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jueves, 12 de enero de 2017

El juego (infantil) de la movilidad deseable

Hemos dejado las ciudades en manos de técnicos y políticos, que han hecho y han deshecho a su antojo. Han partido y han repartido teniendo en cuenta criterios más que discutibles, pero que en su día fueron santo y seña de una forma de entender las ciudades y su desarrollo, y ahora nos encontramos en el entuerto de tratar de darle la vuelta poco a poco a ese modelo, para proponer otro menos agresivo, menos contaminante, menos centrado en la movilidad y más centrado en las personas y en el uso del espacio público. Y nos encontramos con que los encargados de deconstruir esta ciudad son, en gran parte, los mismos que participaron en su montaje.

Así, cuando se propone la conversión de una zona de circulación a una zona sin ella o la reversión de una autopista urbana para convertirla en una vía más amable y más orientada a las personas, nos encontramos que dependemos de los mismos cuerpos de élite que las hicieron (o sus sucesores con la misma conformación mental). Para muchos de ellos (por suerte no todos) tratar de desmantelar una vía de circulación es poco menos que un sacrilegio que hay que argumentar y apoyar con estudios de movilidad que lo justifiquen y que siempre será sospechoso de ser una forma sutil de sedición al predominio del coche como garante del progreso y a no sé qué derechos asociados a su posesión.

El caso es que para proponer un nuevo modelo de calle hay que hacer un ejercicio que, por lo que nos han dado a entender, sólo está al alcance de las élites de la política, del urbanismo y del tráfico, normalmente condicionadas por su bagaje de décadas en el ejercicio de justificar lo anterior o sus propias reivindicaciones históricas. Los legos no podemos participar porque no pertenecemos a esos gremios arrogantes, celosos y endogámicos. O eso nos han dado a entender.

Pues, haciendo un ejercicio de irresponsabilidad y rebeldía doméstica, nos hemos puesto en casa a jugar a ser arquitectos, ingenieros, políticos y gestores del tráfico. Y, para hacerlo, me he rodeado de dos criaturas inocentes de 10 y 13 años, ambas usuarias de la bici en espacios urbanos. Lo hemos llamado "Vamos a sacar las bicis de las aceras". ¿Nuestras herramientas? Un ordenador con acceso a internet, papel y lápiz y unas piezas de Lego. Y le hemos dedicado 3 sesiones al asunto.

Sesión 1: Vamos a ver cómo es la calle en la que queremos intervenir

Y cuál es el objetivo de la actuación que proponemos: hay que reducir el espacio de circulación de los coches, hay que reservar un carril para el bus, hay que permitir hacer las operaciones de carga y descarga y, lo más importante, hay que sacar las bicicletas de las aceras.

Estudiamos atentamente la calle en el ordenador, gracias, sobre todo, al Street View de Google Maps, y medimos anchuras para hacernos la plantilla que nos servirá de tablero para nuestro juego. La hemos visitado "in situ" previamente.

Sesión 2: Vamos a hacer lo que nos dé la gana

Pero teniendo en cuenta que la calle sigue viva y tiene sus servidumbres: la gente tiene que acceder a las marquesinas del bus, a los contenedores de la basura, se tiene que poder hacer el reparto de mercancías y debe estar garantizado el acceso a los garajes y bolsas de aparcamientos en superficie.


Las reglas: podemos tocar todo menos las aceras (las medianas, en principio, tampoco) y tenemos que explicar cómo funcionan las distintas opciones y cómo interactúa cada usuario tipo (automovilista, conductor de bus, usuario del bus, repartidor, ciclista y peatón con sus distintas necesidades, además de la de desplazarse) con el resto de usuarios de la calle. Para ello utilizaremos fichas tipo (1 para peatón, 2 para bici, 6 para coche, etc.) y también colocaremos elementos del mobiliario urbano como bancos, terrazas, farolas, marquesinas y contenedores de basura.

La condición: tenemos que llegar a un acuerdo.



Al final, después de muchas explicaciones y discusiones, las soluciones se reducían a 3, porque en seguida se descartaron los carriles bici aparejados a la mediana por ser poco prácticos y confinar a los ciclistas sin dejarles opción de apearse cuando quisieran de la calzada para acceder a su destino:
  1. Dejar las cosas como están y marcar la circulación ciclista en el carril de la derecha (que es el que naturalmente utilizan las bicis).
  2. Meter a las bicis con los buses en un carril dedicado (con las terribles interacciones en las paradas)
  3. Sacar a las bicis del tráfico motorizado y hacer un carril bici a la derecha del mismo, con un andén de separación para poder dar servicio a los buses, a la carga y descarga y a los contenedores de basuras.
La chavalería eligió la tercera opción (porque no se veían compartiendo el tráfico en una vía con tanta intensidad y tampoco con los buses) pero con una condición indispensable: que no se permitiera el estacionamiento de coches (salvo los de personas con discapacidad) en toda la calle ya que no sólo servía para invisibilizar la circulación ciclista, sino que además obstaculizaba el carril bus y fomentaba la segunda fila. 


Sesión 3: Vamos a comparar nuestra mejor propuesta con las que propone el Ayuntamiento

Como de lo que hablábamos era de una calle concreta de nuestra ciudad, que es en la que se va a actuar, la comparamos con las distintas opciones que propone el Ayuntamiento y, aunque se parece mucho a una de ellas, en ninguna se contemplaba lo de quitar los coches aparcados, así que lo dejamos pendiente de formularlo como una propuesta al Ayuntamiento, cuando se haga el proceso de participación correspondiente.


Mis ayudantes se han quedado encantados con el juego, y yo más. Ver las cosas como un niño me han ayudado a desprejuiciarme, a descubrir cosas que yo solo no habría sido capaz y a explicar otras que parecen obvias, pero que no lo son a los ojos inocentes de un menor. Un ejercicio más que recomendable.

Si queremos una ciudad de niños ¿por qué no les dejamos que participen en su construcción?

domingo, 11 de diciembre de 2016

Niños sin wifi

Y niñas. Hoy toca hacer un homenaje a las personillas inocentes a las que hemos decidido someter a una especie de secuestro permanente y a las que hemos usurpado su derecho más genuino: el de estar en la calle haciendo lo que les dé la gana con otras personillas de su tamaño sin la vigilancia y la supervisión de sus padres. Y madres.


Hoy toca reconocer que nos hemos equivocado. Que con nuestro miedo y el consiguiente síndrome de sobreprotección, hemos privado a nuestros niños y niñas de disfrutar de la calle, sin condiciones, sin jueces, sin árbitros, sin vigilantes, sin más reglas y más justicia que las que sean capaces de acordar o improvisar.


Los menores se merecen la calle. A su aire. Con su imaginación desbordante. Con su capacidad de hacer un juego de cualquier situación y un juguete de cualquier cosa, cuanto más simple, mejor. Sin calle, los niños y las niñas están desnaturalizados, por más que les colmemos con todo tipo de juguetes y accesorios.


Y el homenaje lo hacemos de la mano de Marta Salas, la chica que saca estas fotos maravillosas, intemporales, que nos hacen recordar lo mejor de nosotros mismos, los años de la inocencia, donde no existía el miedo, donde no hacía falta WhatsApp para quedar, bastaba con ir a buscar a los demás a su casa o a los sitios habituales.


