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jueves, 12 de enero de 2017

El juego (infantil) de la movilidad deseable

Hemos dejado las ciudades en manos de técnicos y políticos, que han hecho y han deshecho a su antojo. Han partido y han repartido teniendo en cuenta criterios más que discutibles, pero que en su día fueron santo y seña de una forma de entender las ciudades y su desarrollo, y ahora nos encontramos en el entuerto de tratar de darle la vuelta poco a poco a ese modelo, para proponer otro menos agresivo, menos contaminante, menos centrado en la movilidad y más centrado en las personas y en el uso del espacio público. Y nos encontramos con que los encargados de deconstruir esta ciudad son, en gran parte, los mismos que participaron en su montaje.

Así, cuando se propone la conversión de una zona de circulación a una zona sin ella o la reversión de una autopista urbana para convertirla en una vía más amable y más orientada a las personas, nos encontramos que dependemos de los mismos cuerpos de élite que las hicieron (o sus sucesores con la misma conformación mental). Para muchos de ellos (por suerte no todos) tratar de desmantelar una vía de circulación es poco menos que un sacrilegio que hay que argumentar y apoyar con estudios de movilidad que lo justifiquen y que siempre será sospechoso de ser una forma sutil de sedición al predominio del coche como garante del progreso y a no sé qué derechos asociados a su posesión.

El caso es que para proponer un nuevo modelo de calle hay que hacer un ejercicio que, por lo que nos han dado a entender, sólo está al alcance de las élites de la política, del urbanismo y del tráfico, normalmente condicionadas por su bagaje de décadas en el ejercicio de justificar lo anterior o sus propias reivindicaciones históricas. Los legos no podemos participar porque no pertenecemos a esos gremios arrogantes, celosos y endogámicos. O eso nos han dado a entender.

Pues, haciendo un ejercicio de irresponsabilidad y rebeldía doméstica, nos hemos puesto en casa a jugar a ser arquitectos, ingenieros, políticos y gestores del tráfico. Y, para hacerlo, me he rodeado de dos criaturas inocentes de 10 y 13 años, ambas usuarias de la bici en espacios urbanos. Lo hemos llamado "Vamos a sacar las bicis de las aceras". ¿Nuestras herramientas? Un ordenador con acceso a internet, papel y lápiz y unas piezas de Lego. Y le hemos dedicado 3 sesiones al asunto.

Sesión 1: Vamos a ver cómo es la calle en la que queremos intervenir

Y cuál es el objetivo de la actuación que proponemos: hay que reducir el espacio de circulación de los coches, hay que reservar un carril para el bus, hay que permitir hacer las operaciones de carga y descarga y, lo más importante, hay que sacar las bicicletas de las aceras.

Estudiamos atentamente la calle en el ordenador, gracias, sobre todo, al Street View de Google Maps, y medimos anchuras para hacernos la plantilla que nos servirá de tablero para nuestro juego. La hemos visitado "in situ" previamente.

Sesión 2: Vamos a hacer lo que nos dé la gana

Pero teniendo en cuenta que la calle sigue viva y tiene sus servidumbres: la gente tiene que acceder a las marquesinas del bus, a los contenedores de la basura, se tiene que poder hacer el reparto de mercancías y debe estar garantizado el acceso a los garajes y bolsas de aparcamientos en superficie.


Las reglas: podemos tocar todo menos las aceras (las medianas, en principio, tampoco) y tenemos que explicar cómo funcionan las distintas opciones y cómo interactúa cada usuario tipo (automovilista, conductor de bus, usuario del bus, repartidor, ciclista y peatón con sus distintas necesidades, además de la de desplazarse) con el resto de usuarios de la calle. Para ello utilizaremos fichas tipo (1 para peatón, 2 para bici, 6 para coche, etc.) y también colocaremos elementos del mobiliario urbano como bancos, terrazas, farolas, marquesinas y contenedores de basura.

La condición: tenemos que llegar a un acuerdo.



