Estamos inmersos en la vorágine preelectoral, ese proceso que ocupa prácticamente una cuarta parte de la vida política, algo que sólo puede darse en ese mundo ficticio, porque a nadie se le ocurriría hacer ese tipo de paréntesis en la vida real. Paréntesis que dura casi un año y donde toda la actividad de nuestros políticos se reduce a hacer buenos propósitos y a venderlos a la población que tiene que comprarlos a cambio de un voto que es un crédito para cuatro años. A eso, y a desacreditar a los demás.
Ahora nos va a tocar escuchar toda esa colección de buenos deseos, de propuestas de cambio y vamos a creer que todo esto va a depender, otra vez, mucho más de esa clase, la política, de lo que en muchos casos es la realidad. Es decir, que, aunque es innegable la necesidad de delegar la representación en unos cuantos elegidos para que lleven las riendas del aparato del estado y para que tomen las decisiones relevantes en los aspectos colectivos, ¿no es cierto que a veces, muchas veces, los cambios que afectan a nuestras vidas dependen más de nosotros mismos que de los responsables de regir nuestras instituciones y de decidir con qué normas se organizará nuestra sociedad? Entonces ¿por qué descargamos tanta responsabilidad en ellos y tan poca en nosotros mismos?
De decisiones tan aparentemente nimias como elegir de qué manera nos vamos a mover va a depender, en buena parte, nuestro estado físico y anímico, nuestra economía y una de nuestras aportaciones a la ecología urbana. La elección de pedalear o de caminar, en la medida de nuestras posibilidades, puede cambiar nuestra manera de vivir de una manera mucho más decisiva de lo que sospechamos.
Sí, estamos entrando en periodo de elecciones y hay muchas esperanzas puestas en los cambios que pueden suceder a las mismas, pero no tratemos de descargar toda la responsabilidad de los cambios que pueden afectar a nuestras vidas en los políticos, porque estaremos perdiendo la oportunidad de hacer cambios personales que pueden ser tan decisivos o más que los que necesitamos en nuestra sociedad y en nuestras instituciones.
Así pues, caminemos y pedaleemos, rodemos. Cuanto más mejor y cuantos más mejor. Mejor para todos y mejor para cada uno. Así de simple. Para ese tipo de elecciones, por suerte, no necesitamos del concurso de los políticos.
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lunes, 16 de febrero de 2015
Elecciones que cambian la vida
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lunes, 29 de diciembre de 2014
Hazte un favor: regálale una bici
Nos encontramos inmersos en plena vorágine consumista. Esa que nos empuja a comprar, con la excusa de alimentar mitos y creencias que mezclan lo místico con lo crematístico de manera absolutamente desvergonzada, y que nos ha enseñado que los regalos son la recompensa a haber sido buenos o, dicho de otra manera, a no haber traicionado los principios que sustentan esta sociedad banal e interesada.
Y ahí andamos comulgando todos, más o menos a disgusto, devanándonos el seso para acertar con la voluntad del regalado, sobre todo cuando el objeto de nuestra generosidad es un niño o niña. Un juguete, algo más práctico, con pilas, sin ellas, interactivo o no, que potencie valores o que entretenga suficientemente... las variables son infinitas y la influencia de los poderes mediáticos descomunal.
En estos días, en los que uno de cada tres anuncios son de perfumes, nos asalta, a los que tenemos niños a nuestro alrededor con los que cumplir, la gran duda. ¿Juguetes o juegos? ¿Calle o cuarto de estar? ¿Actividad o sedentarismo?
Más calle y menos cuarto de estar
Al final, la cuestión se reduce muchas veces a objetos para permanecer en casa más entretenidos y dóciles o elementos que necesiten el espacio abierto para cobrar sentido y utilidad. Y, curiosamente, cada vez los medios de comunicación y consumismo nos enfocan más a retenernos en el cuarto de estar, en sus dominios, que a salir a la calle, un medio mucho menos controlable y donde las cosas ocurren de manera azarosa.
En este orden de cosas, donde todos los intereses nos tratan de convencer de que la calle es mucho menos segura y previsible que el salón de nuestra casa, debemos recordar que es en ese terreno común donde las cosas ocurren realmente y donde dependen de nosotros mismos, de nuestras habilidades, de nuestra destreza, de nuestra experiencia.
Es ahí donde tenemos algo que hacer y donde nuestro papel es protagonista. Es ahí donde podemos decidir al menos en la parte que nos toca que es: cómo vamos a desenvolvernos, cómo vamos a relacionarnos y cómo vamos a movernos. Y ahí una bicicleta puede cobrar un sentido y una dimensión importante. Decisiva.
Así pues, regálale una bici, porque mientras sigues cumpliendo con la expectativa del universo de los juegos y los juguetes, puedes estar regalando un vehículo que haga que su jinete adquiera una consciencia, una conciencia y una destreza que sean valiosas para el resto de su vida.
Piénsatelo y actúa. Estarás participando en la construcción de un mundo un poco mejor en el que tú también saldrás beneficiado.
Y ahí andamos comulgando todos, más o menos a disgusto, devanándonos el seso para acertar con la voluntad del regalado, sobre todo cuando el objeto de nuestra generosidad es un niño o niña. Un juguete, algo más práctico, con pilas, sin ellas, interactivo o no, que potencie valores o que entretenga suficientemente... las variables son infinitas y la influencia de los poderes mediáticos descomunal.
En estos días, en los que uno de cada tres anuncios son de perfumes, nos asalta, a los que tenemos niños a nuestro alrededor con los que cumplir, la gran duda. ¿Juguetes o juegos? ¿Calle o cuarto de estar? ¿Actividad o sedentarismo?
Más calle y menos cuarto de estar
Al final, la cuestión se reduce muchas veces a objetos para permanecer en casa más entretenidos y dóciles o elementos que necesiten el espacio abierto para cobrar sentido y utilidad. Y, curiosamente, cada vez los medios de comunicación y consumismo nos enfocan más a retenernos en el cuarto de estar, en sus dominios, que a salir a la calle, un medio mucho menos controlable y donde las cosas ocurren de manera azarosa.

Es ahí donde tenemos algo que hacer y donde nuestro papel es protagonista. Es ahí donde podemos decidir al menos en la parte que nos toca que es: cómo vamos a desenvolvernos, cómo vamos a relacionarnos y cómo vamos a movernos. Y ahí una bicicleta puede cobrar un sentido y una dimensión importante. Decisiva.
Así pues, regálale una bici, porque mientras sigues cumpliendo con la expectativa del universo de los juegos y los juguetes, puedes estar regalando un vehículo que haga que su jinete adquiera una consciencia, una conciencia y una destreza que sean valiosas para el resto de su vida.
Piénsatelo y actúa. Estarás participando en la construcción de un mundo un poco mejor en el que tú también saldrás beneficiado.
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lunes, 6 de mayo de 2013
Levántate y anda... pero no lo hagas en bici por favor
Los poderes se han puesto de acuerdo, como si siguieran un dictado común, para adoctrinarnos y defendernos de nosotros mismos, por lo visto. Con mensajes literales, más o menos alarmistas, han decidido atacarnos donde más les gusta, en nuestra fibra sensible, en nuestra conciencia adormilada, en nuestra voluntad debilitada para lanzarnos un mensaje bíblico milagroso: levántate y anda.
Primero apelando a combatir nuestra apatía
Después con evidencias incontestables
Finalmente, con los mismos argumentos pero desde la versión oficial
Parece que, tanto los que venden hiperglucemia como los que necesitan la congestión, para autojustificarse, han decidido poner, otra vez más, la pelota en nuestro tejado y culpabilizarnos de nuestras debilidades, de nuestros malos hábitos de vida, de nuestra pasividad, de nuestra irresponsabilidad, de nuestra dejadez aunque ellos vivan de que nosotros sigamos cayendo en esos pecados nuestros de cada día y cuanto más asidua y más dócilmente, mejor. ¡Espeluznante!
Por cierto, hasta anteayer la bicicleta hubiera sido protagonista de este tipo de mensajes publicitarios porque aportaba frescura, representaba salud y felicidad, era moderna y conveniente. ¿Qué ha pasado de dos días a esta parte para que haya dejado de ser la panacea? ¿No será que nos ven como una amenaza para su mundo edulcorado y dependiente?
Bájate y anda
Para contrarrestar este desmarque de los ciclistas y evitar su marginación, la gente de Valencia en Bici, con su característica originalidalidad, proponen que los ciclistas se sumen a esta nueva tendencia y se bajen de la bici para caminar en las situaciones que se les presenten, pasos de peatones por ejemplo. Buena idea para buscar puntos de encuentro y para demostrar nuestro talante conciliador y favorable.
