miércoles, 10 de septiembre de 2014

Superhéroes, necesitamos superhéroes

Cuando algo se visualiza como un reto casi inalcanzable, donde existen unas barreras importantísimas, una percepción de peligrosidad extrema y una pusilanimidad generalizada, lo que hace falta para realizarlo es un superhéroe.

Los superhéroes pueden hacer lo que el común de los mortales no puede. Muchas veces porque no lo intenta. Muchas veces porque no se lo cree. Necesitamos más superhéroes, muchos superhéroes. Aunque realmente lo que necesitamos es que cualquiera se convierta en un superhéroe, simplemente porque se crea lo que está haciendo, le ponga mucha energía y un montón de ilusión. Eso hará cambiar las cosas.

Para ejemplo un botón, o, más bien, un montón de estrellas que dentro del programa del mismo nombre, STARS (Sustainable Travel Accreditation and Recognition for Schools), trata de demostrar que se puede ir al cole en bici, aunque sea en una ciudad tan pretendidamente imposible como Madrid. Y lo demuestran con hechos y con mucho gusto, por cierto.

Ole!! Ole!! Ole!! en bici voy al cole... from José Rossi on Vimeo.

Enhorabuena por la iniciativa y que la fuerza acompañe a todo aquella persona que, como ha ocurrido en este colegio madrileño, ya lo hace, se lo ha propuesto o se lo quiere proponer. Es mucho más fácil de lo que parece. Tenemos demasiados monstruos y demasiado bien alimentados, pero ni son tan feroces ni pueden tanto contra la voluntad personal individual.

Tú puedes ser tu propio superhéroe. Y el nuestro. Inténtalo.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La Eurobici es como la Eurozona: desigual

Recién aterrizados de la feria de las bicicletas por excelencia, el Eurobike, donde no hay nada novedoso pero que es donde se hacen los negocios de compraventa de bicis y accesorios más importantes del continente, la única constatación que hemos extraído esta vez en nuestra apresurada visita es que ni siquiera en la Europa de las Bicis hay bicis, en la ciudad, salvo en contadas excepciones.

Alguna vez hemos tenido la oportunidad de analizar esta visión, aunque de una manera simplista, diferenciando Norte y Sur y sacando pecho por nuestras conquistas en desplazamientos no motorizados frente a su liderazgo en masa crítica ciclista, pero es que ni siquiera eso es del todo cierto si hacemos excepción de Holanda. Lo demás en la Europa de las Bicis, la Eurobici, son reductos más o menos extensos, más o menos promocionados y por supuesto, siempre extremadamente llanos. Los Münster, Groninga, Copenhagen, Friburgo, Basilea, Munich, Lyon, etc.

Esta vez, además de empacharnos de bicicletas en esa superferia de la industria de las dos ruedas, hemos comprobado que no es así y que no va a serlo en muchos años o quizá nunca, nos pongamos como nos pongamos y que, de hecho, hay casos sangrantes en la supuesta Eurobici donde las bicicletas molestan más que en nuestras siempre entredichas ciudades. Hay que hacer justicia, las cosas no son tan bonitas por ahí arriba. A los hechos me remito.

De "Estrasbici"...

La primera visita, después de dos jornadas en las que acabamos exhaustos de ver bicis en expositores, fue Estrasburgo. Esa preciosa ciudad capital de la Alsacia francesa y sede del Parlamento Europeo bañada por el Rhin, el río que más bicicletas recoge de Europa (muchas más que el Danubio o el Loira). Estrasburgo es la típica ciudad ciclista. Tiene de todo, pero, sobre todo, tiene ciclistas.


Una ciudad que hace recordar mucho a Utrech y de alguna manera también a Amsterdam, con sus canales, sus carriles bici y sus centros históricos plagados de turistas. Estrasburgo es plana y tiene un tamaño abarcable, con un nivel de dispersión urbanística aceptable, lo que la hace perfecta para la bicicleta. Y así lo han entendido sus ciudadanos y muchos visitantes.


Con una población de unos 300.000 habitantes repartidos en 88 km² hacen que las distancias sean óptimas para la bici, cuenta con toda la parafernalia ciclista: una densa red de carriles bici de más de 500 kilómetros, una buena colección de calles con doble sentido ciclista, un parque de bicicletas públicas asombroso (4.400) y algunos servicios punteros, como un parking vigilado de pago en la estación de 450 plazas. Bien.


En Estrasburgo, le han puesto dificultades a los coches, pero han cometido de manera repetida todos los errores más frecuentes en las ciudades donde los ciclistas campan a sus anchas. A saber: permitir o sufrir la invasión constante de aceras y de espacios reservados a los peatones con gran intensidad de tránsito peatonal, hacer infraestructuras deficientes de manera posibilista y dejar mucha chatarra en la calle en forma de bicicletas abandonadas. Ideal para los que sólo quieren bicis, lamentable para todos los demás.

Estrasburgo, la sede del Parlamento Europeo, es un paraíso ciclista.

... a "Stuttcar"

A tan sólo 100 kilómetros lineales de eso que podríamos denominar una ciudad ideal para las bicis está Stuttgart, y Stuttgart es otra cosa. Basta con salir de la estación central, la Hauptbahnhof, para comprobarlo. En la ciudad de los caballos, no hay lugar para las bicis. Sería un insulto en la sede central de Mercedes-Benz y Porsche. En Stuttgart hay coches. Cochazos, más bien.


Coches por todos los lados, coches que rugen desafiantes, coches que avanzan por grandes avenidas y que cruzan la ciudad gracias a túneles y aparcamientos subterráneos disponibles por todos los lados. Bueno, por todos menos por Königstrasse, la gran arteria peatonal que disecciona la ciudad desde la estación ofreciendo un oasis para que los automovilistas disfruten de un espacio para su ocio comercial.


En Stuttgart no hay apenas bicicletas, tan sólo unos pocos locos, como los que puede haber en Santander, por poner un ejemplo cercano y fresco. Unos cuantos ciclistas deportivos, otros tantos ciclopaseantes que aprovechan los circuitos que han habilitado en el flamante pasillo verde que rodea la estación, flanqueado, eso sí, por estupendas autopistas urbanas. Y eso que han hecho algunos de los deberes: poner unos cuantos carriles bici, unas cuantos permisos excepcionales, unos cuantos aparcabicis y unas flamantes bicis públicas pagadas por la compañía de trenes, la Deutsche Bahn.


