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jueves, 30 de julio de 2015

5 cosas que nunca deberíamos olvidar cuando hablemos de promocionar las bicis

Hastía la insistencia de muchas personas en resumir la realidad con una simple enumeración sólo por conseguir un buen titular. Esta temporada le ha dado a todo el mundo por hacer este tipo de reduccionismos simplones sólo por tratar de atraer la atención de navegantes distraídos. Pues no vamos a ser menos y vamos a hacer nuestra aportación a esta tendencia estúpida. Va de bicis.

1. Las bicis nunca deben ser primero

Si lo que intentamos es dar oportunidades, nunca debemos caer en la trampa de la maximización y menos de la univocidad. No nos podemos volver locos. Tenemos que tratar de ser ecuánimes, razonables y enmarcar la aportación indudable que pueden hacer los que pedalean en una ciudad que aspire a ser amable, sostenible, humana y deseable, en el conjunto de acciones y estrategias dirigidas a conseguirlo.


2. Esto va de coches

Nunca debemos perder de vista que si estamos hablando de promocionar algo es porque ese algo ha caído en la marginalidad, el olvido, el descrédito o simplemente la ignorancia colectiva, que ha vuelto la vista a otras alternativas, aunque sea respondiendo a intereses que le han sido inculcados, cuando no impuestos, como la única elección conveniente. Son los coches, su dominio, su contribución a la degradación de las ciudades, a la violencia vial, a la apropiación del espacio público, los que motivan este tipo de misiones, así que no podemos perderlos de vista como objetivo central de nuestras estrategias: esto va de reducir la presencia y la prepotencia de los coches en nuestras ciudades, no de que haya más gente montada en bicicletas.


3. La gente que está en la calle no son peatones

Son personas. Algunas caminando para desplazarse, pero la mayoría simplemente viviendo y relacionándose. Perder la perspectiva sobre esto y presentar a la gente como peatones circulando desvirtúa terriblemente la realidad y la reduce a la motivación siempre secundaria de la movilidad. Alguien sentado en un banco, paseando, jugando, conversando, tomándose algo, atendiendo su móvil, mirando un escaparate o un culo no es alguien para el que la circulación, su circulación sea más importante. Pretender que en la calle no ocurren o no ocurran más cosas que meros desplazamientos no es tanto una visión empobrecida del espacio público como una concepción degradante de la vida social urbana.


4. Las bicis no son la solución

Aunque contribuyan en cierta manera a mejorar las cosas, siempre que su uso (y no su abuso) se haga de manera respetuosa, serena y empática. Y siempre que esas personas que opten por la bicicleta lo hagan en detrimento del uso del coche, de la moto, del taxi o incluso del transporte público. Si no, no.


5. Las cosas no se cambian de repente ni por moda

No. Ni con infraestructuras, ni con campañas, ni con complejos sistemas de bicis públicas, ni con programas dirigidos a colectivos diana, ni con normas que empujen a hacerlo. Esto es mucho más lento, mucho menos espectacular y más complejo de lo que muchos venden. Y va mucho más de cambiar hábitos, condicionar y definir los usos del espacio público y de replantear las tendencias urbanísticas y de ordenación del territorio que nos han llevado a soportar como algo deseable esta dependencia tan terrible del coche.


Si no nos damos cuenta de esto, estaremos perdidos, engatusados por discursos melifluos, embelesados por la pretenciosidad de los tecnócratas y sus fuegos artificiales o embobados con cantos de sirena que nos hagan creernos que pedalear es una especie de mística redentora y que el resto de gente debería reverenciarnos por hacerlo o algo así.

viernes, 6 de febrero de 2015

El ciclista, el "flow" y las reglas de los coches

Parece que, cuando se cuestionan las normas, se levantan ampollas y el solo hecho de mencionar una cierta rebeldía se interpreta como una apología de la temeridad y de la falta de respeto y una justificación del incivismo. Cuidado. Cuidado con confundir respeto con legalidad y cuidado con asociar norma vigente (u orden establecido) con seguridad y ejemplaridad. 

Vivimos en unas ciudades y en unas calles que se han decidido acondicionar al uso prioritario de los coches, relegando cualquier otro uso a un segundo plano. En esas estructuras viales formidables que hemos adaptado para que los coches y sólo los coches funcionen, los demás tienen que vérselas y deseárselas para circular, estar, jugar, pasear o lo que quiera hacerse en ese espacio público.

Es por eso que, cuando tratamos de interpretar cómo debemos los ciclistas actuar o comportarnos en ese medio, necesitemos explicar demasiado y demasiadas veces las mismas cosas. Porque lo de "respetar las normas" se queda corto cuando lo que se trata de explicar es cómo debe hacer un ciclista para circular seguro en medio del tráfico, cómo debe posicionarse en incorporaciones, rotondas y ramales, qué debe hacer para afrontar con garantías un cruce desde una vía segregada o, el colmo, cómo debe actuar si lo que trata de hacer es aprovechar un paso peatonal.


Nos ponemos nerviosos con la sola mención de la insumisión a la ley porque consideramos que bastante denostados estamos los ciclistas como colectivo como para, encima, tratar de aconsejar que se relativicen algunas normas que son tan rígidas como lo requieren los coches. Los semáforos son el ejemplo más sangrante de ordenamiento sólo en clave automovilística.

Sin embargo algunos inconscientes seguimos y seguiremos recomendando prácticas ilegales como interpretar los semáforos de regulación peatonal como meros pasos de peatones, hacer de las incorporaciones hacia la derecha meros cedas el paso o utilizar con respeto los pasos peatonales para hacer más seguros algunos giros, por ejemplo.

¿Por qué? Porque son seguras y porque la bicicleta necesita fluir. El "flow" que diría un rapero es la clave de la eficiencia de la bicicleta. Un ciclista no puede estar parando y arrancando continuamente como lo hacen los coches porque requiere demasiado esfuerzo físico y pierde su esencia y su eficacia. Es por eso que las ciudades cuadriculadas y con semáforos prácticamente en cada cruce de calles son especialmente malas para las bicis. Barcelona a la cabeza.

Muchos interpretarán esta actitud como egoísta, "ciclocéntrica", chulesca o simplemente incívica y provocadora, pero lo harán porque dan por sentado que infringir o relativizar una norma significa incumplir todas y que eso sólo sirve para alentar a los energúmenos y dar cobertura a cualquier desmán a bordo de una bicicleta.

No. Deberíamos poner el respeto por encima de la ley y recurrir a la ley sólo ante una falta clara de respeto. En todos y cada uno de los casos. Porque, de lo contrario, estaremos maximizando y sacralizando normas que, muchas veces, han sido formuladas para recoger los intereses y las exigencias y para garantizar la seguridad vial de tan sólo unos cuantos ciudadanos.

