martes, 24 de febrero de 2015

Recortes de una realidad sangrante

Ojeando la prensa local de estos días se puede comprobar que, ante la ausencia de otras noticias que las relativas a la corrupción y al tiempo, hay poco de que hablar en los medios de comunicación. Por eso vuelven la mirada hacia problemas menores, presuntamente irresolubles o demasiado conocidos y que entretienen a la audiencia por representar lugares comunes donde la gente se siente reconfortada y cualquiera es capaz de emitir juicios, opiniones o despropósitos sin tomar partido.

Y las bicicletas, cómo no, vuelven a ofrecer ese tópico facilón y recurrente que tanto agradece el gran público. Ayer y hoy han sido portada alternativamente de los periódicos locales de mayor tirada en Navarra. Ayer hablando de robos de bicicletas y hoy de accidentes, en general, pero poniendo también el acento en los ciclistas, aunque la portada se la llevaran las rotondas.

Hojeando en páginas centrales compruebo que el análisis de los mayores problemas del tráfico en esta ciudad o, al menos, los que más accidentes generan lo hace un responsable del cuerpo de Policía Municipal de Pamplona y ahí ya se introducen los dos factores más determinantes: las rotondas y los ciclistas que cruzan pasos peatonales.


Esto no sería nada más que la constatación de una realidad sangrante, suficientemente denunciada y sobradamente anunciada desde este mismo espacio y desde otros muchos a lo largo y ancho de este país miserable, al menos con el tratamiento que se le da a los usuarios de la bicicleta por parte de las "autoridades competentes". No daría para más si no fuera por la profundidad con la que, esta vez, se trata el tema y por la prolijidad del interlocutor elegido por el reportero, que se despacha a gusto sobre estos temas.

A nosotros, que lo que nos interesa son las bicis o, quizá más, la visión de la movilidad en general y la perspectiva desde la que se perciben las bicicletas, es una oportunidad para extraer algunos pasajes que ayudan a comprender cuáles son las claves de una realidad que, por más conocida, no se afronta desde el ángulo adecuado.

Que las bicis se presenten como un peligro es parte de esa visión acomplejada y orientada por el dominio del automóvil. Que el accidente más repetido con diferencia entre los que utilizan la bicicleta sea el atropello lateral cuando se cruza un paso de cebra delata la desnaturalización de la práctica ciclista y la renuncia colectiva a la calzada que se ha generalizado, sobre todo entre las personas que se han incorporado recientemente a la utilización de la bicicleta en estas ciudades concebidas para coches.

Ahora bien, siendo todo esto comprensible, lo que no parece es que sea excusable que el determinismo de los que pueden colaborar en cambiar este orden de cosas reduzca el problema a una cuestión de infraestructuras, educación vial o entendimiento entre ciclistas y peatones. Las joyas que involuntariamente nos aporta el responsable de la Policía Municipal no tienen pierde.



Todo en orden:
  1. Es inevitable que los ciclistas, ante la imposibilidad de construir infraestructuras que segreguen su circulación del tráfico, se tengan que refugiar en las aceras.
  2. Hay que disculparles, porque nadie va a tocar el tráfico en esa ciudad consolidada, que para los profanos significa inamovible y para los menos profanos significa "la que no vamos a mover bajo ningún precepto" aunque se pudiera.
Tremenda la lógica aplastante que manejan los poderes establecidos y los agentes que velan por hacer cumplir con la ley que mantiene las cosas inalterables.

Ahora bien, cuando se le pregunta sobre los accidentes registrados en calzada el dato, que queda sumergido en la profundidad del artículo, es demoledor.


Apenas se registran accidentes en calzada y, de éstos, y el responsable municipal no lo dice, la mayoría tienen lugar en las malditas rotondas. Esas que no entiende nadie, ni los automovilistas para las que se diseñaron, pero en las que los ciclistas quedan doblemente desvalidos porque no concurren en igualdad de condiciones y desaparecen en el ángulo muerto de visión de los automovilistas.

Siendo tan claro como grave el panorama ¿por qué no se propone otra solución que la connivencia (que no convivencia) o la educación vial infantil? Pues porque no es labor de la policía proponer sino salvaguardar, probablemente.

Sin embargo, todos los que confirmamos, otra vez más, esta realidad no podemos quedarnos callados presenciando el deterioro de la situación ciclista y el confinamiento al que quieren someter a las personas que usan la bici, como si fuera lo más natural, siempre tratando de preservar la tiranía del tráfico automovilístico.

lunes, 23 de febrero de 2015

Organizaciones que se organizan para promocionar la bici a nivel comarcal

Las organizaciones sociales normalmente tienden a trabajar de manera individual y relativamente aislada, muchas veces por el puro celo de sus responsables, otras como resultado de la desvertebración social que han conseguido algunos grupos políticos tratando de capitalizar todas las iniciativas cívicas o fagocitando directamente movimientos asociativos. Esta desarticulación ha debilitado formidablemente a la sociedad civil y ha coartado su capacidad de formar redes sociales (y no precisamente a través de internet).

Es por eso que sorprende que haya iniciativas coordinadas entre entidades de carácter social más allá de las propiamente federativas, mucho más si su objetivo es la promoción de la bicicleta. El ejemplo nos llega de la Ribera Navarra y se llama Recicleta, el mismo nombre de la famosa tienda de Zaragoza (que manda narices también). La Ribera Navarra, un lugar privilegiado para el ciclismo urbano y donde el uso de la bicicleta todavía mantiene índices que serían la envidia de otras zonas.


Recicleta Ribera es un movimiento que surge de la reunión de varios activistas de Tudela y alrededores y que aúna a entidades como Ecologistas en Acción y Biciclistas de Corella, la Escuela de Ciclismo Muskaria y el Módulo de Actividades Fisico Deportivas en el Medio Natural de la ETI de Tudela, con personas a título particular parece un buen intento de hacer fuerza y promover sinergias enriquecedoras.

Recicleta Ribera propone, además de la parte teórica o espiritual de la defensa y promoción del uso de la bicicleta como medio de locomoción, actividades y proyectos concretos: una Biciescuela para enseñar a andar en bici, un Centro Recicleta de recuperación de bicicletas para su reutilización y quedadas y talleres para ciclistas urbanos.