Marta tiene el extraño privilegio de mirar a través de su objetivo con los ojos de una niña que se deja fascinar por los detalles, por las situaciones y que se queda absorta contemplando a otros niños, a otras niñas.


Marta mira sin miedo y sin complejos. Sin ánimo de enjuiciar o interpretar lo que ve. Y eso se deja ver en su fotos. Son directas, sinceras, puras, simples, encantadoras.


De  ella es el título de esta serie de fotos, que forman parte de una exposición, la primera que hace, y que va a estar todo el invierno en el Restaurante Anttonenea en el número 48 de nuestra querida calle San Antón de Pamplona, donde, por cierto, se come de lujo.


Si te apetece volar un rato y mirar las cosas como si volvieras a la infancia, no te pierdas esta oportunidad. Y, si no tienes esa oportunidad, puedes seguirla en Facebook o en Instagram.


O mejor. Si tienes alguna de esas personillas a tu cargo, dale la oportunidad de vivir la mejor edad de su vida sin complejos y sin miedos tontos e infundados. Y pelea por que ellas, esas personitas, conquisten lo que nunca deberían haber perdido: la calle. Y que descubran por sí mismas su realidad y sus sorpresas. No hay tiempo que perder.


martes, 29 de noviembre de 2016

No todo es carril bici en la promoción de la bici

Aunque parezca mentira tener que hacerlo, hay que recordar que los problemas de las personas que quieren utilizar la bicicleta como medio de locomoción no se reducen a la necesidad de que las calles contemplen su circulación o que haya circuitos exclusivos para bicis, sino que hay muchos otros aspectos trascendentales, que por lo general se relegan, porque el discurso pro-bici polariza mucho las reivindicaciones y se concentra en las causas más vistosas, que, por desgracia, son también las más caras y las más difíciles de acometer.


Ahora mismo, muchas ciudades donde se han constituido gobiernos de cambio, de progreso o de la etiqueta local que se haya elegido para definirlos, que muchas veces son gobiernos multipartitos, están enfrascados en este dilema. La bicicleta es vistosa, inocua, barata y conveniente, y el carril bici es una demanda popular bastante universalizada, al menos mediáticamente, así que ¿por qué no? vamos a darle al pueblo una alegría y vamos a hacer vías ciclistas para loor de multitudes, piensan los políticos al mando. Y creen no equivocarse cuando se rodean de la resistencia histórica que ha envejecido reclamando este tipo de facilidades y ahora ven cumplidos sus sueños.

Por atender este tipo de demandas, muchas veces de una manera apresurada y posibilista, los responsables políticos están perdiendo la perspectiva, no sólo de lo que la bicicleta representa en el total de la movilidad y en hacer que esta movilidad sea más amable y más ecológica, sino de lo que la propia bicicleta o, mejor dicho, las personas que la eligen como modo de transporte necesitan. Pero es que llegan a perder el criterio de qué es técnicamente acertado y aporta seguridad y prevalece la necesidad de hacer infraestructuras, sin valorar su idoneidad.

Los carriles bici deberían ser excepcionales en ciudades amables y orientadas a las personas, porque estas ciudades habrían conseguido excluir al automóvil como vehículo dominante en la mayoría de sus calles.

La bicicleta sigue siendo una gran desconocida

En las ciudades donde la bicicleta quedó marginada por la preeminencia que se le quiso dar al automóvil privado durante las décadas de los 60 a los 90 fundamentalmente, que vienen a ser la inmensa mayoría de las ciudades del mundo exceptuando una zona que decidió recuperarla a finales de los 70 en Centroeuropa, hay una cuestión que agrava esta situación: no hay experiencia en el manejo de la bici. Es decir, hay inseguridad y miedo de conducir la bicicleta en algo que no sea un espacio libre de circulación.

Este mal, que es endémico, trata de resolverse sólo a base de infraestructura vial exclusiva, en su mayoría deficiente, estrecha e insegura, o permitiendo la circulación por las aceras. Y se deja de lado todo el aspecto de educación, adiestramiento, sensibilización y corresponsabilización de la gente en sus prácticas circulatorias, porque no es tan vistoso y no tiene tanta trascendencia mediática, cuando es, quizá, lo más importante, sobre todo entre la gente que se está formando.

¿Vías exclusivas o vías inclusivas?

Pero es que también se abandonan otro tipo de facilidades que son tan esenciales o  más como las vías exclusivas para ciclistas, que son el calmado del tráfico, las vías de coexistencia y las vías residenciales. O simplemente calles que no tienen una especial intensidad de tráfico. Muchas veces, el afán por contar estadísticamente con cantidades reseñables de vías segregadas que hagan ver que hay una preocupación por proteger a la gente ciclista, hacen descartar la posibilidad de hacer vías inclusivas, que son mucho más seguras para todas las personas y hacen que la calle sea más amable sin necesidad de separar tráficos.

Aparcamientos seguros, por favor

Otro aspecto sorprendentemente olvidado en las políticas de promoción de la bicicleta al uso es el de garantizar el aparcamiento cómodo y seguro para bicicletas. Y no sólo el aparcamiento doméstico, que es esencial para la tenencia de la bici y su conservación, sino aparcamientos en los lugares de máxima afluencia ciclista y, sobre todo, aparcamientos seguros allá donde las bicicletas hacen estancias largas y repetitivas, es decir, en centros de trabajo y en centros educativos.

De hecho, parece incongruente e irresponsable, cuando se trata de fomentar el uso de la bicicleta, consentir la incidencia y la normalización del robo y del vandalismo relacionado con este tipo de vehículos. Que se asuma el robo como algo connatural a la tenencia y utilización de bicicletas es, más que lamentable, siniestro por ser una perversión aceptada por la mayoría de la gente y sobre la que parece que no se puede actuar de una manera suficientemente efectiva.


Si  no dotamos nuestras ciudades de lugares cómodos, seguros y bien localizados para dejar las bicicletas estancias largas con garantías, no acabaremos de dar oportunidades reales a las personas que quieran elegirlas y no acabaremos de dignificar y normalizar su uso, porque estaremos consintiendo que la incidencia del robo y del vandalismo actúen como disuasores del uso de la bici, y está comprobado que son los inconvenientes más importantes que se encuentran los ciclistas cotidianos para mantenerse en la práctica de su elección.

Así pues, nos podemos obcecar en demandar infraestructura segregada para el uso de la bicicleta, pero, si desatendemos estos otros aspectos en su promoción, no conseguiremos consolidar y normalizar la bicicleta como opción natural de movilidad en nuestras ciudades.

lunes, 1 de junio de 2015

Zona de exclusión de coches en areas escolares

En el desarrollo orgánico de la Ley Anti-Coche que se debería promulgar en la legislatura entrante o en las Ordenanzas Anti-Coche que pueden servir de puente hasta la aprobación de dicha ley, un punto que reviste especial importancia por su transcendencia generacional y por representar uno de los factores desencadenantes de mayor conflictividad motorizada es el tratamiento especial que debe darse a los entornos de los centros escolares, sobre todo en las horas de entrada y salida.

Las zonas que acogen centros educativos suelen presentar niveles de saturación motorizada y de violencia vial extremos en las horas punta. Prisas, sustos, maniobras violentas, encontronazos, atropellos, broncas... todo por dejar acceder hasta la puerta a los padres a bordo de sus coches con todo el caos y la agresividad que ello provoca, agudizada en muchos casos por un sentido de sobreprotección mal entendido por parte de muchos padres.