Las bicis no son coches y las normas de circulación y la regulación del tráfico están fundamentalmente concebidas para los coches o para el concurso eficiente de los coches. Tampoco son peatones, hermanos menores del tráfico, sometidos a las condiciones de los motorizados. Si no entendemos esto no estaremos siendo justos y ecuánimes en el tratamiento de estos vehículos humanos que son las bicicletas.

Por cierto, algunas de estas "ilegalidades" a las que nos referimos ya están permitidas en algunos países lejanos como Francia, por ejemplo. Imaginaros que eso ha ocurrido así sólo porque ellos son mucho más civilizados que nosotros, no porque hay un historial de muchos años de ciclistas infringiendo cortésmente esas normas.

domingo, 1 de febrero de 2015

La insumisión, ciclistas, es el primer paso hacia la revolución urbana

La rebeldía, el inconformismo, la transgresión de las leyes que nos discriminan, que nos ponen en peligro, que nos despotencian, que hacen que nuestra opción de movilidad se vea cercenada y reducida a una colección de situaciones descabelladas, de refugios ficticios, de desencuentros con peatones, con automovilistas, con otros ciclistas y hasta con nosotros mismos al sentirnos estúpidos tratando de seguir unas indicaciones absurdas... parece que es el único camino lógico, aunque no resulte sensato decirlo.

Y parece que es el camino que muchos a nuestro alrededor han decidido tomar, para desánimo de los que creen que el orden establecido es el único orden posible y que dejar las cosas como están es la única manera de que todo funcione.


Pues no, queridísimos conservacionistas de la tiranía del automóvil, vuestro orden no es el del resto, vuestras reglas no nos valen a los ciclistas, ni a los peatones, ni a los niños que quieren jugar, ni a la gente que quiere disfrutar de la calle libremente y con seguridad. Y no sólo no nos valen y por eso tantas y tantas veces no las seguimos, adrede, sino que no nos vamos a conformar y vamos a seguir transgrediéndolas y vamos a fomentar que se haga, hasta que consigamos que se cambien.

No hay otra forma de darle la vuelta a esto. Porque ya lo hemos intentado por la vía de la obediencia, de la paciencia, de la esperanza y hasta de la súplica, pero no ha funcionado. Siempre os las componéis, los "autoinmovilistas" para devolver las aguas a su cauce y velar por que los coches sigan siendo los dominadores de las calles y de las carreteras.

Con prudencia, con prevención, con instinto de conservación pero con determinación, con descaro y con elegancia, sigamos infringiendo esa ley que no nos recoge, que no nos incluye, que no nos comprende y que no nos ayuda a andar más seguros y a entendernos con los demás.

Hasta que la ley del tráfico, la ley de la tiranía del automóvil, la ley de la ocupación de la calle por los más fuertes, la ley de la velocidad y el peso siga vigente y nos someta, lo único que nos queda es la insumisión. Asumiremos las consecuencias de saltarnos algunos semáforos, de aprovecharnos de algunos pasos peatonales, de atajar por diagonales, de hacer algún contrasentido, de no llevar casco y de ocupar más espacio del que se presupone que tenemos asignado.

No hay otra si queremos que esto cambie, que se produzca una verdadera revolución urbana, una revolución en la forma de entender el espacio público, una revolución que busque el bien común. la igualdad de oportunidades, la accesibilidad universal y la democratización de la calle y de la sociedad en general.

martes, 27 de enero de 2015

Acabemos con el "perdona pero no te he visto"

Hoy han sido dos los testimonios del famoso "perdona que no te he visto". Ciclistas atropellados por conductores que sólo ven automóviles y no se ocupan de nada que no sea un paciente peatón (o ciclista) esperando sumisamente su permiso para continuar su marcha por un paso de cebra, por una zona peatonal con tránsito regulado, por una rotonda o por un carril bici. 

El caso es que es el accidente más común, más repetido y más grave entre los que no usan un pesado vehículo a motor para desplazarse, porque incluso los motoristas sufren muchas veces las consecuencias de su fragilidad y su capacidad de colarse entre el pesado tráfico pesado.


A los peatones, desearles suerte en su próxima aventura en un paso que no esté semaforizado. Para los ciclistas, el consejo es más complejo.
Queridos ciclistas y queridas bicicleteras,
Los automovilistas no os ven. No os ven porque no os miran. Ellos (y ellas) no miran bicicletas, ni peatones, sólo miran automóviles y sólo calculan en términos automovilísticos. 
No os empecinéis en que la razón os asiste y majaderías por el estilo porque la carrocería que os jugáis vosotros es vuestra carne y vuestros huesos. No insistáis en vuestros derechos, que aunque escritos y reconocidos, cuando no son respetados no os van a asistir en el siniestro.
Para vosotros, ciclistas, el consejo es la desconfianza. Desconfiad de que os hayan visto hasta que no estéis seguros de que os van a ceder, desconfiad de que van a respetar las normas aunque aparentemente su seguimiento sea inequívoco, desconfiad de vuestra destreza y capacidad de sortear inconvenientes.
Por desgracia, este mundo todavía está demasiado orientado a favorecer la práctica automovilística y vosotros sois unos invitados incómodos en un mundo pesado, acelerado, estridente y violento. Curiosamente vosotros, ligeros, ágiles, silenciosos y discretos sois los molestos, porque ellos tienen todo montado a su favor.
Sin duda todo esto irá cambiando, pero, mientras tanto, manteneros alerta, redoblar la atención, ser más prudentes de lo que os aconseje vuestro sentido común, haceros visibles y aseguraros de que os ven, porque, si no, las consecuencias más graves las vais a sufrir vosotros en vuestras carnes.
Gracias y suerte a pedales.

miércoles, 7 de enero de 2015

9 razones por las que nunca deberías ir a trabajar en bicicleta

Por si alguna vez te has planteado o has llegado a sopesar la idea de sustituir tu coche en el viaje al trabajo y has llegado a valorar ese cuento de que desplazarte en bicicleta hasta tu lugar de ocupación es posible, aquí tienes tan solo una novena de argumentos irrefutables que te harán atender a la razón y descartar esas ocurrencias. Conste que no son 10 para que no sean mandamientos.

1. Es demasiado peligroso

Puedes imaginarte. Ahí fuera, con una bici entre todos esos conductores locos que te pasan volando, sin más protección que un trozo de plástico relleno de polispan sobre tu cabeza en el mejor de los casos. Te podrían matar. Lo mejor, sin lugar a dudas, es refugiarte en la coraza de tu coche, porque nadie jamás ha muerto dentro de un automóvil. Conducir es seguro.

2. Necesitas ponerte corbata, traje o falda para trabajar

No sólo eso, es importante que lleves puesta la corbata, el vestido o el "casual wear" desde que sales de tu casa por la mañana hasta que vuelves. Es inconcebible que puedas tener alguno de esos elementos en tu oficina y cambiarte allí una vez llegues en tu bici. Además, tu fondo de armario es tan grande y la coordinación de tu indumentaria es tan perfecta, que sería necesario duplicar tu colección en dos lugares. Eso además de que es materialmente imposible, como sabrás, andar en bici con traje, vestido o falda. Por no hablar de los que en su trabajo tienen que utilizar una indumentaria específica: buzos, uniformes o batas son incompatibles con gente que no llegue prácticamente desinfectada a su trabajo.