Enhorabuena por la iniciativa y a trabajar.

viernes, 20 de febrero de 2015

Cortinas de humo y bicicletas

Un programa europeo que persigue la mejora de los hábitats financia el proyecto Life+ Respira, que, liderado por la Universidad de Navarra en colaboración con CIEMAT y Gestión Ambiental de Navarra, trata de demostrar que es posible reducir la exposición de las personas que circulan en bicicleta y a pie por la ciudad a contaminantes atmosféricos urbanos.

Para conseguirlo van a mapear la calidad del aire prácticamente on-line, contando, entre otros, con la inestimable ayuda de unos cuantos ciclistas que voluntariamente se van a prestar a transportar unas estaciones sensoras móviles que van a transmitir sus registros cada 10 segundos, recogiendo datos a lo largo de sus itinerarios habituales durante 2 años para confeccionar un mapa que ayude a extraer conclusiones tales como: cuáles son las rutas preferidas por los ciclistas, cuál es la calidad del aire en las distintas zonas de la ciudad de Pamplona, cómo afectan elementos como el arbolado, la altura de los edificios, la anchura de las calles, la segregación del tráfico o la hora del día... un proyecto ambicioso que busca también ofrecer, mediante una aplicación, información en tiempo real que recomiende las rutas que menos exposición a la contaminación presenten en la ciudad.

Casi nada.

En la presentación pública del proyecto se manejaron muchos tópicos relacionados con la bicicleta como la exposición de los ciclistas a los elementos contaminantes, el necesario entendimiento con los peatones por la lógica ocupación de las aceras, la aportación de la bicicleta en el desarrollo sostenible y muchos otros que no merece la pena repetir. Allí estaban los voluntarios que se van a prestar a movilizar los sensores a pedales llenando el salón de actos del Planetario de Pamplona, un marco incomparable para acoger este evento y darle un carácter global a esta acción local aplaudiendo las intervenciones. Perfecto.


Sin embargo y en medio de la felicidad protocolaria que suele acompañar este tipo de presentaciones, llenas de esperanzas y buenos propósitos, algo destilaba una cierta autocomplacencia y un poco de escaparatismo verde y no precisamente entre los miembros de dicho proyecto. En los corrillos de después, esos que se forman de manera más o menos aleatoria tras el acto, se respiraba una cierta suspicacia sobre la eficacia de este tipo de iniciativas para cambiar inercias tan potentes como la que domina los asentamientos urbanos en nuestras latitudes en el tiempo presente y justifica la dependencia inevitable de los coches.

La gente, los de las bicis y los que no lo son tanto, están ya resabiadas y recelan de este tipo de iniciativas y de su capacidad de hacer algo más que constatar un estado de cosas.más o menos inamovibles. 

Claro que va a ser valioso tener un conocimiento profundo y pormenorizado de las variables que determinan la calidad del aire en una ciudad del tamaño y de las características de Pamplona. Claro que va a ser útil saber cómo deciden los ciclistas sus itinerarios y cómo les puede afectar el conocimiento de la contaminación en sus elecciones. Claro que va a ser curioso ver de qué manera influyen elementos tales como el arbolado, la estructura de las calles, la influencia del viento o la aplicación de pavimentos catalíticos que absorben partículas contaminantes. Pero ¿no estaremos afrontando el tema del impulso de la movilidad no motorizada desde un ángulo muy lateral y quizá demasiado complaciente?



Porque si no se trabaja sobre la posibilidad de cambiar la configuración de la ciudad, de reorganizar el tráfico motorizado, de desincentivar la invasión sistemática de los coches de los núcleos urbanos, quizá todo este esfuerzo no se quede más que en algo bonito, interesante pero anecdótico.

O quizá un mapa que enseñe cómo la contribución indefectible en la mala calidad del aire producto de la promoción del abuso del coche que se sigue haciendo en ciudades como Pamplona (incluso paralelamente a un pretendido impulso de la bicicleta o un testimonial apoyo al transporte público) sirva para concienciar a los ciudadanos de la capital navarra y, de paso, al resto de los que los que se quieran enterar, de que mantener las cosas como están y seguir teniendo autopistas urbanas que diseccionan nuestras ciudades y aparcamientos céntricos que incentivan el uso del coche es, no sólo inaceptable, sino improrrogable por afectar directamente a nuestra salud. Nosotros vamos a empujar en este sentido.

No olvidemos que la contaminación mata mucho más que otros agentes en nuestras sociedades modernas y pretendidamente desarrolladas y la utilización del coche es el principal causante de esa contaminación en nuestras ciudades.


Os mantendremos informados, de primera mano.

lunes, 16 de febrero de 2015

Elecciones que cambian la vida

Estamos inmersos en la vorágine preelectoral, ese proceso que ocupa prácticamente una cuarta parte de la vida política, algo que sólo puede darse en ese mundo ficticio, porque a nadie se le ocurriría hacer ese tipo de paréntesis en la vida real. Paréntesis que dura casi un año y donde toda la actividad de nuestros políticos se reduce a hacer buenos propósitos y a venderlos a la población que tiene que comprarlos a cambio de un voto que es un crédito para cuatro años. A eso, y a desacreditar a los demás.

Ahora nos va a tocar escuchar toda esa colección de buenos deseos, de propuestas de cambio y vamos a creer que todo esto va a depender, otra vez, mucho más de esa clase, la política, de lo que en muchos casos es la realidad. Es decir, que, aunque es innegable la necesidad de delegar la representación en unos cuantos elegidos para que lleven las riendas del aparato del estado y para que tomen las decisiones relevantes en los aspectos colectivos, ¿no es cierto que a veces, muchas veces, los cambios que afectan a nuestras vidas dependen más de nosotros mismos que de los responsables de regir nuestras instituciones y de decidir con qué normas se organizará nuestra sociedad? Entonces ¿por qué descargamos tanta responsabilidad en ellos y tan poca en nosotros mismos?


De decisiones tan aparentemente nimias como elegir de qué manera nos vamos a mover va a depender, en buena parte, nuestro estado físico y anímico, nuestra economía y una de nuestras aportaciones a la ecología urbana. La elección de pedalear o de caminar, en la medida de nuestras posibilidades, puede cambiar nuestra manera de vivir de una manera mucho más decisiva de lo que sospechamos.

Sí, estamos entrando en periodo de elecciones y hay muchas esperanzas puestas en los cambios que pueden suceder a las mismas, pero no tratemos de descargar toda la responsabilidad de los cambios que pueden afectar a nuestras vidas en los políticos, porque estaremos perdiendo la oportunidad de hacer cambios personales que pueden ser tan decisivos o más que los que necesitamos en nuestra sociedad y en nuestras instituciones.

