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martes, 6 de agosto de 2013

La bicicleta ¿vehículo preferente?

Todavía resuenan con estruendo los ecos de la gran conquista lusa en el camino de la normalización de la bicicleta como vehículo de pleno derecho al hacerse con una nueva normativa que así la presente y la defiende. Con naturalidad.

Fruto, sin lugar a dudas, de una sociedad civil organizada, adulta y determinada, cuyos argumentos se apoyan en cuestiones fundamentales: en la necesidad de reconocer a la bicicleta como un vehículo más en la calle, más vulnerable que otros, pero vehículo en definitiva. Sin medias tintas, con pulso firme y evitando las excepciones para buscar la regla. Porque el Gobierno portugués, como está tratando de hacer el español, había propuesto una norma que marginaba extraordinariamente a los ciclistas y los relegaba a meros comparsas en una ordenación vial claramente orientada al automovilista.

Repasando las actuaciones y las campañas de nuestra sociedad civil, representada fundamentalmente por la Coordinadora ConBici por ser la que más asociaciones aglutina, encontramos que su campaña fundamental se ha centrado en la lucha contra la obligatoriedad del casco, dejando pasar cuestiones tan centrales como el modo de circular en la calzada o la permisividad en la circulación por las aceras.

Sin embargo, después de unos cuantos varapalos recibidos de fuera y de dentro de sus filas, ConBici decidió dar un giro, que a sus dirigentes se les antojó como decisivo, para defender la Ciudad 30, esa en las que las calles de un solo carril por dirección estarán limitadas a esa velocidad, curiosamente un poco después de que la DGT hiciera mención a esa posibilidad. Y se vistieron de defensores de la calzada, después de haber estado muchos años emperrados en vender miedo y en que lo mejor para los ciclistas era huir del tráfico y refugiarse en carriles bici (aunque fueran pésimos y obligatorios). De sabios es cambiar de opinión.


Cuando la DGT que estaba en los cielos y cuyo nombre santificaban, porque los sentaba a su mesa para hacerles creer que les escuchaba, decidió mostrar sus garras a nuestros representantes se les ocurrió la idea de plantarle cara y presentarle sus armas en forma de documento, acompañado por este video.



Y es aquí donde la cosa alcanzó toda su amplitud y nos desveló que entendía esta gente como los derechos de los ciclistas. Lo que descubrimos, además de mucha mojigatería, es que las demandas de lo que se autodenomina la voz legítima del colectivo ciclista urbano y cicloturista no recogen más que una serie de excepcionalidades y se olvidan de la cuestión central: el derecho a circular por el viario y el respeto debido cuando lo hagan, además de su obligación de cumplir las normas.

Así nos muestran casos excepcionales como son la circulación contrasentido, la posibilidad de saltarse semáforos de regulación peatonal o la necesidad de circular por "espacios peatonales" y para hacerlo se sirven de una presentación del ciclista cándida, por no decir ñoña. Y luego se amparan en que en otros países más desarrollados, estas excepcionalidades están contempladas y obvian todo lo demás que ocurre en esos mismos países.

Sin embargo, cuando eludimos tratar las cuestiones centrales, las que atañen al derecho inviolable de circular  con naturalidad por el viario, a la necesidad de respetar las distancias de seguridad tanto de circulación como de adelantamiento, a la exigencia de reducir la velocidad de circulación sobre todo en las intersecciones y a observar un respeto escrupuloso a los más vulnerables, empezando por los peatones, todo esto se queda en algo casi estúpido.

El problema, el gran problema en ConBici, que la DGT y cualquiera un poco despierto no ha pasado por alto, es que esta gente no quiere molestar al todopoderoso tráfico motorizado, no quiere cambiar el orden de las cosas y no quiere soliviantar a nuestros gobernantes, porque se conforman con las migajas. Les basta con tener unos pasillos para circular exhibiendo prepotencia, les basta con poder subir sus bicis en el tren, les basta con poder hacer unos cuantos contramanos y con poder utilizar las aceras.

Eso señores y señoras de ConBici, señores y señoras de la Mesa Nacional de la Bicicleta y, sobre todo, señoras y señores en general no son más que tonterías, cuestiones marginales, excepcionales. Lo importante es comprender qué significa que la bicicleta sea un vehículo y qué exige, tanto para sus usuarios como para el resto de los mortales. Si no se respeta eso, se cae, como ha caído ConBici, en trivializar la bicicleta y presentarla como algo extraordinario. Nuestros vecinos los portugueses han comprendido eso y le han visto las orejas al lobo, al mismo lobo que aquí nos amedrenta, y han decidido domesticarlo y priorizar en la construcción de un orden social basado en el respeto y no en el miedo.