En Stuttgart los peatones están denigrados fuera de estos exiguos límites. Cruzar una de estas grandes avenidas a pie se convierte en un ejercicio de paciencia o bien en una aventura. En Stuttgart, en esa Alemania donde la gente respeta los pasos peatonales, la gente cruza esas autopistas por donde puede, transgrediendo la ley. Practican el "jaywalking". Insólito. Y habilitan pasos dando continuidad a las calles transversales. Como jabalíes en el campo.


Stuttgart, la sede de la Daimler y de Porsche es un paraíso automovilista. Ah, y está llena de colinas.

Una realidad bipolar

Esas dos ciudades, esos dos modelos de movilidad, la que propone el golpe de pedal y la que fomenta el golpe de acelerador, son sólo dos ejemplos triviales de las distintas velocidades que en lo que a movilidad toca están presentes y representadas en esta Europa que no tiene empacho en mirar a otra parte cuando le interesa. En un sitio le ponen dificultades al coche y en otro, al lado, le dan alas.

Simplemente para que no nos creamos que ellos son los buenos y nosotros una partida de cafres incompetentes. Nada más lejos de la realidad. Aquí todavía tenemos la mejor proporción de desplazamientos peatonales de Europa y esa no es una tercera vía, ese es el camino ideal.

sábado, 23 de agosto de 2014

Estrategas de la bicicleta

Regresamos satisfechos de un par de jornadas intensas en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, donde ha tenido lugar un curso monográfico sobre la bicicleta que bajo el título Vías para ciclistas ¿realidad o ficción? Ha servido para poner sobre la palestra, una vez más, la situación de la bicicleta desde diferentes perspectivas y para debatir y cuestionar algunos aspectos que rodean a un desarrollo que tiene distintos niveles, distintas velocidades y distintas particularidades dependiendo del escenario en el que está teniendo lugar.

Lo que ha quedado claro, después de dos jornadas donde el debate y el diálogo han sido tan ricos o más que muchas ponencias, es que la bicicleta está madurando en nuestro entorno y se está consolidando como una opción de movilidad y que está empezando a superar esa adolescencia alocada y calenturienta y empieza a tener un poso interesante. Empieza.

Hemos pasado ya los tiempos de las actuaciones puntuales, de las oportunidades de oro, de las bicis públicas del IDAE, de la emoción después de años de reivindicaciones sin eco, de la tontuna. Ahora que hay algunas cosas hechas, más mal que bien, pero que se pueden ver y se pueden explicar, toca hacer evaluación y sentar las bases para que el desarrollo de la opción ciclista se consolide en nuestras ciudades y en las conexiones entre ellas. En esas ciudades en las que algunos de sus responsables creen que han hecho la tarea porque han sembrado unos cuantos carriles bici, unos cuantos aparcabicis o unas cuantas bicis públicas.


La necesidad de una Estrategia de la Bicicleta

Ha llegado el momento de hacer una Estrategia de la Bicicleta, con mayúsculas. Un plan común que marque objetivos a medio y largo plazo y que aborde los distintos campos en los que la bicicleta tiene que representar una herramienta que contribuya a hacer que nuestro entorno sea más amable, más agradable, más sensato y más divertido.

Una Estrategia que dibuje un mapa y que incardine a la bicicleta en las distintas áreas de actuación en las que debe ser tenida en cuenta y debe sumar. Una Estrategia inteligente e interesante, deseable pero alcanzable, ambiciosa pero lógica. Una Estrategia incluyente y participada.

Debemos ser capaces, todos los que trabajamos por que la bicicleta tenga oportunidades, de sumar fuerzas y apoyar la elaboración de un marco común de actuación, que persiga unas líneas y trate de alcanzar unos objetivos y que, sobre todo, coordine y aproveche los esfuerzos puntuales para que no queden aislados y generen sinergias y para que los asuntos relacionados con el desarrollo de la bicicleta como medio de transporte superen estúpidos apropiamientos, oportunismos, atribuciones y protagonismos tontos.

Hemos de ser conscientes de que no hay un único modelo de movilidad ciclista y que lo que hace falta, ahora que la crisis a azotado la lógica imperante en las últimas décadas, es tratar de tener un consenso que mire más allá de localismos, púlpitos y celos y que defina qué es lo que tiene que pasar en los próximos años para que la bicicleta consolide una tendencia que ya es una realidad y que trabaje desde los distintos ámbitos afectados para conseguirlo.



Terrenos de juego múltiples y simultáneos

Necesitamos para ello superar diferencias y protagonismos tontos y contar con todos los que se quieran sumar y que puedan aportar: desde usuarios a fabricantes, desde funcionarios a profesionales, desde políticos a técnicos, desde comerciantes a periodistas, desde planificadores a trabajadores, desde jóvenes a mayores. Esto va más allá de un simple organismo (sin despreciar la importancia de los organismos), debería ser casi un movimiento. Y no debería ser compulsivo, ni convulsivo. O más bien sí, pero siempre teniendo en cuenta unos principios y sin perder el norte. 

Debería ser más bien un juego donde deberían jugar muchos participantes y que tuviera lugar de manera natural en los distintos terrenos en los que la bicicleta pinta y debe pintar mucho más: en la escuela, en la consulta médica, en la mesa de la cocina, en el comedor, en la cafetería, en la calle, en el despacho, en el Parlamento, en el pleno del ayuntamiento, en la judicatura, en la prensa, en una conversación... en cualquier parte y promovida por cualquiera, sin permiso.