Así pues, caminemos y pedaleemos, rodemos. Cuanto más mejor y cuantos más mejor. Mejor para todos y mejor para cada uno. Así de simple. Para ese tipo de elecciones, por suerte, no necesitamos del concurso de los políticos.

miércoles, 11 de febrero de 2015

No es el humo, son las velas

Leemos con pretendida satisfacción conformista, esa que consuela a los que no hacen nada y luego recogen los frutos, que algunas ciudades, cada vez más, están limitando el acceso a los coches a los centros urbanos por problemas relacionados con los niveles intolerables de contaminación que generan, y nos ponemos contentos porque nos parece que el mundo nos está dando la razón, o porque nos da la impresión de que los políticos están empezando a darse cuenta de que aquí hay un problema de movilidad y están actuando en consecuencia, o algo así, y resulta que es mentira. Mentira o trampa, que para el caso es lo mismo.

¿Es realmente la contaminación el gran problema que adolecen los centros urbanos como consecuencia del uso indiscriminado de los coches particulares? ¿O es tan sólo uno de los problemas consecuencia de ello? ¿Es acaso menos importante la ocupación del espacio, la peligrosidad, la violencia vial, la contaminación acústica o el condicionamiento en la disposición y uso de los espacios públicos?


¿Entonces por qué nos conmueve tanto que los responsables de la gestión de nuestras ciudades sólo actúen ante unos indicadores y hagan caso omiso del resto de efectos nocivos que conllevan los mismos causantes? O lo que es lo mismo ¿alguien cree que si se vuelve a cumplir con los índices de nivel de contaminación París o Madrid no volverán a soltar riendas?

Ni siquiera es la famosa tasa de congestión la que debería guiar la planificación estratégica de nuestras ciudades, esa es sólo otra herramienta, otro argumento. Nada más. Como las políticas centradas en la gestión del aparcamiento. Si no trabajamos desde la gestión de la demanda de movilidad, para reducir viajes motorizados en origen, el resto de medidas sólo harán un efecto disuasorio residual.

Hasta que no seamos capaces de darnos cuenta de que sólo a través de una visión integral y multidisciplinar de la ciudad como un ecosistema se puede enfocar el tema de la calidad de vida urbana, no podremos actuar sobre ella de una manera efectiva y todo serán parches y actuaciones marginales. Y dentro de ese ecosistema urbano, hasta que no veamos que no es una cuestión de humos, ni de víctimas, sino de un estilo de movilidad inducida, no estaremos en disposición de reducir el parque automovilístico en circulación y no podremos atajar los problemas de fondo que arrastra.

Claro que eso es mucho más complejo y conlleva cambios de mucho mayor calado, empezando por las estrategias territoriales y pasando por políticas urbanísticas y reconfiguración de pueblos y barrios enteros, pero  ¿qué se merecen nuestras ciudades enfermas, cuidados paliativos que dulcifiquen una decadencia irreversible o un tratamiento de choque que busque su mejoría y su salubridad?

sábado, 7 de febrero de 2015

No es país para bicis

Nos quejamos mucho. Nos gusta quejarnos. Nos lamentamos continuamente de todo. De lo mal que nos va, de lo ineptos que son nuestros políticos, de la escasa cultura social que hay en nuestro país. En los temas de la bici nos encanta decir eso de que aquí no hay cultura de su uso, y que los responsables de ordenarlo, su generación y la siguiente, no han utilizado bicicletas para desplazarse y por tanto no saben cómo hacerlo ahora que parece que la cosa resurge. Se supone que eso sirve para justificar lo mal que se están haciendo las cosas. Pero ¿vale también para explicar por qué las cosas van a peor?


Entonces ¿por qué ahora estamos más atrasados en muchos aspectos de lo que lo estábamos hace unos años? ¿Qué ha pasado? O mejor ¿qué no ha pasado?

Pues lo que ha pasado es que, pese a que el uso de la bicicleta ha crecido de manera exponencial al menos en su vertiente urbana en los últimos años, los responsables de regular el tema han promovido un proceso regresivo para con la bicicleta, encabezado por la Dirección General de Tráfico, pero amparado por muchos estamentos, e incluso mejorado por entes tan circunspectos como el mismísimo Consejo de Estado, que no ha tenido inconveniente en pronunciarse literalmente en contra del uso de la bicicleta como alternativa al coche hace escasas fechas.

Cascos, licencias, seguros, chalecos, prohibiciones, controles... esto es la guerra

De acuerdo con esta lógica, todo lo que sirva para alimentar esta estrategia será bienvenido, si aporta unas buenas dosis de miedo, de paternalismo y de boato, pues mejor.

Esta semana ha sido la más que sospechosa Cátedra de Seguridad Vial y Movilidad del Instituto Internacional de Ciencias Políticas la que ha empujado para dificultar la práctica ciclista, a través de la recomendación de la utilización de herramientas tan disuasorias como la obligatoriedad del uso del casco, la necesidad de matricular las bicis o la exigencia de hacerse con un seguro, además de recomendaciones peregrinas como llevar una matrícula impresa en un chaleco obligatorio o hacer controles de velocidad en zonas peatonales, entre otras. El informe titulado "Primero los peatones" no tiene desperdicio. Basta ver la composición de esta entidad para entenderlo.

Otra partida de sabihondos procedentes de los poderes establecidos dándose la razón mutuamente, en una sociedad subdesarrollada en temas de movilidad, en la que todo lo relacionado con la utilización de la bicicleta se traduce como peligroso, que se pondrían en evidencia en cualquier sitio menos aquí, entre sus semejantes. Ni un solo representante de los intereses de los ciclistas ni de los peatones en esos foros selectos, por supuesto, pese a que su finalidad declarada sea la de "realizar investigaciones científicas, para mejorar la seguridad en las carreteras y defender a los más vulnerables en materia de movilidad entre quienes se encuentran los peatones, los ciclistas y los motociclistas".

Los ciclistas entendidos como una clase

Y es que aquí hay todavía mucha gente empecinada en ver a los ciclistas como una clase o, casi más, como una tribu indeseable. Resulta cómodo cuando se trata de generalizar conductas reprobables, aunque sean minoritarias, y proponer medidas correctoras, éstas sí para todos. 


