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domingo, 11 de noviembre de 2012

Cursos para ciclistas urbanos ¿obra social?

Estamos presenciando en los últimos meses la eclosión de iniciativas en distintos ayuntamientos dirigidas a formar a los que lo deseen en la prevención y seguridad vial a bordo de una bicicleta en la ciudad. Esto, que en sí mismo es una consecuencia lógica del impulso que ha cobrado la bicicleta entre nuestra gente mayor, encierra un cierto enviciamiento desde su propuesta.

La cuestión no es tanto enjuiciar la conveniencia de dichas sesiones sino más bien tratar de analizar cuál es la incidencia de las mismas. Todo curso necesita un profesor y, dada la naturaleza de estos cursos, un profesor no puede tener más de 15 alumnos en buenas condiciones. Con dos o tres horas, más que suficiente. Por supuesto el curso es gratuíto y el monitor voluntario (o casi).

Imagen extraída de aquí
¿A qué población se puede abarcar con este tipo de programas?

Esta es la verdadera enjundia del asunto. Estos servicios, como los talleres de mantenimiento de calle, son iniciativas loables, pero que nunca podrán dejar de ser minoritarias y que siempre van a ir dirigidas a gente que ya presenta una actitud prudente y preventiva y que, pese a que normalmente obtienen buenos recursos y están agradecidos, quizá no sean el público objetivo de estas propuestas.

Porque estos cursos se deberían dirigir a toda esa tropa de inconscientes que van sin cuidado y sin respeto, atropellando a los demás o poniéndose en riesgo de una manera imprudente y temeraria, muchas veces sin saberlo y otras simplemente adrede, pero estos no suelen acudir a estos talleres.

El problema en estas iniciativas, como en las charlas, es que va un público que ya está convencido y que normalmente es practicante de la doctrina que se quiere inculcar. Eso y su escaso alcance suelen dejar la propuesta en una mera declaración de buenas intenciones, cuando no en un lavado de cara municipal o en un calmado de conciencias colectivas.

¿Un poco es mejor que nada?

Por supuesto que es mejor algo que nada y estos esfuerzos son valiosos y dignos de alabar, pero de ahí a pensar que se está teniendo alguna incidencia en la población va un trecho que no es poco. Ni siquiera entre los ciclistas noveles. Amén de que muchos están sirviendo para bendecir las infraestructuras y maniobras municipales, dándolas como aptas y recomendables.

Esto es como aquella figura ya en vías de extinción que era la de la Obra Social de las cajas de ahorros, que pretendía demostrar su vocación social repartiendo unas migajas de lo que nos robaban o, dicho de otro modo, de lo que ganaban. Hoy se ha demostrado cuál era la Obra de Verdad a la que se dedicaban. La otra, la Social era como echar unas migas a las palomas y hacer creer que con ello las estamos alimentando.

Dada la entidad que está cobrando el ejercicio de la bicicleta como medio de locomoción en la ciudad, ya va siendo hora de empezar a demandar algo más que unos cursillos minoritarios una vez al mes o unas pocas veces al año. Un programa serio de adiestramiento y concienciación respecto al uso de la bici con campañas universales, medidas acompañantes y un buen programa de formación de alcance e impartido por profesionales puede ser un buen principio, antes de proponer una estrategia educacional que empiece en las guarderías, siga en las escuelas y culmine en cursos para adolescentes y adultos.

Hay que ser ambiciosos, si no somos capaces de conformarnos con las migajas y consolarnos con que eso es mejor que nada.

viernes, 11 de mayo de 2012

¿Se puede enseñar la confianza en bici?

Arduo tema el de instruir a la gente en los hábitos, prevenciones y buenas prácticas a la hora de montar en bicicleta en la ciudad. Arduo pero necesario. Sobre todo entre personas mayores, que son las que más prejuicios y miedos infundados tienen. Porque, si demandan formación es porque han perdido el hábito o nunca lo han tenido. Y son torpes, desconfiados, dubitativos.


La inseguridad que provoca el miedo es un monstruo muy difícil de controlar. Impone tanto que nos agarrota, nos impide actuar con soltura, condiciona nuestra capacidad de percepción, nos subyuga. Somos presas de nuestros propios miedos y muchos, la mayoría, son irracionales. Tratar de combatirlos en un par de sesiones (o cuatro) de práctica guiada es una pretensión que difícilmente tiene buenos resultados. Porque no es lo mismo ir en grupo, todos provistos de fabulosos chalecos reflectantes, al abrigo de un pelotón y siguiendo los consejos de un instructor que enfrentarse uno mismo, solo y sin ayuda, a esas mismas situaciones.


Repetir unas cuantas pautas es fácil, atreverse a lidiar con nuestra bestia interior es otro cantar. Por eso cuando alguien nos solicita que impartamos o participemos en un taller o jornada de seguridad vial para usuarios de bicicletas solemos preguntar antes de embarcarnos ¿a qué público irá dirigido? ¿qué objetivos se buscan? y ¿qué resultados se esperan?

