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miércoles, 7 de diciembre de 2016

La Mesa Española, el GT44 y el Plan Estratégico de la Bicicleta ¿son suficientes?

Esta semana ha estado ocupando la atención mediática relativa a la bicicleta la sesión de la Comisión de Seguridad Vial y Movilidad Sostenible del Congreso de los Diputados y la celebración del CONAMA (Congreso Nacional del Medio Ambiente), en las que se ha abordado la necesidad de que el Gobierno de España asuma un Plan Estratégico de la Bicicleta que, propuesto por la Mesa Española de la Bicicleta y trabajado dentro del GT44 (dedicado a la seguridad ciclista dentro del Consejo Superior de Tráfico, Seguridad Vial y Movilidad Sostenible), recoja y articule una estrategia transversal que sirva para estructurar y desarrollar todas las líneas maestras de la política de la promoción de la bicicleta en este estado.


Todo un documento lleno de buenos propósitos que podemos resumir en el Manifiesto que lo resume y que se presentó en el CONAMA

La bicicleta ha resurgido en nuestras calles para conseguir ciudades menos contaminadas, más amables, saludables, sostenibles y seguras. Este manifiesto defiende la bicicleta como un modo de transporte prioritario, y pide transformar las ciudades en completamente ciclables.
  1. La bicicleta mejora la salud de las personas: combate la contaminación (acústica y atmosférica) y mejora la condición física de quien la utiliza 
  2. La bicicleta necesita una homogeneización de la normativa urbana e interurbana referida a su utilización. 
  3. La bicicleta combate el cambio climático: es una opción de transporte sin emisiones, indicada especialmente en núcleos urbanos.
  4. La bicicleta favorece el crecimiento económico: es motor de empleo, con notable incidencia local.
  5. La bicicleta y la intermodalidad propician la transformación de las ciudades: ayudan a la mejora del entorno urbano y favorecen su desarrollo sostenible.
  6. La bicicleta posee un importante potencial turístico, que comienza ya a despuntar en toda Europa y al que España debe sumarse.
  7. La bicicleta es un modo de transporte óptimo para acudir al trabajo y a la escuela, mejorando las relaciones sociales y la productividad.
  8. La bicicleta necesita infraestructuras coherentes con la realidad urbana, el reequilibrio de espacios públicos y la demanda social.
  9. La bicicleta necesita la difusión de sus ventajas y el compromiso de los medios de comunicación.
  10. La bicicleta necesita un Plan Estratégico Estatal. 
Este manifiesto, que lo puedes firmar aquí si quieres, no deja de ser un brindis al sol, ya que no implica nada más que una intención que, pese a quiénes forman el famoso GT44 (Consejo Superior de Tráfico; DGT: Dirección General de Tráfico; IDAE: Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía; MAGRAMA: Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente; Ministerio de Fomento; MEB: Mesa Española de la Bicicleta; FEMP: Federación Española de Municipios y Provincias; y RCxB: Red de Ciudades por la Bicicleta) no ha conseguido convencer a nadie en el Gobierno de España de que lidere o asuma ni siquiera una de las líneas de actuación en él recogidas.

Así pues, no sé si reclamar un Plan Estratégico firmando un manifiesto sirve para algo. Como tampoco creo que escribir un plan tan vago y tan generalista como el que se propone consiga que nadie en el Gobierno dé un paso al frente. Mucho menos siendo un gobierno continuista que ha dado más que suficientes señales de que no va a hacer nada por la bicicleta, porque va a seguir haciendo todo lo posible para que el coche, aunque sea eléctrico, siga protagonizando la escena.

El Gobierno del PP sigue creyendo que en España el coche juega un papel fundamental en la economía y no quiere que deje de hacerlo y considera que promover cualquier modo alternativo es contravenir los formidables intereses del automóvil. Así pues, amigos y amigas bienintencionados y beinaventuradas, esto del Plan Estratégico os va a dar tiempo de madurarlo unos años más.



Tenéis tiempo, mientras tanto, de incluir en vuestra Mesa de la Bicicleta a las empresas que dan empleo y generan actividad relacionada con la bicicleta que no pertenecen al grupo elitista de la AMBE. Hablo de tiendas y talleres, empresas de alquiler, empresas de reparto en bicicleta y empresas de servicios para cicloturistas, consultorías especializadas en movilidad sostenible, educadores ambientales, revistas especializadas, etcétera, etcétera, etcétera.

Y, si queréis hacer algo que tenga enjundia de verdad, proponer un Plan Estratégico para la Movilidad Sostenible o mejor un Plan Estratégico de Movilidad y Espacio Público, para que la bicicleta cobre sentido en un marco más adecuado y menos inconsistente. ¿Os imagináis a los peatones o a los usuarios del transporte público proponiendo un plan de esta índole? 

martes, 27 de octubre de 2015

La pesadilla que se muerde la cola

Esto del tráfico es un cuento recurrente, una cadena sinfín, una excusa autojustificada, una causa reincidente. Tráfico induce tráfico. La cadena viciosa del coche es una vieja conocida con la que no acabamos de congeniar pero que no nos la podemos quitar de encima.


Sin embargo hay otra lógica que es igual de contundente y que no nos atrevemos a citar en serio, porque, aunque sólo conlleva beneficios para la comunidad, contraviene los intereses de los grupos dominantes, que nos han traído hasta donde estamos prometiéndonos el bienestar y el desarrollo.


Hay que empezar a darle la vuelta a la justificación del coche por el coche y hay que empezar a pensar que esto lo hemos hecho mal y que encima nos está haciendo daño, pero que es reversible si empezamos a ponernos a ello.

martes, 2 de junio de 2015

Mantener a los ciclistas amedrentados

Esa parece que es la estrategia entre muchas instancias en este país de locos en el que vivimos, donde el coche sigue manteniendo un nivel de privilegios que no existe ni en sociedades tercermundistas. El gobierno que lleva ya 5 planes de promoción de la venta de coches nuevos, vía subvención, necesita saber que toda la población comulga con los intereses de una industria que no representa más que el 10% del PIB. Si eso implica meter dosis de miedo respecto a las alternativas a esta opción, no se duda ni un momento en administrarlas secuenciadas, pautadas, como se administran los medicamentos. Si se identifican opciones emergentes, entonces se monta una campaña de acoso y derribo. Mediática, intensiva, lo que haga falta.

La Dirección General de Tráfico del Gobierno de España, dedicada a garantizar que se mantengan intactos los privilegios de los coches y fluida su circulación, ha entendido perfectamente la encomienda y, jugando obscenamente con la herramienta del Reglamento General de Circulación, se ha dedicado durante ya van para 4 años, a lanzar bulos, amenazas y soflamas alrededor de los peligros que acechan o que se contraen en la práctica de la bicicleta, en ciudad y en carretera.

Y han metido el morro en las ciudades, inmiscuyéndose en lo que hasta entonces era un criterio municipal, dando directrices que luego no se convertían en normas, advirtiendo de circunstancias que no iban a consentir o propinando una patada a toda una generación mediante un decreto que hizo obligatorio el uso del casco para menores de 16 años.


Lo que lleva un tiempo circulando son ya palabras mayores, pese a que no sean más que recomendaciones de un grupo de "expertos" al servicio del lobby automovilístico o, en el mejor de los casos, miopes de necesidad. Esa reunión de interesados propusieron la descabellada e inoportuna (o todo lo contrario, dependiendo de cuál sea la perspectiva) batería de medidas para controlar y neutralizar el crecimiento inusitado de la bicicleta de los últimos años.

Licencias, matrículas, seguros, cascos para todos... no se escatiman propuestas de medidas coercitivas que por un lado sirvan para demostrar que eso de la bicicleta es peligroso y por otro para disuadir a muchas personas de usarla o de elegirla por los inconvenientes que conlleva.

Ahora sólo hace falta convencer a la autoridad fiscal en aquella ridícula demanda histórica de que las bicicletas o mejor dicho los ciclistas paguen impuesto de circulación por utilizar las calles y carreteras y por aparcar en suelo público. Tiempo al tiempo que a esta gente aún le quedan agallas y legislatura para esas amenazas y para más.

martes, 20 de enero de 2015

La movilidad, cuestión de Estado

¿Quién nos iba a decir hace unos años que los asuntos de movilidad podrían en algún momento llegar a convertirse en asuntos de Estado? Pues mírate tú, después de ya van para cuatro años de borrador de Reglamento General de Circulación, que los delirios de la Dirección General de Tráfico española han creado tanta polémica y tanta incertidumbre que han promovido la apelación al Consejo de Estado, órgano consultivo de mayor rango del aparato del Estado, para que emita un dictamen al respecto.