Al final, después de muchas explicaciones y discusiones, las soluciones se reducían a 3, porque en seguida se descartaron los carriles bici aparejados a la mediana por ser poco prácticos y confinar a los ciclistas sin dejarles opción de apearse cuando quisieran de la calzada para acceder a su destino:
  1. Dejar las cosas como están y marcar la circulación ciclista en el carril de la derecha (que es el que naturalmente utilizan las bicis).
  2. Meter a las bicis con los buses en un carril dedicado (con las terribles interacciones en las paradas)
  3. Sacar a las bicis del tráfico motorizado y hacer un carril bici a la derecha del mismo, con un andén de separación para poder dar servicio a los buses, a la carga y descarga y a los contenedores de basuras.
La chavalería eligió la tercera opción (porque no se veían compartiendo el tráfico en una vía con tanta intensidad y tampoco con los buses) pero con una condición indispensable: que no se permitiera el estacionamiento de coches (salvo los de personas con discapacidad) en toda la calle ya que no sólo servía para invisibilizar la circulación ciclista, sino que además obstaculizaba el carril bus y fomentaba la segunda fila. 


Sesión 3: Vamos a comparar nuestra mejor propuesta con las que propone el Ayuntamiento

Como de lo que hablábamos era de una calle concreta de nuestra ciudad, que es en la que se va a actuar, la comparamos con las distintas opciones que propone el Ayuntamiento y, aunque se parece mucho a una de ellas, en ninguna se contemplaba lo de quitar los coches aparcados, así que lo dejamos pendiente de formularlo como una propuesta al Ayuntamiento, cuando se haga el proceso de participación correspondiente.


Mis ayudantes se han quedado encantados con el juego, y yo más. Ver las cosas como un niño me han ayudado a desprejuiciarme, a descubrir cosas que yo solo no habría sido capaz y a explicar otras que parecen obvias, pero que no lo son a los ojos inocentes de un menor. Un ejercicio más que recomendable.

Si queremos una ciudad de niños ¿por qué no les dejamos que participen en su construcción?

domingo, 11 de diciembre de 2016

Niños sin wifi

Y niñas. Hoy toca hacer un homenaje a las personillas inocentes a las que hemos decidido someter a una especie de secuestro permanente y a las que hemos usurpado su derecho más genuino: el de estar en la calle haciendo lo que les dé la gana con otras personillas de su tamaño sin la vigilancia y la supervisión de sus padres. Y madres.


Hoy toca reconocer que nos hemos equivocado. Que con nuestro miedo y el consiguiente síndrome de sobreprotección, hemos privado a nuestros niños y niñas de disfrutar de la calle, sin condiciones, sin jueces, sin árbitros, sin vigilantes, sin más reglas y más justicia que las que sean capaces de acordar o improvisar.


Los menores se merecen la calle. A su aire. Con su imaginación desbordante. Con su capacidad de hacer un juego de cualquier situación y un juguete de cualquier cosa, cuanto más simple, mejor. Sin calle, los niños y las niñas están desnaturalizados, por más que les colmemos con todo tipo de juguetes y accesorios.


Y el homenaje lo hacemos de la mano de Marta Salas, la chica que saca estas fotos maravillosas, intemporales, que nos hacen recordar lo mejor de nosotros mismos, los años de la inocencia, donde no existía el miedo, donde no hacía falta WhatsApp para quedar, bastaba con ir a buscar a los demás a su casa o a los sitios habituales.


Marta tiene el extraño privilegio de mirar a través de su objetivo con los ojos de una niña que se deja fascinar por los detalles, por las situaciones y que se queda absorta contemplando a otros niños, a otras niñas.


Marta mira sin miedo y sin complejos. Sin ánimo de enjuiciar o interpretar lo que ve. Y eso se deja ver en su fotos. Son directas, sinceras, puras, simples, encantadoras.


De  ella es el título de esta serie de fotos, que forman parte de una exposición, la primera que hace, y que va a estar todo el invierno en el Restaurante Anttonenea en el número 48 de nuestra querida calle San Antón de Pamplona, donde, por cierto, se come de lujo.


