Mucha gente, sobre todo entre las filas ciclistas, está tergiversando un concepto que es básico y terriblemente útil en un sistema de movilidad eficiente, ecológico y deseable: la intermodalidad.
Lo que en su definición original consiste en combinar de manera secuencial distintos medios de transporte, los usuarios de la bicicleta tienden a interpretar como el derecho a introducir su vehículo en otros de mayor capacidad, normalmente de transporte colectivo. Y esto no es así. De hecho, esta pretensión de gran parte de los usuarios de bicicletas es lo que puede llevar al traste un buen proyecto de intermodalidad.
La idea de meter un vehículo dentro de otro se debería denominar "intramodalidad" y es tan excepcional como difícil de masificar en un sistema de transporte eficiente. Incluso hablando de las ligeras y poco voluminosas bicicletas. En realidad, sólo funciona cuando los pretendientes de esta modalidad de servicio son pocos y el resto de usuarios del transporte colectivo son comprensivos de esta injusticia, incluso cuando los primeros paguen un diferencial por el espacio que ocupan.
Podremos apelar al beneficio que supone la elección de la bicicleta en un sistema de movilidad y amenazar con que sus usuarios podrían si no estar conduciendo coches individualmente, pero este tipo de argumentación, aparte de pueril, delata un egoísmo propio de minorías engreídas y excesivamente obsesionadas con sus aportaciones pero poco conscientes de los inconvenientes que su ejercicio conlleva en el resto de la población. Insolidaridad interesada.
El éxito de la intermodalidad, pues, no consiste en meter unos medios dentro de otros sino en que las mismas personas usen varios medios para sustituir un único viaje en coche, entre los que, por supuesto, se puede y se suele contar la bicicleta. Porque si la gente quisiera meter las bicis masivamente al metro, al tren o al bus, nos daríamos cuenta de lo insostenible que es.
Pero aquí, como aún estamos en pañales y tenemos pocos ciclistas y algunos medios de transporte colectivo infrautilizados... esto nos parece un éxito. Más que eso: meter la bici en el transporte colectivo nos parece una conquista en el camino hacia la ciclabilidad y nos colma de "febicidad". Y ahí es donde volvemos a recurrir interesada y parcialmente a la imaginería de los países desarrollados en la cosa ciclista y reproducimos fotografías con bicicletas impresas en vagones de tren o con plataformas para bicis en autobuses, obviando otras mucho más importantes e imponentes, como son esos megaparkings situados estratégicamente a pie de estación de tren o de bus, donde la gente deja sus bicicletas para coger el tren o el bus, y viceversa.
Seamos pues justos y fieles cuando apelemos a este tipo de recursos y no nos dejemos vencer por nuestro interés particular o minoritario sin ser conscientes de las consecuencias que ello conlleva para el resto de los usuarios de los servicios, sobre todo si son servicios públicos.
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domingo, 15 de marzo de 2015
domingo, 12 de febrero de 2012
¿Bicis al tren?
Corre estos días por la web esta foto, como si fuera algo no sólo posible sino deseable.
Viajar con una bici en el tren es el sueño de muchos cicloturistas. Se llevan muchos años reclamando espacios en los trenes para transportar nuestras bicicletas sin grandes logros pero con la eterna promesa de que, al menos en los trenes de media distancia y en los de cercanías, las bicicletas tendrán un espacio, eso sí, limitado y siempre que no molesten.
Pero, ¿es realmente viable el asunto de la multimodalidad tren-bici o bus-bici o tranvía-bici? A todos nos gustaría creer que sí, que lo de meter bicis en los trenes debería ser algo así como un derecho en una sociedad que defienda la movilidad verde pero no nos damos cuenta de que la cosa no es tan sencilla. Hay varios elementos que hacen esta pretensión realmente inconveniente:
Aquí nos seguimos llenando la boca con palabras que no sabemos realmente o interesadamente lo que significan. La intermodalidad en el transporte se refiere a la sucesión de distintos modos de transporte para la realización de un viaje completo. Para que nos entendamos: un tramo en bici, un tramo en tren, otro tramo a pie... que es lo que se hace en los países a donde queremos mirar pero donde seguimos viendo sólo lo que nos interesa.
En esos países (y me refiero fundamentalmente a Holanda, Dinamarca o Alemania) pese a que la mayoría de los trenes regionales cuentan con espacios para transportar bicicletas, sólo una minoría se desplaza con su bici a cuestas y una inmensa mayoría utilizan la bicicleta sólo en sus trayectos terminales, es decir, en el trayecto de origen desde su casa hasta la estación o en el de destino, desde la estación hasta su lugar de actividad. No es raro que haya gente que cuente con dos bicicletas para ello: una en su lugar de residencia y otra en su destino habitual. Para ello cuentan con grandes aparcamientos para bicicletas situados en las inmediaciones o en las propias estaciones, muchas veces implementados por las propias compañías ferroviarias. También suele haber aparcamientos seguros, bien sea mediante taquillas para bicis o, en ciudades más grandes, aparcamientos cubiertos y vigilados que además suelen contar con taller de mantenimiento inmediato.
