar un tema de semejante envergadura)
Esta última semana nos ha tocado visitar varias estancias. Algunas las hemos buscado, otras simplemente han salido a nuestro paso. En unas nos han invitado sin siquiera pedirlo, en otras casi hemos tenido que suplicar que nos atiendan. En unas el trato ha sido familiar, en otras, para cuando nos han dirigido la palabra, la sensación de intrusión se había hecho demasiado evidente.
En estos meses de otoño, prácticamente no hay trabajo. Juntar algun rebañito, marcar el ganado, esquilar la cara al ovino, carnear para consumo, cargar cuero para vender, separar ganado para vender lo mismo, pero poca cosa. Alambrar, también.
No hay demasiado personal en las estancias, varios de los barracones o casetas en las más grandes están vacías. Hay los trabajadores mínimos para mantener la estancia. Así que los "viejos" se dedican a hacer estas labores y a esperar a la llamada del cocinero:
- 1ª llamada: Desayuno.- A las 8 en Argentina, 7 u 8 en Chile. Se desayuna té o café con pan o pan frito, dependiendo de las existencias.
- 2ª llamada: Almuerzo.- Se almuerza temprano, 12 ó 12:30. La comida suele ser invariablemente: sopa de carne con pasta, asado con papas, fideos, ensalada, arroz, lentejas, porotos, té, pan... Se puede repetir de todo y muchas veces, hay que hacerlo por insistencia de los comensales. Por supuesto, siendo un viajero en bicicleta, viene bien darse buenos atracones en previsión de tiempos peores. Tanto la sopa como el asado se pueden condimentar con ají chileno, como con peoré, que le dan un sabor muy particular a la comida. Condimentos muy populares por acá son la pimienta y el orégano, que se emplean en cantidades industriales. Igualmente, algunos cocineros usan laurel.
- 3ª llamada (no siempre): Té.- A media tarde hay otro receso a la hora del té. Un tecito o cafecito con pan... y de nuevo al "laburo".
- 4ª llamada: Cena.- A eso de las 8 de la noche. De mismas características que la comida. Se cena abundante.
- El mate, se puede tomar a cualquier hora: nada más despertarse, antes de comer, después de comer, antes de cenar, después de cenar... Es típicamente argentino, aunque en Chile se toma lo mismo y la misma yerba argentina sale más barata al otro lado de la frontera. Paradojas de la economía argentina.
- Aparte: Churrasqueo.- A veces con el desayuno, otras a media mañana. Carne asada. Ya se sabe, la carne, en las estancias, a cualquier hora.
Conversación, bromas y radio: tres ingredientes de la vida cotidiana de los gauchos, que, a pesar de la dureza de su trabajo, hacen gala de un envidiable sentido del humor y no son tan malhablados como uno pudiera imaginarse (no se por qué). Dura vida la del gaucho y mal pagada. Cobran realmente una miseria para lo duro que es el trabajo, aunque tienen la manutención pagada y su condición de internado les impide hacer gastos fuera de los pocos fines de semana que se acercan a la ciudad. Son gente sencilla, muchos de ellos chilenos en Argentina, por el argentino es vago por naturaleza. No se quejan demasiado, aunque siempre están dispuestos a cambiar de patrón si el sueldo es mejor.
Fotos: Vincenzo Mazza
viernes, 15 de abril de 2011
Equípate para un viaje en bici
Ayer dedicaba el artículo al arte de viajar en bicicleta. Algo muy personal y muy personalizable. Hoy la atención va dirigida más a los elementos imprescindibles que es necesario tener en cuenta cuando ya estamos convencidos de que vamos a salir con nuestra bicicleta a descubrir el mundo.
Es esencial que tu vehículo te transmita confianza. No vale de nada llevar una "superbicicleta" si antes no las has andado y no la has adaptado a tu estilo. Comodidad y seguridad no deberían estar reñidas con calidad. Sin embargo, hay muchas veces que creemos que por llevar una determinada marca o un determinado nivel de componentes la bicicleta va a ser más adecuada y sobre esto hay mucha mitología. Lo realmente importante es que la bicicleta, cumpliendo unos mínimos exigibles, se adapte a nuestras necesidades y nos sintamos a gusto montándola.
Los puntos básicos a los que deberemos prestarle atención son:
Es difícil recomendar qué llevar cuando vas de viaje porque hay muchos factores que pueden resultar determinantes. Sobre todo la duración, la climatología, la mayor o menor dificultad de encontrar determinados suministros y repuestos en el destino y el estilo de pernoctación.
