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lunes, 14 de octubre de 2013

No escarmentamos

No. Nos hacemos mayores cometiendo los mismos errores una y otra vez, haciendo las mismas estupideces, empecinados. Un ejemplo, viajar en bici. No espabilamos pese a que estemos advertidos más que suficientemente de los problemas que nos podemos encontrar cuanto nos aventuramos a visitar otras partes del mundo a lomos de una bicicleta.

Y así seguimos apareciendo en autobuses, trenes y aviones con nuestros pesados bultos pretendiendo que tenemos derechos como clientes y pretendiendo también que no nos vamos a encontrar ningún tipo de dificultades. Y nos volvemos a sorprender cuando comprobamos que no es así, que hay que pagar sobrecargo aunque nuestro bulto cumpla todos los requisitos y ni pesen ni ocupen más de lo estipulado. Pero tragamos, porque es mayor nuestra ilusión y nuestro ánimo que unos cuantos contratiempos, porque la satisfacción de la práctica del cicloturismo nos compensa todos esos sinsabores.


A mi me ha pasado otra vez, una vez más, en estos días de paréntesis que me he tomado para perderme, incomunicado, en lo más profundo de la Toscana italiana. He pagado por la bici en autobuses y aviones, lo cual no les ha impedido a unos mirarme como sospechoso y a otros perdérmela y maltratarla.

Pero no nos damos por vencidos. Seguimos reincidiendo, desoyendo a nuestro propio fuero interno y a las recomendaciones de nuestros allegados que tratan de disuadirnos sin éxito.

¿Por qué sera?

lunes, 8 de julio de 2013

El mayor problema para viajar en bici es...

El transporte hasta el inicio y desde el final de nuestro viaje. Recuerdo como si fuera ayer, sobre todo cuando vienen estos días calurosos, que cuando éramos chavales (de eso hace ya unas décadas) la única oportunidad que teníamos para practicar el cicloturismo era agarrar nuestras bicicletas, cargarlas en la misma puerta de nuestra casa y salir desde ahí hasta donde nos aguantaran las fuerzas y nos diera tiempo. Y luego volver. Recuerdo que marcábamos en un gran mapa las rutas que íbamos “conquistando” a golpe de pedal y recuerdo cómo se fue configurando una flor con pétalos multicolores, los que representaban a otros tantos bucles grandes o pequeños que invariablemente nacían y morían en nuestra ciudad.

Con el paso del tiempo, la cosa fue mejorando. Primero, aprovechando las vacaciones de nuestros familiares en lugares más o menos desplazados, lo cual nos permitía hacer travesías más o menos largas, luego, haciéndonos acompañar por conductores desinteresados que nos posibilitaban la itinerancia y nos acomodaban el campamento, los hubo incluso que nos proveían de avituallamiento. Cuando hubimos completado las rutas a nuestro alcance (aunque nunca se acaben de completar), empezamos a desplazarnos, en coche, a otros emplazamientos y volvimos a repetir los pasos anteriores, primero bucles y luego también travesías.

Buses, trenes y aviones

La mayoría de edad y el verdadero calvario no lo conocimos hasta que no nos propusimos dar saltos más importantes en el mapa que conllevaban, necesariamente, tener que tomar largos trenes o vuelos. Fue entonces cuando descubrimos que la práctica del cicloturismo se puede convertir en un verdadero infierno. Largas peregrinaciones con grandes bolsas y cajas a cuestas, interminables negociaciones por las tasas abusivas que nos querían cobrar por nuestras bicis, disgustos tremendos al comprobar cómo trataban a nuestras queridísimas bicicletas, averías provocadas por dicho maltrato… el precio a pagar por disfrutar de unos días, unas semanas o unos meses pedaleando por lugares recónditos era muy caro.


Tantos fueron los inconvenientes, que, al final, cada vez que nos proponíamos un destino, una de las cosas que más nos disuadía era precisamente eso: la penitencia antes y después del viaje. Hasta que descubrimos dos cosas: la logística y la proximidad.

O proximidad y logística

Cuando te has ido a la otra punta del mundo para andar en bici lo que descubres es que las sensaciones a diezmil kilómetros no son muy diferentes a las que puedes experimentar a pocos kilómetros de tu casa. La emoción, la incertidumbre, la intensidad dependen más de la predisposición y de la actitud que de la distancia del destino. Lo único que las diferencia es la cultura de las gentes que habitan esos lugares. Por eso, muchas veces, tratando de buscar grandes experiencias remotas nos perdemos los tesoros que tenemos al alcance de la mano.

