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lunes, 22 de julio de 2013

Excusatio non petita...

CARTA ABIERTA de BICICLISTAS DE CORELLA 
en relación al ACCIDENTE MORTAL DEL CICLISTA 
el 7 de JULIO de 2013

Todos estamos consternados por el desgraciado accidente que costó la vida a un chaval de 11 años el pasado 7 de julio. Las redes sociales están sirviendo a muchas personas para dar su opinión sobre el tema con toda libertad. No soy muy amigo de estas redes, prefiero el contacto personal y el intercambio de opiniones sosegado. Lo escrito, tal vez porque queda ahí y porque carece de la expresividad y cercanía de la conversación directa, impone más, resulta más contundente y menos matizable. No he querido hablar por respeto a la familia, amistades, compañeros del cole y, en general, a las personas (o sea, todos) que todavía tenemos encogido el corazón por lo que pasó. Pero en esta ocasión voy a dar mi opinión porque se ha aludido y acusado directamente, tanto a “Biciclistas de Corella” como a mí mismo.


-Es posible, solo posible, que el accidente no se hubiese producido si en el cruce de Fermín Arteta con Yerga hubiera habido señal de STOP, tanto horizontal como vertical.

-Es posible, solo posible, que el accidente no se hubiese producido si la señalización de la calle Fermín Arteta hubiera avisado de que el conductor se acercaba a un cruce con una calle preferente, que esa calle cuenta con un carril bici y que éste es de doble dirección. Todos estos datos, presentes o no en la señalización, los conocen todas las personas que se desplazan por Corella en cualquier medio. Y el conductor no era un recién llegado.

-Es posible, solo posible, que el accidente no se hubiese producido si los niños no hubieran estado circulando por un carril en contradirección (es algo común en muchos otros lugares y a lo que nos hemos habituado con naturalidad y civismo) y de forma despreocupada, algo absolutamente comprensible porque estaban circulando por una calle secundaria de tráfico normalmente pacificado donde no esperaban, por razones obvias, grandes sobresaltos.

-Es posible, solo posible, que el accidente no se hubiese producido si los cuatro niños hubieran llevado luz de posición en la parte delantera y luz de posición y catadrióptico rojos en la parte trasera.

-Es posible, solo posible, que el accidente no se hubiese producido si, además de luces, los niños hubiesen llevado prendas reflectantes.

-Es posible, solo posible, que el accidente no se hubiese producido si en vez de las 21:55 horas hubieran sido las 15:00 horas y la visibilidad hubiese sido total.

-Es posible, solo posible, que el accidente no se hubiese producido si todos los pasos de cebra, incluidos el que hay dos metros antes del ceda al paso del cruce entre Fermín Arteta y Yerga y otros dos metros más allá del carril bici de la propia calle Yerga, fuesen sobreelevados, lo cual habría obligado al conductor a reducir la velocidad.

-Es posible, solo posible, que el accidente no hubiese sido tan grave si los cuatro niños hubieran llevado casco, o al menos los dos atropellados, y lo hubiesen llevado bien colocado para poder absorber, aunque fuera mínimamente, el fuerte y fatal impacto.

-Lo que sí es seguro, ABSOLUTAMENTE SEGURO, es que el accidente no se habría producido si un coche no hubiera circulado por la calle Fermín Arteta a excesiva velocidad y/o si no se hubiera saltado un ceda al paso.

Por supuesto que opino que hay que mejorar la señalización, el diseño de los carriles, la formación y concienciación de los ciclistas, su visibilidad con luces y prendas reflectantes cuando cae la tarde o es de noche: todo lo anterior ya lo hemos pedido como asociación en distintos momentos. Pero lo que es incuestionable, ABSOLUTAMENTE INCUESTIONABLE, es que aunque llevemos armadura integral, las señales y pasos de cebra sean perfectos y tomemos todas las precauciones, poco podemos hacer como peatones y ciclistas ante máquinas que circulan a gran velocidad. Yo también soy conductor y sé de la responsabilidad de conducir un vehículo motorizado. Está demostrado que cuando un ciclista resulta herido en un accidente es, en un alto porcentaje, porque un coche lo ha atropellado por velocidad excesiva y/o imprudencia. Desgraciadamente, el accidente del 7 de julio es un caso más. Ojalá sea el último.

Toñó Peña, Vicepresidente de Biciclistas de Corella

viernes, 12 de julio de 2013

Lamentarlo no es suficiente

Aunque es lo menos que se puede hacer al conocer la terrible noticia de la consecuencia fatal de un atropello que se produjo hace unos días cuando un coche arrolló a unos chavales que circulaban por un carril bici de Corella, la ciudad que más ha apostado por este tipo de infraestructuras de toda Navarra.

Faltan las palabras para expresar la angustia que nos sobrecoge a todos los que estamos todos los días trabajando y peleando por que la gente utilice cada vez más la bicicleta como medio de locomoción, de manera segura, sobre todo entre los más jóvenes.

Lejos de tratar de analizar las particularidades concretas del caso, tarea reservada a la Policía Foral de Navarra, un cuerpo que nos consta que ha hecho un esfuerzo especial en los últimos años en relación con la seguridad vial de los ciclistas, especialmente entre los escolares, el suceso reviste una especial relevancia por las circunstancias que lo rodean.

Lugar del suceso (Foto de Diario de Navarra)

Por un lado, un grupo de menores que circulan despreocupadamente en sus bicicletas por una calle de un pueblo mediano disfrutando de su periodo vacacional. Una calle que, además, cuenta con un carril bici. Una calle secundaria donde no haría falta semejante infraestructura pero que el celo y la vehemencia de muchos corellanos, especialmente los Biciclistas de Corella, consiguió que se implementara, para mejorar la visibilidad de los ya numerosos ciclistas urbanos.

Por otro, un automovilista joven que viaja confiado, sin atender demasiado a lo que sucede, porque normalmente no sucede nada.

Y, de repente, se produce el desastre. Un golpe fatal. Y en un segundo todo cambia y la normalidad se convierte en tragedia.

¿Qué más se puede hacer?

Desde luego lamentarse no sirve para arreglar nada. Para evitar que esto se vuelva a producir no basta con quejarse, por más alto y más veces que se haga. Hay que hacer algo más.

Está claro que no es una cuestión de carriles bici. Tampoco es una cuestión de si el chaval llevaba casco o no. O de si iban más o menos despistados. O de si ya casi era de noche y quizá no iban provistos de luces. No basta con eso.

Para prevenir futuros accidentes, sobre todo en medio urbano, no queda otra que trabajar sobre los automovilistas con mucha más contundencia que la que se está aplicando en la actualidad. Hay que remarcar una y otra vez la responsabilidad tremenda que se asume al conducir un coche, mucho más cuando se hace en poblaciones y hay que recordar que el peligro, el verdadero peligro en los accidentes lo aportan los automóviles, que con un simple golpe pueden resultar mortales.

Si queremos que nuestros pueblos y ciudades sirvan para ser vividos de manera segura y amable, necesitamos darnos cuenta de que los coches son los mayores obstáculos ante los que nos encontramos. Para conseguir que la gente disfrute de ese espacio común que es la calle, tendremos que desincentivar el uso del automóvil para algo que no sea imprescindible y está demostrado que la mayoría de los viajes que se hacen en coche en nuestras poblaciones, más si son medianas o pequeñas, son viajes que se podían haber hecho en cualquier otro modo.

Hasta que no seamos capaces de hacerlo, nos seguiremos encontrando con este tipo de desgracias con mayor o menor frecuencia. Lamentablemente.