La propuesta es sencilla: prohibir el acceso de los coches en un radio mínimo de 200 metros de las puertas de acceso a los centros educativos en horarios de entrada y salida. Si se consigue, es fácil deducir que sólo por dispersión y por inconveniencia, la fórmula serviría además para mejorar la calidad del espacio circundante a los centros y hacer más agradable y más saludable estos momentos de encuentro y despedida. Sólo con alejar los coches y las segundas filas.

La puesta en práctica es lo complicado. Ya sólo la intención de impedir a los padres acceder en coche se entiende como una afrenta y como una violación de un derecho fundamental inherente a la paternidad o algo así. Cuando ya se pone en marcha, la cosa reviste una problemática mayor ya que de los comentarios y opiniones se suele pasar al enfrentamiento personal y hasta a la descalificación hacia los encargados de velar por el cumplimiento de la medida. Demencial pero cierto.

Nada, de todas formas, que no pase en otros escenarios. Lo grave y preocupante es que en estos desencuentros los niños no son sólo coprotagonistas y sino espectadores de excepción de las actitudes de sus padres y de los padres de sus compañeros, lo cual agudiza el problema porque les ayuda a interiorizar comportamientos que pasan a formar parte de su bagaje personal y que reproducirán en el futuro con emulación casi genética.


lunes, 12 de mayo de 2014

Preparando a nuestros menores para la guerra de los autos

Porque está claro que esto es una guerra declarada contra las bicicletas. Si no, no se entiende toda la estrategia desplegada para anularlas. Esta guerra empezó hace ya unas décadas en las que se fue fraguando el dominio de los automóviles en nuestras calles, en perjuicio de todos los demás, niños sobre todo. Un dominio basado en el terror y que ha dejado no pocas víctimas en el campo de batalla y demasiados daños colaterales. El otro día se revelaba una de ellas, en un ranking de las ciudades más contaminadas de nuestro entorno entre las que muchas que presumen de verdes ocupaban posiciones cabeceras.

Después de apenas cinco décadas de tiranía y de mezquindad en favor del automóvil, en los últimos años se ha producido un preocupante renacimiento de la bicicleta que tiene obsesionados a los señores del tráfico como una amenaza cierta a su orden. Las bicicletas no son bienvenidas en nuestras ciudades porque molestan. Molestan en un tráfico pesado, violento y organizado para que el coche y sólo el coche funcione. Pero molestan mucho más cuando se refugian en las aceras y zonas peatonales porque reproducen esa misma agresividad contra los indefensos peatones (muchos de ellos previos automovilistas agresivos).


Así las cosas, la táctica no se hizo esperar y los señores del tráfico decidieron recurrir a su argumento más eficaz: el miedo. Sembrando miedo entre la población se puede culpabilizar a los ciclistas de su propia siniestralidad y castigarles a protegerse como si sus lesiones fueran poco menos que autoinfringidas. Soberbio.

Primero las medidas fueron encaminadas a separar a las bicicletas del tráfico, de la calzada, atrincherándolas en corredores donde, si no se la jugaban intentando circular por ellas, lo hacían cuando se cruzaban con el tráfico motorizado o hacían peligrar a los caminantes porque se habían hecho a base de pintar rayas en las aceras. Eso no tuvo el efecto disuasorio deseado sino más bien el contrario y animó a mucha gente a montar en bicicleta de una manera más o menos incosciente.


Visto lo visto, los señores del tráfico, esos que no van a hacer nada por reducir el uso del coche, han decidido penalizar a los ciclistas y obligarles a utilizar casco para sus desplazamientos. Así, porque sí, porque los ciclistas, como los automovilistas, como los peatones y como los que se caen en la bañera de su casa sufren demasiados traumatismos craneoencefálicos, muchos de ellos fatales. Qué empeño. Único país en Europa y uno de los pocos en todo el mundo.

Ante la contestación social y la reacción de todos los estamentos a nivel europeo, lo que iba a ser una ley universal, se ha quedado en un castigo sólo para los menores, a los que, bajo la presunción de querer protegerlos, les obliga a utilizar casco hasta los 16 años. Como si a partir de esa edad fueran inmunes o como si la mayor parte de las víctimas, quitando las que se producen en periodo vacacional, no fueran mayores de 25 o como si los más peligrosos no fueran esos ciclistas noveles, mayores, inseguros e inconscientes... o como si a los ciclistas no les atropellaran coches. Por favor.

En fin, seguiremos batallando en esta guerra cruel que penaliza a los débiles y protege a los fuertes, que premia a los agresores y condena a las víctimas, que prefiere no tener calles que dejar de desplazarse en coche. Eso pese a que muchos ayuntamientos (entre los que se encuentran los de Sevilla, Barcelona, Vitoria, Zaragoza, Donostia o Pamplona, por ejemplo), en ese proceso de discriminación legal, hayan aprobado por mayoría una declaración contra la obligación del uso del casco, que ahora tratan de olvidar. Somos ruines, somos miserables, somos cobardes, somos conservadores y no dejaremos de serlo, aunque suframos las consecuencias en nuestras propias carnes.

miércoles, 23 de abril de 2014

Llevando a los niños a pedales

Una parte vital de la logística doméstica es, además de acarrear las compras a casa, transportar a los menores a los distintos lugares a donde les tenemos destinados, empezando por el colegio y acabando por esa interminable carta de actividades en las que hemos decidido los mayores que tienen que invertir su tiempo y nuestro dinero y así, de paso, tenerlos colocados en lugares seguros.

Eludiendo la cuestión de fondo del confinamiento infantil y de la agorafobia que padecemos muchos de los mayores y que infringimos a nuestros pequeños, vamos a tratar del tema no menos escabroso de cómo transportamos a los niños de un sitio a otro y, más que eso, cómo los podríamos transportar si quisiéramos, entre todos, promocionar entornos que dieran oportunidades a las distintas opciones de locomoción por igual.

Podríamos ponernos realmente pesados tratando de argumentar pros, fórmulas, modelos, accesorios, trucos prácticos, sistemas, condiciones y hasta ingeniería civil y social, pero muchas veces es más útil y más sugerente ver unos cuantos ejemplos más o menos llamativos, más o menos fáciles.

Ahí van unos cuantos rescatados de la última visita al país líder en hacerlo a pedales.



Hasta aquí todo muy bien, muy correcto y muy conocido, pero el que se lleva la palma es el vehículo que vi pasar un viernes por la mañana en Nijmegen, no sabiendo bien si estaba suficientemente despierto como para dar crédito a lo que estaba presenciando.


lunes, 24 de febrero de 2014

Bienvenidos al Apocalipsis

Muchas veces no somos conscientes de qué estamos hablando cuando nos referimos a cosas tan cotidianas como la luz, el transporte, la comida o el dinero. Nuestra ignorancia y la descontextualización de cada uno de esos elementos fundamentales para nuestra vida nos hace trivializar su importancia o reducirla a una mera repetición de tópicos. La ignorancia es atrevida y, más que eso, es pasto de reduccionismos demagógicos que sólo ayudan a mantener el orden establecido mediante falsas expectativas e intoxicación con miedo de cualquier opción alternativa a dicho orden.

Por eso cuando oímos algunas voces que tratan de alertarnos sobre la autoconsunción del mundo, las tachamos rápidamente de apocalípticas o maltusianas, ridiculizándolas utilizando lugares comunes y sofismas sin base alguna, pero que por pura repetición acabamos creyéndonos, y así las desactivamos y las silenciamos rápidamente.

