En el huerto. Ahí es donde están los interlocutores válidos de los que se ha servido la DGT para justificar la consulta no vinculante con la que está haciendo la pantomima de la participación en la revisión del Reglamento General de Circulación de España. La Mesa Nacional de la Bicicleta y los actores secundarios invitados al GT-44, a todos se los ha llevado al huerto la Señora Seguí, como si fuera el Flautista de Hamelín, engatusados por cantos de sirena que prometían novedosas medidas pro-bici, las principales entidades representativas de la "cosa bici" de este país se han dejado meter un gol de campeonato.
Les han hecho trampa, les han engañado, y, para cuando se han dado cuenta, la cosa ya estaba casi consumada y, para mal de males, lo han hecho con luz y taquígrafos, con fotos de familia y todo. ¡Inocentes!
Sin aceras, sin carriles bici, con casco, circulando por la esquina, compuestos y sin novia, porque la Señora Seguí les ha puesto los cuernos a ConBici, a la Red de Ciudades por la Bicicleta, a la Asociación de Marcas de Bicis, a la Asociación de Ciclistas Profesionales, a la Plataforma Empresarial de la Bicicleta y a María Santísima si se le hubiera puesto a tiro.
De nada valen ahora las mascaradas y las pataletas, la renuncia a la negociación, las causas cibernéticas y las peticiones de asilo representadas por las asociaciones. Ahora es demasiado tarde y el daño está hecho. O casi, a juzgar por la suficiencia que muestran las autoridades supremas.
Es razonable que haya quienes se quejen de que hay gente que se dedica a meter palos en las ruedas mientras ellos trabajan por el bien común y consiguen audiencias en el Congreso, grupos de trabajo exclusivos en el Ministerio y presencia en la prensa. Se podían haber ahorrado tanto sacrificio por las misiones, porque, para lo que ha servido...
En fin, esperemos que los ayuntamientos, responsables últimos y primeros de hacer valer las leyes en sus dominios tengan más sentido común y menos chulería de la que han demostrado ir sobrados los Señores del Tráfico y, como ya han declarado públicamente unos cuantos, hagan objeción de conciencia ante tamaño despropósito. Pero me temo que sólo se van a quedar en el asunto del casco y van a hacer la vista gorda a la infamia que se está produciendo en las aceras, a los despropósitos de vías ciclistas que ellos mismos han implementado y al dominio apabullante del coche en la circulación urbana, temas mucho más preocupantes y más críticos para un desarrollo ciclista natural, razonable y sostenible.
Seguiremos atentos a las noticias.
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domingo, 24 de marzo de 2013
jueves, 7 de marzo de 2013
NPI
No se puede consentir más el despropósito que se está fraguando en el seno de la Dirección General de Tráfico con la revisión del Reglamento General de Circulación en lo tocante a las bicicletas. Esto hace tiempo que es intolerable.
Porque el analfabetismo que exhiben en todo lo relacionado con la bicicleta no les da derecho a hacer las cosas de cualquier manera.
NO Por Improvisación
Porque después de haber reconocido que las cosas se han hecho tarde y mal, lo que no se puede tolerar es que valga cualquier cosa con tal de quitarse a los ciclistas de en medio. Aceras, pasos de peatones, casco, edad de permisividad, remolques, velocidades... todo sigue en el aire.
Porque tampoco es suficiente con repetir hasta la saciedad que quieren resolver un problema o que los que andan en bici no cumplen las normas o que el casco protege o que la calzada no se puede compartir más que si la velocidad está limitada a 30 o 50 kms/hora para que sea más cierto.
Porque tampoco se puede dar cobertura y eco a informes tan tendenciosos y tan interesados como los presentados por algunas instituciones de defensa de los intereses de los automovilistas u otras auspiciadas por entidades aseguradoras de accidentes para tratar de justificar sus estudios como argumentos indiscutibles para legitimar medidas como la educación vial o el casco obligatorios.