Del casco, por cierto, ni mención.

lunes, 6 de mayo de 2013

¿Qué hay de nuevo viejo?

Ese ha sido el mensaje y el ambiente general en el X Congreso Ibérico "La Bicicleta y La Ciudad" de ConBici celebrado estos días en Vitoria-Gasteiz y organizado exquisitamente por Bizikleteroak, la asociación local pro-bici que lleva tiempo dando ejemplo de saber hacer en su labor asociativa.

Bajo el lema "Regreso al Futuro" la propuesta de este congreso era demostrar que devolver a la bicicleta el protagonismo perdido a manos del automóvil no se debe entender como algo regresivo, sino, bien al contrario, como una evolución necesaria hacia una ciudad pensada más en las personas que en las necesidades circulatorias y de aparcamiento de los coches.


Loable, justo y necesario. Mucho más dicho en el marco de Vitoria, ciudad que ha protagonizado el desarrollo más creíble, más razonable y más certero hacia una movilidad sostenible de todas las capitales grandes, medianas y pequeñas de por aquí. Liderados por un equipo de profesionales conscientes y serios que encabeza Juan Carlos Escudero desde el Centro de Estudios Ambientales municipal, el CEA.

Vitoria marca estilo

Cuesta trabajo imaginar cuál va a ser el futuro de la cosa ciclista urbana, mucho más en los momentos decisivos en que nos encontramos desgraciadamente protagonizados por una Dirección General de Tráfico poco sensible a las demandas ciclistas, pero lo que es cierto es que el estilo y la dirección que ha marcado esta ciudad en la que hasta su alcalde se ha subido a la bicicleta invitado por el buen hacer de sus técnicos le va a reportar resultados positivos. Simplemente porque no han maximizado la bicicleta, porque han sabido equilibrar los esfuerzos y porque han sido determinados al fijar el objetivo: menos coches.

Resulta especialmente demoledora la propuesta desde la dirección del CEA: reducir al máximo la utilización y la presencia de los coches en la ciudad, para ganar espacios de calidad para las personas, siempre conservando el carácter eminentemente peatonal de la misma y contando con la ayuda inestimable de las bicicletas y el transporte público. Ahora bien, con límites.Esta ha sido la gran sorpresa, doblemente valiente presentada ante la comunidad pro-bici. No queremos más bicis porque sí y de una manera ilimitada. De hecho se marcan un tope alrededor del 15% del reparto modal.

Lo demás en este congreso, una reunión de viejos amigos, gente a la que le gusta juntarse y celebrar su condición, aunque es una pena que se quede en poco más que un ejercicio de autocomplacencia y una buena excusa para celebrar la asamblea anual. Estos congresos deberían ser más abiertos y tratar de invitar a más responsables políticos y técnicos y, por qué no, público en general, porque aportan valor y conocimiento, que, si se queda en algo nuestro para nosotros, puede resultar, como mucho, endogámico.

De todas formas, enhorabuena y ánimo.

domingo, 7 de abril de 2013

Tarde, mal y nunca

El otro día ConBici firmó la declaración de derechos de los peatones en la acera ante la inminente invasión de sus espacios conocida como "La acera es peatonal", después de muchos titubeos y unos cuantos desplantes, con ninguneo incluido, hacia los que representan la verdadera masa crítica de la movilidad sostenible, saludable, amable y sociable que no son otros que los peatones.

Se conoce que han decidido echarse a los peatones a la espalda ahora que les vienen bien para fortalecer sus posiciones en un momento especialmente crítico como el que estamos viviendo en este complicadísimo parto de una normativa que favorezca la práctica ciclista.


Tarde

Ahora, cuando el fervor de la construcciòn de vías ciclistas en plataformas peatonales ha quedado estrangulado por la crisis, ahora, cuando la connivencia de la que han gozado los ciclistas en la mayoría de las ciudades ha servido para demostrar su prepotencia y para normalizar la circulación por aceras, ahora, cuando la gente que circula por las aceras ha conseguido demostrar que era posible hacerlo ignorando la ley y el respeto al prójimo, ahora, "amigos de la bicicleta a cualquier precio", ahora es demasiado tarde.

