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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Glamour y bicicleta

No la bicicleta no da necesariamente elegancia ni aporta atractivo por el mero hecho de montarla.

Dicho esto, hay que dejar constancia de que cada vez hay más gente con glamour que anda en bicicleta y cada vez hay más gente que anda en bicicleta con glamour.

Glamour entendido como una elegancia especial que exhiben muchas personas que transmiten una actitud, una seguridad y una soltura que las hace atractivas.



Indudablemente son personas que se cuidan y que cuidan los detalles, pero, más que eso, son personas que tienen una forma de moverse, una forma de estar, una presencia que las hace especialmente atractivas.


A ese tipo de personas, la bicicleta les sienta bien y, normalmente, cuando este tipo de personas eligen la bicicleta como vehículo aciertan, y aciertan en la manera de utilizarla, hacen de la bicicleta una extensión de su persona, forman con sus bicicletas un solo ente, una unidad mágica, sensual, distinguida pero terriblemente natural, inconfundiblemente normal, sin exageraciones, sin desatinos, sin pasar desapercibidas pero sin dar la nota.



Esa discreción brillante, esa sensualidad sugerente, esa conjunción armoniosa, esa elegancia indiscutible también está presente entre los que andan en bici. Y cada vez más. Gente que hace lo que cree y cree en lo que hace y en cómo lo hace. Gente que aporta dignidad, clase, estilo.


No te cansas nunca de verlos pasar.


lunes, 25 de abril de 2011

Hoy he visto un corzo mientras andaba en bici

No es la primera vez. De hecho es algo relativamente habitual en el territorio donde he estado pasando estos días desconectando. Corzos, zorros, ardillas, jabalíes, tejones y otros animales menores. El contacto visual con el corzo (era corza) ha durado apenas 6 segundos, hasta que ha decidido que era suficiente y ha cruzado alegremente la carretera.



Esto, que en sí mismo no es ninguna noticia, ni siquiera para mi, hoy ha cobrado un sentido especial. O así al menos he querido interpretarlo. Quizá obnubilado por un estado de exaltación provocado por la combinación del bombeo acelerado de la sangre, la falta de ventilación propia del esfuerzo físico, la mezcla de adrenalina y endorfinas, el sol y el aire fresco mezclado con unas chispas que se le escapaban a un cielo brillante, el olor de los pinos y los bojes, una carretera secundaria... me he emocionado.

Hace tiempo que no me pasaba y creo que ha sido esa la causa principal de mi emoción. Toda esa colección de sensaciones conocidas, agradables e intensas me han impresionado. Creo que ha sido una especie de reconciliación con los elementos, una confabulación con la naturaleza. O quizá no. Yo quiero creer que sí.

Y me he vuelto a sentir bien, una especie de plenitud me ha envuelto, un pequeño escalofrío me ha recorrido, y me he vuelto a dar cuenta, como lo llevo haciendo más de 30 años, que soy un auténtico privilegiado y eso me ha reconfortado. Y he vuelto a darle gracias a mi padre por inculcarme esta afición, esta elección, este lujo.