Hoy toca hacer un ejercicio de información para la conciencia sobre el futuro que nos espera si seguimos a este ritmo de destrucción planetaria. Este fabuloso vídeo didáctico encierra una densidad de información y de lógica científica, que será difícil que no explote dentro de las cabezas que sean capaces de querer entender el mensaje que encierra.

Damos por supuesto que la inmensa mayoría de la gente sólo es capaz de ver lo que es capaz de creer, pero eso no debe desanimarnos en nuestra tarea de hacer viral un mensaje cuya esperanza se base en la inteligencia de cada persona para cuidarse de sí misma, más que en que el poder concentrado en unas pocas vaya a ocuparse o preocuparse de todos nosotros. Así pues, bienvenidos al principio del final de la era del petróleo y larga vida a un futuro más prometedor.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La educación ciclista se aprende en casa

Y cuando somos pequeños, sobre todo. Imitando, siguiendo los consejos de los que para ti son tu guía y tu modelo. Esa es la principal escuela de ciclismo. Un padre, una madre acompañando a sus pequeños por los itinerarios habituales y dándoles consejos de prevención, mejorando las habilidades básicas, cogiendo confianza.


No hay mejor educación que predicar con el ejemplo y, en esto de la educación vial, la mejor escuela es la calle. No hacen falta profesores ni policías, que serán bienvenidos en el entorno escolar para reforzar los conocimientos y para recordar la presencia de la ley y las consecuencias de su incumplimiento. La educación vial, el civismo en bicicleta se aprende andando en compañía de alguien de confianza. Los padres, los mejores. También valen tíos, abuelos y hermanos mayores, pero es otra cosa.



El ejemplo de una madre, de un padre para un hijo, para una hija es insustituíble. Y el aprendizaje se impregna de una manera natural, como un juego familiar, como una demostración de los menores de una adquisición de habilidades ante sus padres, como una demostración de que ya se van haciendo mayores, autónomos, independientes. Es realmente emocionante para las dos partes y lo que se aprende así no se olvida nunca.

Para empezar, unos cuantos consejos
  1. No tengas prisa.
  2. Circula con el menor delante, para poder ver su evolución y para corregir sus vicios y hacerle consciente de la prevención.
  3. Paciencia.
  4. No te obsesiones con que lo hagan todo perfecto a la vez. Son demasiadas cosas. Es preferible ir paso a paso. Detente las veces que te haga falta y repite amablemente las maniobras.
  5. Paciencia.
  6. Deja que el niño (la niña) te demuestre que ha aprendido. Es mucho más gratificante.
  7. Paciencia.
  8. Prueba primero en circuitos seguros y totalmente apartados del tráfico. Cuando muestren seguridad, no rehuyas las calles tranquilas. Es la mejor manera de salvar el miedo al tráfico y la intimidación del coche.
  9. Paciencia.
  10. Haz itinerarios con sentido y con objetivos interesantes y reales: ir al cole, ir a la piscina, ir a hacer la compra, etc. Así demostrarás el valor como vehículo y no sólo como juguete que tiene la bicicleta.
  11. Vete complicando los escenarios para iros haciendo con todas las situaciones posibles: rotondas, intersecciones, incorporaciones, pasos difíciles.
  12. Enséñale a bajarse de la bici en las aceras y en las zonas peatonales cuando haya mucha gente.
Enhorabuena y gracias.

P.D.: Gracias a Mikael por las fotos.

jueves, 15 de agosto de 2013

"Yo voy a seguir siendo un capullo"

"Me da igual lo que hagáis y lo que dejéis de hacer. No voy a cambiar nada y vosotros no vais a cambiarme a mi. Seguiré haciendo lo que me de la gana. Vaya en coche, a pie, en bici o en lo que quiera. Me da risa todo vuestro rollo ese del respeto, de la sostenibilidad y tal. Dais pena. Si me salto un semáforo, un paso de peatones, ando en bici por la acera, me pongo borde con algún imbécil o cruzo sin mirar es mi problema y el de nadie más. Yo correré con las consecuencias, no vosotros. Gracias por el intento, pero no ha servido".

Igual no así de literal, pero mucha, mucha gente todavía está en esa perspectiva en el asunto de la movilidad, por mencionar uno."Si no me pillan, me lo paso todo por el mismísimo..."


Esta es probablemente la cuestión más importante por la cual no podemos conquistar mejores niveles de seguridad, respeto o pura educación vial, por no decir civil, en nuestro entorno y por lo cual asuntos como el de la movilidad, entre otros, se hallan anclados en el siglo veinte. Estamos rodeados de una partida de desaprensivos que no piensan más que en su ombligo, en su interés, en su ventaja y se las apañan para acomodar todo su entorno a su estilo.

Estúpidos envalentonados en movimiento, que ponen patas arriba, con su sola intervención, todo el juego de la convivencia y, además, la sensación de seguridad que produce. Da igual que anden en bici, a pie, en coche, en moto, que conduzcan un bus, un tren o un avión. Lo echan todo a perder con su participación, son nefastos para los demás.

La pregunta es ¿qué hacer con ellos?

martes, 13 de agosto de 2013

Cambiar el miedo por respeto

Nos hemos acomodado a la lógica del miedo. No es extraño porque el miedo es muy rentable para muchas personas y sobre todo para muchos grupos de poder. Inculcar miedo es la mejor y más irracional forma de mantener a la gente atenazada, expectante, ansiosa por que se lo calmen con cualquier remedio. El miedo es el arma más potente y el poder lo sabe y lo ejerce.

Nos han metido el miedo hasta las entrañas, que es donde mejor se acomoda, y así han conseguido que evitemos pensar, que no atendamos a la lógica, que seamos incapaces de discernir. Porque el miedo no nos deja.

Nos luciría de otra manera el pelo si en vez de habernos dejado vencer por el miedo, hubiéramos sido capaces de fundamentar los cimientos de nuestras relaciones sociales en el respeto. Respeto, que no obligación u obediencia.


El respeto nace del reconocimiento y la aceptación del otro como un individuo pleno ante el que debemos profesar una consideración en el objetivo de que dicha consideración sea mutua, recíproca. Así pues, el respeto parte de una visión empática de la dignidad y de una necesidad de reconocer para ser reconocido. Es una óptica mucho más ética y un fundamento mucho más sólido que el del miedo si lo que buscamos es la convivencia y el entendimiento.

Es ahí donde debería estar el quid de la cuestión en cualquier aspecto social que contemplemos. Es ahí donde debería estar el quid de la cuestión en la movilidad, en la circulación, en el tráfico, en el desplazamiento de personas. Si fuéramos capaces de reconocer que no hay automovilistas, ciclistas, peatones o motoristas, hay personas.

El respeto a las personas no se fundamenta en ninguna ley escrita, no hace falta una normativa, ni una policía que vigile su cumplimiento. Porque el respeto es una manera de entender las relaciones humanas, donde las personas, cada persona es lo más importante y lo más incuestionable.

Lo que pasa es que el respeto no se imparte ni se reparte (como el miedo), el respeto se inculca y se merece, hay que conquistarlo, hay que ganárselo y es ahí donde tenemos una carencia fundamental. Hemos perdido el valor del respeto hacia las personas y hacia todo lo demás y es por eso por lo que nos hemos dejado vencer por el miedo y por lo que ahora necesitamos normas que establezcan rayas de las que no pasarnos y vigilantes que nos obliguen a cumplirlas y nos castiguen cuando no lo hagamos.

