Sabemos que ser íntegros en esta vida viciada cuesta y cuesta mucho más cuando en ello nos van votos, cuando atacamos a las prácticas más comunes y mayoritarias, aunque sean cuestionables e incluso reprobables, aunque la intervención contraiga más beneficios que perjuicios comunitarios e incluso para los propios protagonistas. Cuesta porque hemos asumido como parte de un juego siniestro mirar a otra parte en determinados momentos, aunque esos momentos sean determinantes para la estrategia de decimos estar siguiendo en otros en los que no nos tiembla el pulso porque estamos interviniendo sobre minorías.
Hablamos por supuesto de movilidad, de sostenibilidad, de autodependencia, de hipermotorización, de viajes estúpidos y, lo más importante, de inculcar entre nuestros niños y jóvenes nuevos valores para que sean ellos los que nos den la alternativa hacia un mundo y unas ciudades más habitables, más amables, más respetuosas, más humanas en definitiva, ya que nosotros hemos sido incapaces ni siquiera de proponerlo en serio.
Hacer una peatonalización y perseguir después a los ciclistas, hacer unos kilómetros de carril bici, una zona azul, verde o naranja, un calmado de tráfico o colocar unos cuantos aparcabicis no es comprometido y prácticamente no conlleva mayor inconveniente que pelear con unos pocos vecinos y comerciantes. Son minorías, son actuaciones puntuales, pecata minuta.
Ahora bien, cuando lo que tratamos de atajar son los vicios contraídos por toda una generación a la que hemos inculcado los valores del individualismo, de la competitividad, del hiperconsumismo, de la propiedad privada, de la globalización, de la deslocalización, del miedo, de la sobreprotección de los menores, del acuartelamiento de los mismos, de la agorafobia y del ventajismo, la cosa cambia. Ahí nos tiembla el pulso.
Un ejemplo tremendo de ello lo tenemos en los accesos a los centros escolares, otro en los accesos a los centros laborales en hora punta. Siempre es hora punta cuando hablamos de viajes al cole, siempre es hora punta cuando hablamos del viaje al trabajo. Y más punta todavía y más afilada cuando volvemos de dichos centros.
Ahí todo vale. El canibalismo, la depredación circulatoria. la violencia y la agresividad extrema están justificadas y consentidas. La labor de los agentes de la ley, en todo caso, es velar por que las agresiones no vayan más allá de la verbalidad, que las invasiones del espacio público no duren más de media hora, que las infracciones sean temerarias pero no mortales. Porque tenemos interiorizado que es inevitable y, más que eso, que no hay que evitarlo, porque es parte del juego. Mirar a otra parte en esos momentos es conveniente.
Lo que no nos damos cuenta es que esos viajes suman las dos terceras partes del total de los viajes que se producen en entorno urbano, así que si no actuamos sobre ellos estaremos limitándonos a intervenir sobre un tercio como máximo de los desplazamientos que se producen en una ciudad.
Así pues, dejémonos de monsergas y de pantomimas cuando hablemos de movilidad. La movilidad principal es la obligada, la del horario, la de la hora punta, la del miedo y la violencia, la misma a la que tratamos de no mirar de frente porque nos acobarda. Si no actuamos sobre la movilidad obligada no tendremos legitimidad a la hora de tratar de intervenir en otros aspectos más marginales aunque igualmente decisivos para sentar las bases de un nuevo modelo de accesibilidad, de movilidad y por extensión de convivencia y de ciudad.
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miércoles, 12 de febrero de 2014
martes, 15 de marzo de 2011
Caperucita camina sola
Un cuento actual, actualizado, sobre el miedo al espacio público y la autonomía infantil. Un poco siniestras las ilustraciones. Un mensaje esencial.
La exposición "Caperucita Camina Sola. La reintroducción de la infancia en la ciudad", reflexiona sobre las dificultades de niños y niñas en su relación con el medio urbano, centrando especialmente la atención en aspectos urbanísticos, de movilidad y culturales-educativos. Asimismo, se aproxima a la importancia del camino escolar como un espacio de ensayo de la autonomía infantil y de mejora de las ciudades (aportando un vídeo sobre el tema como recurso complementario) y también a algunas iniciativas puestas en marcha en diversas localidades que tratan de hacer de las calles un espacio más seguro y amable para la infancia.
