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viernes, 23 de diciembre de 2016

Ciclocarriles, ciclocalles, zonas pacificadas y ciclistas noveles

Hay una corriente en esto de favorecer la circulación de las bicicletas de una manera natural y sin mayor infraestructura que la de la calle, que parece que fuera contraria a la implementación de espacios exclusivos para las bicis: es la de señalizar un carril o la calle completa con una señal horizontal de una bicicleta, para mostrar que en esa calle la circulación ciclista debe producirse preferentemente por el centro de ese carril. Algo que contraviene al actual y obsoleto Reglamento de Circulación y a muchas Ordenanzas Municipales de Tráfico que siguen las pautas de esa norma de rango superior.


Eso, que recibe varios nombres pero que no deja de ser una información para los usuarios de la calle, es lo que se está haciendo en muchas ciudades en calles secundarias con un carril por dirección, a la vez que se limita la velocidad a 30 kms/hora y en alguna más arrojada incluso en carriles exteriores o contiguos a la izquierda del carril bus en vías de varios carriles.


La efectividad de esta medida, si no va acompañada, para empezar, de una ordenanza que la defienda y, después, de una campaña de información suficiente a la ciudadanía, no deja de ser un intento bienaventurado de invitar a la gente a que use la bicicleta por la calzada de forma digna y segura y suele tener resultados muy limitados. La experiencia y la connivencia policial y ciudadana, lo que revelan es que, salvo excepciones, la gente que no circulaba de esa manera hace caso omiso de la recomendación.

Incluso en el caso de estar acompañadas de normativa local, campañas concienciadoras y vigilancia policial, este tipo de facilidades hacen que recaiga toda la responsabilidad en la persona que conduce la bicicleta y, cuando ésta no es lo suficientemente experta para desenvolverse con seguridad en el tráfico, hace que se obvien y se sigan percibiendo como inseguras. Aunque no lo sean. Aunque sean mucho más seguras que los carriles bici, sobre todo los bidireccionales, y mucho más seguras y más respetuosas que circular por las aceras.


Realmente las ciclocalles no deberían existir y bastaría con limitar la velocidad a 30 o a 20, pero está claro que hace falta recordar a la gente cómo y por dónde deben circular las bicicletas y qué derechos y obligaciones tienen. Si ya de paso les damos el consejo de los consejos que es el de que circulen por el centro del carril y que se hagan visibles y señalicen sus maniobras, pues habremos conseguido eso que a algunos les parece tan difícil, que es que las bicicletas actúen como vehículos que son, al menos en las calles sencillas y tranquilas.


¿Por qué sólo en las calles sencillas y tranquilas? Porque hemos permitido o fomentado que la gente coja sus bicicletas de manera masiva sin antes apercibirles de las condiciones que tenía hacerlo y hemos consentido que trasgredan las normas más básicas de su circulación e invadan las aceras, sobre todo implementándoles aceras bici y otras calamidades y ahora esa gente no quiere bajarse a la calzada así como así. Y demandan carriles bici que las mantengan alejadas del tráfico. Así que habrá que ir demostrándoles que esto es seguro y fácil en calles tranquilas.


Es claro que la tarea es ardua y que los resultados van a costar en consolidar, pero parece que la única manera de hacerlo es combinando medidas integradoras y segregadoras, siempre atendiendo a unos criterios y a unas condiciones objetivas que garanticen la calidad de dichas medidas y acompañándolas de campañas suficientes.

Y eso pasa, para empezar, por auditar todas las infraestructuras realizadas hasta la fecha, para desmantelar o replantear la cantidad ingente de chapuzas que se han hecho y sólo validar las que cumplan esos criterios y condiciones objetivas.

jueves, 13 de octubre de 2016

Hay vida más allá del carril bici

Estamos inmersos, continuamos inmersos en el eterno debate de si la bici merece o necesita un espacio exclusivo para circular en nuestras ciudades que no sean las aceras y nos afanamos mucho más en discutirlo que en tratar de circular. Somos incorregibles. Nos gusta discutir. Y si es mucho, mejor.

Parece que separar y dedicar espacios es lo que más seguridad vende, al menos entre la gente que no muestra confianza en el manejo de esa máquina del demonio que es la bicicleta. Es difícil, si no imposible, explicar a un creyente del carril bici que esa separación le hace más vulnerable en las intersecciones e incorporaciones, que permite que los automóviles le sobrepasen más cerca o que le hace seguir itinerarios más largos que si circulara como un vehículo cualquiera.

Esta percepción mayoritaria entre los nuevos adeptos a pedalear sobre dos ruedas es la que anima a las autoridades que pretenden tener una sensibilidad hacia ellos a proyectar carriles separados y exclusivos para bicicletas, sobre todo en las grandes vías de sus ciudades. Tiene su lógica, no vamos a negarlo. Si la gente lo quiere, se lo hacemos. Y todos contentos. Para comprobarlo y justificarlo, basta con hacer una simple encuesta para calmar las conciencias demagógicas.