Porque la orientación general de toda esta actuación no responde a una estrategia que busque asumir una nueva realidad y mucho menos cambiar el estado de las cosas en lo que respecta a la movilidad sino que se limita a gestionar una incomodidad en la lógica imperante que sigue centrándose única y exclusivamente en reducir las víctimas del tráfico sin condenar el predominio absoluto de los vehículos motorizados.
Porque lo que es una vergüenza es que se recurra a las amenazas en el transcurso del proceso de revisión de la normativa vigente, introduciendo las propuestas más descabelladas (como la del carnet para andar en bici) adoptando unas maneras chulescas y prepotentes al presentarlas públicamente.
Y lo que ya es el colmo de la indignación es que, después de haber convocado grupos de trabajo y haber recibido varias veces a los representantes de los distintos colectivos que defienden los intereses de la bicicleta, hagan caso omiso de sus recomendaciones, exigencias y advertencias, para acabar proponiendo medidas que contradicen frontalmente sus criterios y contravienen totalmente sus demandas.
NI Puñetera Idea
Así no. Para haber llegado a todo este desmán no hacía falta haber hecho tanto paripé y haber perdido tanto tiempo con falsas promesas y falsas actitudes dialogantes. Hubiera sido suficiente con haber formulado un "decretazo" como se ha hecho en otras ocasiones y para temas mucho más discutidos y discutibles que esta pequeñez de las dos ruedas.
A los sufridos practicantes sólo nos queda penar con las consecuencias, colarnos por los resquicios de la ley, confiar en la connivencia de quienes tendrán que vigilar el cumplimiento de la norma o simplemente objetar de su aplicación y correr con las consecuencias.
Lo que es indiscutible es que la gente que está andando en bici y la que quiere andar no se merece este trato y mucho menos este ninguneo cateto y despótico de los que han sido designados para organizar el orden de nuestras calles y de nuestras carreteras. Ni Puñetera Idea.
NO Por Ignorancia
Porque el analfabetismo que exhiben en todo lo relacionado con la bicicleta no les da derecho a hacer las cosas de cualquier manera.
NO Por Improvisación
Porque después de haber reconocido que las cosas se han hecho tarde y mal, lo que no se puede tolerar es que valga cualquier cosa con tal de quitarse a los ciclistas de en medio. Aceras, pasos de peatones, casco, edad de permisividad, remolques, velocidades... todo sigue en el aire.
NO Por Iteración
Porque tampoco es suficiente con repetir hasta la saciedad que quieren resolver un problema o que los que andan en bici no cumplen las normas o que el casco protege o que la calzada no se puede compartir más que si la velocidad está limitada a 30 o 50 kms/hora para que sea más cierto.
NO Por Influencias
Porque tampoco se puede dar cobertura y eco a informes tan tendenciosos y tan interesados como los presentados por algunas instituciones de defensa de los intereses de los automovilistas u otras auspiciadas por entidades aseguradoras de accidentes para tratar de justificar sus estudios como argumentos indiscutibles para legitimar medidas como la educación vial o el casco obligatorios.
NO Por Inmovilismo
Porque la orientación general de toda esta actuación no responde a una estrategia que busque asumir una nueva realidad y mucho menos cambiar el estado de las cosas en lo que respecta a la movilidad sino que se limita a gestionar una incomodidad en la lógica imperante que sigue centrándose única y exclusivamente en reducir las víctimas del tráfico sin condenar el predominio absoluto de los vehículos motorizados.
NO Por Intimidación
Porque lo que es una vergüenza es que se recurra a las amenazas en el transcurso del proceso de revisión de la normativa vigente, introduciendo las propuestas más descabelladas (como la del carnet para andar en bici) adoptando unas maneras chulescas y prepotentes al presentarlas públicamente.
NO Por Imposición
Y lo que ya es el colmo de la indignación es que, después de haber convocado grupos de trabajo y haber recibido varias veces a los representantes de los distintos colectivos que defienden los intereses de la bicicleta, hagan caso omiso de sus recomendaciones, exigencias y advertencias, para acabar proponiendo medidas que contradicen frontalmente sus criterios y contravienen totalmente sus demandas.
