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jueves, 12 de enero de 2017

El juego (infantil) de la movilidad deseable

Hemos dejado las ciudades en manos de técnicos y políticos, que han hecho y han deshecho a su antojo. Han partido y han repartido teniendo en cuenta criterios más que discutibles, pero que en su día fueron santo y seña de una forma de entender las ciudades y su desarrollo, y ahora nos encontramos en el entuerto de tratar de darle la vuelta poco a poco a ese modelo, para proponer otro menos agresivo, menos contaminante, menos centrado en la movilidad y más centrado en las personas y en el uso del espacio público. Y nos encontramos con que los encargados de deconstruir esta ciudad son, en gran parte, los mismos que participaron en su montaje.

Así, cuando se propone la conversión de una zona de circulación a una zona sin ella o la reversión de una autopista urbana para convertirla en una vía más amable y más orientada a las personas, nos encontramos que dependemos de los mismos cuerpos de élite que las hicieron (o sus sucesores con la misma conformación mental). Para muchos de ellos (por suerte no todos) tratar de desmantelar una vía de circulación es poco menos que un sacrilegio que hay que argumentar y apoyar con estudios de movilidad que lo justifiquen y que siempre será sospechoso de ser una forma sutil de sedición al predominio del coche como garante del progreso y a no sé qué derechos asociados a su posesión.

El caso es que para proponer un nuevo modelo de calle hay que hacer un ejercicio que, por lo que nos han dado a entender, sólo está al alcance de las élites de la política, del urbanismo y del tráfico, normalmente condicionadas por su bagaje de décadas en el ejercicio de justificar lo anterior o sus propias reivindicaciones históricas. Los legos no podemos participar porque no pertenecemos a esos gremios arrogantes, celosos y endogámicos. O eso nos han dado a entender.

Pues, haciendo un ejercicio de irresponsabilidad y rebeldía doméstica, nos hemos puesto en casa a jugar a ser arquitectos, ingenieros, políticos y gestores del tráfico. Y, para hacerlo, me he rodeado de dos criaturas inocentes de 10 y 13 años, ambas usuarias de la bici en espacios urbanos. Lo hemos llamado "Vamos a sacar las bicis de las aceras". ¿Nuestras herramientas? Un ordenador con acceso a internet, papel y lápiz y unas piezas de Lego. Y le hemos dedicado 3 sesiones al asunto.

Sesión 1: Vamos a ver cómo es la calle en la que queremos intervenir

Y cuál es el objetivo de la actuación que proponemos: hay que reducir el espacio de circulación de los coches, hay que reservar un carril para el bus, hay que permitir hacer las operaciones de carga y descarga y, lo más importante, hay que sacar las bicicletas de las aceras.

Estudiamos atentamente la calle en el ordenador, gracias, sobre todo, al Street View de Google Maps, y medimos anchuras para hacernos la plantilla que nos servirá de tablero para nuestro juego. La hemos visitado "in situ" previamente.

Sesión 2: Vamos a hacer lo que nos dé la gana

Pero teniendo en cuenta que la calle sigue viva y tiene sus servidumbres: la gente tiene que acceder a las marquesinas del bus, a los contenedores de la basura, se tiene que poder hacer el reparto de mercancías y debe estar garantizado el acceso a los garajes y bolsas de aparcamientos en superficie.


Las reglas: podemos tocar todo menos las aceras (las medianas, en principio, tampoco) y tenemos que explicar cómo funcionan las distintas opciones y cómo interactúa cada usuario tipo (automovilista, conductor de bus, usuario del bus, repartidor, ciclista y peatón con sus distintas necesidades, además de la de desplazarse) con el resto de usuarios de la calle. Para ello utilizaremos fichas tipo (1 para peatón, 2 para bici, 6 para coche, etc.) y también colocaremos elementos del mobiliario urbano como bancos, terrazas, farolas, marquesinas y contenedores de basura.

La condición: tenemos que llegar a un acuerdo.



Al final, después de muchas explicaciones y discusiones, las soluciones se reducían a 3, porque en seguida se descartaron los carriles bici aparejados a la mediana por ser poco prácticos y confinar a los ciclistas sin dejarles opción de apearse cuando quisieran de la calzada para acceder a su destino:
  1. Dejar las cosas como están y marcar la circulación ciclista en el carril de la derecha (que es el que naturalmente utilizan las bicis).
  2. Meter a las bicis con los buses en un carril dedicado (con las terribles interacciones en las paradas)
  3. Sacar a las bicis del tráfico motorizado y hacer un carril bici a la derecha del mismo, con un andén de separación para poder dar servicio a los buses, a la carga y descarga y a los contenedores de basuras.
La chavalería eligió la tercera opción (porque no se veían compartiendo el tráfico en una vía con tanta intensidad y tampoco con los buses) pero con una condición indispensable: que no se permitiera el estacionamiento de coches (salvo los de personas con discapacidad) en toda la calle ya que no sólo servía para invisibilizar la circulación ciclista, sino que además obstaculizaba el carril bus y fomentaba la segunda fila. 


Sesión 3: Vamos a comparar nuestra mejor propuesta con las que propone el Ayuntamiento

Como de lo que hablábamos era de una calle concreta de nuestra ciudad, que es en la que se va a actuar, la comparamos con las distintas opciones que propone el Ayuntamiento y, aunque se parece mucho a una de ellas, en ninguna se contemplaba lo de quitar los coches aparcados, así que lo dejamos pendiente de formularlo como una propuesta al Ayuntamiento, cuando se haga el proceso de participación correspondiente.


Mis ayudantes se han quedado encantados con el juego, y yo más. Ver las cosas como un niño me han ayudado a desprejuiciarme, a descubrir cosas que yo solo no habría sido capaz y a explicar otras que parecen obvias, pero que no lo son a los ojos inocentes de un menor. Un ejercicio más que recomendable.

Si queremos una ciudad de niños ¿por qué no les dejamos que participen en su construcción?

domingo, 11 de diciembre de 2016

Niños sin wifi

Y niñas. Hoy toca hacer un homenaje a las personillas inocentes a las que hemos decidido someter a una especie de secuestro permanente y a las que hemos usurpado su derecho más genuino: el de estar en la calle haciendo lo que les dé la gana con otras personillas de su tamaño sin la vigilancia y la supervisión de sus padres. Y madres.


