Lo de que el tiempo, el malo claro, es una de las excusas más recurrentes entre la gente que ve en la bici una opción con más pegas que otra cosa se vende como un tópico fácilmente desmontable por el simple hecho de que en esos países donde la bicicleta se usa de una manera masiva el tiempo no es para nada respetuoso en el invierno (y tampoco en el otoño ni en la primavera).
Sí, es verdad, en Holanda, en Dinamarca y en Alemania hace malo en invierno, y hace frío y hay poca luz, y en Suecia no digamos, y, sin embargo, eso no arredra a nórdicos y centroeuropeos en su empeño de utilizar la bicicleta como medio de transporte. No, eso no es una excusa para ellos. Por eso no debería ser excusa para nosotros tampoco y así lo decimos y repetimos. Lo que pasa es que ellos son vikingos y teutones y nosotros no. Por eso, cuando el frío aprieta y las inclemencias azotan nuestras latitudes, las tropas ciclistas urbanas se diezman. Invariablemente.
Es por eso que hay que insistir en el argumento. Porque esto debe plantearse como una misión, donde los adeptos rebosen convicción, fe en su elección. El hábito hace al monje que dice el refrán. Y el sacrificio no es tanto cuando hay muchos parroquianos haciendo el mismo ejercicio. Eso han debido pensar muchos. Al menos por estos lares.
Lo que sorprende es que este tipo de llamamientos procedan precisamente de esos lugares donde nadie se cuestiona el tema. El ejemplo nos llegó ayer mismo en forma de reto bajo el nombre literal de Día Internacional de ir en Bici al Trabajo en Invierno, que en inglés suena mejor (International Winter Bike to Work Day). Y nos llegó desde el Norte más ciclista.
El reto consiste en geoposicionarte en un mapa global en el que tu aportación, tu gota, es comprometerte a ir en bici al trabajo el viernes 13 de Febrero haga el tiempo que haga. Así de simple... al menos sobre el papel. El gancho es ver un mapa lleno de gotas, tantas como ciclistas que dicen que van a cumplir el reto, tantos como gotas de lluvia o copos de nieve en ese Viernes 13. Se aprovecha la propuesta para hacer una breve encuesta sobre el sujeto y el objeto del reto (perfil de la persona, itinerario, opinión sobre los elementos que más promocionan o motivan los viajes en bici, etc.)
Bonito y con esas pretensiones virales que tanto nos gustan hoy en día. Lo sospechoso es que la invitación a semejante reto es que no provenga de Italia, España, Portugal o Grecia sino de Holanda. ¿Qué mueve a una holandesa a querer hacer cruzada de algo que para ellos es absolutamente normal e incuestionable? Y ¿por qué no se propone un reto parecido en Julio o Agosto donde en el otro hemisferio de este planeta las cosas se ponen más difíciles, al menos en lo que a la meteorología se refiere? ¿O es que la cosa ciclista también es una exclusiva del Norte?
What it Feels Like in Winter Cycling Paradise from Winter Bike to Work Day on Vimeo.
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miércoles, 14 de enero de 2015
En bici al trabajo, también en invierno
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domingo, 25 de mayo de 2014
Hoy Su no ha venido a trabajar
Y no ha sido porque tenía un día disponible, tampoco es que le hayan despedido o hayan optimizado su puesto de trabajo. No, Su no ha venido porque estaba de baja.
Su trabaja con nosotros en Oraintxe desde hace algo así como 10 años, aunque parece que lo haya estado haciendo desde siempre. Su trabaja en bicicleta, en triciclo, en oficina y algunas veces conduciendo una furgo. Nada especial, nada que no hagan otros y otras en nuestra empresa. Sobre todo otras.
Recuerdo cuando nos cuestionábamos si el trabajo de ciclomensajero era demasiado duro para las chicas, duda que se nos disipó cuando contratamos a la primera, que todavía hoy sigue con nosotros. Las chicas en bici funcionan perfectamente. Muchas veces mejor que los tíos por una mera cuestión de regularidad y predisposición.
Las chicas en bicicleta normalmente son más prudentes, mejor avenidas en caso de conflicto y mejor predispuestas al trabajo, menos agresivas, menos impulsivas, más discretas, más suaves y más atentas a los detalles. Al menos las que trabajan con nosotros, aunque haya excepciones que lo confirmen o precisamente por eso.
Su es un buen ejemplo de ello. Pero hoy no ha venido a trabajar y la hemos echado en falta. Y no ha venido, no por capricho sino porque ayer una conductora despistada no le cedió el paso en un cruce entre dos calles 30. No ha sido gran cosa, pero el toque, además del susto, le ha fisurado un dedo del pie derecho (su parachoques en este caso).
Su circulaba por la calzada, por el centro del carril de una de esas calles que conoce perfectamente, visible, prevenida, con indumentaria que no pasa desapercibida y con casco porque estaba trabajando, pero todo eso no fue suficiente cuando esa conductora decidió seguir su camino sin atender a la obligación de ceder al vehículo que circulaba por la calle con prioridad.
- Perdona, no te había visto - dijo nerviosa la automovilista- ... perdona... pero tú tampoco has frenado.
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jueves, 10 de abril de 2014
La ciudad que defiende al peatón es una ciudad ciclista
Pues sí hay una ciudad en el mundo cuyo símbolo más famoso es un icono peatonal. Es Berlín y su Ampelmännchen, el hombrecillo del semáforo, ese personaje que representa a la vez la memoria histórica de una ciudad bipolar en la que Occidente quiso eliminar la imaginería del Este (ese hombrecillo sólo habitaba en los semáforos del Berlín oriental) y el reconocimiento y la reivindicación popular de un simpático enanito con sombrero que nadie quería que desapareciese.