Esta exposición del CENEAM (Centro Nacional de Educación Ambiental) ofrece un acercamiento atractivo y multidimensional a un asunto complejo que presenta múltiples perspectivas, y puede ser un recurso especialmente interesante para aquellas administraciones y organizaciones que están desarrollando programas educativos de mejora urbana con participación infantil o que centran su trabajo en la movilidad.
La exposición consta de dos partes que se complementan: una es un cuento para los más pequeños, y otra son unos paneles con información suplementaria para los adultos.
Entre los paneles para los adultos encontramos algunas joyas:
Y esta historia:
Hoy nos ha tocado transportarla y montarla. Tiene peso.
La exposición "Caperucita Camina Sola. La reintroducción de la infancia en la ciudad", reflexiona sobre las dificultades de niños y niñas en su relación con el medio urbano, centrando especialmente la atención en aspectos urbanísticos, de movilidad y culturales-educativos. Asimismo, se aproxima a la importancia del camino escolar como un espacio de ensayo de la autonomía infantil y de mejora de las ciudades (aportando un vídeo sobre el tema como recurso complementario) y también a algunas iniciativas puestas en marcha en diversas localidades que tratan de hacer de las calles un espacio más seguro y amable para la infancia.
Esta exposición del CENEAM (Centro Nacional de Educación Ambiental) ofrece un acercamiento atractivo y multidimensional a un asunto complejo que presenta múltiples perspectivas, y puede ser un recurso especialmente interesante para aquellas administraciones y organizaciones que están desarrollando programas educativos de mejora urbana con participación infantil o que centran su trabajo en la movilidad.
La exposición consta de dos partes que se complementan: una es un cuento para los más pequeños, y otra son unos paneles con información suplementaria para los adultos.
Entre los paneles para los adultos encontramos algunas joyas:
Y esta historia:
Hoy nos ha tocado transportarla y montarla. Tiene peso.
Gracias a Roberto por aportarnos este video.
sábado, 13 de noviembre de 2010
¿Qué estamos enseñando a nuestros niños?
La respuesta es fácil. Lo que sabemos y como lo sabemos. Hablando de desplazarse... más de lo mismo. Y el problema no es más grave que eso. Pero es suficiente. Porque legitima y perenniza actitudes y hábitos que son ya una cultura.
Parece una cuestión de segundo orden, y lo es para la mayoría, pero si enseñamos a nuestros menores a vivir de una manera estamos condicionando su capacidad de ver otras formas de vivir... y de moverse. Nuestros niños, nuestros chavales están creciendo con unas pautas realmente restrictivas y condicionadas cuyos frutos vamos a tener la suerte de recoger en pocos años.

Desplazarse acompañados, vigilados, protegidos, dependientes, en horarios estrictos, con agendas sobrecargadas, de hito a hito, en calendarios interminables, en atmósferas viciadas, siempre supervisados, disciplinados, amenazados... va a tener unas consecuencias, está teniendo unas consecuencias. Y las vamos a ver, y las vamos a padecer.
Y curiosamente, o no tanto, no estamos preocupados por eso. Nos obsesiona más si los nuestros aprenden euskera o inglés, si hacen deporte reglamentado o van a ser artistas, si son prodigios, si tienen amistades convenientes, si son formales, si no tienen enfermedades... o simplemente si van a ser mejores que nosotros. Y lo más triste es que no nos damos cuenta que muchas de nuestras preocupaciones se resolverían dejando a los niños ser niños, a los chavales, chavales, a los jóvenes, jóvenes. Dejar que jueguen, que se diviertan y que se aburran, que practiquen la justicia y que infrinjan la injusticia y la sufran, que descubran la realidad y el entorno, que se ganen a sus amigos y que los pierdan, que discutan y se reconcilien SIN QUE HAYA UN PADRE, PROFESOR O MONITOR detrás.
