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lunes, 1 de julio de 2013

No más basura para la bicicleta

Resulta casi contradictorio ya sólo proponerlo. Estamos tan acostumbrados a la basura que ya hemos pensado que es lo único posible y, para mucha gente, lo deseable. Basura para todo lo relacionado con la bicicleta. A saber:

Bicicletas basura

Empezando por las bicicletas que hemos decidido entre todos utilizar para la ciudad, porque otra cosa parece simplemente impensable. La gente ha asociado la bici urbana a una bici barata, normalmente en no demasiado buenas condiciones. Que frene y tenga ruedas es, a lo sumo, lo que muchos le piden. Otros ni eso. Llevar bicicletas de calidad se entiende como una especie de ostentación indecente e incongruente. Total te la van a robar...



Candados basura

El segundo elemento responsabilidad pura de las personas que pedalean en la ciudad. Proveerse de lo que se entiende como un sistema de seguridad, cuando menos disuasorio, es lo que todavía no acaba de entrar en las duras mollejas de los que pedalean. Una sirga o una cadena de ferretería es un reclamo para chorizos. Y ahí es donde, en contra de lo que muchos de esos infelices piensan, que tu bici sea una basura no disuade de su robo. Porque se roban bicis fáciles, no precisamente bicis caras. Al menos en la calle.



Aparcamientos basura

También conocidos como estructuras metálicas más o menos ocurrentes colocadas en la calle así, sin más. Si a la gente le cuesta, por norma general, gastarse más de 20 euros en un buen candado para atar su bici chatarra, ¿quién en su sano juicio plantearía la posibilidad de implementar aparcamientos cubiertos, cerrados y de pago? Pues eso. Una barra atornillada al suelo y a correr. Y luego a lamentarnos de que nos han robado la bici, nos la han vandalizado o simplemente le ha llovido encima.


Ciclovías basura

El apartado donde más basura se acumula de todos aquellos relacionados con la bicicleta. Llámese como se quiera, pero las vías que se han construido o pintado de manera masiva en nuestras ciudades no pasan ningún tipo de normativa de seguridad vial que se les quiera aplicar. Defectuosas es poco. La mayoría de las ciclovías habilitadas en nuestro país son simplemente peligrosas. Estrechas, intrincadas, inconexas, marginales, con ángulos y trayectorias imposibles. Lentas e intransitables con un mínimo de decencia y dignidad. Pero nos hemos hecho a ellas, como a que nos atropellen en los pasos de peatones (o de acera bici).

Bicis públicas basura

La guinda para todo este pastel de mierda la pusieron muchas ciudades empeñadas en demostrar que estaban haciendo una política pro-bici cuando pusieron a disposición de sus ciudadanos partidas de bicicletas para su uso en la calle. Todo un espectáculo que nos dejó absortos a todos y que el paso del tiempo ha demostrado lo que era: chatarra millonaria. Pero que la gente ha devorado con fruición.


Leyes basura

En un mundo tan decididamente residual y depravado, la autoridad competente no ha tenido ningún tipo de miramiento a la hora de proponer normativas basura, que propongan cualquier cosa, ya que habían comprobado que la chusma ciclista se lo tragaba todo y, si ellos no lo hacían, el público general, ese al que sólo le preocupan las cosas que les dicen que les tienen que preocupar, les pondría en su sitio.

"Sois basura" 

Ese parece ser el mensaje y, "después de haber tragado tanto residuo, sucedáneo y transgénico de la bicicleta ahora no os vais a poner dignos porque nadie os va a creer". El cuento del pastorcillo es viejo y se lo sabe todo el mundo, como el de la lechera. Así que ya sabéis: casco, carril y bici pública y dad las gracias que os los quitamos.

Pues no

Ya basta de tanta basura que se ha generado alrededor de las bicicletas bajo la supuesta intención de meterlas de cualquier manera en nuestras ciudades.

Porque lo que está provocando es un empobrecimiento del discurso ciclista, una desvirtuación de la potencialidad de la bicicleta, una desnaturalización de su uso y un raquitismo general en la propuesta ciclista, además de un incremento espectacular de la inseguridad y de la peligrosidad de la práctica ciclista, con unos daños colaterales indeseables e incalculables contra los peatones, que lo único que consiguen es favorecer el automovilismo como forma de movilidad dominante.

Sólo denunciando las deficiencias, exigiendo calidad y practicando la dignidad con la naturalidad y la simpleza propias de la bicicleta podremos construir las bases de una ciudad que incluya a los ciclistas, en vez de excluirlos y relegarlos a la marginalidad, como está sucediendo actualmente.

lunes, 30 de abril de 2012

Cada vez

Cada vez  que utilizas tu bicicleta para desplazarte, estás haciendo algo bueno para ti, para tu salud, para tu bolsillo, para tu presente, para tu futuro, para tu calle, para tu barrio, para tu ciudad, para tu país, para tu continente, para tu planeta.