Pero si lo que buscamos es una mayor comodidad en los tránsitos, a lo que tenemos que recurrir es a simplificar nuestra logística. Claro que tendremos que pagar algo por ello, pero muchas veces nos va a compensar no tener que viajar arrastrando nuestras monturas por estaciones y aeropuertos. Podemos enviar nuestra bicicleta, podemos alquilar una bicicleta en destino o podemos mandar a recogerla cuando acabemos nuestra ruta. Esto nos aliviará mucho los ya de por sí cansinos pasos por áreas de espera, ventanillas, colas de embarque y puestos fronterizos.

Si es en nuestro entorno inmediato, hay múltiples empresas que nos pueden prestar estos servicios. Si necesitamos poner nuestra bici en otro lugar, hay también quienes se han especializado en el tema a unos precios realmente razonables. Pero nunca hay que desestimar la posibilidad de alquilar bici y equipajes en el destino, siempre que quien nos lo provea demuestre solvencia y calidad. Nosotros ahora usamos esta y disfrutamos como enanos.

martes, 25 de junio de 2013

Viajar con niños en bicicleta

Pequeños y bicicletas no sólo son compatibles, son una aventura digna de experimentarse si se tiene la oportunidad. Más si los pequeños son los tuyos. Es una manera excepcional de redescubrir las relaciones personales, tan viciadas y tan condicionadas en otros muchos momentos. De viaje en bici la relación es mucho más fuerte, es de pura camaradería, de compañerismo, de dependencia, de solidaridad y de comprensión del más débil. Y eso, yendo con menores es siempre mucho más acusado.

Pero además es una oportunidad de aprender una forma de viajar que implica necesariamente aprender a valorar el camino mucho más que la meta y eso a muchos menores, acostumbrados a ser llevados de un lado a otro como ganado, les cuesta mucho comprender y a sus mayores a veces mucho más. El "¿cuánto falta?" debe reformularse en "mira qué chulo" o "fíjate en eso". Cuando tienes todo el día para llegar, lo que menos vale es la llegada, porque hay que disfrutar todo el día y es entonces cuando el camino cobra relevancia e interés.


Por eso hay que procurar que haya alicientes durante toda la jornada: una parada en una fuente, un avituallamiento improvisado, un lugar de recreo a medio camino, la hora de comer, la sobremesa, un río o una piscina, una consulta en el mapa, en el móvil o en el GPS, todo debe ser motivo para despertar el interés de los menores hacia cosas y actividades que normalmente no se hacen.

Y la improvisación. Ese tesoro tan despreciado y tan olvidado en la sociedad de la información y de la planificación excesiva. La improvisación, el cambio de planes, la forma de afrontar y superar las pequeñas incidencias inevitables y casi deseables, es, sin duda, uno de los mayores alicientes y uno de los mejores descubrimientos en un viaje. Debe serlo. Mejor que los grandes hitos y las atracciones. Y es uno de los mejores aprendizajes cuando se está descubriendo "la vida de los mayores".

Viajar con niños es, pues, más intenso y muchas veces muy exigente, pero es una oportunidad de oro para comprobar sobre el terreno que la vida, la que sucede ahí fuera, esa que es tan atractiva como incontrolable, es la mejor escuela para nuestros menores y un viaje en bicicleta incrementa la vivencia increíblemente convirtiéndose en una escuela también para los mayores. Y en una cura de humildad.

Un saludo desde la ruta. Dos, otro de mi compañero de aventuras.

domingo, 23 de junio de 2013

Biajar con b... de bici

Nefasto. Así se ha presentado el tiempo durante toda esta primavera. La bicicleta, con tanta agua y digamos lo que digamos los puristas que promulgamos que la lluvia no representa un inconveniente, no resulta tan cómoda ni tan atractiva. El buen tiempo hace mucho para animar a la gente a optar por la bici. Y se ha hecho de rogar mucho este año.

Pero ha llegado justo en el momento preciso: con las vacaciones. Las de los estudiantes, me refiero. Esta es la primera semana lejos de las aulas (sin "j") y en la calle se respira otro ambiente, con toda la chavalería. Es el momento de proponer planes: excursiones, campamentos, estancias, retoce o viajes con mayúsculas.