Mal

Porque el mal está hecho y sigue sin quedar claro que se quiera deshacer, porque se sigue viendo como un mal necesario, un daño colateral que deberán soportar los peatones hasta que los "ciclistas anti-calzada" consigan que su anhelada red de ciclovías cosa toda la ciudad hasta los rincones más insólitos y menos circulados. Al menos así lo expresan sus máximos representantes una y otra vez.

Nunca

Y es que nunca deberíamos haber llegado a este extremo, a este camino sin salida, porque las cosas se deberían haber negociado antes de habernos sentido entre la espada y la pared. Porque ahora no son creíbles estos giros, mientras sus cabezas más visibles siguen justificando la seguridad de las aceras y el peligro de compartir la calle con los coches, a los que ni siquiera las condiciones de calmado de tráfico les bastan.


Lo que pasa es que en este país nos gusta hacer las cosas así: sobrevenidas, con el agua al cuello, de manera desesperada, improvisada, forzada, atropellada, irreversible. A todos. Desde los responsables políticos y técnicos, pasando por los representantes de la presunta sociedad civil, hasta los ciudadanos. Hasta que no nos sentimos acosados y hasta que no vemos peligrar nuestro estatus, nuestra comodidad o nuestros privilegios, nos gusta mirar a otra parte e ignorar el mundo. ¿Cuándo dejaremos de hacerlo?

domingo, 24 de marzo de 2013

¿Hecha la trampa, hecha la ley?

En el huerto. Ahí es donde están los interlocutores válidos de los que se ha servido la DGT para justificar la consulta no vinculante con la que está haciendo la pantomima de la participación en la revisión del Reglamento General de Circulación de España. La Mesa Nacional de la Bicicleta y los actores secundarios invitados al GT-44, a todos se los ha llevado al huerto la Señora Seguí, como si fuera el Flautista de Hamelín, engatusados por cantos de sirena que prometían novedosas medidas pro-bici, las principales entidades representativas de la "cosa bici" de este país se han dejado meter un gol de campeonato.

Les han hecho trampa, les han engañado, y, para cuando se han dado cuenta, la cosa ya estaba casi consumada y, para mal de males, lo han hecho con luz y taquígrafos, con fotos de familia y todo. ¡Inocentes!


Sin aceras, sin carriles bici, con casco, circulando por la esquina, compuestos y sin novia, porque la Señora Seguí les ha puesto los cuernos a ConBici, a la Red de Ciudades por la Bicicleta, a la Asociación de Marcas de Bicis, a la Asociación de Ciclistas Profesionales, a la Plataforma Empresarial de la Bicicleta y a María Santísima si se le hubiera puesto a tiro.

De nada valen ahora las mascaradas y las pataletas, la renuncia a la negociación, las causas cibernéticas y las peticiones de asilo representadas por las asociaciones. Ahora es demasiado tarde y el daño está hecho. O casi, a juzgar por la suficiencia que muestran las autoridades supremas.

Es razonable que haya quienes se quejen de que hay gente que se dedica a meter palos en las ruedas mientras ellos trabajan por el bien común y consiguen audiencias en el Congreso, grupos de trabajo exclusivos en el Ministerio y presencia en la prensa. Se podían haber ahorrado tanto sacrificio por las misiones, porque, para lo que ha servido...

En  fin, esperemos que los ayuntamientos, responsables últimos y primeros de hacer valer las leyes en sus dominios tengan más sentido común y menos chulería de la que han demostrado ir sobrados los Señores del Tráfico y, como ya han declarado públicamente unos cuantos, hagan objeción de conciencia ante tamaño despropósito. Pero me temo que sólo se van a quedar en el asunto del casco y van a hacer la vista gorda a la infamia que se está produciendo en las aceras, a los despropósitos de vías ciclistas que ellos mismos han implementado y al dominio apabullante del coche en la circulación urbana, temas mucho más preocupantes y más críticos para un desarrollo ciclista natural, razonable y sostenible.