Es así de lamentable. Y también es así de grave, porque es una dinámica muy difícil de cambiar. Para recuperar el respeto vamos a necesitar varias generaciones, para perderlo ha bastado con una.

martes, 25 de junio de 2013

Viajar con niños en bicicleta

Pequeños y bicicletas no sólo son compatibles, son una aventura digna de experimentarse si se tiene la oportunidad. Más si los pequeños son los tuyos. Es una manera excepcional de redescubrir las relaciones personales, tan viciadas y tan condicionadas en otros muchos momentos. De viaje en bici la relación es mucho más fuerte, es de pura camaradería, de compañerismo, de dependencia, de solidaridad y de comprensión del más débil. Y eso, yendo con menores es siempre mucho más acusado.

Pero además es una oportunidad de aprender una forma de viajar que implica necesariamente aprender a valorar el camino mucho más que la meta y eso a muchos menores, acostumbrados a ser llevados de un lado a otro como ganado, les cuesta mucho comprender y a sus mayores a veces mucho más. El "¿cuánto falta?" debe reformularse en "mira qué chulo" o "fíjate en eso". Cuando tienes todo el día para llegar, lo que menos vale es la llegada, porque hay que disfrutar todo el día y es entonces cuando el camino cobra relevancia e interés.


Por eso hay que procurar que haya alicientes durante toda la jornada: una parada en una fuente, un avituallamiento improvisado, un lugar de recreo a medio camino, la hora de comer, la sobremesa, un río o una piscina, una consulta en el mapa, en el móvil o en el GPS, todo debe ser motivo para despertar el interés de los menores hacia cosas y actividades que normalmente no se hacen.

Y la improvisación. Ese tesoro tan despreciado y tan olvidado en la sociedad de la información y de la planificación excesiva. La improvisación, el cambio de planes, la forma de afrontar y superar las pequeñas incidencias inevitables y casi deseables, es, sin duda, uno de los mayores alicientes y uno de los mejores descubrimientos en un viaje. Debe serlo. Mejor que los grandes hitos y las atracciones. Y es uno de los mejores aprendizajes cuando se está descubriendo "la vida de los mayores".

Viajar con niños es, pues, más intenso y muchas veces muy exigente, pero es una oportunidad de oro para comprobar sobre el terreno que la vida, la que sucede ahí fuera, esa que es tan atractiva como incontrolable, es la mejor escuela para nuestros menores y un viaje en bicicleta incrementa la vivencia increíblemente convirtiéndose en una escuela también para los mayores. Y en una cura de humildad.

Un saludo desde la ruta. Dos, otro de mi compañero de aventuras.

jueves, 18 de abril de 2013

La vida más allá del carril bici

Cascante es una de esas poblaciones que se ha aventurado a proponer un nuevo estilo de movilidad entre sus habitantes. Una de tantas que se ha propuesto hacer un replanteamiento de la movilidad en su entorno urbano y que lo ha querido hacer a la brava, previo estudio, pero a la brava, como se hacen estas cosas en un escenario tan concreto como el que ofrece un pueblo de 4.000 habitantes, relativamente llano, diseccionado por dos carreteras y con una arraigadísima cultura de utilizar el coche para todo.

¿De ir en coche al bar a ir al cole en bici?

Con un radio de apenas 600 metros, los cascantinos, como todos sus convecinos de la ribera navarra y, en general, como todas las poblaciones rurales no han superado la dependencia del coche y todavía continúan utilizándolo para todo, incluso dentro del pueblo.

Resultaría tedioso analizar por qué hay semejante dependencia del motor, pero lo resumiremos en una mezcla de necesidad y de ostentación. Necesidad, porque estos pueblos, como todos, han ido quedando aislados, desprovistos de unabuena oferta de transporte público, y sus habitantes se han visto obligados a . buscarse la vida de manera individual, lo que les ha ido empujando a hacerse con uno o varios automóviles por familia para poder atender sus necesidades de movilidad exterior.

Este proceso, que se ha ido consumando de manera progresiva desde los años 70, ha generado una cultura que presenta la tenencia del coche no sólo como una necesidad sino como un estatus al que hay que llegar para considerarse un habitante en plenitud. Esto ha ido derivando, en las últimas décadas, en un vicio que ha conllevado a la utilización-exhibición del coche para todo: para llevar los niños al colegio, para ir a trabajar (aunque se trabaje en el propio municipio), para ir al bar, para ir al polideportivo o para quedar con los colegas.

Ridículos viajes de apenas unos centenares de metros hechos a golpe de acelerador y demostrando una prepotencia que, desgraciadamente, es refrendada por la inmensa mayoría. Estos pueblos viven presos de sus propios coches, habiendo cedido el espacio a los mismos para su circulación y para su aparcamiento, que se entiende como un derecho civil de primer orden.

El reto de la movilidad sostenible en la sociedad motorizada


Pues bien, en este pueblo, y no es el primero, se han propuesto darle la vuelta al asunto, aunque sea haciendo pequeñas tentativas, para proponer una nueva forma de moverse y para enseñar a sus menores que otro pueblo es posible. Y llevan en ello un par de años. Empezaron haciendo un Plan de Movilidad, que ha ido dando sus frutos. Hace unos meses predicaban con el ejemplo, anunciando que la Policía Local iba a patrullar en bicicleta. Ayer presentaban una iniciativa de camino escolar a modo de "bicibus" de la manera más sencilla que se puede hacer que es mediante quedadas colectivas y circulación en pelotón.


Lo llamativo de este cambio es que se hace de una manera premeditada sin necesidad de infraestructuras, sin carriles bici. Recuerdo con intensidad nuestra primera reunión en el Instituto del colindante Cintruénigo cuando, decididos a promocionar el uso de la bicicleta, la condición que nos pusieron es que se hiciera sin carriles bici, porque no hacían falta.

Es mucho más curioso cuando la próxima población Corella había apostado por el modelo opuesto y había montado toda una red de ciclovías pintadas en un fantástico azul Copenague que sentó un precedente en todo el estado. O quizá no lo sea tanto, cuando la gente, conociendo los problemas que había suscitado la implementación de semejante duplicidad viaria quisiera hacer las cosas de manera más modesta, pero a la vez más natural y más empática.


De todas maneras, hay una componente que es decisiva en estos procesos que están viviendo todas estas localidades gemelas y es que, en todas ellas, la bicicleta no ha perdido presencia social en esos años de alocada motorización y siempre han mantenido una masa crítica de gente de todas las edades y todas las condiciones que han seguido utilizándola para sus quehaceres cotidianos. Eso es lo que las diferencia del resto, que los abuelos, los padres, los hermanos y los amigos han seguido usando la bici para desplazarse. Les deseamos todo el éxito que se merecen y que a buen seguro lograrán en esta iniciativa y en las que se propongan en el futuro.

Pero estas no son iniciativas aisladas. Cada vez hay más poblaciones concienciadas y decididas a iniciar la aventura hacia la desmotorización y a hacerlo empezando por el principio, por los niños, por la educación y por la consolidación de estos valores entre los que serán una de las generaciones decisivas para hacer el cambio modal y el cambio mental que devuelva las ciudades a las personas y que dejen a los coches relegados a sus usos verdaderamente eficientes o inevitables.