Es importante escatimar cualquier cosa que no sea de primera necesidad y minimizar sobre todo la ropa. Recuerda que en todos los lugares habitados hay cosas básicas y te podrás proveer de ellas, sin necesidad de andar acarreándolas todo el camino. No hay nada más frustrante que llegar al final del viaje y descubrir que hay cosas, más de las que te imaginas, que no las has utilizado para nada.
Así pues, a modo de recordatorio es conveniente tener una lista de chequeo en la que se recojan al menos los siguientes materiales:
La bicicleta
| Bicicleta Oraintxe World 2011 |
Los puntos básicos a los que deberemos prestarle atención son:
- Un buen cuadro
- Unas ruedas fuertes
- Cambios y frenos en buen estado
- Parrilla o parrillas (o un carro)
- Unas alforjas fiables y funcionales
- Unas cubiertas para el recorrido que has pensado
- Un sillín cómodo
- La posición de costumbre
- Una pata o dos
- Cuentakilómetros
- … y una buena revisión general
El equipaje
Es difícil recomendar qué llevar cuando vas de viaje porque hay muchos factores que pueden resultar determinantes. Sobre todo la duración, la climatología, la mayor o menor dificultad de encontrar determinados suministros y repuestos en el destino y el estilo de pernoctación.
Es importante escatimar cualquier cosa que no sea de primera necesidad y minimizar sobre todo la ropa. Recuerda que en todos los lugares habitados hay cosas básicas y te podrás proveer de ellas, sin necesidad de andar acarreándolas todo el camino. No hay nada más frustrante que llegar al final del viaje y descubrir que hay cosas, más de las que te imaginas, que no las has utilizado para nada.
Así pues, a modo de recordatorio es conveniente tener una lista de chequeo en la que se recojan al menos los siguientes materiales:
- Ropa y calzado de andar en bicicleta
- Ropa y calzado de relax
- Ropa de abrigo e impermeable
- Repuestos básicos: cámaras, kit reparación de pinchazos, radios y tornillería
- Pulpos o redes elásticas
- Herramienta: desmontadores, una multiherramienta y una llave de radios
- Neceser
- Botiquín
- Entretenimiento: fotografía, música, lectura
- Mapas
- Cartera: documentación, medios de pago
jueves, 14 de abril de 2011
Viajar en bici
Hace más de 30 años, hice mi primer viaje por etapas en bicicleta. No tenía 14 años y mis padres tuvieron la alocada y brillante idea de llevarnos a hacer el Camino de Santiago en bicicleta. Entonces, cuando nadie lo hacía. Tampoco los peregrinos a pie. Fue un gran descubrimiento: la traslación... en bicicleta. Creo que es uno de los mejores descubrimientos de mi vida.

Darme cuenta de que con una simple bicicleta podía recorrer todo un mapa sin perderme un detalle de la ruta, parando cuando quisiera, relacionándome, sintiendo el paisaje, el aire, el calor y el frío, los aromas y los simples olores. Fue emocionante. Desde entonces he procurado viajar en bicicleta todos los años al menos una vez. Solo o acompañado. No puedo mantener mi débil cordura sin ello.
Como cualquiera que se lo haya propuesto, yo también he cometido mis torpezas y mis equivocaciones, me he obsesionado con algunas tonterías y he olvidado aspectos esenciales. Sólo haciéndolo he podido darme cuenta de cuáles son los principios básicos que me han ayudado a disfrutar cada vez más de mis salidas.
Ha llegado el buen tiempo, se aproximan las vacaciones, y si no, se fuerzan. Es tiempo de recordarlos.
Mis 10 mandamientos del buen cicloturista
Y cuando vuelvas… cuéntalo. No hay nada más grato de compartir los recuerdos que has sido capaz de filtrar después de un viaje.
A mi me ha servido y me sirve.
Foto de Gorka Iguiñiz
Darme cuenta de que con una simple bicicleta podía recorrer todo un mapa sin perderme un detalle de la ruta, parando cuando quisiera, relacionándome, sintiendo el paisaje, el aire, el calor y el frío, los aromas y los simples olores. Fue emocionante. Desde entonces he procurado viajar en bicicleta todos los años al menos una vez. Solo o acompañado. No puedo mantener mi débil cordura sin ello.
Como cualquiera que se lo haya propuesto, yo también he cometido mis torpezas y mis equivocaciones, me he obsesionado con algunas tonterías y he olvidado aspectos esenciales. Sólo haciéndolo he podido darme cuenta de cuáles son los principios básicos que me han ayudado a disfrutar cada vez más de mis salidas.