Hay tanta disputa incluso entre las propias instancias gubernamentales (DGT contra su propio Ministerio de Interior o contra el Ministerio de Fomento), ademas del tremendo descontento social, que han ido a buscar a un árbitro, aunque sea a nivel consultivo, y han recurrido ni más ni menos que al Consejo de Estado.


Pero ¿quién es el Consejo de Estado y qué sabe de movilidad para decidir sobre las medidas relacionadas con el tráfico y su gestión?

Pues son la creme de la creme de lo que hoy en día algunos han denominado "la casta": ex-presidentes, ex-ministros, ex-altos cargos de la administración, ex-nombrados a dedo. ¿Y son ellos los que han sido capaces de dictaminar si es conveniente aumentar las velocidades en las autovías, reducirlas en la ciudad o si es prudente permitir la circulación de las bicicletas por zonas peatonales? Pues sí.

Y así, además de alertar de la imprudencia temeraria que supondría aumentar la limitación de velocidad en autopistas y autovías a 130 kms/hora, se permiten el lujo de defender disparates tales como que la limitación de velocidad a 30 kms/hora en calles con un sólo carril por sentido ralentizaría la vida de las ciudades y podría llegar a provocar su colapso. ¡Y se quedan tan anchos! Y los correveidiles de turno amplifican la noticia y hacen coro.

Luego dedican también su espacio a reflexionar sobre lo inadecuado de permitir la circulación de las bicicletas por las aceras por no considerarlas espacios de circulación, en cuya argumentación se llegó a barajar la conveniencia de introducir una licencia y un seguro obligatorios, pero que, vista la cantidad de despropósitos que presentaba, se optó por recomendar retirar todo el capítulo relativo a bicicletas.

Pero la joya del informe, la frase lapidaria que determina el punto y final que centra la filosofía de este dictamen es la que dice que ahora mismo es inviable el modelo sostenible propuesto de abandonar el automóvil y fomentar el uso de la bicicleta: Terrorífico.

Ya sabíamos de qué lado estaba el Gobierno, ahora también constatamos que la casta no quiere ciclistas sino dóciles automovilistas que contribuyan obedientemente al mantenimiento del cotarro que tienen montado y bien montado para su uso, disfrute, lucro y regodeo. ¿Qué os habíais pensado?

Está claro más que nunca que los que nos han traído hasta aquí no nos pueden ayudar a salir, pero no es menos cierto que, tan sólo que le dediquen tiempo a estas cuestiones da una idea de la entidad que empieza a cobrar y del terror que les da ver cómo su sistema se empieza a derrumbar inexorablemente. Tiempo al tiempo.

viernes, 26 de diciembre de 2014

El exceso de confianza mata

En estas fechas tan entrañables es donde más echamos en falta a los seres queridos. En estos días tan señalados en los que medio mundo se está desplazando para volver a encontrarse con el otro medio y felicitarse por estar allí es cuando los responsables de la seguridad vial doblan esfuerzos para tratar de prevenir la desgracia. Ahí suele estar presta nuestra querida DGT para recordarnos que somos pecadores y mortales y que, al volante, esta conjunción es fatal de necesidad.



Bien. Hace falta recordarlo, aunque estos mensajes emocionantes ya no calan en nuestras frías entendederas. Estamos inmunizados a las advertencias y a los consejos paternalistas. Nos hemos cansado de ser los eternos culpables de nuestras propias desgracias.

Pero el mensaje navideño de hoy no va dirigido a los automovilistas. De esos ya se ocupa el resto del mundo. La advertencia de hoy va para los que se mueven sin motor, esos para los cuales los despistes y las imprudencias se traducen en daños físicos en sus propias carnes. A esos, hay que recordarles que, aunque les asista el derecho y tengan permiso legal, lícito o tácito de hacerse unas cuantas jugadas o pasar por alto el orden establecido a favor del automóvil, deben extremar precauciones y reforzar su atención. Más en estas fechas donde todo el mundo va un poco alocado y más de uno además algo perjudicado.


Tu integridad depende de ti y el exceso de confianza en tu caso, ciclista o caminante, lo pagas más caro que los demás.

Feliz Navidad.

lunes, 12 de mayo de 2014

Preparando a nuestros menores para la guerra de los autos

Porque está claro que esto es una guerra declarada contra las bicicletas. Si no, no se entiende toda la estrategia desplegada para anularlas. Esta guerra empezó hace ya unas décadas en las que se fue fraguando el dominio de los automóviles en nuestras calles, en perjuicio de todos los demás, niños sobre todo. Un dominio basado en el terror y que ha dejado no pocas víctimas en el campo de batalla y demasiados daños colaterales. El otro día se revelaba una de ellas, en un ranking de las ciudades más contaminadas de nuestro entorno entre las que muchas que presumen de verdes ocupaban posiciones cabeceras.

Después de apenas cinco décadas de tiranía y de mezquindad en favor del automóvil, en los últimos años se ha producido un preocupante renacimiento de la bicicleta que tiene obsesionados a los señores del tráfico como una amenaza cierta a su orden. Las bicicletas no son bienvenidas en nuestras ciudades porque molestan. Molestan en un tráfico pesado, violento y organizado para que el coche y sólo el coche funcione. Pero molestan mucho más cuando se refugian en las aceras y zonas peatonales porque reproducen esa misma agresividad contra los indefensos peatones (muchos de ellos previos automovilistas agresivos).


Así las cosas, la táctica no se hizo esperar y los señores del tráfico decidieron recurrir a su argumento más eficaz: el miedo. Sembrando miedo entre la población se puede culpabilizar a los ciclistas de su propia siniestralidad y castigarles a protegerse como si sus lesiones fueran poco menos que autoinfringidas. Soberbio.

Primero las medidas fueron encaminadas a separar a las bicicletas del tráfico, de la calzada, atrincherándolas en corredores donde, si no se la jugaban intentando circular por ellas, lo hacían cuando se cruzaban con el tráfico motorizado o hacían peligrar a los caminantes porque se habían hecho a base de pintar rayas en las aceras. Eso no tuvo el efecto disuasorio deseado sino más bien el contrario y animó a mucha gente a montar en bicicleta de una manera más o menos incosciente.


Visto lo visto, los señores del tráfico, esos que no van a hacer nada por reducir el uso del coche, han decidido penalizar a los ciclistas y obligarles a utilizar casco para sus desplazamientos. Así, porque sí, porque los ciclistas, como los automovilistas, como los peatones y como los que se caen en la bañera de su casa sufren demasiados traumatismos craneoencefálicos, muchos de ellos fatales. Qué empeño. Único país en Europa y uno de los pocos en todo el mundo.

Ante la contestación social y la reacción de todos los estamentos a nivel europeo, lo que iba a ser una ley universal, se ha quedado en un castigo sólo para los menores, a los que, bajo la presunción de querer protegerlos, les obliga a utilizar casco hasta los 16 años. Como si a partir de esa edad fueran inmunes o como si la mayor parte de las víctimas, quitando las que se producen en periodo vacacional, no fueran mayores de 25 o como si los más peligrosos no fueran esos ciclistas noveles, mayores, inseguros e inconscientes... o como si a los ciclistas no les atropellaran coches. Por favor.

En fin, seguiremos batallando en esta guerra cruel que penaliza a los débiles y protege a los fuertes, que premia a los agresores y condena a las víctimas, que prefiere no tener calles que dejar de desplazarse en coche. Eso pese a que muchos ayuntamientos (entre los que se encuentran los de Sevilla, Barcelona, Vitoria, Zaragoza, Donostia o Pamplona, por ejemplo), en ese proceso de discriminación legal, hayan aprobado por mayoría una declaración contra la obligación del uso del casco, que ahora tratan de olvidar. Somos ruines, somos miserables, somos cobardes, somos conservadores y no dejaremos de serlo, aunque suframos las consecuencias en nuestras propias carnes.

domingo, 30 de marzo de 2014

La hora de la insumisión

Ya está. El Gobierno, el Congreso y el Senado han conseguido aprobar el nuevo Reglamento de Circulación después de un desesperante proceso de gestación en el que ha dado tiempo para tergiversarlo todo y hacer un ejercicio espectacular de demagogia, seguidismo y desinformación por parte de una Dirección General de Tráfico más preocupada en desandar el prometedor camino iniciado por el anterior equipo de gobierno que en cualquier otra cosa.