Cada vez  que señalizas bien una maniobra y te relacionas apropiadamente con los demás vehículos de la calzada, estás contribuyendo a crear y a mejorar la cultura de la bicicleta en tu ciudad, a incrementar la visibilidad y la presencia de la bici, a normalizar su uso.


Cada vez  que circulas por la calzada en vez de hacerlo por una acera estás contribuyendo valientemente a pacificar el tráfico y a mejorar las a veces maltrechas relaciones entre ciclistas y peatones.

Cada vez  que candas tu bici de forma segura con al menos dos buenos candados estás dejando de alimentar el despreciable mercado de bicis robadas.

Cada vez  que agradeces con un gesto a un conductor de autobús o a un automovilista que te ceden el paso o respetan tu derecho a circular por el centro del carril o muestran la paciencia suficiente como para no atosigarte por detrás en una calle de un solo carril, etc. etc., cada vez que agradeces todo ello estás fomentando la convivencia segura entre motorizados y ciclistas.


Cada vez  que reparas tu bici en un taller profesional de bicicletas próximo a tu casa estás manteniendo el comercio local e invirtiendo tu dinero en tu barrio.

Cada vez  que enciendes las luces de tu bici cuando circulas de noche estás reclamando tu derecho y el derecho de los demás ciclistas a ser vistos y a ser respetados.

Leído en Actibici Valencia 

Sólo añadiría...

Cada vez  que haces que esto parezca fácil, cómodo y seguro estás invitando a los demás a hacerlo de una manera mucho más persuasiva que a través de cualquier campaña o jornada dedicada a ello.

domingo, 8 de abril de 2012

¿Sabemos candar nuestras bicis?

Estamos demasiado acostumbrados a quejarnos. En general, preferimos quejarnos por todo antes que hacer algo por mejorarlo. Hacer implica un esfuerzo y una responsabilidad, quejarse es gratis, pero tiene sus consecuencias: nada cambia. El asunto de las bicis está rodeado que quejicas. Gente que se queja de que no hay carriles bici, gente que se queja de que no le respetan en la calzada, gente que se queja de que esto de andar en bici es peligroso cuando casi no son capaces de mantener el equilibrio o gente que se queja de que le han robado la bici, de que se roban demasiadas bicis. Hoy vamos a ocuparnos de estos últimos.

¿Cuántas bicis robadas habían sido antes bien candadas?

A mucha gente a la que le roban la bici y se lamentan de ello se le podría responsabilizar de ello, aunque tan sólo sea en una parte, la que le compete a cada uno a la hora de tomar precauciones suficientes al asegurar la bici en la calle.


No es la pretensión de esta entrada hacer un manual prolijo y completo del ejercicio del candado. Tan sólo quiere ser una constatación de que la gente, la mayoría de la gente no conoce los principios básicos a la hora de candar una bicicleta. Repasemos.

1. Utiliza un candado de seguridad

Una sirga no es sino un reclamo para muchos ladrones de bicicletas que, por suerte o por desgracia, cuando operan en la calle, buscan objetivos fáciles. Consulta en tu tienda de confianza y busca candados que no se corten con una cizalla en unos segundos. Una sirga no vale, una cadena de ferretería tampoco, muchos pitones son también demasiado fáciles.

2. Canda la bicicleta a un elemento fijo


Por mucho candado que exhibas, es importante que lo utilices adecuadamente. Si sólo candas tu bici contra ella misma estás invitando a que se la lleven a cuestas, que, aunque sea una manera penosa de robar, es fácil si se cuenta con un vehículo. Esto vale para unos minutos, nunca para unas horas.

3. Asegura al menos una rueda y el cuadro


Si tienes que elegir, es importante que preserves lo más valioso de tu bici, normalmente el cuadro. Es eso lo que estás fijando, el resto se lo pueden llevar con soltar la pieza que has candado.

Aunque hay gente realmente descabellada capaz de hacer lo indecible para que le roben la bici, con tan sólo soltar un cierre rápido.

4.  No pienses en el precio candado sino en el valor de tu bici


Tu bici no vale lo que cuesta, sino lo que representa para ti. Hay bicis por las que "los mercados" no darían un pimiento pero que para ti no tienen precio. Tenlo en cuenta cuando compres un candado. Tenlo en cuenta cuando la dejes en la calle a merced de "los elementos".