¿Y todo eso cómo se consigue? La receta es sencilla:

Pero no es tan fácil. Porque llevamos mucho camino conduciéndonos en otra dirección. Hemos sido capaces de montar todo un universo de espaldas a esta lógica y atendiendo a otras lógicas más poderosas. Así hemos sido capaces de sustituir autonomía por protección, libertad por miedo, economía por consumo, juego por entretenimiento, sociedad por agregación, necesidad por deseo, accesibilidad por movilidad, esparcimiento por ocio... ¿Y en qué se ha traducido todo esto? En aislamiento, deslocalización, dependencia del coche, suspicacia, desconfianza, individualismo, consumismo, agorafobia... Y eso en irascibilidad, obesidad, debilidad física y anímica, insustancialidad, pesimismo, compulsivismo, ansiedad, hipocondria, esquizofrenia, amilanamiento, avestrucismo y apatía, entre otras muchas patologías.
¿Qué nos queda con este panorama? ¿Confiar en que nuestros herederos renieguen de nosotros y renuncien a "todos estos lujos" y a "todo este bienestar" y hagan posible otro orden de cosas, en función a otros valores que alimenten otras lógicas? ¿O ponernos a trabajar en ello?
Algunos indicadores apuntan en esta dirección y algunas iniciativas, cada vez más, están haciendo nuevas propuestas. Esto va a resultar emocionante... y digno de verse.
Algunos proyectos interesantes:
Parece una cuestión de segundo orden, y lo es para la mayoría, pero si enseñamos a nuestros menores a vivir de una manera estamos condicionando su capacidad de ver otras formas de vivir... y de moverse. Nuestros niños, nuestros chavales están creciendo con unas pautas realmente restrictivas y condicionadas cuyos frutos vamos a tener la suerte de recoger en pocos años.

Desplazarse acompañados, vigilados, protegidos, dependientes, en horarios estrictos, con agendas sobrecargadas, de hito a hito, en calendarios interminables, en atmósferas viciadas, siempre supervisados, disciplinados, amenazados... va a tener unas consecuencias, está teniendo unas consecuencias. Y las vamos a ver, y las vamos a padecer.
Y curiosamente, o no tanto, no estamos preocupados por eso. Nos obsesiona más si los nuestros aprenden euskera o inglés, si hacen deporte reglamentado o van a ser artistas, si son prodigios, si tienen amistades convenientes, si son formales, si no tienen enfermedades... o simplemente si van a ser mejores que nosotros. Y lo más triste es que no nos damos cuenta que muchas de nuestras preocupaciones se resolverían dejando a los niños ser niños, a los chavales, chavales, a los jóvenes, jóvenes. Dejar que jueguen, que se diviertan y que se aburran, que practiquen la justicia y que infrinjan la injusticia y la sufran, que descubran la realidad y el entorno, que se ganen a sus amigos y que los pierdan, que discutan y se reconcilien SIN QUE HAYA UN PADRE, PROFESOR O MONITOR detrás.
¿Y todo eso cómo se consigue? La receta es sencilla:

Pero no es tan fácil. Porque llevamos mucho camino conduciéndonos en otra dirección. Hemos sido capaces de montar todo un universo de espaldas a esta lógica y atendiendo a otras lógicas más poderosas. Así hemos sido capaces de sustituir autonomía por protección, libertad por miedo, economía por consumo, juego por entretenimiento, sociedad por agregación, necesidad por deseo, accesibilidad por movilidad, esparcimiento por ocio... ¿Y en qué se ha traducido todo esto? En aislamiento, deslocalización, dependencia del coche, suspicacia, desconfianza, individualismo, consumismo, agorafobia... Y eso en irascibilidad, obesidad, debilidad física y anímica, insustancialidad, pesimismo, compulsivismo, ansiedad, hipocondria, esquizofrenia, amilanamiento, avestrucismo y apatía, entre otras muchas patologías.
¿Qué nos queda con este panorama? ¿Confiar en que nuestros herederos renieguen de nosotros y renuncien a "todos estos lujos" y a "todo este bienestar" y hagan posible otro orden de cosas, en función a otros valores que alimenten otras lógicas? ¿O ponernos a trabajar en ello?
Algunos indicadores apuntan en esta dirección y algunas iniciativas, cada vez más, están haciendo nuevas propuestas. Esto va a resultar emocionante... y digno de verse.
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