Obviar esto y seguir reclamando el "derecho" a meter la bici en el tren, es una pretensión que denota el alejamiento de la realidad de muchos colectivos ciclistas.
Hay un tipo de bicicletas que sí permiten ser transportadas tanto en trenes como en autobuses, tranvías, metro, taxi o coche particular y que prestan un verdadero servicio de multimodalidad a todo aquel que se lo proponga: la bicicleta plegable.

Incluso en estos países donde las bicicletas están permitidas en los trenes, al final la gente elige esta bicicleta, que se ajusta mejor a ese uso, evitando incomodidades, apreturas y demás inconvenientes de las horas punta. Incluso en Amsterdam, la ciudad de las ruedas grandes.
Visto lo visto, ¿no habría que empeñarse más en que haya facilidades de aparcamiento y aparcamiento seguro en las estaciones tanto de trenes como de buses en vez seguir tratando de meter más bicis en los trenes?
Viajar con una bici en el tren es el sueño de muchos cicloturistas. Se llevan muchos años reclamando espacios en los trenes para transportar nuestras bicicletas sin grandes logros pero con la eterna promesa de que, al menos en los trenes de media distancia y en los de cercanías, las bicicletas tendrán un espacio, eso sí, limitado y siempre que no molesten.
Pero, ¿es realmente viable el asunto de la multimodalidad tren-bici o bus-bici o tranvía-bici? A todos nos gustaría creer que sí, que lo de meter bicis en los trenes debería ser algo así como un derecho en una sociedad que defienda la movilidad verde pero no nos damos cuenta de que la cosa no es tan sencilla. Hay varios elementos que hacen esta pretensión realmente inconveniente:
- La capacidad de los trenes.- Tratar de que todos los trenes cuenten con un vagón para bicicletas es una aberración. Para empezar, porque aquí, fuera de algunos grupos cicloexcursionistas, nadie piensa en el tren como en un medio para llegar al inicio de una ruta ciclista.
- La cantidad y frecuencia de usuarios.- Saliendo de las grandes ciudades que cuentan con servicios de cercanías mínimamente competentes, el ferrocarril se ha convertido en un medio de transporte sólo utilizado en largas distancias, por lo que no atiende la movilidad diaria. Esto hace que el uso por aquellas personas que quieran transportarse con su bici se reduzca otra vez a cicloexcursionistas de tiempo libre.
- La política ferroviaria.- Vivimos en un país que, en lo que respecta a trenes, ha ido progresivamente desmantelando servicios locales y regionales para construir redes de alta velocidad, favoreciendo la prepotencia del transporte motorizado en carretera, también en el ámbito del transporte colectivo de personas, mediante la implementación también de vías de alta capacidad y alta velocidad para automóviles (autovías y autopistas). Invertir esta tendencia va a costar unas décadas, si es que se logra.
La ignorancia de la intermodalidad
Aquí nos seguimos llenando la boca con palabras que no sabemos realmente o interesadamente lo que significan. La intermodalidad en el transporte se refiere a la sucesión de distintos modos de transporte para la realización de un viaje completo. Para que nos entendamos: un tramo en bici, un tramo en tren, otro tramo a pie... que es lo que se hace en los países a donde queremos mirar pero donde seguimos viendo sólo lo que nos interesa.
En esos países (y me refiero fundamentalmente a Holanda, Dinamarca o Alemania) pese a que la mayoría de los trenes regionales cuentan con espacios para transportar bicicletas, sólo una minoría se desplaza con su bici a cuestas y una inmensa mayoría utilizan la bicicleta sólo en sus trayectos terminales, es decir, en el trayecto de origen desde su casa hasta la estación o en el de destino, desde la estación hasta su lugar de actividad. No es raro que haya gente que cuente con dos bicicletas para ello: una en su lugar de residencia y otra en su destino habitual. Para ello cuentan con grandes aparcamientos para bicicletas situados en las inmediaciones o en las propias estaciones, muchas veces implementados por las propias compañías ferroviarias. También suele haber aparcamientos seguros, bien sea mediante taquillas para bicis o, en ciudades más grandes, aparcamientos cubiertos y vigilados que además suelen contar con taller de mantenimiento inmediato.
Obviar esto y seguir reclamando el "derecho" a meter la bici en el tren, es una pretensión que denota el alejamiento de la realidad de muchos colectivos ciclistas.
Siempre nos quedarán las bicis plegables
Hay un tipo de bicicletas que sí permiten ser transportadas tanto en trenes como en autobuses, tranvías, metro, taxi o coche particular y que prestan un verdadero servicio de multimodalidad a todo aquel que se lo proponga: la bicicleta plegable.

Incluso en estos países donde las bicicletas están permitidas en los trenes, al final la gente elige esta bicicleta, que se ajusta mejor a ese uso, evitando incomodidades, apreturas y demás inconvenientes de las horas punta. Incluso en Amsterdam, la ciudad de las ruedas grandes.
Visto lo visto, ¿no habría que empeñarse más en que haya facilidades de aparcamiento y aparcamiento seguro en las estaciones tanto de trenes como de buses en vez seguir tratando de meter más bicis en los trenes?
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