La próxima vez que vayas a dejar tu bici en la calle para un rato y quieras que esté allí a tu vuelta piensa que hay mucho chorizo suelto, así que deberás dejarla bien atada. Sobre todo si es tu elemento de locomoción habitual. Si no lo haces, por favor, no te quejes.

Y recuerda que tu inacción también contribuye a alimentar falsas expectativas y monstruos tan grandes como el registro de bicicletas y las bicicletas públicas, como soluciones disuasorias ante el robo de bicicletas.

La condecoración de hoy a la bicicleta mejor candada entre las que hemos encontrado esta semana se la lleva la persona que ha candado esta bicicleta de esta manera. ¡Enhorabuena! Con gente como tú mejoramos la estadística terriblemente.


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jueves, 8 de marzo de 2012

¿Qué podemos hacer para que roben más bicis?

Vivimos un momento histórico en general que se caracteriza por lo descabellado de las propuestas que se hacen y por lo desafortunado de aquellas que se eligen para resolver los problemas o mejorar las situaciones actuales. En un mundo que ha perdido el sentido común y que se mueve por el puro sensacionalismo, las propuestas salidas de madre han copado las agendas de nuestros excelsos gestores. Así pues, ahí va una para el aparato pro-bici: necesitamos promocionar el robo de bicis. O, cuando menos, no perseguirlo de una manera muy contumaz, que viene a ser lo mismo.


¿Cómo vamos a hacerlo?

Para conseguirlo vamos a recomendar a la gente utilizar candados de baja seguridad (sirgas, cadenas de ferretería, pitones baratos) que además son baratos, ligeros y fáciles de violar, con lo cual no obligamos a los cacos a llevar útiles caros, complicados o pesados.

También vamos a invitar a la gente a que cande sus bicicletas de manera negligente (una rueda basta, o sólo el sillín, a algún elemento fácilmente removible o a nada, etc.) y sólo cuando se pongan especialmente pesados en que quieren candar su bici.

Vamos a colocar aparcabicis en lugares poco visibles, discretos y donde no queden demasiado expuestos los amantes de lo ajeno, para que así puedan trabajar con comodidad y sin agobios.

Vamos a dar una cobertura legal suficiente al tema del robo de bicis, de manera que sea difícilmente demostrable, enjuiciable y condenable su ejercicio y los sufridos ladrones no cumplan penas y sólo pasen el duro trago de ser denunciados y, como mucho, tener antecedentes con faltas que ya es bastante teniendo en cuenta lo ingrato y lo expuesto de su trabajo.

No vamos a habilitar aparcamientos cerrados, vigilados y seguros porque no tienen ningún sentido, ya que, como de todos es bien sabido, las bicicletas necesitan dormir y estar aparcadas a la intemperie a merced de cualquiera que quiera comprobar cualquier cosa en ellas. Si no les gustara tanto el aire libre no las hubieran hecho descapotables.

No vamos a perseguir el robo y mucho menos el comercio de bicicletas robadas porque es algo menor, que no hace economía, que conllevaría unos gastos increíbles para unos frutos muy pequeños y que, además, nadie está demandando porque, en el fondo, todo el mundo sabe que está en la naturaleza de las bicicletas en la ciudad que estas sean robadas de vez en cuando.

Y tampoco vamos a hacer ninguna campaña de prevención en la que informemos suficientemente de todo esto porque no ha lugar y porque no tendría ningún beneficio social remarcable.

Ya pensaremos si puede resultar conveniente instruir a los ladrones sobre los métodos más rápidos y más eficientes para violar los distintos sistemas de seguridad que se utilizan en las bicicletas, aunque quizá sea demasiado caro y el sector ha demostrado un nivel de autoaprendizaje y competencia suficiente.

¿Para qué lo haremos?

Básicamente, para afianzar el resto de medidas que se han ido poniendo en juego en el escenario biciclista nacional, esto es: bicicletas públicas, aparcabicis espectaculares y registros de bicicletas. Y, además, para vender un buen montón de bicicletas y de candados y así ganamos todos.

Esto, que dicho así puede parecer una temeridad incendiaria, no es más que el resultado de aplicar una lógica burda al estado de la cosa tal como ha ido derivando hasta nuestros días.

Así, la bicicleta pública se ha implantado con el efecto llamada de poder contar con una bicicleta de manera prácticamente gratuita para evitar así todas las incomodidades de la utilización de una bicicleta particular en propiedad: guarderío, mantenimiento, vandalismo y, sobre todo, robo. O lo que es lo mismo, con las bicicletas públicas vendidas como servicio de transporte público, el ayuntamiento baja la guardia y evita atender otras necesidades de los ciclistas privados como aparcamiento seguro y persecución del robo y del vandalismo.