Y resulta que eso ya no es así desde hace tiempo. Se puede constatar en un simple paseo por las calles de muchas ciudades: los ciclistas, además de variopintos, circulan con naturalidad y con frecuencia desde hace ya muchos años, y la inmensa mayoría lo hace de una manera respetuosa y amable. Gente de distintas edades, procedencias, perfiles, actitudes y orientaciones. Proporciones cercanas al 10% del total de desplazamientos se traducen en que hoy en día en muchas ciudades hay ya 1 ciclista por cada 4 automovilistas o por cada 6 peatones y eso no es algo que se pueda desdeñar así a la ligera.

¿Dónde está el problema entonces?

Pues el problema está precisamente en la opción. La bicicleta no es la opción deseable. Lo que pasa es que mucha gente no lo quiere reconocer, no les gusta. O no les interesa. A los del establishment, a los de los poderes fácticos, a los de los bancos, las aseguradoras, la industria automovilística, las energéticas, las inmobiliarias y a todos los que chupan de sus botes no les interesa que esto suceda, menos aún en los tiempos que corren. Las bicicletas no mueven la economía y lo que hace falta ahora es mover la economía y eso se hace en coche. Punto.


Que los alemanes, centro operativo de gran parte de esta inercia estratégica, estén impulsando el uso de la bicicleta en sus ciudades no debe despistarnos. Que los franceses estén pagando un subsidio a los trabajadores que acudan en bicicleta a sus puestos de trabajo, tampoco. Que en ningún país europeo sea obligatorio el casco, la licencia. el seguro o el chaleco no les llama la atención. La miopía de nuestros gobernantes no les da ni para mirarse en los espejos que a ellos más les gustan. Porque no vamos a hablar de Holanda, Dinamarca, Bélgica, Suiza o Suecia, que esos no vienen a cuento ahora.

La solución para los problemas de la bicicleta no pasa por achantar a los ciclistas

No podemos consentir que se siga zarandeando de esta manera a las personas que han decidido utilizar la bicicleta para desplazarse, echándolas contra los peatones o contra los coches, o poniéndolas en la picota pública como incívicas y haciéndolas responsables de lo que no es atribuible más que a la falta de adecuación de las condiciones de ciclabilidad de nuestras ciudades, precisamente a ellas que no son sino las víctimas de un ninguneo que ya es demasiado sangrante, simplemente porque unos cuantos quieran seguir manteniendo intacto un estado de desarrollo que tiene en el coche y en la deslocalización dos de sus bastiones más importantes.

viernes, 6 de febrero de 2015

El ciclista, el "flow" y las reglas de los coches

Parece que, cuando se cuestionan las normas, se levantan ampollas y el solo hecho de mencionar una cierta rebeldía se interpreta como una apología de la temeridad y de la falta de respeto y una justificación del incivismo. Cuidado. Cuidado con confundir respeto con legalidad y cuidado con asociar norma vigente (u orden establecido) con seguridad y ejemplaridad. 

Vivimos en unas ciudades y en unas calles que se han decidido acondicionar al uso prioritario de los coches, relegando cualquier otro uso a un segundo plano. En esas estructuras viales formidables que hemos adaptado para que los coches y sólo los coches funcionen, los demás tienen que vérselas y deseárselas para circular, estar, jugar, pasear o lo que quiera hacerse en ese espacio público.

Es por eso que, cuando tratamos de interpretar cómo debemos los ciclistas actuar o comportarnos en ese medio, necesitemos explicar demasiado y demasiadas veces las mismas cosas. Porque lo de "respetar las normas" se queda corto cuando lo que se trata de explicar es cómo debe hacer un ciclista para circular seguro en medio del tráfico, cómo debe posicionarse en incorporaciones, rotondas y ramales, qué debe hacer para afrontar con garantías un cruce desde una vía segregada o, el colmo, cómo debe actuar si lo que trata de hacer es aprovechar un paso peatonal.


Nos ponemos nerviosos con la sola mención de la insumisión a la ley porque consideramos que bastante denostados estamos los ciclistas como colectivo como para, encima, tratar de aconsejar que se relativicen algunas normas que son tan rígidas como lo requieren los coches. Los semáforos son el ejemplo más sangrante de ordenamiento sólo en clave automovilística.

Sin embargo algunos inconscientes seguimos y seguiremos recomendando prácticas ilegales como interpretar los semáforos de regulación peatonal como meros pasos de peatones, hacer de las incorporaciones hacia la derecha meros cedas el paso o utilizar con respeto los pasos peatonales para hacer más seguros algunos giros, por ejemplo.

¿Por qué? Porque son seguras y porque la bicicleta necesita fluir. El "flow" que diría un rapero es la clave de la eficiencia de la bicicleta. Un ciclista no puede estar parando y arrancando continuamente como lo hacen los coches porque requiere demasiado esfuerzo físico y pierde su esencia y su eficacia. Es por eso que las ciudades cuadriculadas y con semáforos prácticamente en cada cruce de calles son especialmente malas para las bicis. Barcelona a la cabeza.

Muchos interpretarán esta actitud como egoísta, "ciclocéntrica", chulesca o simplemente incívica y provocadora, pero lo harán porque dan por sentado que infringir o relativizar una norma significa incumplir todas y que eso sólo sirve para alentar a los energúmenos y dar cobertura a cualquier desmán a bordo de una bicicleta.

No. Deberíamos poner el respeto por encima de la ley y recurrir a la ley sólo ante una falta clara de respeto. En todos y cada uno de los casos. Porque, de lo contrario, estaremos maximizando y sacralizando normas que, muchas veces, han sido formuladas para recoger los intereses y las exigencias y para garantizar la seguridad vial de tan sólo unos cuantos ciudadanos.

Las bicis no son coches y las normas de circulación y la regulación del tráfico están fundamentalmente concebidas para los coches o para el concurso eficiente de los coches. Tampoco son peatones, hermanos menores del tráfico, sometidos a las condiciones de los motorizados. Si no entendemos esto no estaremos siendo justos y ecuánimes en el tratamiento de estos vehículos humanos que son las bicicletas.

Por cierto, algunas de estas "ilegalidades" a las que nos referimos ya están permitidas en algunos países lejanos como Francia, por ejemplo. Imaginaros que eso ha ocurrido así sólo porque ellos son mucho más civilizados que nosotros, no porque hay un historial de muchos años de ciclistas infringiendo cortésmente esas normas.

lunes, 2 de febrero de 2015

Con 4 copos de nieve basta

Vivimos esta semana un temporal de los de antaño. Unos días en los que la nieve nos visita y nos hace recordar que todo lo que no sea calzada se pone impracticable. La nieve deja al descubierto la realidad más cruel y más ingrata de las ciudades en las que sólo importan los automóviles.