Una ley, un aborto

En ese proceso, la sociedad civil de una manera más o menos organizada, denunció la obligatoriedad del uso del casco en entorno urbano como una medida que tiene unas consecuencias mucho más efectivas a la hora de disuadir del uso de la bicicleta y hacerla incómoda e inconveniente, que en lo que a la seguridad respecta. La denuncia la presentó en sus respectivos Ayuntamientos, consiguiendo un respaldo municipal realmente inusitado y totalmente representativo de aquellas ciudades en las que se había apostado de una manera decidida por la bicicleta, aunque sea como elemento propagandístico.



Esta declaración exclusivamente "anti obligatoriedad del casco" no recogía sin embargo otros puntos más cruciales que repercutían en la inseguridad ciclista a los que hacía referencia el borrador de lo que ahora es Ley, sobre todo lo tocante a la forma de circular de los ciclistas en la calzada, por no hacer mención de los que no se recogían pero que eran y son igual de transcendentales como son las normas y criterios de construcción de vías ciclistas y la obligatoriedad de su uso.

Sea como fuere, después de mucho alboroto y una declaración firmada por un buen montón de ayuntamientos en contra de lo que se estaba proponiendo, después de abortar un grupo de trabajo exclusivo para el asunto ciclista y de desoir los consejos de la Mesa de la Bicicleta, de la European Cyclists Federation y de la madre que la fundó, ahora parece que sólo nos quedan las lamentaciones.

Es muy ibérico esto de criticar, ponerse en contra, hacer teatro y luego, cuando no nos hacen ni caso o nos mandan directamente a la mierda, quejarnos y quedarnos tan panchos con nuestras lamentaciones. Somos funestos y nos gusta serlo. Nos reconfortamos más con la miseria y con la envidia que con la dignidad. Nos gusta el mal de muchos.

¡Insubición!

Pues no. Ahora lo que toca no es lamentarse. Porque ahora es demasiado tarde y los hechos, una vez más, ya están consumados. Ahora toca hacer una llamada a la insumisión. A la insumisión civil por supuesto, pero también a la insumisión municipal. Ahora hay que recordar a todos y cada uno de los Ayuntamientos que firmaron aquella declaración que asuman las consecuencias de lo que aprobaron en pleno. Ahora hay que demostrar responsabilidad política y ejercicio democrático consecuente. Empezando por Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Zaragoza o Vitoria y acabando por Ontinyent, Tafalla o Aranjuez. Ahora es la hora de la insumisión, ahora es la hora de la insurrección por el sentido común y en defensa de unas ciudades más amables y con más futuro, precisamente para esos menores de 16 años a los que estamos condenando como único país de Europa a andar en bici con casco.

Si no se hace ahora, no habrá valido de nada todo esa orquestación de fuerzas y todo ese barullo mediático.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Matar cafeteras para que no se conviertan en trenes

Esa parece que ha sido la última palabra en los acuerdos parlamentarios sobre la obligatoriedad del uso del casco para ciclistas. De chiste. De ese chiste que dice que llega un pastor de los de antes desolado porque un tren también de los de antes le ha arruinado el rebaño y cuando oye silbar a la cafetera la emprende a porrazos contra el artilugio gritando que "¡a estas hay que matarlas de pequeñas...!". Tan viejo como malo, pero tan triste como real.

La cúpula del poder en lo que a seguridad en el tráfico respecta en este país de pandereta, ha convenido con una cierta oposición que esto de la bicicleta hay que domesticarlo, no vaya a ser que se vuelva algo más incómodo e inoportuno de lo que ya empieza a ser y ponga en riesgo el orden de las cosas, esto es, el coche primero y delante y luego que se las entiendan entre los demás.


Así, después de hacer una de las campañas mediáticas y propagandísticas más potentes de las que se ha propuesto en los últimos años, han tratado de convencernos con estudios, mensajes visados y amenazas veladas y menos veladas que la práctica de la bicicleta es intrínsecamente peligrosa y que eso se resuelve, primero responsabilizando a los ciclistas de sus negligencias y luego haciéndoles calzarse un casco en contra de su voluntad, ya que los infelices no son capaces ni de protegerse con sus propios medios y para eso está el estado paternalista y redentor.

Para su sorpresa, la contestación social, pública y privada, ha sido tan unánime y tan intensa que han tenido que recular, no sin asegurarse, antes de claudicar, de asestar un golpe maestro. Lo hacemos sólo obligatorio para menores de 16 años, que esos sí que son unos inconscientes y necesitan más padres que los naturales o los adoptivos. Letal.

Porque, aunque parezca una cuestión menor y haya que dar la batalla contra la obligatoriedad como ganada, hacer el casco preceptivo para los jóvenes es poco menos que asestar una estocada mortal a la estrategia relativa a la promoción de la bicicleta desde la base.

El casco obligatorio, más allá de prevenir unos cuantos cabezazos más bien improbables, va a servir para demostrar que el uso de la bicicleta, además de demostrablemente peligroso, va a convertirse en algo incómodo e inconveniente para toda una generación. A ver quién mejora esa jugada.



En vez de trabajar con las generaciones que ya están dispuestas a hacer sus opciones en el sentido de invitarles a conocer mejor un vehículo que la mayoría ya tiene y usa, aunque sea como juguete o entretenimiento, y reforzar sus habilidades para convertirlo en un medio de transporte, van y les ponen una losa, o un ladrillo que van a tener que añadir a sus pesadas mochilas llenas de libros y tareas insufribles (quién le iba a decir a Gutemberg), y así demostrarles que, aunque hayan perdido una batalla, han podido organizar esto como una guerra y que aquí hay para rato.

En fin, este país es de chiste, aunque la cosa no tenga ninguna gracia.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Peatones y ciclistas en el punto de mira

Defender la supremacía del coche. Ese es el objetivo principal que tiene la Dirección General de Tráfico española. Para los que aún anden despistados. Por eso no podemos esperar que esta institución vaya a cambiar nada que no sea en beneficio de los automovilistas. Lo que sí podemos esperar y comprobar es que con el viejo argumento de la seguridad vial, de lo que traten de convencernos es de que todos tenemos un poco de culpa cuando somos atropellados, porque lo que es incuestionable e inamovible es el reinado del coche en la calle. Vamos, que los coches sólo pasaban por allí y nosotros nos cruzamos en su camino.

Así las campañas de la DGT rezuman ese poso que deja clara la superioridad del coche sobre el resto de medios de transporte y, de alguna manera, su presunta inocencia en la inseguridad y en la violencia vial que sufrimos en nuestras calles. La campaña monográfica sobre la bicicleta que presentaron no dejaba ningún tipo de dudas a este respecto.



Esto es lo literal. Ciclistas ridículos, con actitudes pueriles, presentados como insensatos, invitados incómodos a los que soportar, lentos, patosos, testarudos. Gente a la que domesticar, que debe llevar hasta lo que no está aprobado todavía como obligatorio.

Y castigar al infractor

Pero hay una vertiente mucho más taimada y profunda en la que nuestra DGT trabaja de manera infatigable: el castigo ejemplar. Ese que hace escarmentar y que se puede utilizar para exhibir públicamente las conductas indeseables para su escarnio. ¿Parte de su trabajo? Sí, pero resulta sospechoso cuando dirige su objetivo a los más débiles, a los que, por lo general, se llevan la peor parte en un accidente.

Esta semana hemos tenido noticia de una campaña de estas características que ha tenido lugar en varias localidades de Navarra.

Una policía local controla el paso de los peatones (Diario de Navarra)

Aquí la DGT de la mano de la Polícía Local, ha decidido castigar esta vez a los peatones. Y no le ha temblado el pulso a la hora de establecer las multas: 200 euros por cruzar un paso con semáforo en rojo y 100 por hacerlo fuera de un paso de cebra. Así, el titular se lo llevan las denuncias, aunque la proporción de infractores respecto a la muestra sea irrisoria, que sería la verdadera noticia. En concreto, en Navarra, de 10.677 viandantes controlados se han denunciado a ¡13! ¡Qué te parece! ¡Un 0,12 %! ¡Uno de cada 820! Ridículo.

