Hace unas semanas denunciaba en este mismo espacio el extremo ridículo al que se había llegado en el pueblo donde vivo en el que se había distorsionado tanto la realidad que se estaba luchando denodadamente con todos los medios para tratar de justificar la necesidad de mantener un servicio de transporte colectivo para posibilitar el desplazamiento de una población escolar de varios cientos de niños y niñas un trayecto que no sobrepasaba en ningún caso los 2 kilómetros de longitud.
La denuncia causó gran revuelo e indignación entre algunos padres y motivó una contestación pública del concejal encargado del tema al día siguiente de su publicación en prensa, tachando la propuesta de teórica y casi de colaboracionista.
Un mes más tarde, descubrimos que lo que entonces se negaba y se calificaba como chifladura de advenedizos presuntuosos hoy se está haciendo como iniciativa del ayuntamiento y que es el mismo concejal que auspiciaba la imposibilidad de buscar alternativas y el mismo ayuntamiento que amparaba las movilizaciones y las llevaba hasta sede parlamentaria el que ahora encabeza una propuesta de camino escolar. Por cierto, la primera actuación ha costado la nada desdeñable cantidad de 1.500 euros.
Nos tenemos que congratular, una vez más, de que estos políticos mezquinos que tenemos, que sólo saben liderar proyectos porque son de su titularidad y les sirven para capitalizar réditos políticos y que denostan todo lo que no sale de sus filas, actúen aunque sea por reacción ante la proclamación de su ridículo o tratando de capear una situación sobrevenida. Mientras sea para bien y el tiempo perdido sea así de breve, bienvenida la reacción y enhorabuena por la iniciativa que ojalá os dé buen resultado.
Espero que ahora nadie se acuerde de que no había alternativa posible, que esa pasarela invitaba al suicidio infantil, que en el camino al pie de la misma los militares solían estar de maniobras bélicas, que los quads asesinos circulan por ahí acechando contra escolares y acompañantes y que todo esto era una majadería de un listillo que prácticamente no vivía aquí y que llevaba a sus hijos a otro colegio, más que sospechoso, apartado de un ayuntamiento que ya había hecho los deberes de la movilidad sostenible.
