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miércoles, 7 de agosto de 2013

La estupidez del ciclista peatonal

Llevamos unos cuantos años, demasiados, presenciando la invasión sistemática de las aceras por parte de ciclistas que, aduciendo miedo al tráfico motorizado, han decidido ignorar la ley y ocupar los espacios reservados para los peatones para circular en bicicleta.

Desde siempre los ciclistas se han valido de las aceras como escapatorias o atajos, para evitar puntos especialmente conflictivos o itinerarios con circunvalaciones exageradas. Hasta ahora esto se hacía con la conciencia de que se estaba trasgrediendo la ley y molestando a las personas que ocupaban esos espacios con pleno derecho, pero de un tiempo a esta parte la cosa ha cobrado un cariz distinto.

Si hasta hace unos años al ciclista trasgresor se le pillaba en renuncio, éste se disculpaba y asumía su infracción de la mejor manera posible (aunque siempre haya habido excepciones deshonrosas) pero nunca osaba contestar o ponerse chulo, porque sabía que estaba fuera de lugar y eso quedaba, como mucho, reservado para las disputas en la calzada.

Mal de muchos...

Lo que pasa ahora es que ha habido un incremento tan importante de ciclistas noveles, alentados por campañas y con la connivencia de las autoridades, que las aceras han pasado de ser un refugio excepcional a convertirse en el lugar habitual de circulación para muchos. Es comprensible el interés de muchas personas en no compartir el lugar natural de circulación de estos vehículos que es la calzada, porque, por un lado, protege a todos esos que han elegido la plataforma equivocada para circular y, por otro, porque preserva la calzada de manera más exclusiva para los automóviles. La decisión de implementar muchas de las vías ciclistas en aceras no ha hecho más que empeorar el panorama.

Ciclista "corriendo" en el encierro de Estella de ayer (ver noticia)

Pero el colmo de esta situación lo representa la actitud prepotente que, de manera creciente, muchos “ciclistas peatonales” exhiben para con sus vecinos. Descaro, intimidación, chulería y hasta enfrentamiento directo, no son señales de otra cosa que de la estupidez que rodea todo este proceso de promoción de la bicicleta en el que estamos envueltos y que de alguna manera les asiste en su sinrazón, policías municipales incluidas obviando el cumplimiento de la ley.

No sé cuánto más vamos a ser capaces de soportar y consentir esta situación de irresponsabilidad colectiva y de falta de respeto, pero cuanto más tiempo pase, más grave se hará y más difícil de recomponer.

