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domingo, 19 de enero de 2014

Bicis sí, bicis no, bicis qué

El Ayuntamiento de Pamplona, entre otros, está preocupado por el devenir de la bicicleta en su término municipal, visto el uso creciente que este vehículo está experimentando en los últimos años y las derivas y dificultades que se está encontrando. Fuentes fiables aunque todavía no publicadas estiman que el incremento de bicicletas en la calle ha supuesto su quintuplicación en los últimos diez años. La sesión del pleno de ayer, así como la reciente creación de un Observatorio de la Bicicleta el pasado mes de noviembre dan una buena idea de la sensibilización general que se ha despertado respecto a la bicicleta en esta ciudad. Favorable o desfavorable todo el mundo tiene una opinión sobre la bicicleta.

De los años locos de la burbuja de la bici

Pese a tanta opinión y a una etapa de desenfreno en la implementación de cualquier cosa que se pudiera contabilizar por miles (metros de ciclovías y otros sucedáneos, usuarios de bicicletas públicas o aparcabicis clavados en la calle), la verdad es que la política de promoción de la bicicleta en esta ciudad siempre ha sido errática, inconexa y más encaminada a objetivos propagandísticos que a favorecer su uso respecto al de los vehículos motorizados.

Pamplona, una de las ciudades pioneras a la hora de hacerse con un Pacto de Movilidad y de un Plan de Ciclabilidad ha desaprovechado muchos años haciendo cosas para la galería en vez de dotarse se un Plan Estratégico o Director de la Bicicleta y ha despreciado oportunidades históricas como el abortado Plan de Movilidad Urbana Sostenible de la Comarca de Pamplona que habría sido el fruto lógico y habría marcado las líneas maestras de la movilidad y la accesibilidad en la corona metropolitana de la capital navarra.

En vez de eso han dedicado millones de euros, además de a construir aceras bici ilógicas, deficientes y peligrosas, a hacer cosas tan estúpidas como pintar las aceras para consentir la circulación de las bicicletas allá donde no eran capaces de intervenir de una manera satisfactoria en detrimento de los automóviles y luego mejorarlo con una campaña que advertía a los ciclistas de sus principales vicios (o más de una) o con cosas tan rocambolescas como registro y matriculación de bicicletas o videovigilancia de aparcabicis, que no han dado resultados efectivos.


Ahora, mejor tarde que nunca, y movidos más por una realidad sobrevenida que por un incremento de ciclistas buscado y deseable, se ponen a parchear y convocan un Observatorio de la Bicicleta para debatir las medidas a tomar de una manera más o menos desordenada o más o menos vehemente, pero no hablan de un plan ni de una estrategia.

A tratar de superar las opiniones para buscar soluciones

Las últimas noticias hablan de tomar o no medidas restrictivas respecto al uso de la bicicleta en aceras, zonas comerciales y en ascensores (elementos claves en una ciudad con las pendientes que presenta Pamplona), promovidas por el gobierno municipal, o de propuestas de fomento de la bici de la oposición (mayoritaria) de habilitar aparcamientos seguros e incluso vigilados en locales municipales o en parkings de concesión pública, o de eliminar un carril de circulación compartida para dárselo en exclusiva a los ciclistas en una de las subidas de los "barrios bajos" a la meseta donde se asienta el centro de esta ciudad. También ha habido noticias respecto a limitar la velocidad de circulación de las bicicletas en el principal corredor verde de esta ciudad, su Parque Fluvial, por debajo de los 10 kms/hora.

Una vez más las posturas supuestamente enfrentadas que provoca la bicicleta dejan claro que hay que actuar y hay que hacerlo de manera inminente, pero con tacto suficiente para no soliviantar más los ánimos, que ya lo están bastante. No se trata tanto de estar a favor o en contra, como de adoptar medidas eficaces, que consigan efectivamente los objetivos perseguidos, pero también eficientes, es decir, que aprovechen los recursos disponibles de manera económica y ecológica.

Veremos qué depara todo este revuelo y qué seremos capaces de hacer con ello entre todos, pero parece que algo se mueve en Pamplona en lo que a la bicicleta respecta y eso siempre es interesante.

Fotos: Javier Muru

jueves, 7 de noviembre de 2013

Observando la evolución ciclista

Es lo que debería hacer un Observatorio de la Bicicleta. Es lo que debería haber en cualquier ciudad que se precie de hacer algo por la bici con un mínimo de juicio, con un mínimo de transversalidad y con un mínimo de participación. Para que la cosa de la ciclabilidad no quede en un mero ejercicio de voluntarismo, de escaparatismo, de posibilismo o de propagandismo. Contando con los agentes involucrados se puede dilucidar más y mejor. Si se quiere. O se puede cumplir el expediente administrativo. Todo depende de las intenciones del Ayuntamiento que lo convoque.

El que nos convocó ayer fue el Ayuntamiento de Pamplona, dentro de esa estrategia que recoge la Agenda 21, uno de cuyos objetivos centrales en esta ciudad recogido en el Pacto de Movilidad firmado hace ya casi 10 años, era, explicitamente, favorecer el incremento de usuarios de bicicletas como medio de transporte, en la siempre difícil tarea de restar viajes automotorizados en el seno de la ciudad.


La sesión consistió en un repaso más o menos atropellado de los distintos aspectos que afectan a una política de desarrollo de la bicicleta o, más bien, a la política de desarrollo de la bicicleta que ha llevado a cabo este ayuntamiento, que no se diferencia casi nada a la que han llevado otros ayuntamientos de esta parte del mundo, si obviamos algunos matices.

Carriles bici deficientes e inconexos, capitalizando los kilómetros de las nuevas urbanizaciones, contabilización de aparcabicis por miles, vagas estimaciones desactualizadas de usuarios e intenciones, las bicis públicas presentadas como una obligación cumplida, el registro casi ignoto, una biciescuela testimonial y algunas campañas, días y semanas más o menos aisladas. Eso junto con una normativa incomprensible y desconocida, el calmado de un tráfico que no disminuye, un buen montón de accidentes sin mayor gravedad y los peatones indignados.

Un balance más bien pobre para ya casi 10 años de presunta estrategia ciclista que se ha hecho a golpe de mando y sin contar con ninguna recomendación, haciendo caso omiso a los avisos y desoyendo el clamor público. Después de 9 años y pico de silencio administrativo y acción blindada desde la cúpula del partido en el poder, de ignorar mandatos parlamentarios regionales, propuestas comarcales y mociones mayoritarias del pleno municipal, esto parece más un ejercicio de consuelo demagógico que otra cosa.

Pero no vamos a dinamitar lo que puede ser el embrión de una figura imprescindible que coordine los esfuerzos de las distintas áreas municipales afectadas (tráfico, urbanismo, mobiliario urbano o medio ambiente) contando con las iniciativas y el criterio de otros agentes involucrados tales como la DGT, el gobierno regional, las universidades o las imprescindibles asociaciones de usuarios.

Esperemos que el futuro depare mejores y más participadas propuestas que las que hemos presenciado esta última década. Ahí estaremos, aunque sea para ser la voz que dé la paliza recordando que esto se trata de restar coches y de no discriminar a los peatones. Aunque moleste a los que quieren sólo celebrar el crecimiento ciclista.