Bicicletas basura
Empezando por las bicicletas que hemos decidido entre todos utilizar para la ciudad, porque otra cosa parece simplemente impensable. La gente ha asociado la bici urbana a una bici barata, normalmente en no demasiado buenas condiciones. Que frene y tenga ruedas es, a lo sumo, lo que muchos le piden. Otros ni eso. Llevar bicicletas de calidad se entiende como una especie de ostentación indecente e incongruente. Total te la van a robar...
Candados basura
El segundo elemento responsabilidad pura de las personas que pedalean en la ciudad. Proveerse de lo que se entiende como un sistema de seguridad, cuando menos disuasorio, es lo que todavía no acaba de entrar en las duras mollejas de los que pedalean. Una sirga o una cadena de ferretería es un reclamo para chorizos. Y ahí es donde, en contra de lo que muchos de esos infelices piensan, que tu bici sea una basura no disuade de su robo. Porque se roban bicis fáciles, no precisamente bicis caras. Al menos en la calle.
Aparcamientos basura
También conocidos como estructuras metálicas más o menos ocurrentes colocadas en la calle así, sin más. Si a la gente le cuesta, por norma general, gastarse más de 20 euros en un buen candado para atar su bici chatarra, ¿quién en su sano juicio plantearía la posibilidad de implementar aparcamientos cubiertos, cerrados y de pago? Pues eso. Una barra atornillada al suelo y a correr. Y luego a lamentarnos de que nos han robado la bici, nos la han vandalizado o simplemente le ha llovido encima.
Ciclovías basura
El apartado donde más basura se acumula de todos aquellos relacionados con la bicicleta. Llámese como se quiera, pero las vías que se han construido o pintado de manera masiva en nuestras ciudades no pasan ningún tipo de normativa de seguridad vial que se les quiera aplicar. Defectuosas es poco. La mayoría de las ciclovías habilitadas en nuestro país son simplemente peligrosas. Estrechas, intrincadas, inconexas, marginales, con ángulos y trayectorias imposibles. Lentas e intransitables con un mínimo de decencia y dignidad. Pero nos hemos hecho a ellas, como a que nos atropellen en los pasos de peatones (o de acera bici).
Bicis públicas basura
La guinda para todo este pastel de mierda la pusieron muchas ciudades empeñadas en demostrar que estaban haciendo una política pro-bici cuando pusieron a disposición de sus ciudadanos partidas de bicicletas para su uso en la calle. Todo un espectáculo que nos dejó absortos a todos y que el paso del tiempo ha demostrado lo que era: chatarra millonaria. Pero que la gente ha devorado con fruición.
Leyes basura
En un mundo tan decididamente residual y depravado, la autoridad competente no ha tenido ningún tipo de miramiento a la hora de proponer normativas basura, que propongan cualquier cosa, ya que habían comprobado que la chusma ciclista se lo tragaba todo y, si ellos no lo hacían, el público general, ese al que sólo le preocupan las cosas que les dicen que les tienen que preocupar, les pondría en su sitio.
"Sois basura"
Ese parece ser el mensaje y, "después de haber tragado tanto residuo, sucedáneo y transgénico de la bicicleta ahora no os vais a poner dignos porque nadie os va a creer". El cuento del pastorcillo es viejo y se lo sabe todo el mundo, como el de la lechera. Así que ya sabéis: casco, carril y bici pública y dad las gracias que os los quitamos.
Pues no
Ya basta de tanta basura que se ha generado alrededor de las bicicletas bajo la supuesta intención de meterlas de cualquier manera en nuestras ciudades.
Porque lo que está provocando es un empobrecimiento del discurso ciclista, una desvirtuación de la potencialidad de la bicicleta, una desnaturalización de su uso y un raquitismo general en la propuesta ciclista, además de un incremento espectacular de la inseguridad y de la peligrosidad de la práctica ciclista, con unos daños colaterales indeseables e incalculables contra los peatones, que lo único que consiguen es favorecer el automovilismo como forma de movilidad dominante.
Porque lo que está provocando es un empobrecimiento del discurso ciclista, una desvirtuación de la potencialidad de la bicicleta, una desnaturalización de su uso y un raquitismo general en la propuesta ciclista, además de un incremento espectacular de la inseguridad y de la peligrosidad de la práctica ciclista, con unos daños colaterales indeseables e incalculables contra los peatones, que lo único que consiguen es favorecer el automovilismo como forma de movilidad dominante.
Sólo denunciando las deficiencias, exigiendo calidad y practicando la dignidad con la naturalidad y la simpleza propias de la bicicleta podremos construir las bases de una ciudad que incluya a los ciclistas, en vez de excluirlos y relegarlos a la marginalidad, como está sucediendo actualmente.