martes, 11 de junio de 2013

Casco sí, casco no, acera sí, acera no, bici sí, bici no

Llevamos unos cuantos años observando cómo se están desarrollando los acontecimientos en todo lo relacionado con la imparable evolución de las bicicletas en nuestras ciudades.
Después de unos inicios prometedores, en los que mucha gente se ha ido incorporando a la utilización de la bicicleta como modo de locomoción en medio urbano, la importancia que este vehículo ha ido cobrando no se ha traducido en una apuesta real por parte de los responsables de la ordenación del tráfico, que han visto a la bicicleta como un molesto invitado en unas calles dominadas por los coches y flanqueadas por los peatones.
Pese a que se han realizado actuaciones vistosas, sobre todo centradas en la implementación de ciclovías, la mayoría de ellas han aquejado los mismo males: demasiado estrechas, demasiado sinuosas, deficientemente señalizadas, inconexas y en itinerarios dudosos, casi siempre evitando las calles principales, las más deseadas por todos por ser las más directas, y casi siempre en aceras.
La culminación de la vergüenza en la pretendida inclusión de la bici en el panorama urbano se consumó cuando los responsables políticos decidieron, dejando de disimular sus intenciones, pintar las aceras para permitir circular por ellas a los ciclistas sin más criterio que conseguir conectar la red de ciclovías. Aquí el despropósito acabó de concretarse.
Si hasta ese momento era ya suficientemente discutible el criterio de los encargados de implementar lo que se dio por llamar el Plan de Ciclabilidad a la hora de elegir las calles, describir los itinerarios, decidir las secciones, los radios de las curvas, la calidad de los pavimentos o el diseño de las intersecciones, cuando a alguien, como medida pretendidamente salomónica, se le ocurrió pintar las aceras, la cosa cobró un cariz totalmente distinto, ya que dejó clara la estrategia: no queremos bicicletas en las avenidas principales y no nos importa agraviar a los peatones.
Este menosprecio de los más débiles fue la constatación de que la apuesta por la denominada movilidad sostenible, esa que desincentivaba el uso del coche para dar oportunidades a modos alternativos de transporte para hacer ciudades más habitables, era una mera escenificación.
Ahora, después de que cada ayuntamiento haya hecho su pequeña chapuza tratando de demostrar que se estaba haciendo algo por las bicicletas, cada uno con su criterio y con su norma, ahora la Dirección General de Tráfico ha decidido intervenir para deshacer el entuerto con la triple justificación de unificar criterios normativos, perseguir la normalización y mejorar la seguridad de la bicicleta en la circulación.
¿Y qué se le ha ocurrido a la DGT? Pues, además de promover la reducción de las velocidades en las calles secundarias, empresa en la que ya se habían metido muchos municipios, ha decidido presentar toda una batería de medidas que, lejos de servir para potenciar el uso de la bici, son claramente desfavorecedoras. Las más discutibles: la obligación del uso del casco, la permisividad en la circulación por aceras y la recomendación de circular por el margen derecho de los carriles en las calzadas.
La medida que más discrepancia ha generado ha sido, sin duda, la del casco, pero no es la más grave. El casco, que como elemento de protección para caídas es interesante, no tiene mayor efectividad en caso de colisión con un coche y tiene efectos disuasorios sobre el uso de la bici porque la presenta como una actividad incómoda y peligrosa, haciéndola inconveniente. El hecho es que en ningún país europeo es obligatorio, tampoco en carretera.
Sin embargo, la permisividad del uso de aceras y la circulación sin ocupar el centro del carril, por no hablar del diseño de la inmensa mayoría de los viales para ciclistas, incrementan exponencialmente el riesgo de accidente y atropello en la práctica ciclista y consolidan el dominio de los automóviles en nuestras calles y la discriminación total de la mayoría de usuarios de las calle: las personas que caminan, juegan o simplemente están.
Circular junto a bordillos, coches aparcados o bolardos y otros obstáculos, hacerlo por aceras y por vías alejadas de la lógica del tráfico rodado, convierte el uso de la bicicleta en una práctica de riesgo porque fomenta las principales causas de su accidentabilidad. No olvidemos que la mayoría de siniestros en los que se ven envueltos los ciclistas, además de las caídas (que en las aceras son mucho más probables que en asfalto), se producen en intersecciones donde las bicicletas se incorporan desde plataformas distintas a la calzada o por atrapamientos en desvíos e incorporaciones, normalmente por falta de visibilidad de los ciclistas. Estas nuevas normas propuestas favorecen estas circunstancias.
A la vista de este panorama, lo único que podemos concluir es que la bicicleta molesta, cada vez más, en nuestras ciudades. Molesta en la calzada, molesta en las aceras y molesta en las zonas peatonalizadas. Y el remedio que se ha buscado es hacerla más incómoda todavía. Si ya los itinerarios diseñados para las bicis eran angostos, llenos de obstáculos, sinuosos e incomprensibles y ralentizaban la circulación ciclista, las nuevas recomendaciones van a hacer que la bicicleta sea molesta hasta para sus practicantes, presentándoles además como inoportunos, torpes y marginales, cuando no como irresponsables, temerarios o irrespetuosos, por no querer seguir el orden establecido: el del coche.
No sabemos hasta dónde llegarán las intenciones de la DGT ni en qué se concretarán en la práctica en cada uno de nuestros municipios, sobre los que recae la vigilancia del cumplimiento de la norma, pero todo esto apunta mal y no hace más que constatar la convicción de nuestros responsables de que las bicicletas no son bienvenidas en la ciudad, porque no se le quiere quitar nada al coche, porque todavía se le considera el símbolo y el garante del desarrollo y del éxito económico.
Mientras tanto, seguiremos celebrando el Día de la Bici, la Semana de la Movilidad y otras escenificaciones de la falsedad en la que estamos atrapados, con la felicidad del que tiene la conciencia tranquila porque está haciendo lo que se debe en bien de la comunidad. 

jueves, 21 de marzo de 2013

El día que los ciclistas renunciaron a la calzada

No es una fecha concreta sino un proceso que ha ido sucediendo en los últimos años en muchos lugares del tercer mundo de la movilidad urbana en el que vivimos. Ayudados sin duda por las maniobras de unos cuantos ayuntamientos que, bajo la sospechosa excusa de tratar de defender a los ciclistas noveles, empezaron a hacer actuaciones de lo más variopintas en las aceras. Todo tipo de gamberradas estaban contempladas, hasta hacer pintadas, con tal de dar a entender a la ciudadanía en general que se estaba haciendo algo por la bicicleta y a las nuevas incorporaciones ciclistas que su espacio seguro estaba lejos de la calzada.

... los peatones sufrieron las consecuencias...

Fue así como tuvo lugar la profanación sistemática de las aceras y de muchos espacios peatonales. Y fue así como se condicionaron muchos espacios públicos que habían sido concebidos como espacios de encuentro, sin más, y se convirtieron en espacios de circulación vehicular, aunque los vehículos fueran ligeros y sin motor, aunque no mataran, se había conseguido cambiar la esencia de estos espacios.

Ya no se podía pasear distraidamente, ya los niños con la inconsciencia propia de su edad no podían jugar alegremente, ya los mayores con su percepción aumentada del peligro no iban a estar tranquilos e iban a sentirse amenazados, muchas veces con razón. Ya todo había cambiado. Pero nadie se quejó de esto, todos lo tomamos como algo sobrevenido y de siguiendo la actitud dominante en esos tiempos nos dedicamos a salvar nuestro culo y mirar a otra parte como si no estuviera pasando nada grave, cuando no expresando satisfacción por las conquistas ciclistas.

... y los ciclistas perdieron su lugar en la calle,,,

Pero esa deriva, ese cambio de plataforma, hizo que los ciclistas fueran perdiendo presencia en el tráfico y los automovilistas interpretaran todos estos movimientos como un reconocimiento de sus derechos preferentes en la calzada y, muchos de ellos, consideraran que, consecuencia de todo ello, los ciclistas debían ser excluidos del asfalto y debían de ser relegados a las aceras, tuvieran o no permiso para ello.

... y ahí empezó el ring-ring y acabó la masa crítica.