No es un asunto simple, desde luego, pero eso no debe desilusionarnos.

martes, 29 de julio de 2014

Carta de una bicicleta a un coche

Estimado amigo,
Permíteme que hoy te escriba sobre las cosas que hace tiempo quiero hablarte. No sé si habrás notado que contigo estoy molesta, pero lo cierto es que se me hace difícil nuestra convivencia. Por ejemplo, nunca he comprendido porque cuando voy por la calle me pitas para que me aparte, alegando que ocupo demasiado. Yo, por más que me miro, me parece que estoy delgadita y que si alguien ocupa demasiado espacio como para adelantarme eres precisamente tú… Con toda esa carcasa que te rodea no me extraña que no puedas pasar por ninguna parte…

Ilustración: Ricard Efa (http://gmbtz.blogspot.com.es/)
Y además, todo sea dicho, eres un patoso… ¡Por favor! ¡Nunca he visto a nadie tan patoso como tú! Siempre en línea recta,  como si no hubieran cosas para hacer en una ciudad… Pregúntale sino al peatón, el rey de la ciudad. Fíjate en él: ahora adelante, ahora gira a la derecha a hablar con un conocido, ahora hace un paso atrás para leer un cartel, después giro de 180 grados para mirar un escaparate…Hay tantas cosas a hacer en una ciudad, tantos estímulos a los que responder, que tú con tu aparatosidad pareces un elefante entrando en una cristalería.
Sólo debes verte cuando decides parar (aparcar, en tu caso), el gran espectáculo que tienes que hacer cada vez: te dejamos grandes espacios para que estaciones (ya sea en la calle o en enormes agujeros subterráneos especialmente construidos para ti), pero aún con la grandiosidad de éstos a ti te parecen pequeños. Y para meterte en ellos te vas moviendo como un pato hacia adelante y hacia detrás hasta que consigues encajonarte…
Detesto tu soberbia cuando aparcas sobre la acera, aunque sólo sea para poco rato. El privilegio de ir de puerta a puerta sólo lo tiene el rey -el peatón- y yo, la reina -la bicicleta (te recuerdo que soy la reina desde que las ciudades se hicieron demasiado grandes como para ir a todas partes a pie). Tú no puedes ir de puerta a puerta: tú cuando llegas allá donde quieres, debes primero buscar un aparcamiento. Apuntarte al privilegio de peatones y bicicletas resulta no sólo acaparador, sino a su vez usurpador de nuestros espacios… Pero, ¡mira por dónde!, gracias a las aceras y a los carriles bici siempre te parece que hay un espacio suplementario esperándote para que cuando vayas a hacer una gestión puedas aparcar justo delante.
Y todo esto todavía sería poco si no nos impusieras tus reglas del juego. ¿Qué me dices de las calles de sentido único? ¡Los peatones no se plantean que las calles tengan ningún sentido! Fíjate, sino, en las calles para peatones: ¿puedes adivinar algún orden o concierto en sus itinerarios? Pues, de manera similar nos sucede a las bicicletas. Pero tú, con tu torpeza y necesidad de moverte en línea recta, impones a todas las calles estrechas (y no tan estrechas) un único sentido de circulación, obligándonos a las bicicletas a que juguemos tu juego y enfadándote si nos ves pasar por tu lado en contra sentido… pero ¿en contra de qué sentido? Será de tu sentido, del sentido que os habéis inventado los aparatosos, pero no en contra del sentido común de la ciudad. Los sentidos de circulación son un juego que resulta ajeno al espacio urbano, dónde el rey y la reina siempre seguimos la lógica del camino más corto.
¿¿¿Y el juego de los semáforos??? ¡¡¡Esta sí que es buena!!! ¿Te imaginas una zona para peatones con semáforos para que peatones y ciclistas se pararan todos detrás de una línea?  Los peatones y las bicicletas nos regulamos solos y nuestros cruces suceden espontáneamente. Es a velocidades más grandes cuando hay que regular los cruces con stops, ceda el paso y semáforos, derivándose que correr exige tener que parar después y, por lo tanto, perder buena parte del tiempo ganado. O hasta me atrevería a decir que mientras se está parado ante un semáforo en rojo se pierde más tiempo del que se ha supuestamente  ganado mientras se corría, cosa que explicaría el porqué las bicicletas llegamos antes que vosotros cuando nos saltamos los semáforos. Por lo tanto, ¿qué sentido tiene correr por dentro de una ciudad? ¿Qué sentido tiene que lleves un motor que te permite ir a 50 km/h pero que no te ahorra tiempo? ¿Qué sentido tiene que todo el mundo se pare ante unos semáforos puestos inicialmente para que tú pudieras correr por la ciudad, si no ahorras tiempo a nadie y no eres el primero en llegar a los sitios?  ¿Qué demonios hacemos todos plantados ante unas lucecitas rojas?
Ahora bien, ¿sabes que es lo peor de todo? Es el hecho de que la ciudad viva en una burbuja llena de sentimiento de peligro por riesgo de accidentes, de ruido, humo y con falta de espacio para el disfrute de las personas. Y aunque me dijeras que a veces sí que ahorras un poco de tiempo y que cualquier pequeña ganancia de tiempo lo justifica todo en esta sociedad, entonces te diría que si tanto valoras los minutos y los segundos computaras también el tiempo que podríamos ahorrarnos en una ciudad segura donde los niños jugaran solos en las calles sin necesidad de apuntarlos a extra escolares o buscarles canguros (dinero que se traducen en tiempo de trabajo), sin necesidad de acompañarlos cada día a la escuela, sin necesidad de tanta farmacia y tanto médico por problemas respiratorios, etc.
Amigo mío, ¿te has planteado alguna vez salir de tu carcasa y vivir la ciudad desde fuera de tu trinchera? Quizás te sorprendería descubrir que todo aquello que vives como obstáculos a diestro y siniestro, elementos móviles que nunca se sabe en qué dirección se moverán, son personas que se saludan y que reconocen en los otros posibles amigos o conocidos. Pero tú, en los otros, sobre todo reconoces molestos obstáculos que no te dejan correr, y en vez de dedicarles un hola amistoso, les regalas una bocanada de humos y el rugir de tu motor a cuatro palmos de la cara…¡Muy bonito!
Ya ves, amigo mío, que no acabo de entender tus supuestos atractivos… porque si después de todo esto que te he dicho yo viera que fueras saludable, o fuente de calma y tranquilidad, todavía te podría entender. Pero, contrariamente, a menudo te veo enfadado, nervioso y desprendiendo agresividad. ¿Qué gracia o beneficio tienes, pues? Cuando te anuncias en la televisión siempre apareces corriendo en medio de desiertos, mares, montañas, en horizontes muy amplios y lejanos… nada que estorbe tu libertad, ¡que tanto pregonas sin cesar! Pero, ¿no has visto que tu cotidianidad es muy diferente? Rodeado de pisos y casas, por calles que a tí te resultan estrechas, parado absurdamente ante una luz roja o atrapado en medio de un atasco provocado por tus mismos semejantes… Verdaderamente, sólo tienes razón de ser en tu soledad, como en los anuncios… porque si todos los coches decidierais salir a la vez ¡no podríais ni moveros de la puerta del garaje!
En cambio, déjame que te diga que las bicicletas podemos salir todas juntas a la vez porque no atascaríamos nada. No dependemos de lo que hagan las otras para poder circular. No dependemos de parar en una gasolinera y pagar por un combustible para poder avanzar. No quedamos fácilmente atrapadas ante un pequeño obstáculo porque lo podemos esquivar. Y avanzando adelante, arriba y abajo, sentimos el corazón latir y el viento pasar. ¿No es todo esto más parecido a la libertad?
Pero antes de despedirme, déjame confesarte que los dos tenemos un gran cosa en común. ¿Sabes cuál es? Pues que los dos creamos adicción… Aquél quién nos conoce queda fácilmente atrapado en nuestros encantos y ya no sabe cómo desprenderse de nosotros… porque tanto existe quién hasta el pan va a comprar en coche, como quién lo hace en bicicleta… Una vez se nos conoce, ¡a todos les gustamos! Por lo tanto, no dudes que yo te pediré ayuda cuando esté enferma, cuando tenga que cargar objetos pesados, cuando quiera ir lejos donde no llegan ni el tren ni el autobús… Pero, para el resto de desplazamientos, ¿qué te parece si tú empiezas a usarme? Ya lo verás, sólo tienes que probarlo unas pocas veces y ya estarás enganchado… Es cuestión de dejar de lado aquello siempre conocido y probar algo nuevo… ¡Y ya verás que rápido te BICIarás!
Un abrazo,
Tu bicicleta.
Màrius Navazo trabaja en planificación urbana y ordenación del territorio. Forma parte de Gea21 (www.gea21.com).
Este post recogido de La Ciudad Viva es una versión mejorada y corregida del artículo original: NAVAZO, M (2007)Carta d’una bicicleta a un cotxe,  Revista Mobilitat Sostenible i Segura nº 41, Associació per a la Promoció del Transport Públic.