Ha llegado el buen tiempo, se aproximan las vacaciones, y si no, se fuerzan. Es tiempo de recordarlos.
Mis 10 mandamientos del buen cicloturista
- Prueba a andar algo en bici antes de lanzarte con ella a descubrir mundo.
- Elige el destino. Muchas veces los preparativos son tan emocionantes como el propio viaje.
- Hazte con unos buenos mapas, te pueden ayudar a aclarar tus incertidumbres proponiéndote alternativas.
- Pon tu bicicleta a punto. Es tu vehículo.
- Aprende a reparar las averías básicas. Ganarás en seguridad y autonomía.
- Minimiza el equipaje. El peso es el peor enemigo del ciclista y es el que más puede endurecer el recorrido. Siempre sobran cosas. Siempre.
- Mejor las carreteras poco transitadas y las pistas buenas. La tranquilidad no tiene precio cuando se circula en bici.
- Déjate aconsejar por los lugareños, son los que mejor conocen su territorio. Ahora bien, ten en cuenta también que ellos, en la mayoría de los casos, no se desplazan en bici. En cualquier caso, utilízalo para relacionarte. Es precioso.
- Improvisa. A veces lo más interesante es algo que no habías planificado. Los descubrimientos no se pueden prever, surgen. Déjate llevar por una intuición, por un sentimiento, por una sospecha, por un pálpito.
- Mira, no compares. El que va por el mundo comparando se pierde la esencia de lo que ve. Hay que mirar, hay que aprender a mirar... para descubrir.
Y cuando vuelvas… cuéntalo. No hay nada más grato de compartir los recuerdos que has sido capaz de filtrar después de un viaje.
A mi me ha servido y me sirve.
martes, 11 de enero de 2011
Camino de Santiago: la resaca del Xacobeo
Ha pasado el Xacobeo 2010 y ha sido un éxito. Nadie lo ponía en duda. Y si no lo hubiera sido, lo habrían hecho. Total, basta con convencer a la gente a que haga un par de etapas, o una o simplemente que se presente en la Puerta Santa del Obradoiro y fiche. El número es lo que vale: 270.000. Record.
Ahora bien, analizadas las estadísticas con un poco más de profundidad, descubrimos esta semana una noticia reveladora. Por un lado, la afluencia de peregrinos que caminan desde Roncesvalles cayó un 6% en Xacobeo. Así lo atestiguan las estadísticas del Centro de Estudios y Documentación del Camino de Santiago, con sede en Carrión de los Condes (Palencia). El Jacobeo no trajo más peregrinos. De hecho, sólo Galicia se salva del descenso de peregrinos.
Con el dinero que nos hemos dejado en ello (se partía de un presupuesto de 42 millones sólo en la Xunta, 7 millones para el plan de promoción, 26 en la programación de espectáculos durante 2010...). ¿Qué ha pasado? Será que la masificación les ha asustado. O será la crisis. Siempre hay una buena excusa para no saberlo. Es parte del despropósito general en que se está convirtiendo esto con lo que muchos se llenan la boca hablando y en lo que nadie quiere trabajar de una forma seria.

El caso es que el Camino de Santiago es una joya que nadie quiere pulir. Una joya, y hablo ahora en términos de cicloturismo, que nada debería tener que envidiar a otras grandes rutas cicloturistas mundiales como el Danubio, el Rhin o el Mar del Norte. Una joya porque es una ruta con una historia y una riqueza difíciles de igualar. Con una variedad, con unos alicientes, con unos paisajes, con una gastronomía, con unas ciudades y unos pueblos realmente impresionantes. Con un poder de atracción y de fascinación inigualable. Con un componente espiritual, iniciático que hace su recorrido casi místico. Y sin embargo, aquí estamos, viéndolo pasar.
Si no se está haciendo prácticamente nada por organizar una oferta de Camino de Santiago suficientemente potente, coordinada, transrregional y transnacional para los caminantes ¡imaginaros qué se está haciendo para los que se lo proponen en bicicleta! Nada es poco. Total sólo representan el 12% de los peregrinos oficiales y eso no es suficiente para tenerlos en cuenta. Pese a todo esto, el Camino sigue siendo un itinerario deseado por público de todo el mundo, muchos de ellos ciclistas. Pero el problema es que falta una visión del turismo en bicicleta en nuestro entorno. Se sigue pensando que es cosa de jóvenes, de valientes o de pobres.
Cicloturismo: algo para jóvenes, valientes o pobres
Nada más lejos de la realidad.