NI Puñetera Idea
Así no. Para haber llegado a todo este desmán no hacía falta haber hecho tanto paripé y haber perdido tanto tiempo con falsas promesas y falsas actitudes dialogantes. Hubiera sido suficiente con haber formulado un "decretazo" como se ha hecho en otras ocasiones y para temas mucho más discutidos y discutibles que esta pequeñez de las dos ruedas.
A los sufridos practicantes sólo nos queda penar con las consecuencias, colarnos por los resquicios de la ley, confiar en la connivencia de quienes tendrán que vigilar el cumplimiento de la norma o simplemente objetar de su aplicación y correr con las consecuencias.
Lo que es indiscutible es que la gente que está andando en bici y la que quiere andar no se merece este trato y mucho menos este ninguneo cateto y despótico de los que han sido designados para organizar el orden de nuestras calles y de nuestras carreteras. Ni Puñetera Idea.
viernes, 1 de marzo de 2013
Dando palos de ciego
Se dice que a la gente de estas latitudes se le valora en otras partes del mundo por su capacidad de improvisar. Lo que igual no saben en esos sitios donde los de aquí resuelven problemas a base de darle la vuelta a la tortilla es que quizá esas personas no sepan hacer otra cosa.
Es lo que pasa con muchos de nuestros dirigentes y responsables, que alardean de su capacidad improvisación como si se tratara de una virtud que les hace adaptarse a las nuevas realidades, cuando muchas veces es poco más que una pura incapacidad de planificación, de prevención, de competencia o de decisión.

En los temas de la bicicleta se está dejando ver todo esto con nitidez. La bici es nueva en nuestra sociedad, al menos lo es la bici como medio de transporte urbano tomada en serio. Es algo que se veía venir, que se ha ido viendo cómo crecía de una manera constante. Y, sin embargo, ha tenido que volverse problemática para que nuestras autoridades vuelvan la vista sobre ella para preguntarse ¿de dónde han salido todos estos chalados en sus bicicletas? Y ¿qué vamos a hacer con ellos?
La cosa empezó hace ya unos años y, desde entonces, no ha sido más que un puro tentadero para ver por dónde venía el toro y cómo se le podía torear. Primero empezaron apartando a las bicis del tráfico "por su bien", actuación recogida con regocijo, como un triunfo, para unos cuantos que llevaban muchos años pidiendo que a las bicis se las "encarrilaran". Fueron las aceras bici.
Después, cuando la cosa se empezó a poner fea en las aceras, tanto que hasta empezaron a surgir asociaciones de defensa de los derechos del peatón (que es como que hubiera asociaciones en defensa de las personas que quisieran utilizar los bancos para sentarse), empezó la batalla para retomar una situación que se había descontrolado y devolver "las cosas a su sitio". Multas, campañas de adoctrinamiento ciclista, cursos de educación vial para ciclistas noveles... acciones testimoniales.
Como esto no daba resultado y el tema tomaba un cariz preocupante, más cuando la cifra de ciclistas accidentados y fallecidos en condiciones peatonales crecía espectacularmente, el mando supremo del orden circulatorio decidió tomar cartas en el asunto, después de haber estado mirando para otra parte durante muchos años (sobre todo con los ciclistas de carretera, que caían como moscas sin que se tomara ninguna medida para solucionarlo).
Aquí es donde empieza el titubeo, las pruebas, las declaraciones de intenciones, los ensayos en falso, las amenazas y los retractos. Pura improvisación. Que si las aceras sí, que si ahora no, que si el casco obligatorio, que si no es definitivo, que si vamos a perseguir a los que no lleven luces de noche, que si bueno vamos a perdonarles, que si proponemos la reducción de las velocidades a 30 kms/hora, que si ahora no, que si el ciclista por el medio del carril, que si ahora resulta que igual van a ir demasiado despacio y nos van a molestar, que si cursos y carnet, que si era un comentario y va a ser que no, o que igual, o que no sé, o que me da lo mismo.
Y mientras tanto...