Primero apelando a combatir nuestra apatía
Después con evidencias incontestables
Finalmente, con los mismos argumentos pero desde la versión oficial
Parece que, tanto los que venden hiperglucemia como los que necesitan la congestión, para autojustificarse, han decidido poner, otra vez más, la pelota en nuestro tejado y culpabilizarnos de nuestras debilidades, de nuestros malos hábitos de vida, de nuestra pasividad, de nuestra irresponsabilidad, de nuestra dejadez aunque ellos vivan de que nosotros sigamos cayendo en esos pecados nuestros de cada día y cuanto más asidua y más dócilmente, mejor. ¡Espeluznante!
Por cierto, hasta anteayer la bicicleta hubiera sido protagonista de este tipo de mensajes publicitarios porque aportaba frescura, representaba salud y felicidad, era moderna y conveniente. ¿Qué ha pasado de dos días a esta parte para que haya dejado de ser la panacea? ¿No será que nos ven como una amenaza para su mundo edulcorado y dependiente?
Bájate y anda
Para contrarrestar este desmarque de los ciclistas y evitar su marginación, la gente de Valencia en Bici, con su característica originalidalidad, proponen que los ciclistas se sumen a esta nueva tendencia y se bajen de la bici para caminar en las situaciones que se les presenten, pasos de peatones por ejemplo. Buena idea para buscar puntos de encuentro y para demostrar nuestro talante conciliador y favorable.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Menos tamal y más pedal
"El desequilibrio entre la ingesta de alimentos y la actividad física es lo que lleva a la obesidad. En este equilibrio, el sedentarismo casi pesa más que la sobreingesta. Aunque estos no son los únicos elementos que derivan hacia la obesidad: la genética y los factores ambientales también tienen su importancia", asegura el profesor Javier Salvador, director del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN) y presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEN).
En el Estado, un cuarto de la población, el 23%, padece obesidad y más de un 60% tiene sobrepeso, una cifra que en el caso de las personas mayores de 65 años se incrementa hasta el 81%.
Teniendo en cuenta estos datos alarmantes y que uno de los problemas más graves de los países desarrollados es el sedentarismo, asociado a la falta de actividad física, expertos como el doctor Salvador demandan en el abordaje de esta epidemia del siglo XXI una respuesta coordinada de todos los agentes implicados. "La prevención desde la infancia es fundamental, involucrando en ello a la familia, el colegio, la industria alimentaria... será la única forma de atajar en origen y controlar la obesidad"
En esta línea, los especialistas advierten que el sobrepeso y la obesidad son un problema de salud pública de primera magnitud que además genera un importante coste sociosanitario. "Una situación que incrementa, asimismo, el riesgo de sufrir otras muchas enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, dislipemia, apnea del sueño, problemas cardiovasculares y gota, entre otros", añade el doctor Salvador, quien participó junto a otros especialistas en una sesión científica sobre Nutrición e Hidratación, organizada por la Academia de Medicina (RANM), que contó con el apoyo de Aquarius y Coca-Cola España.
Ejercicio y buena alimentación
Una de las conclusiones de la jornada y el mensaje que los nutrólogos quieren transmitir es que una buena nutrición y una adecuada hidratación, unidas a la práctica de ejercicio diario, son las claves para lograr una buena salud.
Pero sin olvidar otros factores de incidencia. En algunas personas existen alteraciones hormonales que les provocan el desarrollo de más obesidad; la edad también juega a favor. "A medida que se va envejeciendo la probabilidad de tener obesidad es el doble. El estrés es otro factor determinante. No se suele tener muy en cuenta, pero cualquier tipo de estrés: laboral, conyugal, el derivado de un problema psiquiátrico, suelen facilitar que la regulación de la alimentación sea distinta. También el dormir mal favorece la obesidad, ya que altera las hormonas que controlan la alimentación", explica didácticamente el profesor de la Clínica Universitaria de Navarra.
Como reconoce el doctor Salvador, todos estos factores son evitables, o al menos modulables. "El trabajar en exceso no es bueno, hay que controlar la actividad y realizar algo de ejercicio físico. En este sentido, tampoco hace falta ser un fanático del cuerpo. Suelo recomendar cosas factibles; no se puede recomendar una actividad física que no se llevará a cabo al no poderse incorporar a la vida diaria", añade.
(...)
En los tratamientos de obesidad, el doctor Salvador considera imprescindible la valoración individual del paciente, "según las características de su enfermedad, las complicaciones y sus circunstancias personales se decide qué tratamiento es el más apropiado en cada caso", argumenta. "Hay que escuchar al paciente, saber si tiene problemas de estrés, si duerme bien si tiene una alimentación equilibrada. No me gustan los planes drásticos porque no se pierde grasa y no mejora la salud. El ejercicio físico polariza la pérdida; es una garantía de salud", añade.
El profesor insiste en la necesidad de activar mensajes que transmitan con claridad que la obesidad no es cuestión solo de peso, sino de vivir menos, con una calidad peor y con una probabilidad creciente de padecer diabetes, apnea del sueño y todo tipo de cáncer. "Hay que ser conscientes de esto", apostilla.
El especialista destaca también la importancia de una correcta hidratación que garantice las cantidades de líquidos necesarios para el organismo y el equilibrio entre las pérdidas e ingestas que se realizan a diario. "Es necesario hidratarse bien, pero vivimos en una sociedad que va tan deprisa que no solemos tener mucho tiempo para beber líquidos en abundancia. Con el exceso de trabajo muchas personas descuidan la ingesta de líquidos. Además, en la infancia y en las personas mayores hay que tener mayor cuidado, pues los mecanismos reguladores de esta ingesta no están activos y pierden la sensación de sed corriendo el riesgo de deshidratarse.
Claves para mejorar la salud
Una buena nutrición y una adecuada hidratación, unidas a la práctica de ejercicio diario, son las claves para lograr una buena salud. En definitiva, "menos plato y más zapato". Este es el sencillo pero útil mensaje que los expertos quieren trasladar a la ciudadanía.
miércoles, 6 de febrero de 2013
La ignorancia no nos librará de sus consecuencias
Dicen que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Vale. Sin embargo, resulta más caro ignorar la trampa y son igual de ineludibles sus consecuencias, si no mayores. Vivimos sometidos a toda una serie de vicios, más o menos consentidos, más o menos voluntarios y creemos que con ignorar los efectos que conllevan podremos evitar sus consecuencias. Vamos lo que se llama "hacer el avestruz", "mirar a otra parte".
Esta actitud que es evidente en la arena política actual, pero que se podría extrapolar a cualquier otro campo, empezando por la economía o el medio ambiente, es especialmente dramática cuando toca a nuestra vida directamente, en primera persona, y seguimos queriendo ponernos las orejeras de la ignorancia.
Leo hoy que la salud de los menores viene ya condicionada por el aire que respiran sus padres, especialmente sus madres, y que en zonas contaminadas los bebés pesan menos que en zonas más saludables y eso condiciona su vulnerabilidad frente a todo tipo de afecciones de la salud. Esto es, que antes de nacer, ya están condicionados por el ambiente.
Las famosas micropartículas en suspensión cuyos máximos se negocian en los foros en los que se debate sobre la calidad del aire y que nos parece un asunto científico, casi irrelevante para los legos, son las responsables de nuestra salud antes incluso de que vengamos a este mundo cruel y emocionante. Eso y el estrés, los hábitos alimenticios y la saludabilidad de nuestros progenitores, hacen tanto como el dichoso código genético a la hora de condicionarnos para toda la vida.
Parece agorero e incluso determinista, pero todavía hay gente que se mantiene ajena a esto, como si no fuera con ellos esta guerra, como si fueran asuntos para los demás, como si no le fuera a salpicar. Pues esto salpica, y mucho. Por eso merece la pena mojarse a fondo y remangarse para intentar mejorar la calidad del mundo en el que vivimos, aunque sea en lo que podemos hacer por nosotros mismos y que puede aportar algo a los demás. Evitar usar el coche es, sin duda, una de esas cosas que representará un gran paso para nosotros y un pequeño paso para los demás..
Porque ¿alguien puede decirme quién es el principal responsable de las emisiones de esas micropartículas así como de los gases que contaminan nuestro aire?
Esta actitud que es evidente en la arena política actual, pero que se podría extrapolar a cualquier otro campo, empezando por la economía o el medio ambiente, es especialmente dramática cuando toca a nuestra vida directamente, en primera persona, y seguimos queriendo ponernos las orejeras de la ignorancia.
Leo hoy que la salud de los menores viene ya condicionada por el aire que respiran sus padres, especialmente sus madres, y que en zonas contaminadas los bebés pesan menos que en zonas más saludables y eso condiciona su vulnerabilidad frente a todo tipo de afecciones de la salud. Esto es, que antes de nacer, ya están condicionados por el ambiente.