Por supuesto, todo esto está exagerado, porque muchos ciclistas siguieron circulando por la calzada, contraviniedo estas tendencias, ignorando las ocurrencias de unos y otros, e interpretando, como decía la ley y el sentido común, que el sitio de la bici y, más que eso, su funcionalidad sólo se conseguía circulando a su libre albedrío, con total discreción, como un vehículo más en la calzada y como un invitado en las zonas peatonales, pero nunca por las aceras, o al menos no de una manera que no fuera excepcional, justificada y exquisitamente respetuosa con los que andaban, disculpas incluidas.

Lo que no acabamos de ver por estas latitudes es gente capaz de bajarse de la bici y caminar un trecho porque las condiciones peatonales del mismo así lo exigen. Será que no estamos preparados para ello. Será que necesitamos una ley que nos obligue a ello y una policía que nos lo haga valer. Así nos va.

domingo, 17 de marzo de 2013

Cuidado ciclistas: la acera es más peligrosa

No lo digo yo, me lo han contado. Todas las semanas tenemos, desgraciadamente, que atender a víctimas del ciclismo de acera. Personas que no han calculado o que no han sido alertadas del riesgo extremo que supone circular por las aceras. Algunas atropelladas en pasos de peatones, otras víctimas de patinazos imprevistos o de maniobras desfortunadas en situaciones fortuitas, el caso es que en las últimas semanas no hacemos más que recibir a gente que ha tenido algún tipo de accidente circulando en las aceras.

En general están asustados, han visto que la protección que se prometían invadiendo estos espacios reservados hasta hace unos años a peatones y niños se convierte en un segundo en una trampa. Porque las aceras no están pensadas para ser circuladas por vehículos, aunque éstos sean lentos como las bicicletas. El pavimento, los obstáculos, el carácter anárquico, la falta de señalización, la incapacidad de señalizar, la imprevisión de los movimientos y las incursiones aventuradas en las calzadas las hacen especialmente peligrosas en este invierno inclemente y tormentoso.

Foto sacada de aquí
Pero además de asustados, los ciclistas de acera están indignados. Indignados con los ayuntamientos que han promocionado alegremente la circulación por las aceras, recomendando su uso, dibujando itinerarios sobre las baldosas, desprotegiendo y denigrando a los peatones y dejando a los ciclistas, que seguían confiados sus vericuetos, indefensos en los cruces, desorientados cuando las marcas se acababan, inválidos y ridículos haciendo itinerarios imposibles con casco, chaleco reflectante, luces y timbres en ristre, desafiando las leyes de la lógica.

Hoy ha sido una chica la que me ha narrado su incidente en un punto donde el pavimento helado ha dado con sus huesos en el suelo y además de dejarla dolorida y confusa, ha dañado su bicicleta, lo cual la ha enardecido doblemente. Tanto que ha decidido denunciar al ayuntamiento.

Es realmente vergonzoso lo que está ocurriendo en muchas de nuestras ciudades con los ciclistas en las aceras, es realmente triste que sean los propios ciclistas los que muchas veces estén tratando de justificar el uso de las aceras como espacios seguros ante la intimidación que sufren por parte de muchos automovilistas en las calzadas, pero lo que es verdaderamente lamentable es que nadie esté criticando abiertamente con datos fiables y con alternativas posibles los desmanes que están haciendo unos cuantos irresponsables con la excusa de tratar de segregar a la bicicleta del todopoderoso tráfico motorizado imperante.

La acera es peatonal, el lugar de las bicicletas es la calzada y hay que empezar a poner trabas a los coches de verdad, no con aceras bici y falsos calmados de tráfico. Hasta entonces esto no va a servir más que para empeorar las cosas, con o sin casco.

domingo, 17 de febrero de 2013

Los peatones pierden Independencia

Con mayúscula. Porque la Independencia, el libre albedrío, la capacidad de pasear descuidadamente parece que no se acaba de comprender como un derecho civil en muchas de nuestras ciudades. En Zaragoza, por ejemplo. Una de las ciudades donde más ciclistas te puedes encontrar en las aceras y los paseos de todo el panorama estatal.


En Zaragoza llevan unos cuantos años dando a entender a su población que algo está cambiando en términos de movilidad. Grandes peatonalizaciones, obras faraónicas para introducir el tranvía y reconfigurar el centro neurálgico de la ciudad, calmado de tráfico prácticamente en todas las calles de ese centro, carriles bici, bicicletas públicas.

Pues bien, en esa ciudad, la columna vertebral se denomina precisamente Paseo de Independencia y, merced a todo este proceso, se había vuelto a convertir en un verdadero Paseo, después de muchas décadas de haber sido una Avenida para los coches. Así los zaragozanos habían recuperado el carácter original de dicha vía, e incluso la habían mejorado, ya que, originalmente, el Paseo era un gran andén central y ahora aprovechaba mucho mejor la vida comercial de los porches para dejar la parte central para el tranvía y una exigua calzada de un carril para los vehículos, bicicletas incluídas, a 30 kms/hora. Toda una conquista, una reconquista o, simplemente, un logro.

¿Perfecto? Pues no. Porque los cicleatones han hecho caso omiso de dicha indicación de circular por la calzada calmada y han seguido campando por las aceras, tanto, que han acabado por convencer a los responsables municipales (aunque más que responsables quizá debiéramos llamarles tan solo electos) de pintar una acera bici restando espacio a los peatones, para ordenar la cosa.


