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martes, 29 de noviembre de 2016

No todo es carril bici en la promoción de la bici

Aunque parezca mentira tener que hacerlo, hay que recordar que los problemas de las personas que quieren utilizar la bicicleta como medio de locomoción no se reducen a la necesidad de que las calles contemplen su circulación o que haya circuitos exclusivos para bicis, sino que hay muchos otros aspectos trascendentales, que por lo general se relegan, porque el discurso pro-bici polariza mucho las reivindicaciones y se concentra en las causas más vistosas, que, por desgracia, son también las más caras y las más difíciles de acometer.


Ahora mismo, muchas ciudades donde se han constituido gobiernos de cambio, de progreso o de la etiqueta local que se haya elegido para definirlos, que muchas veces son gobiernos multipartitos, están enfrascados en este dilema. La bicicleta es vistosa, inocua, barata y conveniente, y el carril bici es una demanda popular bastante universalizada, al menos mediáticamente, así que ¿por qué no? vamos a darle al pueblo una alegría y vamos a hacer vías ciclistas para loor de multitudes, piensan los políticos al mando. Y creen no equivocarse cuando se rodean de la resistencia histórica que ha envejecido reclamando este tipo de facilidades y ahora ven cumplidos sus sueños.

Por atender este tipo de demandas, muchas veces de una manera apresurada y posibilista, los responsables políticos están perdiendo la perspectiva, no sólo de lo que la bicicleta representa en el total de la movilidad y en hacer que esta movilidad sea más amable y más ecológica, sino de lo que la propia bicicleta o, mejor dicho, las personas que la eligen como modo de transporte necesitan. Pero es que llegan a perder el criterio de qué es técnicamente acertado y aporta seguridad y prevalece la necesidad de hacer infraestructuras, sin valorar su idoneidad.

Los carriles bici deberían ser excepcionales en ciudades amables y orientadas a las personas, porque estas ciudades habrían conseguido excluir al automóvil como vehículo dominante en la mayoría de sus calles.

La bicicleta sigue siendo una gran desconocida

En las ciudades donde la bicicleta quedó marginada por la preeminencia que se le quiso dar al automóvil privado durante las décadas de los 60 a los 90 fundamentalmente, que vienen a ser la inmensa mayoría de las ciudades del mundo exceptuando una zona que decidió recuperarla a finales de los 70 en Centroeuropa, hay una cuestión que agrava esta situación: no hay experiencia en el manejo de la bici. Es decir, hay inseguridad y miedo de conducir la bicicleta en algo que no sea un espacio libre de circulación.

Este mal, que es endémico, trata de resolverse sólo a base de infraestructura vial exclusiva, en su mayoría deficiente, estrecha e insegura, o permitiendo la circulación por las aceras. Y se deja de lado todo el aspecto de educación, adiestramiento, sensibilización y corresponsabilización de la gente en sus prácticas circulatorias, porque no es tan vistoso y no tiene tanta trascendencia mediática, cuando es, quizá, lo más importante, sobre todo entre la gente que se está formando.

¿Vías exclusivas o vías inclusivas?

Pero es que también se abandonan otro tipo de facilidades que son tan esenciales o  más como las vías exclusivas para ciclistas, que son el calmado del tráfico, las vías de coexistencia y las vías residenciales. O simplemente calles que no tienen una especial intensidad de tráfico. Muchas veces, el afán por contar estadísticamente con cantidades reseñables de vías segregadas que hagan ver que hay una preocupación por proteger a la gente ciclista, hacen descartar la posibilidad de hacer vías inclusivas, que son mucho más seguras para todas las personas y hacen que la calle sea más amable sin necesidad de separar tráficos.