3. Tienes que ir al gimnasio después de trabajar

¿Qué me cuentas? ¿Que tengo que llevar todo mi equipo de gimnasio en una mochila o en una alforja en la bici? ¡Venga ya! ¿Qué es esto? ¿En bici al trabajo, en bici al gimnasio, además de mis 45 minutos de spinning y devuelta en bici a casa? ¿Qué os habéis pensado? ¿Que soy Contador, Valverde o Purito Rodriguez? Supongo que a alguien se le habrá ocurrido eso de ir en bici a todos los sitios y así dejar de ir al gimnasio, pero a los que nos machacamos nos gusta más el trabajo en máquina y a cubierto. Además nos gusta sudar con otros en una sala cerrada. Somos así, sabemos lo que queremos.


4. No te puedes presentar en el trabajo sudando

Está demostrado: una vez que ya has sudado, no vuelves a ser presentable hasta que no tomas una ducha o un buen baño y te secas bien después. Otro hecho: el sudor humano esta compuesto en más de un 90% por partículas fecales, que hacen que huelas como un cerdo conforme empiezas a hacer algo de ejercicio teniendo en cuenta que el resto de la gente en el ascensor o por los pasillos no transmiten ningún tipo de olor simplemente porque son pulcros y desodorantes. Nadie habla de ducharse en el trabajo o llevar unas toallitas, no, deberás soportar a tus colegas con eso de "Dios, ¿que demonios has hecho, no se te habrá ocurrido venir al curro en bici? Porque hueles como si vinieras directamente de pasar una semana en el matadero".

5. No tienes "la bici" para eso

La única bici que posees es una vieja mountain bike o, en el mejor de los casos, una bici de paseo, que no te van a servir para llevarte a trabajar. Tendrás que ir a la tienda y gastarte al menos 800 euros en una bici para eso. A nadie se le ocurriría hacerlo en algo que no sea un modelo específico de "bicicleta para ir a trabajar" llena de accesorios y gadgets para la ciudad.

6. No puedes llevar un casco y arreglarte el pelo antes de entrar a trabajar

O no llevar casco. ¡Eso sí que no! La gente que anda en bici no hace más que darse cabezazos contra el suelo. Todo el rato. Son así de torpes. De todas maneras, si lo usas es imposible que, después de 10, 20 ó 30 minutos de viaje con el casco puesto tu pelo vuelva a ser algo más que un mocho de fregona mal secado y viejo. Además es imposible tener algo para arreglarte el pelo en tu puesto de trabajo. Eso se hace en casa y punto.

7. La ruta de tu casa a tu curro es un suicidio para ir en bici

No hay alternativa. No hay calles tranquilas, no hay barrios residenciales, ni parques, ni carriles bici de los que puedas echar mano para aliviarlo. Es imposible. Además, no puedes perder el tiempo buscando recorridos más agradables o más seguros. No los hay. Así pues, es mejor que lo olvides.

8. ¿Y qué pasa si llueve?

¿Eh? ¿O crees que este sol de hoy es para siempre? ¿No habías pensado en ello, verdad? Pues mira, hay días en los que la lluvia hace que ese empeño de andar en bici se haga imposible. Porque cae agua del cielo y además moja y el suelo salpica. Contra eso el remedio es la enfermedad. Te vas a mojar y vas a coger un constipado. ¿O pretendes disfrazarte de submarinista los días que el pronóstico del tiempo no sea bueno? Porque las burbujas para bicicletas, que se sepa, no están todavía inventadas y eso de los guardabarros, ponchos, pantalones impermeables, botines y tal no funciona. Pregúntales si no a todos esos holandeses, daneses, belgas y alemanes que llegan como sopas a todos los sitios.

9. Tendrías que cambiar tus rutinas

Ah no, eso sí que no. Eso sí que es imposible. ¿Cómo vas a prescindir de esa media hora larga que dedicas a conducir para llegar pletórico a tu puesto de trabajo? ¿Y perder el trato con el resto de conductores en las rondas, semáforos y autovías? ¡Ja, ja, ja, hasta ahí podíamos llegar! Ahora cuéntame que además el viaje me va a costar menos y no me meo encima porque llevo el traje puesto.

Por cierto, gracias a semi-rad.com por la inspiración casi literal, porque considerar este texto una traducción de su artículo más que un atrevimiento sería una pretensión.

martes, 14 de octubre de 2014

19 en un día y 500 coches

Ese por lo menos ha debido ser el resultado después de todo un día a bordo de la bici en una ciudad pensada para los coches. Empezando por los malditos semáforos, esos enemigos de todo lo que no sean automóviles a 50 kms/h.

19 semáforos pasados en rojo me parecen pocos, pero tampoco viene al caso hacer ostentación de una reincidencia obsesiva en la transgresión de la ley, aunque quizá debería hacerse como demostración de insumisión a un orden que no tiene en cuenta a los vehículos amables. 19 semáforos saltados sin poner en riesgo a nadie, ni a mi mismo por supuesto. Semáforos de regulación peatonal la mayoría, siempre respetando escrupulosamente la prioridad peatonal, algunos semáforos que gestionan incorporaciones y que incomprensiblemente no tienen una fase ámbar para ciclistas y algún otro en intersecciones desérticas con máxima visibilidad.


Saltarse semáforos no tiene, en mi caso, ningún componente adrenalínico, no me provoca ningún tipo de emoción, no me sube las pulsaciones. Más bien al contrario, me produce una cierta desazón cada vez que lo hago, porque me recuerda que los gestores de nuestras ciudades siguen dando la espalda a las personas y a los vehículos que más aportan a que sean sostenibles.

Saltarme semáforos, además, me da oportunidades que respetándolos no tendría, sobre todo a la hora de hacerme visible al resto del tráfico y a la hora de ganar posiciones en la siguiente parada. Además me posibilita hacer algunos tramos sin tráfico, lo cual hace más cómodas algunas maniobras. Pero también ayuda colarse en el tráfico, siempre con prudencia y cortesía, para buscar las posiciones adelantadas en los stops y semáforos. Siempre estando seguro de que los demás entienden lo que estás haciendo.

Ahora bien, para ganarse la aprobación del resto de usuarios de las calles, hace falta dejar claro que no eres un energúmeno transgresor de toda norma. Y para ello hay que aprovechar cualquier oportunidad y dejar claro: uno, que no tienes más prisa ni te crees más listo que los demás, y, dos, que eres especialmente educado y que procuras entenderte con los demás. Así procuro mirar a los ojos buscando a la persona que hay detrás de cada peatón, conductor, motorista o ciclista. Es un remedio infalible para buscar el entendimiento y para comprobar que los demás están al tanto de tu presencia y conocen tus intenciones.