De nada parece que van a valer las movilizaciones ejemplificantes de Pedalea, de nada parece que va a servir la pataleta que se han llevado los peatones denunciada por Acera Peatonal, porque en este circo de políticos pusilánimes y de ciudadanos irresponsables, impunes y prepotentes la ley la escriben los más descarados, los que se aprovechan del civismo de los demás y de la buena voluntad de la gente. Así nos va.

Espero que en ese Observatorio de la Bicicleta las aguas vuelvan a su cauce y las bicicletas vuelvan a la calzada pacificada en Independencia, porque la riada de ciclistas de acera en Zaragoza es verdaderamente un problema de orden público.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Estarás contento ¿verdad?

Es el comentario que he oído hoy varias veces.

- Tanto blog y tanto artículo... ya lo has conseguido. Te parecerá bonito ¿no?

No entiendo.

- ¿A qué te refieres?
- A que ahora no nos van a dejar andar por las aceras, como recomiendas tú. ¿Y por dónde quieren que andemos?
- ¿En serio? ¿Dónde lo pone?
- Pues en los paneles de información del Ayuntamiento ¡menuda campañita! ¿No la has visto?

Salgo inmediatamente cámara en mano a recoger pruebas. Efectivamente están ahí, en la cara que es visible sólo desde la acera.


- ¿No decías que había que aprender a andar con la bici en la mano? Pues ahí lo tienes.

Cuesta creerlo pero es verdad. Ahí está ese personaje fantasmagórico con el casco puesto andando con la bici de una manera realmente difícil, poco natural y ocupando demasiado espacio, como quien anda con un caballo, pero el mensaje es literal.

Un poco más adelante descubro que el mismo espectro es el protagonista de esta campaña ejemplarizante para los ciclistas.


La campaña en sí misma parecería a primera instancia correcta, pero encierra una serie de perversiones que merece la pena analizar.
  • Para empezar sobreentiende la imperiosidad del casco, su obligatoriedad, cosa que todavía está estudiándose, pese a las desafortunadas declaraciones del Ministro de Interior.
  • Luego, da por sentado que el ciclista puede cruzar un paso de peatones en el sentido de los viandantes, cuando esto, por ley y por ordenanza, es una práctica irregular.
  • En tercer lugar, da carta de naturaleza a la desafortunada fórmula de las "aceras señalizadas" que no son otra cosa de una herramienta posibilista y altamente riesgosa de acondicionar como espacios de convivencia calles que no lo permiten.
  • Recrea el victimismo peatonal, ilustrado en la imagen de esa niña que saluda agarrada de la mano de su mayor vigilante que la libra del peligro apartándose de la trayectoria del ciclista, en una acera donde deberían andar despreocupados por tener prioridad.
  • En este sentido, ahonda también en la falta de autonomía de los niños.
  • Utiliza el imperativo como forma verbal, de forma que más que consejos, se enuncian órdenes. En ningún momento se utiliza fórmulas asertivas, que inviten o trabajen sobre los aspectos positivos.
  • Además resulta msógina (o cuando menos machista) y sesgada al representar al ciclista como un chico jóven y con aspecto de estudiante, identificando así aólo a una parte de las personas que andan en bici.
La campaña se acompaña de un folleto informativo que ahonda en estas cuestiones y en otras.

La pregunta es:

¿Cuándo se dirigirá una campaña a los automovilistas?

En estos mismos términos imperativos, paternalistas, tratándoles como irresponsables, recordándoles sus obligaciones:
  • La calle es de todos, debes respetar el derecho de los demás a moverse.
  • Cede el paso y respeta escrupulosamente los pasos peatonales.
  • Adelanta utilizando otro carril o espera a hacerlo hasta que puedas respetar una distancia mínima de 1,5 metros cuando se trate de ciclistas y motoristas.
  • No increpes a otros conductores. No utilices el claxon. No seas agresivo. No intimides a los demás.
  • Respeta las limitaciones de velocidad y las distancias de seguridad.
  • Pon todos los sentidos en la conducción, no te despistes con móviles, navegadores, música a alto volúmen o conversaciones con los pasajeros.
  • Recuerda que tus imprudencias pueden resultar graves e incluso mortales y no precisamente para ti. 
  • Ah, y ponte casco. El riesgo de sufrir lesiones cerebrales es elevadísimo en caso de accidente. Y obliga a tus pasajeros a que se lo pongan también.
Sería interesante ver las reacciones entre los destinatarios de dicha campaña.

lunes, 11 de junio de 2012

Peatones, por favor, cíñanse a la acera

Uno no sabe ya qué puede encontrarse en estas ciudades que han decidido reinterpretar la movilidad sostenible de la misma manera que cualquier otra área de la sostenibilidad, es decir, a su libre albedrío o, casi mejor, a su libre ocurrencia.

La ordenación del tráfico en estas ciudades se hace hasta en las aceras. Esto es, se señalizan y marcan las aceras como espacios de circulación, perdiendo su carácter discrecional y más o menos anárquico. Muchas veces hemos hablado ya sobre las consecuencias que ello conlleva en la habitabilidad y tranquilidad de las mismas, todo por tratar de canalizar por ellas algunos vehículos que resultan incómodos en las calzadas, mayormente bicis.

Hasta aquí todo conocido. Grave pero conocido. Lo de hoy ya es el colmo. Hoy me he encontrado estas marcas en una acera. Las había visto en alguna calzada pero ¿en la acera?