Aparcamientos seguros, por favor

Otro aspecto sorprendentemente olvidado en las políticas de promoción de la bicicleta al uso es el de garantizar el aparcamiento cómodo y seguro para bicicletas. Y no sólo el aparcamiento doméstico, que es esencial para la tenencia de la bici y su conservación, sino aparcamientos en los lugares de máxima afluencia ciclista y, sobre todo, aparcamientos seguros allá donde las bicicletas hacen estancias largas y repetitivas, es decir, en centros de trabajo y en centros educativos.

De hecho, parece incongruente e irresponsable, cuando se trata de fomentar el uso de la bicicleta, consentir la incidencia y la normalización del robo y del vandalismo relacionado con este tipo de vehículos. Que se asuma el robo como algo connatural a la tenencia y utilización de bicicletas es, más que lamentable, siniestro por ser una perversión aceptada por la mayoría de la gente y sobre la que parece que no se puede actuar de una manera suficientemente efectiva.


Si  no dotamos nuestras ciudades de lugares cómodos, seguros y bien localizados para dejar las bicicletas estancias largas con garantías, no acabaremos de dar oportunidades reales a las personas que quieran elegirlas y no acabaremos de dignificar y normalizar su uso, porque estaremos consintiendo que la incidencia del robo y del vandalismo actúen como disuasores del uso de la bici, y está comprobado que son los inconvenientes más importantes que se encuentran los ciclistas cotidianos para mantenerse en la práctica de su elección.

Así pues, nos podemos obcecar en demandar infraestructura segregada para el uso de la bicicleta, pero, si desatendemos estos otros aspectos en su promoción, no conseguiremos consolidar y normalizar la bicicleta como opción natural de movilidad en nuestras ciudades.

viernes, 20 de febrero de 2015

Cortinas de humo y bicicletas

Un programa europeo que persigue la mejora de los hábitats financia el proyecto Life+ Respira, que, liderado por la Universidad de Navarra en colaboración con CIEMAT y Gestión Ambiental de Navarra, trata de demostrar que es posible reducir la exposición de las personas que circulan en bicicleta y a pie por la ciudad a contaminantes atmosféricos urbanos.

Para conseguirlo van a mapear la calidad del aire prácticamente on-line, contando, entre otros, con la inestimable ayuda de unos cuantos ciclistas que voluntariamente se van a prestar a transportar unas estaciones sensoras móviles que van a transmitir sus registros cada 10 segundos, recogiendo datos a lo largo de sus itinerarios habituales durante 2 años para confeccionar un mapa que ayude a extraer conclusiones tales como: cuáles son las rutas preferidas por los ciclistas, cuál es la calidad del aire en las distintas zonas de la ciudad de Pamplona, cómo afectan elementos como el arbolado, la altura de los edificios, la anchura de las calles, la segregación del tráfico o la hora del día... un proyecto ambicioso que busca también ofrecer, mediante una aplicación, información en tiempo real que recomiende las rutas que menos exposición a la contaminación presenten en la ciudad.

Casi nada.

En la presentación pública del proyecto se manejaron muchos tópicos relacionados con la bicicleta como la exposición de los ciclistas a los elementos contaminantes, el necesario entendimiento con los peatones por la lógica ocupación de las aceras, la aportación de la bicicleta en el desarrollo sostenible y muchos otros que no merece la pena repetir. Allí estaban los voluntarios que se van a prestar a movilizar los sensores a pedales llenando el salón de actos del Planetario de Pamplona, un marco incomparable para acoger este evento y darle un carácter global a esta acción local aplaudiendo las intervenciones. Perfecto.


Sin embargo y en medio de la felicidad protocolaria que suele acompañar este tipo de presentaciones, llenas de esperanzas y buenos propósitos, algo destilaba una cierta autocomplacencia y un poco de escaparatismo verde y no precisamente entre los miembros de dicho proyecto. En los corrillos de después, esos que se forman de manera más o menos aleatoria tras el acto, se respiraba una cierta suspicacia sobre la eficacia de este tipo de iniciativas para cambiar inercias tan potentes como la que domina los asentamientos urbanos en nuestras latitudes en el tiempo presente y justifica la dependencia inevitable de los coches.