Hoy toca reconocer que nos hemos equivocado. Que con nuestro miedo y el consiguiente síndrome de sobreprotección, hemos privado a nuestros niños y niñas de disfrutar de la calle, sin condiciones, sin jueces, sin árbitros, sin vigilantes, sin más reglas y más justicia que las que sean capaces de acordar o improvisar.


Los menores se merecen la calle. A su aire. Con su imaginación desbordante. Con su capacidad de hacer un juego de cualquier situación y un juguete de cualquier cosa, cuanto más simple, mejor. Sin calle, los niños y las niñas están desnaturalizados, por más que les colmemos con todo tipo de juguetes y accesorios.


Y el homenaje lo hacemos de la mano de Marta Salas, la chica que saca estas fotos maravillosas, intemporales, que nos hacen recordar lo mejor de nosotros mismos, los años de la inocencia, donde no existía el miedo, donde no hacía falta WhatsApp para quedar, bastaba con ir a buscar a los demás a su casa o a los sitios habituales.


Marta tiene el extraño privilegio de mirar a través de su objetivo con los ojos de una niña que se deja fascinar por los detalles, por las situaciones y que se queda absorta contemplando a otros niños, a otras niñas.


Marta mira sin miedo y sin complejos. Sin ánimo de enjuiciar o interpretar lo que ve. Y eso se deja ver en su fotos. Son directas, sinceras, puras, simples, encantadoras.


De  ella es el título de esta serie de fotos, que forman parte de una exposición, la primera que hace, y que va a estar todo el invierno en el Restaurante Anttonenea en el número 48 de nuestra querida calle San Antón de Pamplona, donde, por cierto, se come de lujo.


Si te apetece volar un rato y mirar las cosas como si volvieras a la infancia, no te pierdas esta oportunidad. Y, si no tienes esa oportunidad, puedes seguirla en Facebook o en Instagram.


O mejor. Si tienes alguna de esas personillas a tu cargo, dale la oportunidad de vivir la mejor edad de su vida sin complejos y sin miedos tontos e infundados. Y pelea por que ellas, esas personitas, conquisten lo que nunca deberían haber perdido: la calle. Y que descubran por sí mismas su realidad y sus sorpresas. No hay tiempo que perder.


lunes, 1 de junio de 2015

Zona de exclusión de coches en areas escolares

En el desarrollo orgánico de la Ley Anti-Coche que se debería promulgar en la legislatura entrante o en las Ordenanzas Anti-Coche que pueden servir de puente hasta la aprobación de dicha ley, un punto que reviste especial importancia por su transcendencia generacional y por representar uno de los factores desencadenantes de mayor conflictividad motorizada es el tratamiento especial que debe darse a los entornos de los centros escolares, sobre todo en las horas de entrada y salida.

Las zonas que acogen centros educativos suelen presentar niveles de saturación motorizada y de violencia vial extremos en las horas punta. Prisas, sustos, maniobras violentas, encontronazos, atropellos, broncas... todo por dejar acceder hasta la puerta a los padres a bordo de sus coches con todo el caos y la agresividad que ello provoca, agudizada en muchos casos por un sentido de sobreprotección mal entendido por parte de muchos padres.


La propuesta es sencilla: prohibir el acceso de los coches en un radio mínimo de 200 metros de las puertas de acceso a los centros educativos en horarios de entrada y salida. Si se consigue, es fácil deducir que sólo por dispersión y por inconveniencia, la fórmula serviría además para mejorar la calidad del espacio circundante a los centros y hacer más agradable y más saludable estos momentos de encuentro y despedida. Sólo con alejar los coches y las segundas filas.

La puesta en práctica es lo complicado. Ya sólo la intención de impedir a los padres acceder en coche se entiende como una afrenta y como una violación de un derecho fundamental inherente a la paternidad o algo así. Cuando ya se pone en marcha, la cosa reviste una problemática mayor ya que de los comentarios y opiniones se suele pasar al enfrentamiento personal y hasta a la descalificación hacia los encargados de velar por el cumplimiento de la medida. Demencial pero cierto.

Nada, de todas formas, que no pase en otros escenarios. Lo grave y preocupante es que en estos desencuentros los niños no son sólo coprotagonistas y sino espectadores de excepción de las actitudes de sus padres y de los padres de sus compañeros, lo cual agudiza el problema porque les ayuda a interiorizar comportamientos que pasan a formar parte de su bagaje personal y que reproducirán en el futuro con emulación casi genética.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Hazte un favor: regálale una bici

Nos encontramos inmersos en plena vorágine consumista. Esa que nos empuja a comprar, con la excusa de alimentar mitos y creencias que mezclan lo místico con lo crematístico de manera absolutamente desvergonzada, y que nos ha enseñado que los regalos son la recompensa a haber sido buenos o, dicho de otra manera, a no haber traicionado los principios que sustentan esta sociedad banal e interesada.

Y ahí andamos comulgando todos, más o menos a disgusto, devanándonos el seso para acertar con la voluntad del regalado, sobre todo cuando el objeto de nuestra generosidad es un niño o niña. Un juguete, algo más práctico, con pilas, sin ellas, interactivo o no, que potencie valores o que entretenga suficientemente... las variables son infinitas y la influencia de los poderes mediáticos descomunal.


En estos días, en los que uno de cada tres anuncios son de perfumes, nos asalta, a los que tenemos niños a nuestro alrededor con los que cumplir, la gran duda. ¿Juguetes o juegos? ¿Calle o cuarto de estar? ¿Actividad o sedentarismo?

Más calle y menos cuarto de estar

Al final, la cuestión se reduce muchas veces a objetos para permanecer en casa más entretenidos y dóciles o elementos que necesiten el espacio abierto para cobrar sentido y utilidad. Y, curiosamente, cada vez los medios de comunicación y consumismo nos enfocan más a retenernos en el cuarto de estar, en sus dominios, que a salir a la calle, un medio mucho menos controlable y donde las cosas ocurren de manera azarosa.

En este orden de cosas, donde todos los intereses nos tratan de convencer de que la calle es mucho menos segura y previsible que el salón de nuestra casa, debemos recordar que es en ese terreno común donde las cosas ocurren realmente y donde dependen de nosotros mismos, de nuestras habilidades, de nuestra destreza, de nuestra experiencia.

Es ahí donde tenemos algo que hacer y donde nuestro papel es protagonista. Es ahí donde podemos decidir al menos en la parte que nos toca que es: cómo vamos a desenvolvernos, cómo vamos a relacionarnos y cómo vamos a movernos. Y ahí una bicicleta puede cobrar un sentido y una dimensión importante. Decisiva.