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Foto robada de Valencia en Bici |
Las famosas micropartículas en suspensión cuyos máximos se negocian en los foros en los que se debate sobre la calidad del aire y que nos parece un asunto científico, casi irrelevante para los legos, son las responsables de nuestra salud antes incluso de que vengamos a este mundo cruel y emocionante. Eso y el estrés, los hábitos alimenticios y la saludabilidad de nuestros progenitores, hacen tanto como el dichoso código genético a la hora de condicionarnos para toda la vida.
Parece agorero e incluso determinista, pero todavía hay gente que se mantiene ajena a esto, como si no fuera con ellos esta guerra, como si fueran asuntos para los demás, como si no le fuera a salpicar. Pues esto salpica, y mucho. Por eso merece la pena mojarse a fondo y remangarse para intentar mejorar la calidad del mundo en el que vivimos, aunque sea en lo que podemos hacer por nosotros mismos y que puede aportar algo a los demás. Evitar usar el coche es, sin duda, una de esas cosas que representará un gran paso para nosotros y un pequeño paso para los demás..
Porque ¿alguien puede decirme quién es el principal responsable de las emisiones de esas micropartículas así como de los gases que contaminan nuestro aire?
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domingo, 6 de enero de 2013
La ciudad desde el manillar
Viajar en bicicleta, circular en bicicleta, moverse en bicicleta tiene una ventaja respecto a los demás medios de transporte: en bicicleta ves, oyes, sientes y te puedes parar prácticamente donde quieras. Eso te permite tener una perspectiva más directa, más cercana, más inmediata y más tangible del entorno.
Si a eso le sumamos la inocencia de la mirada de un niño, descubriremos que en bicicleta las cosas se ven de otra manera, porque da tiempo a verlas y a interpretarlas, porque en bici, circulando relajado, da tiempo a reflexionar sobre lo que estás viendo.
Es lo que le pasó el otro día a Mikael Colville, Copenhagenize, yendo con su hija cuando se encontraron un par de pimientos en un paso de cebra. A ningún automovilista le hubiera importado un comino semejante insignificancia en su trayectoria. Uno, porque no hubiera podido verlo. Dos, porque no hubiera podido evitarlo. Tres, porque un automovilista no repara en esas tonterías.
Un ciclista, o un pasajero en una bicicleta, puede verlo, pararse a comprobar qué es, cogerlo e incluso dedicarle un momento a una reflexión, como le paso a la niña de Mikael.
Recuerdo un día...
...que iba con mis dos pequeños pasajeros en nuestro vehículo a pedales y el mayor me pregunto:
- Oye aita ¿te has dado cuenta que todos los bancos están en las esquinas?
Cierto, pensé, y mientras esperábamos a que se pusiera en verde el semáforo le dije.
- Sí, porque son los mejores sitios y ellos son los únicos que pueden pagar el precio de los alquileres... que ellos mismos se han encargado en subir hasta precios que la gente normal no podía pagar.
- Ya -me contestó- pero no dan ambiente a la calle, porque parece que siempre están cerrados.
Un momento que sólo puede tener lugar cuando vas en bici... o andando.
Si a eso le sumamos la inocencia de la mirada de un niño, descubriremos que en bicicleta las cosas se ven de otra manera, porque da tiempo a verlas y a interpretarlas, porque en bici, circulando relajado, da tiempo a reflexionar sobre lo que estás viendo.
Es lo que le pasó el otro día a Mikael Colville, Copenhagenize, yendo con su hija cuando se encontraron un par de pimientos en un paso de cebra. A ningún automovilista le hubiera importado un comino semejante insignificancia en su trayectoria. Uno, porque no hubiera podido verlo. Dos, porque no hubiera podido evitarlo. Tres, porque un automovilista no repara en esas tonterías.
Un ciclista, o un pasajero en una bicicleta, puede verlo, pararse a comprobar qué es, cogerlo e incluso dedicarle un momento a una reflexión, como le paso a la niña de Mikael.
Recuerdo un día...
...que iba con mis dos pequeños pasajeros en nuestro vehículo a pedales y el mayor me pregunto:
- Oye aita ¿te has dado cuenta que todos los bancos están en las esquinas?
Cierto, pensé, y mientras esperábamos a que se pusiera en verde el semáforo le dije.
- Sí, porque son los mejores sitios y ellos son los únicos que pueden pagar el precio de los alquileres... que ellos mismos se han encargado en subir hasta precios que la gente normal no podía pagar.
- Ya -me contestó- pero no dan ambiente a la calle, porque parece que siempre están cerrados.
Un momento que sólo puede tener lugar cuando vas en bici... o andando.
martes, 1 de enero de 2013
Los años que viviremos peligrosamente
Peligro. Un término que encierra en sí mismo una bomba, toda una carga de profundidad. Cuando alguien define algo como peligroso, directamente le está asignando un efecto dañino en potencia, que se asocia a una posibilidad cierta de que la cosa acabe mal. Eso, que en sí mismo no entraña mayor maldad, utilizado para poner en cuestión determinadas prácticas se puede volver realmente pernicioso y puede provocar encadenamientos y asociaciones de conceptos que llevan implícitas lógicas tremendistas.
Es lo que le pasa al acto de andar en bici. Está demostrado estadísticamente que la práctica de andar en bici a diario en desplazamientos rutinarios es una de las formas más seguras de desplazarse por el número de contingencias que pueden ocurrirle a la persona que lo hace a lo largo de su vida. El índice de siniestralidad o de accidentalidad es exponencialmente más bajo que, por ejemplo, el que arroja el uso del coche. Y hablamos de estadísticas por kilómetros recorridos, sabiendo que el coche es capaz de recorrer muchos más kilómetros en un solo viaje.
¿Peligro o "periglo"?
Conviene repasar la etimología del término peligro para darse cuenta que su procedencia es bastante más noble y menos siniestra que su producto.
Este es el sustrato ético en el que nos movemos, que va cambiando el sentido del lenguaje y, con él, el de nuestras acciones para orientarlas hacia enfoques interesados en jugar con el miedo, que da muchos más réditos que el libre albedrío y la simple emoción de vivir ensayando, intentanto y arriesgando ¿por qué no?
... pero está lleno de timoratos y son ellos los que dominan las encuestas y se dejan arrastrar por los que los mantienen amedrentados a su merced. Triste pero real. El que arriesga pierde, reza el dicho que sustenta esta teoría.
Sin embargo, sólo el que arriesga gana y la ganancia de la que hablamos cuando hablamos de moverse en bici es realmente importante: beneficios en salud, en tiempo, beneficios económicos, beneficios para nuestro entorno, para los demás, para nuestro trabajo, para nuestra forma de relacionarnos, para nuestro estado de ánimo... demasiado como para no apostar en ello.
Cada vez somos más los que estamos convencidos que una vida sin riesgos es una vida insulsa, que sólo a través del experimento se llega al descubrimiento y que la experiencia es la madre de la ciencia, más si se practica de una manera tan recalcitrante y tan reconfortante como ésta. Bienvenido peligro.
Espero vivir y convivir muchos años peligrosamente, muchos más porque el solo hecho de haber elegido un medio de locomoción activo me dará al menos 5 años más de esperanza de vida que a los pasivos motorizados. Y os aseguro que además de peligroso, va a ser intenso, emocionante y divertido. ¿Quién da más?
Es lo que le pasa al acto de andar en bici. Está demostrado estadísticamente que la práctica de andar en bici a diario en desplazamientos rutinarios es una de las formas más seguras de desplazarse por el número de contingencias que pueden ocurrirle a la persona que lo hace a lo largo de su vida. El índice de siniestralidad o de accidentalidad es exponencialmente más bajo que, por ejemplo, el que arroja el uso del coche. Y hablamos de estadísticas por kilómetros recorridos, sabiendo que el coche es capaz de recorrer muchos más kilómetros en un solo viaje.
¿Peligro o "periglo"?
Conviene repasar la etimología del término peligro para darse cuenta que su procedencia es bastante más noble y menos siniestra que su producto.
La palabra peligro viene del latín periculum (prueba, tentativa, ensayo y después también riesgo), que, primero como "periglo", acabó conformándose en el vocablo actual. La palabra latina se forma sobre la raíz indoeuropea per- (intentar, arriesgar) que da verbos en latín como experiri (ensayar, experimentar) y vocablos como peritus, peritia, experientia o experimentum, que han dado lugar a perito, pericia, experiencia o experimento.Así, lo que empezó siendo un ejercicio de tentativa, de ensayo, de experiencia, ha degenerado con el transcurso del tiempo y con el concurso de los intereses de los que alimentan la cadena del miedo en algo dañino, evitable, desaconsejable, maligno.