Mientras tanto nuestros representantes, o los que creen que representan a la población ciclista, aplaudiendo y denunciando, agradecidos e indignados, perdiendo los papeles o retomándolos, riendo la gracia o enrabietándose por el ninguneo. Esto es un juego, una broma pesada, una gamberrada que ya dura demasiado y que tiene demasiadas alternativas, demasiadas lagunas, demasiados puntos negros.
Lo que está quedando claro en este campo, como en tantos otros, es que la improvisación no da frutos cuando se trata de construir un nuevo modelo de sociedad, un nuevo modelo de ciudad, una nueva forma de relacionarse y una nueva forma de moverse. Está claro que eso no se hace tanteando, pero está igual de claro que estos responsables que tenemos tampoco persiguen eso sino salir de otro atolladero de la manera más indemne posible.
Mientras tanto la gente sigue peleándose con automovilistas prepotentes, sigue sufriendo la insolencia de ciclistas por las aceras, sigue soportando el robo masivo de sus bicicletas, sigue incomodándose por cosas tan triviales como que no le dejan aparcar la bici en su casa ni en su trabajo y, peor que todo eso, sigue cayendo atropellada en pasos de peatones, sigue circulando de noche sin luces, sigue ignorando las pautas básicas para moverse con seguridad en bici y sigue manteniendo eternas discusiones maniqueas y cortoplacistas sobre qué hay que hacer para mejorar esto.
¿Cuánto tiempo va a durar esta deriva ridícula y fatal?
Es lo que pasa con muchos de nuestros dirigentes y responsables, que alardean de su capacidad improvisación como si se tratara de una virtud que les hace adaptarse a las nuevas realidades, cuando muchas veces es poco más que una pura incapacidad de planificación, de prevención, de competencia o de decisión.
En los temas de la bicicleta se está dejando ver todo esto con nitidez. La bici es nueva en nuestra sociedad, al menos lo es la bici como medio de transporte urbano tomada en serio. Es algo que se veía venir, que se ha ido viendo cómo crecía de una manera constante. Y, sin embargo, ha tenido que volverse problemática para que nuestras autoridades vuelvan la vista sobre ella para preguntarse ¿de dónde han salido todos estos chalados en sus bicicletas? Y ¿qué vamos a hacer con ellos?
¿Por dónde mandamos a los ciclistas?
Después, cuando la cosa se empezó a poner fea en las aceras, tanto que hasta empezaron a surgir asociaciones de defensa de los derechos del peatón (que es como que hubiera asociaciones en defensa de las personas que quisieran utilizar los bancos para sentarse), empezó la batalla para retomar una situación que se había descontrolado y devolver "las cosas a su sitio". Multas, campañas de adoctrinamiento ciclista, cursos de educación vial para ciclistas noveles... acciones testimoniales.
¿Y cómo les mandamos?
Como esto no daba resultado y el tema tomaba un cariz preocupante, más cuando la cifra de ciclistas accidentados y fallecidos en condiciones peatonales crecía espectacularmente, el mando supremo del orden circulatorio decidió tomar cartas en el asunto, después de haber estado mirando para otra parte durante muchos años (sobre todo con los ciclistas de carretera, que caían como moscas sin que se tomara ninguna medida para solucionarlo).
Aquí es donde empieza el titubeo, las pruebas, las declaraciones de intenciones, los ensayos en falso, las amenazas y los retractos. Pura improvisación. Que si las aceras sí, que si ahora no, que si el casco obligatorio, que si no es definitivo, que si vamos a perseguir a los que no lleven luces de noche, que si bueno vamos a perdonarles, que si proponemos la reducción de las velocidades a 30 kms/hora, que si ahora no, que si el ciclista por el medio del carril, que si ahora resulta que igual van a ir demasiado despacio y nos van a molestar, que si cursos y carnet, que si era un comentario y va a ser que no, o que igual, o que no sé, o que me da lo mismo.
Y mientras tanto...
Mientras tanto nuestros representantes, o los que creen que representan a la población ciclista, aplaudiendo y denunciando, agradecidos e indignados, perdiendo los papeles o retomándolos, riendo la gracia o enrabietándose por el ninguneo. Esto es un juego, una broma pesada, una gamberrada que ya dura demasiado y que tiene demasiadas alternativas, demasiadas lagunas, demasiados puntos negros.