Basta una tarde de nieve de la buena, de esa que cuaja y deja todo más blanco que la leche para darnos cuenta de lo miserables que son las opciones de movilidad que no sean motorizadas, por calzada y, además, potentes.

En esos días en los que las calles se quedan reducidas a la mínima expresión circulatoria, la discriminación de los más lentos se hace más patente que nunca. Ahí es cuando todos los medios se vuelven a poner a disposición de los automóviles y donde todos los demás sufren pacientemente su miseria.

Aquí es donde queda claro que eso de la movilidad no motorizada es un camelo y donde se puede obviar incluso a la mayoría de la población (que se desplaza a pie), sin que ello suponga nada. Las excusas son múltiples: no hay medios suficientes, los medios más eficaces son motorizados y sólo pueden actuar en calzada, los peatones prefieren utilizar medios motorizados o los ciclistas, en su sano juicio, dejarán la bicicleta para mejor ocasión.

No les falta razón, vista la situación y entendido que esto no va a cambiar de la noche a la mañana, la gente sufre con resignación su humillación. Hemos entendido el mensaje: no son buenos tiempos para algo que no sean coches. Al menos en estas latitudes.

Porque curiosamente en otras latitudes, en países y en ciudades donde nieva más y dónde tienen mucho más invierno y menos luz que nosotros, han buscado soluciones y han invertido en garantizar oportunidades para todos los modos, independientemente de por dónde se desplacen.

domingo, 1 de febrero de 2015

La insumisión, ciclistas, es el primer paso hacia la revolución urbana

La rebeldía, el inconformismo, la transgresión de las leyes que nos discriminan, que nos ponen en peligro, que nos despotencian, que hacen que nuestra opción de movilidad se vea cercenada y reducida a una colección de situaciones descabelladas, de refugios ficticios, de desencuentros con peatones, con automovilistas, con otros ciclistas y hasta con nosotros mismos al sentirnos estúpidos tratando de seguir unas indicaciones absurdas... parece que es el único camino lógico, aunque no resulte sensato decirlo.

Y parece que es el camino que muchos a nuestro alrededor han decidido tomar, para desánimo de los que creen que el orden establecido es el único orden posible y que dejar las cosas como están es la única manera de que todo funcione.


Pues no, queridísimos conservacionistas de la tiranía del automóvil, vuestro orden no es el del resto, vuestras reglas no nos valen a los ciclistas, ni a los peatones, ni a los niños que quieren jugar, ni a la gente que quiere disfrutar de la calle libremente y con seguridad. Y no sólo no nos valen y por eso tantas y tantas veces no las seguimos, adrede, sino que no nos vamos a conformar y vamos a seguir transgrediéndolas y vamos a fomentar que se haga, hasta que consigamos que se cambien.

No hay otra forma de darle la vuelta a esto. Porque ya lo hemos intentado por la vía de la obediencia, de la paciencia, de la esperanza y hasta de la súplica, pero no ha funcionado. Siempre os las componéis, los "autoinmovilistas" para devolver las aguas a su cauce y velar por que los coches sigan siendo los dominadores de las calles y de las carreteras.

Con prudencia, con prevención, con instinto de conservación pero con determinación, con descaro y con elegancia, sigamos infringiendo esa ley que no nos recoge, que no nos incluye, que no nos comprende y que no nos ayuda a andar más seguros y a entendernos con los demás.

Hasta que la ley del tráfico, la ley de la tiranía del automóvil, la ley de la ocupación de la calle por los más fuertes, la ley de la velocidad y el peso siga vigente y nos someta, lo único que nos queda es la insumisión. Asumiremos las consecuencias de saltarnos algunos semáforos, de aprovecharnos de algunos pasos peatonales, de atajar por diagonales, de hacer algún contrasentido, de no llevar casco y de ocupar más espacio del que se presupone que tenemos asignado.

No hay otra si queremos que esto cambie, que se produzca una verdadera revolución urbana, una revolución en la forma de entender el espacio público, una revolución que busque el bien común. la igualdad de oportunidades, la accesibilidad universal y la democratización de la calle y de la sociedad en general.

martes, 27 de enero de 2015

Acabemos con el "perdona pero no te he visto"

Hoy han sido dos los testimonios del famoso "perdona que no te he visto". Ciclistas atropellados por conductores que sólo ven automóviles y no se ocupan de nada que no sea un paciente peatón (o ciclista) esperando sumisamente su permiso para continuar su marcha por un paso de cebra, por una zona peatonal con tránsito regulado, por una rotonda o por un carril bici. 

El caso es que es el accidente más común, más repetido y más grave entre los que no usan un pesado vehículo a motor para desplazarse, porque incluso los motoristas sufren muchas veces las consecuencias de su fragilidad y su capacidad de colarse entre el pesado tráfico pesado.


A los peatones, desearles suerte en su próxima aventura en un paso que no esté semaforizado. Para los ciclistas, el consejo es más complejo.
Queridos ciclistas y queridas bicicleteras,
Los automovilistas no os ven. No os ven porque no os miran. Ellos (y ellas) no miran bicicletas, ni peatones, sólo miran automóviles y sólo calculan en términos automovilísticos. 
No os empecinéis en que la razón os asiste y majaderías por el estilo porque la carrocería que os jugáis vosotros es vuestra carne y vuestros huesos. No insistáis en vuestros derechos, que aunque escritos y reconocidos, cuando no son respetados no os van a asistir en el siniestro.
Para vosotros, ciclistas, el consejo es la desconfianza. Desconfiad de que os hayan visto hasta que no estéis seguros de que os van a ceder, desconfiad de que van a respetar las normas aunque aparentemente su seguimiento sea inequívoco, desconfiad de vuestra destreza y capacidad de sortear inconvenientes.
Por desgracia, este mundo todavía está demasiado orientado a favorecer la práctica automovilística y vosotros sois unos invitados incómodos en un mundo pesado, acelerado, estridente y violento. Curiosamente vosotros, ligeros, ágiles, silenciosos y discretos sois los molestos, porque ellos tienen todo montado a su favor.
Sin duda todo esto irá cambiando, pero, mientras tanto, manteneros alerta, redoblar la atención, ser más prudentes de lo que os aconseje vuestro sentido común, haceros visibles y aseguraros de que os ven, porque, si no, las consecuencias más graves las vais a sufrir vosotros en vuestras carnes.
Gracias y suerte a pedales.

miércoles, 21 de enero de 2015

El todo y las partes

Todos somos parciales. Nadie se escapa a lo de ver la cosa desde su punto de vista, desde su condición, desde su perspectiva. Miramos desde nuestro lado del prisma, sin tener conciencia de que es un prisma y de que no sólo tiene varias caras sino que distorsiona nuestra forma de ver las cosas. Muchas veces esto se interpreta como un mero problema de empatía, de comprensión de las situaciones y de las intenciones de los demás. Pero eso también es hacer reduccionismo de alguna manera.