viernes, 11 de julio de 2014

Pon un OVNI en tu vida

Si estás cansado de soportar y ejercer la violencia vial, si ya no aguantas más viajar encerrado en un vehículo blindado, si no puedes con el aire viciado, el aliento de tu vecino en el transporte colectivo o con el olor corporal de algunas personas por la mañana o en tu camino de vuelta a casa, es que necesitas poner un OVNI en tu vida.

Otro Vehículo No Intimidador

Un OVNI te dará la oportunidad de disfrutar de tus viajes cotidianos y también de los extraordinarios, un OVNI te hará sentirte libre, sin ataduras, ligero, como si volaras. Pero lo que va a conseguir tu OVNI sobre todo es que aportes, con tu forma de desplazarte, un granito más para conseguir que tu ciudad, tu pueblo, tu barrio, tu calle, tu entorno sea un poco más agradable, más amable, más divertido, más limpio.


Tú y todos esos extraterroristas que habéis decidido desplazaros a pedales lo vais a conseguir y nadie os lo va a agradecer, nadie más que vosotros mismos, comprobando cómo vuestras vidas a bordo de vuestras naves espaciales vuelven a ser divertidas, intensas, infantiles, emocionantes y, por que no, un poco arriesgadas y excéntricas. No te importe que te miren raro, como si fueras un alienígena, la mayor parte de las veces no va a ser producto más que de su envidia.

Pon un OVNI en tu vida y deja el moterrorismo, si puedes. Sí, puedes.

miércoles, 9 de julio de 2014

Una cuestión de detalle

Hay cosas sutiles, decisiones puntuales, presuntas nimiedades que marcan el ritmo de los cambios o consiguen el efecto contrario. Son pequeñeces que escapan al conocimiento y al entendimiento del vulgo pero que definen la política dándole un cariz progresista o un matiz conservador. En prensa resultan igual de efectistas y para el público ignorante son equivalentes, pero a las élites no se les escapan estas cuestiones porque suponen un antes y un después y marcan rumbos o consolidan la inmovilidad más recalcitrante.

Un ejemplo lo tenemos en las calles 30. Para el común de los mortales una calle 30 es una calle en la que la velocidad está limitada a un máximo de 30 kms/hora y nada más. Si hablamos de equidad a la hora de gestionar las opciones de movilidad es una buena medida dentro de un montón. Bien y punto.


Pues no. Mírate tú por dónde, no es lo mismo una calle con la velocidad simplemente limitada a 30 por unos discos que informan de ello en las embocaduras, que una calle dentro de una zona 30. ¿Pijoterío? Nada de eso. He aquí la diferencia.

Una Zona 30, según la DGT, es un área urbana conformada por “vías de estar”, que corresponden a entornos urbanos más amables y tranquilos en los que los ciudadanos desarrollan sus actividades sin la presión del tráfico y cuya velocidad máxima de circulación es de 30 Km/h, a las que se accede desde vías más dedicadas a la distribución del tráfico rodado, “vías de pasar”.

Las zonas 30 deben de caracterizarse por tener un tráfico básicamente de destino, es decir, que garanticen el acceso a viviendas y actividades terciarias en ellas, pero en ningún caso, soportar tráfico de paso. Una zona 30 debe presentar una visión homogénea de los diferentes elementos que la conforman. Lo recomendable es realizar una intervención completa introduciendo las modificaciones urbanísticas necesarias para todas las vías contenidas en la zona.


Una calle con una señal de 30 kms/hora es, solamente, una calle que cuenta con una limitación de velocidad. No tiene un tratamiento de promoción peatonal, no busca la mal llamada "prioridad invertida" según la cual hay una "discriminación positiva" (otro eufemismo nefasto) hacia los más frágiles, es decir, hacia los no motorizados, empezando por los peatones. No hay un tratamiento socializador de la calle, no hay una búsqueda del calmado del tráfico. Hay una mera señal que limita la velocidad máxima de circulación. Nada más.