La gente, los de las bicis y los que no lo son tanto, están ya resabiadas y recelan de este tipo de iniciativas y de su capacidad de hacer algo más que constatar un estado de cosas.más o menos inamovibles. 

Claro que va a ser valioso tener un conocimiento profundo y pormenorizado de las variables que determinan la calidad del aire en una ciudad del tamaño y de las características de Pamplona. Claro que va a ser útil saber cómo deciden los ciclistas sus itinerarios y cómo les puede afectar el conocimiento de la contaminación en sus elecciones. Claro que va a ser curioso ver de qué manera influyen elementos tales como el arbolado, la estructura de las calles, la influencia del viento o la aplicación de pavimentos catalíticos que absorben partículas contaminantes. Pero ¿no estaremos afrontando el tema del impulso de la movilidad no motorizada desde un ángulo muy lateral y quizá demasiado complaciente?



Porque si no se trabaja sobre la posibilidad de cambiar la configuración de la ciudad, de reorganizar el tráfico motorizado, de desincentivar la invasión sistemática de los coches de los núcleos urbanos, quizá todo este esfuerzo no se quede más que en algo bonito, interesante pero anecdótico.

O quizá un mapa que enseñe cómo la contribución indefectible en la mala calidad del aire producto de la promoción del abuso del coche que se sigue haciendo en ciudades como Pamplona (incluso paralelamente a un pretendido impulso de la bicicleta o un testimonial apoyo al transporte público) sirva para concienciar a los ciudadanos de la capital navarra y, de paso, al resto de los que los que se quieran enterar, de que mantener las cosas como están y seguir teniendo autopistas urbanas que diseccionan nuestras ciudades y aparcamientos céntricos que incentivan el uso del coche es, no sólo inaceptable, sino improrrogable por afectar directamente a nuestra salud. Nosotros vamos a empujar en este sentido.

No olvidemos que la contaminación mata mucho más que otros agentes en nuestras sociedades modernas y pretendidamente desarrolladas y la utilización del coche es el principal causante de esa contaminación en nuestras ciudades.


Os mantendremos informados, de primera mano.

lunes, 27 de enero de 2014

Bicicletas y pobretonería

En la difícil labor de normalizar el uso de la bicicleta en ciudades y sociedades donde no sólo se ha perdido el hábito de utilizarla sino que ha caído en un cierto descrédito, cambiar el estereotipo del ciclista como paria de la movilidad va a costar bastante más de lo que algunos presumen.

Asociar la bicicleta a la falta de recursos, si no a la falta casi de dignidad, está mucho más asentado y consolidado en el imaginario colectivo de lo que parece en primera instancia. Al menos en lo que se refiere a ella como medio de transporte. Elegir la bicicleta como vehículo urbano sigue siendo una opción que todavía cuenta con todos los ingredientes de la marginalidad.


El ciclista marginal es un ciclista indigno

Una persona que quiere moverse por una de nuestras ciudades todavía pertenece a una minoría marginada. Lo es cuando decide hacerse con una bicicleta porque hay muy pocos sitios donde le sepan aconsejar cuál es la que necesita (aunque por suerte cada vez hay más). Lo es cuando le toca resolver por dónde va a hacer sus itinerarios habituales porque normalmente la línea recta, la directa, está reservada para el tráfico motorizado. Lo es cuando tiene que tomar la decisión de aparcar la bicicleta, allá donde vaya o de donde venga, porque lo más que va a encontrar son unos simples aparcabicis en la pura calle clavados al suelo. Lo es cuando le roban la bicicleta y piensa en denunciarla con más optimismo que otra cosa y todo el mundo le recuerda que su elección comportaba ese riesgo. Como el de una caída, como el de un atropello, como el de la intimidación que muchos automovilistas se verán obligados a ejercer ante tu torpeza en el tráfico.


