- El coche lo es todo y lo tiene todo.
- El peatón ha recuperado algunos espacios aislados y algunos corredores en la jungla motorizada.
- La bicicleta y el autobús han quedado discriminados y queremos que recuperen oportunidades.
La hipótesis:
Hay que restar espacio al coche para dárselo a los demás
La antítesis:
El espacio es el que es, hay que compartirlo
La síntesis:
Hay que restar oportunidades al coche y dárselas a los demás y esto se hace quitándole espacio, prioridad, derecho de paso, penalizando su uso y mejorando las condiciones de circulación de los demás e incentivando de manera explícita a éstos.
No sabemos cómo hacerlo y simplificamos. Reduccionismo. Hacemos caminos para bicicleta sin restar espacios y oportunidades al coche. Pero no tenemos empacho en condicionar y quitar espacios a los peatones. Y ponemos servicios de préstamo de bicicleta para animar a la gente a probar si todo esto funciona de una manera masiva, sin cuestionar su utilidad real, su precio, sus contraprestaciones, sus compromisos y sus problemas.
Hemos elegido el camino equivocado. Esto no resta coches. Y además perjudica a los peatones, incrementa los accidentes y es carísimo. Y para más inri genera un precedente.
Tenemos miedo. Miedo no precisamente del tráfico, que también. Miedo de que el coche pierda preeminencia. Creemos que la industria del automóvil y el uso intensivo y prioritario del mismo son el soporte de la economía, el bienestar y la estabilidad social en la que nos hayamos inmersos. Y por tanto son incuestionables e incondicionables. Pero no nos engañemos es insostenible y, más que eso, resulta invivible.
El efecto:
Replantear la estrategia y enfrentarse al problema con decisión. Es decir, seguir conquistando derechos y oportunidades para los que optan por no utilizar el coche y quieren ciudades más habitables. Y quitarle opciones al coche: opciones de circulación y opciones de aparcamiento.