Así pues, no se trata de ninguna sutileza sino de un concepto de calle, de zona, de ciudad en definitiva, orientada hacia el tráfico (y cuando decimos tráfico, nos estamos refiriendo al tráfico motorizado) o una calle, una zona, una ciudad orientada a las personas, como lugar de encuentro, como espacio social y socializador. No es un detalle. Bien es cierto que a los conformistas, a esos a los que les vale con cualquier cosa, un disco con un 30 dentro les parece estupendo, como uno azul con una bici dentro. Pero en estas nimiedades es donde está la enjundia de las cosas bien hechas o los apaños para salir del paso.

De hecho, no debe ser tan tonto el asunto cuando un Ayuntamiento tan retraído para desincentivar el uso y recortar los derechos del coche como el de Pamplona ha reculado y ha reconvertido las zonas 30 de nuestra ciudad en meras calles con velocidad limitada a 30. Por algo será.


Para la próxima fechoría de este estilo, recomendamos modificar también las señales de salida de la zona 30 porque si no la gente se ve envuelta en confusiones tontas y viajes astrales raros.

Saludos cordiales.

lunes, 7 de julio de 2014

Lo anterior, lo siguiente y el más allá del ciclismo urbano

A fuerza de cometer errores garrafales de una manera preocupantemente reincidente en esto de tratar de reintroducir la bicicleta en el medio urbano, muchos han llegado a creer que se han conquistado bastiones hasta hace unos años inexpugnables para los pedaleantes. Nos hemos aburrido de criticar de manera repetida y casi hasta la extenuación todas las chapuzas de las que hemos sido testigos y nos hemos hastiado de recordar las terribles consecuencias que han tenido a lo largo de estos años, sobre todo en forma de accidentes con víctimas inocentes y confiadas, pero parece que no ha servido para nada o para casi nada.

Es cierto que sólo ve el que puede ver, pero no es menos cierto que sólo puede ver el que quiere y hay todavía demasiada gente mirando a otra parte a nuestro alrededor mientras cada vez más personas apuestan por la bicicleta y se aventuran a pedalear por nuestras ciudades y pueblos de una manera más o menos inconsciente. Y esto es grave, porque el número de accidentes ciclistas crecen preocupantemente. Quizá no lo hagan de manera exponencial, ni siquiera en muchos casos será proporcional, pero todavía se siguen repitiendo los mismos sucesos, porque no se hace nada para remediarlo y esto nos tiene que hacer reflexionar y actuar, para cambiar este orden de cosas y procurar unas ciudades más amables con las bicicletas.

Pero todavía hay demasiada gente pensando que lo siguiente, lo que tiene que venir son los tan ansiados carriles bici, en red, cuanto más tupida mejor y cuanto más segregados mejor, y esto es un mito que hay que cambiar, porque ha demostrado que por sí sólo no consigue más que incrementar el número de ciclistas y su percepción de seguridad, pero no reduce la peligrosidad de los itinerarios cicilistas y, lo que es peor, no reduce la accidentalidad de los pedaleantes ni la gravedad de los accidentes.

Hay que mirar más allá, hay que salirse del torrente y ver la riada desde fuera, para darnos cuenta de que las infraestructuras por sí mismas no hacen gran cosa y menos si no cumplen unos requisitos mínimos de seguridad en su construcción, como es el caso de la inmensa mayoría de las que nos rodean.


Lo que de verdad retrae a la gente de andar en bicicleta en nuestras ciudades no es la ausencia de carriles bici ni la posible prohibición de la circulación de los biciclos por las aceras. No. Lo que de verdad echa para atrás a la gente que quiere desplazarse en bicicleta en sus itinerarios urbanos es ver y comprobar cómo la ciudad está dominada por el tráfico motorizado y cómo nadie quiere cuestionar esta tiranía. Eso y que la incidencia de los robos de bicicletas cada vez es mayor (no hay más que ver cuántos candados se venden hoy en día comparados con los de hace tan sólo 5 años).

Esto es lo que nadie parece querer reconocer y nadie parece querer ver en serio. O muy pocos, demasiado pocos. No habrá ciclismo urbano si no nos lo tomamos tan en serio como el automovilismo urbano o como el transporte público urbano, con la diferencia de que el presupuesto proporcional es astronómicamente más pequeño. Y no lo habrá porque hasta entonces el tema de la bicicleta en la ciudad para nuestros responsables no será más que un juego con el que hacer un poco de propaganda y lavarse la cara ante sus conciudadanos.

Bicis en la escuela, bicis en la educación secundaria y superior, bicis en el trabajo, policías en bici, funcionarios en bici, directivos en bici, señoras y señoritas en bici, y niños, muchos niños, bicis para ir de compras, bicis para salir por ahí a dar una vuelta, programas para introducir la bicicleta en todos esos ámbitos, buenos aparcamientos para todos esos menesteres y un buen montón de publicidad del rollito ciclista y, para el que quiera, una colección de bicicletas públicas que no sean demasiadas ni demasiado aparatosas y ya veréis la diferencia.

Entonces si queréis hablamos de carriles bici, de avenidas bici, de autopistas bici y de lo que se os antoje. Hasta entonces, y mientras no pongamos en cuestión el ordenamiento orientado al automovilismo nos vemos en las páginas de sucesos o en las fotos de los anuncios de un mundo mejor.

Un abrazo y feliz navidad.

miércoles, 2 de julio de 2014

¿Culpabilidad o seguridad?

Creo que vamos a seguir necesitando expresarnos en espacios como este hasta que seamos capaces de ir construyendo un mundo que garantice la seguridad de las personas en sus desplazamientos independientemente del medio de locomoción que utilicen. Y, por desgracia, parece que vamos a necesitar bastante tiempo y buenas dosis de paciencia y de comprensión para lograrlo.

Comprensión de que no bastan infraestructuras y leyes. Comprensión de que esto no se hace sin respeto a las personas por encima de derechos y obligaciones. Comprensión de que la prevención y la empatía deben conformar el eje central del trabajo y de que eso no se hace sin educación, sin civismo.

Pongamos un caso bien conocido por los que estamos atentos a los accidentes ciclistas y preocupados por sus consecuencias y su creciente incidencia: un ciclista es arrollado por un vehículo motorizado al tratar de cruzar, montado, un paso de peatones. El resultado: el ciclista se lleva la peor parte y, en muchos casos, además es culpable del incidente.