En nuestro caso, los viajes con mayúsculas se escriben con b, de bicicleta, por supuesto.

biajar con b 

  1. intr. Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por el medio de locomoción más agradable, la bici
  2. Recorrer un medio de transporte una distancia a pedales
  3. Ser transportada una mercancía por una bicicleta
  4. col. Estar bajo los efectos de un alucinógeno:


Biajar en bicicleta es una manera incomparable de recorrer un territorio, de visitarlo, de conocerlo, de sentirlo. Muchas veces hemos hecho referencia a eso, y, sin embargo, nunca es suficiente. Porque es un lujo al alcance de cualquiera y a la medida de cada cual.

Biajar en bicicleta permite avanzar sin perderse detalle, respirar el aire, conocer los rincones, pararte en cualquier sitio, valorar las pequeñas cosas, esas que pasan desapercibidas cuando se viaja en cabinas aisladas.

Biajar en bicicleta reduce la ansiedad por alcanzar el destino porque el destino no es el único objetivo y muchas veces no es el más importante, porque el placer reside en el itinerario, en la traslación, en el camino.

Biajar en bicicleta, en definitiva, es una forma de vivir el viaje realmente intensa, personal e irrepetible.

Nos vemos en el camino, con minúsculas.

domingo, 12 de agosto de 2012

La esencia del cicloturista

Recuerdo en mis tiempos de viajero hiperactivo en bicicleta que estábamos empeñados en marcar una frontera infranqueable que separaba al viajero del turista y que, básicamente, los diferenciaba por su actitud cuando visitaban países que no eran el suyo. Así el viajero era una persona que trataba de descubrir la parte auténtica de la ruta que había elegido, diseñada por ella misma, de acuerdo con unos objetivos y unos intereses casi personales, mientras que el turista era un mero consumidor de productos dirigidos por toda una industria montada para atraer visitantes y con productos terminados, normalmente masivos y masificados, normalmente comercializados dentro de paquetes con toda una mercadotecnia alrededor.

Según esta división el turista era una víctima, una presa de un mercado interesado, mientras que el viajero era el protagonista de su propio viaje. El turista debía cumplir y comprobar toda una serie de hitos y expectativas que le eran dadas y el viajero dependía sólo de su capacidad de investigar, improvisar y maravillarse por las pequeñas cosas, por los detalles, por las personas y los parajes tal y como eran, sin espectáculo y sin marketing alrededor.

El tiempo pasa y la experiencia te enseña que nada es puro, como nada está totalmente contaminado, que en todos los sitios hay cosas auténticas y que la propia mercadotecnia turística es una realidad en sí misma, digna de conocerse y descubrirse, con sus ambientes, su encanto y sus protagonistas, basta con tener las ganas de verlas así y de disfrutarlas.


Así, cuando hablemos de cicloturismo, tratemos de poner el acento en la actitud, más que en el producto. Porque no se puede esperar eternamente, a semejanza de lo que ocurre con los carriles bici, a que una ruta esté perfectamente diseñada, señalizada y aparejada y conveniente segregada para catalogarla como cicloturista. Ejemplos: el Danubio, el Canal del Midi o el Camino de Santiago (salvando las distancias).

La esencia del cicloturismo debe radicar en el propio protagonista y en su capacidad de descubrir, improvisar, interactuar y maravillarse.  Sólo así seremos capaces de promocionar y proteger esta variedad de viaje que no es comparable con ninguna otra, y, con ella, el encanto de las carreteras secundarias, de las pistas locales, de los pueblos olvidados, de los lugares "vírgenes"... y de aquellos que no lo son. Y eso no depende del tipo de bicicleta, de la calidad de los accesorios, de si se viaja con alforjas o no... esas son cuestiones menores, aunque pueden condicionar tu forma de viajar de manera determinante.


Salud, pedales y a descubrir mundo.

lunes, 16 de enero de 2012

Cicloturismo urbano

Una Brompton, dos cámaras de fotos, una de video, algo de ropa, unos billetes de transporte colectivo y unas reservas en unos cuantos hoteles baratos, es suficiente equipaje para proponerse una semana de cicloturismo que, en invierno y con las temperaturas que hay que afrontar, mejor proponérselo de visita de unas cuantas ciudades en las que el sol da mejores resultados que en la tuya. Eso y unos cuantos amigos y amigas que visitar, que es más un privilegio que una condición.