Esa ciudad que ha decidido defender la imagen del peatón como uno de sus símbolos más identificativos es una ciudad ciclista y no precisamente por sus infraestructuras, y decididamente no lo es por sus bicicletas públicas, ni siquiera porque haya conseguido alejar el coche de sus centros neurálgicos. Berlín es una ciudad ciclista porque allí la gente va en bici de manera habitual a los sitios. Y lo hace con total naturalidad.
Ayuda mucho que sea una ciudad plana como la palma de una mano. Ayuda también que se haya hecho complicada la circulación en coche en algunas zonas. Sin embargo Berlín sigue siendo una ciudad bicéfala, multicéfala, sin un centro histórico, sin un único punto de referencia sobre el que organizar una mancha peatonal, por ejemplo, y eso ha favorecido el desarrollo del vehículo a pedales.
Ayuda también su carácter bohemio, neohippie, posmoderno, hipster o como se le quiera etiquetar. Berlin es una ciudad dinámica, joven, descreída, descarada, desmitificadora, y la bicicleta en ese escenario ha cuajado, como no podía ser de otra manera.
Basta asomarse a la calle en una de esas mañanas metálicas para comprobarlo. Bicicletas en las calles, bicicletas en los patios, bicicletas en las estaciones, bicicletas en las escuelas y en los centros de trabajo, y muchas bicicletas desplazándose, desplazando a mayores y menores, mujeres y hombres, tranquilos y apresurados, despistados y atentos.
Esta ciudad amable y dinámica, entrañable y fría, cercana y distante, es una ciudad donde la gente que se desplaza en bici está comprendida, está integrada, está normalizada y todo eso se ha hecho sin alardes de infraestructuras, sin ostentación mediática, sin prepotencia, sin propaganda, sin más.
Y lo ha hecho con un respeto escrupuloso de los derechos y de los espacios de los peatones. Con sus excepciones, pero siempre desde el reconocimiento de los verdaderos protagonistas de la calle que son las personas. Hay una imagen que quizá simbolice y resuma esta cualidad y esta calidad. Una imagen que resume también el entendimiento entre ciclistas y peatones.
Esa ciudad que ha decidido defender la imagen del peatón como uno de sus símbolos más identificativos es una ciudad ciclista y no precisamente por sus infraestructuras, y decididamente no lo es por sus bicicletas públicas, ni siquiera porque haya conseguido alejar el coche de sus centros neurálgicos. Berlín es una ciudad ciclista porque allí la gente va en bici de manera habitual a los sitios. Y lo hace con total naturalidad.
Ayuda mucho que sea una ciudad plana como la palma de una mano. Ayuda también que se haya hecho complicada la circulación en coche en algunas zonas. Sin embargo Berlín sigue siendo una ciudad bicéfala, multicéfala, sin un centro histórico, sin un único punto de referencia sobre el que organizar una mancha peatonal, por ejemplo, y eso ha favorecido el desarrollo del vehículo a pedales.
Ayuda también su carácter bohemio, neohippie, posmoderno, hipster o como se le quiera etiquetar. Berlin es una ciudad dinámica, joven, descreída, descarada, desmitificadora, y la bicicleta en ese escenario ha cuajado, como no podía ser de otra manera.
Basta asomarse a la calle en una de esas mañanas metálicas para comprobarlo. Bicicletas en las calles, bicicletas en los patios, bicicletas en las estaciones, bicicletas en las escuelas y en los centros de trabajo, y muchas bicicletas desplazándose, desplazando a mayores y menores, mujeres y hombres, tranquilos y apresurados, despistados y atentos.
Esta ciudad amable y dinámica, entrañable y fría, cercana y distante, es una ciudad donde la gente que se desplaza en bici está comprendida, está integrada, está normalizada y todo eso se ha hecho sin alardes de infraestructuras, sin ostentación mediática, sin prepotencia, sin propaganda, sin más.
Y lo ha hecho con un respeto escrupuloso de los derechos y de los espacios de los peatones. Con sus excepciones, pero siempre desde el reconocimiento de los verdaderos protagonistas de la calle que son las personas. Hay una imagen que quizá simbolice y resuma esta cualidad y esta calidad. Una imagen que resume también el entendimiento entre ciclistas y peatones.
jueves, 13 de marzo de 2014
Al sol, bicicletas
Hoy toca una de hedonismo. Para los que vivimos en el lado oscuro, el sol invernal nos resulta doblemente reconfortante por escaso. Después de unos meses duros y unas últimas semanas borrascosas, por fin ha habido una tregua en las inclemencias y el sol lleva luciendo unos días seguidos y se ha hecho notar en la moral de la gente y en la ocupación de las calles.
La gente se ha echado a la calle con alegría inusitada, tratando de aprovechar el momento, el armisticio meteorológico, y, además de las habituales, las bicicletas ocasionales se han atrevido otra vez a salir con sus pasajeros a bordo, felices, nerviosos por haber perdido el hábito pero emocionados de su atrevimiento y de las sensaciones que reviven.
Después de la tormenta siempre sale el sol y con el sol llegan los caracoles y las bicicletas se multiplican.
Fotos: Adoquines y losetas.
La gente se ha echado a la calle con alegría inusitada, tratando de aprovechar el momento, el armisticio meteorológico, y, además de las habituales, las bicicletas ocasionales se han atrevido otra vez a salir con sus pasajeros a bordo, felices, nerviosos por haber perdido el hábito pero emocionados de su atrevimiento y de las sensaciones que reviven.
