Hola, soy un arquitecto que trabaja en un bufete que quiere dar el campanazo en un mundo, en un país, en una ciudad que quiere que sus ciclistas sean invulnerables, intocables. Hemos visto en mi despacho que las fórmulas habituales de segregación ordinaria no dan resultado porque ponen en peligro a los ciclistas en sus interacciones con el tráfico (cruces, incorporaciones y desvíos) y, ante la imposibilidad de crear calles sin giros para los coches, que resolverían gran parte de los accidentes de los de las bicis, hemos decidido romper el molde y proponer: la profilaxis ciclista y con ella el ciclista gusano.
Esto es lo que deben haber pensado Richard Moreta y su gente de Exterior Architecture para proponer un proyecto tan alucinante como el del SkyCycle, el BiciMetro elevado, protegido, aislado del peligroso tráfico del Londres que Boris Johnson quiere conquistar para la bici y que su propuesta de CicloSuperAutopistas no han conseguido ni por asomo pese a la tozudez de cada vez más londinenses obstinados en usar la bicicleta en esa ciudad, aunque sea pública. Nos lo explica un compañero suyo.
¿Y si hacemos circular a los ciclistas por las vías del tren rápido? ¿Esas que surcan la capital británica a la altura del segundo piso? Así nada ni nadie interrumpiría los tránsitos ciclistas por estos corredores exclusivos y excluyentes. ¡Bingo! Lo tenemos.
Una concepción futurista, descarada, flipante. Una visión que pone al ciclista a salvo a un precio realmente alto: el de su libertad. Genial idea para despachar a los ciclistas y confinarlos en corredores aislados, apartados como trenes de alta velocidad. Como gusanos.
Es un drama el que vivimos en una sociedad que, por no poder (o querer) condicionar el tráfico motorizado, es capaz de dar cobertura a este tipo de majaderías estratosféricas. Esperemos que Barclays no tenga dinero para financiar esta locura parafuturista.
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martes, 29 de enero de 2013
sábado, 4 de junio de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
Gente andando en bici... en Londres
A modo de impresiones extraídas en tan sólo unas horas en una ciudad tan inabarcable como Londres, he querido recoger una colección de imágenes de una gran ciudad en la que las bicicletas son visibles. Son fotos ocasionales, no tratan de retratar, son más bien reflejos, visiones, parpadeos, repentinos, compulsivos, fortuitos. Sin más intención que la óptica. Este es el resultado.
domingo, 13 de febrero de 2011
Ciclistas en guerra
Unos días en la capital del imperio británico han sido suficientes para constatarlo. En Londres las personas que van en bicicleta son guerreros. Convencidos, determinados. Sorprende a primera vista verlos tan pertrechados para la guerra en una ciudad donde se ha hecho todo un esfuerzo para integrarlos en el tráfico a través de campañas tanto civiles como la London Cycling Campaign como oficiales a través de Transport for London o más generales para todo el país: Cycling England.
Cascos, prendas reflectantes, bicicletas rápidas y, sobre todo, su actitud, denotan que los ciclistas londinenses están en guerra. Eso o que todos ellos quieren participar en las próximas, inminentes, Olimpiadas que acogerá la ciudad el año próximo y están mejorando su entrenamiento… y su estresamiento. Sus expresiones transmiten preocupación, seriedad, tensión.
El caso es que, pese a que la presencia de bicicletas en las calles, siempre por la calzada, es notable y los espacios que han ido conquistando cada vez son mayores, los ciclistas de la capital están asediados por coches, autobuses, furgonetas y camiones. También lo están los peatones, pero de una manera más sutil.
Circular en el centro de la ciudad, aunque está penalizado para los automóviles por la Congestion Charge, resulta poco amable y poco atractivo para los ciclistas. Carriles estrechos, tráfico denso, presión de los motorizados, bocinas… no es lo que cabe imaginar de un país que lanzó hace ya unos años el Bikeability o el Cycle to Work Scheme como medios de normalizar la bicicleta entre los menores o los trabajadores.
Está claro que hay una guerra, de hecho ya se había declarado hace años en tiempos laboristas como la “War on the Motorist”, que el gobierno liberal ha declarado zanjada, a favor de los motorizados como cabía esperar. Está claro no sólo por tendencia política, sino por la actitud de los motorizados, acosando a los ciclistas. Es lo que tienen las guerras, que muchas veces provocan que los vencedores humillen a los vencidos, aunque lo hubieran venido haciendo desde hace décadas, sólo para castigar su atrevimiento.
La presencia de muchas fixies y muchas personas ataviadas como ciclistas de carretera es sin duda un síntoma de que la cultura de la bicicleta no ha conquistado todavía la normalidad y que sigue siendo una especie de subcultura, o que lo de andar en bici en la ciudad se presenta como un reto de carácter deportivo.
Su alcalde Boris Johnson, entre pinta y pinta, sigue haciendo sus aportaciones, en forma de demostraciones populistas con sus bicicletas públicas y con sus superautopistas, que no son otra cosa que grandes operaciones de marketing sociopolítico con carísimos sistemas infrautilizados y deficientes carriles bici. Eso sí, patrocinados sospechosamente ambos por Barclays Bank, que les ha dado hasta el color.
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