Lo más lamentable de este tipo de campañas es que al resto de la población nos parecen lógicas y hasta recomendables. Hay que domesticar a los que transgreden las normas. Lo que no nos damos cuenta es que estamos cayendo en su trampa que es la que legitima el orden establecido sin reparar es que es un orden totalmente ventajoso para el coche y que discrimina hasta extremos impensables a los demás.

En vez de tratar de comprender qué motiva esas infracciones

Si en vez de seguir su lógica según la cual el orden establecido es el bueno y el recomendable y cualquiera que no lo siga tiene que ser escarmentado, fuéramos capaces de verlo desde una óptica más conciliadora en la que primara la convivencia y las calles se entendieran como espacios de tránsito multimodal y como lugares pensados prioritariamente para las personas, este tipo de problemáticas se trabajarían desde una perspectiva diferente.

¿Por qué los peatones cruzan con el semáforo en rojo o fuera de los pasos peatonales? ¿Por qué las bicicletas andan por las aceras? ¿Por qué no quieren parar en los cruces? ¿Es sólo porque son una partida de suicidas que no valoran en nada su integridad? ¿O lo hacen sólo para molestar?


Si en vez de enfocar las cosas desde ese ángulo tratáramos de entender que quizá todo está demasiado orientado a que el coche funcione y el tráfico fluya y que para conseguirlo hemos condenado al resto de usuarios de la calle a hacer paradas ridículas, itinerarios penosos o hemos creado barreras que sólo son franqueables por pasos quizá demasiado distantes unos de otros o simplemente mal diseñados, quizá fuéramos capaces de cuestionar este orden y trabajar por hacer ciudades con calles más permeables, más accesibles, más seguras, más amables, más pensadas en las personas que en los coches.

Esto no entra en los planes de la Dirección General de Tráfico ni en el de la práctica totalidad de las Policías Municipales, porque su misión precisamente es hacer que se cumpla el orden. Así pues, si queremos que algo cambie, no tratemos de explicárselo a los que están para que esto funcione. Ya estáis avisados.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Lo del casco ya da asco

Y nos tiene acogotados. Toda esta estrategia que no acaba de parir una norma para regular la circulación ciclista que lleva la Dirección General de Tráfico española manteniendo durante ya van para 3 años simplemente apesta. Apesta porque está sirviendo de táctica dilatoria para desviar la atención sobre las cuestiones principales que afectan a las personas que quieren moverse libremente por las ciudades eligiendo la mejor opción para sus desplazamientos y nos está paralizando con sus amenazas infantiloides desaprovechando los mejores momentos que hemos vivido en muchos años para proponer cambios.

Y huele porque han ventilado demasiado la mierda

Una táctica de derechas sin duda en su formato más genuino y recalcitrante: sembrar miedo para mantener las cosas como están y utilizar todo el aparato mediático para amplificar el mensaje de manera que no se oiga nada más.

Crónicas de accidentes en los que los ocupantes de las bicicletas no llevaban casco, informes sobre estudios reveladores de la conveniencia de utilizar casco por la protección que aporta, ruedas de prensa,  declaraciones y puestas en escena que alimenten el monstruo... todo al servicio de mantener la calma y seguir conduciendo un coche y demostrar no sólo que la bicicleta es incómoda y lenta, sino que es peligrosa y, por tanto, inconveniente. Peligrosa para sus usuarios por supuesto, pero peligrosa también para los intereses de los peatones y cómo no de sus protegidos automovilistas.

Sólo pensar que mucha gente está volviendo la vista sobre las pobres bicis y está abandonando sus coches les provoca una tremenda desazón. Por eso están tan obsesionados en demostrar que la bicicleta no es un juguete sino que es poco menos que un arma en manos de incautos. Por eso nos quieren vestir como payasos y nos quieren coronar con un casco obligatorio. Para que se nos vea.


Ignoremos sus intenciones y dediquémonos a lo nuestro

Lo malo no es eso. A eso se puede objetar, como objetamos en su día al servicio militar obligatorio. De hecho, todos los ayuntamientos más o menos cabales e involucrados en la promoción de la bicicleta, aunque sea de forma testimonial, ya han declarado su intención de no someterse a esta norma y no aplicarla en sus dominios (ya veremos qué pasa si se cumplen las amenazas).

Lo malo es que no estamos haciendo el resto de los deberes porque nos tienen amedrentados con sus amenazas. Los deberes que no son otros que implantar e inculcar la bicicleta desde la infancia, en los colegios, en los institutos, en la calle, solucionar los problemas que tiene la mayoría para aparcar sus bicicletas de manera segura, enseñar a la gente a ser más autónomos con sus bicicletas, etcétera.

Pero lo peor es que nadie se está dando cuenta que estos años que estamos pasando en el hoyo son los mejores para proponer alternativas al coche, simplemente porque, al haber menos actividad y menos vorágine consumista, hay menos tráfico. La reducción de tráfico ha sido más que proporcional a la recesión y nos ha puesto en un escenario excelente para deconstruir las ciudades y sus conurbaciones y hacerlas más amables para otros modos de desplazamiento que no sean motorizados. El tráfico ha descendido hasta un 20% en muchas ciudades y eso representa una oportunidad inmejorable. Pero la estamos perdiendo entretenidos en responder a su juego, que ya ha conseguido colarnos a las bicis en las aceras y que nos sigue amenazando con cascos, luces y reflectantes.

Si no lo hacemos, somos estúpidos.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Aviso para navegantes: la batalla no es el camino

Llevamos muchos años pensando que la confrontación, la reivindicación y la defensa aguerrida de las posiciones ciclistas es el único camino posible para conseguir que se observen, se recojan y se respeten sus derechos y se mejore su situación general en la movilidad urbana e interurbana.

Sin embargo y aunque parezca una bajada de la guardia, empieza a parecer que el enfrentamiento atroz que está teniendo lugar en los últimos años, sobre todo desde que la nueva Dirección General de Tráfico ha decidido entrar en escena y acaparar todo el protagonismo en la defensa de unos postulados antagónicos a los de los colectivos ciclistas, no nos va a llevar a ningún buen paradero y está centralizando demasiado el discurso y desviando la atención de lo más importante y central: conseguir ciudades y carreteras más amables, más humanas y más seguras, donde se pueda vivir mejor, circular con mayor tranquilidad independiente del medio de locomoción que se elija y disfrutar más.

Prestando tanta atención a la ley estamos cayendo en una trampa que nos está haciendo apartarnos del objetivo fundamental que deberíamos perseguir los que tratamos de normalizar el uso de la bicicleta dentro de una lógica de revitalización y rehumanización de las ciudades, esto es, que la gente ande en bici sin que ello se convierta en algo extraordinariamente complejo o se perciba como algo increíblemente arriesgado.


Si, en vez de eso, seguimos atendiendo y contestando a los improperios, a los desafíos y a las amenazas de quienes no están y no han estado nunca preocupados más que por la gestión y el mantenimiento del tráfico motorizado, estaremos respondiendo a su estrategia de demostrar que somos unos títeres que nos movemos a su compás y que la potencia del lobby que les presiona y acompaña formado por la industria automovilística, las constructoras, las aseguradoras y todos los que les rodean (autoescuelas, financieras, talleres, industria del recambio y todo el conglomerado de empresas necesarias para mantenerlo), con todo su poder mediático, es suficiente para seguir marcando el rumbo de los acontecimientos en esto de la circulación.

No podemos actuar como comparsas. No podemos movernos por reacción. No podemos desviarnos de nuestros objetivos. No podemos desatender nuestros problemas, ni los urgentes ni los importantes.