Después de la tormenta siempre sale el sol y con el sol llegan los caracoles y las bicicletas se multiplican.
Fotos: Adoquines y losetas.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Glamour y bicicleta
No la bicicleta no da necesariamente elegancia ni aporta atractivo por el mero hecho de montarla.Dicho esto, hay que dejar constancia de que cada vez hay más gente con glamour que anda en bicicleta y cada vez hay más gente que anda en bicicleta con glamour.
Glamour entendido como una elegancia especial que exhiben muchas personas que transmiten una actitud, una seguridad y una soltura que las hace atractivas.
Indudablemente son personas que se cuidan y que cuidan los detalles, pero, más que eso, son personas que tienen una forma de moverse, una forma de estar, una presencia que las hace especialmente atractivas.
A ese tipo de personas, la bicicleta les sienta bien y, normalmente, cuando este tipo de personas eligen la bicicleta como vehículo aciertan, y aciertan en la manera de utilizarla, hacen de la bicicleta una extensión de su persona, forman con sus bicicletas un solo ente, una unidad mágica, sensual, distinguida pero terriblemente natural, inconfundiblemente normal, sin exageraciones, sin desatinos, sin pasar desapercibidas pero sin dar la nota.
Esa discreción brillante, esa sensualidad sugerente, esa conjunción armoniosa, esa elegancia indiscutible también está presente entre los que andan en bici. Y cada vez más. Gente que hace lo que cree y cree en lo que hace y en cómo lo hace. Gente que aporta dignidad, clase, estilo.
No te cansas nunca de verlos pasar.
lunes, 25 de febrero de 2013
Una docena de consejos para circular en bicicleta sobre nieve y hielo
Actualmente, debido a motivos ecológicos, urbanísticos y desgraciadamente económicos, en España se está experimentando un auge creciente del ciclismo urbano por motivos utilitarios, motivos que se tienen durante todo el año.
No obstante, todavía tenemos carencias culturales y prejuicios al respecto. Uno de ellos es que las bicicletas son para el verano, lo cual es tan cierto como que también son para el invierno, solo es cuestión de saber cómo, para lo que adelanto una docena de consejos y trucos.
1. Baja el sillín
Coloca el sillín en una posición en la que puedas colocar la planta de ambos pies en el suelo sin bajar del sillín. Así, en caso de patinazo puedes echar pie tierra rápidamente y evitar caer. Es una posición que da peor rendimiento para pedalear, pero dado que hay que circular más despacio que en seco, eso no será un problema.2. Modera la velocidad y los giros bruscos
El principal peligro de patinazo se da en las frenadas, por lo que hay que ir más despacio para minimizarlas en cantidad e intensidad. Un giro brusco también puede ocasionar un patinazo y acabar en el suelo, igual que si frenas bruscamente con el freno delantero.3. Monta en posición erguida
Además del consejo anterior, sube el pescante del manillar todo lo que puedas hasta que puedas sentarte erguido sobre el sillín soportando el mínimo peso sobre el manillar, así la rueda delantera tiene menos tendencia a patinar, y si lo hace, no se cae al suelo tan fácilmente. La postura erguida es característica de las bicicletas holandesas y las beachcruiser.4. Anticipa las frenadas solo con el freno trasero
No esperes a frenar hasta el último momento, deja de pedalear con anticipación para después frenar menos, y cuando lo hagas y usa el freno trasero. El freno delantero puede provocar que la rueda delantera patine y acabes en el suelo.5. Escoge las calles más limpias
Los planes de vialidad invernal municipales establecen un orden de preferencia a la hora de limpiar las calles de las ciudades, se limpian antes y con mayor frecuencia las avenidas y calles de mayor tránsito.Además, aunque en condiciones normales estas vías soportan un tráfico intenso y poco pacificado, con nieve o hielo el tráfico es menor y más lento. El primer día de una nevada te puedes sorprender adelantando a los automóviles a pesar de ir com más prudencia de lo habitual, en España los automovilistas no saben conducir sobre hielo y por eso van muy despacio.
6. Circula sobre las rodadas
Las rodadas de otros vehículos están más limpias, sobre todo si son de coches y más aún de camiones. La nieve puede estar helada con lo que es intransitable, o no estarlo y esconder algún bache, socavón, u otras sorpresas desagradables.7. Presta atención a las condiciones del firme
Si el firme está nevado o helado este consejo parece obvio, pero cuando no lo está puede solo parecerlo, puede haber hielo negro, que en realidad es transparente. No se ve a primera vista, se distingue cuando el firme refleja la luz con destellos de escarcha, pero como suele aparecer en zonas umbrías el difícil que la luz incida para ver los reflejos.8. Presta atención a los automóviles
Los automóviles son más pesados, por lo que patinan más fácilmente por inercia en las curvas y en las frenadas, para las que necesitan mucho más recorrido que en seco y desde luego más que a una bicicleta a la misma velocidad. Además el conductor español es inexperto sobre hielo, lo cual hace aún más impredecible sus maniobras. Por todo ello mantén una distancia aún más prudencial.9. No olvides la iluminación
En condiciones de visibilidad adversas es importante hacerse ver para evitar más de un susto. Luz trasera, delantera y reflectantes trasero y laterales.10. Viste adecuadamente
Viste con varias capas para que el aire atrapado entre ellas haga de aislante térmico. Usa por fuera un impermeable transpirable, y por dentro un jersey de lana o un forro polar y debajo una camisa o camiseta. No te abrigues demasiado o puedes sudar, y el sudor después se enfría y se pasa muy mal. Usa guantes, gorro y bufanda o braga, siempre cubriendo las orejas.Ten a mano unos pantalones impermeables para ponerse cuando nieve o llueva, o para cortar el viento, y que te puedes quitar al llegar a destino. Para un trayecto corto, de menos de 5 km, no es necesario que sean transpirables, pero es aconsejable. Si hace mucho frío viste un calzón de algodón hasta los tobillos por debajo del pantalón.
