domingo, 8 de mayo de 2011

Si mi abuela tuviera ruedas...

El sábado leí esta entrada en un artículo que llamó mi atención por titularse "Y si la llamamos Bicicleta...". Hacía referencia a la originalidad de la gente a la hora de poner nombres a sus descendientes, originalidad que a veces se torna ridícula, y hasta ignominiosa. 
Susana, que trabaja en el Registro Civil de Pamplona, cuenta sonriente que una tía de su abuela, que nació en una aldea de la sierra de Gredos, en la provincia de Ávila, se llamaba Bicicleta. "Ocurrió hace mucho tiempo y no puedo recordar mucho más", se disculpa.
No hubiera pensado en que esto fuera posible, pero creo que el periodista ha caído en un error de rigor profesional, al no comprobar si el tema del nombrecito no era una mera ocurrencia o respondía a una leyenda rural.  Es comprensible: hace un buen titular. Yo sin embargo lo he hecho, y para ello no he tenido que recurrir a ninguna enciclopedia popular, ni a ninguna fuente del saber incontestable, me ha bastado comentarlo a la hora de la comida. Un familiar de mayor edad nos ha abierto los ojos.

- Eso se decía cuando alguien exageraba más de la cuenta o inventaba algo: "Si mi abuela tuviera ruedas... sería bicicleta".


... sería Bicicleta

El artículo continúa:
Alejandro Jodorowsky, actor y escritor chileno, intenta dar una explicación al respecto. "Los nombres que los progenitores regalan a sus hijos son fruto del deseo inconsciente de solucionar situaciones, la mayoría dolorosas".
De acuerdo con Jodorowsky,  mucha gente que hubiera querido solucionar situaciones indeseadas respecto al tráfico, a la voracidad del coche, a la pérdida de libertad, de autonomía de los menores, al incremento de la peligrosidad de las calles, máxime si hubiera antecedentes dolorosos, habría llamado a sus hijas Bicicleta y a sus hijos Triciclo... si no fueran tan disonantes como nombres personales.

Ahora bien, hablando de niños, de mayores y de bicicletas, hay una iniciativa canadiense que propone las ciudades 8-80, que no es otra cosa que ciudades accesibles y practicables de manera independiente por personas comprendidas entre esas edades.

¿El fundamento? Que sean caminables y ciclables. Con muchas abuelas Bicicleta y con muchos Ciclitos que con sus 8 añitos circulen por calles amables y se encuentren y jueguen en espacios pensados para ello.

Ahora bien, con lo descreídos que somos en este país, no sé que es más improbable, si encontrarse a una niña llamada Orbea o que la abuela Cleta, de Anacleta, a sus 79 años crea que es posible circular en su bici por la ciudad donde vive, y lo haga.

De ahí que el dicho popular haya derivado a una reducción puramente anticiclista: "Sí ya... y mi abuela en bicicleta".

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