El escenario donde ocurren las cosas en la ciudad es la calle, lugar de encuentro y desencuentro, y en su faceta más cruel, el tráfico, es donde el problema del "faccionamiento" se agudiza de una manera más palpable.

Somos lo que conducimos, actuamos de acuerdo con nuestra elección de desplazamiento. Punto. No vemos más allá de la discriminación de los pasos peatonales y de la intimidación de los vehículos cuando caminamos, no vemos más allá de la marginación de la bicicleta como vehículo y de la falta de respeto generalizado para con los ciclistas cuando pedaleamos y, en fin, no vemos más que colapsos, semaforizaciones mal coordinadas, listos demasiado listos o torpes demasiado torpes cuando viajamos en un automóvil, cuanto más grande peor.


Pero el problema no es una cuestión de entendimiento, o no sólo es una cuestión de entendimiento, es algo que viene producido más por una falta de concepción de la ciudad como un sistema complejo o como un ecosistema. Aquí es donde la cosa presenta unas lagunas grandes y donde la gente exhibe una ignorancia tremenda y un atrevimiento proporcional a la misma, sobre todo a la hora de interpretar no ya el estado de la cosa urbana sino las posibles soluciones, y no digamos cuando se trata de proponer escenarios deseables. Aquí nadie sale de su miopía interesada.


Y no es culpa de la gente, de las personas, de lo aberrantes que nos hemos hecho de pura alienación asumida, no. Es un problema de cinismo demagógico por parte de los encargados de organizar este cotarro en el que se han convertido nuestras ciudades y más concretamente esa especie de campo de batalla en el que se han convertido nuestras calles.

Los poderes y los poderosos han estado y están muy interesados en mantener este orden de cosas, donde hemos asumido que debemos conculcar nuestro derecho a disfrutar de las calles para convertirlas en espacios de circulación al servicio de un coche que ha permitido la suburbanización de las ciudades, la zonificación de las actividades y la consecuente necesidad de moverse para todo.


Haber renunciado a las calles, haber conculcado el derecho a su disfrute, haber secuestrado a nuestros pequeños y a nuestros mayores, habernos hipermotorizado e hipermovilizado tiene un precio que va más allá de los meros problemas de seguridad vial, contaminación o congestión del tráfico. El verdadero precio de esta tremenda "operación automobiliaria" es que hemos perdido la perspectiva de lo que deberían ser nuestras calles, nuestros barrios y nuestras ciudades y hemos capitulado porque nos hemos creído que el progreso, el bienestar, la sostenibilidad económica y la felicidad consistía precisamente en eso.


Tenemos que trabajar por devolver a nuestros familiares y allegados, a nuestros vecinos, a nuestros ciudadanos, a la gente la inquietud y la conciencia por recuperar las calles para las personas. No es algo urgente, es simplemente importante, necesario, imprescindible por eso hay que hacerlo sin prisa y con ganas, con serenidad y con tesón, con convicción y con firmeza.

Nos vemos en la calle.

martes, 20 de enero de 2015

La movilidad, cuestión de Estado

¿Quién nos iba a decir hace unos años que los asuntos de movilidad podrían en algún momento llegar a convertirse en asuntos de Estado? Pues mírate tú, después de ya van para cuatro años de borrador de Reglamento General de Circulación, que los delirios de la Dirección General de Tráfico española han creado tanta polémica y tanta incertidumbre que han promovido la apelación al Consejo de Estado, órgano consultivo de mayor rango del aparato del Estado, para que emita un dictamen al respecto.

Hay tanta disputa incluso entre las propias instancias gubernamentales (DGT contra su propio Ministerio de Interior o contra el Ministerio de Fomento), ademas del tremendo descontento social, que han ido a buscar a un árbitro, aunque sea a nivel consultivo, y han recurrido ni más ni menos que al Consejo de Estado.


Pero ¿quién es el Consejo de Estado y qué sabe de movilidad para decidir sobre las medidas relacionadas con el tráfico y su gestión?

Pues son la creme de la creme de lo que hoy en día algunos han denominado "la casta": ex-presidentes, ex-ministros, ex-altos cargos de la administración, ex-nombrados a dedo. ¿Y son ellos los que han sido capaces de dictaminar si es conveniente aumentar las velocidades en las autovías, reducirlas en la ciudad o si es prudente permitir la circulación de las bicicletas por zonas peatonales? Pues sí.

Y así, además de alertar de la imprudencia temeraria que supondría aumentar la limitación de velocidad en autopistas y autovías a 130 kms/hora, se permiten el lujo de defender disparates tales como que la limitación de velocidad a 30 kms/hora en calles con un sólo carril por sentido ralentizaría la vida de las ciudades y podría llegar a provocar su colapso. ¡Y se quedan tan anchos! Y los correveidiles de turno amplifican la noticia y hacen coro.

Luego dedican también su espacio a reflexionar sobre lo inadecuado de permitir la circulación de las bicicletas por las aceras por no considerarlas espacios de circulación, en cuya argumentación se llegó a barajar la conveniencia de introducir una licencia y un seguro obligatorios, pero que, vista la cantidad de despropósitos que presentaba, se optó por recomendar retirar todo el capítulo relativo a bicicletas.

Pero la joya del informe, la frase lapidaria que determina el punto y final que centra la filosofía de este dictamen es la que dice que ahora mismo es inviable el modelo sostenible propuesto de abandonar el automóvil y fomentar el uso de la bicicleta: Terrorífico.

Ya sabíamos de qué lado estaba el Gobierno, ahora también constatamos que la casta no quiere ciclistas sino dóciles automovilistas que contribuyan obedientemente al mantenimiento del cotarro que tienen montado y bien montado para su uso, disfrute, lucro y regodeo. ¿Qué os habíais pensado?