¿Cuál es la reacción habitual ante este tipo de sucesos? Normalmente, después de superar el morbo propio de cualquier acontecimiento violento y de conocer el alcance de los daños personales, determinar la culpabilidad (a veces incluso antes de preocuparnos por las víctimas). A continuación lo más frecuente suele ser emitir un juicio gratuito, generalizando y ejemplarizando. Como si la legalidad fuera suficiente para justificar o resolver el asunto.

La pregunta es ¿es más importante conocer o determinar la culpabilidad de estos sucesos o tratar de prevenirlos y evitarlos, priorizando en la integridad de las personas? ¿Una perogrullada? Ya. Pero el problema es que en la mayoría de los casos estamos más ocupados en tratar de dilucidar la culpabilidad, normalmente atendiendo a una ley que puede ser tan absurda como para proteger a los que se abalanzan sin ningún tipo de prevención y se ponen en riesgo de una manera más o menos inconsciente, que a tratar de resolver el problema y buscar la reducción de las víctimas, por más derechos que les asistan.

Mientras sigamos siendo tan estúpidos como para pensar que la seguridad de los ciclistas depende del miedo, de una infraestructura más o menos miserable o de la ley y la vigilancia de su cumplimiento, seguiremos consolidando una situación que cada vez se hace más grave y seguiremos evitando solucionarla, atajando las causas principales que la provocan, a saber: la predominancia insoportable del tráfico motorizado en nuestras calles, la falta de respeto que garantice una convivencia amable y, sobre todo, la insensatez de muchos a la hora de garantizar su propia integridad.

Hasta entonces seguiremos presenciando estos incidentes en los que seguirán cayendo víctimas, víctimas propiciatorias, donde el beneficiado es sin duda el tráfico motorizado segregado. Y lo seguiremos haciendo de una manera cada vez más indolente, con la indolencia que provoca el acostumbramiento a este tipo de sucesos.

domingo, 15 de junio de 2014

Lo que no queremos ver

Los accidentes nos ciegan. Nos hacen ponernos automáticamente del lado del más perjudicado y culpabilizar a los demás. Da igual lo que haya sido. Somos misericordes y nos gusta serlo. Nos parece que las cosas funcionan mejor así o deberían funcionar mejor. Poniéndonos del lado del más débil o del peor parado. Y muchas veces acertamos. Aunque otras no y no somos capaces de reconocerlo, o nos parece que con ello transgredimos una norma ética según la cual construimos toda nuestra lógica de ordenación y priorización en el mundo que nos rodea: el débil es el bueno.

El problema con este tipo de conductas, que no dejan de ser reflejos, impulsos que nos ayudan a creer en buenos y malos, en culpables e inocentes y en santos y demonios, es que muchas veces no nos deja ver lo que realmente sucede a nuestro alrededor. Es cierto que muchas veces no podemos verlo, pero no es menos cierto que muchas otras lo que nos pasa realmente es que no queremos verlo.


Con los accidentes ciclistas pasa y mucho, sobre todo entre las filas ciclistas. Tenemos de tal manera demonizados a los automovilistas (no todos ni a todos pero sí generalizando) que no se nos pasa por la cabeza que voluntaria o involuntariamente los conductores de coches no sean otra cosa que culpables y, de paso, malos. Cuando la víctima es mortal entonces mejor ni mencionarlo.

Lo vimos hace un tiempo en aquel fatal accidente de Corella, cuando primero quisimos ver un atropello y luego nos dimos cuenta que podía haber sido una negligencia del ciclista favorecida por unas infraestructuras deficientes y por una señalización inexistente. Nos negamos a reconocer la realidad aunque sea evidente, al menos en primera instancia, y ponemos el grito en el cielo maldiciendo el automovilismo.

Con el desdichado incidente de Castellón podemos estar ante otro caso de lo mismo. Negacionismo reincidente y recalcitrante. Nos gusta ver energúmenos al volante o algo así. Agresores vehementes. Incontrolados sobrepotenciados por su carrocería y su acelerador. Y no suele ser así más que excepcionalmente.

El otro día nos subyugaba la imagen del ciclista recogido por las asistencias médicas, la bicicleta desvencijada a un lado y el coche casi intacto parado en el centro del carril. Todo encajaba. Ahora hagamos el ejercicio en el otro sentido y miremos desde la perspectiva contraria.


Desde este punto de vista las cosas cambian mucho y pueden arrojar otro tipo de luz al incidente. Aquí vemos un semáforo en medio de una recta, con un paso de acera bici perpendicular. Esto ya son otras cosas. Esto ya nos presenta una situación más conocida. Esto nos presenta otra hipótesis distinta a la presupuesta en la noticia. Esto puede que no sea un ciclista circulando por la calzada,. Esto puede explicar la situación anómala del ciclista en el carril izquierdo. Dejémoslo tan sólo en hipótesis.

Lo que pasa es que muchas personas no están dispuestas a verlo y para ella tan sólo sugerirlo es algo así como una profanación o una injuria.

martes, 10 de junio de 2014

Arrollar a un ciclista

La imagen es demoledora. Un coche, un tanque, ha sufrido un daño menor después de haberse llevado por delante a un ciclista cuyo pronóstico es grave.

Imagen del accidente en Avenida del Mar (Castellón). - MANOLO NEBOT (El Periódico Mediterráneo)

Es difícil hacerse con un suceso de esta magnitud. Es una desgracia, una fatalidad y eso lo hace doblemente grave e inabordable. Tratar de enjuiciarlo es una temeridad y una trivialidad sin fundamento. Pero no nos podemos abstraer a la elocuencia de la imagen. Esa bici tranquila, con su cesta, no es el prototipo de un ciclista agresivo ni tampoco de uno ocasional. Delata a un usuario cotidiano, a un ciclista habitual. Que circule por la calzada lo hace aún más evidente. Un ciclista utilitario

Cabrían todo tipo de cuestiones. ¿Por qué el ciclista circulaba por el carril izquierdo si no hay ningún cruce o rotonda que lo justifique? Pero hay algunas que son decisivas. ¿Cómo se puede arrollar a un ciclista que circula por la calzada en el mismo sentido? ¿De qué sirve un casco en este tipo de colisiones? ¿Y el timbre?