Una semana da tiempo para ver mucho. Demasiado. Aunque no da tiempo de digerirlo. La visión directa de la realidad es lo que tiene, que es difícil de conceptualizar, de relativizar, de encasillar. Es una vivencia y, como tal, requiere un cierto tiempo de digestión antes de tratar de interpretarla, de expresar algo sobre ella.

Es algo realmente nuevo para mi, pese a que muchas veces he practicado la intermodalidad en muchas de mis visitas, con resultados inmejorables. Cuando vas porque te da la gana, sin más objetivos que dar una vuelta, visitar, ver, pasear, mantener unas cuantas conversaciones jugosas y catar unos cuantos platos sabrosos, la cosa cambia. Para mejor.

Es un verdadero lujo. Una verdadera comodidad. Presentarse en el centro de una ciudad con una bicicleta desplegable en la mano que es capaz de moverte con soltura, con agilidad por sus calles, visitando sus rincones, acudiendo a las citas, interactuando con sus habitantes. Es un privilegio que está al alcance de cualquiera pero que sólo unos pocos practicamos, no acabo de entender muy bien por qué.

El caso es que he estado una semana visitando algunas capitales mediterráneas y las impresiones han sido inmejorables. Con sus cosas y sus casos, con sus peros y sus temas pendientes, pero siempre es un descubrimiento ver en directo la realidad en comparación a retransmitirla y hablar con algunos de los protagonistas de la misma. En primera persona.

Un placer. Un lujo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Este tipo es un payaso

Bromas aparte, este tipo es realmente un payaso y, además de eso, es uno de los grandes cicloviajeros que actualmente rulan por el mundo. Alvaro Neil es Biciclown, el "Ciclopayaso". Todo un personaje, toda una persona, toda una vida dedicada a andar en bici y conquistar mundos, personas, a base de risas, de sonrisas. Sus muecas, sus chistes, sus invenciones, sus salidas, su forma de ver la realidad, distorsionada por su kaleidoscopio de humor, aumentada por la intensidad de la itinerancia en bicicleta, en su bicicleta, que es a la vez su compañera, su vehículo y su casa.

Biciclown es un tipo que bien merece un homenaje. Y en Pamplona se lo vamos a dar. El próximo sábado 19 de Noviembre a las 19:00 horas en el Salón Audivisión 1 del Colegio Salesianos en la calle Aralar 7 se va a proyectar su documental "La Sonrisa del Nómada", justo cuando se cumplen 10 años desde que Alvaro comenzó su aventura de unir sonrisas y cicloturismo. Toda una oportunidad para reunirse alrededor de una de esas historias personales irrepetibles, singulares, simpáticas y además originales.

Además de poder ver el audiovisual, sus amigos se han puesto en contacto con él, que les ha confirmado que estará disponible para mantener una cita en directo gracias a la cibertecnología y estará encantado de dialogar con nosotros.

¡Estáis invitados!

A modo de aperitivo...

viernes, 29 de abril de 2011

Un día como hoy... hace 20 años

Hoy toca efemérides. Yo, que soy de memoria frágil y selectiva no puedo tener en cuenta las fechas. Por eso me resulta tan sorprendente que la gente que me rodea se acuerde de las cosas con precisión, con todo lujo de detalles.

- ¿Sabes qué hacías tú un día como hoy hace 20 años?

El que me lo ha preguntado hoy, a media mañana, es un viejo compañero de aventuras.

- No sé ¿estaríamos metidos en algún marrón?
- ¡Exacto! El 27 de Abril de 1.991 estábamos en la Estancia Laguna Amarga a pocos kilómetros del Paine.


No he podido dar crédito. ¿20 años? ¡No puede ser! He esperado a llegar a casa y he corrido a revisar el cuaderno de bitácora de aquel periplo, el primer gran viaje en bicicleta en el que nos embarcamos.

Efectivamente. Recojo el artículo de aquel día, que se me antoja especialmente lejano visto en perspectiva.

La vida en una estancia... fuera de temporada

(aunque no sé si mi corta experiencia me da permiso y categoría para tratar un tema de semejante envergadura)

Esta última semana nos ha tocado visitar varias estancias. Algunas las hemos buscado, otras simplemente han salido a nuestro paso. En unas nos han invitado sin siquiera pedirlo, en otras casi hemos tenido que suplicar que nos atiendan. En unas el trato ha sido familiar, en otras, para cuando nos han dirigido la palabra, la sensación de intrusión se había hecho demasiado evidente.