Centrémonos en nuestra misión

Los problemas urgentes que ahora mismo debe resolver una sociedad en la que la bicicleta se ha metido con calzador son los que atañen la normalización de su uso:

  • La denuncia, desmantelamiento y/o reconstrucción de todas aquellas facilidades que se han implementado de una manera atropellada, posibilista y deficiente en nuestras ciudades (sobre todo carriles bici y bicicletas públicas, pero también aparcamientos).
  • El restablecimiento de la circulación de las bicicletas por la calzada por defecto o, lo que es lo mismo, el abandono de las aceras, sin ningún tipo de condiciones.
  • La restitución de hecho de la categoría de vehículo de la bicicleta, con plenos derechos y obligaciones en el tráfico rodado.
Las tareas importantes, esas que invariablemente se difieren en el tiempo por la falta de una verdadera estrategia dentro de los responsables de representar los intereses de los ciclistas, enfrascados en labores más triviales son:

  • La incorporación de la bicicleta como opción de locomoción entre nuestros menores, tanto en el entorno escolar como en un marco social mucho más amplio, a través de iniciativas que consoliden las habilidades de nuestros niños y jóvenes y que les ayuden a percibir la bicicleta como una opción real, segura y conveniente de locomoción en sus desplazamientos habituales, para que pase de una manera natural de ser un juguete a convertirse en un vehículo personal idóneo en el entorno urbano.
  • La progresiva disuasión del uso del automóvil privado, a través de medidas coercitivas pero también de iniciativas alentadoras, que hagan que su uso se acabe convirtiendo en algo excepcional e incluso indeseable. 
Son estos los puntos fundamentales sobre los que debería orbitar la acción de los grupos y de las personas que pretendan atender los intereses de los que utilizan la bicicleta en nuestro entorno y, de forma más general, de todos aquellos que queremos lugares más amables y más seguros para vivir.

Por supuesto que una normativa y unas instituciones favorables facilitarán este proceso, pero, incluso sin ellas, no se debería desenfocar la atención en lo verdaderamente importante. Si no, los que sólo se preocupan en mantener el orden imperante pueden conseguir mantenernos entretenidos con sus artimañas y así desactivarnos y alejarnos de nuestra verdadera misión: que haya menos coches en nuestras calles y carreteras y que se vuelvan más seguras, más habitables y más atractivas.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Por qué no usaré casco cuando vaya en bici por mi ciudad, aunque sea obligatorio

Artículo extraído del blog en bici por madrid y escrito por Villarramblas

Antes de pensar que me he vuelto loco, les ruego lean mis motivos y verán que esta decisión es cabal. Sé que algunos me pondrán a parir, porque sólo leerán el titular (un saludo a mis amigos de meneame.net). En todo caso, no espero que nadie comparta esta decisión. Lo escribo una vez para no tener que contarlo cien. 

Hay dos maneras de no romperse la crisma: una es llevar un buen casco si hacemos algo peligroso, la otra es evitar el peligro. Ambas son respetables, yo he elegido la segunda cuando uso mi bici para desplazarme. Sé que muchos de ustedes piensan que eso no es posible, que la bici es demasiado insegura como para poder elegir no tener riesgos. Lo cierto es que sí podemos elegir, pero todavía poca gente lo sabe.

Llevo tres años colaborando como redactor en este blog en el que miles de lectores entran y cuentan sus propuestas, consejos y problemas. También cuentan sus accidentes, y eso es una información valiosísima de primera mano que no conoceremos jamás por los atestados policiales, que no se hacen públicos. Los accidentes ciclistas siguen pautas predecibles, aquí y en todo el mundo (donde sí se publican estudios sobre los atestados) y se pueden evitar con sencillos consejos. Incluso en esas caídas tontas que siempre pueden pasar tenemos capacidad para minimizar los daños y no sólo los de la cabeza, sino los de todo el cuerpo. Basta con ir suficientemente despacio y tener espacio a nuestro alrededor para poder esquivar imprevistos o poderse caer en un suelo libre de obstáculos, sin mayores consecuencias que alguna contusión.

Sé que hay ciclistas que les gusta correr, ir por terrenos accidentados, usar vías ciclistas demasiado estrechas, o incluso saltarse semáforos. En esos casos, el golpe es probable y me parece totalmente cabal llevar un casco para amortiguar el impacto si sucede en la cabeza. Pero déjenme elegir no participar en esas actividades de riesgo. Las calles de mi ciudad no tienen ramas ni farolas en medio de la calzada contra las que abrirse la cabeza, y jamás circulo cerca de un bordillo por ese motivo.



¿Y los otros vehículos? pensaran ustedes. Porque uno puede ser cuidadoso con su bici, pero no puede controlar los coches que hay a su alrededor y que causan bastantes más accidentes a los ciclistas que las caídas propias. Afortunadamente, la gran mayoría de conductores no quiere problemas y procuran no chocar conmigo si les ayudo. Basta con ser predecible y visible, algo que se consigue respetando las normas básicas de circulación, usar luces de noche y situándose en el centro del carril en la calzada, aunque a alguno de ustedes le choque. Aunque crean que los accidentes los causan conductores desaprensivos o ciclistas locos, les sorprenderá saber que casi siempre se trata de coches que circulan correctamente y de ciclistas que creen hacer lo correcto pero no siguen estas dos reglas, a veces por desinformación, y a veces por obligaciones que las normas de tráfico imponen a los ciclistas contra toda lógica y contradiciendo las normas básicas, como circular en el ángulo ciego de un camión que va a girar.

Sí, lo sé. No me olvido de ese pequeño grupo de descerebrados al volante ante los que es imposible defenderse, ni siquiera cuando caminamos por un paso de cebra, y de los que leemos en prensa cada pocos días en la sección de Sucesos. ¿Puede ayudarme un casco en situaciones así de extremas? Sí, sin duda. Al igual que le puede ayudar a usted si es el peatón que tiene la desgracia de cruzarse en el camino de la violencia vial. Porque esos casos ya no son accidentes. Igual que una agresión sexual no es un accidente, ni lo es un disparo a bocajarro. Es violencia consciente contra el prójimo.

Y lo terrible es que estamos siendo cómplices de esta violencia cuando miramos hacia otro lado, o lo que es peor, cuando al enterarnos de noticias así, las despachamos con un frívolo "es que la víctima debería de haber llevado casco", sólo porque la víctima iba en bici. Me parece una degeneración moral extrema que se culpabilice a la víctima que no se acoraza frente a su agresor. Es algo que no tengo que explicar si se trata de un ciudadano atropellado, y me sonroja tener que hacerlo cuando ese ciudadano ha decidido subirse a una bicicleta.

No señores, quiero poder pasear por mi ciudad sin tener que defenderme de otros ciudadanos.  Y rechazo firmemente cualquier ley que me considere un delincuente por ello.

Dentro de unos días el Congreso se reunirá para debatir el futuro de la bici en el Reglamento de Circulación. No se hablará de ninguna medida para evitar caídas y atropellos. Sólo se decidirá si ir en bici sin casco es merecedor de sanción. Si finalmente se aprueba esa medida no la voy a acatar.
 
Sé que la gente de mi alrededor me preguntará el porqué. Y me advertirán del peligro que supone desobedecer esa ley. No, amigos míos: el peligro es el mismo con ley y sin ella. Lo único que me juego es el dinero de una multa, y acepto pagar por mi desobediencia civil. La alternativa sería tragar con un reglamento que responsabiliza a la víctima de la conducción irresponsable de otros, y no quiero ser cómplice de esa barbaridad.

Cada vez hay más gente que se está dando cuenta del gran error que supondría tener una ley así, aunque hay quien todavía la defiende como modelo de comportamiento para los más jóvenes. Si usted piensa que mi desobediencia puede ser un mal ejemplo ante futuras generaciones, le pregunto: ¿Es ese el futuro que quiere para la ciudad en la que vive? ¿Quiere enseñar a sus hijos que estamos construyendo una sociedad donde no será posible usar una bici sin miedo a los demás?

Les propongo caminar hacia otro escenario: una ciudad en el que todos, incluso los niños, podamos usar la bici sin tener que defendernos de nuestros vecinos. Ese es el objetivo que debemos tener presente: hacer de la ciudad un lugar suficientemente civilizado para que el casco no sea necesario.

Y por supuesto, el día que me apunte a una ruta por los montes donde las piedras y las caídas son frecuentes, no tengan duda que llevaré casco. Mi decisión de no usarlo en ciudad no está reñida con el sentido común.

lunes, 19 de agosto de 2013

Si los conductores muertos soplaran, la mitad daría positivo

Tremenda la noticia que se publicó el otro día en la prensa y que en su momento y acompañada del resto no resultaba en absoluto sorprendente. Pues sí, el 47,32 por ciento de los conductores fallecidos en accidente de tráfico en carretera durante el año pasado dio positivo por consumo de alcohol, drogas o psicofármacos, según la memoria del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF). Macabro el trabajo de esta gente, pero sin duda necesario porque resulta revelador.

Es fácil emitir opiniones sobre las causas de la peligrosidad en el tráfico. Velocidad, imprudencias, descuidos, falta de atención... pero la influencia del alcohol y en menor medida de otros psicotrópicos es devastadora para sus propios consumidores, si luego se ponen a conducir un vehículo. No digamos para el resto de los que se encuentren en su camino.