Bastaría con este bagaje sociocultural para desacreditar y desilusionar a cualquiera, pero la miseria del ciclista no acaba aquí. La perspectiva que tiene de la bicicleta la mayor parte de nuestra clase política no va más allá de una visión caritativa del asunto. "Dar algo a los ciclistas" es en lo más que piensan nuestros electos tanto cuando están al mando de la nave como cuando pelean desde la oposición.

Al final la cosa está tan asumida que hasta la propia sociedad ciclista se ha acostumbrado a esa lógica de las conquistas y celebran cada pequeña batalla como un triunfo: un aparcamiento, unos metros de ciclovía, una salida en prensa, la instalación de unas bicis públicas o cualquier otro acontecimiento por menor que este sea.

El problema es que todo esto dista mucho de la realidad de las personas que están en disposición de tomar decisiones trascendentales respecto a su movilidad. Al menos las que pueden permitírselo. Estas personas parten de supuestos diversos, pero normalmente ya tienen asignado un presupuesto a la movilidad y no suele ser un presupuesto menor. Muchos cuentan con un coche dedicado a ese fin con todos los gastos que supone de mantenimiento, uso y aparcamiento o con un gasto asumido para el transporte público.


¿Por qué entonces seguimos asociando la elección "bicicleta" a una opción puramente económica?

Consultados los usuarios de otros países donde, por su trayectoria histórica, la bicicleta no ha perdido su normalidad y su decencia y sigue formando parte de las opciones disponibles, la mayoría de los que eligen la bicicleta lo hacen por una mera cuestión de practicidad. La bici es rápida y fácil. Punto. Lo demás es accesorio. Cuenta mucho que en las ciudades de esos países las bicicletas hayan formado parte del paisaje urbano y hayan participado en la configuración de la movilidad en las mismas por pura presencia.

Allí la gente está acostumbrada a que se les entienda, a que se les respete, a que se les habiliten espacios seguros para circular y para aparcar (muchas veces pagando, por supuesto), a que personas de cualquier origen, edad, sexo y orientación política conduzca bicicletas con normalidad. A nadie le llama la atención nada relacionado con las bicicletas, porque las bicicletas siempre han estado allí, son parte de la ciudad.

Mucho van a tener que cambiar las cosas aquí para alcanzar niveles mínimos de decencia, pero donde hace falta un cambio diametral no es tanto en las infraestructuras sino en la forma de pensar en la bicicleta que tenemos por estas latitudes. Mientras sigamos pensando en la bici como en algo marginal, por más compasión que le queramos administrar, la opción ciclista no dejará de ser una proeza y un reto, cuando no algo indigno o miserable.

jueves, 17 de octubre de 2013

Andar en bici no es vulgar, hacerlo en coche sí

Hasta hace unos años, ya bastantes por suerte, la decisión de moverse en bicicleta por la ciudad estaba visto como algo casi ridículo, cuando no despreciable. Era la demostración de la falta de poder adquisitivo para acceder al deseable automóvil con el cual moverse con comodidad y demostrando una posición, un estatus que todo el mundo quería alcanzar, como un objetivo generacional, como un logro, una conquista personal, una demostración de que se era competente.


Hoy en día la cosa ha cambiado diametralmente. El coche se ha hecho tan asequible y se ha universalizado tanto que ha acabado convirtiéndose en algo vulgar. Es como tener una lavadora o un televisor, que en su momento también fueron objetos de deseo y de culto por ser minoritarios. Hoy en día, en esta parte del mundo, nadie va contando que tiene una lavadora, un televisor, un microondas o un coche. Simplemente se da por hecho y por eso no se le concede la más mínima importancia.


Con la bici ha pasado al revés. De ser el vehículo de los pobres ha pasado a convertirse en una señal de identidad de personas inteligentes, activas, modernas, amables, únicas e inconfundibles. Porque cada persona es distinta circulando en una bicicleta. Porque mantiene su imagen, su estilo, e incluso la bicicleta puede añadirte un toque de distinción.