Si te apetece volar un rato y mirar las cosas como si volvieras a la infancia, no te pierdas esta oportunidad. Y, si no tienes esa oportunidad, puedes seguirla en Facebook o en Instagram.


O mejor. Si tienes alguna de esas personillas a tu cargo, dale la oportunidad de vivir la mejor edad de su vida sin complejos y sin miedos tontos e infundados. Y pelea por que ellas, esas personitas, conquisten lo que nunca deberían haber perdido: la calle. Y que descubran por sí mismas su realidad y sus sorpresas. No hay tiempo que perder.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Hazte un favor: regálale una bici

Nos encontramos inmersos en plena vorágine consumista. Esa que nos empuja a comprar, con la excusa de alimentar mitos y creencias que mezclan lo místico con lo crematístico de manera absolutamente desvergonzada, y que nos ha enseñado que los regalos son la recompensa a haber sido buenos o, dicho de otra manera, a no haber traicionado los principios que sustentan esta sociedad banal e interesada.

Y ahí andamos comulgando todos, más o menos a disgusto, devanándonos el seso para acertar con la voluntad del regalado, sobre todo cuando el objeto de nuestra generosidad es un niño o niña. Un juguete, algo más práctico, con pilas, sin ellas, interactivo o no, que potencie valores o que entretenga suficientemente... las variables son infinitas y la influencia de los poderes mediáticos descomunal.


En estos días, en los que uno de cada tres anuncios son de perfumes, nos asalta, a los que tenemos niños a nuestro alrededor con los que cumplir, la gran duda. ¿Juguetes o juegos? ¿Calle o cuarto de estar? ¿Actividad o sedentarismo?

Más calle y menos cuarto de estar

Al final, la cuestión se reduce muchas veces a objetos para permanecer en casa más entretenidos y dóciles o elementos que necesiten el espacio abierto para cobrar sentido y utilidad. Y, curiosamente, cada vez los medios de comunicación y consumismo nos enfocan más a retenernos en el cuarto de estar, en sus dominios, que a salir a la calle, un medio mucho menos controlable y donde las cosas ocurren de manera azarosa.

En este orden de cosas, donde todos los intereses nos tratan de convencer de que la calle es mucho menos segura y previsible que el salón de nuestra casa, debemos recordar que es en ese terreno común donde las cosas ocurren realmente y donde dependen de nosotros mismos, de nuestras habilidades, de nuestra destreza, de nuestra experiencia.

Es ahí donde tenemos algo que hacer y donde nuestro papel es protagonista. Es ahí donde podemos decidir al menos en la parte que nos toca que es: cómo vamos a desenvolvernos, cómo vamos a relacionarnos y cómo vamos a movernos. Y ahí una bicicleta puede cobrar un sentido y una dimensión importante. Decisiva.

Así pues, regálale una bici, porque mientras sigues cumpliendo con la expectativa del universo de los juegos y los juguetes, puedes estar regalando un vehículo que haga que su jinete adquiera una consciencia, una conciencia y una destreza que sean valiosas para el resto de su vida.

Piénsatelo y actúa. Estarás participando en la construcción de un mundo un poco mejor en el que tú también saldrás beneficiado.

martes, 21 de febrero de 2012

La ciudad de nuestros niños

No voy a caer, aunque merece la pena recordarlo de vez en cuando, en hacer otro homenaje a Tonucci y su nunca suficientemente reconocida obra. No. Lo de hoy es mucho más prosaico, mucho más sencillo, mucho más real.

Hoy he dejado a mi pequeña en el cuarto de baño con un juego de construcciones adhesivas y, a la vuelta de un buen rato de entretenimiento silencioso, la he visitado y me he encontrado esto.

No voy a intentar analizar todos los detalles de su construcción. Sólo uno. En su ciudad compacta las personas son protagonistas y los coches están aparcados en las afueras. No le he pregutado nada, le he pedido permiso para sacar una foto y lo hemos dejado ahí hasta que se vaya cayendo en la próxima ducha.