Este es el sustrato ético en el que nos movemos, que va cambiando el sentido del lenguaje y, con él, el de nuestras acciones para orientarlas hacia enfoques interesados en jugar con el miedo, que da muchos más réditos que el libre albedrío y la simple emoción de vivir ensayando, intentanto y arriesgando ¿por qué no?
El mundo es de los valientes...
... pero está lleno de timoratos y son ellos los que dominan las encuestas y se dejan arrastrar por los que los mantienen amedrentados a su merced. Triste pero real. El que arriesga pierde, reza el dicho que sustenta esta teoría.
Sin embargo, sólo el que arriesga gana y la ganancia de la que hablamos cuando hablamos de moverse en bici es realmente importante: beneficios en salud, en tiempo, beneficios económicos, beneficios para nuestro entorno, para los demás, para nuestro trabajo, para nuestra forma de relacionarnos, para nuestro estado de ánimo... demasiado como para no apostar en ello.
Cada vez somos más los que estamos convencidos que una vida sin riesgos es una vida insulsa, que sólo a través del experimento se llega al descubrimiento y que la experiencia es la madre de la ciencia, más si se practica de una manera tan recalcitrante y tan reconfortante como ésta. Bienvenido peligro.
Espero vivir y convivir muchos años peligrosamente, muchos más porque el solo hecho de haber elegido un medio de locomoción activo me dará al menos 5 años más de esperanza de vida que a los pasivos motorizados. Y os aseguro que además de peligroso, va a ser intenso, emocionante y divertido. ¿Quién da más?
domingo, 14 de octubre de 2012
Hay otro camino
El caso del Colegio Mendialdea de Berriozar ha alcanzado la cota más alta de la irresponsabilidad colectiva, tratando de defender a ultranza el transporte escolar subvencionado. Lo que empezó siendo una pura pataleta a un recorte que, aunque no suficientemente argumentado, no deja de ser razonable si lo analizamos detenidamente, ha ido derivando en un asunto sobre el que se ha pronunciado oficialmente el Ayuntamiento de Berriozar, el Defensor del Pueblo de Navarra y que ha acabado en el Parlamento navarro como moción mayoritaria de toda la oposición.
Hablamos de un gasto de 230.000 euros al año para transladar a varios cientos de escolares que se desplazan poco más de un kilómetro, en el peor de los casos, en un pueblo de 9.000 habitantes.
Las razones argumentadas:
Para empezar, no toda la población vive al otro lado de la travesía que, aunque mantiene la categoría de carretera nacional, está muy condicionada: los pasos peatonales que no están semaforizados, están elevados y pintados de rojo y blanco para alertar y reducir la velocidad de los automóviles que circulan por ella.
En segundo lugar, hay un itinerario paralelo seguro y separado del propuesto por los demandantes que, además, se implementó por el mismo Ayuntamiento que ahora denuncia el tema hace apenas dos años. Se trata de un paso sobre la vía del tren gracias a una pasarela peatonal y ciclista que da acceso al colegio por unos caminos pavimentados que evitan atravesar una zona industrial que, además de desagradable, es casi intransitable de manera digna. Un itinerario que, además, cuenta con una acera bici hasta dicha pasarela más que aceptable. Un recorrido agradable y seguro.
Lo malo de este itinerario, lo que tiene realemente preocupados a los padres y madres de este centro, es que sólo puede hacerse a pie o en bici, y eso es lo verdaderamente peligroso, inconveniente, impresentable, indigno y, por lo tanto, inasumible. Nadie está dispuesto a que ningún niño vaya de casa al colegio en algo que no sea un vehículo motorizado. Eso es lo cómodo, y en eso se están gastando 1.000 euros al día.
Es preocupante la forma como se están llevando a cabo la mayoría de los recortes en los servicios sociales en los últimos meses por unos gobernantes obsesionados en contener los presupuestos de cualquier manera, pero no es menos preocupante lo que subyace detrás de reivindicaciones como estas, es decir, lo indiscutible de la propuesta y, más que eso, la ausencia de alternativas al incuestionable transporte motorizado.
Hay algo que es innegociable en nuestra sociedad: la seguridad de los menores. Pero de ahí a asociarla, en el caso de la movilidad, al transporte motorizado y desestimar cualquier alternativa como inviable hay un trayecto realmente grande. Sobre todo porque es el propio transporte motorizado el que hace peligroso ese itinerario. La sobreprotección a que sometemos a nuestros menores llega a unas cotas de insostenibilidad absolutamente espeluznantes. Tanto que ya no les permitimos desplazarse andando o en bici si no van permanentemente vigilados y acompañados por sus mayores, sean estos padres, profesores, monitores o cualquier sustituto de éstos. Y muchas veces ni así.
Estamos construyendo una sociedad, una forma de vivir alimentada por el miedo y las consecuentes inseguridad y protección, que favorece el enclaustramiento de nuestros niños y niñas, su aislamiento, la constante supervisión de los mismos, que están deviniendo en un sedentarismo y una atrofia infantil realmente preocupantes.
No quiero pensar qué hubiera pasado si, aprovechando la "oportunidad" que representaba este recorte, las apymas, en vez de defender a capa y espada el servicio de transporte en bus a perpetuidad, se hubieran organizado para llevar a los niños andando o en bici, con el apoyo de un Ayuntamiento que alardea de favorecer la movilidad sostenible.
Hablamos de un gasto de 230.000 euros al año para transladar a varios cientos de escolares que se desplazan poco más de un kilómetro, en el peor de los casos, en un pueblo de 9.000 habitantes.
Las razones argumentadas:
- Que es un servicio que se lleva prestando y sufragando durante 30 años.
- Que el itinerario es peligroso.
Para empezar, no toda la población vive al otro lado de la travesía que, aunque mantiene la categoría de carretera nacional, está muy condicionada: los pasos peatonales que no están semaforizados, están elevados y pintados de rojo y blanco para alertar y reducir la velocidad de los automóviles que circulan por ella.
En segundo lugar, hay un itinerario paralelo seguro y separado del propuesto por los demandantes que, además, se implementó por el mismo Ayuntamiento que ahora denuncia el tema hace apenas dos años. Se trata de un paso sobre la vía del tren gracias a una pasarela peatonal y ciclista que da acceso al colegio por unos caminos pavimentados que evitan atravesar una zona industrial que, además de desagradable, es casi intransitable de manera digna. Un itinerario que, además, cuenta con una acera bici hasta dicha pasarela más que aceptable. Un recorrido agradable y seguro.
Foto de Aitonak |
Lo malo de este itinerario, lo que tiene realemente preocupados a los padres y madres de este centro, es que sólo puede hacerse a pie o en bici, y eso es lo verdaderamente peligroso, inconveniente, impresentable, indigno y, por lo tanto, inasumible. Nadie está dispuesto a que ningún niño vaya de casa al colegio en algo que no sea un vehículo motorizado. Eso es lo cómodo, y en eso se están gastando 1.000 euros al día.
Es preocupante la forma como se están llevando a cabo la mayoría de los recortes en los servicios sociales en los últimos meses por unos gobernantes obsesionados en contener los presupuestos de cualquier manera, pero no es menos preocupante lo que subyace detrás de reivindicaciones como estas, es decir, lo indiscutible de la propuesta y, más que eso, la ausencia de alternativas al incuestionable transporte motorizado.
Hay algo que es innegociable en nuestra sociedad: la seguridad de los menores. Pero de ahí a asociarla, en el caso de la movilidad, al transporte motorizado y desestimar cualquier alternativa como inviable hay un trayecto realmente grande. Sobre todo porque es el propio transporte motorizado el que hace peligroso ese itinerario. La sobreprotección a que sometemos a nuestros menores llega a unas cotas de insostenibilidad absolutamente espeluznantes. Tanto que ya no les permitimos desplazarse andando o en bici si no van permanentemente vigilados y acompañados por sus mayores, sean estos padres, profesores, monitores o cualquier sustituto de éstos. Y muchas veces ni así.
Estamos construyendo una sociedad, una forma de vivir alimentada por el miedo y las consecuentes inseguridad y protección, que favorece el enclaustramiento de nuestros niños y niñas, su aislamiento, la constante supervisión de los mismos, que están deviniendo en un sedentarismo y una atrofia infantil realmente preocupantes.
No quiero pensar qué hubiera pasado si, aprovechando la "oportunidad" que representaba este recorte, las apymas, en vez de defender a capa y espada el servicio de transporte en bus a perpetuidad, se hubieran organizado para llevar a los niños andando o en bici, con el apoyo de un Ayuntamiento que alardea de favorecer la movilidad sostenible.