El cicloturismo en Europa representa una de las fuentes más importantes del turismo de actividad. Con más de 45 millones de viajes al año tan sólo referenciados a la red Eurovelo, un proyecto de la European Cyclist Federation, se ha calculado que genera un volumen de negocio de más de 5 billones de euros anuales. En contra de lo que pudiera pensarse, el presupuesto diario de este tipo de viajeros es de más de 50 € diarios, sus edades medias oscilan entre los 45 y los 60 años y su nivel cultural es alto. Por lo general tienen experiencia viajando (en Alemania más del 20% de la población ha practicado cicloturismo y mas del 45% tiene entre sus objetivos hacerlo) prefieren las rutas pavimentadas y bien señalizadas y valoran el buen trato, la gastronomía y la cultura allá donde viajan. Rutas como la del Danubio recogen más de 250.000 viajes cada año, la del Mar del Norte, 200.000.
Y todos están mirando a ver qué pasa con el Camino de Santiago. Ellos y el resto del mundo (sobre todo los americanos). No en vano el Parlamento Europeo allá por 1987 eligió esta ruta como Primer Itinerario Cultural Europeo y la Unesco lo ha declarado Patrimonio de la Humanidad. Y nosotros aquí tan felices.

Mirando en la web oficial de Turismo de España (más del 90% de la gente que viaja busca referencias en internet) lo único que he podido encontrar ha sido esto referido al Camino de Santiago en bicicleta. Los consejos prácticos son impagables:
¿Dónde están los servicios, los paquetes, las agencias, las guías, los mapas, las reservas especializadas, los transfer, el transporte de equipajes, los alquileres? Es una aventura. Y punto. Te buscas la vida. Y para hacerlo, no cuentas ni con un itinerario específico para bicicletas. Así que los aguerridos que se lo proponen, lo hacen por el "itinerario marcado" por llamarlo de alguna manera, que es el que está señalizado para caminantes (a pie). Y ahí van, molestando, poniéndolos en peligro o, simplemente, penando por trayectos no practicables. Y además, sólo en bicicleta de montaña. Para el resto: nada. De hecho, la única guía mínimamente actualizada que recoge itinerarios específicos para ciclistas es alemana.
Llevo dos años asistiendo al Congreso Internacional de Cicloturismo que la Fundación Eca Bureau Veritas ha organizado en tierras gironís y me sorprende que nadie hable tampoco del Camino de Santiago en estos término en ese foro. Así que, este año, decidí meter mi cuña de reflexión al respecto en una comunicación.
No obstante, la Comisión Europea que, como hemos visto, tiene más interés en que esto funcione que nosotros mismos (oh, perdón, olvidaba por un momento que somos europeos) aprobó el año pasado un presupuesto de 600.000 € para desarrollar estudios y proyectos que potencien el cicloturismo y, más concretamente, dos itinerarios clave: el Telón de Acero y el Camino de Santiago. Todavía no se sabe nada del resultado de dicha convocatoria ni de las propuestas que han sido elegidas pero algo es algo.
Luego quedará lidiar con los responsables estatales y regionales, que eso si que no es moco de pavo. ¿Algo diferente a sol, playa, fiestas o Semana Santa? ¡Ya!
Ahora bien, analizadas las estadísticas con un poco más de profundidad, descubrimos esta semana una noticia reveladora. Por un lado, la afluencia de peregrinos que caminan desde Roncesvalles cayó un 6% en Xacobeo. Así lo atestiguan las estadísticas del Centro de Estudios y Documentación del Camino de Santiago, con sede en Carrión de los Condes (Palencia). El Jacobeo no trajo más peregrinos. De hecho, sólo Galicia se salva del descenso de peregrinos.
Con el dinero que nos hemos dejado en ello (se partía de un presupuesto de 42 millones sólo en la Xunta, 7 millones para el plan de promoción, 26 en la programación de espectáculos durante 2010...). ¿Qué ha pasado? Será que la masificación les ha asustado. O será la crisis. Siempre hay una buena excusa para no saberlo. Es parte del despropósito general en que se está convirtiendo esto con lo que muchos se llenan la boca hablando y en lo que nadie quiere trabajar de una forma seria.