Y, sin embargo, la inmensa mayoría de nuestras calles no son grandes vías y en ellas la segregación de la circulación ciclista no se puede hacer, sobre todo porque carece de sentido y de espacio disponible. En esas calles que tienen un carril por dirección y en las que, normalmente, está permitido aparcar, la circulación ciclista es segura si se ocupa el centro del carril y se presta atención a las intersecciones. En las demás calles, también lo es, pero en estas es doblemente evidente.


6 razones para circular por el centro del carril

La circulación ciclista por el centro del carril, una práctica que enerva mucho a algunos automovilistas insensatos, es la forma más segura de circular con una bici. Por varios motivos:
  1. Formas parte del tráfico. Eres evidente para el resto de los vehículos. Eres visible y, si señalizas tus maniobras, eres previsible. Así te pueden tener en cuenta, a menos que des con el energúmeno de turno, al que reconocerás por el sonido de su motor o de su bocina, por su mirada huidiza cuando intentes establecer contacto visual con él o por su actitud intimidatoria en los stops, cedas o rotondas. Bastará con evitar la interacción con ellos, que son una minoría insultante, y lo habrás conseguido.
  2. Evitas los sustos de ir por el margen del carril. Apertura de puertas, personas que salen de repente entre dos coches, detrás de un contenedor o que emergen en pasos de cebra al trote o al galope.
  3. Calmas el tráfico. Con lo cual haces un favor al resto de la comunidad. Al ocupar un carril, haces que la velocidad en ese espacio sea la que tú marcas. Ya te darás cuenta de que no vas tan lento como la persona que te siga al volante pretende, porque coincidirás con los mismos vehículos en tu marcha. No sólo les estarás haciendo un favor a los peatones, que podrán cruzar más tranquilos las calles, harás un favor a los propios automovilistas, muchos de los cuales seguro que están buscando un sitio para aparcar y a tu velocidad les va a resultar más sencillo.
  4. Haces masa crítica. Montando con tu bicicleta por el centro del carril recuerdas a todo el mundo, no sólo que tienes el mismo derecho de circular que cualquier otro vehículo, sino que estás ahí para que te vean, para que te tengan en cuenta, para que te respeten. Cuantas más personas hagan lo mismo que tú, las bicicletas serán más normales en el centro de las calles y menos automovilistas se arrogarán la exclusividad de la calzada o se verán animados a invitarte a que te apartes.
  5. Podrás decidir tu itinerario. Esta es la principal ventaja, además de la seguridad. Cuando tu capacidad de circular no depende de la existencia o no de una plataforma exclusiva o de la ausencia total de tráfico descubrirás que eres libre de elegir tu ruta para tu próximo destino con total libertad.
  6. Llegarás antes. Porque decidirás tu itinerario y porque estas calles, salvo que crucen grandes vías, carecen de semáforos y no hay que ir a buscarlas, porque son la mayoría.

Ahora, si quieres, sigue reclamando carriles bici o aceras bici, o circula por las aceras molestando a todo el mundo. Ya sabes lo que te pierdes. 

Ahora, queridas autoridades competentes en la materia, podéis seguir proyectando grandes actuaciones en el viario, de costes astronómicos y podéis seguir dejando a su merced a los bienaventurados que utilicen vuestras infraestructuras ciclistoides en cruces, incorporaciones y rotondas y sintiéndose indefensos en el tráfico y luego lamentaros del resultado. O, mejor que eso, podéis contar cuántas personas circulan antes de vuestra intervención por esas vías y luego contarlas después y elevar el resultado a números absolutos y quedaros tan contentos pensando que gracias a vuestras actuaciones habéis hecho que crezca exponencialmente el número de ciclistas en vuestra ciudad. Si lo hacéis un día de sol en primavera, os saldrá mejor. 

Seguir ignorando qué pasa en el 85 o el 90% de las calles de nuestra ciudad, que son las que no cuentan y nunca contarán con carriles bici, es un ejercicio de irresponsabilidad tan grande como pensar que la gente que se decide a coger una bici y circula por una acera o por un carril bici ha dejado un coche aparcado. No mostrar cómo se debe circular en ellas y adiestrar a nuestra población en ello mientras se vende seguridad en carriles exclusivos tan escasos como cuestionables, es, más que irresponsable, siniestro.

Suerte. La vais a necesitar.

domingo, 4 de octubre de 2015

Ciclistas por la calzada ¿carne de cañón?