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lunes, 1 de octubre de 2012
Volver a las andadas
Está claro que para lo único que va a servir esta crisis, hasta el momento, es para replantearnos algunos de nuestros hábitos lujosos. El pilates, el cine o el vermú están pasando estragos para sobrevivir en estos tiempos aciagos. Pero también está disminuyendo notablemente el uso del coche en los viajes urbanos. En parte porque se está convirtiendo en una práctica inasumible para muchas economías domésticas, al precio que está el combustible y el aparcamiento, y en mucha mayor parte por la caída en picado de la población activa. El paro desmoviliza mucho y desmotoriza mucho más.
Sin embargo, nada apunta a que estas circunstancias estén empujando a cambiar el orden de las cosas. Al menos en lo que respecta a la movilidad urbana, la reducción en el tráfico motorizado no se está aprovechando para reconfigurar la circulación de personas y dar oportunidades a los modos que están creciendo exponencialmente. Moverse a pie o en bici siguen siendo formas de transportarse desprestigiadas en la mayoría de nuestras ciudades. Indeseables.
Como muestra el botón minúsculo pero simbólico de los padres y madres del colegio de mi pueblo que, ante la retirada del transporte colectivo subvencionado para un trayecto inferior a 2 kilómetros, se resisten a que sus hijos caminen o vayan en bici a clase porque, además de peligroso, les parece ignominioso.
La generación que estamos sobreprotegiendo, gracias a este tipo de elecciones comodonas, va a sufrir las consecuencias de una forma de vida demasiado pasiva, sedentaria y viciada. Los datos de la salud infantil son cada vez más preocupantes y son tan fáciles de remediar como cambiar los hábitos de movilidad en los viajes que lo permitan y los estudios de movilidad nos dicen que la mayoría de los tránsitos urbanos que realizamos permitirían utilizar modos no motorizados.
Volver a andar, amigas y amigos, no es una forma de regresión sino un paso adelante decisivo para recuperar la ciudad de las personas saludables. A pie o en bici. Basta con eso.
Sin embargo, nada apunta a que estas circunstancias estén empujando a cambiar el orden de las cosas. Al menos en lo que respecta a la movilidad urbana, la reducción en el tráfico motorizado no se está aprovechando para reconfigurar la circulación de personas y dar oportunidades a los modos que están creciendo exponencialmente. Moverse a pie o en bici siguen siendo formas de transportarse desprestigiadas en la mayoría de nuestras ciudades. Indeseables.
Como muestra el botón minúsculo pero simbólico de los padres y madres del colegio de mi pueblo que, ante la retirada del transporte colectivo subvencionado para un trayecto inferior a 2 kilómetros, se resisten a que sus hijos caminen o vayan en bici a clase porque, además de peligroso, les parece ignominioso.
La generación que estamos sobreprotegiendo, gracias a este tipo de elecciones comodonas, va a sufrir las consecuencias de una forma de vida demasiado pasiva, sedentaria y viciada. Los datos de la salud infantil son cada vez más preocupantes y son tan fáciles de remediar como cambiar los hábitos de movilidad en los viajes que lo permitan y los estudios de movilidad nos dicen que la mayoría de los tránsitos urbanos que realizamos permitirían utilizar modos no motorizados.
Volver a andar, amigas y amigos, no es una forma de regresión sino un paso adelante decisivo para recuperar la ciudad de las personas saludables. A pie o en bici. Basta con eso.
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sábado, 31 de marzo de 2012
Tener salud, dos piernas y una bici es un lujo
Un lujo. Poder recorrer distancias considerables con tu propia fuerza, sentir el entorno en toda su intensidad, desplazarse disfrutando del itinerario, es un lujo. Ya es hora de dejar a un lado la idea de que la bicicleta es algo penoso, marginal y ridículo. Ya es hora de ampliar la perspectiva que la reduce a un deporte, a un juguete o al recurso de los que no tienen medios para acceder a otros vehìculos. La bicicleta es un lujo porque te permite vivir con intensidad, de forma saludable y siendo respetuoso con los demás.
Un lujo. Sentir cómo avanzas, sin perderte los detalles del camino, pudiendo saludar a la gente y devolver los saludos, notando los cambios de temperatura, el sol, el calor, el frío y la lluvia, con una salud reforzada por la propia bicicleta, con total autonomía.
Tener salud, dos piernas y una bici es un lujo al alcance de demasiada gente, aunque todavía hay mucha que lo ignora o que lo evita. Ellos y ellas se lo pierden.
Un lujo. Sentir cómo avanzas, sin perderte los detalles del camino, pudiendo saludar a la gente y devolver los saludos, notando los cambios de temperatura, el sol, el calor, el frío y la lluvia, con una salud reforzada por la propia bicicleta, con total autonomía.
Tener salud, dos piernas y una bici es un lujo al alcance de demasiada gente, aunque todavía hay mucha que lo ignora o que lo evita. Ellos y ellas se lo pierden.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Malos hábitos
Dicen que la obesidad se ha convertido en el principal problema de salud pública mundial, a la altura del hambre, aunque con connotaciones diametralmente opuestas. Tres millones de personas mueren al año por complicaciones relacionadas con el sobrepeso, mayoritariamente provocadas por malos hábitos de vida: alimentación, sedentarismo, estrés, ansiedad... Terrible balance el de la gula, el de la dieta basura y el del "fast food", superpotenciados por todo el aparato de mercadotecnia que llevan aparejado.
Hay además en esta forma de entenderse con el mundo (la alimentación no deja de ser una forma más de relación con el entorno y con los demás) un efecto multiplicador en la fórmula que ha mejorado la simple comida basura: la comida basura + coche. Esta forma de consumir comida ha sido popularmente comercializada por los norteamericanos del norte, oficialmente conocidos como estadounidenses, responsables de muchos de los hábitos que los occidentalitos de a pie hemos ido adquiriendo a través de su persuasiva exposición en sus potentísimos aparatos mediáticos.
El protocolo conocido como "drive thru" (conducir a través), consistente en acudir al expendedor de comida basura sin desmontar del coche, relacionarse con un interfono y pasar a recoger tu dosis en una ventanilla, se ha popularizado a través de películas, anuncios y otros sucedáneos de realidad virtual y se ha ido implantando en forma de exitosísimas franquicias por toda la geografía mundial civilizada, por llamarlo de alguna manera.
La máxima expresión de sedentarismo, consumismo, malos hábitos de nutrición y autodependencia se recoge en estos centros donde prácticamente sólo se puede acceder en coche y que, en el colmo de los colmos, incluso cuentan con un carril ex proceso para realizar la citada operación. ¡Un carril coche en medio de un universo coche!
Son estos centros las auténticas catedrales que consagran esta simbiosis fatal, que se ha convertido en uno de los lastres más pesados y preocupantes de nuestra sociedad. Compararlo con el hambre es obsceno, como obsceno es seguir potenciando esta forma de consumo, de movilidad y de postración de la población.
Hay además en esta forma de entenderse con el mundo (la alimentación no deja de ser una forma más de relación con el entorno y con los demás) un efecto multiplicador en la fórmula que ha mejorado la simple comida basura: la comida basura + coche. Esta forma de consumir comida ha sido popularmente comercializada por los norteamericanos del norte, oficialmente conocidos como estadounidenses, responsables de muchos de los hábitos que los occidentalitos de a pie hemos ido adquiriendo a través de su persuasiva exposición en sus potentísimos aparatos mediáticos.
El protocolo conocido como "drive thru" (conducir a través), consistente en acudir al expendedor de comida basura sin desmontar del coche, relacionarse con un interfono y pasar a recoger tu dosis en una ventanilla, se ha popularizado a través de películas, anuncios y otros sucedáneos de realidad virtual y se ha ido implantando en forma de exitosísimas franquicias por toda la geografía mundial civilizada, por llamarlo de alguna manera.
La máxima expresión de sedentarismo, consumismo, malos hábitos de nutrición y autodependencia se recoge en estos centros donde prácticamente sólo se puede acceder en coche y que, en el colmo de los colmos, incluso cuentan con un carril ex proceso para realizar la citada operación. ¡Un carril coche en medio de un universo coche!
Son estos centros las auténticas catedrales que consagran esta simbiosis fatal, que se ha convertido en uno de los lastres más pesados y preocupantes de nuestra sociedad. Compararlo con el hambre es obsceno, como obsceno es seguir potenciando esta forma de consumo, de movilidad y de postración de la población.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Las consecuencias indeseables de andar en bicicleta
Si estás pensando en reemplazar tu auto, la micro o el metro por una bicicleta, entonces es importante que conozcas las repercusiones de esa decisión.
Lee a continuación 8 efectos secundarios de los que el vendedor de bicicletas no te habló:

3. Peligrosa disminución de stress. Aquellos que se transportan al trabajo en bicicleta son menos propensos a ser hostiles, lo cual es una herramienta importante para sobrevivir en el mundo de hoy.