Como ejemplo, en el otro extremo de Navarra pero con una casuística similar, Bera plantea una campaña de ir "al cole sin coche", al menos los miércoles.

Más ejemplos de camino escolar en este blog de referencia.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Menos tamal y más pedal

"El desequilibrio entre la ingesta de alimentos y la actividad física es lo que lleva a la obesidad. En este equilibrio, el sedentarismo casi pesa más que la sobreingesta. Aunque estos no son los únicos elementos que derivan hacia la obesidad: la genética y los factores ambientales también tienen su importancia", asegura el profesor Javier Salvador, director del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN) y presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEN).
En el Estado, un cuarto de la población, el 23%, padece obesidad y más de un 60% tiene sobrepeso, una cifra que en el caso de las personas mayores de 65 años se incrementa hasta el 81%.
Teniendo en cuenta estos datos alarmantes y que uno de los problemas más graves de los países desarrollados es el sedentarismo, asociado a la falta de actividad física, expertos como el doctor Salvador demandan en el abordaje de esta epidemia del siglo XXI una respuesta coordinada de todos los agentes implicados. "La prevención desde la infancia es fundamental, involucrando en ello a la familia, el colegio, la industria alimentaria... será la única forma de atajar en origen y controlar la obesidad"
En esta línea, los especialistas advierten que el sobrepeso y la obesidad son un problema de salud pública de primera magnitud que además genera un importante coste sociosanitario. "Una situación que incrementa, asimismo, el riesgo de sufrir otras muchas enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, dislipemia, apnea del sueño, problemas cardiovasculares y gota, entre otros", añade el doctor Salvador, quien participó junto a otros especialistas en una sesión científica sobre Nutrición e Hidratación, organizada por la Academia de Medicina (RANM), que contó con el apoyo de Aquarius y Coca-Cola España.
Ejercicio y buena alimentación
Una de las conclusiones de la jornada y el mensaje que los nutrólogos quieren transmitir es que una buena nutrición y una adecuada hidratación, unidas a la práctica de ejercicio diario, son las claves para lograr una buena salud.
Pero sin olvidar otros factores de incidencia. En algunas personas existen alteraciones hormonales que les provocan el desarrollo de más obesidad; la edad también juega a favor. "A medida que se va envejeciendo la probabilidad de tener obesidad es el doble. El estrés es otro factor determinante. No se suele tener muy en cuenta, pero cualquier tipo de estrés: laboral, conyugal, el derivado de un problema psiquiátrico, suelen facilitar que la regulación de la alimentación sea distinta. También el dormir mal favorece la obesidad, ya que altera las hormonas que controlan la alimentación", explica didácticamente el profesor de la Clínica Universitaria de Navarra.
Como reconoce el doctor Salvador, todos estos factores son evitables, o al menos modulables. "El trabajar en exceso no es bueno, hay que controlar la actividad y realizar algo de ejercicio físico. En este sentido, tampoco hace falta ser un fanático del cuerpo. Suelo recomendar cosas factibles; no se puede recomendar una actividad física que no se llevará a cabo al no poderse incorporar a la vida diaria", añade.
(...)
En los tratamientos de obesidad, el doctor Salvador considera imprescindible la valoración individual del paciente, "según las características de su enfermedad, las complicaciones y sus circunstancias personales se decide qué tratamiento es el más apropiado en cada caso", argumenta. "Hay que escuchar al paciente, saber si tiene problemas de estrés, si duerme bien si tiene una alimentación equilibrada. No me gustan los planes drásticos porque no se pierde grasa y no mejora la salud. El ejercicio físico polariza la pérdida; es una garantía de salud", añade.
El profesor insiste en la necesidad de activar mensajes que transmitan con claridad que la obesidad no es cuestión solo de peso, sino de vivir menos, con una calidad peor y con una probabilidad creciente de padecer diabetes, apnea del sueño y todo tipo de cáncer. "Hay que ser conscientes de esto", apostilla.
El especialista destaca también la importancia de una correcta hidratación que garantice las cantidades de líquidos necesarios para el organismo y el equilibrio entre las pérdidas e ingestas que se realizan a diario. "Es necesario hidratarse bien, pero vivimos en una sociedad que va tan deprisa que no solemos tener mucho tiempo para beber líquidos en abundancia. Con el exceso de trabajo muchas personas descuidan la ingesta de líquidos. Además, en la infancia y en las personas mayores hay que tener mayor cuidado, pues los mecanismos reguladores de esta ingesta no están activos y pierden la sensación de sed corriendo el riesgo de deshidratarse.
Claves para mejorar la salud 
Una buena nutrición y una adecuada hidratación, unidas a la práctica de ejercicio diario, son las claves para lograr una buena salud. En definitiva, "menos plato y más zapato". Este es el sencillo pero útil mensaje que los expertos quieren trasladar a la ciudadanía.
Artículo de Diario de Noticias de Navarra

Lo dicho: menos tamal y más pedal.

domingo, 6 de enero de 2013

La ciudad desde el manillar

Viajar en bicicleta, circular en bicicleta, moverse en bicicleta tiene una ventaja respecto a los demás medios de transporte: en bicicleta ves, oyes, sientes y te puedes parar prácticamente donde quieras. Eso te permite tener una perspectiva más directa, más cercana, más inmediata y más tangible del entorno.

Si a eso le sumamos la inocencia de la mirada de un niño, descubriremos que en bicicleta las cosas se ven de otra manera, porque da tiempo a verlas y a interpretarlas, porque en bici, circulando relajado, da tiempo a reflexionar sobre lo que estás viendo.


Es lo que le pasó el otro día a Mikael Colville, Copenhagenize, yendo con su hija cuando se encontraron un par de pimientos en un paso de cebra. A ningún automovilista le hubiera importado un comino semejante insignificancia en su trayectoria. Uno, porque no hubiera podido verlo. Dos, porque no hubiera podido evitarlo. Tres, porque un automovilista no repara en esas tonterías.

Un ciclista, o un pasajero en una bicicleta, puede verlo, pararse a comprobar qué es, cogerlo e incluso dedicarle un momento a una reflexión, como le paso a la niña de Mikael.

Recuerdo un día... 

...que iba con mis dos pequeños pasajeros en nuestro vehículo a pedales y el mayor me pregunto:

- Oye aita ¿te has dado cuenta que todos los bancos están en las esquinas?

Cierto, pensé, y mientras esperábamos a que se pusiera en verde el semáforo le dije.

- Sí, porque son los mejores sitios y ellos son los únicos que pueden pagar el precio de los alquileres... que ellos mismos se han encargado en subir hasta precios que la gente normal no podía pagar.

- Ya -me contestó- pero no dan ambiente a la calle, porque parece que siempre están cerrados.

Un momento que sólo puede tener lugar cuando vas en bici... o andando.

jueves, 22 de noviembre de 2012

A cara descubierta

Dicen que uno de los mayores inductores de la violencia vial y también de la cibernética, que son las dos que nos ocupan en este espacio, es la protección y la potencia que nos da ver el mundo a través de una pantalla que nos permite interactuar con los demás con una valentía que seríamos incapaces de mantener sin esa protección. Eso y la posibilidad de escapar con sólo mirar a otro lado y apretar un botón, nos hace sentirnos invulnerables, poderosos y valientes. Los coches, como el anonimato cibernético, nos permiten, al sentirnos sobrepotenciados, adoptar unas actitudes que, en muchos casos, seríamos incapaces de soportar a cara descubierta.