¿Qué significan? Pues, efectivamente, aunque parezca increíble, están indicando que en esa acera los peatones deberán circular bidireccionalmente. La señal lo deja claro (yo soy de esos peatones que camina mirando las señales).


¿Demencial? No tanto. ¿Por qué? Pues porque justo al lado hay un circuito para patinadores, en el que rara vez hay patinadores y que se quiere preservar como "carril patín", ante las contínuas incursiones de los viandantes. Correcto, comprendido.

Sin embargo, analicemos las características de la acera recomendada para peatones y por qué los malditos caminantes insisten en invadir el "carril patín". ¿Qué nos encontramos? Esto.


Si esto no es una ignominia pedestre que alguien me explique qué es.

Ahora bien, ¿qué tiene todo esto que ver con las bicicletas? Nada. Solo que a veces me da por compadecerme de los infaustos peatones que, pese a tener la mayor masa crítica en la mayoría de nuestras ciudades, siguen sufriendo este tipo de vejaciones, menosprecios y atropellos. Ya podéis perdonar por la digresión pero es que a veces yo también camino.


¡Ooooops!

miércoles, 23 de mayo de 2012

Tratando de abducir a los cicloidiotas

Por enésima vez, la insaciable industria del automóvil ha tratado de alucinarnos con su poderío como demostración de que vivimos en un mundo ridículo los que pedaleamos trastos de dos ruedas simples. Y han vuelto a acaparar la audiencia con su potente armamento mediático. ¿Cuál es la cosa? Pues que se les ha ocurrido desarrollar un engendro con dos ruedas y un "peazo" motor eléctrico que se te va la olla para dejarnos a la altura del barro a los que nos conformamos con que la cosa tenga dos ruedas y ande a pedales. Un artilugio que es más o menos así:


Ahora bien, se han preocupado en desarrollar una bici que no sea para nada sustitutiva de ninguno de los fabulosos coches que ellos producen, sino más bien complementaria. ¿Os creíais que eran estúpidos o qué? Así nos presentan un arma para darte tus lujos de "freestyler" por ahí por donde los coches te dejen, es decir, fuera de la calzada. ¡Bien! Podrás hacer tus caballitos (perdón "wheelies") a golpe de acelerador y con el casco suelto, surcar jardines, subirte al mobiliario urbano o bajar escaleras con una máquina que registrará tus proezas y puntuará tus cabriolas y con la que podrás relacionarte a través de tu "smart phone". ¡Una verdadera amiga!



Basta ya de basura, por favor. Aún recuerdo la tan cacareada bazofia que sacó hace un año la Volkswagen a la que se olvidaron ¡vaya por dios! de ponerle pedales. Aunque bien visto, ¿por qué iban a pensar que eran imprescindibles para llamarle a su invento bici?


Seguiremos atentos al bombardeo y perdón por la interferencia.

jueves, 10 de mayo de 2012

Peatonalizaciones condicionadas por las bicis

El Ayuntamiento de Sevilla, entre otros, se ha propuesto limitar el uso indiscriminado de las bicicletas en algunas calles peatonales de la ciudad. La idea, cómo no, no ha sido bien recibida por el colectivo ciclista que ha entendido que se cercena, otra vez más, su libertad de circulación y que se trata de discriminar este modo de movilidad.

Carril (sin) bici (Foto de Francisco Javier Recio, El Mundo)

Pues bien, en muchas calles, como la que da pie a la noticia, las bicicletas juegan un papel decisivo a la hora de condicionar los tránsitos en zonas peatonalizadas y a la hora de preservar el carácter peatonal y relacional, tranquilo y aleatorio, de los que caminan (como deberían de ser, especialmente en estas zonas exclusivas).

Calle Asunción (Sevilla) cortesía de Peatones de Sevilla
No es la única ciudad que tiene problemas con este tipo de zonas. La Ciudad Condal históricamente es otra de las paganas de un estilo de integración de la bicicleta en zonas peatonales que ha generado inseguridad entre los viandantes. El agravio peatonal ya se ha asumido como algo sobrevenido, indeseable, pero demasiado habitual, como explica perfectamente Francesc Arroyo en su blog de El País que titula "Los peatones son un estorbo" (en sus propios espacios, añado). La imagen es ilustrativa.

Andén lateral en Avenida Diagonal de Barcelona (Foto Francesc Arroyo, El País)

En Sevilla, catedral de la invasión institucionalizada de las plataformas peatonales por ciclistas, en una encuesta que se realizó sobre el uso de la bicicleta, los ciclistas (cicleatones) declaraban que el principal problema que se encontraban en la ciudad para andar en bici eran precisamente los peatones. ¡Normal!

Sin embargo, cuando se les pregunta, los ciclistas no se ven peligrosos para los peatones, tan sólo una minoría casi despreciable lo asume (apenas un 1,4%, según el Barómetro de la Bicicleta de 2011)

En algunas ciudades, se proponen lograr el entendimiento entre los distintos usuarios de las calles, tratando de mejorar la convivencia en las distintas plataformas, pero ilustran la noticia con una imagen de la típica pseudo-infraestructura ciclista perpetrada en un espacio peatonal, que no hace sino poner en juego el libre albedrío de los viandantes en dicho espacio. ¿Sirve buscar el entendimiento ante deficiencias tan flagrantes como estas o sólo servirá para legitimarlas?

