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jueves, 16 de junio de 2011

Las bicicletas también son para el verano

Estamos defendiendo el uso de la bici tanto para los trayectos cotidianos, para su uso urbano como medio de locomoción óptimo, que a alguien se le estará pasando por alto que también creemos en el tópico de "Las bicicletas son para el verano", pero no en su sentido peyorativo que sirve para argumentar que "Las bicicletas SOLO son para el verano" y que para el resto del tiempo hay que ir motorizado. El reto consiste en defender el tópico como excepción. Por eso he querido titular este artículo: "Las bicicletas TAMBIEN son para el verano".



Porque una cosa no quita la otra. Más bien al contrario. Utilizar la bicicleta todo el año ayuda a hacer más accesible la posibilidad de proponerse aventuras en la época estival. La barrera ya está saltada, el hábito está creado, el tono físico está logrado y anímicamente hay una querencia hacia lo que representan y lo que permiten las dos ruedas.

Pero en sentido inverso funciona igual. El verano es un buen momento para probarse, para vencer los miedos, para hacerlo tranquilamente, como un juego, con menos tráfico, con buenas condiciones climatológicas. Cualquier excusa es buena.  

- ¿Sabes? Creo que voy a llevarme una bicicleta para las vacaciones.

Si no se prueba no se puede elegir. Aunque sea por moda, para sentirse "cool", "chic", a la última. Hoy he mantenido dos conversaciones con los chicas (mujeres ya) que han empezado a andar en bicicleta hace poco, con el buen tiempo y han descubierto que, más allá del juego que les suponía al principio, se esconde un medio de locomoción impresionante para recorridos urbanos. Y lo que empezó siendo una broma, se ha convertido en un instrumento que les permite llegar rápidas, seguras, puntuales y de manera divertida a sus destinos. Ese es el reto: probar. Luego viene la experiencia y esa resulta demasiado adictiva como para poder prescindir de ella.

Dicen que una vez que has aprendido a andar en bici no se olvida. Se refiería al equilibrio pero, creo que se puede y se debe interpretar de una manera más extensiva, ya que produce una vivencia difícil de olvidar, que marca a partir de ese momento nuestra memoria y nos condiciona a la hora de optar por la manera de desplazarnos, tanto en trayectos cortos como en propósitos más largos. Yo me voy a ir de excursión en mi semana de cicloturismo acompañado de un chaval de 7 años, que me lleva acompañando incansablemente los últimos 3 años, y os puedo asegurar que esa también es una experiencia inolvidable.

Ahora sólo hace falta que no prohíban las bicicletas en verano por cualquier excusa para así poder liberar las carreteras y los caminos para los desplazamientos motorizados masivos de los turistas hacia los destinos más vulgares o más excepcionales.

lunes, 25 de abril de 2011

Hoy he visto un corzo mientras andaba en bici

No es la primera vez. De hecho es algo relativamente habitual en el territorio donde he estado pasando estos días desconectando. Corzos, zorros, ardillas, jabalíes, tejones y otros animales menores. El contacto visual con el corzo (era corza) ha durado apenas 6 segundos, hasta que ha decidido que era suficiente y ha cruzado alegremente la carretera.



Esto, que en sí mismo no es ninguna noticia, ni siquiera para mi, hoy ha cobrado un sentido especial. O así al menos he querido interpretarlo. Quizá obnubilado por un estado de exaltación provocado por la combinación del bombeo acelerado de la sangre, la falta de ventilación propia del esfuerzo físico, la mezcla de adrenalina y endorfinas, el sol y el aire fresco mezclado con unas chispas que se le escapaban a un cielo brillante, el olor de los pinos y los bojes, una carretera secundaria... me he emocionado.

Hace tiempo que no me pasaba y creo que ha sido esa la causa principal de mi emoción. Toda esa colección de sensaciones conocidas, agradables e intensas me han impresionado. Creo que ha sido una especie de reconciliación con los elementos, una confabulación con la naturaleza. O quizá no. Yo quiero creer que sí.

Y me he vuelto a sentir bien, una especie de plenitud me ha envuelto, un pequeño escalofrío me ha recorrido, y me he vuelto a dar cuenta, como lo llevo haciendo más de 30 años, que soy un auténtico privilegiado y eso me ha reconfortado. Y he vuelto a darle gracias a mi padre por inculcarme esta afición, esta elección, este lujo.