Eso es lo que ha provocado que mucha gente haya girado hacia la bicicleta. Eso y su tremenda practicidad, y su economía, y lo divertida que resulta, y lo bien que te sientes cuando la usas. Tanto es así que la juventud de muchos países considerados líderes económicos mundiales y buques insignia de la industria automovilística prefieren tener una bici o un smart phone antes que un coche. ¿Quiénes? Los alemanes o los estadounidenses, por ejemplo.

¿El siguiente, por favor?

domingo, 26 de mayo de 2013

Menos casco y más atasco

El público neutral no entiende la polémica que se ha desatado alrededor de la intención de hacer obligatorio el uso del casco para los ciclistas en la ciudad. No entiende que una medida que presuntamente redunda en incrementar la seguridad de los ciclistas no cuente con el apoyo masivo de estos o, al menos, de sus representantes responsables. ¿Es una contradicción, no?

Lo que no sabe ese público es que su postura no es neutral, simplemente porque está mediatizada por muchos años de estrategia y lógica automovilística. El público se ha acostumbrado a ver las cosas ordenadas de una manera y presentadas desde una perspectiva que las hacen endemoniadamente rotundas e incontestables. El público se ha acostumbrado a conceder todo tipo de privilegios al uso y abuso del coche y a conformarse con los resquicios con genuina docilidad.

Así el público, el que ve los telediarios, lee los periódicos y escucha la radio, ha comprendido que le debemos demasiado al coche, también en la ciudad, y que quitárselo en favor de unos cuantos incautos no es el camino para arreglar los asuntos graves en los que estamos enfrascados. Menos cuando esos incautos en sus ridículas monturas a pedales son incapaces de demostrar una responsabilidad ni siquiera en su propia prevención y salen desprotegidos y desvalidos a ese mundo motorizado.

Ese público entiende que el precio del coche es razonable y cree que la congestión y los atascos son símbolos inequívocos de prosperidad y desarrollo económico y que lo que esos pirados de las bicicletas proponen no son más que ideas ridículas que no nos van a sacar del agujero en el que nos hemos metido.


Por eso ese público no quiere que los ciclistas circulen por la calzada, como no quiere que lo hagan por la acera, por eso ese público cree que el casco debería ser obligatorio por el bien de esos incautos, como lo debería ser también un seguro y una carnet por puntos, porque, hay que perdonarles, no saben lo que hacen, y asumir la responsabilidad de ser sus salvadores.

"Es por vuestro bien, estúpidos"

A esa gente que se indigna ante la insolencia ciclista, ante su irresponsabilidad, ante su desprecio de la vida y de la seguridad colectiva, ante su oposición al desarrollo o a lo que entienden como el bien común, a esa gente va a ser muy difícil convencerla de lo contrario con meros argumentos. Simplemente porque no quieren oírlos. Ni siquiera por repetición. Porque su postura es visceral y se ampara en el peso del orden establecido e incuestionable. No les llaméis conservadores, son progresistas, que viene de progreso.

De nada vale tratar de hacerles ver que los beneficios de que la gente deje el coche en casa cuando se lo pueda permitir son muy superiores a los inconvenientes, que es mucho más seguro que la gente ande en bici y a pie, con o sin casco, que que lo haga en coche, que se ahorra un montón en salud, energía y contaminantes, que las calles donde los coches no dominan se vuelven más atractivas y más interesantes, que el comercio se revitaliza, que los niños y los mayores viven más tranquilos y disfrutan más del espacio común, que el ambiente es mucho más agradable y tranquilo.