Así pues, regálale una bici, porque mientras sigues cumpliendo con la expectativa del universo de los juegos y los juguetes, puedes estar regalando un vehículo que haga que su jinete adquiera una consciencia, una conciencia y una destreza que sean valiosas para el resto de su vida.

Piénsatelo y actúa. Estarás participando en la construcción de un mundo un poco mejor en el que tú también saldrás beneficiado.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Superhéroes, necesitamos superhéroes

Cuando algo se visualiza como un reto casi inalcanzable, donde existen unas barreras importantísimas, una percepción de peligrosidad extrema y una pusilanimidad generalizada, lo que hace falta para realizarlo es un superhéroe.

Los superhéroes pueden hacer lo que el común de los mortales no puede. Muchas veces porque no lo intenta. Muchas veces porque no se lo cree. Necesitamos más superhéroes, muchos superhéroes. Aunque realmente lo que necesitamos es que cualquiera se convierta en un superhéroe, simplemente porque se crea lo que está haciendo, le ponga mucha energía y un montón de ilusión. Eso hará cambiar las cosas.

Para ejemplo un botón, o, más bien, un montón de estrellas que dentro del programa del mismo nombre, STARS (Sustainable Travel Accreditation and Recognition for Schools), trata de demostrar que se puede ir al cole en bici, aunque sea en una ciudad tan pretendidamente imposible como Madrid. Y lo demuestran con hechos y con mucho gusto, por cierto.

Ole!! Ole!! Ole!! en bici voy al cole... from José Rossi on Vimeo.

Enhorabuena por la iniciativa y que la fuerza acompañe a todo aquella persona que, como ha ocurrido en este colegio madrileño, ya lo hace, se lo ha propuesto o se lo quiere proponer. Es mucho más fácil de lo que parece. Tenemos demasiados monstruos y demasiado bien alimentados, pero ni son tan feroces ni pueden tanto contra la voluntad personal individual.

Tú puedes ser tu propio superhéroe. Y el nuestro. Inténtalo.

lunes, 12 de mayo de 2014

Preparando a nuestros menores para la guerra de los autos

Porque está claro que esto es una guerra declarada contra las bicicletas. Si no, no se entiende toda la estrategia desplegada para anularlas. Esta guerra empezó hace ya unas décadas en las que se fue fraguando el dominio de los automóviles en nuestras calles, en perjuicio de todos los demás, niños sobre todo. Un dominio basado en el terror y que ha dejado no pocas víctimas en el campo de batalla y demasiados daños colaterales. El otro día se revelaba una de ellas, en un ranking de las ciudades más contaminadas de nuestro entorno entre las que muchas que presumen de verdes ocupaban posiciones cabeceras.

Después de apenas cinco décadas de tiranía y de mezquindad en favor del automóvil, en los últimos años se ha producido un preocupante renacimiento de la bicicleta que tiene obsesionados a los señores del tráfico como una amenaza cierta a su orden. Las bicicletas no son bienvenidas en nuestras ciudades porque molestan. Molestan en un tráfico pesado, violento y organizado para que el coche y sólo el coche funcione. Pero molestan mucho más cuando se refugian en las aceras y zonas peatonales porque reproducen esa misma agresividad contra los indefensos peatones (muchos de ellos previos automovilistas agresivos).


Así las cosas, la táctica no se hizo esperar y los señores del tráfico decidieron recurrir a su argumento más eficaz: el miedo. Sembrando miedo entre la población se puede culpabilizar a los ciclistas de su propia siniestralidad y castigarles a protegerse como si sus lesiones fueran poco menos que autoinfringidas. Soberbio.

Primero las medidas fueron encaminadas a separar a las bicicletas del tráfico, de la calzada, atrincherándolas en corredores donde, si no se la jugaban intentando circular por ellas, lo hacían cuando se cruzaban con el tráfico motorizado o hacían peligrar a los caminantes porque se habían hecho a base de pintar rayas en las aceras. Eso no tuvo el efecto disuasorio deseado sino más bien el contrario y animó a mucha gente a montar en bicicleta de una manera más o menos incosciente.


Visto lo visto, los señores del tráfico, esos que no van a hacer nada por reducir el uso del coche, han decidido penalizar a los ciclistas y obligarles a utilizar casco para sus desplazamientos. Así, porque sí, porque los ciclistas, como los automovilistas, como los peatones y como los que se caen en la bañera de su casa sufren demasiados traumatismos craneoencefálicos, muchos de ellos fatales. Qué empeño. Único país en Europa y uno de los pocos en todo el mundo.

Ante la contestación social y la reacción de todos los estamentos a nivel europeo, lo que iba a ser una ley universal, se ha quedado en un castigo sólo para los menores, a los que, bajo la presunción de querer protegerlos, les obliga a utilizar casco hasta los 16 años. Como si a partir de esa edad fueran inmunes o como si la mayor parte de las víctimas, quitando las que se producen en periodo vacacional, no fueran mayores de 25 o como si los más peligrosos no fueran esos ciclistas noveles, mayores, inseguros e inconscientes... o como si a los ciclistas no les atropellaran coches. Por favor.

En fin, seguiremos batallando en esta guerra cruel que penaliza a los débiles y protege a los fuertes, que premia a los agresores y condena a las víctimas, que prefiere no tener calles que dejar de desplazarse en coche. Eso pese a que muchos ayuntamientos (entre los que se encuentran los de Sevilla, Barcelona, Vitoria, Zaragoza, Donostia o Pamplona, por ejemplo), en ese proceso de discriminación legal, hayan aprobado por mayoría una declaración contra la obligación del uso del casco, que ahora tratan de olvidar. Somos ruines, somos miserables, somos cobardes, somos conservadores y no dejaremos de serlo, aunque suframos las consecuencias en nuestras propias carnes.

miércoles, 23 de abril de 2014

Llevando a los niños a pedales

Una parte vital de la logística doméstica es, además de acarrear las compras a casa, transportar a los menores a los distintos lugares a donde les tenemos destinados, empezando por el colegio y acabando por esa interminable carta de actividades en las que hemos decidido los mayores que tienen que invertir su tiempo y nuestro dinero y así, de paso, tenerlos colocados en lugares seguros.