Está claro más que nunca que los que nos han traído hasta aquí no nos pueden ayudar a salir, pero no es menos cierto que, tan sólo que le dediquen tiempo a estas cuestiones da una idea de la entidad que empieza a cobrar y del terror que les da ver cómo su sistema se empieza a derrumbar inexorablemente. Tiempo al tiempo.

miércoles, 14 de enero de 2015

En bici al trabajo, también en invierno

Lo de que el tiempo, el malo claro, es una de las excusas más recurrentes entre la gente que ve en la bici una opción con más pegas que otra cosa se vende como un tópico fácilmente desmontable por el simple hecho de que en esos países donde la bicicleta se usa de una manera masiva el tiempo no es para nada respetuoso en el invierno (y tampoco en el otoño ni en la primavera).


Sí, es verdad, en Holanda, en Dinamarca y en Alemania hace malo en invierno, y hace frío y hay poca luz, y en Suecia no digamos, y, sin embargo, eso no arredra a nórdicos y centroeuropeos en su empeño de utilizar la bicicleta como medio de transporte. No, eso no es una excusa para ellos. Por eso no debería ser excusa para nosotros tampoco y así lo decimos y repetimos. Lo que pasa es que ellos son vikingos y teutones y nosotros no. Por eso, cuando el frío aprieta y las inclemencias azotan nuestras latitudes, las tropas ciclistas urbanas se diezman. Invariablemente.


Es por eso que hay que insistir en el argumento. Porque esto debe plantearse como una misión, donde los adeptos rebosen convicción, fe en su elección. El hábito hace al monje que dice el refrán. Y el sacrificio no es tanto cuando hay muchos parroquianos haciendo el mismo ejercicio. Eso han debido pensar muchos. Al menos por estos lares.

Lo que sorprende es que este tipo de llamamientos procedan precisamente de esos lugares donde nadie se cuestiona el tema. El ejemplo nos llegó ayer mismo en forma de reto bajo el nombre literal de Día Internacional de ir en Bici al Trabajo en Invierno, que en inglés suena mejor (International Winter Bike to Work Day). Y nos llegó desde el Norte más ciclista.


El reto consiste en geoposicionarte en un mapa global en el que tu aportación, tu gota, es comprometerte a ir en bici al trabajo el viernes 13 de Febrero haga el tiempo que haga. Así de simple... al menos sobre el papel. El gancho es ver un mapa lleno de gotas, tantas como ciclistas que dicen que van a cumplir el reto, tantos como gotas de lluvia o copos de nieve en ese Viernes 13. Se aprovecha la propuesta para hacer una breve encuesta sobre el sujeto y el objeto del reto (perfil de la persona, itinerario, opinión sobre los elementos que más promocionan o motivan los viajes en bici, etc.)

Bonito y con esas pretensiones virales que tanto nos gustan hoy en día. Lo sospechoso es que la invitación a semejante reto es que no provenga de Italia, España, Portugal o Grecia sino de Holanda. ¿Qué mueve a una holandesa a querer hacer cruzada de algo que para ellos es absolutamente normal e incuestionable? Y ¿por qué no se propone un reto parecido en Julio o Agosto donde en el otro hemisferio de este planeta las cosas se ponen más difíciles, al menos en lo que a la meteorología se refiere? ¿O es que la cosa ciclista también es una exclusiva del Norte?

What it Feels Like in Winter Cycling Paradise from Winter Bike to Work Day on Vimeo.

miércoles, 7 de enero de 2015

9 razones por las que nunca deberías ir a trabajar en bicicleta

Por si alguna vez te has planteado o has llegado a sopesar la idea de sustituir tu coche en el viaje al trabajo y has llegado a valorar ese cuento de que desplazarte en bicicleta hasta tu lugar de ocupación es posible, aquí tienes tan solo una novena de argumentos irrefutables que te harán atender a la razón y descartar esas ocurrencias. Conste que no son 10 para que no sean mandamientos.

1. Es demasiado peligroso

Puedes imaginarte. Ahí fuera, con una bici entre todos esos conductores locos que te pasan volando, sin más protección que un trozo de plástico relleno de polispan sobre tu cabeza en el mejor de los casos. Te podrían matar. Lo mejor, sin lugar a dudas, es refugiarte en la coraza de tu coche, porque nadie jamás ha muerto dentro de un automóvil. Conducir es seguro.

2. Necesitas ponerte corbata, traje o falda para trabajar

No sólo eso, es importante que lleves puesta la corbata, el vestido o el "casual wear" desde que sales de tu casa por la mañana hasta que vuelves. Es inconcebible que puedas tener alguno de esos elementos en tu oficina y cambiarte allí una vez llegues en tu bici. Además, tu fondo de armario es tan grande y la coordinación de tu indumentaria es tan perfecta, que sería necesario duplicar tu colección en dos lugares. Eso además de que es materialmente imposible, como sabrás, andar en bici con traje, vestido o falda. Por no hablar de los que en su trabajo tienen que utilizar una indumentaria específica: buzos, uniformes o batas son incompatibles con gente que no llegue prácticamente desinfectada a su trabajo.

3. Tienes que ir al gimnasio después de trabajar

¿Qué me cuentas? ¿Que tengo que llevar todo mi equipo de gimnasio en una mochila o en una alforja en la bici? ¡Venga ya! ¿Qué es esto? ¿En bici al trabajo, en bici al gimnasio, además de mis 45 minutos de spinning y devuelta en bici a casa? ¿Qué os habéis pensado? ¿Que soy Contador, Valverde o Purito Rodriguez? Supongo que a alguien se le habrá ocurrido eso de ir en bici a todos los sitios y así dejar de ir al gimnasio, pero a los que nos machacamos nos gusta más el trabajo en máquina y a cubierto. Además nos gusta sudar con otros en una sala cerrada. Somos así, sabemos lo que queremos.


4. No te puedes presentar en el trabajo sudando

Está demostrado: una vez que ya has sudado, no vuelves a ser presentable hasta que no tomas una ducha o un buen baño y te secas bien después. Otro hecho: el sudor humano esta compuesto en más de un 90% por partículas fecales, que hacen que huelas como un cerdo conforme empiezas a hacer algo de ejercicio teniendo en cuenta que el resto de la gente en el ascensor o por los pasillos no transmiten ningún tipo de olor simplemente porque son pulcros y desodorantes. Nadie habla de ducharse en el trabajo o llevar unas toallitas, no, deberás soportar a tus colegas con eso de "Dios, ¿que demonios has hecho, no se te habrá ocurrido venir al curro en bici? Porque hueles como si vinieras directamente de pasar una semana en el matadero".