Lo que está quedando claro en este campo, como en tantos otros, es que la improvisación no da frutos cuando se trata de construir un nuevo modelo de sociedad, un nuevo modelo de ciudad, una nueva forma de relacionarse y una nueva forma de moverse. Está claro que eso no se hace tanteando, pero está igual de claro que estos responsables que tenemos tampoco persiguen eso sino salir de otro atolladero de la manera más indemne posible.
Mientras tanto la gente sigue peleándose con automovilistas prepotentes, sigue sufriendo la insolencia de ciclistas por las aceras, sigue soportando el robo masivo de sus bicicletas, sigue incomodándose por cosas tan triviales como que no le dejan aparcar la bici en su casa ni en su trabajo y, peor que todo eso, sigue cayendo atropellada en pasos de peatones, sigue circulando de noche sin luces, sigue ignorando las pautas básicas para moverse con seguridad en bici y sigue manteniendo eternas discusiones maniqueas y cortoplacistas sobre qué hay que hacer para mejorar esto.
¿Cuánto tiempo va a durar esta deriva ridícula y fatal?
martes, 26 de febrero de 2013
Amenaza, que algo queda
Nos gusta. Entendemos las relaciones civiles bajo el principio de la imposición de una serie de normas colectivas, que ayudan, mediante la amenaza de la vigilancia y el castigo, a ordenarnos. Porque solos no podemos, o preferimos no poder, y porque nos gusta someternos a una autoridad que regule el asunto este de la convivencia, porque, si no, somos muy dados a la anarquía y al individualismo feroz y esos no nos ayudan a entendernos.
Pasa igual con esto de las bicis. Después de unos años de improvisación, libre albedrío y canibalismo, ahora nos ha dado por encomendarnos a la autoridad competente para que dirima sobre algo que nosotros solos hemos sido incapaces: las relaciones de bicicletas y peatones. Siempre bajo la amenaza de abandonar nuestra actividad, siempre bajo las tesis del miedo a los automóviles, muchos ciclistas han decidido tomar a los peatones como rehenes mientras se acondicionaba la ciudad para la circulación de las bicis por corredores exclusivos.
Después de ningunear a los más débiles y de menospreciar las condiciones de muchos espacios públicos, imponiendo su derecho a circular por encima de la capacidad socializadora de dichos lugares, los ciclistas, o sus representantes, han decidido sentarse a la mesa con la máxima autoridad para hacer prevalecer sus derechos sobre los de los demás agentes de la circulación, simplemente porque ellos, los bicicleteros, son buenos y vulnerables y todos los demás, por lo visto, no.
De acuerdo con esta estrategia, los ambiciosos ciclistas han decidido hacer valer sus posiciones y demandar toda una serie de facilidades para el ejercicio de su actividad circulatoria sin importarles las de quiénes se podían poner en juego, y no han calculado cuáles podían ser las consecuencias de tanta ambición cuando el interlocutor, al que se le exigían estas modificaciones, les pidiera algo a cambio.
Todavía no se ha conseguido cambiar nada y ya se empiezan a atisbar los efectos del atrevimiento ciclista. Por un lado, los peatones han decidido defenderse y defender, con la misma, el derecho a la calle como lugar de encuentro y de socialización, por valores por encima del derecho a la libre circulación, y, por otro, la propia autoridad ha optado por empezar a exigir a los ciclistas algunas condiciones ante tanta petición.
Hemos confundido normalización con normativización
Así llevamos unos meses, años ya, de discordia respecto a la obligatoriedad del casco, a la permisividad de la circulación ciclista en espacios reservados para los peatones y, ahora, a la necesidad de una capacitación universal para todos los ciclistas que quieran circular. Ya casi tenemos el carnet. Sólo falta proponer la matriculación y la necesaria aportación de un seguro de responsabilidad civil para acabar de bordarlo.