Eludiendo la cuestión de fondo del confinamiento infantil y de la agorafobia que padecemos muchos de los mayores y que infringimos a nuestros pequeños, vamos a tratar del tema no menos escabroso de cómo transportamos a los niños de un sitio a otro y, más que eso, cómo los podríamos transportar si quisiéramos, entre todos, promocionar entornos que dieran oportunidades a las distintas opciones de locomoción por igual.

Podríamos ponernos realmente pesados tratando de argumentar pros, fórmulas, modelos, accesorios, trucos prácticos, sistemas, condiciones y hasta ingeniería civil y social, pero muchas veces es más útil y más sugerente ver unos cuantos ejemplos más o menos llamativos, más o menos fáciles.

Ahí van unos cuantos rescatados de la última visita al país líder en hacerlo a pedales.



Hasta aquí todo muy bien, muy correcto y muy conocido, pero el que se lleva la palma es el vehículo que vi pasar un viernes por la mañana en Nijmegen, no sabiendo bien si estaba suficientemente despierto como para dar crédito a lo que estaba presenciando.


martes, 18 de febrero de 2014

¿Qué ciudad hemos preparado para nuestros niños?

¿Y cómo tenemos que adiestrar a nuestros niños para que se adapten a esa ciudad?



Si viendo videos adoctrinadores como éste no se nos ponen los pelos de punta es que somos unos indolentes y unos irresponsables, o que ya nos hemos inmunizado a la basura infantil.

¿De verdad queremos mantener este estado de cosas? ¿De verdad queremos seguir metiendo miedo a nuestros niños? ¿Queremos seguir prohibiéndoles jugar en las aceras? ¿Queremos seguir reprimiéndoles y represaliándoles porque no son capaces de hacerse con el orden que les hemos establecido? ¿De verdad lo queremos? ¿O es que simplemente no creemos que se pueda cambiar?

Esto no es seguridad vial, esto no es educación vial, esto es represión vial.

Basta de semaforitos, basta de niños advertidos, basta ya de meter miedo y de proteger al coche y justificarlo, incluso en los despistes de los automovilistas, basta ya de culpabilizar a los que tendrían que ser los protagonistas de la movilidad y de la vida urbana.

Esto es demasiado siniestro para que nos siga pareciendo normal. 

Si con ese video no os ha sido suficiente, ahí va otra joya de la misma firma. Aquí al miedo, a la protección de la tiranía del coche, a la educación aborregante y maniqueísta hay que sumar la justificación de las prisas y la irascibilidad al volante, la inevitabilidad de la congestión, la incitación al consumo y a la competencia infantil y, no paremos de alucinar... ¡la circulación de las bicicletas por las aceras y la peligrosidad de los peatones!



Luz roja a esta luz verde tristona y atemorizadora que va a hacer de nuestros niños unos zombies a las órdenes de Nancy Agente de Tráfico. No más terror en las aulas.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La educación ciclista se aprende en casa

Y cuando somos pequeños, sobre todo. Imitando, siguiendo los consejos de los que para ti son tu guía y tu modelo. Esa es la principal escuela de ciclismo. Un padre, una madre acompañando a sus pequeños por los itinerarios habituales y dándoles consejos de prevención, mejorando las habilidades básicas, cogiendo confianza.


No hay mejor educación que predicar con el ejemplo y, en esto de la educación vial, la mejor escuela es la calle. No hacen falta profesores ni policías, que serán bienvenidos en el entorno escolar para reforzar los conocimientos y para recordar la presencia de la ley y las consecuencias de su incumplimiento. La educación vial, el civismo en bicicleta se aprende andando en compañía de alguien de confianza. Los padres, los mejores. También valen tíos, abuelos y hermanos mayores, pero es otra cosa.



El ejemplo de una madre, de un padre para un hijo, para una hija es insustituíble. Y el aprendizaje se impregna de una manera natural, como un juego familiar, como una demostración de los menores de una adquisición de habilidades ante sus padres, como una demostración de que ya se van haciendo mayores, autónomos, independientes. Es realmente emocionante para las dos partes y lo que se aprende así no se olvida nunca.

Para empezar, unos cuantos consejos
  1. No tengas prisa.
  2. Circula con el menor delante, para poder ver su evolución y para corregir sus vicios y hacerle consciente de la prevención.
  3. Paciencia.
  4. No te obsesiones con que lo hagan todo perfecto a la vez. Son demasiadas cosas. Es preferible ir paso a paso. Detente las veces que te haga falta y repite amablemente las maniobras.
  5. Paciencia.
  6. Deja que el niño (la niña) te demuestre que ha aprendido. Es mucho más gratificante.
  7. Paciencia.
  8. Prueba primero en circuitos seguros y totalmente apartados del tráfico. Cuando muestren seguridad, no rehuyas las calles tranquilas. Es la mejor manera de salvar el miedo al tráfico y la intimidación del coche.
  9. Paciencia.
  10. Haz itinerarios con sentido y con objetivos interesantes y reales: ir al cole, ir a la piscina, ir a hacer la compra, etc. Así demostrarás el valor como vehículo y no sólo como juguete que tiene la bicicleta.
  11. Vete complicando los escenarios para iros haciendo con todas las situaciones posibles: rotondas, intersecciones, incorporaciones, pasos difíciles.
  12. Enséñale a bajarse de la bici en las aceras y en las zonas peatonales cuando haya mucha gente.
Enhorabuena y gracias.

P.D.: Gracias a Mikael por las fotos.

martes, 25 de junio de 2013

Viajar con niños en bicicleta

Pequeños y bicicletas no sólo son compatibles, son una aventura digna de experimentarse si se tiene la oportunidad. Más si los pequeños son los tuyos. Es una manera excepcional de redescubrir las relaciones personales, tan viciadas y tan condicionadas en otros muchos momentos. De viaje en bici la relación es mucho más fuerte, es de pura camaradería, de compañerismo, de dependencia, de solidaridad y de comprensión del más débil. Y eso, yendo con menores es siempre mucho más acusado.

Pero además es una oportunidad de aprender una forma de viajar que implica necesariamente aprender a valorar el camino mucho más que la meta y eso a muchos menores, acostumbrados a ser llevados de un lado a otro como ganado, les cuesta mucho comprender y a sus mayores a veces mucho más. El "¿cuánto falta?" debe reformularse en "mira qué chulo" o "fíjate en eso". Cuando tienes todo el día para llegar, lo que menos vale es la llegada, porque hay que disfrutar todo el día y es entonces cuando el camino cobra relevancia e interés.