Seguiremos atentos a las noticias.

domingo, 17 de marzo de 2013

Ciclistas en pie de guerra

Estamos presenciando en las últimas semanas un movimiento de rebelión de los defensores de la bicicleta frente a las intenciones despóticas de la autoridad circulatoria respecto a algunos flecos de lo que será el próximo ordenamiento de la práctica ciclista sobre todo en zonas urbanas. Organizaciones ciclistas, entidades que reúnen ayuntamientos que promueven el fomento de la bicicleta, los propios ayuntamientos de manera individual, todos están de acuerdo en que la obligatoriedad del casco es un disparate y que puede suponer un retroceso de la actividad ciclista.

Sin embargo, todos estas organizaciones y entidades están soslayando otros temas que resultan igualmente centrales en el devenir ciclista en nuestras ciudades. Cuestiones que no están pasando por alto las asociaciones de peatones y que afectan al libre ejercicio de caminar y disfrutar de la calle. La permisividad de la circulación ciclista por las aceras o, lo que es peor, la discrecionalidad de los ayuntamientos a la hora de decidirlo, puede representar un punto de inflexión gravísimo en el devenir de nuestras ciudades y en la difícil tarea de construir ciudades para las personas, antes que para las bicicletas o para los automóviles.


La trascendencia de este tipo de medidas puede resultar mucho más importante que el hecho de que los ciclistas tengan que circular más o menos escorados cuando lo hagan por la calzada, siendo esta cuestión también importante para marcar el estilo de conducción de las bicis. En nuestras ciudades, donde la masa crítica está en las aceras y se llaman peatones, por llamarlos de alguna manera, porque sería igual llamarles viandantes o personas en la calle, tratar de justificar cualquier tipo de circulación en ellas resulta mucho más grave que en otras latitudes donde la gente solo anda en su última milla en islotes peatonales.

Lo que pasa es que muchos de los representantes y responsables de la cosa de la bicicleta están bastante más preocupados en conseguir presuntos derechos para sus usuarios que en colaborar para que nuestras ciudades sean más habitables. Así argumentan que el uso del casco puede ser letal para los alabados sistemas de bicicletas públicas propiedad de multinacionales de la publicidad, sin pararse a pensar ni un instante que estos sistemas han provocado la aceleración y la multiplicación de la prepotencia ciclista en las aceras y la consolidación de las aceras bici como única forma de promocionar la bicicleta como medio de transporte.

La guerra está declarada, amigos ciclistas y ciclistoides, pero la han declarado nuestros responsables que no han sabido interpretar el escenario en el que desenvolverse y que no han sabido priorizar sus objetivos, acobardados por el dominio motorizado de las calles, y han elegido al enemigo más débil para cargar contra él en su afán de imponer la bicicleta a cualquier precio. Pues no, este no es el camino y ese precio es incalculable porque nos condiciona a todos como personas más que como agentes de circulación. Y personas, amigos ciclistas y ciclistoides, somos todos, independientemente del medio en el que hayamos decidido desplazarnos.

Así pues, casco no, pero aceras menos y aceras-bici tampoco.

miércoles, 9 de enero de 2013

Señoras y señores de la Mesa Nacional de la Bicicleta

Parece que hay una especie de principio de acuerdo entre los representantes más o menos legítimos de los asuntos de la bicicleta para defender los intereses de los ciclistas en nuestro país. Se ha denominado Mesa de la Bicicleta y la componen la Federación Española de Ciclismo, ConBici, la Red de Ciudades por la Bicicleta, la Asociación de Marcas y Bicicletas de España, la Plataforma Empresarial de la Bicicleta y la Asociación de Ciclistas Profesionales.

Su objetivo: hacer lobby para que se mejoren las condiciones y se habiliten facilidades para que andar en bicicleta sea más cómodo, más seguro y más conveniente.

Las líneas de acción que proponen en su primer comunicado son:
  1. Inversión en infraestructuras, en seguridad y en educación, con el fin de lograr para el 2015 un 10% de presencia de la bici en el reparto modal. 
  2. Reducción de la velocidad máxima permitida en ciudades a 30 km/h 
  3. Programas de "En bici al trabajo" para empresas 
  4. Creación de la figura del Señor de la Bicicleta, responsable dentro del Gobierno de España de la coordinación de los diversos ministerios de la promoción de la bicicleta. 

En ese orden y con ese nivel de concreción, eso y no decir nada es prácticamente lo mismo. Está claro que cualquier principio de este tipo de entidades debe recoger una declaración de intenciones, pero lo que ha conseguido esbozar lo más granado de nuestra representación estatal ha sido poco menos que ridículo. Ridículo y sospechoso en su vaguedad y en su formulación.

