Mostrando entradas con la etiqueta industria bicicleta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta industria bicicleta. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Lechugas en una carnicería

- Ya tenía ganas de visitar una tienda para vegetarianos - comentaba el otro día un honorable visitante en nuestro garito. Un representante de una de las más prestigiosas marcar de nuestro universo ciclista cercano que vino a espiar con tarjeta de visita. Todo un bicitante.

- Tratar de vender bicicletas y accesorios para el ciclismo urbano en tiendas de bicis deportivas es como vender lechugas en una carnicería.

Interesante analogía.

Se molestan. Los ciclistas urbanos y los deportivos. Al menos, como consumidores. De hecho, no se sienten identificados por más que ambos anden en bici. No tienen nada que ver. Incluso siendo las mismas personas, son facetas aisladas, una suerte de Dr.Jekyll y Mr.Hyde. Distintas actitudes, distintos objetivos, distintas necesidades, que requieren un trato diferenciado. Ni mejores ni peores, distintos.


Hay todavía mucha gente que sigue sorprendiéndose de que haya establecimientos especializados en la bicicleta como medio de locomoción y como medio de transporte incluso en ciudades tan bien surtidas de tiendas de bicis como Pamplona (probablemente la ciudad con mejores tiendas de bicis de todo el mundo por habitante).

Las propias marcas de bicicletas, las fuertes, las poderosas, se encuentran con este problema, con esta disquisición. Es difícil vender comida para vegetarianos en una carnicería. Aunque haya voluntad. Simplemente porque el cliente no se siente identificado, no se siente comprendido por el vendedor. No pasa nada más.

Por eso surgen como setas establecimientos especializados en algo que para las grandes tiendas no pasa de ser una sección más o menos marginal.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El día que San Miguel se puso el casco

Mencionábamos ayer la participación de Induráin en una marcha ciclista hasta las fauces de la factoría de Volkswagen en Pamplona, como una representación del tributo al Rey Coche en una desafortunada, por llamarlo de alguna manera, inauguración de la Semana de la Movilidad Sostenible.

Hoy vamos a detenernos un momento en un detalle, que, como todo en la vida pública de estos animales mediáticos que son los ídolos deportivos y los políticos, no fue para nada improvisado. Se trata de esa foto buscada de las personalidades participantes en la fastuosa marcha ajustándose el casco para regocijo de participantes y reporteros presentes.

Miguel Induráin se ajusta el casco ante la atenta mirada de su hermano Pruden

Este acto que para muchas personas representará una nadería y que para otras será una demostración inequívoca de ejemplar responsabilidad y de prevención, no es sino una jugada burda, otra, para consolidar una estrategia encaminada a denigrar el uso de la bicicleta en la ciudad. La polémica del casco, con actos como éste, queda zanjada por los medios más potentes con los que cuenta esta sociedad, los de comunicación de masas.

Que Miguel Induráin, San Miguel, se coloque un casco y haga ostentación del mismo, significa en términos mediáticos la consagración de este gesto y sepulta cualquier intento de polemizar al respecto. Miguel Induráin, que el viernes y tampoco por casualidad, hacía una aparición estelar en el Expobike, de la mano de, ni más ni menos, que Doña Esperanza Aguirre (hasta ayer Presidenta de la Comunidad de Madrid) para bendecir esta feria (organizada curiosamente por su hermana en las mismas fechas que la decana Festibike), ayer se enfundaba un casco para alegría de los congregados, en presencia de su propio hermano Prudencio, que resulta que es Director del Instituto Navarro de Deporte y Juventud..

Esperanza Aguirre "compite" con Miguel Induráin en la carrera mediática de Ifema contra Festibike

No parece que haga falta profundizar más en el asunto, como en la omnipresencia de esos nefastos chalecos reflectantes de coche a plena luz del día. Esto está hablado, está apalabrado, está decidido: andar en bici en la ciudad es peligroso, incómodo... inconveniente. Vale como juguete, vale como deporte y vale como ocio, pero no como vehículo.

Por cierto, para los que duden de la integridad de los personajes, Miguel Induráin no utiliza casco para sus desplazamientos urbanos en bicicleta, que por cierto son frecuentes. Tampoco usa chaleco salvavidas reflectante.

lunes, 3 de septiembre de 2012

La Europa de las Bicis no nos quiere

Para esos todopoderosos centroeuropeos, los de aquí abajo somos poco menos que unos simpaticos trogloditas subdesarrollados en esto de las bicicletas no deportivas y, por eso, se permiten el lujo de despreciarnos. No somos una potencia, no representamos un objetivo en su lógica de mercado, no quieren intervenirnos, simplemente nos ignoran.

No lo digo por decir. Cuando te acercas a un interlocutor, representante de la industria de la bicicleta de cualquiera de esos países poderosos, léase Alemania y Holanda principalmente, y les cuentas de dónde vienes y tu interés por sus productos, estos te miran con una sonrisa de esas que sólo ellos saben poner y que a ti te da para atrás porque sabes lo que significa.

"Toda España vende lo que una tienda de Frankfurt"

Y se quedan tan panchos. Y tú que puedes ser un distribuidor importante, un comerciante experto o un agente potencial, te quedas con dos palmos de narices y te dan ganas de soltarles un "pues que os lo comáis con patatas", pero te sobrepones y les plantas tu sonrisa, en la que ellos adivinan estupidez envidiosa, pasas y sigues con el juego comercial.


La Europa de las Bicis, con mayúsculas mayestáticas, no entiende al Sur, aunque muchos de ellos veraneen aquí o tengan planes de retiro o incluso de vida aquí. Simplemente les hacemos gracia. No entienden que el Sur tiene un potencial que ya no lo tiene el Norte, que esto es mucho más ciclable, que aquí acompaña el sol muchas más horas que allí. Pero que aquí no valen sus bicis aunque sí sus accesorios. Porque aquí hay más cuestas, menos carriles bici, las ciudades son más intrincadas, el paisaje más atractivo y la gente es más pequeña y sabe menos inglés y prácticamente nada de alemán. Por eso se permiten mirarnos por encima del hombro.

Esta prepotencia es más producto de la reluctancia cultural, de la disparidad de formas de vida, y de la poca predisposición a empatizar con algo que no quieren entender, porque siguen pensando que van a venir los ingleses o mejor los americanos y les van a comprar un montón, porque en el fondo les admiran, porque son rubios o pelirrojos y hablan como ellos, o al menos eso creen.

En fin, llamarme envidioso, pero creo que estos teutones y sus enojados vecinos se pierden un buen festín, por no saber sembrar y por estar sólo para recoger, o para recaudar, o para dominar que es lo que les gusta.

Allá ellos. Ellos se lo pierden. A ver cuánto les dura.