Por eso hay que procurar que haya alicientes durante toda la jornada: una parada en una fuente, un avituallamiento improvisado, un lugar de recreo a medio camino, la hora de comer, la sobremesa, un río o una piscina, una consulta en el mapa, en el móvil o en el GPS, todo debe ser motivo para despertar el interés de los menores hacia cosas y actividades que normalmente no se hacen.

Y la improvisación. Ese tesoro tan despreciado y tan olvidado en la sociedad de la información y de la planificación excesiva. La improvisación, el cambio de planes, la forma de afrontar y superar las pequeñas incidencias inevitables y casi deseables, es, sin duda, uno de los mayores alicientes y uno de los mejores descubrimientos en un viaje. Debe serlo. Mejor que los grandes hitos y las atracciones. Y es uno de los mejores aprendizajes cuando se está descubriendo "la vida de los mayores".

Viajar con niños es, pues, más intenso y muchas veces muy exigente, pero es una oportunidad de oro para comprobar sobre el terreno que la vida, la que sucede ahí fuera, esa que es tan atractiva como incontrolable, es la mejor escuela para nuestros menores y un viaje en bicicleta incrementa la vivencia increíblemente convirtiéndose en una escuela también para los mayores. Y en una cura de humildad.

Un saludo desde la ruta. Dos, otro de mi compañero de aventuras.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Menos tamal y más pedal

"El desequilibrio entre la ingesta de alimentos y la actividad física es lo que lleva a la obesidad. En este equilibrio, el sedentarismo casi pesa más que la sobreingesta. Aunque estos no son los únicos elementos que derivan hacia la obesidad: la genética y los factores ambientales también tienen su importancia", asegura el profesor Javier Salvador, director del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN) y presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEN).
En el Estado, un cuarto de la población, el 23%, padece obesidad y más de un 60% tiene sobrepeso, una cifra que en el caso de las personas mayores de 65 años se incrementa hasta el 81%.
Teniendo en cuenta estos datos alarmantes y que uno de los problemas más graves de los países desarrollados es el sedentarismo, asociado a la falta de actividad física, expertos como el doctor Salvador demandan en el abordaje de esta epidemia del siglo XXI una respuesta coordinada de todos los agentes implicados. "La prevención desde la infancia es fundamental, involucrando en ello a la familia, el colegio, la industria alimentaria... será la única forma de atajar en origen y controlar la obesidad"
En esta línea, los especialistas advierten que el sobrepeso y la obesidad son un problema de salud pública de primera magnitud que además genera un importante coste sociosanitario. "Una situación que incrementa, asimismo, el riesgo de sufrir otras muchas enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, dislipemia, apnea del sueño, problemas cardiovasculares y gota, entre otros", añade el doctor Salvador, quien participó junto a otros especialistas en una sesión científica sobre Nutrición e Hidratación, organizada por la Academia de Medicina (RANM), que contó con el apoyo de Aquarius y Coca-Cola España.
Ejercicio y buena alimentación
Una de las conclusiones de la jornada y el mensaje que los nutrólogos quieren transmitir es que una buena nutrición y una adecuada hidratación, unidas a la práctica de ejercicio diario, son las claves para lograr una buena salud.
Pero sin olvidar otros factores de incidencia. En algunas personas existen alteraciones hormonales que les provocan el desarrollo de más obesidad; la edad también juega a favor. "A medida que se va envejeciendo la probabilidad de tener obesidad es el doble. El estrés es otro factor determinante. No se suele tener muy en cuenta, pero cualquier tipo de estrés: laboral, conyugal, el derivado de un problema psiquiátrico, suelen facilitar que la regulación de la alimentación sea distinta. También el dormir mal favorece la obesidad, ya que altera las hormonas que controlan la alimentación", explica didácticamente el profesor de la Clínica Universitaria de Navarra.
Como reconoce el doctor Salvador, todos estos factores son evitables, o al menos modulables. "El trabajar en exceso no es bueno, hay que controlar la actividad y realizar algo de ejercicio físico. En este sentido, tampoco hace falta ser un fanático del cuerpo. Suelo recomendar cosas factibles; no se puede recomendar una actividad física que no se llevará a cabo al no poderse incorporar a la vida diaria", añade.
(...)
En los tratamientos de obesidad, el doctor Salvador considera imprescindible la valoración individual del paciente, "según las características de su enfermedad, las complicaciones y sus circunstancias personales se decide qué tratamiento es el más apropiado en cada caso", argumenta. "Hay que escuchar al paciente, saber si tiene problemas de estrés, si duerme bien si tiene una alimentación equilibrada. No me gustan los planes drásticos porque no se pierde grasa y no mejora la salud. El ejercicio físico polariza la pérdida; es una garantía de salud", añade.
El profesor insiste en la necesidad de activar mensajes que transmitan con claridad que la obesidad no es cuestión solo de peso, sino de vivir menos, con una calidad peor y con una probabilidad creciente de padecer diabetes, apnea del sueño y todo tipo de cáncer. "Hay que ser conscientes de esto", apostilla.
El especialista destaca también la importancia de una correcta hidratación que garantice las cantidades de líquidos necesarios para el organismo y el equilibrio entre las pérdidas e ingestas que se realizan a diario. "Es necesario hidratarse bien, pero vivimos en una sociedad que va tan deprisa que no solemos tener mucho tiempo para beber líquidos en abundancia. Con el exceso de trabajo muchas personas descuidan la ingesta de líquidos. Además, en la infancia y en las personas mayores hay que tener mayor cuidado, pues los mecanismos reguladores de esta ingesta no están activos y pierden la sensación de sed corriendo el riesgo de deshidratarse.
Claves para mejorar la salud 
Una buena nutrición y una adecuada hidratación, unidas a la práctica de ejercicio diario, son las claves para lograr una buena salud. En definitiva, "menos plato y más zapato". Este es el sencillo pero útil mensaje que los expertos quieren trasladar a la ciudadanía.
Artículo de Diario de Noticias de Navarra

Lo dicho: menos tamal y más pedal.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La ignorancia no nos librará de sus consecuencias

Dicen que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Vale. Sin embargo, resulta más caro ignorar la trampa y son igual de ineludibles sus consecuencias, si no mayores. Vivimos sometidos a toda una serie de vicios, más o menos consentidos, más o menos voluntarios y creemos que con ignorar los efectos que conllevan podremos evitar sus consecuencias. Vamos lo que se llama "hacer el avestruz", "mirar a otra parte".