No. No les vais a convencer simplemente porque no sois en los que ellos confían y por tanto sois sospechosos, como lo son vuestros fines y vuestros medios. Ese público no puede oír vuestros mensajes, no puede escuchar vuestros argumentos, no puede atender a vuestras demandas, porque no puede entenderos, porque no quiere.

jueves, 28 de julio de 2011

El medio es el mensaje

Es innegable que, como decía el maestro McLuhan, el medio que se elige para comunicar condiciona el mensaje. Lo que hoy quiero recoger es la oportunidad de utilizar el medio urbano, la calle, para componer mensajes directos, diferentes, sugerentes y trascendentes relacionados con la movilidad.

Hace semanas hacía referencia a la campaña que lanzó el ayuntamiento de mi ciudad utilizando los pasos de peatones como soporte para, mediante el recurso artístico de rediseñar las bandas blancas para convertirlas en perros y en cocodrilos con la dudosa intención de concienciar a nuestros menores en las inmediaciones de los colegios del peligro que encierra la carretera. En este caso, el miedo es el mensaje.


Este recurso de utilizar los pasos de cebra como fuente de inspiración es algo muy socorrido y muy recurrente. Basta con recordar al gran maestro en este arte como fue Roadsworth:


El otro día un fabuloso artículo en Plataforma Urbana recogía la iniciativa de la ciudad de Curitiba con esta misma idea para hacer una campaña de carácter más artístico.



Conocemos los más literales, que dan informaciones temibles a los infaustos peatones:


En la misma ciudad en la que recuerdan el peligro de andar en moto con estos fantasmas:


Para recordar a los ciclistas fallecidos también se utilizan bicicletas fantasmas:


Pero hay otros pequeños detalles que pueden resultar igualmente efectivos a la hora de transmitir un mensaje en la calle a través de la acción gráfica urbana. Ahí van unas cuantas ideas que he recogido por ahí:

Pintadas tridimensionales chocantes invadiendo la carretera (California)

Imágenes ciclistas tópicas en lugares elegidos (Londres)

Charcos de pintura surcados por vehículos dibujando trayectorias multicolores (Berlin)

Utilizar el coche propio para soportar un mensaje como éste

O un bus público para enviar este otro ("Soy una cita fácil") bajo la campaña general "Engaña a tu coche una vez a la semana" (Dublin)

Yo me sigo quedando con esta "biciacción" consistente en hacer una "despintada" limpiando un mensaje en un muro donde la polución ha ensuciado tanto, que ofrece una buena pizarra y aporta un contraste suficiente. Sin duda genial.



Y recuerda: "El arte es para ser encontrado entre la gente, no entre los muros de un museo"


Se aceptan sugerencias.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Los 3 silloncitos

Hay tres situaciones que, sucediendo en lugares totalmente diferentes, resultan curiosamente semejantes porque reproducen una misma actitud respecto a la realidad. En las tres la posición es pasiva, normalmente se está sentado. En las tres el sujeto se sitúa detrás de una pantalla que le defiende. En las tres se tiene una visión diferida de la realidad. En las tres el sujeto cuenta con un mando que le ayuda a conducir. Las tres situaciones requieren de una atención especial, estresante. Las tres son agresivas respecto al sujeto. Las tres lo aislan.

Ilustración de Andy Singer gracias a Stef Orzan

No sería nada espacialmente grave si no fueran tan habituales, tan repetitivas, tan rutinarias, tan masivas, tan irracionales y estuvieran sustentadas por tantos intereses inmovilistas y desmovilizadores. No pasaría nada si no fueran la causa de algunos de los males más graves que aqueja nuestra sociedad, si no generaran unas inercias tan abrasivas, si no entrañaran toda una serie de perversiones y perjuicios que se presentan como privilegios y ventajas. No pasaría nada si no fueran tan potentes... y tan despotenciadoras.

Coche, ordenador y televisión. Tres silloncitos que nos hacen sentirnos poderosos, invulnerables. Tres peligrosos silloncitos que fomentan la pasividad, el aislamiento. Tres silloncitos que nos acomodan y nos hacen acomodaticios.