En eso también la bicicleta es distinta (un poco como los que escribimos y opinamos sin refugiarnos en un seudónimo o en el anonimato) porque te obliga a presentarte ante los demás dando la cara y absolutamente desprotegido. Eso y que no puedes huir más que pedaleando (que sólo vale ante peatones).

Ir a cara descubierta permite interactuar de una manera mucho más directa con los demás y ayuda de una manera determinante, casi inevitable, a buscar la amabilidad. Ya sólo el hecho de recibir el aire en la cara, de sentir el frio y el calor, los aromas y los hedores, los ruidos y los rumores, nos hace ser más sensibles y estar mejor predispuestos a entendernos con el entorno, con los demás.

Si a eso le sumamos la indefensión propia del ciclista y la reiteración de los itinerarios, encontraremos que los que andamos en bici a diario y repetimos rutas necesariamente profesamos la amabilidad y buscamos el entendimiento con nuestros semejantes, especialmente con los que más podemos hacerlo que es con otros ciclistas y con los peatones. Con los automovilistas es más difícil, sobre todo porque van aislados en sus corazas metálicas y actúan con la violencia que les propone y que les impone el medio de locomoción que han elegido (la mayor parte de las veces) o que no tienen más remedio que utilizar (las menos).

Por supuesto que entre los ciclistas hay cafres, imbéciles, arrogantes y violentos. Es inevitable. La especie humana nos ha provisto de ellos para reconocer las virtudes de la sociabilidad. Nadie sabe mejor que el que lo practica, lo que recompensa solicitar permiso y pedir perdón, agradecer un gesto y practicar el respeto y el entendimiento. Muchos de los que andan en bici, seguro que lo conocen, los de los coches, difícilmente.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Herramientas para dar oportunidades a la bici

Mucho se habla, mucho se escribe, mucho se opina sobre cuáles son las fórmulas para tratar de dar a la bicicleta las oportunidades que se merece como vehículo práctico, limpio, respetuoso y amable y, por lo que se ve, todo el mucho sigue elucubrando sobre el asunto y apostando parcialmente, cuando no lavándose la cara con la bici.

Llevo dos días enteros dedicado a demostrar que esto de la bicicleta es sencillo y que, desgraciadamente, se ha complicado de una manera interesada para presentarlo como algo poco posible, poco razonable o poco recomendable, a menos que se cumplan toda una serie de condiciones que, en la práctica, son muy difíciles de cumplir. Una de ellas, la más importante, que la bici circule sola y protegida, lejos de automóviles y, a ser posible, también de peatones.

¿Por qué?

Pero, ¿por qué se demanda este tipo de sobreprotección para un vehículo que hasta la fecha no ha mostrado una siniestralidad preocupante? Pues por dos motivos fundamentalmente:
  • Por un lado, porque se ha perdido el hábito y con él la habilidad de andar en bici de manera natural, con destreza, con reflejos, de manera instintiva, con seguridad y aportando seguridad a los demás.
  • Por otro, porque la bicicleta se ha convertido, por puro abandono, en un elemento extraño, complejo, incómodo, difícil... complicado.
No es sino el fruto de una generación que se ha dedicado a montar una forma de vivir fundamentada en los desplazamientos en coche privado, donde la dispersión urbanística, los espacios inaccesibles para los no motorizados, la necesidad de desplazarse para todo han devenido en un sistema que sólo es soportable a bordo de un coche privado y que descarta cualquier medio de transporte alternativo.

En ese escenario e incluso contando con todos esos condicionantes, la bicicleta sigue teniendo sentido. Por rápida, por barata, por sana y por respetuosa. Por eso algunos seguimos haciendo misiones con ese mensaje que es bien sencillo.

La bici, simplemente

Porque la bici es sencilla, es abarcable, es un mecanismo eficiente que podemos aprender a manejarlo, a repararlo y a promoverlo con sorprendente simplicidad.

El sábado en un curso de mecánica básica de mantenimiento, hoy dando charlas en un instituto, el mensaje es el mismo, claro y contundente: esto es fácil. Por eso debes probarlo.

Porque todos tenemos bicis en casa, porque ponerlas a punto y mantenerlas es una tarea que podemos hacer nosotros mismos y porque basta con montarse en ellas y actuar con prudencia, con respeto, con dignidad y con sentido común para comprobar que es posible.

Claro que hay mucho por hacer, que hay que hacer nuestras calles más amables y a nuestra gente menos agresiva, claro que habrá que adaptar de alguna manera el espacio público para ello, claro que habrá que enseñar también a los ciclistas a comportarse, pero no podemos esperar a que todo el mundo se ordene para hacer nuestras opciones. Pero cuidado con complicarlo innecesariamente, porque no funcionará.



Por eso resulta imprescindible seguir comunicando, contagiando con nuestra experiencia como algo posible y al alcance de cualquiera, porque sólo haciéndolo podemos demostrar que puede hacerse y cómo puede hacerse.

lunes, 8 de octubre de 2012

Invertir la movilidad es invertir en movilidad

Ayer estuvimos toda la mañana dando vueltas en uno de los municipios que conforman el contínuo urbano de la Comarca de Pamplona, tratando de identificar las dificultades y las oportunidades para la gente que anda en bici. Las primeras vueltas para estudiar el terreno y el itinerario, la última con un grupo en un taller de educación vial para ciclistas. Lejos de entrar en los contenidos y en las anécdotas de dicha actividad, el paseo nos sirvió para darnos cuenta de algunas claves que entrañan la inseguridad ciclista y del porqué de la escasa utilización de la bici como transporte, y que van más allá de la existencia de carriles bici segregados en una determinada area urbana.

La primera evidencia que constatamos en cualquier taller de estas características es la ignorancia de los propios ciclistas de la normativa de circulación específica para ellos, muchas veces intencionada, como excusa para poder utilizar la bicicleta de una manera irresponsable y ventajosa. Nadie sabe si el casco es obligatorio o no, en qué consiste lo de las prendas con elementos reflectantes, qué pasa en las zonas peatonales, cuál es la distancia de seguridad en caso de adelantamiento o si una bicicleta debe llevar una luz, dos, o basta con unos catadióptricos y un timbre. Tampoco saben cómo cruzar un paso de peatones.


Se ha redundado mucho en la necesidad de invertir en movilidad, que no debería ser otra cosa que invertir en cambiar los escenarios para así dar pie a cambiar los hábitos de desplazamiento y mejorar la habitabilidad, la economía y la eficiencia de nuestras ciudades, pero, cuando nuestros responsables se han puesto a ello, trabajando sobre todo para mejorar la movilidad no motorizada, pieza angular del asunto, se han limitado a hacer algunas actuaciones lineales a modo de itinerarios exclusivos, en el caso de los ciclistas, y habilitar unos cuantos islotes, más o menos interconectados, para los peatones.

Eso no sólo no es suficiente cuando estamos hablando de cambiar los hábitos y los prejuicios de una sociedad, sino que muchas veces se vuelve en contra de los propios objetivos perseguidos (muchas veces porque el ejercicio es una pura mascarada).

El caso de Ansoáin

Sin embargo, hay ayuntamientos y responsables municipales que van dando pasos, muchas veces titubeantes, pero que apuntan nuevas direcciones.