5. No tienes "la bici" para eso

La única bici que posees es una vieja mountain bike o, en el mejor de los casos, una bici de paseo, que no te van a servir para llevarte a trabajar. Tendrás que ir a la tienda y gastarte al menos 800 euros en una bici para eso. A nadie se le ocurriría hacerlo en algo que no sea un modelo específico de "bicicleta para ir a trabajar" llena de accesorios y gadgets para la ciudad.

6. No puedes llevar un casco y arreglarte el pelo antes de entrar a trabajar

O no llevar casco. ¡Eso sí que no! La gente que anda en bici no hace más que darse cabezazos contra el suelo. Todo el rato. Son así de torpes. De todas maneras, si lo usas es imposible que, después de 10, 20 ó 30 minutos de viaje con el casco puesto tu pelo vuelva a ser algo más que un mocho de fregona mal secado y viejo. Además es imposible tener algo para arreglarte el pelo en tu puesto de trabajo. Eso se hace en casa y punto.

7. La ruta de tu casa a tu curro es un suicidio para ir en bici

No hay alternativa. No hay calles tranquilas, no hay barrios residenciales, ni parques, ni carriles bici de los que puedas echar mano para aliviarlo. Es imposible. Además, no puedes perder el tiempo buscando recorridos más agradables o más seguros. No los hay. Así pues, es mejor que lo olvides.

8. ¿Y qué pasa si llueve?

¿Eh? ¿O crees que este sol de hoy es para siempre? ¿No habías pensado en ello, verdad? Pues mira, hay días en los que la lluvia hace que ese empeño de andar en bici se haga imposible. Porque cae agua del cielo y además moja y el suelo salpica. Contra eso el remedio es la enfermedad. Te vas a mojar y vas a coger un constipado. ¿O pretendes disfrazarte de submarinista los días que el pronóstico del tiempo no sea bueno? Porque las burbujas para bicicletas, que se sepa, no están todavía inventadas y eso de los guardabarros, ponchos, pantalones impermeables, botines y tal no funciona. Pregúntales si no a todos esos holandeses, daneses, belgas y alemanes que llegan como sopas a todos los sitios.

9. Tendrías que cambiar tus rutinas

Ah no, eso sí que no. Eso sí que es imposible. ¿Cómo vas a prescindir de esa media hora larga que dedicas a conducir para llegar pletórico a tu puesto de trabajo? ¿Y perder el trato con el resto de conductores en las rondas, semáforos y autovías? ¡Ja, ja, ja, hasta ahí podíamos llegar! Ahora cuéntame que además el viaje me va a costar menos y no me meo encima porque llevo el traje puesto.

Por cierto, gracias a semi-rad.com por la inspiración casi literal, porque considerar este texto una traducción de su artículo más que un atrevimiento sería una pretensión.

domingo, 4 de enero de 2015

¿Qué luz es más importante en una bici?

- Buenas, quería una luz para mi bicicleta. ¿Me podría decir cuál es la más importante? Esta pregunta se repite una y otra vez en los establecimientos de venta de accesorios ciclistas. Parece una estupidez pero encierra todo un mundo detrás. Para empezar discrimina las luces, que en cualquier vehículo deberían ser al menos dos grupos (delanteras y traseras) y las reduce a uno, con todo lo que ello conlleva. Al tratar de dirimir esta primera cuestión nos damos cuenta de la falta de conciencia que tienen muchos ciclistas de lo importante que es ser vistos en la oscuridad.

Los ciclistas que sólo quieren luz delante y no detrás son, normalmente ciclistas de acera o de carril bici y buscan en la luz una especie de bocina que anuncie su llegada. Los que sólo quieren luz trasera (una minoría) son ciclistas de asfalto que necesitan ofrecer una baliza a los automovilistas para que les respeten.

Dos realidades tristes pero, por desgracia, repetidas y la primera amparada hasta hace poco por la ley, que, actualmente exige a los ciclistas llevar un faro delantero de luz blanca, luz de posición trasera y un reflector trasero. De hecho, mucha gente con las luces sólo busca cumplir la ley y no está pensando en su integridad más que de una forma indirecta.


Luego está la pregunta de las preguntas.

- ¿La quieres para ver o para que te vean?

Otro escalofrío debería recorrernos el espinazo a los que lo preguntamos, conscientes que las de "para que te vean" muchas veces son meros señuelos intermitentes que valdrían para poco más que para decorar un árbol de navidad, pero a los que mucha gente se encomienda como garantes de su seguridad. Lo de "ver" también suele tener su enjundia, porque los hay que quieren algo casi hiriente para el resto de usuarios de sus espacio (en defensa propia, claro) y lo que buscan es ir dando fogonazos a la gente como el que va por la selva dando machetazos para abrirse paso entre la maleza.

Y luego está lo de colocarlas. Porque pareciera que las luces sean un incordio y haga falta explicar casi antes de ponerlas cómo se quitan, como si fueran unos guantes. Ahi está el trabajo de convencer a la gente que anda en bici a diario de que las luces deben formar parte estructural de la bici. Lo de explicar que hay luces con dinamo, para estas personas, es un trabajo baldío, tratar de introducirles en las dinamos integradas en el buje de la rueda delantera más que ciencia ficción es algo así como un chiste.

Hay mucho trabajo por hacer para conseguir que empiece a imperar el sentido común entre un colectivo de bicicleteros, predominantemente novatos, pero mayoritariamente inconscientes, a juzgar por lo que se puede presenciar en nuestras calles. Inculcarles la conciencia de la prevención no debería ser un trabajo policial en una sociedad avanzada y responsable.

Las luces son tu salvaguarda en la oscuridad. Las luces y los elementos reflectantes. No escatimes en un buen par de luces. Y, por favor, no le pongas dos ridiculeces a tu bici sólo para cumplir con la ley, la ley no va a iluminar tu camino ni va a apercibir al resto de gente que circula por la calle de si llegas o te vas. Pero lo que no te a a evitar la ley es un buen susto o un disgusto por ir a oscuras y a ciegas a bordo de tu bici.

Busca luces buenas, que iluminen en la oscuridad, que se dejen ver también de lado, que te posicionen en el tráfico y que no se apaguen cuando te paras. Y luego extrema precauciones, porque, en la oscuridad, cada vehículo viaja por el túnel que le ofrece su luz, como caballería con orejeras, y muchas veces no pueden ver más allá de lo que éstas le iluminan, salvo que sea otra luz.

Ten luces. Es por ti. Luego ya si son de pilas, de baterías recargables, magnéticas o de dinamo será lo de menos. En el manillar, en la horquilla, en la tija o en la parrilla, ten luces y vive la bida.