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viernes, 1 de julio de 2011

Señoras y señores... ¡esto es fácil!

Ese ha sido el mensaje que hemos intentado transmitir durante todo este mes de Junio en un taller de revisión de bicicletas que hemos tenido montado los domingos por la mañana en un nuevo emplazamiento realmente singular.


El Molino de San Andrés es un antiguo molino del siglo XVI rehabilitado como espacio de ocio y encuentro por la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Situado en la confluencia de los ríos Arga y Ulzama, a pie de Parque Fluvial y en el recorrido del Camino de Santiago, ofrece un marco realmente sugestivo para proponer actividades como las que se han programado a modo experimental durante este mes pasado.


Enseñar o, mejor dicho, aprender a enseñar es una tarea siempre interesante. Tratar de convencer de que la mecánica básica de mantenimiento de una bicicleta la puede hacer cualquiera con apenas cuatro herramientas y un bote de aceite es un esfuerzo que merece la pena. Y lo más sorprendente es que resulta realmente revelador para la mayoría de las personas que habitualmente utilizan la bicicleta, pero que lo hacen de una manera despreocupada.

Ajustar un freno, hacer andar un cambio, lubricar la cadena, comprobar el estado del cableado o simplemente hinchar las ruedas adecuadamente son tareas simples, pero que mucha gente no sabe cómo se hacen correctamente o que a nadie se le ha dicho lo importante que resultan.

Incremento de la seguridad, mejora de la autonomía, longevidad de los materiales, en definitiva, mayor economía y mejor relación con el vehículo que te transporta, son sólo algunos de los beneficios que contrae hacerse uno mismo el mantenimiento de la bici propia. Ignorar esto es una pena, no difundirlo, un delito.

Nosotros seguiremos trabajando tanto en programas públicos, como en cursos privados y personalizados porque creemos que es una de las claves en esto de que la bicicleta se convierta en una opción prioritaria en muchos de los desplazamientos cotidianos... y menos cotidianos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Seguridad + Economía = Autonomía

No es una fórmula exacta. Son los ingredientes que aporta el conocimiento de la mecánica de la bicicleta. Eso y entretenimiento, diversión. Aprender los fundamentos mecánicos de una bicicleta debería ser obligatorio en la enseñanza primaria, como debería ser obligatorio aprender una educación vial que recogiera las distintas perspectivas de los distintos modos de movilidad y no sólo de los automóviles.


Niña investigando su bici (Probikewrench)

La bicicleta es un artilugio prodigiosamente simple, increíblemente sencillo, afortunadamente abordable por cualquiera. Una bicicleta tiene unas dimensiones que la hacen perfectamente manejable para cualquier persona que no esté incapacitada a partir de una temprana edad.

Es lo que tiene, que es antrópica, razonablemente humana. Con una tecnología elemental, basada en los principios más básicos de la física: la palanca, el, el rozamiento, la inercia o las fuerzas centrífuga y centrípeta, por mencionar algunos. Basta con media docena de herramientas para poner a punto los elementos fundamentales de la misma: ruedas, frenos y cambios.

Esta semana tenemos un taller de mecánica básica y la que viene una batería de talleres demostrativos en un instituto de nuestro entorno. La verdad es que resulta una experiencia gratificante enseñar mecánica. Es de esas cosas que son enriquecedoras tanto para el que aprende como para el que enseña. Porque se transmite utilidad, pero utilidad de la práctica, no esos sucedáneos de la utilidad que nos hemos acostumbrado a aceptar sólo porque los recibimos a cambio de un precio. La utilidad de la mecánica es directa, inmediata, personal y comprobable.

Saber mantenerse la bicicleta es barato, nos aporta seguridad y nos hace, en definitiva, más independientes. Así de fácil, así de asequible. La mecánica básica se aprende en tres escasas horas.
  • Soltar las ruedas, arreglar un pinchazo o cambiar una cubierta.
  • Ajustar lo frenos, sustituir unas zapatas.
  • Ajustar los cambios.
  • Limpiar y engrasar.
  • Saber reconocer las holguras y desajustes más comunes.
Hacerse con estas habilidades es fundamental para ganar autonomía, ahorrar visitas tontas al taller y además alargar la vida de los componentes. Pero lo mejor es que saber mantener la bicicleta ajustada y lubricada no sólo garantiza el buen funcionamiento de los elementos claves de nuestro vehículo y con ello mejora nuestra seguridad, sino que eso nos transmite una confianza añadida al conducirla.