En estos meses de otoño, prácticamente no hay trabajo. Juntar algun rebañito, marcar el ganado, esquilar la cara al ovino, carnear para consumo, cargar cuero para vender, separar ganado para vender lo mismo, pero poca cosa. Alambrar, también.

No hay demasiado personal en las estancias, varios de los barracones o casetas en las más grandes están vacías. Hay los trabajadores mínimos para mantener la estancia. Así que los "viejos" se dedican a hacer estas labores y a esperar a la llamada del cocinero:
  • 1ª llamada: Desayuno.- A las 8 en Argentina, 7 u 8 en Chile. Se desayuna té o café con pan o pan frito, dependiendo de las existencias.
  • 2ª llamada: Almuerzo.- Se almuerza temprano, 12 ó 12:30. La comida suele ser invariablemente: sopa de carne con pasta, asado con papas, fideos, ensalada, arroz, lentejas, porotos, té, pan... Se puede repetir de todo y muchas veces, hay que hacerlo por insistencia de los comensales. Por supuesto, siendo un viajero en bicicleta, viene bien darse buenos atracones en previsión de tiempos peores. Tanto la sopa como el asado se pueden condimentar con ají chileno, como con peoré, que le dan un sabor muy particular a la comida. Condimentos muy populares por acá son la pimienta y el orégano, que se emplean en cantidades industriales. Igualmente, algunos cocineros usan laurel.
  • 3ª llamada (no siempre): Té.- A media tarde hay otro receso a la hora del té. Un tecito o cafecito con pan... y de nuevo al "laburo".
  • 4ª llamada: Cena.- A eso de las 8 de la noche. De mismas características que la comida. Se cena abundante.
  • El mate, se puede tomar a cualquier hora: nada más despertarse, antes de comer, después de comer, antes de cenar, después de cenar... Es típicamente argentino, aunque en Chile se toma lo mismo y la misma yerba argentina sale más barata al otro lado de la frontera. Paradojas de la economía argentina.
  • Aparte: Churrasqueo.- A veces con el desayuno, otras a media mañana. Carne asada. Ya se sabe, la carne, en las estancias, a cualquier hora.

Conversación, bromas y radio: tres ingredientes de la vida cotidiana de los gauchos, que, a pesar de la dureza de su trabajo, hacen gala de un envidiable sentido del humor y no son tan malhablados como uno pudiera imaginarse (no se por qué). Dura vida la del gaucho y mal pagada. Cobran realmente una miseria para lo duro que es el trabajo, aunque tienen la manutención pagada y su condición de internado les impide hacer gastos fuera de los pocos fines de semana que se acercan a la ciudad. Son gente sencilla, muchos de ellos chilenos en Argentina, por el argentino es vago por naturaleza. No se quejan demasiado, aunque siempre están dispuestos a cambiar de patrón si el sueldo es mejor.

Fotos: Vincenzo Mazza

lunes, 25 de abril de 2011

Hoy he visto un corzo mientras andaba en bici

No es la primera vez. De hecho es algo relativamente habitual en el territorio donde he estado pasando estos días desconectando. Corzos, zorros, ardillas, jabalíes, tejones y otros animales menores. El contacto visual con el corzo (era corza) ha durado apenas 6 segundos, hasta que ha decidido que era suficiente y ha cruzado alegremente la carretera.



Esto, que en sí mismo no es ninguna noticia, ni siquiera para mi, hoy ha cobrado un sentido especial. O así al menos he querido interpretarlo. Quizá obnubilado por un estado de exaltación provocado por la combinación del bombeo acelerado de la sangre, la falta de ventilación propia del esfuerzo físico, la mezcla de adrenalina y endorfinas, el sol y el aire fresco mezclado con unas chispas que se le escapaban a un cielo brillante, el olor de los pinos y los bojes, una carretera secundaria... me he emocionado.

Hace tiempo que no me pasaba y creo que ha sido esa la causa principal de mi emoción. Toda esa colección de sensaciones conocidas, agradables e intensas me han impresionado. Creo que ha sido una especie de reconciliación con los elementos, una confabulación con la naturaleza. O quizá no. Yo quiero creer que sí.

Y me he vuelto a sentir bien, una especie de plenitud me ha envuelto, un pequeño escalofrío me ha recorrido, y me he vuelto a dar cuenta, como lo llevo haciendo más de 30 años, que soy un auténtico privilegiado y eso me ha reconfortado. Y he vuelto a darle gracias a mi padre por inculcarme esta afición, esta elección, este lujo.