Fotografía de Jorge Muñoz en el Diario de Noticias de Alava

Los ejemplos son, por desgracia, múltiples, repetidos en diversos sitios, siempre con el mismo resultado: ciclistas que interpretan estas "facilidades" como un derecho de circulación normalizada y peatones invariablemente agredidos y discriminados.

Donostia, como en muchas otras cosas relacionadas con la ciclabilidad, tiene ejemplos de ello también. Esta sacada del Street View de Google es una de ellas. Con ciclista, peatones "marginados" y señal indicativa con su bici correspondiente aparcada irregularmente y en la que puede verse la proporción de espacio destinado a peatones y ciclistas y esa recomendación de no sobrepasar la velocidad de ¡5 kilómetros por hora! 

¿Alguien ha intentado andar alguna vez en bicicleta a menos de 5 kms/h? Pues enhorabuena. ¿Cuál es la diferencia entre ir montado en bici a menos de 5 kms/h e ir caminando? ¿Qué le pasa a un ciclista cuando se baja de la bici y camina? Si eso es una conquista ciclista, por favor, que alguien me lo explique. Si eso no es un insulto a los peatones, por favor, que me haga saber por qué.


Un ciclista urbano recoge en su post de ayer otro ejemplo precisamente de esta ciudad maravillosa. La foto que lo acompaña es definitiva.  

Acera bici frente al Kursaal en Donostia (Foto de Javier Arias)

Las peatonalizaciones, esa formulación realmente interesante para recuperar espacios en la ciudad para las personas, muchas veces no son exitosas por este tipo de medidas. También suele ser definitiva la influencia que ejercen los accesos a los aparcamientos (públicos o privados). Son cosas que no se piensan suficientemente, que no se planifican, que se hacen "a tontas y a locas".

¿Son entonces los ayuntamientos que restringen el uso de las bicis en zonas peatonalizadas unos irresponsables?

Hemos dedicado mucho espacio en este blog a tratar de hacer ver que a la bicicleta también hay que ponerle limitaciones, sobre todo cuando se pone en juego la seguridad y el uso relacional de los espacios públicos, y son precisamente este tipo de medidas restrictivas las que se proponen. Lo hemos visto en otros países mucho más "desarrollados" en políticas pro-bici que el nuestro, donde obligan a desmontar de la bicicleta en dichas zonas.

Algunos ejemplos de ciudades que limitan el uso de bicicletas en zonas peatonales
Munster
Londres
Dublin
Dusseldorf
Barcelona
No obstante, y para ser justos, no hay que atribuir el mérito de las peatonalizaciones a los que después se presentan como aguerridos defensores de las mismas. Hay que dejar constancia que los mismos que ahora exigen que se preserve y se proteja a los peatones en las zonas peatonalizadas, previamente podían haberse opuesto acérrimamente a dicho proceso peatonalizador. El ejemplo, en la misma Calle Asunción con la que se iniciaba la reflexión de hoy.



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martes, 10 de abril de 2012

¿Quién dijo que no se puede correr en un carril bici?



¡Y aún hay algunos que se atreven a poner en tela de juicio la seguridad y la agilidad que aportan este tipo de infraestructuras para la circulación ciclista en la ciudad y de cuestionar a los que las utilizan de irresponsables! ¡Insensatos!

¿Y quién dijo que no se puede ir despacio por la calzada?

Son los mismos que proponen ocupar la calzada a bordo de una bicicleta y hacerse valer en ella. ¡En el tráfico! ¡Entre coches y autobuses! ¿Qué se habrán creído? ¿Que somos una pandilla de kamikazes que no tenemos apego a nuestras vidas?

martes, 6 de marzo de 2012

Restos de una batalla cruenta

A veces camino mirando las baldosas, embobado con sus formas, con su geometría obsesiva, con las luces y los brillos que reflejan. Andaba en una de esas, cuando me ha atraído una forma que en mi pueblo se ha convertido en todo un símbolo.


No he podido menos que esbozar una leve sonrisa disimulada. "Fíjate lo que es capaz de hacer el puro paso del tiempo" me he dicho. Dicen algunos que el paso del tiempo da la razón, porque pone las cosas en su sitio, una especie de justicia determinista. Muchas veces ocurre así, otras simplemente sirve para enquistar más las injusticias, aumentar endiabladamente las desigualdades, agudizar los males. Yo lo he querido interpretar como aquello de que el tiempo lo cura todo.


El caso es que he seguido caminando y, a cada tres pasos, me volvía a encontrar otra de esas señales inequívocas de una guerra descabellada, de una conquista vergonzante, de una cruzada cruel y despiadada, tan despiadada como ignominiosa, la que trató de jugar con la tranquilidad de los peatones, la que normalizó la desnaturalización de las bicis promoviendo su circulación por las aceras, la que dejó indemnes a todas las personas que querían pasear sin más, despreocupadamente.


Y me he dado cuenta de que el tiempo, inclemente, ha decidido devolver a cada uno a su sitio y se ha encargado de ir borrando estas marcas, estas señales de algo que nunca tuvo que haber ocurrido. La menor que me acompaña me pregunta por qué sonrío y por qué saco fotos al suelo cada rato. Le cuento lo de las bicis pintadas en las baldosas y a ella le gusta también. ¿Puedo sacar una foto yo también? He vuelto a esbozar otra tímida sonrisa.


Es lo que tienen las fronteras, que nos hacen viles, que nos encoraginan, que nos hacen violentos por tratar de defender nuestra triste raya. ¿Por qué no damos una oportunidad al entendimiento, a la convivencia, en vez de pedir más fronteras que den lugar a más territorios exclusivos y excluyentes?


lunes, 30 de enero de 2012

¿Por qué no hay ciclistas urbanos en Alicante?