Usa calzado de invierno con calcetines de lana. En caso de frío extremo usa más de un par. Si el calzado no es impermeable protégelo de la humedad con spray hidrófugo, con cubiertas de calzado, o usando un pantalón impermeable algo más largo.
11. Usa una bicicleta adecuada
El cambio interno y los frenos de buje se ven mucho menos afectados por la humedad y el frío como les sucede a los frenos de zapata o disco, y a los cambios con corona y desviador. Además el cambio con buje interno permite el carenado integral de la transmisión, piñón, cadena y plato, para protegerla de las inclemencias. Otras opción de transmisión menos sensible al clima es la transmisión por cardan. Estas bicicletas suelen ser de posición erguida. Los guardabarros se dan por descontado.Como contrapartida, estas bicicletas ofrecen prestaciones menos deportivas, pero ese no es nuestro objetivo.
12. O adapta tu bicicleta
Tampoco es cuestión de comprar otra bicicleta, pero al menos debes tener los guardabarros y segur los consejos ergonómicos anteriores, aunque los frenos chirriarán y tendrás que cuidar la transmisión, aunque si tu ciudad es del las que llueve mucho, te recomiendo el consejo anterior.Puedes cambiar las cubiertas por unas de invierno, pero no hará falta que sean de clavos, y si ocasionalmente éstos hicieran falta y no cambiaste las cubiertas puedes recurrir a esta solución casera.
Si habéis llegado a leer hasta aquí seguro que ya tenéis ganas de lanzaros con la bici al hielo, si es ese el caso seguid algunos de los consejos de aquí y acá, y para que veáis que esto está al alcance de cualquiera, os muestro este vídeo de la ciudad holandesa de Utrecht, donde el frío es bastante más riguroso que en cualquier latitud española.
Como podréis ver, cualquiera en esa ciudad es capaz, sea cual sea su edad, sexo y condición social. Si no lo haces, di simplemente que es que no quieres, no hacen falta excusas.
artículo escrito por Fernando Clavijo en una docena de...
imagen cortesía de Lambert Wolterbeek Muller con licencia Creative Commons
martes, 5 de febrero de 2013
El Ciclista Respetable
Hay maneras y maneras. Y la convivencia depende muchas más veces de cómo se hacen las cosas que de qué cosas se hacen. De la actitud, de la paciencia, de la prevención, de la empatía. Es una cuestión de estilo, de talante, de visión de la vida, del entorno, de los demás y de la forma de relacionarse con todo ello.
Por eso quien demuestra ser respetuoso, más allá de las normas, más allá de los casos, debe ser respetable, porque gracias a este tipo de personas, con este tipo de actitudes se construye la vida en sociedad de forma civilizada, amable, digna y pacífica.
Sólo deberían merecer respeto quienes a su vez lo profesan. Sólo las personas que son capaces de realizar sus actividades sin incordiar a los demás. Así todo funcionaría sin necesidad de regularlo todo demasiado. Lo que pasa es que muchas veces, demasiadas, la excepción justifica la regla y una vez que la regla existe su transgresión origina enfrentamiento, crispación, violencia. Y entonces se pierde la oportunidad de ser respetuoso porque la regla incorpora el obligado cumplimiento y ahí acaba la cosa. Y el juego social se empobre, se envilece, se normativiza.
Así pues, un saludo y un homenaje a las Personas Respetuosas. Cada vez más.
Por eso quien demuestra ser respetuoso, más allá de las normas, más allá de los casos, debe ser respetable, porque gracias a este tipo de personas, con este tipo de actitudes se construye la vida en sociedad de forma civilizada, amable, digna y pacífica.
Sólo deberían merecer respeto quienes a su vez lo profesan. Sólo las personas que son capaces de realizar sus actividades sin incordiar a los demás. Así todo funcionaría sin necesidad de regularlo todo demasiado. Lo que pasa es que muchas veces, demasiadas, la excepción justifica la regla y una vez que la regla existe su transgresión origina enfrentamiento, crispación, violencia. Y entonces se pierde la oportunidad de ser respetuoso porque la regla incorpora el obligado cumplimiento y ahí acaba la cosa. Y el juego social se empobre, se envilece, se normativiza.
Así pues, un saludo y un homenaje a las Personas Respetuosas. Cada vez más.
domingo, 20 de enero de 2013
No necesitamos más socorristas sino más nadadores
Padecemos una plaga ideológica que nos hace creernos víctimas con más facilidad que protagonistas y es de tal manera endémica que ya nadie cree que está en su mano nada que no haya venido nadie a ofrecerle en forma de salvación y solución a su problema. Así nos va, claro. Lo que pasa es que estamos ya tan acostumbrados a quejarnos, que sólo mediante la queja, el sufrimiento y el sacrificio creemos que estamos en el camino correcto. Por eso necesitamos a nuestro alrededor socorristas para salvarnos, porque hemos querido creer que solos no podremos mantenernos y mucho menos cambiar nada..
Creo que ya vale de funcionar con "ángeles de la guarda" y salvadores. Hay que ponerse a nadar cada uno en su casa, en el mar que le corresponda, con el estilo que prefiera, pero con decisión y coraje. Solo, sola, afrontando cada uno la ansiedad de mantenerse a flote, de guardar el equilibrio y de avanzar. Porque esto es una decisión personal e intransferible.