4. Puntualidad. Ser capaz de navegar en el tráfico de la ciudad, tomar atajos en lugares donde no caben los coches, y elegir entre las vialidades de autos y bicicletas, frecuentemente deja a los ciclistas aburridos esperando a que lleguen el resto de sus colegas.
5. Estimulación mental sin cafeína. Aquellos que usan la bicicleta seguido obtienen un sentido de alerta natural, y por lo tanto no pueden justificar la taza de café mañanera.
6. Sentimiento de invencibilidad. Las personas que son su propio medio de transporte, muchas veces sienten que pueden lograr cualquier cosa.
7. Puede llevar a otras actividades. Andar en bici propicia la curiosidad, exploración, e incluso la dependencia de otros vehículos no motorizados.
8. Extrema alegría. Los ciclistas regulares tiene problemas para entender la ira de los conductores de coche, y por lo tanto se quedan afuera del popular pasatiempo de hablar sobre el tráfico. Demasiadas sonrisas pueden causar líneas de expresión en la cara.
de Petit Daniela, el miércoles, 28 de diciembre de 2011 a la(s) 20:32 en Facebook
P.D.: No me he podido resistir y lo he transcrito integramente. Sólo añadiría otra consecuencia: genera dependencia.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Un deseo para vivir mejor
Hoy he tenido una visión navideña. Con la mirada absorta en un aguinaldo me he quedado pensando en las contradicciones y en las disputas miserables en las que nos metemos durante todo el año y en este extraño asunto del hermanamiento navideño y de la buena voluntad que tan grato se nos hace y que, por más que sea una convención, nos hace más amables, más comprensivos, más empáticos, que no está nada mal.
Pues estaba yo en esas cuando se me ha quedado grabada esta imagen:
Y me he dicho ¡fíjate tú! todo el año batallando para reducir la presencia del coche en tu entorno y luego, entre la parafernalia que decora tu propia casa, te vuelves a encontrar la simbología del automóvil en una postal navideña. En fin, hay que resignarse. Estamos en Navidad y no es cuestión de andar armándola por este tipo de memeces. Total la Navidad no deja de ser sinónimo de hipermovilidad y es donde el coche particular cobra un sentido en el "vuelve a casa vuelve..." Así pues, hagamos una excepción y mantengamos la concordia para conservar la paz y el entendimiento.
Pero,
El resultado ha sido realmente increíble:
Me he quedado impresionado. Este es mi deseo: ¿Seremos capaces de darle la vuelta al coche para poder vivir mejor? Yo ya he empezado a hacerlo y os puedo asegurar que las cosas me han cambiado mucho. A mejor.
Pasar una buena noche.
Pues estaba yo en esas cuando se me ha quedado grabada esta imagen:
Y me he dicho ¡fíjate tú! todo el año batallando para reducir la presencia del coche en tu entorno y luego, entre la parafernalia que decora tu propia casa, te vuelves a encontrar la simbología del automóvil en una postal navideña. En fin, hay que resignarse. Estamos en Navidad y no es cuestión de andar armándola por este tipo de memeces. Total la Navidad no deja de ser sinónimo de hipermovilidad y es donde el coche particular cobra un sentido en el "vuelve a casa vuelve..." Así pues, hagamos una excepción y mantengamos la concordia para conservar la paz y el entendimiento.
Pero,
¿Qué pasaría si le diéramos la vuelta?
El resultado ha sido realmente increíble:
Me he quedado impresionado. Este es mi deseo: ¿Seremos capaces de darle la vuelta al coche para poder vivir mejor? Yo ya he empezado a hacerlo y os puedo asegurar que las cosas me han cambiado mucho. A mejor.
Pasar una buena noche.
martes, 22 de noviembre de 2011
Hazte un favor, hoy no cojas el coche
Aunque sea para uno de tus trayectos. Para el que lo puedas hacer. Para ese de menos de 2 kilómetros. Y no lo hagas por los demás, que no sea una obra de caridad, de solidaridad o de congraciamiento. Hazlo por ti. Hazlo por tu salud, por la física y por la mental, hazlo por tu economía, por la de dinero y la de tiempo. Lo vas a notar. Y te sorprenderás.
Te sorprenderás respirando el aire de la calle, te sorprenderás sintiéndote vivo, te sorprenderás saludando a alguien, te sorprenderás llegando despierto, te sorprenderás recuperando el buen humor, te sorprenderás saboreando esos minutos que le dedicas al viaje, te sorprenderás fijándote en los detalles, te sorprenderás oyendo tu respiración, te sorprenderás notando tu cuerpo. Te sorprenderás mucho. Te sorprenderás gratamente.
No lo hagas de manera drástica ni obligada. No lo hagas por cumplir una orden. No lo hagas tampoco porque cada vez te lo estén poniendo más difícil eso de conducir y aparcar por la ciudad. No lo hagas por condescendencia. Así no te va a resultar tan interesante ni tan satisfactorio.
Si sientes que lo estás decidiendo, que estás mejorando tus opciones, que estás aprovechando mejor ese momento, que te está reportando algo a ti, exclusivamente a ti, es mejor. No me malinterpretes. Yo no creo que seas un egoista cuando coges tu coche para hacer esos ridículos viajes. Simplemente creo que no te has dado la oportunidad de probar otra cosa.
Ahora, eso sí, si a la vuelta de tu viaje sin coche te sientes mejor no pienses en agradecérselo a nadie más que a ti. Tuyo es el mérito, tuya la recompensa.
Y si es así, tampoco hace falta que lo repitas mañana. Las cosas buenas hay que saborearlas poco a poco, no te vayas a "biciar", que luego es difícil salir de este tipo de adicciones. Es mejor que te vayas acostumbrando, que te vayas haciendo a esas sensaciones, progresivamente, sin prisa, con tranquilidad, saboreándolas. De todo lo bueno es mejor quedarse con ganas.
¡Ah! Y no esperes que te lo agradezca nadie tampoco. Recuerda que lo has hecho por ti.
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Campaña de Ciudad Ciclista |
No lo hagas de manera drástica ni obligada. No lo hagas por cumplir una orden. No lo hagas tampoco porque cada vez te lo estén poniendo más difícil eso de conducir y aparcar por la ciudad. No lo hagas por condescendencia. Así no te va a resultar tan interesante ni tan satisfactorio.
Si sientes que lo estás decidiendo, que estás mejorando tus opciones, que estás aprovechando mejor ese momento, que te está reportando algo a ti, exclusivamente a ti, es mejor. No me malinterpretes. Yo no creo que seas un egoista cuando coges tu coche para hacer esos ridículos viajes. Simplemente creo que no te has dado la oportunidad de probar otra cosa.
Ahora, eso sí, si a la vuelta de tu viaje sin coche te sientes mejor no pienses en agradecérselo a nadie más que a ti. Tuyo es el mérito, tuya la recompensa.
Y si es así, tampoco hace falta que lo repitas mañana. Las cosas buenas hay que saborearlas poco a poco, no te vayas a "biciar", que luego es difícil salir de este tipo de adicciones. Es mejor que te vayas acostumbrando, que te vayas haciendo a esas sensaciones, progresivamente, sin prisa, con tranquilidad, saboreándolas. De todo lo bueno es mejor quedarse con ganas.
¡Ah! Y no esperes que te lo agradezca nadie tampoco. Recuerda que lo has hecho por ti.
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La Tira de El Correo (Iñaki Cerrajería) |
lunes, 19 de septiembre de 2011
Kero ir en bizi
Dale la oportunidad. Que aprenda a decirlo no es menos emocionante que lo que le motiva a hacerlo. Dale a tu hijo o hija la oportunidad de hacer el viaje a la guardería, al cole, a casa, a la compra, a pasear o de visita en tu bici. Enséñale el mundo desde tu perspectiva privilegiada, dinámica, cercana, equilibrada, sana y divertida. No le quites la ilusión. Aprenderá a decirlo y tú te emocionarás, te lo aseguro. Hazlo por él o ella, hazlo por ti, hazlo por vosotros.
Cada vez se ve a más gente con una sillita en su bicicleta, o con dos o con un remolque, circulando en hora punta con serenidad, con determinación, con ilusión, con una sonrisa, con dos sonrisas. Hay algunos que van con dos, uno delante y uno detrás, o en un carro para dos pasajeritos. Es un buen principio, es la mejor iniciación.
Llevando a tus hijos en bici en sus primeros trayectos urbanos les estás enseñando que otro mundo es posible. El tuyo, el suyo. Hoy todavía marcaréis una diferencia, atraeréis la atención de los demás, padres y niños. Algo de lo que los hijos van a estar bien orgullosos. Dentro de unos años será normal.