Primero porque no aporta ningún dato objetivo, más allá del propósito ya formulado por la DGT de reducir la velocidad de circulación en muchas calles a 30 km/h. Hablan de invertir en infraestructuras, en seguridad y en educación sin concretar nada y, a la vez, concretan un formato como es un programa "En bici al trabajo".

Hablan de un 10% de bicicletas en el reparto modal y no dicen en qué marco ni con respecto a qué parámetros se va a calcular dicho porcentaje, como si el reparto modal agregado estuviera disponible en algún centro de datos público o algo así. ¿O es que acaso será una estimación extrapolada de una encuesta de movilidad de esas que tanto les gusta a los que presentan el Barómetro de la Bicicleta?

Con vaguedades como ésta y con objetivos como los que se marcaba, por ejemplo, ConBici de incrementar en 1 millón los ciclistas urbanos en 5 años (de los que ya han pasado 2) sin decir cómo, estamos igual de perdidos que antes de que se formara esta Mesa de la Bicicleta.

Lo que huele a poltrona es lo de esa figura del Señor/a de la Bicicleta, ese todopoderoso factótum capaz de hacer lo que históricamente no se ha conseguido ni por asomo en nuestra democracia que es la coordinación interministerial que recoja todas las facetas que afectan a la bicicleta (desde salud y medio ambiente, hasta economía y hacienda, pasando por cultura, turismo, educación y fomento, por supuesto).

Está claro que estamos a principios de año en un año que se presenta fatal y creen que con hacerse una serie de buenos propósitos nos van a camelar. Pues no. Esto es demasiado descafeinado. No tiene enjundia. Son sólo una colección de palabras, deseos.

Hace falta rigor y planificación. Y para eso hacen falta datos fiables con los que hacer un diagnóstico de la situación actual. Datos de usuarios, de usos, de robos, de accidentes. Datos contrastados y contrastables, datos verídicos y fiables. Y, sobre esos datos, marcar una serie de objetivos medibles y alcanzables. Concretos. Y después formular la estrategia, el plan de acción para conseguirlos. Con sus líneas de actuación definidas y desgranadas en programas y acciones y con sus presupuestos respectivos y sus líneas de financiación. Porque si no esto no va valer para nada y, además, va a dejar en entredicho al ciclismo organizado, si es que no lo está ya.

Así pues, ánimo a todos los que formamos parte de una manera o de otra de este contubernio, pero, por favor, este intento de coordinación y de lobby requiere algo más que una declaración de buenos deseos, un responsable con su despachito y su estola y unos programas que hagan escaparate. Requiere rigor y determinación.

Corren tiempos difíciles, así que habrá que redoblar esfuerzos para demostrar que los integrantes de la Mesa Nacional de la Bicicleta son acreedores de crédito suficiente para hacer algo digno por las bicicletas en este país de locos, porque si no todo puede quedar, otra vez, en una representación más o menos decente de los Caballeros de la Tabla Redonda de la Bicicleta, con su correspondiente y celoso Señor de las Bicicletas y poco más. Quijotesco sí, pero baldío.

sábado, 24 de marzo de 2012

El horno no está para bicis

Lo sospechábamos hace ya unos años, pero hoy en día se ha puesto más de relieve. A la bici ni agua. Estamos en medio de una situación de bloqueo, de enroque, de apuntalar y mirar a ver si pasa el temporal, y en estos tiempos en los que uno diría que la bici cobra un sentido estratégico como medio limpio, económico, simple y particular, resulta que es cuando menos caso se le hace. Relata Juan Merallo, lider de Pedalibre y miembro activo de ConBici, sus vicisitudes en el ingrato deporte de hacer pasillos ministeriales, cómo se les evita, se les ningunea y se les da largas o directamente negativas.

Está claro que no son buenos tiempos para ir a pedir a las administraciones porque no quieren saber nada de nada. Todo está cancelado, recortado, comprometido, y cualquier propuesta que no esté incluída, queda inmediatamente excluída, sin conocerla. Nada es nada. Los espejismos de años anteriores, sobre todo impulsados por el IDAE, a través de sus programas de eficiencia energética que fueron los que dieron alas a la implantación alocada de sistemas de bicis públicas, por el fatídico Plan E, que alentó a muchos municipios a hacer carriles bici basura aprisa y corriendo, y por la promesa de la DGT de reformar el Reglamento de Circulación, esos espejismos han acabado y han dejado más lodo que otra cosa.