Pareceremos muy mirados, pero las cuestiones tienen sentido. De hecho, en este mundo de la iniciativa voluntariosa, del esfuerzo testimonial y de las propuestas que se miden en votos, empezamos a estar cansados de vaguedades, de mensajes lanzados a un gran público apático y descreído y de sesiones de eco y autobombo entre allegados. Así que, si no es mínimamente ambiciosa la propuesta y no es capaz de definir y concretar destinatarios y objetivos (que no lo suelen ser) preferimos participar en mesas en las que se cuestione y se discuta el tema y luego, cada uno a su casa, normalmente en coche todos.

Porque la seguridad en la calle, en bicicleta, sólo se adquiere andando. Y eso más vale saberlo para empezar cuanto antes. Los grandes sustos sólo se pueden evitar con pequeños sustos. Las maniobras comprometidas, el posicionamiento, la señalización, la interrelación con el resto del tráfico, el respeto, la dignidad, la prevención, la anticipación, la visibilidad, la empatía... todas esas cosas se aprenden con el tiempo y con las incidencias. Tratar de poner en antecedentes a un grupo de alumnos es una tarea imposible. Para aprender a andar hace falta andar.


Ahora bien, se puede adelantar algo intentando ver la educación vial desde la perspectiva del manillar también y no sólo desde los intereses de los coches, como suele ser habitual. Sobre todo entre los niños y jóvenes que aún utilizan la bicicleta de manera más o menos frecuente y que todavía no están condicionados. Programas en escuelas e institutos. Para toda la población. Aunque sólo sean una jornada o dos, pero de manera universal y obligatoria.

Ahora bien, con esto seguiremos sin transmitir confianza, sólo explicaremos las posibilidades, las peculiaridades y las condiciones de la bici. La confianza, por destracia, no se enseña en un curso, ni en unas cuantas sesiones. Para eso la mejor escuela es la calle, los familiares, los amigos, las situaciones y el sentido común. Basta con vencer el miedo y experimentar.

martes, 24 de abril de 2012

La bici: así de simple

Hoy la cosa ha tenido su intríngulis. Tocaba convencer a un curso de estudiantes de automoción de que la bici es más conveniente que el coche y que el oficio que estaban aprendiendo (estos eran de chapa y pintura) lo iban a tener que aprender muy bien porque, si todo salía de acuerdo con nuestros planes, la competencia se iba a poner muy dura. Difícil tarea sin duda. Para más inri, a las 3 de la tarde, justo después de comer y en un centro que, para acceder, hay que salvar una cuesta con rampas del 10%. Y, para rematarlo, después les enseñaríamos lo fácil que es la mecánica de mantenimiento de la bici. Tanto que cada uno se la podía hacer en su casa prácticamente sin herramienta y con unos conocimientos que se adquirían en una hora. ¿El marco? Un taller de mecánica del automóvil. ¿Surrealista? ¿Contradictorio? No. Simplemente un reto. A ello nos hemos dedicado toda la tarde.


¿Cuál es la principal virtud de la bicicleta?

Sin duda su sencillez. Sencillez de manejo, sencillez de desplazamientos, sencillez mecánica, sencillez de presupuestos, sencillez a la hora de relacionarse con los demás. La bici es sencilla. He ahí su potencial. Cualquiera puede hacerse con una bici. Cualquiera. Ese ha sido el centro de la argumentación y probablemente ese ha sido el éxito de la jornada.

Unos estudiantes que hacen todo un ciclo formativo durante varios años para comprender los entresijos de la complejidad mecánica de un automóvil son, probablemente, los que mejor pueden comprender y valorar la simplicidad de un vehículo como la bicicleta y a los que más puede sorprender su eficiencia basada en la fuerza humana, dos ruedas y unos mecanismos de palanca y transmisión realmente básicos, fundamentales.


El esfuerzo en este caso consiste más en saber llegar a un público que, de salida, se presentaba apático, adormecido y escéptico, por no decir desinteresado, que en tratar de darle la vuelta a los tópicos y ampliar la información disponible, muchas veces basada en arquetipos comerciales, en un modelo que premia el consumo, la apariencia y la posición social y donde la bicicleta todavía no ocupa el lugar que se merece.

No creo que ninguno de los participantes en los talleres de hoy vayan a cambiar sus hábitos de movilidad. Estos ya están maleados. Lo único que me parece interesante es aportarles información valiosa y argumentos de calidad que les sirvan, al menos, para darse cuenta de las consecuencias que tienen las decisiones que toman y las que van a tomar en el futuro a la hora de moverse y para poder valorar y respetar a los que hagan otras opciones y utilicen otros medios para desplazarse.

Así de simple.

viernes, 1 de julio de 2011

Señoras y señores... ¡esto es fácil!

Ese ha sido el mensaje que hemos intentado transmitir durante todo este mes de Junio en un taller de revisión de bicicletas que hemos tenido montado los domingos por la mañana en un nuevo emplazamiento realmente singular.