Claro que necesitaremos a veces contar con una representación elegida democráticamente que haga valer nuestra voz ante los dueños del poder, pero nunca deberemos dejar que su arrogancia les desenfoque de su cometido y se atribuyan poderes que no les han sido encomendados, porque estaremos alimentando a más socorristas.
Por eso, basta de dar pábulo a toda esa pléyade de iluminados que se atribuyen poderes mágicos y misiones alucinantes y empecemos a alumbrar cada uno nuestra pequeña vereda, porque cada vez somos más luciérnagas y cada vez nos hacemos ver más en la noche de los tiempos que nos han tocado vivir.
Creo que ya vale de funcionar con "ángeles de la guarda" y salvadores. Hay que ponerse a nadar cada uno en su casa, en el mar que le corresponda, con el estilo que prefiera, pero con decisión y coraje. Solo, sola, afrontando cada uno la ansiedad de mantenerse a flote, de guardar el equilibrio y de avanzar. Porque esto es una decisión personal e intransferible.
Claro que necesitaremos a veces contar con una representación elegida democráticamente que haga valer nuestra voz ante los dueños del poder, pero nunca deberemos dejar que su arrogancia les desenfoque de su cometido y se atribuyan poderes que no les han sido encomendados, porque estaremos alimentando a más socorristas.
Por eso, basta de dar pábulo a toda esa pléyade de iluminados que se atribuyen poderes mágicos y misiones alucinantes y empecemos a alumbrar cada uno nuestra pequeña vereda, porque cada vez somos más luciérnagas y cada vez nos hacemos ver más en la noche de los tiempos que nos han tocado vivir.
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domingo, 6 de enero de 2013
La ciudad desde el manillar
Viajar en bicicleta, circular en bicicleta, moverse en bicicleta tiene una ventaja respecto a los demás medios de transporte: en bicicleta ves, oyes, sientes y te puedes parar prácticamente donde quieras. Eso te permite tener una perspectiva más directa, más cercana, más inmediata y más tangible del entorno.
Si a eso le sumamos la inocencia de la mirada de un niño, descubriremos que en bicicleta las cosas se ven de otra manera, porque da tiempo a verlas y a interpretarlas, porque en bici, circulando relajado, da tiempo a reflexionar sobre lo que estás viendo.
Es lo que le pasó el otro día a Mikael Colville, Copenhagenize, yendo con su hija cuando se encontraron un par de pimientos en un paso de cebra. A ningún automovilista le hubiera importado un comino semejante insignificancia en su trayectoria. Uno, porque no hubiera podido verlo. Dos, porque no hubiera podido evitarlo. Tres, porque un automovilista no repara en esas tonterías.
Un ciclista, o un pasajero en una bicicleta, puede verlo, pararse a comprobar qué es, cogerlo e incluso dedicarle un momento a una reflexión, como le paso a la niña de Mikael.
Recuerdo un día...
...que iba con mis dos pequeños pasajeros en nuestro vehículo a pedales y el mayor me pregunto:
- Oye aita ¿te has dado cuenta que todos los bancos están en las esquinas?
Cierto, pensé, y mientras esperábamos a que se pusiera en verde el semáforo le dije.
- Sí, porque son los mejores sitios y ellos son los únicos que pueden pagar el precio de los alquileres... que ellos mismos se han encargado en subir hasta precios que la gente normal no podía pagar.
- Ya -me contestó- pero no dan ambiente a la calle, porque parece que siempre están cerrados.
Un momento que sólo puede tener lugar cuando vas en bici... o andando.
Si a eso le sumamos la inocencia de la mirada de un niño, descubriremos que en bicicleta las cosas se ven de otra manera, porque da tiempo a verlas y a interpretarlas, porque en bici, circulando relajado, da tiempo a reflexionar sobre lo que estás viendo.
Es lo que le pasó el otro día a Mikael Colville, Copenhagenize, yendo con su hija cuando se encontraron un par de pimientos en un paso de cebra. A ningún automovilista le hubiera importado un comino semejante insignificancia en su trayectoria. Uno, porque no hubiera podido verlo. Dos, porque no hubiera podido evitarlo. Tres, porque un automovilista no repara en esas tonterías.
Un ciclista, o un pasajero en una bicicleta, puede verlo, pararse a comprobar qué es, cogerlo e incluso dedicarle un momento a una reflexión, como le paso a la niña de Mikael.
Recuerdo un día...
...que iba con mis dos pequeños pasajeros en nuestro vehículo a pedales y el mayor me pregunto:
- Oye aita ¿te has dado cuenta que todos los bancos están en las esquinas?
Cierto, pensé, y mientras esperábamos a que se pusiera en verde el semáforo le dije.
- Sí, porque son los mejores sitios y ellos son los únicos que pueden pagar el precio de los alquileres... que ellos mismos se han encargado en subir hasta precios que la gente normal no podía pagar.
- Ya -me contestó- pero no dan ambiente a la calle, porque parece que siempre están cerrados.
Un momento que sólo puede tener lugar cuando vas en bici... o andando.
viernes, 7 de diciembre de 2012
La más rápida del lugar
Vivimos en ciudades adaptadas a los coches, donde todo se ha ordenado para favorecer su circulación, su aparcamiento, su
dominio. Todas las facilidades han sido pocas para acondicionar el espacio para que el coche tenga sentido: autopistas
urbanas, rondas exteriores e interiores, grandes playas de aparcamiento, semaforización favorable, discriminación del resto
de medios de transporte, reclusión de los peatones en aceras e islotes peatonales.