Esta actitud que es evidente en la arena política actual, pero que se podría extrapolar a cualquier otro campo, empezando por la economía o el medio ambiente, es especialmente dramática cuando toca a nuestra vida directamente, en primera persona, y seguimos queriendo ponernos las orejeras de la ignorancia.

Leo hoy que la salud de los menores viene ya condicionada por el aire que respiran sus padres, especialmente sus madres, y que en zonas contaminadas los bebés pesan menos que en zonas más saludables y eso condiciona su vulnerabilidad frente a todo tipo de afecciones de la salud. Esto es, que antes de nacer, ya están condicionados por el ambiente.

Foto robada de Valencia en Bici

Las famosas micropartículas en suspensión cuyos máximos se negocian en los foros en los que se debate sobre la calidad del aire y que nos parece un asunto científico, casi irrelevante para los legos, son las responsables de nuestra salud antes incluso de que vengamos a este mundo cruel y emocionante. Eso y el estrés, los hábitos alimenticios y la saludabilidad de nuestros progenitores, hacen tanto como el dichoso código genético a la hora de condicionarnos para toda la vida.

Parece agorero e incluso determinista, pero todavía hay gente que se mantiene ajena a esto, como si no fuera con ellos esta guerra, como si fueran asuntos para los demás, como si no le fuera a salpicar. Pues esto salpica, y mucho. Por eso merece la pena mojarse a fondo y remangarse para intentar mejorar la calidad del mundo en el que vivimos, aunque sea en lo que podemos hacer por nosotros mismos y que puede aportar algo a los demás. Evitar usar el coche es, sin duda, una de esas cosas que representará un gran paso para nosotros y un pequeño paso para los demás..

Porque ¿alguien puede decirme quién es el principal responsable de las emisiones de esas micropartículas así como de los gases que contaminan nuestro aire?

domingo, 6 de enero de 2013

La ciudad desde el manillar

Viajar en bicicleta, circular en bicicleta, moverse en bicicleta tiene una ventaja respecto a los demás medios de transporte: en bicicleta ves, oyes, sientes y te puedes parar prácticamente donde quieras. Eso te permite tener una perspectiva más directa, más cercana, más inmediata y más tangible del entorno.

Si a eso le sumamos la inocencia de la mirada de un niño, descubriremos que en bicicleta las cosas se ven de otra manera, porque da tiempo a verlas y a interpretarlas, porque en bici, circulando relajado, da tiempo a reflexionar sobre lo que estás viendo.


Es lo que le pasó el otro día a Mikael Colville, Copenhagenize, yendo con su hija cuando se encontraron un par de pimientos en un paso de cebra. A ningún automovilista le hubiera importado un comino semejante insignificancia en su trayectoria. Uno, porque no hubiera podido verlo. Dos, porque no hubiera podido evitarlo. Tres, porque un automovilista no repara en esas tonterías.

Un ciclista, o un pasajero en una bicicleta, puede verlo, pararse a comprobar qué es, cogerlo e incluso dedicarle un momento a una reflexión, como le paso a la niña de Mikael.

Recuerdo un día... 

...que iba con mis dos pequeños pasajeros en nuestro vehículo a pedales y el mayor me pregunto:

- Oye aita ¿te has dado cuenta que todos los bancos están en las esquinas?

Cierto, pensé, y mientras esperábamos a que se pusiera en verde el semáforo le dije.

- Sí, porque son los mejores sitios y ellos son los únicos que pueden pagar el precio de los alquileres... que ellos mismos se han encargado en subir hasta precios que la gente normal no podía pagar.

- Ya -me contestó- pero no dan ambiente a la calle, porque parece que siempre están cerrados.

Un momento que sólo puede tener lugar cuando vas en bici... o andando.

domingo, 14 de octubre de 2012

Hay otro camino

El caso del Colegio Mendialdea de Berriozar ha alcanzado la cota más alta de la irresponsabilidad colectiva, tratando de defender a ultranza el transporte escolar subvencionado. Lo que empezó siendo una pura pataleta a un recorte que, aunque no suficientemente argumentado, no deja de ser razonable si lo analizamos detenidamente, ha ido derivando en un asunto sobre el que se ha pronunciado oficialmente el Ayuntamiento de Berriozar, el Defensor del Pueblo de Navarra y que ha acabado en el Parlamento navarro como moción mayoritaria de toda la oposición.

Hablamos de un gasto de 230.000 euros al año para transladar a varios cientos de escolares que se desplazan poco más de un kilómetro, en el peor de los casos, en un pueblo de 9.000 habitantes.

Las razones argumentadas:
  1. Que es un servicio que se lleva prestando y sufragando durante 30 años.
  2. Que el itinerario es peligroso.
La primera razón no merece ningún análisis, pero la segunda si lo merece. Definir el itinerario como peligroso, simplemente porque quiere justificarse la necesidad de un servicio de transporte colectivo motorizado, es un ejercicio que, en este caso, raya la demagogia. Argüir que lo es porque hay que cruzar una carretera general y transitar por una zona industrial es ignorar las alternativas y, por tanto, falsear la realidad.


Para empezar, no toda la población vive al otro lado de la travesía que, aunque mantiene la categoría de carretera nacional, está muy condicionada: los pasos peatonales que no están semaforizados, están elevados y pintados de rojo y blanco para alertar y reducir la velocidad de los automóviles que circulan por ella.

En segundo lugar, hay un itinerario paralelo seguro y separado del propuesto por los demandantes que, además, se implementó por el mismo Ayuntamiento que ahora denuncia el tema hace apenas dos años. Se trata de un paso sobre la vía del tren gracias a una pasarela peatonal y ciclista que da acceso al colegio por unos caminos pavimentados que evitan atravesar una zona industrial que, además de desagradable, es casi intransitable de manera digna. Un itinerario que, además, cuenta con una acera bici hasta dicha pasarela más que aceptable. Un recorrido agradable y seguro.

Foto de Aitonak

Lo malo de este itinerario, lo que tiene realemente preocupados a los padres y madres de este centro, es que sólo puede hacerse a pie o en bici, y eso es lo verdaderamente peligroso, inconveniente, impresentable, indigno y, por lo tanto, inasumible. Nadie está dispuesto a que ningún niño vaya de casa al colegio en algo que no sea un vehículo motorizado. Eso es lo cómodo, y en eso se están gastando 1.000 euros al día.