Eso y señalizar, por supuesto. Señalizar tus maniobras, de manera inequívoca pero discreta, sin marcialidad pero con decisión. Comprobando que se entienden y siendo después ágil en la reacción inmediata, tratando de garantizar la fluidez del tráfico.

Así han sido sólo 500 coches los que he pasado, grosso modo, sin pena ni gloria, pura constatación de la ventaja de la bici incluso en condiciones vehiculares plenas.

jueves, 2 de octubre de 2014

"Por más que lo intento, siempre que monto en bici acabo atropellado"

Era la confesión de un entrañable vecino ayer mismo.

- No sé cómo hago, pero, aunque tomo todo tipo de precauciones y trato de evitar circular por la calzada, utilizo parques, aceras y carriles bici, en cuanto llego a un cruce o a una incorporación y me bajo al asfalto esos metros siempre acabo atropellado o casi. ¿Por qué me pasa eso?

- Pues igual precisamente por eso - le dije, no lo pude evitar.

- ¿Por qué? No te endiendo.

- Por circular siempre fuera del tráfico y pretender que el tráfico lo entienda.

- Ya...

- Hay dos sitios donde los conductores no te ven ni aunque quieran: cuando cruzas un paso de peatones (o de bicis) sin hacer una parada técnica y cuando apareces por el ángulo muerto, sobre todo desde la derecha.

- ¿Y entonces?

- Pues tienes dos: o sigues incomodando peatones y fiándote de los carriles bici y te aseguras de que los conductores (no los coches, que esos no ven) te han visto o pruebas a saltar a la calzada y circulas por el medio del carril que te convenga para tu itinerario y en las rotondas te metes bien en el medio para que te vean, siempre señalizando tus maniobras y mirando al resto de conductores.

- Pero eso me da mogollón de miedo.

- Vale, pero hablamos de tu integridad y esa te debería preocupar más que tus miedos.

- No sé, ya veremos.

viernes, 21 de febrero de 2014

Ir, venir, entrar, salir, circular en bici sin jugársela

Ese es el objetivo y muchas veces depende mucho más de nosotros de lo que somos capaces de admitir. Andar en bici es fácil, es cómodo, es agradable y eso hace que muchas veces viajemos excesivamente relajados y bajemos nuestros niveles de atención. Es parte del juego, pero no reparamos en que nosotros somos mucho más vulnerables que el resto de vehículos y podemos ser muy agresivos sin quererlo con la gente que anda a pie.


Las distracciones en bicicleta pueden salirnos caras. Hay que ser conscientes de ello y no confiarnos en exceso nunca. Incluso si dominamos la bicicleta y tenemos muchos años de experiencia, no estamos libres de tener un despiste.

Es atención de lo que hablamos, nunca de miedo, ni de estrés, simple atención. Poner los sentidos en lo que se hace, que es conducir un vehículo impulsado por nuestra propia fuerza. No hablamos tampoco de exigir infraestructuras específicas para nuestra circulación, ni de cambiar las normas, no hablamos de tener un trato preferencial, de ir vestidos como árboles de navidad, de tocar un timbre o llevar luces de 1000 lumens. No. Esto es mucho más sencillo y más natural.


Cada día somos más los que nos movemos a diario montando bicicletas en espacios comunes con otros usuarios de las calles y las carreteras, eso hace que, por un lado se nos perciba más, pero por otro sirve para incrementar la estadística de número de ciclistas siniestrados y eso sólo ayuda a empeorar nuestra imagen y sembrar dudas y justificar miedos irracionales.

Y eso depende muchas veces de nosotros mismos. Muchas más de las que nos queremos creer. Y depende de que lo asumamos y actuemos en consecuencia para poder exigir a continuación el respeto a que somos merecedores como ciudadanos de plenos derechos y la persecución de las actitudes temerarias e intimidatorias sobre todo por parte de algunos automovilistas, muchos todavía por desgracia.

Si no empezamos por nuestra prevención, no estaremos legitimados para exigir protección.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Los mejores deseos para la bici en 2014

La convención que acompaña cada año entrante según la cual se nos presupone una felicidad y una inocencia que luego no refrendamos el resto del año, nos ha enseñado a ser optimistas, bienaventurados y generosos, aunque sea de boquilla, y desear lo mejor para cada año que se estrena, como si dependiera de ello que las cosas funcionaran. Somos así, qué le vamos a hacer.

Metidos en esta harina, hoy es el día de hacer propósitos y saludar amablemente a nuestros congéneres deseándoles lo mejor, aunque mañana o pasadomañana no tengamos ningún inconveniente en cagarnos en su estampa, porque estemos ya ocupados en atender nuestras miserias rutinarias y hayamos pasado ya de empatizar y de transmitir buen rollo.


Aunque sea por un día, vamos a dar la de cal, y vamos a mostrar la cara amable o la ingenua, según como se mire. Estos son nuestros deseos para 2014.

Que sepamos aprovechar la crisis
Una crisis es siempre una oportunidad para cambiar las cosas. Una crisis profunda como la que vivimos va a servir, además de para cambiar irremediablemente de modelo económico, para cambiar los valores dominantes. El individualismo, la competitividad, el consumismo, el productivismo van a dar paso pese a los denodados intentos conservadores a una nueva forma de entender las relaciones y la economía, pero sobre todo a una nueva forma de vivir con menos pero con más consciencia, con más solidaridad y con más empatía. El esfuerzo consistirá en reforzar estos cambios.

Que no nos obsesionemos sólo con tener más bicis
Porque estaremos perdiendo el argumento principal que debería motivar toda nuestra acción, que no debería ser otro que "queremos ciudades más habitables". Eso pasa, en primer lugar, por cuestionar el uso abusivo del coche y el modelo urbanístico y económico que lo ha fomentado y después por respetar escrupulosamente los espacios públicos con vocación de lugares de encuentro y de estancia y a las personas que se desplazan andando. Sólo en ese contexto las bicicletas tendrán sentido, si no sólo serán molestas invitadas.

Que resolvamos el problema de las aceras
Porque si no llevaremos todas las de perder. El respeto escrupuloso de las aceras debe ser incuestionable. Para ello tendremos que hacernos acreedores a nuestros derechos en la calzada o en corredores exclusivos, pero exigiendo siempre unos mínimos niveles de calidad, de respeto y de seguridad.

Que normalicemos las tendencias
Que no nos quedemos en la marginalidad, en el frikismo, en la subcultura o en la tendencia perecedera y que, aprovechando los valores indudables que tienen todas ellas, sepamos consolidarlos en algo que perdure y que enriquezca nuestra sociedad y nuestra ciudad y, en ella, nuestra forma de movernos y relacionarnos.