Sólo cabe esperar que el ciclista se restablezca y que el caso se esclarezca, hasta entonces sólo nos queda pelear contra el impacto de la imagen y el eco de esas preguntas y sus terribles consecuencias.

jueves, 5 de junio de 2014

Al contraataque

La industria del automóvil sigue tratando de sobreponerse a la propagación de las tendencias desmotorizantes que se están imponiendo en las ciudades. Los mensajes dirigidos a la desincentivación del uso del coche se han generalizado en la mayoría de las ciudades del mundo presuntamente civilizado. Mensajes como el que ha enviado la Ciudad de Melilla hace apenas unos días.



Frente a esto la todopoderosa y maquiavélica industria del automóvil no se ha quedado impávida y ha propuesto otra vez más la huida hacia adelante. Esa que ha protagonizado en las últimas décadas mostrando ciudades sin coches, paraísos para los del volante, imágenes idílicas. Ahora fagocitan también el mensaje dirigido a fomentar el caminar. Ya lo vimos en su día con respecto a las bicicletas.



Esto va en serio. Estáis avisados.

domingo, 1 de junio de 2014

La batalla de las Navas de Tolosa

La Reconquista. Ese fue el motivo de esa famosa contienda en la que se recuerda la expulsión del dominio musulmán de tierras ibéricas y la hegemonía de las fuerzas cristianas. Nada que loar, nada que exculpar, pura constatación.

Gracias o por culpa de semejante hazaña muchas de nuestras ciudades cuentan con calles que recuerdan ese hito histórico. En mi ciudad la Calle Navas de Tolosa es una de las mejores representaciones del dominio histórico del automóvil sobre los parroquianos de a pie, por lo cual se puede (y se debería) convertir en una de las candidatas a la Reconquista Peatonal y Ciclista. Toda una concurrencia de simbología.

Navas de Tolosa antes de la motorización - Fuente: Navarra en el pasado

El peatón, ese ser paciente, sufrido, acostumbrado a vivir de la misericordia de los señores del automóvil, acostumbrado a hacer recorridos penitentes por pasos de cebra retranqueados, rotondas interminables y aceras llenas de ciclistas, acostumbrado a renunciar a sus derechos hasta límites impensables, está llamado a ser el gran protagonista en la Reconquista de la habitabilidad de los espacios públicos, de las calle, en lo que llamaremos la Batalla de la Calle Navas de Tolosa.

Navas de Tolosa en la proto-motorización (1965) - Foto extraída de Memorias del viejo Pamplona

La Calle Navas de Tolosa de mi ciudad presenta el mismo perfil y los mismos síntomas de sobremotorización, discriminación peatonal y depredación circulatoria que muchas otras. Una calle céntrica, clave para el acceso de las personas de los barrios más poblados de la localidad al Centro de la ciudad. Una calle que discurre por uno de los corredores abiertos en la todavía dominante muralla que aún se conserva para orgullo de propios y asombro de extraños. Una calle que es Camino, una calle que se le ha dado a los coches aunque no les sirva realmente para entrar ni para salir.

La Calle Navas de Tolosa tiene 6 carriles: 2 de aparcamiento y 4 de circulación, cuenta con las aceras más transitadas de toda la ciudad. Un conector entre varias de las autopistas urbanas centrales de esta ciudad. Un corredor donde a las bicicletas se les ha señalizado el camino invadiendo la acera y describiendo un recorrido imposible que muere en un contrasentido.

Navas de Tolosa hiper-motorizada (actualidad) - Foto de Pamplona calle a calle

La Batalla de las Navas de Tolosa debería producirse cuanto antes y debería perseguir su peatonalización para dejar de ser un muro motorizado y pasar a ser un paseo exclusivo para medios no motorizados, acceso al Centro, al Casco Viejo, al Paseo Sarasate y al Parlamento. Como se hace en las fiestas patronales, fechas en las que curiosamente la ciudad multiplica sus peatones y también los automovilistas y en los que se puede renunciar a esta autopista, lo que representa una prueba inequívoca de su carácter prescindible.

No debería ser una guerra cruenta (nunca tan humillante como la que se está produciendo en esas aceras) pese al empeño de nuestras autoridades automovilistas de pertrecharnos para la batalla con cascos, chalecos, bocinas y luces de combate. Debería ser más un proceso lógico, deseable y deseado, pero...

Tropas ciclistas caminan por una calle con sus perceptivos cascos, luces y timbres de aviso

domingo, 25 de mayo de 2014

Hoy Su no ha venido a trabajar

Y no ha sido porque tenía un día disponible, tampoco es que le hayan despedido o hayan optimizado su puesto de trabajo. No, Su no ha venido porque estaba de baja.

Su trabaja con nosotros en Oraintxe desde hace algo así como 10 años, aunque parece que lo haya estado haciendo desde siempre. Su trabaja en bicicleta, en triciclo, en oficina y algunas veces conduciendo una furgo. Nada especial, nada que no hagan otros y otras en nuestra empresa. Sobre todo otras.


Recuerdo cuando nos cuestionábamos si el trabajo de ciclomensajero era demasiado duro para las chicas, duda que se nos disipó cuando contratamos a la primera, que todavía hoy sigue con nosotros. Las chicas en bici funcionan perfectamente. Muchas veces mejor que los tíos por una mera cuestión de regularidad y predisposición.

Las chicas en bicicleta normalmente son más prudentes, mejor avenidas en caso de conflicto y mejor predispuestas al trabajo, menos agresivas, menos impulsivas, más discretas, más suaves y más atentas a los detalles. Al menos las que trabajan con nosotros, aunque haya excepciones que lo confirmen o precisamente por eso.

Su es un buen ejemplo de ello. Pero hoy no ha venido a trabajar y la hemos echado en falta. Y no ha venido, no por capricho sino porque ayer una conductora despistada no le cedió el paso en un cruce entre dos calles 30. No ha sido gran cosa, pero el toque, además del susto, le ha fisurado un dedo del pie derecho (su parachoques en este caso).

Su circulaba por la calzada, por el centro del carril de una de esas calles que conoce perfectamente, visible, prevenida, con indumentaria que no pasa desapercibida y con casco porque estaba trabajando, pero todo eso no fue suficiente cuando esa conductora decidió seguir su camino sin atender a la obligación de ceder al vehículo que circulaba por la calle con prioridad.