El perfil de los conductores muertos tampoco sorprende: más de 3 cuartas partes eran hombres e iban bien bebidos, en su inmensa mayoría cuadruplicaban la tasa permitida. Aquí es donde la cosa chirría un poco más, sobre todo porque todos sabemos reconocer en ello un modelo sociocultural demasiado arraigado en nuestro entorno.


Los peatones también

Lo malo de esta estadística es que, de entre las víctimas, los peatones arrojaban las mismas proporciones de alcoholemia. Ahora bien, aunque es triste, no se puede comparar la gravedad de una y otra, como de las infracciones que se cometen por unos y por otros bajo los efectos del alcohol.

Esto es obvio para todo el mundo, menos para la DGT, la Dirección General de Tráfico, que entre sus novedades normativas quiere introducir los controles de alcoholemia también a los peatones, al menos a los que infrinjan las normas de circulación y no solo a aquellos que sean víctimas o copartíSicipes de un siniestro. Habrá que saber si andar borracho por una acera bici también cuenta, porque entonces están averiados. O estamos. Por cierto que, parece ser, que estas infracciones costarán también una buena pasta y unos puntos del carnet de conducir siempre que se tengan y que se viva para contarlo.

Ahora bien, lo realmente preocupante de todos estos datos es la incidencia que tiene el alcohol en nuestras muertes (y no digamos en nuestras vidas). Tanto o más que la conducción de coches sin motivo justificado. ¿Hasta cuándo vamos a seguir dando cobertura a estos hábitos mortales? Más con el efecto multiplicador que provoca su adición (y su adicción, también).

Si puedes, no bebas. Si bebes, no conduzcas. Si conduces bebido, eres un malnacido.

viernes, 9 de agosto de 2013

A los ciclistas nos quieren pingüinos

Idénticos, inocentones, patosos, en fila de a uno, dóciles y ordenados, con casco y con chaleco reflectante. Circulando por los "carriles pingüino", esos por los que no se puede correr, adelantar ni girar, por los que no se puede circular libremente. A ser posible en "bicis pingüino", esas torpes e idénticas bicicletas públicas en las que se marcha cansinamente.

Por lo visto les molesta que revoloteemos alegremente como mariposas o pajarillos, circulando a diestro y siniestro entre sus vacas sagradas, los coches. No pueden soportar nuestra fragilidad, nuestra ligereza, nuestra agilidad. No les gusta que nos colemos en los atascos, que nos escurramos entre su pesado tráfico alegremente. No nos quieren en medio de sus carriles, porque creen que los ralentizamos y les gusta bufar y berrear a golpe de acelerador, como si les persiguiera el diablo.

Y por eso nos quieren castigar y nos quieren imponer su norma. La que nos orilla, la que nos confina en carriles bici, la que nos obliga a calzarnos un casco y ¿por qué no? también un chaleco reflectante, porque no hay armadura disponible en el mercado homologada.

La imagen es más que elocuente: el Alcalde de Málaga, la Directora General de Tráfico y todo su séquito, marchan en formación por el carril bici a bordo de las recién estrenadas bicis públicas ante la mirada atónita de unos peatones a los que, por supuesto, no les ceden el paso pese a que está perfectamente marcado. Soberbio. Ejemplar.

martes, 6 de agosto de 2013

La bicicleta ¿vehículo preferente?

Todavía resuenan con estruendo los ecos de la gran conquista lusa en el camino de la normalización de la bicicleta como vehículo de pleno derecho al hacerse con una nueva normativa que así la presente y la defiende. Con naturalidad.

Fruto, sin lugar a dudas, de una sociedad civil organizada, adulta y determinada, cuyos argumentos se apoyan en cuestiones fundamentales: en la necesidad de reconocer a la bicicleta como un vehículo más en la calle, más vulnerable que otros, pero vehículo en definitiva. Sin medias tintas, con pulso firme y evitando las excepciones para buscar la regla. Porque el Gobierno portugués, como está tratando de hacer el español, había propuesto una norma que marginaba extraordinariamente a los ciclistas y los relegaba a meros comparsas en una ordenación vial claramente orientada al automovilista.

Repasando las actuaciones y las campañas de nuestra sociedad civil, representada fundamentalmente por la Coordinadora ConBici por ser la que más asociaciones aglutina, encontramos que su campaña fundamental se ha centrado en la lucha contra la obligatoriedad del casco, dejando pasar cuestiones tan centrales como el modo de circular en la calzada o la permisividad en la circulación por las aceras.

Sin embargo, después de unos cuantos varapalos recibidos de fuera y de dentro de sus filas, ConBici decidió dar un giro, que a sus dirigentes se les antojó como decisivo, para defender la Ciudad 30, esa en las que las calles de un solo carril por dirección estarán limitadas a esa velocidad, curiosamente un poco después de que la DGT hiciera mención a esa posibilidad. Y se vistieron de defensores de la calzada, después de haber estado muchos años emperrados en vender miedo y en que lo mejor para los ciclistas era huir del tráfico y refugiarse en carriles bici (aunque fueran pésimos y obligatorios). De sabios es cambiar de opinión.


Cuando la DGT que estaba en los cielos y cuyo nombre santificaban, porque los sentaba a su mesa para hacerles creer que les escuchaba, decidió mostrar sus garras a nuestros representantes se les ocurrió la idea de plantarle cara y presentarle sus armas en forma de documento, acompañado por este video.



Y es aquí donde la cosa alcanzó toda su amplitud y nos desveló que entendía esta gente como los derechos de los ciclistas. Lo que descubrimos, además de mucha mojigatería, es que las demandas de lo que se autodenomina la voz legítima del colectivo ciclista urbano y cicloturista no recogen más que una serie de excepcionalidades y se olvidan de la cuestión central: el derecho a circular por el viario y el respeto debido cuando lo hagan, además de su obligación de cumplir las normas.

Así nos muestran casos excepcionales como son la circulación contrasentido, la posibilidad de saltarse semáforos de regulación peatonal o la necesidad de circular por "espacios peatonales" y para hacerlo se sirven de una presentación del ciclista cándida, por no decir ñoña. Y luego se amparan en que en otros países más desarrollados, estas excepcionalidades están contempladas y obvian todo lo demás que ocurre en esos mismos países.

Sin embargo, cuando eludimos tratar las cuestiones centrales, las que atañen al derecho inviolable de circular  con naturalidad por el viario, a la necesidad de respetar las distancias de seguridad tanto de circulación como de adelantamiento, a la exigencia de reducir la velocidad de circulación sobre todo en las intersecciones y a observar un respeto escrupuloso a los más vulnerables, empezando por los peatones, todo esto se queda en algo casi estúpido.

El problema, el gran problema en ConBici, que la DGT y cualquiera un poco despierto no ha pasado por alto, es que esta gente no quiere molestar al todopoderoso tráfico motorizado, no quiere cambiar el orden de las cosas y no quiere soliviantar a nuestros gobernantes, porque se conforman con las migajas. Les basta con tener unos pasillos para circular exhibiendo prepotencia, les basta con poder subir sus bicis en el tren, les basta con poder hacer unos cuantos contramanos y con poder utilizar las aceras.

Eso señores y señoras de ConBici, señores y señoras de la Mesa Nacional de la Bicicleta y, sobre todo, señoras y señores en general no son más que tonterías, cuestiones marginales, excepcionales. Lo importante es comprender qué significa que la bicicleta sea un vehículo y qué exige, tanto para sus usuarios como para el resto de los mortales. Si no se respeta eso, se cae, como ha caído ConBici, en trivializar la bicicleta y presentarla como algo extraordinario. Nuestros vecinos los portugueses han comprendido eso y le han visto las orejas al lobo, al mismo lobo que aquí nos amedrenta, y han decidido domesticarlo y priorizar en la construcción de un orden social basado en el respeto y no en el miedo.

Del casco, por cierto, ni mención.

viernes, 2 de agosto de 2013

Portugal pedalea más cerca de Europa que España

Triste pero cierto. O no tan triste. Lo bueno de las situaciones descabelladas es que se hagan ridículas y que su excepcionalidad las presente como fuera de juego. Es lo que le pasa a este país de pandereta con muchas cosas, entre las que se cuenta su normativa de circulación. Mientras Portugal celebra una conquista histórica, después de haber sufrido durante demasiados años un retraso histórico en lo que respecta a la ley de la calle, va España o sus excelsos gobernantes y se marcan, o se quieren marcar, un tanto retrógrado.