La amenaza ya ha sido formulada literalmente. Las primeras consecuencias entre los ayuntamientos más "sensibles" a la limitación del cachondeo ciclista ya se están anunciando. Somos unos inconscientes en manos de unos irresponsables que, a cambio de algo de reconocimiento legal, son capaces de poner en juego la simpleza, la flexibilidad y la frescura que hacían de la bicicleta un vehículo conveniente, fácil y competitivo en el entorno urbano.
Veremos hasta dónde llega todo esto, pero de momento la cosa apunta mal. La tan esperada revisión del Reglamento General de Circulación puede acabar a este paso en una merienda de negros como sigamos alimentando expectativas y dando rienda suelta a nuestras ansias hiperlegisladoras, por nuestra incapacidad de entendernos por las buenas. Y, lo peor de todo, es que parece que no va a conseguir la normalización de la bicicleta como vehículo prioritario en las ciudades, ni mucho menos.
Pasa igual con esto de las bicis. Después de unos años de improvisación, libre albedrío y canibalismo, ahora nos ha dado por encomendarnos a la autoridad competente para que dirima sobre algo que nosotros solos hemos sido incapaces: las relaciones de bicicletas y peatones. Siempre bajo la amenaza de abandonar nuestra actividad, siempre bajo las tesis del miedo a los automóviles, muchos ciclistas han decidido tomar a los peatones como rehenes mientras se acondicionaba la ciudad para la circulación de las bicis por corredores exclusivos.
Después de ningunear a los más débiles y de menospreciar las condiciones de muchos espacios públicos, imponiendo su derecho a circular por encima de la capacidad socializadora de dichos lugares, los ciclistas, o sus representantes, han decidido sentarse a la mesa con la máxima autoridad para hacer prevalecer sus derechos sobre los de los demás agentes de la circulación, simplemente porque ellos, los bicicleteros, son buenos y vulnerables y todos los demás, por lo visto, no.
De acuerdo con esta estrategia, los ambiciosos ciclistas han decidido hacer valer sus posiciones y demandar toda una serie de facilidades para el ejercicio de su actividad circulatoria sin importarles las de quiénes se podían poner en juego, y no han calculado cuáles podían ser las consecuencias de tanta ambición cuando el interlocutor, al que se le exigían estas modificaciones, les pidiera algo a cambio.
Todavía no se ha conseguido cambiar nada y ya se empiezan a atisbar los efectos del atrevimiento ciclista. Por un lado, los peatones han decidido defenderse y defender, con la misma, el derecho a la calle como lugar de encuentro y de socialización, por valores por encima del derecho a la libre circulación, y, por otro, la propia autoridad ha optado por empezar a exigir a los ciclistas algunas condiciones ante tanta petición.
Hemos confundido normalización con normativización
Así llevamos unos meses, años ya, de discordia respecto a la obligatoriedad del casco, a la permisividad de la circulación ciclista en espacios reservados para los peatones y, ahora, a la necesidad de una capacitación universal para todos los ciclistas que quieran circular. Ya casi tenemos el carnet. Sólo falta proponer la matriculación y la necesaria aportación de un seguro de responsabilidad civil para acabar de bordarlo.
La amenaza ya ha sido formulada literalmente. Las primeras consecuencias entre los ayuntamientos más "sensibles" a la limitación del cachondeo ciclista ya se están anunciando. Somos unos inconscientes en manos de unos irresponsables que, a cambio de algo de reconocimiento legal, son capaces de poner en juego la simpleza, la flexibilidad y la frescura que hacían de la bicicleta un vehículo conveniente, fácil y competitivo en el entorno urbano.
Veremos hasta dónde llega todo esto, pero de momento la cosa apunta mal. La tan esperada revisión del Reglamento General de Circulación puede acabar a este paso en una merienda de negros como sigamos alimentando expectativas y dando rienda suelta a nuestras ansias hiperlegisladoras, por nuestra incapacidad de entendernos por las buenas. Y, lo peor de todo, es que parece que no va a conseguir la normalización de la bicicleta como vehículo prioritario en las ciudades, ni mucho menos.