El Molino de San Andrés es un antiguo molino del siglo XVI rehabilitado como espacio de ocio y encuentro por la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Situado en la confluencia de los ríos Arga y Ulzama, a pie de Parque Fluvial y en el recorrido del Camino de Santiago, ofrece un marco realmente sugestivo para proponer actividades como las que se han programado a modo experimental durante este mes pasado.


Enseñar o, mejor dicho, aprender a enseñar es una tarea siempre interesante. Tratar de convencer de que la mecánica básica de mantenimiento de una bicicleta la puede hacer cualquiera con apenas cuatro herramientas y un bote de aceite es un esfuerzo que merece la pena. Y lo más sorprendente es que resulta realmente revelador para la mayoría de las personas que habitualmente utilizan la bicicleta, pero que lo hacen de una manera despreocupada.

Ajustar un freno, hacer andar un cambio, lubricar la cadena, comprobar el estado del cableado o simplemente hinchar las ruedas adecuadamente son tareas simples, pero que mucha gente no sabe cómo se hacen correctamente o que a nadie se le ha dicho lo importante que resultan.

Incremento de la seguridad, mejora de la autonomía, longevidad de los materiales, en definitiva, mayor economía y mejor relación con el vehículo que te transporta, son sólo algunos de los beneficios que contrae hacerse uno mismo el mantenimiento de la bici propia. Ignorar esto es una pena, no difundirlo, un delito.

Nosotros seguiremos trabajando tanto en programas públicos, como en cursos privados y personalizados porque creemos que es una de las claves en esto de que la bicicleta se convierta en una opción prioritaria en muchos de los desplazamientos cotidianos... y menos cotidianos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Seguridad + Economía = Autonomía

No es una fórmula exacta. Son los ingredientes que aporta el conocimiento de la mecánica de la bicicleta. Eso y entretenimiento, diversión. Aprender los fundamentos mecánicos de una bicicleta debería ser obligatorio en la enseñanza primaria, como debería ser obligatorio aprender una educación vial que recogiera las distintas perspectivas de los distintos modos de movilidad y no sólo de los automóviles.


Niña investigando su bici (Probikewrench)

La bicicleta es un artilugio prodigiosamente simple, increíblemente sencillo, afortunadamente abordable por cualquiera. Una bicicleta tiene unas dimensiones que la hacen perfectamente manejable para cualquier persona que no esté incapacitada a partir de una temprana edad.

Es lo que tiene, que es antrópica, razonablemente humana. Con una tecnología elemental, basada en los principios más básicos de la física: la palanca, el, el rozamiento, la inercia o las fuerzas centrífuga y centrípeta, por mencionar algunos. Basta con media docena de herramientas para poner a punto los elementos fundamentales de la misma: ruedas, frenos y cambios.

Esta semana tenemos un taller de mecánica básica y la que viene una batería de talleres demostrativos en un instituto de nuestro entorno. La verdad es que resulta una experiencia gratificante enseñar mecánica. Es de esas cosas que son enriquecedoras tanto para el que aprende como para el que enseña. Porque se transmite utilidad, pero utilidad de la práctica, no esos sucedáneos de la utilidad que nos hemos acostumbrado a aceptar sólo porque los recibimos a cambio de un precio. La utilidad de la mecánica es directa, inmediata, personal y comprobable.

Saber mantenerse la bicicleta es barato, nos aporta seguridad y nos hace, en definitiva, más independientes. Así de fácil, así de asequible. La mecánica básica se aprende en tres escasas horas.
  • Soltar las ruedas, arreglar un pinchazo o cambiar una cubierta.
  • Ajustar lo frenos, sustituir unas zapatas.
  • Ajustar los cambios.
  • Limpiar y engrasar.
  • Saber reconocer las holguras y desajustes más comunes.
Hacerse con estas habilidades es fundamental para ganar autonomía, ahorrar visitas tontas al taller y además alargar la vida de los componentes. Pero lo mejor es que saber mantener la bicicleta ajustada y lubricada no sólo garantiza el buen funcionamiento de los elementos claves de nuestro vehículo y con ello mejora nuestra seguridad, sino que eso nos transmite una confianza añadida al conducirla.

lunes, 26 de abril de 2010

La Ciudad de las Bicis


Hoy se ha inaugurado un nuevo centro social de promoción de la bicicleta para toda la ciudad... de Zaragoza.

Este Centro surge como iniciativa de los colectivos ciclistas que ven la necesidad de lograr un espacio desde el que integrar la bicicleta en el paisaje urbano de Zaragoza, fomentando y normalizando su uso y dándole el papel que le corresponde en el tráfico de la ciudad. Esta idea obtiene respaldo político y financiero en el presupuesto municipal y se plasma en la creación de este centro de promoción de la bicicleta.

La Ciudad de las Bicis pretende ser un lugar de referencia para impulsar la bicicleta. Propone, entre otras cosas:
  • Talleres de autorreparación
  • Biblioteca
  • Actividades educativas
  • Cursos
  • Charlas
  • Una web
En fin, habrá que seguir con atención esta iniciativa.