Llega el bus de madrugada. Hace frío. El cielo está raso. Ha amanecido tan sólo hace unos minutos. Hace tiempo que no pasaba por Alicante haciendo cicloturismo. Esta vez se trata de una nueva fórmula: es cicloturismo urbano.

Las últimas noticias que he leído respecto al uso de la bici en esta ciudad relataban desgraciadamente una serie de atropellos a ciclistas en pasos peatonales. No quiero hacer una crónica del suceso, ni es una visita morbosa. Simplemente era una escala obligatoria y he querido aprovecharla para pasear unas horas por esta capital.

Veo que esta ciudad ha hecho los deberes de la bici, de acuerdo al catálogo nacional de "medidas e infraestructuras que todo ayuntamiento que crea que está haciendo algo por la bicicleta debe cumplir". A saber: unos buenos kilómetros de acera bici bidireccional ocupando espacios peatonales, algunas otras "pintadas" más o menos atrevidas bajo el sello de "ciclocalles", calmado de tráfico en calles calmadas, un sistema de bicicletas públicas y unas cuantas estructuras metálicas a modo de aparcabicis colocados con más o menos fortuna.

Pese a esa batería de actuaciones, en Alicante no hay bicis en la hora punta, ni en la siguiente, ni en la siguiente. Es cierto que es una ciudad que se asienta en una ladera de una pendiente considerable, es también cierto que es otra ciudad orientada excesivamente al tráfico motorizado. También es verdad que, como en otras ciudades mediterráneas, hay muchas motos que zumban de un lado a otro y hay mucho apego al coche. Pero todo esto no debería ser suficiente para evitar que el uso de la bicicleta, aunque sólo sea por pura tendencia, cuente con un número mínimo de adeptos, más teniendo en cuenta el clima excepcional de esta zona.

Sin embargo no hay bicis. ¿Alguien me puede explicar por qué?

miércoles, 4 de enero de 2012

La chapuza nacional del carril bici

A veces nos obstinamos en intentar explicar con argumentos lo que se explica mucho mejor con imágenes. Así pues, hoy he rescatado algunos videos que reproducen lo que tantas veces hemos querido explicar respecto a los inconvenientes, peligros, incomodidades, artificios y apaños que, bajo la denominación común de carril bici, se han perpetrado en este país y que mucha gente se afana no sólo en defender y sino en seguir promoviendo.

La selección no es en absoluto exhaustiva sino fruto de una búsqueda rápida en la red. Merece la pena echar un vistazo y ver en realidad en qué nos hemos gastado un buen montón de millones estos últimos años.

Valencia



Valladolid



Barcelona



Sevilla



Málaga



Albacete



Pamplona

lunes, 2 de enero de 2012

Choque frontal de bicicletas ¡en la acera!

Es como un chiste malo, si no fuera porque es verdad. Después de dedicar más de la mitad del espacio en este blog y en otros espacios de comunicación alertando sobre los peligros, las amenazas y las terribles consecuencias de este estilo de ciclabilidad que se ha puesto de moda en este país, consistente fundamentalmente en apartar a los ciclistas del tráfico y discriminarlos a las aceras y carriles bici infames, hoy se ha producido la noticia que nunca tenía que haberse producido.

Dos ciclistas circulando por una acera de una pendiente, visibilidad y anchura comprometidas para ser compartida no ya con peatones sino siquiera entre peatones. La escena ya de por sí se las trae, en una vía urbana con la velocidad limitada a 50 kms/hora y convenientemente sobredimensionada para el tránsito motorizado, donde las aceras son poco más que pasillos. Nunca se ha registrado un atropello a un ciclista en esta carretera hasta donde alcanza la memoria. Sin embargo el Ayuntamiento de esta ciudad decidió que los de las dos ruedas a pedales no convenían en uno de los accesos estratégicos y decidió confinarlos en una acera bidireccional de apenas 2,5 metros para todos los que no lleven motor. Así de paso convertían el acceso en una autopista urbana de primera. De hecho hizo la misma operación en todos los accesos en cuesta al centro de la ciudad.


Ver mapa más grande del lugar de los hechos

Pues eso. Van esos dos ciclistas en un alarde de la estupidez y la temeridad más absoluta y colisionan. Golpe frontal. Terrible. Y además se dan un coscorrón de narices y, los dos sin casco, se quedan aturdidos en el suelo. No median palabras. No pueden mediar. Es el colmo. Son el colmo. Ellos, allí accidentados, con las bicis averiadas, en el suelo, en la acera. No quiero saber cómo miraban los conductores que circulaban por la calzada, ni los comentarios que suscitaron. Tampoco quiero saber qué pensaron los peatones que tuvieron la oportunidad de presenciar el suceso.

Es demencial. Esa es la seguridad de las aceras. Ese es el peligro del tráfico. Sigamos inventando fórmulas imposibles, sigamos jugando a los caminitos relegando a los peatones mientras dejamos toda la calzada para los coches y sigamos sufriendo las consecuencias de nuestra estupidez y de nuestra cobardía de afrontar el verdadero problema. Seguiremos haciendo crónica, desgraciadamente, de ello. Para que quede constancia.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La prepotencia de los ciclistas de acera

Estamos presenciando en los últimos meses un proceso evolutivo entre los "ciclistas de acera" (también conocidos como "cicleatones") en su actitud. Han dado un paso adelante, o una pedalada mejor dicho. Antes les valía con justificar su conducta arguyendo un miedo irracional (el miedo siempre lo es) al tráfico motorizado como fundamento para utilizar las plataformas peatonales como refugio de manera invariable y rehuir la calzada por temer su seguro deceso con tan sólo intentarlo. Hasta cierto punto justificable aunque sea de una manera subjetiva.