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miércoles, 9 de enero de 2013
Señoras y señores de la Mesa Nacional de la Bicicleta
Parece que hay una especie de principio de acuerdo entre los representantes más o menos legítimos de los asuntos de la bicicleta para defender los intereses de los ciclistas en nuestro país. Se ha denominado Mesa de la Bicicleta y la componen la Federación Española de Ciclismo, ConBici, la Red de Ciudades por la Bicicleta, la Asociación de Marcas y Bicicletas de España, la Plataforma Empresarial de la Bicicleta y la Asociación de Ciclistas Profesionales.
Su objetivo: hacer lobby para que se mejoren las condiciones y se habiliten facilidades para que andar en bicicleta sea más cómodo, más seguro y más conveniente.
Las líneas de acción que proponen en su primer comunicado son:
En ese orden y con ese nivel de concreción, eso y no decir nada es prácticamente lo mismo. Está claro que cualquier principio de este tipo de entidades debe recoger una declaración de intenciones, pero lo que ha conseguido esbozar lo más granado de nuestra representación estatal ha sido poco menos que ridículo. Ridículo y sospechoso en su vaguedad y en su formulación.
Primero porque no aporta ningún dato objetivo, más allá del propósito ya formulado por la DGT de reducir la velocidad de circulación en muchas calles a 30 km/h. Hablan de invertir en infraestructuras, en seguridad y en educación sin concretar nada y, a la vez, concretan un formato como es un programa "En bici al trabajo".
Hablan de un 10% de bicicletas en el reparto modal y no dicen en qué marco ni con respecto a qué parámetros se va a calcular dicho porcentaje, como si el reparto modal agregado estuviera disponible en algún centro de datos público o algo así. ¿O es que acaso será una estimación extrapolada de una encuesta de movilidad de esas que tanto les gusta a los que presentan el Barómetro de la Bicicleta?
Con vaguedades como ésta y con objetivos como los que se marcaba, por ejemplo, ConBici de incrementar en 1 millón los ciclistas urbanos en 5 años (de los que ya han pasado 2) sin decir cómo, estamos igual de perdidos que antes de que se formara esta Mesa de la Bicicleta.
Lo que huele a poltrona es lo de esa figura del Señor/a de la Bicicleta, ese todopoderoso factótum capaz de hacer lo que históricamente no se ha conseguido ni por asomo en nuestra democracia que es la coordinación interministerial que recoja todas las facetas que afectan a la bicicleta (desde salud y medio ambiente, hasta economía y hacienda, pasando por cultura, turismo, educación y fomento, por supuesto).
Está claro que estamos a principios de año en un año que se presenta fatal y creen que con hacerse una serie de buenos propósitos nos van a camelar. Pues no. Esto es demasiado descafeinado. No tiene enjundia. Son sólo una colección de palabras, deseos.
Hace falta rigor y planificación. Y para eso hacen falta datos fiables con los que hacer un diagnóstico de la situación actual. Datos de usuarios, de usos, de robos, de accidentes. Datos contrastados y contrastables, datos verídicos y fiables. Y, sobre esos datos, marcar una serie de objetivos medibles y alcanzables. Concretos. Y después formular la estrategia, el plan de acción para conseguirlos. Con sus líneas de actuación definidas y desgranadas en programas y acciones y con sus presupuestos respectivos y sus líneas de financiación. Porque si no esto no va valer para nada y, además, va a dejar en entredicho al ciclismo organizado, si es que no lo está ya.
Así pues, ánimo a todos los que formamos parte de una manera o de otra de este contubernio, pero, por favor, este intento de coordinación y de lobby requiere algo más que una declaración de buenos deseos, un responsable con su despachito y su estola y unos programas que hagan escaparate. Requiere rigor y determinación.
Corren tiempos difíciles, así que habrá que redoblar esfuerzos para demostrar que los integrantes de la Mesa Nacional de la Bicicleta son acreedores de crédito suficiente para hacer algo digno por las bicicletas en este país de locos, porque si no todo puede quedar, otra vez, en una representación más o menos decente de los Caballeros de la Tabla Redonda de la Bicicleta, con su correspondiente y celoso Señor de las Bicicletas y poco más. Quijotesco sí, pero baldío.