Así, mientras en Portugal la bicicleta consigue un reconocimiento histórico como vehículo de pleno derecho en la calzada, gracias sin duda al empeño de la presión social encabezada por la Federaçao Portuguesa de Cicloturismo e Utilizadores da Bicicleta (FPCUB) y la Associaçao pela Mobilidade Urbana em Bicicleta (MUBi), aquí nos regalan nuestros mandamases en pleno calor del verano un anteproyecto de Ley que vuelve a reincidir en colocar a ciclistas y peatones en la picota y ver cómo se les puede derribar.


Es penoso ver cómo en nuestro país vecino por excelencia, donde ni siquiera estaban contempladas concesiones como la de circular en carretera en pareja o la obligación de adelantar manteniendo una distancia de seguridad mínima de metro y medio, que aquí hace años que se habían conseguido, son capaces de dar dos pasos adelante y reconocer el derecho de los ciclistas de ocupar un espacio suficiente para circular, de utilizar remolques y bicicletas de carga por la calzada o de poder ignorar la existencia de una ciclovía contigua por tener reconocido el derecho preferencial de uso de la calzada, y aquí nuestros gobernantes se jacten de haber logrado hacer obligatorio el casco para los menores de edad o poder someter a controles de alcoholemia a los peatones.

No sé si merecemos lo que tenemos y lo que nos espera, visto lo visto, pero la buena nueva que nos llega desde Lusitania debería ilusionarnos y cohesionarnos cada vez más para conseguir lograr el reconocimiento de la bicicleta como un vehículo digno y recomendable, en vez de andar dando tumbos respecto a la necesidad de invadir aceras o de hacer contramanos. Por cierto, en Portugal por las aceras sólo se podrá circular hasta los 10 años.

Cultura de la Bicicleta con mayúsculas

Pero hay temas de mayor calado en la ley que acaba de aprobar apenas hace unos días el Parlamento portugués. Hay toda una carga conceptual de un nivel ciclocultural realmente elevado que subyace en el texto de su Código da Estrada y que ha sido alumbrada por gente de primera división en esto de sentar las bases para un buen desarrollo ciclista. Conceptos como el de "usuarios vulnerables" de la calle, como el de "preferencia incondicional" en los cruces y rotondas, como el de "diseño urbanístico inclusivo" en zonas de coexistencia, como el de la "obligación de reducir la velocidad" por parte de los automovilistas ante la presencia de ciclistas o peatones. La verdad es que merece la pena echarle un vistazo al documento.

Esto señoras y señores de la bicicleta de este país no es el fruto de una pataleta cívica o de una campaña unidireccional como la que han planteado las organizaciones de este país contra el maldito casco. Por cierto, del casco ni mención en la ley portuguesa. Esto es un trabajo que tiene una trayectoria y una enjundia realmente encomiables. Bien trazado, bien madurado, bien peleado y bien rematado. De verdad, parabéns Portugal! A ver si aprendemos.

domingo, 28 de julio de 2013

Flotador obligatorio hasta los 18 años

¿Se imaginan? Sería un escándalo. Pero ¿por qué? ¿No se están dando demasiados casos de personas ahogadas entre los bañistas? ¿O es que ahogarse está comprendido entre los riesgos inherentes al “bañismo”? O casco obligatorio para los peatones o para los pasajeros de los automóviles si son menores de edad, porque está demostrado que la probabilidad de tener una lesión en la cabeza es mayor que, por ejemplo, andando en bici.

No. Ha de ser a los ciclistas o, mejor, a los que andan en bici, porque para los ciclistas ya se hizo obligatorio hace unos años (único país en Europa) aunque no haya servido para reducir la siniestralidad entre el colectivo. Los que andan en bici en este país han de ser castigados ejemplarmente por su atrevimiento y qué mejor que martirizarlos haciéndoles cargar con medio melón todo el día con la excusa de que así se autoprotegen o, mejor, “les autoprotegemos”.


Este Estado, el Estado Protector, ha decidido, desoyendo cualquier normativa europea y las recomendaciones de usuarios y expertos de dentro y fuera de sus fronteras, poner flotador a todos los ciclistas en vez de calmar la marejada que tiene montada en el tráfico urbano o enseñarles a nadar con prudencia y destreza. Sobre todo a los menores de edad, que serán los que decidan dentro de unos años. Creen que con eso van a salvar alguna vida y sospechan que con eso van a disuadir a algún alma cándida de utilizar la bicicleta. O a muchas, que es como mejor se reducen los accidentes. De hecho, si no anduviera nadie en bicicleta, nadie sería atropellado.

Es como si para prevenir que la gente se ahogue, en vez de enseñarles a nadar, se les obligara a llevar un flotador “salvavidas”. ¿Cuántos bañistas habría?

Este país ha perdido el Norte a la hora de gestionar la realidad de la bicicleta, tanto en medio urbano como fuera de él, y ha decidido desmarcarse del resto del mundo, inventándose un nuevo marco normativo que resulta más que sospechoso. En vez de disuadir a la gente de que utilice el automóvil y reordenar las ciudades para reducir la peligrosidad vial, van y castigan a los que intentan aportar, con su práctica, un poco de calma en el tráfico.

Está claro que las bicicletas no interesan, que las personas que nos movemos en bicicleta no interesamos, porque se quiere mantener a toda costa el dominio del automóvil en las ciudades intacto. El problema, el verdadero problema y la causa de la gravedad de los mal llamados accidentes en nuestras ciudades siguen siendo los automóviles, su velocidad y su tiranía en la ordenación vial. Hasta que no nos demos cuenta de esto, todas estas medidas no serán más que parches molestos que no pararán la sangría en la estamos envueltos.