Lleva a tus hijos en bici y ahórrate el estrés, la violencia, el agobio, el aire viciado, el aislamiento, la peligrosidad, el aturdimiento propios del coche. Y ahórrate unos buenos duros. Y ahórrate unos buenos minutos. Y ganarás salud, vitalidad, buen punto, puntualidad, contacto con el entorno, proximidad, vulnerabilidad y amabilidad.
Cada vez se ve a más gente con una sillita en su bicicleta, o con dos o con un remolque, circulando en hora punta con serenidad, con determinación, con ilusión, con una sonrisa, con dos sonrisas. Hay algunos que van con dos, uno delante y uno detrás, o en un carro para dos pasajeritos. Es un buen principio, es la mejor iniciación.
Llevando a tus hijos en bici en sus primeros trayectos urbanos les estás enseñando que otro mundo es posible. El tuyo, el suyo. Hoy todavía marcaréis una diferencia, atraeréis la atención de los demás, padres y niños. Algo de lo que los hijos van a estar bien orgullosos. Dentro de unos años será normal.
Lleva a tus hijos en bici y ahórrate el estrés, la violencia, el agobio, el aire viciado, el aislamiento, la peligrosidad, el aturdimiento propios del coche. Y ahórrate unos buenos duros. Y ahórrate unos buenos minutos. Y ganarás salud, vitalidad, buen punto, puntualidad, contacto con el entorno, proximidad, vulnerabilidad y amabilidad.
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miércoles, 7 de septiembre de 2011
Desempolvando las trincheras
Llega un nuevo curso, una nueva temporada. Todo el mundo consume sus últimos suspiros para tratar de volver a sus peleas rutinarias con algo de aliento. Es la vuelta a la batalla, a la guerra. Ya está aquí otra vez. Las posiciones están tomadas, las plazas reservadas, en el mismo sitio donde las dejamos antes del verano, en las mismas condiciones. Vuelve el curso, la jornada, la rutina, la repetición, el bombardeo. Algunos optimistas llegan con buenos propósitos, otros simplemente con propuestas reincidentes, los menos con promesas bienaventuradas conscientes de que se van a quedar en eso.
Esto es una gran rueda que gira, y da una vuelta más, inexorablemente. Repasando los asuntos relativos a la bicicleta creo que conviene recordar el fiasco terrible de la Dirección General de Tráfico española en su intento de meter mano en la ordenación del tráfico dentro de las ciudades para presuntamente impulsar el uso de la bicicleta como medio concurrente y prioritario de locomoción, a costa de limitar la velocidad del tráfico motorizado a 30 kms/hora en las calles de un carril por sentido. ¿Demasiado bombo y platillo para anunciar semejante puchero de agua de borrajas?
En la escena local veo que la asociación testimonial de mi pueblo vuelve a la carga con sus cursos exclusivos y minoritarios para aprender a andar en bici. La misma asociación que se atrevió a felicitar a la desparecida Area de Movilidad de esta ciudad por la habilitación de un modelo de carril bici que ha resultado desgraciadamente funesto. La misma que se atrevió a echarse la manta a la cabeza y defender, incluso después del fatal accidente de una señora, la necesidad ineludible de contar con estas infraestructuras como símbolo inequívoco de progreso. La misma que, después de que el Ayuntamiento se desdijera de su negativa inicial a modificar el diseño de esta ratonera, tuvo la osadía de retratarse al pie de esa precisa calle ilustrando su compromiso con la población de aquí, como ciudadanos consecuentes. Atrincherados en el carril bici, satisfechos, orgullosos, provocadores, insolentes. En el mismo tramo donde no se ha hecho nada. Ni se hará.
En el resto del país seguimos creyendo todavía que la fórmula "carril bici pública" sigue siendo el único camino posible, y seguimos olvidándonos de colegios, institutos, centros de trabajo, centros de ocio, complejos hospitalarios y demás. Nos olvidamos también del problema de los aparcamientos de calidad, de las consecuencias nefastas del incremento exponencial de los robos de bicicletas en nuestras ciudades.
Nos olvidamos del feo asunto de la obesidad, de las enfermedades cardiovasculares, de las complicaciones respiratorias y de la creciente incidencia de los daños mentales, frutos de un fomento del sedentarismo, del individualismo, del "autismo", del consumismo, de la competitividad desaforada, de la pasivización de la ciudadanía, de la idiotización progresiva de la gente.
Y mientras tanto los niños engordando, con las mochilas cada vez más cargadas, con más tareas para tenerlos atados en casa, con más actividades programadas en agendas interminables e incomprensibles. Acosados, perseguidos, vigilados, presionados. ¿Cuántos de estos formarán parte de ese prometido pelotón de 1 millón más de ciclistas para 2015?
¿Es como para estar satisfechos y pasivos? Quizá. Para muchos de nosotros es suficiente para volver a la carga. Así pues, desenterramos otra vez el hacha de guerra, nos armamos de paciencia y, remangados, nos volvemos a ver en la arena, en la calle, en el campo de batalla, en la bici.
Esto es una gran rueda que gira, y da una vuelta más, inexorablemente. Repasando los asuntos relativos a la bicicleta creo que conviene recordar el fiasco terrible de la Dirección General de Tráfico española en su intento de meter mano en la ordenación del tráfico dentro de las ciudades para presuntamente impulsar el uso de la bicicleta como medio concurrente y prioritario de locomoción, a costa de limitar la velocidad del tráfico motorizado a 30 kms/hora en las calles de un carril por sentido. ¿Demasiado bombo y platillo para anunciar semejante puchero de agua de borrajas?
En la escena local veo que la asociación testimonial de mi pueblo vuelve a la carga con sus cursos exclusivos y minoritarios para aprender a andar en bici. La misma asociación que se atrevió a felicitar a la desparecida Area de Movilidad de esta ciudad por la habilitación de un modelo de carril bici que ha resultado desgraciadamente funesto. La misma que se atrevió a echarse la manta a la cabeza y defender, incluso después del fatal accidente de una señora, la necesidad ineludible de contar con estas infraestructuras como símbolo inequívoco de progreso. La misma que, después de que el Ayuntamiento se desdijera de su negativa inicial a modificar el diseño de esta ratonera, tuvo la osadía de retratarse al pie de esa precisa calle ilustrando su compromiso con la población de aquí, como ciudadanos consecuentes. Atrincherados en el carril bici, satisfechos, orgullosos, provocadores, insolentes. En el mismo tramo donde no se ha hecho nada. Ni se hará.
En el resto del país seguimos creyendo todavía que la fórmula "carril bici pública" sigue siendo el único camino posible, y seguimos olvidándonos de colegios, institutos, centros de trabajo, centros de ocio, complejos hospitalarios y demás. Nos olvidamos también del problema de los aparcamientos de calidad, de las consecuencias nefastas del incremento exponencial de los robos de bicicletas en nuestras ciudades.
Nos olvidamos del feo asunto de la obesidad, de las enfermedades cardiovasculares, de las complicaciones respiratorias y de la creciente incidencia de los daños mentales, frutos de un fomento del sedentarismo, del individualismo, del "autismo", del consumismo, de la competitividad desaforada, de la pasivización de la ciudadanía, de la idiotización progresiva de la gente.
Y mientras tanto los niños engordando, con las mochilas cada vez más cargadas, con más tareas para tenerlos atados en casa, con más actividades programadas en agendas interminables e incomprensibles. Acosados, perseguidos, vigilados, presionados. ¿Cuántos de estos formarán parte de ese prometido pelotón de 1 millón más de ciclistas para 2015?
¿Es como para estar satisfechos y pasivos? Quizá. Para muchos de nosotros es suficiente para volver a la carga. Así pues, desenterramos otra vez el hacha de guerra, nos armamos de paciencia y, remangados, nos volvemos a ver en la arena, en la calle, en el campo de batalla, en la bici.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Los 3 silloncitos
Hay tres situaciones que, sucediendo en lugares totalmente diferentes, resultan curiosamente semejantes porque reproducen una misma actitud respecto a la realidad. En las tres la posición es pasiva, normalmente se está sentado. En las tres el sujeto se sitúa detrás de una pantalla que le defiende. En las tres se tiene una visión diferida de la realidad. En las tres el sujeto cuenta con un mando que le ayuda a conducir. Las tres situaciones requieren de una atención especial, estresante. Las tres son agresivas respecto al sujeto. Las tres lo aislan.