Su objetivo: hacer lobby para que se mejoren las condiciones y se habiliten facilidades para que andar en bicicleta sea más cómodo, más seguro y más conveniente.
Las líneas de acción que proponen en su primer comunicado son:
- Inversión en infraestructuras, en seguridad y en educación, con el fin de lograr para el 2015 un 10% de presencia de la bici en el reparto modal.
- Reducción de la velocidad máxima permitida en ciudades a 30 km/h
- Programas de "En bici al trabajo" para empresas
- Creación de la figura del Señor de la Bicicleta, responsable dentro del Gobierno de España de la coordinación de los diversos ministerios de la promoción de la bicicleta.
En ese orden y con ese nivel de concreción, eso y no decir nada es prácticamente lo mismo. Está claro que cualquier principio de este tipo de entidades debe recoger una declaración de intenciones, pero lo que ha conseguido esbozar lo más granado de nuestra representación estatal ha sido poco menos que ridículo. Ridículo y sospechoso en su vaguedad y en su formulación.
Primero porque no aporta ningún dato objetivo, más allá del propósito ya formulado por la DGT de reducir la velocidad de circulación en muchas calles a 30 km/h. Hablan de invertir en infraestructuras, en seguridad y en educación sin concretar nada y, a la vez, concretan un formato como es un programa "En bici al trabajo".
Hablan de un 10% de bicicletas en el reparto modal y no dicen en qué marco ni con respecto a qué parámetros se va a calcular dicho porcentaje, como si el reparto modal agregado estuviera disponible en algún centro de datos público o algo así. ¿O es que acaso será una estimación extrapolada de una encuesta de movilidad de esas que tanto les gusta a los que presentan el Barómetro de la Bicicleta?
Con vaguedades como ésta y con objetivos como los que se marcaba, por ejemplo, ConBici de incrementar en 1 millón los ciclistas urbanos en 5 años (de los que ya han pasado 2) sin decir cómo, estamos igual de perdidos que antes de que se formara esta Mesa de la Bicicleta.
Lo que huele a poltrona es lo de esa figura del Señor/a de la Bicicleta, ese todopoderoso factótum capaz de hacer lo que históricamente no se ha conseguido ni por asomo en nuestra democracia que es la coordinación interministerial que recoja todas las facetas que afectan a la bicicleta (desde salud y medio ambiente, hasta economía y hacienda, pasando por cultura, turismo, educación y fomento, por supuesto).
Está claro que estamos a principios de año en un año que se presenta fatal y creen que con hacerse una serie de buenos propósitos nos van a camelar. Pues no. Esto es demasiado descafeinado. No tiene enjundia. Son sólo una colección de palabras, deseos.
Hace falta rigor y planificación. Y para eso hacen falta datos fiables con los que hacer un diagnóstico de la situación actual. Datos de usuarios, de usos, de robos, de accidentes. Datos contrastados y contrastables, datos verídicos y fiables. Y, sobre esos datos, marcar una serie de objetivos medibles y alcanzables. Concretos. Y después formular la estrategia, el plan de acción para conseguirlos. Con sus líneas de actuación definidas y desgranadas en programas y acciones y con sus presupuestos respectivos y sus líneas de financiación. Porque si no esto no va valer para nada y, además, va a dejar en entredicho al ciclismo organizado, si es que no lo está ya.
Así pues, ánimo a todos los que formamos parte de una manera o de otra de este contubernio, pero, por favor, este intento de coordinación y de lobby requiere algo más que una declaración de buenos deseos, un responsable con su despachito y su estola y unos programas que hagan escaparate. Requiere rigor y determinación.
Corren tiempos difíciles, así que habrá que redoblar esfuerzos para demostrar que los integrantes de la Mesa Nacional de la Bicicleta son acreedores de crédito suficiente para hacer algo digno por las bicicletas en este país de locos, porque si no todo puede quedar, otra vez, en una representación más o menos decente de los Caballeros de la Tabla Redonda de la Bicicleta, con su correspondiente y celoso Señor de las Bicicletas y poco más. Quijotesco sí, pero baldío.
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