En esta ciudad de los coches, los ciclistas no son bienvenidos porque obstaculizan, ralentizan y dificultan el tráfico fluido. Sin embargo y pese a todas estas condiciones favorables, el coche sigue sin ser el más rápido en la mayoría de los trayectos urbanos. La más rápida sigue siendo la bicicleta, para sorpresa de propios y extraños y para mayor crispación de los automovilistas.
¿Por qué? Pues, fundamentalmente, por el aparcamiento. Analizábamos en otra entrada el apropiamiento del espacio que tuvo lugar en los años 50 para dar cabida y oportunidad a la expansión masiva del coche en nuestras ciudades. La sobreocupación tanto de la superficie como del subsuelo para dar facilidades a los coches, así como la ordenación del tráfico a favor del coche, no han bastado para hacerlo suficientemente competitivo respecto a la bicicleta. Tampoco la habilitación de aparcamientos subterráneos de rotación y las zonas de estacionamiento regulado han servido para nada más que para aumentar las expectativas de los automovilistas e incrementar el tráfico hacia dichas zonas.
Recordemos que 1 de cada 3 viajes urbanos que realizamos recorren distancias inferiores a los 3 kilómetros, y 1 de cada 2 inferiores a 5, distancias en las cuales las bicicletas son el medio de transporte más competitivo siendo rigurosos en la medición de los tiempos. ¿Por qué? Porque no aparcan o, dicho de otra manera, porque pueden llegar prácticamente hasta la puerta sin necesidad de aventurarse durante unos cuantos minutos en la búsqueda de aparcamiento.
La media de tiempo dedicado al aparcamiento en nuestras ciudades ronda los 20 minutos. 20 minutos es lo que le cuesta a una bicicleta recorrer (paradas de circulaciòn incluidas) 5 kilómetros a paso normal y siguiendo las normas de tráfico. ¿Cómo no pueden darse cuenta todas las personas que utilizan coches para hacer esos trayectos que pierden mucho más tiempo intentando aparcar que llegando? Pues por puro hábito.
Estamos tan habituados, tan viciados a viajar confortablemente en nuestras cabinas acondicionadas que somos capaces de obviar aspectos tan rotundos como el tiempo y así, somos capaces de negarlo, engañándonos con argumentos como el que ha potenciado la dispersión urbanística, que vendía casas a 15 minutos del centro del la ciudad, siempre contando que se recorrían en coche y siempre descontando el tiempo de aparcamiento.
Nos contaba el otro día una chica que había descubierto que, gracias a la bicicleta, su trayecto habitual, que hasta entonces lo hacía en bus o andando, se le había acortado 20 minutos. ¡20 minutos de regalo en cada viaje eran 80 minutos al día! Pongamos que exagerara y que tan sòlo fueran 15. La bicicleta le permitía disponer de 1 hora más al día para ella. Este era su argumento. Ese y que llegaba más despierta, más activa, más contenta. Verídico. Sus compañeras sonreían incrédulas, pero la miraban envidiosas.
En esta ciudad de los coches, los ciclistas no son bienvenidos porque obstaculizan, ralentizan y dificultan el tráfico fluido. Sin embargo y pese a todas estas condiciones favorables, el coche sigue sin ser el más rápido en la mayoría de los trayectos urbanos. La más rápida sigue siendo la bicicleta, para sorpresa de propios y extraños y para mayor crispación de los automovilistas.
¿Por qué? Pues, fundamentalmente, por el aparcamiento. Analizábamos en otra entrada el apropiamiento del espacio que tuvo lugar en los años 50 para dar cabida y oportunidad a la expansión masiva del coche en nuestras ciudades. La sobreocupación tanto de la superficie como del subsuelo para dar facilidades a los coches, así como la ordenación del tráfico a favor del coche, no han bastado para hacerlo suficientemente competitivo respecto a la bicicleta. Tampoco la habilitación de aparcamientos subterráneos de rotación y las zonas de estacionamiento regulado han servido para nada más que para aumentar las expectativas de los automovilistas e incrementar el tráfico hacia dichas zonas.
Recordemos que 1 de cada 3 viajes urbanos que realizamos recorren distancias inferiores a los 3 kilómetros, y 1 de cada 2 inferiores a 5, distancias en las cuales las bicicletas son el medio de transporte más competitivo siendo rigurosos en la medición de los tiempos. ¿Por qué? Porque no aparcan o, dicho de otra manera, porque pueden llegar prácticamente hasta la puerta sin necesidad de aventurarse durante unos cuantos minutos en la búsqueda de aparcamiento.
La media de tiempo dedicado al aparcamiento en nuestras ciudades ronda los 20 minutos. 20 minutos es lo que le cuesta a una bicicleta recorrer (paradas de circulaciòn incluidas) 5 kilómetros a paso normal y siguiendo las normas de tráfico. ¿Cómo no pueden darse cuenta todas las personas que utilizan coches para hacer esos trayectos que pierden mucho más tiempo intentando aparcar que llegando? Pues por puro hábito.
Estamos tan habituados, tan viciados a viajar confortablemente en nuestras cabinas acondicionadas que somos capaces de obviar aspectos tan rotundos como el tiempo y así, somos capaces de negarlo, engañándonos con argumentos como el que ha potenciado la dispersión urbanística, que vendía casas a 15 minutos del centro del la ciudad, siempre contando que se recorrían en coche y siempre descontando el tiempo de aparcamiento.