Ese es el caso de Ansoáin. Primer municipio navarro que limitó la velocidad en todo el casco urbano a 30 kms/hora. Primero que "se cargó" el angosto viario urbano en el mismísimo centro para dotar a la localidad de una plaza donde, además de un fastuoso ayuntamiento, de un epicentro de la actividad civil y de un punto de encuentro donde se reunían: piscinas, polideportivo, colegio, teatro y hasta la iglesia. Amplió aceras, quitó plazas de aparcamiento, estrechó muchas calzadas y eliminó otras. Ansoáin hizo también sus actuaciones ridículas, como no podía ser de otra manera, pero dió a entender a propios y extraños sus intenciones: mejorar las cosas para los que se movieran sin coche. Ayudó mucho un desarrollo urbanístico razonable, lleno de zonas de encuentro y de corredores peatonales amplios y agradables. Hoy Ansoáin ha dejado de ser un barrio más o menos inhóspito para convertirse en un lugar agradable donde vivir.

Queda mucho por hacer. Mucho. Pero los primeros pasos de esta inversión han servido para darle la vuelta a un pueblo que no dejaba de ser un barrio dormitorio compuesto por una colección de casas más o menos altas y más o menos aturulladas, cosidas por unas calles en la que transitar a pie o en bici era algo casi indigno.

Sin embargo, y pese a esta dirección tan decidida y mantenida, en este pueblo, como en muchos de los otros que componen la geografía capitalina de esta comunidad, la gente no ha dado el paso suficiente hacia la bicicleta de una manera decidida, más allá de su uso como herramienta de ocio o deporte.

¿Por qué? Pues, básicamente, por dos motivos.

El primero, porque al otro lado de su término municipal esta localidad linda con otra en la que las cosas se han hecho de otra manera, es decir, sin quitarle al coche su preeminencia y su prepotencia y, lo que dentro del municipio no tiene demasiado sentido dadas las dimensiones de éste, fuera de él se convierte en una aventura imposible. Nadie en su sano juicio es capaz de interpretar en qué consisten y cómo se siguen las facilidades que el Ayuntamiento de Pamplona ha habilitado para ciclistas, que se han traducido, además, en mayores dificultades para éstos en el resto del viario. Nadie conoce las normas que se han inventado, tampoco la señalización. Lo único que saben es que lo de ir en bici al centro cada vez es más difícil y más peligroso, sobre todo gracias a las pistas que ha habilitado este ayuntamiento para ello.

El segundo motivo, no menos importante, es el que atañe a la desculturización de la población en el uso de otra cosa que no sea un coche como medio de transporte, como vehículo. Y aquí es donde mucha gente no es capaz de ver la necesidad de una inversión, que será muchísimo más rentable que la de intentar hacer caminitos para bicicletas por todas las calles de la ciudad.

Alfabetizando en movilidad urbana

La cultura de la bici, cuyo fundamento debería afianzarse a partes iguales en casa y en la escuela, debería consistir en aquel aprendizaje que nos ayudara a ganar confianza y sentido común a bordo de una bicicleta y que facilitara el paso de la bici de ser un mero juguete a convertirse en un modo de locomoción asequible, amable y cercano.

No podemos pretender, como lo estamos haciendo, que la gente se anime a andar en bicicleta sin ayudarles a ganar confianza con la misma en todos los aspectos. Porque la gente no sabe andar en bici. Porque simplemente no han aprendido o porque se les ha olvidado. No saben circular con seguridad. Saben hacerlo con casco y chaleco, saben hacerlo por los carriles bici y por las aceras poniendo en juego su integridad y la de los demás, pero no saben andar en bici. No saben posicionarse, no saben interpretar los distintos escenarios, no saben señalizar (muchas personas no saben andar en bici con una mano ni unos segundos), no saben circular haciendo valer sus derechos y cumpliendo con sus obligaciones, no saben bajarse de la bici, no reconocen prioridades... y aún así se aventuran a hacerlo.

La gran inversión en movilidad no es la inversión en infraestructuras, la verdadera inversión en movilidad reside en la capacidad de una sociedad en invertir los hábitos y las prioridades que nos han dejado tantas décadas de dominio de la movilidad motorizada. Y eso empieza en la escuela. De menores y también de adultos. Porque resulta imprescindible la alfabetización en materia de movilidad y la bicicleta es una parte fundamental de la misma.

Lo malo es que sólo se hacen talleres minoritarios, más o menos voluntariosos, más o menos amanerados. Nadie habla de un programa de educación en movilidad y de mejora de las habilidades a bordo de una bici de una manera seria, universal, estructurada y rigurosa. Y si lo creen, le dejan la tarea a la policia, que de lo único que se ocupa es de recordar las obligaciones y de evitar las infracciones. Quizá porque nadie cree sinceramente que la educación sirva para nada que no sea reproducir lo que hay.

Así nos va.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La otra semana de la movilidad, la insostenible

No es broma. La movilidad está de capa caída, la sostenible también. Aunque nos regocijemos con el incremento de ciclistas urbanos y la boyante marcha de los negocios relacionados con la venta y reparación de bicicletas, la movilidad en su conjunto sigue haciendo aguas.

El ejemplo más amargo lo tengo en la propia puerta de mi casa. Esa donde, al punto de la mañana, se apelotonan los infantes acompañados de sus mayores para esperar el autobús escolar. Ese que este curso no volverá a pasar sufragado por el erario público debido a los recortes gubernamentales.

Esta semana el colectivo escolar de mi pueblo se ha dedicado a organizar una semana de la movilización por la movilidad insostenible, sólo por preservar el derecho consolidado e inalienable de los padres y madres de adiestrar a sus hijos e hijas en la más absurda de las reivindicaciones: la del inmovilismo reivindicativo.


Estos padres y madres afectados reclaman la continuidad de un servicio de transporte escolar subvencionado por el gobierno regional que transporta a cerca de 400 escolares en 9 autobuses 4 veces al día para recorrer la distancia de 600 metros. ¡4 manzanas!

Lo de menos en este caso tan flagrante es el coste de dicha aberración y el ahorro que se va a producir en las arcas públicas, que tampoco irá destinado a otros fines, sino a recortar el presupuesto. Lo vergonzoso es la actitud de unos padres y madres, de una comunidad escolar incapaz de proponer otros medios para hacer el camino escolar más sano, más activo, más responsable, más barato y más consciente entre los niños y niñas de primaria en un pueblo que goza de buena salud demográfica y de un colegio en un entorno privilegiado, al que puede accederse de manera tranquila, agradable y activa, sin ningún tipo de dificultad, sin peligro.

Son malos tiempos para la sostenbilidad estos en los que todos y todas estamos pensando en cómo salvar nuestro culo, cómo mantener nuestros privilegios, cómo conservar nuestro bienestar o lo que creemos que es eso y cómo hacernos más egoistas en respuesta a tanto castigo y recorte social y político. Es lo que tiene la estupidez colectiva, que por pura agregación acaba autojustificándose y haciéndose más reaccionaria.


¿Quién pagará el pato esta vez? Sin duda los menores, víctimas de la miopía de sus padres, incapaces de ver que, otra vez más, las pretendidas dificultades sólo presentan oportunidades inmejorables de cambio y de mejora.

Otra vez más el miedo, la sobreprotección, la abulia y la insensatez colectiva construyendo una sociedad, un entorno y una convivencia cada vez más viciada y más insostenible.