Es preocupante la forma como se están llevando a cabo la mayoría de los recortes en los servicios sociales en los últimos meses por unos gobernantes obsesionados en contener los presupuestos de cualquier manera, pero no es menos preocupante lo que subyace detrás de reivindicaciones como estas, es decir, lo indiscutible de la propuesta y, más que eso, la ausencia de alternativas al incuestionable transporte motorizado.

Hay algo que es innegociable en nuestra sociedad: la seguridad de los menores. Pero de ahí a asociarla, en el caso de la movilidad, al transporte motorizado y desestimar cualquier alternativa como inviable hay un trayecto realmente grande. Sobre todo porque es el propio transporte motorizado el que hace peligroso ese itinerario. La sobreprotección a que sometemos a nuestros menores llega a unas cotas de insostenibilidad absolutamente espeluznantes. Tanto que ya no les permitimos desplazarse andando o en bici si no van permanentemente vigilados y acompañados por sus mayores, sean estos padres, profesores, monitores o cualquier sustituto de éstos. Y muchas veces ni así.

Estamos construyendo una sociedad, una forma de vivir alimentada por el miedo y las consecuentes inseguridad y protección, que favorece el enclaustramiento de nuestros niños y niñas, su aislamiento, la constante supervisión de los mismos, que están deviniendo en un sedentarismo y una atrofia infantil realmente preocupantes.

No quiero pensar qué hubiera pasado si, aprovechando la "oportunidad" que representaba este recorte, las apymas, en vez de defender a capa y espada el servicio de transporte en bus a perpetuidad, se hubieran organizado para llevar a los niños andando o en bici, con el apoyo de un Ayuntamiento que alardea de favorecer la movilidad sostenible.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La otra semana de la movilidad, la insostenible

No es broma. La movilidad está de capa caída, la sostenible también. Aunque nos regocijemos con el incremento de ciclistas urbanos y la boyante marcha de los negocios relacionados con la venta y reparación de bicicletas, la movilidad en su conjunto sigue haciendo aguas.

El ejemplo más amargo lo tengo en la propia puerta de mi casa. Esa donde, al punto de la mañana, se apelotonan los infantes acompañados de sus mayores para esperar el autobús escolar. Ese que este curso no volverá a pasar sufragado por el erario público debido a los recortes gubernamentales.

Esta semana el colectivo escolar de mi pueblo se ha dedicado a organizar una semana de la movilización por la movilidad insostenible, sólo por preservar el derecho consolidado e inalienable de los padres y madres de adiestrar a sus hijos e hijas en la más absurda de las reivindicaciones: la del inmovilismo reivindicativo.


Estos padres y madres afectados reclaman la continuidad de un servicio de transporte escolar subvencionado por el gobierno regional que transporta a cerca de 400 escolares en 9 autobuses 4 veces al día para recorrer la distancia de 600 metros. ¡4 manzanas!

Lo de menos en este caso tan flagrante es el coste de dicha aberración y el ahorro que se va a producir en las arcas públicas, que tampoco irá destinado a otros fines, sino a recortar el presupuesto. Lo vergonzoso es la actitud de unos padres y madres, de una comunidad escolar incapaz de proponer otros medios para hacer el camino escolar más sano, más activo, más responsable, más barato y más consciente entre los niños y niñas de primaria en un pueblo que goza de buena salud demográfica y de un colegio en un entorno privilegiado, al que puede accederse de manera tranquila, agradable y activa, sin ningún tipo de dificultad, sin peligro.

Son malos tiempos para la sostenbilidad estos en los que todos y todas estamos pensando en cómo salvar nuestro culo, cómo mantener nuestros privilegios, cómo conservar nuestro bienestar o lo que creemos que es eso y cómo hacernos más egoistas en respuesta a tanto castigo y recorte social y político. Es lo que tiene la estupidez colectiva, que por pura agregación acaba autojustificándose y haciéndose más reaccionaria.


¿Quién pagará el pato esta vez? Sin duda los menores, víctimas de la miopía de sus padres, incapaces de ver que, otra vez más, las pretendidas dificultades sólo presentan oportunidades inmejorables de cambio y de mejora.

Otra vez más el miedo, la sobreprotección, la abulia y la insensatez colectiva construyendo una sociedad, un entorno y una convivencia cada vez más viciada y más insostenible.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Llevar a tus hijos al cole en bici está perseguido

Ha explotado en internet el caso de un padre de Pozuelo que fue advertido por la policía local de esa población madrileña por llevar a sus hijas en su bici al cole. Se han hecho eco de la noticia hasta el pope del ciberbiciespacio Copenhagenize y la ECF European Cyclists' Federation. La lluvia de comentarios no se ha hecho esperar. Ignominia, vergüenza, subdesarrollo... la gente ha dado rienda suelta a su exaltación.


No quiero abundar en el caso concreto, pero sí me parece oportuno recordar que en este país la ley no está a favor del transporte de criaturas en bicis ni en remolques y es un asunto crucial en una sociedad altamente motorizada precisamente por este motivo: el transporte escolar es la gran excusa para utilizar el coche. Uno de los argumentos que más utiliza la gente para recurrir inevitablemente al coche en sus desplazamientos urbanos es que tienen que llevar a sus churumbeles al cole, a la guardería, al instituto o a cualquier sucedáneo de los mismos.

Llevarlos en coche está protegido

Y resulta curioso el celo de muchos agentes de la ley en perseguir malhechores en bicicleta a la vez que se relajan ante las transgresiones de los padres automovilistas y facilitan y dan cobertura a prácticas como la doble fila, la invasión de pasos de cebra, las maniobras irregulares y la violencia vial en los accesos a los centros de menores.



Más de lo mismo

El otro día me comentaba un compañero que la policía local de Pamplona le había parado, por segunda vez en menos de un mes, para comprobar si llevaba a algún chiquillo en su remolque Chariot cuando venía de camino a Mundoraintxe. En ambas el carro iba vacío, lo cual no ha servido para amilanar a los servidores de la ley a mantener su vigilancia hacia el forajido con su carromato.

- Ya sabes que está prohibido usarlos en la calzada ¿no?
- Sí, sí, pero yo nunco voy por la calzada cuando llevo a mi hijo.

Arguye intimidado, como si fuera posible o recomendable hacerlo.