Que pongamos el objetivo en los menores
Son el futuro y es la única manera de sentar las bases de una nueva forma de entender las cosas, de interpretar la realidad, de promover valores, actitudes y habilidades que harán que su toma de decisiones incluyan a los modos de locomoción y de relación amables.

Que reforcemos la prevención 
En vez de trabajar sólo sobre la seguridad, que no es fruto más que del miedo. La prevención es la anticipación del riesgo, la precaución, la educación en los buenos hábitos, la interacción eficaz y exitosa con el resto de agentes de la calle. La prevención evita accidentes, la seguridad y sobre todo la percepción de seguridad sólo reduce el miedo.

Que el activismo maduro y consecuente continúe
Especial recordatorio a los más activos grupos, instituciones, colectivos e iniciativas: empezando por mi Mundoraintxe y siguiendo por ConBici, Valencia en Bici, CEATxitaBizikleteroak, En bici por Madrid, Ciclosfera, VanapedalMelilla con Bici, Doble Fila, Biciescuela GranadaLa CicleríaMurcia en Bici, Acera PeatonalAsturies con Bici, Espai BiciI Love Bicis y todos los demás, que trabajan todos los días para construir una sociedad que tenga en cuenta más a las personas que se transportan en bici.

Que los regidores, técnicos y autoridades de los ayuntamientos y gobiernos sean conscientes 
Y tengan sentido común cuando traten de impulsar y regular el uso de la bicicleta en sus jurisdicciones y encomiendas.
Obviedades y pretensiones, por supuesto, pero muchas veces nos olvidamos de lo importante cuando nos azuzan con estupideces urgentes como la del casco, las multas o las bicicletas públicas. Así pues, no está de más recordar de vez en cuando los principios que deberían guiar nuestras acciones.

Salud y comprensión.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Volver a aprender a montar en bici

Si creías que sabías montar en bicicleta simplemente porque lo habías hecho durante los últimos 10, 20, 30 ó 40 años sin ningún tipo de inconveniente o con los normales cuando te mueves por una ciudad, tengo malas noticias para ti. Las cosas han cambiado. Y mucho.

Si creías que manejarte con soltura en el tráfico, elegir tu itinerario más conveniente, hacerte con un sitio en la calzada, mostrarte visible y predecible para los demás, negociar bien las curvas, las rotondas y las intersecciones, saber anticipar las situaciones comprometidas o hacer maniobras de última instancia era suficiente para desplazarte a bordo de tu bicicleta en la ciudad, olvídalo.


Ahora las cosas ya no son como eran. Ahora tienes que aprender a andar por las aceras y por los carriles que antes evitabas por encontrarlos peligrosos, ahora tu velocidad está limitada a 20 kms/hora en estos y a 10 en los espacios peatonales. Ahora tienes que aprender a conducir en baldosas, losetas y otros firmes sin agarre, hacer maniobras en ángulo recto, acceder a pasos peatonales desde trayectorias imposibles, sortear peatones anárquicos e impertinentes, farolas, marquesinas o árboles.

Ahora vas a necesitar un casco para poder afrontar todos esos nuevos riesgos a los que te vas a exponer. Casco y un montón de paciencia, además de una buena cuenta corriente, porque van a perseguirte, van a acosarte y, cuando te pesquen, van crujirte a multas. Multas a tutiplén: por circular fuera del carril donde haya carril aunque sea intransitable, por hablar por el móvil, por no llevar timbre, por pasar cerca de los peatones, por tener conductas incívicas o imprudentes, sea lo que sea lo que eso signifique en el momento en que te paren.

Pero déjame que te diga que igual vas a tener suerte. Quizá te roben la bici en los próximos días o quizá, y sólo digo quizá, te veas involucrado en lo que se llama un accidente que no es otra cosa que la consecuencia natural de todas estas novedades que, para cuando te quieras enterar, será demasiado tarde. Con o sin casco porque me han dicho que el dichoso casco no sirve prácticamente para nada más que para evitar ese coscorrón que difícilmente te hubieras dado si hubieras seguido haciendo las cosas como sabías.

Estate atento. Porque todo esto que te he contado igual cambia en unas pocas semanas. A peor, me temo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Manuales de supervivencia para ciclistas

Estamos teniendo noticias de la publicación de unos cuantos catecismos para ciclistas urbanos, resúmenes de recomendaciones para aquellas personas que quieran utilizar la bicicleta en la ciudad. Eso aparte de las ya habituales diatribas en los medios de comunicación escritos, tanto de firmas reconocidas como de autores anónimos. Cuando esto sucede, nunca es coincidencia. Es la prueba de que algo ocurre con los ciclistas urbanos y que es algo grave.

Vamos a atender hoy a las propuestas que provienen de las filas ciclistas. Tenemos por un lado a los que tratan de convencernos de que sólo la calzada y el respeto del código de circulación son el único camino posible para circular con seguridad en bicicleta. Sus máximos representantes: la Biciescuela Granada. Su fabuloso manual lo podéis consultar aquí.

Por otro lado y a modo de recomendaciones tenemos un par de propuestas: una, la de La Ciclería, una empresa zaragozana con vocación social y una interesante actividad formativa, y otra, la de Bizikleteroak, una de las asociaciones más activas y más cabales del panorama estatal. Ambas tratan de ayudar a contemporizar un poco en la insoportable situación en la que empiezan a encontrarse en las ciudades en las que operan, donde los ciclistas urbanos y sus prácticas han acabado por soliviantar a propios y a extraños.

¿Qué nos mueve a proponer manuales para el uso de la bici?

No vamos a entrar a valorar la conveniencia o la calidad de los distintos manuales o lo más o menos acertado de sus recomendaciones, porque cada maestrillo tiene su librillo y en esto de la bicicleta en la ciudad, por desgracia, hay doctrinas y doctrinarios para todos los gustos. Lo que nos tiene que hacer reflexionar es la necesidad concurrente de distintos colectivos distantes y no pertenecientes a un mismo movimiento de hacer estos manuales.

¿Tan mal ven su entorno y a sus convecinos y convecinas? Sin duda. Claro que para todos ellos es parte esencial de su misión instruir a sus usuarios, pero parece que hay algo más. Desde luego, ayuda mucho que la normativa relativa a la circulación ciclista sea deficiente y se esté dilatando angustiosamente la aprobación del nuevo Reglamento General de Circulación. Pero hay algo más.

Hay demasiados ciclistas en las aceras y demasiados ciclistas accidentados

La razón de fondo que subyace detrás de todas estas propuestas y las de otras entidades es la necesidad improrrogable de intervenir en una situación insostenible: la práctica del ciclismo en acera y en carriles bici deficientes y sus consecuencias, básicamente, el malestar de los peatones y la gran accidentalidad de los ciclistas sobre todo en las intersecciones con la calzada.

