domingo, 1 de enero de 2017

La verdad ciclística no existe, la hacemos entre todos

Aún en la búsqueda de la verdad absoluta, incuestionable e incorruptible que me haga abandonar esta sensación de necesitar cuestionar cualquier maximalismo en lo relativo al desarrollo de la bicicleta en un mundo que ha decidido marginarla, me asalta una duda: ¿por qué necesitamos alinearnos en facciones estancas cuando hablamos de las bicicletas y no hacemos lo mismo cuando hablamos de las condiciones que nuestras ciudades reúnen para caminar o cuando reflexionamos sobre nuestra dependencia de los electrodomésticos y de los electrogadgets personales?

¿Por qué nos reconforta tanto pertenecer a grupos preferiblemente minoritarios que defienden postulados irreconciliables con otros que deberían ser, cuando menos, correligionarios? ¿Es por una mera cuestión identitaria? ¿Es por el aburrimiento, la despersonalización y la falta de alicientes de nuestro aburguesamiento triste y solitario? No quiero saberlo. Sólo sé que damos pena.

La gente de la bicicleta deberíamos ser más amables, más empáticos, más reconciliadores, más consensuadores, más inclusivos, más antropofílicos y más divertidos de lo que somos. Empezando por nosotros mismos. Pero parece que no. Parece que las catacumbas nos han hecho crueles hasta con nuestros congéneres. Crueles, implacables y mezquinos. Aves de rapiña a pedales a la caza de lo que consideramos estúpidos irreverentes a pedales. Con la misma estupidez, arrogancia y prepotencia que les asignamos a esos pecadores.


No entiendo por qué aceptamos que esto tenga que seguir siendo así, aunque pueda llegar a entender cómo hemos llegado a este punto. Creo que mucha gente nos tenemos que desenroscar la boina y admitir realidades que, aunque nos resulten incómodas, existen, y visiones que, aunque no comulguen con las nuestras, tengan sus seguidores (a veces muchos más que las nuestras). Y, con todo eso y todos esos, tratar de llegar a consensos aceptables, que incluyan las distintas visiones y versiones de lo que entendemos que debe ser la ciclabilidad de nuestras ciudades.

Eso requiere, para empezar, de renunciar a dogmas y axiomas, y empezar a relativizar discursos y a estar dispuestos a llegar a acuerdos básicos. Pero somos muy testarudos y nos gusta discutir demasiado a este lado de los Pirineos... y así nos va.

Pues yo paso. Voy a ponerme a favor. Aunque siempre lo haya estado, pese a que mucha gente me haya visto alineado a uno u otro lado de esas líneas rojas que algunas personas tratan de marcar y defender hasta la extenuación cuando hablan de bicicletas en la ciudad.

Creo que es más importante colaborar en construir una ciudad más aceptable, más humana y más divertida, que quedarnos en una rama discutiendo sobre nimiedades ciclísticas dejando pasar el tiempo y dejando pudrirse el árbol cada vez más.

No estamos para perder años ni oportunidades, así que, manos a la obra. Colaboremos, cooperemos, participemos, consensuemos, pactemos, empaticemos, desprejuiciémonos, empujemos para que esto cambie y dejémonos de discusiones y monsergas estériles y eternas. Ahora bien, no vamos a aceptar chapuzas, porque sientan precedentes que luego son muy difíciles de recomponer.

4 comentarios:

  1. Sí a todo, Eneko. Año Nuevo, vía nueva.

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  2. Bravo Eneko! "biensalido" de los clubes que sólo nos hacen peores personas, peores ciudadanos y, lo de menos, peores ciclistas. Los sin bando, las mayorías sociales en las ciudades, las que quisieran usar la bici en condiciones más amables y más normales... toda esa gente te necesita! bienvenido!

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  3. Como peatón, permíteme alguna reflexión. En primer lugar, tal vez para abandonar todo sectarismo convendría, para empezar, dejar a un lado el discurso victimista ("...al desarrollo de la bicicleta EN UN MUNDO QUE HA DECIDIDO MARGINARLA"). Primero porque no es cierto, ha ha habido ningún complot ni confabulación con el fin de marginar a la bicicleta, y segundo porque este tipo de discurso conlleva el sectarismo.
    Otro tema que me gustaría mencionar, ya tratado en el anterior post, es la división Carril-ciclista versus calzadista. Está muy bien huir de los maximalismos y tratar de ser ecuménico -sobre todo en estas fechas-, pero creo flagrantemente injusto equiparar estas dos posturas o situar el punto ideal en la equidistancia entre ambas. Los calzadistas no tienen ningún poder ahora mismo. Todo lo más, una de sus reivincicaciones básicas, añejas y parciales -coincidente con la discapacidad y los peatones-, la de dejar de instalar carriles en las aceras y zonas peatonales y quitar los ya hechos, ha terminado por encontrar eco teórico en diversos estamentos de la Mesa de La Bicicleta, que no se ha traducido en la práctica en la praxis de los ayuntamientos.
    En cambio, lo carril-ciclistas tienen todo el poder. Es más, las entidades que representan a la bici (ese vehículo que por lo visto se ha decidido "marginar"): Grupo interparlamentario por la Bicicleta, Mesa de de Bicicleta, Con Bici y todas las asociaciones y entidades que los conforman, sin olvidar la todopoderosa Federación de Municipios y Provincias, siempre alineada con estas entidades, son entusiastas del carril bici "urbi et orbi", siempre con la pía premisa de atraer nuevos y tímidos seres a su Religión, la única verdadera, y no a esa pequeña secta estrafalaria de los calzadistas.

    Como muchas de tus entradas muestran una sabia crítica a posturas concretas de estos vaticanistas de la bici, creo posible que convengas en que, hoy por hoy, la ecuanimidad genuina pasa por apoyar a la corriente calzadista. Por una cuestión de equilibrio y porque, en definitiva, lo criterios se han ido modificando en la línea de sus tesis, demostrando que, lejos de partir de unas posturas absurdas, poseían más sensatez que toda la retórica carril-ciclista y holandesa-seguidista que ha dominado el discurso ciclistas de estos años.
    También coincido con ellos (creo) en la conveniencia de mantener alejada a la bicicleta -y ya de paso, todos los demás modos de desplazamiento incluyendo el peatonal- de fines o estrategias asimilables a determinado espectro partidista-ideológico político. Ya está muy claro quién se preocupa por la ecología y quién es negacionista, la gente no es tan tonta, no hace falta encasillarla por clubs según cómo se desplace.

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