La imposibilidad de montar sistemas de bicis públicas en zonas residenciales y periféricas ha dado lugar a una nueva fórmula espectacular: el aparcabicis ostentoso. En diversas formulaciones, con todo el atrevimiento desorbitado posible, que en eso estamos.


El tercer gran invento en este escenario descabellado es la introducción de los registros y marcajes de bicicletas, más o menos agresivos, más o menos difundidos, más o menos improvisados, como herramienta para disuadir del robo y trabajar en la recuperación de las bicicletas sustraídas. Mediante chapas, pegatinas inviolables, chips milagrosos y un registro informático más o menos público, la promesa en este caso es que ningún ladrón mínimamente razonable (no sé cuántos ladrones razonables hay operando por aquí) va a osar robar una bici marcada y que ningún policía (de los municipios con el sistema en marcha) va a dejar de perseguir y preocuparse por constatar que las bicis marcadas están en manos de sus dueños legítimos, coordinándose celosamente con sus semejantes en otros municipios y en otros cuerpos policiales. Estos sistemas necesitan, por defición, la contribución de los ladrones, si cuya imprescindible labor, cuanto más masiva mejor, no tendrían sentido.


Eso y el cuento ese de que cuantas más bicis se roben más bicis se venderán que es otro silogismo que parte de un supuesto equivocado que es el de la reposición necesaria. Normalmente una bici robada da lugar a una disyuntiva: comprar una bici barata (2ª mano o básica) o renunciar a la aventura bici (lo cual se produce con mucha más frecuencia de la que creemos). Candados por suerte sí se venden más y cada vez de más calidad, lo cual es un buen indicador del grado de madurez de la población ciclista y de la importancia que va ganando la bici como vehículo utilitario de primera necesidad.

Todo este aparato hay que mantenerlo de alguna manera funcionando. Así pues, sigamos por el camino de no atajar los problemas de una manera directa y sigamos haciendo de esto un circo complicado, caro, inexplicable y dependiente de la confabulación de un montón de actores, y seguiremos complicando algo que era muy sencillo y muy barato (sobre todo para las arcas públicas que, según nos cuentan, no están más que para recortarse) para beneficio de unos cuantos y entretenimiento del público congregado.

jueves, 9 de febrero de 2012

Abusar, cuestión de fuerza

Que los alemanes están organizados y que saben montar empresas del metal es algo que a nadie se le escapa a esta altura de la partida. Que hacer ostentación de poderío es una de sus debilidades empieza a resultarnos también familiar. Nosotros tuvimos la ocasión de comprobarlo hace unos días en una visita a las plantas de producción y logística de Abus, un gigante de la cerrajería que es también uno de los líderes en sistemas de seguridad para ciclistas en el mundo mundial.

No vamos a entrar en detalles respecto a los controles de calidad, los procesos de diseño, el rigor en cada una de las operaciones de manipulado de la mercancía y la pulcritud obsesiva de esta empresa. Eso no es noticia y, afortunadamente, cada vez nos impresiona menos a los que procedemos del sur tecnológico e industrial que cada vez es más competitivo y tiene menos que aprender de la organización de plantas de producción, como no sea de los japoneses.



En fin que por allá estuvimos viendo cómo se hacían las horquillas indestructibles, los candados plegables, las cadenas cementadas y algunas cositas más. Todo impecable y con un cierto aroma prepotente. Y nos dimos una buena tripada de kilómetros en furgoneta a esas velocidades prohibitivas por las que algunos circulan en las autopistas alemanas, para ir arrebañados como turistas nipones de un lado a otro saludando, sonriendo, sacando fotos y cuchicheando.

Resulta siempre interesante y enriquecedor hacer este tipo de visitas y aprender, in situ, algo más de los productos de comercializas, pero, lo que nos dejó un tanto frios, además de las gélidas temperaturas, fue comprobar la escasa cultura ciclista que se respiraba en esa empresa y, en general, en su entorno, para estar en el meollo de esa Europa con masa crítica y comprobar a la vez que la dependencia del coche, el colapso de las autopistas y el aislamiento de las pequeñas poblaciones es mucho más acusado de lo esperado.

De paseo por Düsseldorf nos reconciliamos con el pueblo teutón que, al igual que otros pobladores de esas zonas frías y llanas, han sabido revitalizar sus ciudades y dar a sus centros urbanos una relevancia y una calidez envidiables.


Viajar ayuda a entender, relativiza el conocimiento, abre la mente, despierta nuevas inquietudes y plantea nuevos retos. Siempre.