Quizá la cosa de la bicicleta no sea tan sencilla en las condiciones en las que hemos decidido proponerla, es decir, sin poner cortapisas a los coches y sin cambiar la estructura y ordenación del tráfico tal y como había sido concebido para ellos. Pero parece que unos manuales y unos manifiestos no vayan a ser suficientes para resolver el asunto. Como tampoco lo van a ser los cursos de adiestramiento ni las campañas que muchos han iniciado estos últimos años.

Esto requiere algo más y es cuestionar de verdad el coche como paradigma de la movilidad urbana y tomar medidas que de verdad disuadan de su uso, lo que generará espacios, oportunidades y condiciones para que otros modos de desplazamiento sean posibles y su conducción sea natural, intuitiva, cómoda y segura. Mientras tanto, todo se quedará en iniciativas testimoniales e intentos bienaventurados. Nos vale como parche pero no arregla las causas del pinchazo.

lunes, 28 de octubre de 2013

Bienvenidos al lado oscuro

El cambio de hora al horario de invierno representa el fin de la ilusión del verano infinito y la certeza de la llegada del melancólico otoño en un tránsito inexorable hacia el frío y oscuro invierno. Solo que lo hace sin tanta poesía, de repente y por una convención que nadie acaba de entender para qué demonios se hizo y por qué demonios se mantiene.

El caso es que ahora nos apagan la luz una hora antes, aunque también nos la enciendan esa hora antes por la mañana, lo que debería compensar las cosas, aunque no lo hace. La certeza de la incursión en la estación de las tinieblas y la tristeza de ver recortado ese rato a la tarde para disfrutar de la calle, sobre todo entre los menores, no se compensa con algo más de luz en el madrugón.

Nos obligan a ocultarnos antes, porque la noche no invita a esparcirse sino a recogerse, y nos hacen obligadamente más hogareños, de hecho nos confinan en nuestras casas como si fuéramos escandinavos, teutones o eslavos. Pero no lo somos. Y sufrimos por ello. Aunque nos hayamos hecho a puro fuertes. Porque esto no es algo que se pueda decidir, los horarios están, en su mayoría, preestablecidos, son innegociables.


A partir de ayer, a partir de hoy, a partir de mañana, el retorno a casa a la tarde va a ser a oscuras y eso, además de resultar más siniestro, por lúgubre, se convierte en algo más peligroso, sobre todo entre los ciclistas, porque tenemos que hacernos ver doblemente: una por habitualmente invisibles incluso con luz y otra por la pura falta de luz.

Así pues, hay que volver a recordar otra vez la imprescindible seguridad que aportan las luces y los elementos reflectantes y la necesidad de redoblar nuestra prudencia y nuestra prevención al circular, haciéndonos ver, señalizando, ocupando posiciones que no dejen lugar a la duda de nuestra trayectoria, de nuestras intenciones, de nuestras maniobras.

Porque todavía hay demasiada gente con pocas luces o sin luces, bienvenidos al lado oscuro si vais iluminados.

martes, 30 de julio de 2013

Be traffic my friend

Todos recordamos la sibilina utilización del discurso del mediático Bruce Lee por parte de una de las multinacionales del automóvil para vender quién sabe qué. Coches calculo. Lo importante del mensaje que lanzaba era la sabiduría que encerraba. "Be water my friend" venía a decir que, para vencer los miedos, para interactuar de manera satisfactoria frente al medio pretendidamente hostil, hay que ser como el agua, capaz de adoptar las formas, adaptándose a las circunstancias, fluyendo, acomodándose, huyendo de rigideces y de normas estúpidas. Porque si no chocarás.



Toda una enseñanza que aplicada al tema de la circulación es una de las claves del éxito. Así de sencillo. Si todos fuéramos capaces de fluir, sin miedos, de manera consciente, con dignidad, con respeto y con agilidad todo funcionaría de otra manera. Pero para eso hace falta un quinto sentido del que por aquí andamos muy escasos: la empatía. La capacidad de ponerse en las circunstancias de los demás y comprender su posición, respetándola.

Aquí no. Aquí todos tenemos una excusa para transgredir la norma, para infringir nuestra voluntad a los demás, para deshacer la armonía en nuestro propio beneficio y perjudicar a todos los demás. Aquí todos tenemos pecado y no dejamos de exhibirlo con cierto orgullo.



De la capacidad de ser tráfico por parte de todos dependerá que la circulación sea más plácida, más segura, más agradable y más eficiente. Así pues, libera tu mente y sé tráfico amig@ mí@, sé tráfico.


sábado, 13 de julio de 2013

No hace falta tomar tantos riesgos...

... para tener un accidente.

Este es el eslogan que ha utilizado la asociación de aseguradoras francesas para alertar a los ciclistas de que tomen sus precauciones para evitar accidentes, mostrando la cara más impresentable de sus actitudes. Y este es el video que han editado para la ocasión. Una buena pieza.



Visitando la web que han hecho para la campaña nos encontramos además con una revisión de las situaciones donde más frecuentemente los ciclistas se ponen en riesgo y con unas recomendaciones para cada caso.

Riesgo #1 - Comerse una puerta


Recomendación: circula por el centro del carril


Riesgo #2 - Menospreciar la intersección


Recomendación: sigue las normas y especial atención


Riesgo #3 - Saltarse un semáforo en rojo


Recomendación: respeta las señales y semáforos


Riesgo #4 - Atraparse en el ángulo muerto


Recomendación: sé consciente de que no te ven


Riesgo #5 - Circular a oscuras sin luces


Recomendación: hazte ver


Aunque siempre nos quedará vender miedo

Todo bien si no llegan a caer, como no podía ser de otra manera, en la debilidad en la que interesadamente caen todas las aseguradoras: magnificar los riesgos y sobredimensionar las prevenciones. Así en el apéndice de la página nos adornan con datos que les sirven para demostrar que andar en bici es peligroso e incluso mortal y que luces, reflectantes, timbre y casco son algo más que recomendables, como, y eso no les hace falta decirlo porque se sobreentiende, un buen seguro de vida y otro de responsabilidad civil. O varios. Total tarde o temprano te la vas a dar...

martes, 25 de junio de 2013

Viajar con niños en bicicleta

Pequeños y bicicletas no sólo son compatibles, son una aventura digna de experimentarse si se tiene la oportunidad. Más si los pequeños son los tuyos. Es una manera excepcional de redescubrir las relaciones personales, tan viciadas y tan condicionadas en otros muchos momentos. De viaje en bici la relación es mucho más fuerte, es de pura camaradería, de compañerismo, de dependencia, de solidaridad y de comprensión del más débil. Y eso, yendo con menores es siempre mucho más acusado.

Pero además es una oportunidad de aprender una forma de viajar que implica necesariamente aprender a valorar el camino mucho más que la meta y eso a muchos menores, acostumbrados a ser llevados de un lado a otro como ganado, les cuesta mucho comprender y a sus mayores a veces mucho más. El "¿cuánto falta?" debe reformularse en "mira qué chulo" o "fíjate en eso". Cuando tienes todo el día para llegar, lo que menos vale es la llegada, porque hay que disfrutar todo el día y es entonces cuando el camino cobra relevancia e interés.