Muchas veces creemos que sabemos lo que quieren nuestros niños porque nos afanamos en convencerles, mediante engaños y artimañas, de que les ilusione lo que les tenemos preparado porque realmente nos interesa a nosotros. Pero muy pocas veces les dejamos a ellos imaginar, con esa prodigiosa imaginación que tienen, con esa capacidad de inventar y reinventar, de improvisar, de cambiarlo todo, de poner las cosas del revés, de echar por tierra lógicas contratastadas, miedos infundados, inercias obsesivas y vicios añejos. En un simple juego, aprenderíamos mucho.

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jueves, 5 de mayo de 2011

El embotellamiento es un juego

Embotellamientos, atascos, congestión, retenciones... nadie puede ser tan estúpido de no darse cuenta que esto no es más que un juego. Perverso, pero juego. Hemos jugado con la expansión urbanística, hemos jugado con las autopistas urbanas e interurbanas, hemos jugado con la cesión del suelo y del subsuelo para el aparcamiento y ¿qué hemos conseguido? Atraer a más gente a jugar al juego del tráfico, al juego de la movilidad.

No hay que darle muchas vueltas. Cuando todos nuestros esfuerzos se han encaminado a tratar de lograr la ubicuidad todos a la vez, ¿quién de verdad no había pensado que no iba a haber sitio para todos?

Seamos serios. Lo sabíamos. Estábamos jugando. Jugando a destruir ciudades, jugando a acorralar peatones, jugando a atemorizar a la población, jugando a las casitas, jugando a las carreras, jugando a los autos de choque.

Hoy he tenido la oportunidad de ver uno de los juguetes que hay por casa, uno de esos regalos de algún familiar ingenioso: el "Rush Hour" de Thinkfun (Everybody Plays), algo así como la "Hora Punta" de Divertidea (Todo el mundo juega). La imagen de la caja me ha cautivado, el mensaje más aún: Escapa del atasco. ¡Ese es el juego! Demostrar que podemos pasar hasta cuarenta niveles de congestión y escapar del embrollo. Pura habilidad.

Y funciona. Aún creemos que vamos a tener suerte, que vamos a llegar en pocos minutos aunque sea hora punta, que vamos a encontrar sitio en la puerta de nuestro destino, que los gurús de la semaforización nos van a ayudar, que la diosa prioridad va a interceder por nosotros, que la santa prisa va a mejorar nuestra pericia al volante. Y seguimos jugando a eso.

Tú también puedes jugar. ¡Suerte!



Para un ciclista el embotellamiento también puede representar una dificultad, pero no hay duda de que no le condiciona más que en la mera ocupación de espacio y en la polución. Al final no deja de ser una situación de tráfico calmado, incluso estático. Es triste pero es real.



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lunes, 31 de enero de 2011

Lego, Playmobil: construyendo una nueva movilidad

Juegos infantiles. Una etapa decisiva en la configuración del imaginario personal. Visto en algún artículo anterior, la mayoría de los juguetes que el aparato comercial dirige a nuestros menores entrañan las más arraigadas orientaciones culturales que aqueja nuestra sociedad: motorización, agresividad, competitividad o sexismo. Ahora bien, siempre podemos encontrar resquicios por los que escapar de estas lógicas incluso dentro de los mismos monstruos megalíticos que son algunos de estos grupos empresariales.

He querido recoger algunas pruebas de esto y algunas escenificaciones que se han hecho con estos juguetes para enviar mensajes más o menos organizados.

Juguetes

Siempre había habido bicicletas en los juegos de construcción de espacios públicos más clásicos como son Lego y Playmobil. Eran un elemento más del universo urbano.

Ultimamente he visto algunos modelos que me han llamado la atención porque recogen una cultura de la bicicleta mucho más avanzada. Bicicletas de carga, bicicletas con remolque o con silleta para transportar niños, son elementos que atestiguan la presencia que la bicicleta tiene en algunas partes del mundo y que deberíamos aprovechar aquí, donde no son tan familiares. Para ponerlos en juego. El colmo es el butanero chino.