martes, 11 de junio de 2013

Casco sí, casco no, acera sí, acera no, bici sí, bici no

Llevamos unos cuantos años observando cómo se están desarrollando los acontecimientos en todo lo relacionado con la imparable evolución de las bicicletas en nuestras ciudades.
Después de unos inicios prometedores, en los que mucha gente se ha ido incorporando a la utilización de la bicicleta como modo de locomoción en medio urbano, la importancia que este vehículo ha ido cobrando no se ha traducido en una apuesta real por parte de los responsables de la ordenación del tráfico, que han visto a la bicicleta como un molesto invitado en unas calles dominadas por los coches y flanqueadas por los peatones.
Pese a que se han realizado actuaciones vistosas, sobre todo centradas en la implementación de ciclovías, la mayoría de ellas han aquejado los mismo males: demasiado estrechas, demasiado sinuosas, deficientemente señalizadas, inconexas y en itinerarios dudosos, casi siempre evitando las calles principales, las más deseadas por todos por ser las más directas, y casi siempre en aceras.
La culminación de la vergüenza en la pretendida inclusión de la bici en el panorama urbano se consumó cuando los responsables políticos decidieron, dejando de disimular sus intenciones, pintar las aceras para permitir circular por ellas a los ciclistas sin más criterio que conseguir conectar la red de ciclovías. Aquí el despropósito acabó de concretarse.
Si hasta ese momento era ya suficientemente discutible el criterio de los encargados de implementar lo que se dio por llamar el Plan de Ciclabilidad a la hora de elegir las calles, describir los itinerarios, decidir las secciones, los radios de las curvas, la calidad de los pavimentos o el diseño de las intersecciones, cuando a alguien, como medida pretendidamente salomónica, se le ocurrió pintar las aceras, la cosa cobró un cariz totalmente distinto, ya que dejó clara la estrategia: no queremos bicicletas en las avenidas principales y no nos importa agraviar a los peatones.
Este menosprecio de los más débiles fue la constatación de que la apuesta por la denominada movilidad sostenible, esa que desincentivaba el uso del coche para dar oportunidades a modos alternativos de transporte para hacer ciudades más habitables, era una mera escenificación.
Ahora, después de que cada ayuntamiento haya hecho su pequeña chapuza tratando de demostrar que se estaba haciendo algo por las bicicletas, cada uno con su criterio y con su norma, ahora la Dirección General de Tráfico ha decidido intervenir para deshacer el entuerto con la triple justificación de unificar criterios normativos, perseguir la normalización y mejorar la seguridad de la bicicleta en la circulación.
¿Y qué se le ha ocurrido a la DGT? Pues, además de promover la reducción de las velocidades en las calles secundarias, empresa en la que ya se habían metido muchos municipios, ha decidido presentar toda una batería de medidas que, lejos de servir para potenciar el uso de la bici, son claramente desfavorecedoras. Las más discutibles: la obligación del uso del casco, la permisividad en la circulación por aceras y la recomendación de circular por el margen derecho de los carriles en las calzadas.
La medida que más discrepancia ha generado ha sido, sin duda, la del casco, pero no es la más grave. El casco, que como elemento de protección para caídas es interesante, no tiene mayor efectividad en caso de colisión con un coche y tiene efectos disuasorios sobre el uso de la bici porque la presenta como una actividad incómoda y peligrosa, haciéndola inconveniente. El hecho es que en ningún país europeo es obligatorio, tampoco en carretera.
Sin embargo, la permisividad del uso de aceras y la circulación sin ocupar el centro del carril, por no hablar del diseño de la inmensa mayoría de los viales para ciclistas, incrementan exponencialmente el riesgo de accidente y atropello en la práctica ciclista y consolidan el dominio de los automóviles en nuestras calles y la discriminación total de la mayoría de usuarios de las calle: las personas que caminan, juegan o simplemente están.
Circular junto a bordillos, coches aparcados o bolardos y otros obstáculos, hacerlo por aceras y por vías alejadas de la lógica del tráfico rodado, convierte el uso de la bicicleta en una práctica de riesgo porque fomenta las principales causas de su accidentabilidad. No olvidemos que la mayoría de siniestros en los que se ven envueltos los ciclistas, además de las caídas (que en las aceras son mucho más probables que en asfalto), se producen en intersecciones donde las bicicletas se incorporan desde plataformas distintas a la calzada o por atrapamientos en desvíos e incorporaciones, normalmente por falta de visibilidad de los ciclistas. Estas nuevas normas propuestas favorecen estas circunstancias.
A la vista de este panorama, lo único que podemos concluir es que la bicicleta molesta, cada vez más, en nuestras ciudades. Molesta en la calzada, molesta en las aceras y molesta en las zonas peatonalizadas. Y el remedio que se ha buscado es hacerla más incómoda todavía. Si ya los itinerarios diseñados para las bicis eran angostos, llenos de obstáculos, sinuosos e incomprensibles y ralentizaban la circulación ciclista, las nuevas recomendaciones van a hacer que la bicicleta sea molesta hasta para sus practicantes, presentándoles además como inoportunos, torpes y marginales, cuando no como irresponsables, temerarios o irrespetuosos, por no querer seguir el orden establecido: el del coche.
No sabemos hasta dónde llegarán las intenciones de la DGT ni en qué se concretarán en la práctica en cada uno de nuestros municipios, sobre los que recae la vigilancia del cumplimiento de la norma, pero todo esto apunta mal y no hace más que constatar la convicción de nuestros responsables de que las bicicletas no son bienvenidas en la ciudad, porque no se le quiere quitar nada al coche, porque todavía se le considera el símbolo y el garante del desarrollo y del éxito económico.
Mientras tanto, seguiremos celebrando el Día de la Bici, la Semana de la Movilidad y otras escenificaciones de la falsedad en la que estamos atrapados, con la felicidad del que tiene la conciencia tranquila porque está haciendo lo que se debe en bien de la comunidad. 

martes, 4 de junio de 2013

Del casco, hasta las orejas

Nos estamos albardando de tal manera con discursos más o menos maniqueos y más o menos justificados sobre la conveniencia o no de hacer el casco obligatorio o recomendable, que la cosa empieza a no tener sentido. Es tal la obsesión colectiva por opinar y es tal el enquistamiento de las posiciones que se está empezando a perder la perspectiva del tema hasta límites inimaginables. Todo el mundo tiene una opinión más o menos formada al respecto, y, el que no la tiene, la improvisa.

El casco es la gran excusa demagógica para demostrar que se está a favor de la protección del ciclista. Da igual que se ignore cuál es el verdadero peligro que corre el ciclista para conservar su integridad. Sirve para obviar la implicación de los coches en la práctica totalidad de accidentes mortales o muy graves. Sirve para eludir el tema de la circulación ciclista en perpendicular al tráfico rodado, con las consecuencias fatales en las intersecciones entre ambos. Sirve para demostrar la irresponsabilidad y la falta de autoprotección que demuestra el colectivo ciclista. Sirve, en definitiva, para culpabilizar y responsabilizar a los ciclistas de la peligrosidad y del riesgo de la actividad que practican.


Así alcaldes, concejales, representantes políticos, periodistas, médicos, expertos en seguridad vial, autoescuelas, compañías de seguros, juristas y personas anónimas con tiempo y ganas de participar en debates más o menos gratuitos se han puesto a desollar a los ciclistas porque no quieren cumplir las normas, aunque estas no estén escritas ni se vayan a escribir. Hay quien es tan atrevido que es capaz de declarar públicamente que no va a ser él el que le quite el casco a ningún ciclista porque no quiere asumir las consecuencias de ello. Tremendo.

Creo que la cosa ha cobrado un cariz tan enconado que la mayoría de los que osan hacer interpretaciones y tomar posiciones sobre el asunto acaba argumentando lo imposible y acaba yéndose por los cerros de Úbeda diciendo cualquier barbaridad, entre las que no suelen faltar las que empiezan por "es que los ciclistas..." y siguen con cualquier tipo de queja y consiguiente exigencia. No tiene solución.

El mayor problema es que un tema que hasta la fecha se había mantenido en más estricto plano técnico entre los implicados (DGT, Mesa de la Bicicleta y algunos expertos) pero que de un día para otro ha pasado a formar parte de la comidilla de conversaciones, tertulias, artículos de opinión y salidas de tono. La gente está despistada, no sabe a qué atenerse y acaba, como suele pasar en estos casos, en lugares comunes: el carril bici, el peligro del tráfico, la invasión de las aceras, la caída tonta, los niños, los ancianos y toda esa sarta de sandeces que la ignorancia es capaz de argüir.

Ya da igual si el casco es recomendable o es obligatorio. Ya da igual si la ley está escrita o es una mera proposición. Ya da igual si hay cascos homologados o cualquier casco vale. Ya da igual si nadie lleva el casco bien ajustado. Ya da igual. La cosa es tan estridente y tan descabellada que lo importante se ha quedado a un lado. Todo esto estaba dirigido a promocionar y facilitar el uso de la bicicleta como medio de transporte ¿o no?

lunes, 6 de mayo de 2013

Levántate y anda... pero no lo hagas en bici por favor

Los poderes se han puesto de acuerdo, como si siguieran un dictado común, para adoctrinarnos y defendernos de nosotros mismos, por lo visto. Con mensajes literales, más o menos alarmistas, han decidido atacarnos donde más les gusta, en nuestra fibra sensible, en nuestra conciencia adormilada, en nuestra voluntad debilitada para lanzarnos un mensaje bíblico milagroso: levántate y anda.

Primero apelando a combatir nuestra apatía



Después con evidencias incontestables



Finalmente, con los mismos argumentos pero desde la versión oficial



Parece que, tanto los que venden hiperglucemia como los que necesitan la congestión, para autojustificarse, han decidido poner, otra vez más, la pelota en nuestro tejado y culpabilizarnos de nuestras debilidades, de nuestros malos hábitos de vida, de nuestra pasividad, de nuestra irresponsabilidad, de nuestra dejadez aunque ellos vivan de que nosotros sigamos cayendo en esos pecados nuestros de cada día y cuanto más asidua y más dócilmente, mejor. ¡Espeluznante!

Por cierto, hasta anteayer la bicicleta hubiera sido protagonista de este tipo de mensajes publicitarios porque aportaba frescura, representaba salud y felicidad, era moderna y conveniente. ¿Qué ha pasado de dos días a esta parte para que haya dejado de ser la panacea? ¿No será que nos ven como una amenaza para su mundo edulcorado y dependiente?

Bájate y anda

Para contrarrestar este desmarque de los ciclistas y evitar su marginación, la gente de Valencia en Bici, con su característica originalidalidad, proponen que los ciclistas se sumen a esta nueva tendencia y se bajen de la bici para caminar en las situaciones que se les presenten, pasos de peatones por ejemplo. Buena idea para buscar puntos de encuentro y para demostrar nuestro talante conciliador y favorable.