El caso es que el Camino de Santiago es una joya que nadie quiere pulir. Una joya, y hablo ahora en términos de cicloturismo, que nada debería tener que envidiar a otras grandes rutas cicloturistas mundiales como el Danubio, el Rhin o el Mar del Norte. Una joya porque es una ruta con una historia y una riqueza difíciles de igualar. Con una variedad, con unos alicientes, con unos paisajes, con una gastronomía, con unas ciudades y unos pueblos realmente impresionantes. Con un poder de atracción y de fascinación inigualable. Con un componente espiritual, iniciático que hace su recorrido casi místico. Y sin embargo, aquí estamos, viéndolo pasar.
Si no se está haciendo prácticamente nada por organizar una oferta de Camino de Santiago suficientemente potente, coordinada, transrregional y transnacional para los caminantes ¡imaginaros qué se está haciendo para los que se lo proponen en bicicleta! Nada es poco. Total sólo representan el 12% de los peregrinos oficiales y eso no es suficiente para tenerlos en cuenta. Pese a todo esto, el Camino sigue siendo un itinerario deseado por público de todo el mundo, muchos de ellos ciclistas. Pero el problema es que falta una visión del turismo en bicicleta en nuestro entorno. Se sigue pensando que es cosa de jóvenes, de valientes o de pobres.
Nada más lejos de la realidad.
Y todos están mirando a ver qué pasa con el Camino de Santiago. Ellos y el resto del mundo (sobre todo los americanos). No en vano el Parlamento Europeo allá por 1987 eligió esta ruta como Primer Itinerario Cultural Europeo y la Unesco lo ha declarado Patrimonio de la Humanidad. Y nosotros aquí tan felices.
Mirando en la web oficial de Turismo de España (más del 90% de la gente que viaja busca referencias en internet) lo único que he podido encontrar ha sido esto referido al Camino de Santiago en bicicleta. Los consejos prácticos son impagables:
Si vas en bici…
Debes saber que hay tramos y etapas con variantes para los que hacen el Camino en bicicleta. Algunos de ellos transcurren por carretera. Suelen estar bien señalizados, aunque también los encontrarás descritos en guías específicas.
Si puedes elegir, lleva una bicicleta de montaña. Antes de ponerte en marcha, conviene que entrenes ya que no es lo mismo pedalear cargado con las alforjas del equipaje que sin ellas.
No te olvides de hacerle una puesta a punto a la máquina, revisando especialmente los frenos, el cambio y las ruedas. En tu equipaje no puede faltar el casco, la ropa de ciclista, el chubasquero, los guantes y las zapatillas apropiadas. Por supuesto, no te olvides de los parches y las herramientas para posibles averías.
Si duermes en albergues de peregrinos, procura acudir a los que sean de mayor capacidad, ya que hasta las ocho de la tarde tienen preferencia para alojarse los peregrinos que van caminando.
Por si lo necesitas una vez en Santiago de Compostela, en la Oficina del Peregrino (rúa do Vilar) existe un servicio de consigna para mochilas y bicicletas.
¿Qué tiene que ver esto con un producto turístico?
¿Dónde están los servicios, los paquetes, las agencias, las guías, los mapas, las reservas especializadas, los transfer, el transporte de equipajes, los alquileres? Es una aventura. Y punto. Te buscas la vida. Y para hacerlo, no cuentas ni con un itinerario específico para bicicletas. Así que los aguerridos que se lo proponen, lo hacen por el "itinerario marcado" por llamarlo de alguna manera, que es el que está señalizado para caminantes (a pie). Y ahí van, molestando, poniéndolos en peligro o, simplemente, penando por trayectos no practicables. Y además, sólo en bicicleta de montaña. Para el resto: nada. De hecho, la única guía mínimamente actualizada que recoge itinerarios específicos para ciclistas es alemana.
Llevo dos años asistiendo al Congreso Internacional de Cicloturismo que la Fundación Eca Bureau Veritas ha organizado en tierras gironís y me sorprende que nadie hable tampoco del Camino de Santiago en estos término en ese foro. Así que, este año, decidí meter mi cuña de reflexión al respecto en una comunicación.
No obstante, la Comisión Europea que, como hemos visto, tiene más interés en que esto funcione que nosotros mismos (oh, perdón, olvidaba por un momento que somos europeos) aprobó el año pasado un presupuesto de 600.000 € para desarrollar estudios y proyectos que potencien el cicloturismo y, más concretamente, dos itinerarios clave: el Telón de Acero y el Camino de Santiago. Todavía no se sabe nada del resultado de dicha convocatoria ni de las propuestas que han sido elegidas pero algo es algo.
Luego quedará lidiar con los responsables estatales y regionales, que eso si que no es moco de pavo. ¿Algo diferente a sol, playa, fiestas o Semana Santa? ¡Ya!
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