Por eso hay que procurar que haya alicientes durante toda la jornada: una parada en una fuente, un avituallamiento improvisado, un lugar de recreo a medio camino, la hora de comer, la sobremesa, un río o una piscina, una consulta en el mapa, en el móvil o en el GPS, todo debe ser motivo para despertar el interés de los menores hacia cosas y actividades que normalmente no se hacen.

Y la improvisación. Ese tesoro tan despreciado y tan olvidado en la sociedad de la información y de la planificación excesiva. La improvisación, el cambio de planes, la forma de afrontar y superar las pequeñas incidencias inevitables y casi deseables, es, sin duda, uno de los mayores alicientes y uno de los mejores descubrimientos en un viaje. Debe serlo. Mejor que los grandes hitos y las atracciones. Y es uno de los mejores aprendizajes cuando se está descubriendo "la vida de los mayores".

Viajar con niños es, pues, más intenso y muchas veces muy exigente, pero es una oportunidad de oro para comprobar sobre el terreno que la vida, la que sucede ahí fuera, esa que es tan atractiva como incontrolable, es la mejor escuela para nuestros menores y un viaje en bicicleta incrementa la vivencia increíblemente convirtiéndose en una escuela también para los mayores. Y en una cura de humildad.

Un saludo desde la ruta. Dos, otro de mi compañero de aventuras.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Consejos pendejos

Si ayer alabábamos el gusto de los mensajes que ha lanzado el grupo mexicano Bicionudos, hoy toca mostrar el ejemplo de cómo no debe hacerse una campaña de educación vial. Nos llega también desde México, esta vez del DF y de la mano de Muévete en Bici, la iniciativa oficial que a través de la fórmula de las ciclovías recreativas, circuitos cerrados al tráfico para disfrutar de la bici los festivos, busca darle una cierta visibilidad al uso de la bicicleta.

No vamos a poner en cuestión este tipo de iniciativas, lo que motiva este artículo es una campaña que ésta ha publicado recientemente y que reúne todos los ingredientes de una promoción mal enfocada. Ñoña, pueril, impersonal, fría, ridícula y, encima, en verso.

He aquí tan sólo algunas de las pruebas.



Nadie discute la conveniencia de difundir consejos para la correcta organización de una actividad como la que proponen, pero elegir esta forma no es lo más acertado y, menos, utilizando pareados si no es con fin cómico casi ridiculizante. Tratar a la gente así es tratarlos de idiotas y eso nunca es conveniente cuando se trata de ayudar a esa misma gente a tomar las decisiones correctas, las inteligentes, las que les convienen a ellos y las que le convienen a la ciudad.

Mal.

martes, 7 de mayo de 2013

Consejos bicionudos

Hoy el homenaje a la campaña más acertada por su forma, por su tono y por su contenido es para el grupo mexicano de defensa de la bicicleta de Puebla llamado Bicionudos.


Sencillos pero contundentes: el que quiere que se le respete, debe respetar. Y punto. Pero si además se hace con buen gusto con esa estética anacrónica tan simpática y con tanta claridad, se agradece doblemente.

Enhorabuena, son realmente Bicionudos.

lunes, 25 de febrero de 2013

Una docena de consejos para circular en bicicleta sobre nieve y hielo


Actualmente, debido a motivos ecológicos, urbanísticos y desgraciadamente económicos, en España se está experimentando un auge creciente del ciclismo urbano por motivos utilitarios, motivos que se tienen durante todo el año.

No obstante, todavía tenemos carencias culturales y prejuicios al respecto. Uno de ellos es que las bicicletas son para el verano, lo cual es tan cierto como que también son para el invierno, solo es cuestión de saber cómo, para lo que adelanto una docena de consejos y trucos.

1. Baja el sillín

Coloca el sillín en una posición en la que puedas colocar la planta de ambos pies en el suelo sin bajar del sillín. Así, en caso de patinazo puedes echar pie tierra rápidamente y evitar caer. Es una posición que da peor rendimiento para pedalear, pero dado que hay que circular más despacio que en seco, eso no será un problema.

2. Modera la velocidad y los giros bruscos

El principal peligro de patinazo se da en las frenadas, por lo que hay que ir más despacio para minimizarlas en cantidad e intensidad. Un giro brusco también puede ocasionar un patinazo y acabar en el suelo, igual que si frenas bruscamente con el freno delantero.

3. Monta en posición erguida

Además del consejo anterior, sube el pescante del manillar todo lo que puedas hasta que puedas sentarte erguido sobre el sillín soportando el mínimo peso sobre el manillar, así la rueda delantera tiene menos tendencia a patinar, y si lo hace, no se cae al suelo tan fácilmente. La postura erguida es característica de las bicicletas holandesas y las beachcruiser.

4. Anticipa las frenadas solo con el freno trasero

No esperes a frenar hasta el último momento, deja de pedalear con anticipación para después frenar menos, y cuando lo hagas y usa el freno trasero. El freno delantero puede provocar que la rueda delantera patine y acabes en el suelo.

5. Escoge las calles más limpias

Los planes de vialidad invernal municipales establecen un orden de preferencia a la hora de limpiar las calles de las ciudades, se limpian antes y con mayor frecuencia las avenidas y calles de mayor tránsito.
Además, aunque en condiciones normales estas vías soportan un tráfico intenso y poco pacificado, con nieve o hielo el tráfico es menor y más lento. El primer día de una nevada te puedes sorprender adelantando a los automóviles a pesar de ir com más prudencia de lo habitual, en España los automovilistas no saben conducir sobre hielo y por eso van muy despacio.

6. Circula sobre las rodadas

Las rodadas de otros vehículos están más limpias, sobre todo si son de coches y más aún de camiones. La nieve puede estar helada con lo que es intransitable, o no estarlo y esconder algún bache, socavón, u otras sorpresas desagradables.

7. Presta atención a las condiciones del firme

Si el firme está nevado o helado este consejo parece obvio, pero cuando no lo está puede solo parecerlo, puede haber hielo negro, que en realidad es transparente. No se ve a primera vista, se distingue cuando el firme refleja la luz con destellos de escarcha, pero como suele aparecer en zonas umbrías el difícil que la luz incida para ver los reflejos.

8. Presta atención a los automóviles

Los automóviles son más pesados, por lo que patinan más fácilmente por inercia en las curvas y en las frenadas, para las que necesitan mucho más recorrido que en seco y desde luego más que a una bicicleta a la misma velocidad. Además el conductor español es inexperto sobre hielo, lo cual hace aún más impredecible sus maniobras. Por todo ello mantén una distancia aún más prudencial.

9. No olvides la iluminación

En condiciones de visibilidad adversas es importante hacerse ver para evitar más de un susto. Luz trasera, delantera y reflectantes trasero y laterales.