- Perdona, no te había visto - dijo nerviosa la automovilista- ... perdona... pero tú tampoco has frenado.

miércoles, 21 de mayo de 2014

No nos engañemos, no queremos más bicicletas

Nos gustan como adorno, pero no como opción real y lógica en un mundo que debería buscar el bien común y no sólo el beneficio de unos pocos. Porque los automovilistas, pese a hacer mucho ruido, molestar mucho, poner en peligro al resto de ciudadanos y matar a unos cuantos y matarse entre ellos, siguen siendo una minoría dominante.

No queremos más bicis porque no entendemos unas ciudades que no estén pensadas para desplazarse de otra manera que en coche y andando. O no queremos entenderlo, porque creemos que si lo hacemos nos jugaremos la estabilidad, el bienestar y el desarrollo que tanto nos han costado conseguir. Y nada más lejos de la realidad, al menos vistas muchas ciudades en el mundo más pujante que han optado por prescindir de los coches, en la mayoría de los desplazamientos urbanos, y han conseguido ciudades amables, seguras y humanas, con comercio potente y con lugares donde socializar y disfrutar de la calle.


No queremos más bicis porque no sabemos cómo habilitarlas sin restar dominio, espacio y oportunidades al coche. Y no sabemos no porque seamos especialmente tontos, sino porque no concebimos que se pueda hacer en serio y asumiendo todas las consecuencias. Y ese es el problema.

El síntoma más revelador del fracaso de una ciudad en el fomento de la bicicleta es que sus ciclistas circulen por las aceras. Aquí, por desgracia, la mayoría lo hace. Y no podemos lamentarnos por ello, ni castigarles multándoles. Es una consecuencia de una política que ha buscado en la bicicleta un mero reclamo político y no ha procurado nunca cambiar los cimientos de una movilidad automovilista que ha estado fomentando durante décadas.

Así pues, no nos engañemos, no queremos más bicicletas, porque querer más bicicletas pasa necesariamente por querer menos coches y eso no hay político ni técnico responsable que se lo plantee en serio y que sea capaz de asumir las consecuencias. Porque, entre otras cosas, muchos serán los mismos que promocionaron o consintieron el modelo de urbanismo extensivo y disperso, en el que el coche era y es indispensable porque otro modo es ineficiente o imposible y, por tanto, impensable.

lunes, 12 de mayo de 2014

Preparando a nuestros menores para la guerra de los autos

Porque está claro que esto es una guerra declarada contra las bicicletas. Si no, no se entiende toda la estrategia desplegada para anularlas. Esta guerra empezó hace ya unas décadas en las que se fue fraguando el dominio de los automóviles en nuestras calles, en perjuicio de todos los demás, niños sobre todo. Un dominio basado en el terror y que ha dejado no pocas víctimas en el campo de batalla y demasiados daños colaterales. El otro día se revelaba una de ellas, en un ranking de las ciudades más contaminadas de nuestro entorno entre las que muchas que presumen de verdes ocupaban posiciones cabeceras.

Después de apenas cinco décadas de tiranía y de mezquindad en favor del automóvil, en los últimos años se ha producido un preocupante renacimiento de la bicicleta que tiene obsesionados a los señores del tráfico como una amenaza cierta a su orden. Las bicicletas no son bienvenidas en nuestras ciudades porque molestan. Molestan en un tráfico pesado, violento y organizado para que el coche y sólo el coche funcione. Pero molestan mucho más cuando se refugian en las aceras y zonas peatonales porque reproducen esa misma agresividad contra los indefensos peatones (muchos de ellos previos automovilistas agresivos).


Así las cosas, la táctica no se hizo esperar y los señores del tráfico decidieron recurrir a su argumento más eficaz: el miedo. Sembrando miedo entre la población se puede culpabilizar a los ciclistas de su propia siniestralidad y castigarles a protegerse como si sus lesiones fueran poco menos que autoinfringidas. Soberbio.

Primero las medidas fueron encaminadas a separar a las bicicletas del tráfico, de la calzada, atrincherándolas en corredores donde, si no se la jugaban intentando circular por ellas, lo hacían cuando se cruzaban con el tráfico motorizado o hacían peligrar a los caminantes porque se habían hecho a base de pintar rayas en las aceras. Eso no tuvo el efecto disuasorio deseado sino más bien el contrario y animó a mucha gente a montar en bicicleta de una manera más o menos incosciente.


Visto lo visto, los señores del tráfico, esos que no van a hacer nada por reducir el uso del coche, han decidido penalizar a los ciclistas y obligarles a utilizar casco para sus desplazamientos. Así, porque sí, porque los ciclistas, como los automovilistas, como los peatones y como los que se caen en la bañera de su casa sufren demasiados traumatismos craneoencefálicos, muchos de ellos fatales. Qué empeño. Único país en Europa y uno de los pocos en todo el mundo.

Ante la contestación social y la reacción de todos los estamentos a nivel europeo, lo que iba a ser una ley universal, se ha quedado en un castigo sólo para los menores, a los que, bajo la presunción de querer protegerlos, les obliga a utilizar casco hasta los 16 años. Como si a partir de esa edad fueran inmunes o como si la mayor parte de las víctimas, quitando las que se producen en periodo vacacional, no fueran mayores de 25 o como si los más peligrosos no fueran esos ciclistas noveles, mayores, inseguros e inconscientes... o como si a los ciclistas no les atropellaran coches. Por favor.

En fin, seguiremos batallando en esta guerra cruel que penaliza a los débiles y protege a los fuertes, que premia a los agresores y condena a las víctimas, que prefiere no tener calles que dejar de desplazarse en coche. Eso pese a que muchos ayuntamientos (entre los que se encuentran los de Sevilla, Barcelona, Vitoria, Zaragoza, Donostia o Pamplona, por ejemplo), en ese proceso de discriminación legal, hayan aprobado por mayoría una declaración contra la obligación del uso del casco, que ahora tratan de olvidar. Somos ruines, somos miserables, somos cobardes, somos conservadores y no dejaremos de serlo, aunque suframos las consecuencias en nuestras propias carnes.