- Ah vale - advierte el agente. Y prosigue- Por cierto ¿ese compañero tuyo que lleva a dos niños en un tandem? ¿Eso está homologado?

¡Me han pillado! ¡Y por lo visto nos han abierto ya una linea de investigación! Es lo que tiene el crimen organizado. De momento sigo siendo un fugitivo, ya veremos cuánto me dura.

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jueves, 22 de marzo de 2012

¡Aaaaale! ¡Veenga! ¡Vaaaaamos!

¡Date prisa! ¡Que llegamos tarde! Son sin duda las expresiones más utilizadas por los padres de hoy en día para azuzar a sus hijos. Como si fueran animales, desde los 2 hasta por lo menos los 9 años niños y niñas viven acosados por sus propios padres para llegar a las distintas etapas que les van poniendo. Una tras otra, convenientemente empalmadas para no dejar ni un respiro, para tener a los menores colocados, fuera de todo riesgo, controlados. Somos las víctimas de nuestro tiempo, de nuestras ambiciones, de una cultura y una educación demasiado orientada a alcanzar objetivos, a conquistar nuevas cotas. Vivimos pendientes del segundero, acosados y acosando, estresados y estresando, corriendo y haciendo correr, perdiendo el control, desbocados por cumplir el horario, la agenda, el calendario.


Esta tiranía del segundero tiene un precio y es un precio mucho más alto del que nos creemos. Para empezar, vivir en la urgencia nos hace perder la conciencia de lo importante, nos impide disfrutar del momento porque estamos continuamente obsesionados con el siguiente hito. Pero, más que eso, nos convertimos en seres agresivos, porque obligamos a nuestro entorno a adecuarse a nuestra prisa y, cuando no podemos acelerar al mundo, cargamos contra él. Y entonces llegan los problemas, la pérdida del talante, la fractura del civismo, la ruptura de la concordia. Y saltan las chispas y suceden los conflictos.

Hasta aquí todo lógico. Nos han entrenado a ello y podemos capearlo. O eso creemos. Nos han enseñado a ser individualistas, competitivos, insolidarios, agresivos, ganadores, aprovechados, egoístas, y lo han conseguido. O mejor, lo hemos conseguido. Y vivimos dependientes de la prisa, del agobio, del achuchón, del empujón, del adelantamiento y no nos damos cuenta de lo que hemos engendrado: un mundo cruel, feroz, canibal, insolente e intolerante.

En este mundo la bici está desplazada, porque lo que cobra sentido es el motor, el rugido, amenazador, rápido, agresivo. El motor acelerado, impulsivo. La bici sin embargo no tiene ese repris, tiene que circular necesariamente lenta, calmada, transigiendo por su pura naturaleza, por su condición, aprovechando espacios, conviviendo, cohabitando, interactuando. Y eso molesta, porque no interesa, y se convierte en algo peligroso. Esas ovejas tranquilas, apaciguando el tráfico se vuelven inconvenientes porque rompen la lógica, el ritmo, el estilo, el necesario punto de violencia vial para que la cosa funcione, para que arree.

No es eso tan preocupante como lo que estamos haciendo padecer a nuestros inocentes pequeños, empapándoles de un ambiente imprescindiblemente enrarecido, respirando un aire viciado, en espacios cerrados, oclusivos, reclusivos, presenciando nuestras frustraciones, nuestra agresividad, nuestra violencia, nuestra enfermedad. Sin oportunidades de esparcimiento, de relación informal, de juego, de diversión, de tranquilidad y de aburrimiento ¿por qué no?. No sabemos lo que estamos haciendo.



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martes, 21 de febrero de 2012

La ciudad de nuestros niños

No voy a caer, aunque merece la pena recordarlo de vez en cuando, en hacer otro homenaje a Tonucci y su nunca suficientemente reconocida obra. No. Lo de hoy es mucho más prosaico, mucho más sencillo, mucho más real.

Hoy he dejado a mi pequeña en el cuarto de baño con un juego de construcciones adhesivas y, a la vuelta de un buen rato de entretenimiento silencioso, la he visitado y me he encontrado esto.

No voy a intentar analizar todos los detalles de su construcción. Sólo uno. En su ciudad compacta las personas son protagonistas y los coches están aparcados en las afueras. No le he pregutado nada, le he pedido permiso para sacar una foto y lo hemos dejado ahí hasta que se vaya cayendo en la próxima ducha.

Muchas veces creemos que sabemos lo que quieren nuestros niños porque nos afanamos en convencerles, mediante engaños y artimañas, de que les ilusione lo que les tenemos preparado porque realmente nos interesa a nosotros. Pero muy pocas veces les dejamos a ellos imaginar, con esa prodigiosa imaginación que tienen, con esa capacidad de inventar y reinventar, de improvisar, de cambiarlo todo, de poner las cosas del revés, de echar por tierra lógicas contratastadas, miedos infundados, inercias obsesivas y vicios añejos. En un simple juego, aprenderíamos mucho.

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jueves, 16 de febrero de 2012

A los niños les gustan más los vehículos que los juguetes

Fabuloso video de Orbea para vender su línea de bicicletas infantiles y fabuloso eslogan. Confieso que me ha atrapado. Porque es cierto. Los niños prefieren los juegos a los juguetes. Pero la bicicleta para ellos es algo más que un juego y mucho más que un juguete, es la aventura del desplazamiento, es una invitación al descubrimiento de nuevas fronteras, es un pasaporte a la autonomía, es la antesala de la independencia. Y todo eso es emocionante y les hace sentirse vivos, mayores, válidos y valientes.


Hoy en día los niños tienen desgraciadamente muy pocas oportunidades de demostrarlo y de demostrárselo. Porque los tenemos secuestrados por su propia seguridad, temerosos de que les pase algo, de su integridad, cumpliendo rutinas obsesivas, internados en espacios controlados. Y les tratamos inculcar el miedo al exterior, a lo desconocido, a la aventura, a la incertidumbre. Y les estamos quitando lo mejor de la infancia: las caídas, los golpes, las trastadas, los sustos, las incursiones, las chiquilladas... la emoción de vivir. Y todo eso se lo puede proporcionar la bicicleta y un poco de confianza.

Deja que tus niños anden en bici y descubre cómo se iluminan sus miradas cada vez que se lo propones. Y, si las circunstancias no te lo permiten o no te atreves a dejarlos solos, acompáñales. No te arrepentirás.

Kids love vehicles more than toys from Alex Fernandez Camps on Vimeo.