Nos contaba el otro día una chica que había descubierto que, gracias a la bicicleta, su trayecto habitual, que hasta entonces lo hacía en bus o andando, se le había acortado 20 minutos. ¡20 minutos de regalo en cada viaje eran 80 minutos al día! Pongamos que exagerara y que tan sòlo fueran 15. La bicicleta le permitía disponer de 1 hora más al día para ella. Este era su argumento. Ese y que llegaba más despierta, más activa, más contenta. Verídico. Sus compañeras sonreían incrédulas, pero la miraban envidiosas.
martes, 3 de abril de 2012
Bicicletas trabajando con dignidad
¿Un batido? ¿Un café? ¿Un helado? ¿Un crepe? ¿Una carrera en taxi? ¿La limpieza de las calles? ¿O el típico reparto y distribución de mercancías ligeras? Todo puede hacerse en una bicicleta de carga. Y hay ciudades donde, con un poco de suerte, puedes llegar a ver todas estas actividades el mismo día.
No es casualidad que sea una gran capital turística de la bici donde todas estas prácticas se hagan de esta manera: Copenhague. De hecho no deja de ser venta ambulante pero que, utilizando la bicicleta como soporte y transporte, cobra una movilidad, una cercanía y una simpatía especiales. Aunque hay otras partes del mundo donde podemos ver tantas o más propuestas como estas también en bicicleta y con la misma gracia y dignidad.
Como dijo el responsable del asunto en mi pueblo cuando solicitamos el permiso para utilizar uno de estos trastos para transportar mercancías en las zonas peatonalizadas de nuestra ciudad:
- ¡Eso, acabaremos como en Yakarta, repartiendo en bicicletas y transportando a la gente en rickshaws!
Es lo que tiene viajar, que da perspectiva. Seguiremos trabajando en ello...
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No es casualidad que sea una gran capital turística de la bici donde todas estas prácticas se hagan de esta manera: Copenhague. De hecho no deja de ser venta ambulante pero que, utilizando la bicicleta como soporte y transporte, cobra una movilidad, una cercanía y una simpatía especiales. Aunque hay otras partes del mundo donde podemos ver tantas o más propuestas como estas también en bicicleta y con la misma gracia y dignidad.
Como dijo el responsable del asunto en mi pueblo cuando solicitamos el permiso para utilizar uno de estos trastos para transportar mercancías en las zonas peatonalizadas de nuestra ciudad:
- ¡Eso, acabaremos como en Yakarta, repartiendo en bicicletas y transportando a la gente en rickshaws!
Es lo que tiene viajar, que da perspectiva. Seguiremos trabajando en ello...
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lunes, 26 de marzo de 2012
Y se hizo la luz
La primavera ha llegado de una bofetada. Una bofetada de sol, de calor y de luz. Y es que este año han acertado a acercar el cambio horario al equinoccio y nos han regalado una hora más de día a cambio de robárnosla de sueño ese día. No acabo de encontrarle un razonamiento lógico a todo esto del cambio horario y el ahorro energético que sólo se debe producir por una extraña coincidencia en Centroeuropa y que a nosotros, a estas alturas, nos daría igual. Deben ser los mercados que operan también para esto del tiempo en que nos quieren vivos y el que nos quieren recluídos.
El caso es que el horario de verano ya está aquí y nos ha cogido de sopetón. En algunas latitudes las estaciones suelen reducirse a dos, la seca y la lluviosa, aquí tenemos la estación de la luz y la de las tinieblas. Y ahora nos toca disfrutar de la de la luz. Y se ha notado. Todo el mundo se ha tirado a la calle. Sobre todo hoy domingo.
Hoy la cosa ha ido de hacer el dominguero por partida doble. Por la mañana por la carretera, por la tarde con la familia. Siempre con la bici, claro. Que no se diga. Ha sido una especie de reencuentro con la raza humana, con la fe perdida en las personas, con el tumulto, con el bullicio.
Por un lado, he podido comprobar que la afición al bello deporte de las dos ruedas, lejos de disminuir por los tristes episodios en los que se encuentra envuelto el profesionalismo, ha crecido. Las carreteras están llenas de gente en bici, debidamente pertrechada, que circula adecuadamente pese a ser, muchos de ellos, una partida de "globeros" (no iniciados). En la carretera también hay clases y categorías y mucho juego despectivo, como en la ciudad, pero multiplicado por muchos años de trayectoria. De todas formas, siempre es grato volver a recorrer las carreteras secundarias y atravesar los pueblos de la provincia. Es una forma de transportarse en el espacio y en el tiempo. Y lo digo en sentido figurado esta vez.

Por otro lado, he compartido la tarde con un montón de gente ociosa que, aprovechando el tiempo espléndido, se ha lanzado a la calle a pasear, muchos de ellos en bici. Muchísimos. Hemos recorrido algunas pistas y algunos carriles bici abarrotados de todo: bicis, caminantes y perros. Y hemos podido comprobar también cómo los carriles bici para lo que de verdad sirven es para esto, para deambular sin rumbo, por el mero placer de pedalear, con gente sin experiencia, con niños o con perros. Y me he dado cuenta de que en este sentido y con mucha precaución la cosa cobra un sentido.
No es que vaya ahora a justificar cualquier actuación, pero algunas sí cumplen esta funcionalidad, aunque curiosamente son las que llevan de ningún sitio a ninguna parte, por parques, por paseos o directamente por el campo.
No sé pero creo que la Vitamina D me ha pegado fuerte y me hace ver las cosas de otra manera. Que siga así y, por mi, que mantengan siempre el horario de verano aunque, como dicen los puretas del rollo, nos aleje dos horas del horario solar.