10. Viste adecuadamente

Viste con varias capas para que el aire atrapado entre ellas haga de aislante térmico. Usa por fuera un impermeable transpirable, y por dentro un jersey de lana o un forro polar y debajo una camisa o camiseta. No te abrigues demasiado o puedes sudar, y el sudor después se enfría y se pasa muy mal. Usa guantes, gorro y bufanda o braga, siempre cubriendo las orejas.

Ten a mano unos pantalones impermeables para ponerse cuando nieve o llueva, o para cortar el viento, y que te puedes quitar al llegar a destino. Para un trayecto corto, de menos de 5 km, no es necesario que sean transpirables, pero es aconsejable. Si hace mucho frío viste un calzón de algodón hasta los tobillos por debajo del pantalón.

Usa calzado de invierno con calcetines de lana. En caso de frío extremo usa más de un par. Si el calzado no es impermeable protégelo de la humedad con spray hidrófugo, con cubiertas de calzado, o usando un pantalón impermeable algo más largo.

11. Usa una bicicleta adecuada

El cambio interno y los frenos de buje se ven mucho menos afectados por la humedad y el frío como les sucede a los frenos de zapata o disco, y a los cambios con corona y desviador. Además el cambio con buje interno permite el carenado integral de la transmisión, piñón, cadena y plato, para protegerla de las inclemencias. Otras opción de transmisión menos sensible al clima es la transmisión por cardan. Estas bicicletas suelen ser de posición erguida. Los guardabarros se dan por descontado.

Como contrapartida, estas bicicletas ofrecen prestaciones menos deportivas, pero ese no es nuestro objetivo.

12. O adapta tu bicicleta

Tampoco es cuestión de comprar otra bicicleta, pero al menos debes tener los guardabarros y segur los consejos ergonómicos anteriores, aunque los frenos chirriarán y tendrás que cuidar la transmisión, aunque si tu ciudad es del las que llueve mucho, te recomiendo el consejo anterior.

Puedes cambiar las cubiertas por unas de invierno, pero no hará falta que sean de clavos, y si ocasionalmente éstos hicieran falta y no cambiaste las cubiertas puedes recurrir a esta solución casera.

Si habéis llegado a leer hasta aquí seguro que ya tenéis ganas de lanzaros con la bici al hielo, si es ese el caso seguid algunos de los consejos de aquí y acá, y para que veáis que esto está al alcance de cualquiera, os muestro este vídeo de la ciudad holandesa de Utrecht, donde el frío es bastante más riguroso que en cualquier latitud española.



Como podréis ver, cualquiera en esa ciudad es capaz, sea cual sea su edad, sexo y condición social. Si no lo haces, di simplemente que es que no quieres, no hacen falta excusas.

artículo escrito por Fernando Clavijo en una docena de...
imagen cortesía de Lambert Wolterbeek Muller con licencia Creative Commons

martes, 5 de febrero de 2013

El Ciclista Respetable

Hay maneras y maneras. Y la convivencia depende muchas más veces de cómo se hacen las cosas que de qué cosas se hacen. De la actitud, de la paciencia, de la prevención, de la empatía. Es una cuestión de estilo, de talante, de visión de la vida, del entorno, de los demás y de la forma de relacionarse con todo ello.

Por eso quien demuestra ser respetuoso, más allá de las normas, más allá de los casos, debe ser respetable, porque gracias a este tipo de personas, con este tipo de actitudes se construye la vida en sociedad de forma civilizada, amable, digna y pacífica.



Sólo deberían merecer respeto quienes a su vez lo profesan. Sólo las personas que son capaces de realizar sus actividades sin incordiar a los demás. Así todo funcionaría sin necesidad de regularlo todo demasiado. Lo que pasa es que muchas veces, demasiadas, la excepción justifica la regla y una vez que la regla existe su transgresión origina enfrentamiento, crispación, violencia. Y entonces se pierde la oportunidad de ser respetuoso porque la regla incorpora el obligado cumplimiento y ahí acaba la cosa. Y el juego social se empobre, se envilece, se normativiza.

Así pues, un saludo y un homenaje a las Personas Respetuosas. Cada vez más.

lunes, 4 de febrero de 2013

Con prisa y sin ganas

Somos la generación de la prisa. Y nos hemos perdido lo importante por llegar a lo urgente. Constantemente, invariablemente. Somos la generación del segundero, de la hora punta, del acelerón, del "ya llego", del "voy volando" y del "cuanto antes mejor". También hemos contado con las herramientas más poderosas para conseguirlo y hemos sido capaces de desarrollarlas y explotarlas hasta límites insospechados.

Somos la generación de la multitarea, del control remoto, de las telecomunicaciones, de la movilidad. Y nos ha ido bien durante mucho tiempo, o eso al menos eso nos parecía, porque nos lo habían hecho creer y porque nos lo habíamos creído. Porque éramos la generación de la ubicuidad. Todo el mundo estaba al alcance de nuestras manos y lo visitábamos virtual y realmente. O al menos eso pensábamos.

Pero somos también la generación del estrés, del agobio, del achuchón, de los proyectos inconclusos y de los atropellos. Porque no nos ha quedado otro remedio que atropellar y ser atropellados. Y así hemos ido azuzando y siendo azuzados como si no hubiera otra forma de ir. Somos la generación del "veeenga, vaaamos", del "moc moc" y del "ring ring". Y esto es lo peor de nosotros.


Porque somos una generación que se nos ha enseñado a creernos el centro del mundo y a actuar como tal. Achuchando, exigiendo prioridad o tomándola por la mano, y si no increpando a los que se ponían en nuestro camino. Con insolencia, con prepotencia. Porque nos creíamos más importantes que los demás y más listos que ellos. Adelantando, anticipándonos, empujando, apabullando.

Y así nos ha ido, y así nos va. Asfixiados en nuestra vorágine, amedrentados por alcanzar el futuro a costa del presente, atosigando a los demás, amonestándoles si no corren en nuestra dirección y a nuestra velocidad, derrochando medios irreemplazables, malográndonos y condenando a los demás en nuestro castigo. Permanentemente ansiosos, permanentemente insatisfechos.

Pero ¿por qué? ¿Para qué? ¿Y por cuánto tiempo más? ¿Cuánto vamos a hacer durar esta agonía? Y más que eso ¿cuándo nos vamos a dar cuenta de que esto no funciona si no lo ralentizamos, si no recuperamos el gusto por vivir, el valor del momento, las ganas de hacer las cosas bien hechas por el placer de hacerlas bien, tomándonos nuestro tiempo, el sabor, en definitiva, de disfrutar el hoy para construir un mañana mejor?

Hasta que no seamos capaces de hacerlo no le vamos a dar la vuelta a estas tornas que nos están pisando, que nos están estrangulando mientras seguimos empujándolas como burros de noria. Pero ¿cómo lo vamos a hacer?

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