¿Sillón o sillín? Tú elijes, tú decides.

jueves, 23 de diciembre de 2010

¿Las bicicletas no son para la lluvia?

Hay mucha gente que así lo piensa.

- Está lloviendo ¿no se te ocurrirá venir en bici?

Pues sí. Parece que la lluvia fuera la frontera para muchas personas a la hora de valorar la potencialidad de la bicicleta como medio de locomoción urbano. "Yo utilizo la bici, pero si llueve..."

La cosa es que llueve. Y en algunos lugares mucho. Y en algunos lugares más. Y en esos lugares la gente continúa andando en bicicleta pese a ello. Porque realmente se han dado cuenta de que la bicicleta sigue siendo su mejor opción, también en estas condiciones. ¿Cómo lo hacen?

Equipándose para la lluvia

Y eso no quiere necesariamente decir que aparezcan como buzos. Es mucho más simple.
  • Unos buenos guardabarros
  • Un buen chubasquero, poncho o un paraguas
Hay quienes incorporan también
  • Unos guantes
  • Unos cubrezapatos


Vídeo cortesía de Copenhagenize

Con eso basta. Con eso y unas luces y un poco más de precaución en la conducción.

Precaución en la conducción

Porque hay superficies que mojadas son mucho más resbaladizas. El asfalto no. Las zonas pintadas, como pasos de peatones, las zonas embaldosadas o adoquinadas, las aceras... se convierten en auténticas trampas. Hay que saber gestionarlas. Hay que saber anticipar las maniobras, y señalizarlas. Hay que saber frenar antes y utilizar sólo el freno trasero cuando ya estés metido en "el berenjenal". Hay que saber que, si en condiciones normales los conductores de vehículos motorizados no nos tienen demasiado en cuenta, con lluvia la cosa se complica mucho más. Menos visibilidad, agua, limpiaparabrisas, empañamientos, reflejos... hacen que la conducción de un automóvil sea mucho más difícil. Hay que tenerlo en cuenta, nada más.

Así pues, si amanece y la calle está mojada... la bicicleta seguirá siendo tu mejor aliada.

viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Los juguetes son regalos?

Dejarme que me ponga un poco didáctico. Son fechas indicadas para ello. O no. El caso es que yo tengo niños que creen en Los Santos Regalos y, claro, como son pequeños...


Hace unos días nos acercamos a un gran almacén de juguetes para ver qué se ofertaba y a qué precios. Y nos quedamos pegados. Gormiti, Bakugan, Scalextric, Cars, Playstation, Nintendo, Hello Kitty o Barbie... siguen apostando por guerras monstruosas, motorización competitiva, sedentarismo tecnologizado, sexismo amanerado y otras lindezas. Y siguen presidiendo escaparates y estanterías. Siempre estarán ahí también Lego y Playmobil con sus cada vez más complicados y estereotipados mundos ideales.

No quiero abundar en esto. Aburre. Al final es más de lo mismo, pero para nuestros niños... y los de los demás. Dumpers y excavadoras, coches de carreras, armas, policías y bomberos, pasivismo y ñoñería. Cultura, en definitiva. Y de la más genuina.

Y tú ¡ay de ti! queriendo ser una persona consecuente y ejemplar. O siendo un borde, que en estas fechas vendría a ser el sinónimo. O compras lo que te ordena el terrible aparato de la industria del entretenimiento infantil o eres un impresentable. Bonita disyuntiva.

A mi me salva que ya soy un borde y sigo regalando juguetes "sin electricidad" y que no tengan consumibles que reponer. Juguetes que obliguen a los niños a romperse la cabeza en sentido figurado o en el literal y en los que tengan que hacer algún esfuerzo bien sea físico o mental. Lo reconozco, no comulgo demasiado con esto, como me pasa con la mayoría de las convenciones masificadas y masificadoras, interesadas.

Así pues, este fin de año seguiré provocando desilusión entre la infancia de la que me rodeo. O no.