No sería nada espacialmente grave si no fueran tan habituales, tan repetitivas, tan rutinarias, tan masivas, tan irracionales y estuvieran sustentadas por tantos intereses inmovilistas y desmovilizadores. No pasaría nada si no fueran la causa de algunos de los males más graves que aqueja nuestra sociedad, si no generaran unas inercias tan abrasivas, si no entrañaran toda una serie de perversiones y perjuicios que se presentan como privilegios y ventajas. No pasaría nada si no fueran tan potentes... y tan despotenciadoras.
Coche, ordenador y televisión. Tres silloncitos que nos hacen sentirnos poderosos, invulnerables. Tres peligrosos silloncitos que fomentan la pasividad, el aislamiento. Tres silloncitos que nos acomodan y nos hacen acomodaticios.
¿Sillón o sillín? Tú elijes, tú decides.
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Ilustración de Andy Singer gracias a Stef Orzan |
No sería nada espacialmente grave si no fueran tan habituales, tan repetitivas, tan rutinarias, tan masivas, tan irracionales y estuvieran sustentadas por tantos intereses inmovilistas y desmovilizadores. No pasaría nada si no fueran la causa de algunos de los males más graves que aqueja nuestra sociedad, si no generaran unas inercias tan abrasivas, si no entrañaran toda una serie de perversiones y perjuicios que se presentan como privilegios y ventajas. No pasaría nada si no fueran tan potentes... y tan despotenciadoras.
Coche, ordenador y televisión. Tres silloncitos que nos hacen sentirnos poderosos, invulnerables. Tres peligrosos silloncitos que fomentan la pasividad, el aislamiento. Tres silloncitos que nos acomodan y nos hacen acomodaticios.
¿Sillón o sillín? Tú elijes, tú decides.
domingo, 1 de mayo de 2011
Pies para qué os quiero
No es una pregunta, es un propósito. Se me han juntado dos artículos: uno habla de cómo las zonas peatonales mejoran la economía local y el otro de los problemas que se nos avecinan con el incremento de la obesidad. Está claro que cada vez andamos menos. Cada vez tenemos más excusas para no hacerlo: la prisa, la pereza, la incomodidad, la distancia, el miedo, todo vale para justificarnos. El caso es que cada vez somos más vagos, más sedentarios, más pasivos. Y así nos va. Nos gusta estar sentados para todo. Para comer, para conducir, para que nos lleven, para trabajar, para estudiar, para tomar algo, para conversar... y eso tiene un precio.
Nuestro organismo se va debilitando y nuestra voluntad mucho más rápidamente. Vemos cómo degeneramos en pocos años, meses diría yo. Y lo vemos como un camino inexorable. Nos amparamos en los demás, en la mayoría, como lo hacemos para justificar cualquiera de nuestros vicios. Y nos lo creemos. Es mejor así.
El problema es que esto ya va siendo mal de muchos y más allá de lo que divulga el refrán, esto se está empezando a convertir en una pandemia que afecta al medio mundo presuntamente desarrollado. Diabetes, obesidad mórbida, enfermedades respiratorias, cardiovasculares, apatía, estrés, depresión son sólo algunas de las afecciones que se derivan de ello.
No quiero entrar en cómo atajar estas inercias porque de todos es bien sabido que con tan sólo media hora diaria de actividad física ligera o moderada es suficiente para mantener un estado de salud física y mental aceptable. Lo más preocupante es que, si la mayoría de la gente conoce cuál es el remedio ¿por qué no lo practica?
Está claro que formamos parte de un sistema que vive gracias a anular la voluntad de la gente y éste es sólo un síntoma más de ello.
Hay gente que lejos de consolarse con el estado al que ha llegado, trata de buscar alicientes para mejorar su situación. Ayer leía la traducción de una Guía para ciclistas gordos, que me pareció interesante. En él se hablaba de abandonar la autocompasión, de recuperar la dignidad, de superar traumas y complejos, de divertirse... realmente incentivador.
De acuerdo pero no
Y sin embargo, algo nos dice que estos impulsos que tratan de movilizar a la gente anónima no van más allá de buenos propósitos. Hablar de hábitos de vida saludables es como hablar de movilidad sostenible, de consumo responsable o de eficiencia energética. Milongas. Todos de acuerdo en decir que sí y nadie dispuesto a mover un sólo dedo en una dirección distinta a la de ayer.
Nos curamos en salud, pero no cuidamos nuestra salud. Nos importa más el qué dirán, pasar inadvertidos, vivir acomodados y sufrir las consecuencias, que salirnos del tiesto y llamar la atención con un cambio de actitud. Esto funciona mejor así. Se nos enseña a ser espectadores no protagonistas. Aunque de lo que se esté hablando es de nuestra propia vida, que es una película en la que somos algo más que meros figurantes.
Sólo cuando esto empieza a costar un montón de millones a la Sanidad es cuando se encienden las alertas y las autoridades mueven ficha. Tarde y de una manera siempre demasiado institucional, demasiado paternalista, demasiado conveniente, pero otra vez poco atractiva, poco incentivadora, triste y gris. Programas tan "estupendos" como el Life Cycle de la Agencia Ejecutiva para la Salud y los Consumidores europea no sólo pasan inadvertidos, sino que no proponen nada realmente arrebatador.
Es así de lamentable. Nos gastamos millones en deteriorarnos y luego nos gastamos otros tantos en decir lo que había que haber hecho para no llegar a donde nos encontramos o para volver a donde no queremos estar. Así pues, mientras la salud no sea un objeto de consumo, esto no habrá quien lo cambie, a menos que la tan denostada crisis nos ayude a ser más austeros, más activos y más sociales. Entre tanto seguirá prevaleciendo el "andar con pies de plomo" o el "poner pies en polvorosa".
Nuestro organismo se va debilitando y nuestra voluntad mucho más rápidamente. Vemos cómo degeneramos en pocos años, meses diría yo. Y lo vemos como un camino inexorable. Nos amparamos en los demás, en la mayoría, como lo hacemos para justificar cualquiera de nuestros vicios. Y nos lo creemos. Es mejor así.
El problema es que esto ya va siendo mal de muchos y más allá de lo que divulga el refrán, esto se está empezando a convertir en una pandemia que afecta al medio mundo presuntamente desarrollado. Diabetes, obesidad mórbida, enfermedades respiratorias, cardiovasculares, apatía, estrés, depresión son sólo algunas de las afecciones que se derivan de ello.
No quiero entrar en cómo atajar estas inercias porque de todos es bien sabido que con tan sólo media hora diaria de actividad física ligera o moderada es suficiente para mantener un estado de salud física y mental aceptable. Lo más preocupante es que, si la mayoría de la gente conoce cuál es el remedio ¿por qué no lo practica?
Está claro que formamos parte de un sistema que vive gracias a anular la voluntad de la gente y éste es sólo un síntoma más de ello.
Hay gente que lejos de consolarse con el estado al que ha llegado, trata de buscar alicientes para mejorar su situación. Ayer leía la traducción de una Guía para ciclistas gordos, que me pareció interesante. En él se hablaba de abandonar la autocompasión, de recuperar la dignidad, de superar traumas y complejos, de divertirse... realmente incentivador.
De acuerdo pero no
Y sin embargo, algo nos dice que estos impulsos que tratan de movilizar a la gente anónima no van más allá de buenos propósitos. Hablar de hábitos de vida saludables es como hablar de movilidad sostenible, de consumo responsable o de eficiencia energética. Milongas. Todos de acuerdo en decir que sí y nadie dispuesto a mover un sólo dedo en una dirección distinta a la de ayer.
Nos curamos en salud, pero no cuidamos nuestra salud. Nos importa más el qué dirán, pasar inadvertidos, vivir acomodados y sufrir las consecuencias, que salirnos del tiesto y llamar la atención con un cambio de actitud. Esto funciona mejor así. Se nos enseña a ser espectadores no protagonistas. Aunque de lo que se esté hablando es de nuestra propia vida, que es una película en la que somos algo más que meros figurantes.
Sólo cuando esto empieza a costar un montón de millones a la Sanidad es cuando se encienden las alertas y las autoridades mueven ficha. Tarde y de una manera siempre demasiado institucional, demasiado paternalista, demasiado conveniente, pero otra vez poco atractiva, poco incentivadora, triste y gris. Programas tan "estupendos" como el Life Cycle de la Agencia Ejecutiva para la Salud y los Consumidores europea no sólo pasan inadvertidos, sino que no proponen nada realmente arrebatador.
Es así de lamentable. Nos gastamos millones en deteriorarnos y luego nos gastamos otros tantos en decir lo que había que haber hecho para no llegar a donde nos encontramos o para volver a donde no queremos estar. Así pues, mientras la salud no sea un objeto de consumo, esto no habrá quien lo cambie, a menos que la tan denostada crisis nos ayude a ser más austeros, más activos y más sociales. Entre tanto seguirá prevaleciendo el "andar con pies de plomo" o el "poner pies en polvorosa".
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