Ahora no. No les basta con eso. Esa etapa ya está superada y ahora, visto que además han ido ganando adeptos de manera importante ante la inoperancia de todos, ponen en tela de juicio la utilización de la calzada por los imprudentes que lo hacen y condenan como temerarios y casi incívicos a los que lo proponen como algo natural. Yo esto ya lo había "soñado" hace más de un año, en uno de los primeros artículos de este blog, pero está claro que la realidad supera cualquier imaginación por calenturienta que esta sea.

Ahora muchas de las personas que se atribuyen el derecho civil de preservar su integridad atentando contra la de los demás lo hacen además con chulería, aunque la ley no les asista y lo que condenen sea precisamente lo que prescribe la ley. A saber: que la bicicleta es un vehículo y su espacio de circulación por defecto es la calzada y que tiene prohibido circular bajo ninguna circunstancia por la acera.

Me gustaría pensar que este movimiento es una especie de insumisión ante una ley tan estúpida, por darle algún valor al asunto, otra faceta de la indignación colectiva que es tan caprichosa en sus reivindicaciones, pero me temo que no va a ser eso, sino más bien una variante de conformismo adulterado de la incuestionabilidad y la invulnerabilidad del tráfico motorizado como garante del bienestar en las ciudades a través de la ubicuidad que proporciona la movilidad compulsiva, en coche, por supuesto.

Sin embargo me temo que va más allá y que esto no es lo más llamativo de este grupo de practicantes. Lo más sorprendente es que sus argumentos no se fundamentan en datos reales sobre la siniestralidad de los "ciclistas de calzada" (pensé que nunca iba a tener que utilizar semejante término redundante). De hecho, las estadísticas nos dicen que la inmensa mayoría de los accidentes graves o mortales que se producen en la ciudad en los que se ven involucrados ciclistas tienen su origen precisamente en la práctica del ciclismo de acera, fundamentalmente en sus intersecciones con el tráfico rodado, pero estos datos, tan reales como la muerte misma, no deben parecerles suficientemente creíbles y los niegan por pasiva que es la peor de las negaciones.

No sé a dónde llegará su atrevimiento y su insolencia intimidando peatones por preservar su integridad y comprometiendo la tranquilidad y la seguridad de los viandantes, pero me temo que cuentan con el beneplácito del imperio automovilístico y esos van a utilizar a esta masa crítica para consolidar sus posiciones exclusivistas en la calzada.

De hecho, ya se ha empezado a notar también, y creo que no es una casualidad, un cambio de actitud de muchos conductores de automóviles que ahora han subido el tono de sus increpaciones y no les tiembla tanto el pulso para pegar un buen bocinazo y el consecuente acelerón con su correspondiente aspavientos.

Más vale que ahora que los colectivos ciclistas (los mismos que tan sólo hace unos meses aplaudían la pretensión de permitir de manera universal a los ciclistas circular por las aceras) han reconocido la gravedad del problema después de haberlo promovido,y confiemos en que marquen como una línea principal dentro de su plan estratégico el tema de resolver esta cuestión y empezar a atajar a este tipo de "kamikafres a pedales", aunque sólo sea porque va a llegar un momento, si no, que ellos van a ser más numerosos que los "antiguos ciclistas" (dios mío qué me está pasando) y van a poder contrarrestar sus argumentos con números, como algún ayuntamiento lo hace con sus kilómetros de "carril loquesea" o con sus usos de "bicis públicitas".

martes, 5 de abril de 2011

¿Dónde acabará todo esto?

Hay quienes defienden que a la hora de circular en bicicleta en nuestras ciudades automovilísticas la inmensa mayoría ya ha elegido por dónde va a hacerlo: por las aceras.

No sé en las demás, en la mía es una realidad. El mayor problema de ésto no es quizá el tráfico ciclista en las aceras. El problema es que todos lo empezamos a ver con naturalidad. ¿Los responsables? Las personas, por supuesto. Que se empeñan en ello. Nada que reprochar a los técnicos municipales de la ordenación circulatoria, ni mucho menos a los políticos. Nada.


Nada de eso tiene que ver con el marcaje y la señalización de parques y aceras como espacios de circulacion (obligatoria).


Nada, tampoco, se debe a la continuidad ganada a base de puro enfrentamiento "integrador" en los lugares comprometidos.




Nada se le puede asignar al hecho de que las bicicletas públicas estén instaladas en aceras.


Tampoco hay que relacionarlo con que ningún aparcabicis esté instalado en otro sitio que no sea un espacio peatonal.


Ninguna de estas actuaciones son responsabilidad de nadie más que de los que se empeñan en utilizar sus bicicletas por las aceras. Pedirles cuentas a ellos.


Yo particularmente me estoy acostumbrando a ello y me aparto cuando veo venir "huno" de estos, que no son capaces de descabalgar ni aunque la acera esté abarrotada.



¡Ring, ring!

Ahora bien, todo es opinable.