Pretender ahora reavivar la llama de la bici en una administración empeñada más en cumplir las exigencias de la UE de los mercados que en replantear la economía de un país es pedirle peras a un olmo enfermo e infeccioso. Hay que pensar en  otras estrategias. Hay que volver a la acción. Como en los viejos tiempos, pero con herramientas modernas. Hay que seguir saliendo a la calle en bici.

Esto no es una moda, no es un capricho, no es un esfuerzo por cumplir tratados internacionales ni por hacer sostenible la movilidad. Andar en bici es algo práctico, personal, individual, económico, sano, reconfortante, eficaz, divertido, vivo y endiabladamente adictivo. Sólo por eso va a triunfar, lo demás son cantinelas.

Así que Juan, Sol & Co. gracias por el esfuerzo pero creo que vienen años de calle, no de pasillos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Dónde está ConBici?

Llevamos unos meses en los que se está produciendo todo un revuelo increíble en el mundo biciclista estatal y se está cociendo lo que va a ser el escenario de la bici en el futuro inmediato y la única representación del activismo ciclista de este país permanece callada. ConBici, fiel a su estilo de nadar y guardar la ropa, sigue embebida en su misión de sacar rédito más que de defender la causa. Será que hemos sido demasiado pobres demasiado tiempo y nos hemos acabado apocando, pero el caso es que la realidad es sangrante y ahora que más que nunca la bicicleta debería estar en todas las agendas municipales, regionales y estatales y hacen falta responsables que lo recuerden y que lo hagan público, y a los que les toca la encomienda prefieren mantenerse al margen, mirando para otro lado, como si la cosa no fuera con ellos, para que no les salpique.


Así, mientras los grupos más fuertes de dicha asociación de asociaciones se mantienen a pie de calle y en primera línea en cada una de sus ciudades, la coordinadora calla y otorga. Y el desmán cada vez va cobrando unas dimensiones más preocupantes.

Las tareas pendientes

Por un lado está el tema normativo irresoluto de la reforma del Reglamento de Circulación en favor de las posiciones ciclistas, en el que tuvieron el honor de participar como órgano consultivo, y que duerme el sueño de los justos mientras se sigue recogiendo la cosecha de la discrecionalidad municipal. Aquí multan, allí persiguen, en el otro lado advierten, aquí se puede andar por las aceras, allí no, en el otro lado no dejan andar por las aceras pero sí por los pasos peatonales, en el tercero el carril bici es obligatorio, en el cuarto no, y así sucesivamente. Un caos, un desorden, y lo que es peor una mala imagen y un perjuicio de los peatones. Hasta tal punto que la Red de Ciudades por la Bicicleta, ese instrumento que ingenió la Fundación Eca Bureau Veritas, ha intercedido ante la DGT pidiendo que intervenga con urgencia.

Por otro lado está el asunto del Registro de Bicicletas que ha sido intervenido también por la Red de Ciudades y que ha machacado la iniciativa que históricamente había liderado Bicitronic, creando una duplicidad de sistemas y generando un desconcierto general en cuanto a la universalidad, a la validez y a la compatibilidad de los mismos, que lo único que ha conseguido es generar dudas sobre la potencialidad de la propuesta y sobre su efectividad.


¿Para qué sirve ConBici?

Mientras tanto, cicleatones, polis y cacos siguen haciendo de las suyas y los ciclistas nos sentimos cada vez más desprotegidos en nuestro ejercicio legítimo de utilizar el vehículo que hemos elegido con pleno derecho y en las mejores condiciones posibles.  

Sigue faltando una coordinación real de la sociedad civil organizada a nivel estatal, con una estrategia definida, con unas herramientas suficientes para hacer lobby, para ejercer presión y para hacerse valer con criterio y con dignidad.

Todavía estamos ansiosos por saber qué demonios va a hacer ConBici para conseguir 1.000.000 de ciclistas más y, más que eso, en qué está destinando el dinero de esas cuestaciones tan mediáticas y tan exitosas que continúa haciendo. Una asociación de asociaciones debe ser algo más que un aparato para hacer encuentros una vez al año o alguna nota de prensa de vez en cuando. Porque el descrédito de los ciclistas está en juego y nadie está defendiendo suficientemente la figura de la bicicleta como medio de locomoción en el ámbito sociopolítico.