Elementos que pueden ayudar a nuestros menores a construir un mundo que integre de manera natural estos elementos, que juegue con ellos, que les haga perder prioridades sobrevenidas, con la simplicidad y alegría con la que sólo un niño es capaz de jugar... y de entenderlo.

Animaciones

En los últimos años, además, esa estética se ha aprovechado también para animar algunos mensajes y adecuarlos así a un lenguaje universal: el lenguaje infantil.

Desde escenificaciones caseras con argumentación ciclista tópica realmente sesgada...



... pasando por interesantes propuestas estilísticas...



... hasta acertados mensajes institucionales sobre seguridad vial para ciclistas.



Yo me sigo quedando con este, aunque no tenga motivos de bicicletas. A mis hijos también es el que más les gusta.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La ciudad imaginada

Efectivamente, ciencia ficción. A veces es conveniente hacer este tipo de ejercicios. Si no, la realidad resulta demasiado anodina, triste, estática.

¿Nunca has imaginado como sería tu calle, tu barrio, tu pueblo, tu ciudad ideal? O dicho de otra manera, qué cambiarías en tu entorno para conseguir que se parezca más a ese lugar soñado. ¿No lo has hecho nunca? Pues deberías hacerlo.

Es realmente interesante imaginar lugares conocidos y cambiarles el aspecto, el ambiente o la funcionalidad que desempeñan en la actualidad. Es verdad que no somos planificadores, nadie lo es. De hecho esto está así después de muchos años de planificación. La propuesta es un ejercicio mucho más infantil: jugar a las ciudades. Pero con tu propia ciudad.


Imagina que está en tu mano decidir si en una calle se pueden poner árboles, si se puede cambiar la iluminación, si se pueden colocar bancos o columpios, si se puede reducir el tráfico en otra, o quitar plazas de aparcamiento, si una plaza se puede peatonalizar, si en un edificio abandonado se puede hacer un centro cívico, si se puede hacer un parque quitando la vía del tren, qué pasaría si la avenida principal en el centro de la ciudad se redujera a la mitad de su capacidad... ¿de verdad que no has jugado nunca a esto? Pues es realmente interesante. Y es más interesante ver las consecuencias que cada una de esas decisiones tendría.

Yo lo hago a menudo. Casi cada vez que camino por mi ciudad, que es la que conozco, la que vivo, la que me importa. ¿Por qué? Porque miro, porque observo y porque no me gustan muchas cosas que veo. Veo demasiados coches ocupando demasiado espacio y corriendo demasiado por el centro de la ciudad, veo peatones haciendo itinerarios imposibles, veo demasiados niños de la mano de sus padres, veo gente mayor caminando con dificultad en medio de la prisa de los demás, veo gente andando en bicicleta de malas maneras, veo autobuses atrapados en medio del tráfico, veo demasiados semáforos y demasiadas rotondas. Y no me gusta.


Y entonces me pongo a imaginar. ¿Qué pasaría en esta calle si quitáramos un carril en cada sentido? ¿Y si con ese espacio ampliáramos las aceras? ¿Qué pasaría en esta plaza si pusiéramos columpios y unos cuantos árboles y bancos, algunos cubiertos? ¿Que pasaría si por esta avenida sólo pudieran circular autobuses? ¿Y si en esta cuesta habilitáramos un arcén para que los ciclistas subieran tranquilos? Es realmente emocionante. Y es ilusionante. Todo se puede mejorar. Todo. Ese es el truco.

Ahora imaginemos por un momento que tu vida depende de ti y que tú eres capaz de decidir cómo configurar el espacio donde te desarrollas. ¿Demasiado? Vale. Pongamos entonces que eres capaz de tomar parte en procesos, en foros que se convocaran para decidir qué se podría cambiar en tu entorno para mejorarlo. ¿También es mucho? Recuerda que estamos hablando ciencia ficción.

¿Qué propondrías?

Fotos: Made by Joel