El caso es que el horario de verano ya está aquí y nos ha cogido de sopetón. En algunas latitudes las estaciones suelen reducirse a dos, la seca y la lluviosa, aquí tenemos la estación de la luz y la de las tinieblas. Y ahora nos toca disfrutar de la de la luz. Y se ha notado. Todo el mundo se ha tirado a la calle. Sobre todo hoy domingo.
Dominguereando
Hoy la cosa ha ido de hacer el dominguero por partida doble. Por la mañana por la carretera, por la tarde con la familia. Siempre con la bici, claro. Que no se diga. Ha sido una especie de reencuentro con la raza humana, con la fe perdida en las personas, con el tumulto, con el bullicio.
Por un lado, he podido comprobar que la afición al bello deporte de las dos ruedas, lejos de disminuir por los tristes episodios en los que se encuentra envuelto el profesionalismo, ha crecido. Las carreteras están llenas de gente en bici, debidamente pertrechada, que circula adecuadamente pese a ser, muchos de ellos, una partida de "globeros" (no iniciados). En la carretera también hay clases y categorías y mucho juego despectivo, como en la ciudad, pero multiplicado por muchos años de trayectoria. De todas formas, siempre es grato volver a recorrer las carreteras secundarias y atravesar los pueblos de la provincia. Es una forma de transportarse en el espacio y en el tiempo. Y lo digo en sentido figurado esta vez.

Por otro lado, he compartido la tarde con un montón de gente ociosa que, aprovechando el tiempo espléndido, se ha lanzado a la calle a pasear, muchos de ellos en bici. Muchísimos. Hemos recorrido algunas pistas y algunos carriles bici abarrotados de todo: bicis, caminantes y perros. Y hemos podido comprobar también cómo los carriles bici para lo que de verdad sirven es para esto, para deambular sin rumbo, por el mero placer de pedalear, con gente sin experiencia, con niños o con perros. Y me he dado cuenta de que en este sentido y con mucha precaución la cosa cobra un sentido.
No es que vaya ahora a justificar cualquier actuación, pero algunas sí cumplen esta funcionalidad, aunque curiosamente son las que llevan de ningún sitio a ninguna parte, por parques, por paseos o directamente por el campo.
No sé pero creo que la Vitamina D me ha pegado fuerte y me hace ver las cosas de otra manera. Que siga así y, por mi, que mantengan siempre el horario de verano aunque, como dicen los puretas del rollo, nos aleje dos horas del horario solar.
lunes, 5 de marzo de 2012
La nieve no es el problema
Parece que la nieve va a volver esta semana después del espejismo primaveral que hemos vivido. No está mal. Tiene que nevar en Marzo. Coincidiendo con esta noticia y para combatir el desánimo que suele motivar cualquier ola de frío entre los practicantes bicicleteros, ahí van dos videos gemelos grabados en los países nórdicos (que esos sí que saben de frío y de bicis). Animo, salud y buenos materiales.
Al mal tiempo, buena cargo.
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domingo, 5 de febrero de 2012
viernes, 3 de febrero de 2012
¡Ciclistas! rojo, amarillo y...
Una gominola para aquellas personas adictas a la ordenación del tráfico ciclista. Daría para hablar horas. Daría para escribir libros. Pero basta con 1 minuto para darse cuenta.
domingo, 25 de diciembre de 2011
Smart Ride
Hoy tengo el placer de regalaros una auténtica sorpresa agradable que ha nacido en este entorno cibernético hace apenas unas semanas. Se llama Smart Ride y es un blog que se dedica a retratar gente guapa en bicicleta en una ciudad tan complicada para hacerlo como es Madrid. Algo que se podría englobar en el movimiento Cycle Chic, pero que ha decidido no incluir su etiqueta. Es algo esencial en la eclosión y la inclusión de la bicicleta como medio de locomoción normalizado. Mostrar imágenes de gente normal con sus bicicletas normales, bien vestidas, con una actitud, con un estilo, con atractivo. Enhorabuena.
Smart = Clever + Elegant
Smart = Clever + Elegant
martes, 20 de diciembre de 2011
Esto de la bici ¿es divertido?
Etiquetas:
acera bici,
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sábado, 17 de diciembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
Veo veo
No lo acabo de ver claro. Hace ya un año y medio desde que el tema de las luces y reflectantes es obligatorio para todo aquél que quiera utilizar una bicicleta de noche se hizo obligatorio. De hecho, me acuerdo que se dio un mes de gracia en el que las policías locales iban a informar sobre ello a los infractores, sin denunciarlos, en una campaña especialmente dirigida a los ciclistas que la DGT llamó "Hazte ver y mejora tu seguridad".
Un año más tarde, todo sigue igual. O peor, porque ahora hay más ciclistas en la ciudad. Bien es cierto que la mayoría se mueve por las aceras, subrepticiamente, lo cual les debe otorgar algún tipo de exención que les exime de cumplir cualquier norma.
Igual es que es un juego que consiste en que la gente se pone en riesgo y pone en riesgo a los demás gratuitamente. O igual se trata de una nueva variante de algún deporte de aventura en versión urbana. En cualquier caso, es difícil de entender.
Solución: el ciclista es esa mancha negra a la derecha de la silla de ruedas
Nota: Todas las imágenes fueron tomadas ayer en un mismo cruce en tan sólo 15 minutos.
Igual es que es un juego que consiste en que la gente se pone en riesgo y pone en riesgo a los demás gratuitamente. O igual se trata de una nueva variante de algún deporte de aventura en versión urbana. En cualquier caso, es difícil de entender.
¿Qué ves?
Nota: Todas las imágenes fueron tomadas ayer en un mismo cruce en tan sólo 15 minutos.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
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