Las bicis no encuentran su sitio en las ciudades que hemos heredado después de haberlas puesto a disposición de los coches durante décadas. No encuentran su sitio aunque sepan que su lugar natural es la calzada. Y no lo encuentran porque mucha gente se ha empeñado en hacernos ver que la calzada es prácticamente un suicidio para los que se lo propongan a bordo de una bici. Nada avala esta teoría, ningún dato, ninguna estadística, ningún estudio y, sin embargo, es una opinión que se ha hecho mayoritaria en la última década y que se ha asumido como un lugar común muy recurrido cuando tratamos el tema de la reinserción de la bicicleta como medio de transporte deseable.


No. La calzada no es especialmente peligrosa para los ciclistas. De hecho, es el lugar más seguro por donde circular. Ahora bien, hay que reconocer que puede resultar un lugar incómodo y hasta molesto, precisamente porque se ha adaptado de tal manera al tráfico motorizado que las bicicletas quedan marginadas y muchas veces despotenciadas. Esto ocurre especialmente en las grandes arterias y en las circunvalaciones, donde las vías sólo contemplan a los automóviles y todos los demás se las tienen que apañar porque están, a priori, excluidos.

En este escenario y teniendo en cuenta que todas las personas que se incorporan a la utilización de la bicicleta son, por lo general, torpes y miedosas hay quienes defienden que hay que ofrecer programas de educación vial para que los ciclistas noveles se hagan con las habilidades básicas para lidiar en el tráfico. Sin embargo, dichos programas son por definición minoritarios y, aunque sus promotores demuestran que son eficaces, no logran cambiar las tendencias mayoritarias que llevan a los usuarios a circular por las aceras.

Desde este blog siempre hemos defendido la necesidad de no perder el derecho y la obligación de circular por la calzada porque la inmensa mayoría de las calles son perfectamente ciclables con sólo contar con la actitud adecuada para hacerlo y la masa crítica es el mejor argumento para conseguir el respeto debido, la visibilidad y la atención deseables.


No obstante, somos igualmente conscientes de que es imperioso cambiar la lógica dominante en nuestras calles para convertirlas en espacios más amables para ser compartidos por las personas y para ello hay que cambiar su fisonomía, su ordenación y su finalidad principal. Lo que hoy en día son calles donde lo más importante es la circulación hay que trabajar para que pasen a ser calles donde está permitido circular respetando siempre al más débil y en primera instancia a las personas que están en la calle (los mal llamados peatones).

Si no se hace es una pretensión pensar que, tal como están las cosas, va a haber gente que opte por la bicicleta, simplemente porque seguirá siendo una opción marginada en un mundo dual: o en vehículo motorizado o a pie.

La tercera vía, la de la segregación necesaria e imprescindible de los ciclistas de toda circulación, si no es de manera excepcional y debidamente justificada, es la que sirve para consolidar el orden establecido y garantizar la exclusividad de la calzada para los automóviles y la exclusión sobreentendida allá donde esa segregación termine, con la consecuente, consabida y consentida invasión de las aceras.

Si no somos capaces de apostar por la calle compartida, por la educación de los automovilistas en el respeto estricto a los más débiles, por la recuperación de los espacios públicos para la convivencia, sólo estaremos parcheando y perpetuando la violencia vial y la tiranía de los automóviles.



lunes, 13 de abril de 2015

El ciclista valiente no es conveniente

Seguimos aquejando un mal endémico en las sociedades donde los coches siguen ostentando el dominio de la calle en la que queremos reintroducir la bicicleta: el mal del ciclista valiente. El ciclista valiente es esa persona aguerrida que se enfrenta al tráfico en su condición de vehículo, asumiendo las diferencias con dignidad, carácter y actitud. Sabe perfectamente que ese tráfico al que dice pertenecer está organizado a favor de los coches o, más en general, de los vehículos motorizados, pero insiste en confluir con ellos y de hecho cree comportarse como ellos, aunque ni lo consigue por volúmen, peso, aceleración y velocidad, ni ellos le reconocen como un igual y actúan en consecuencia, menospreciándolo.


Esto que muchos lo han interiorizado como normal, e incluso deseable, no deja de ser una señal clara de que hemos consentido que esto pase durante demasiado tiempo, tanto que no creemos que se pueda cambiar y, entonces, no queremos cambiarlo.

El ciclista valiente es un elemento que es igual de contraproducente en muchos casos para la proposición de un ordenamiento diferente (más protectivo y más inclusivo) que el ingeniero que regula el tráfico y que cree que todo se puede resolver con semaforizaciones inteligentes, turborrotondas y carriles dedicados.


Está claro que hay que educar a toda la gente, desde el colegio y desde el entorno familiar, en que la calle es de todos y que las bicicletas tienen el mismo derecho, aunque deberían tener más, de circular por ellas libremente y con seguridad, ocupando el espacio que precisen para hacerlo y exigiendo un respeto a los demás, el mismo que es exigible a ellas, pero en una sociedad en la que el coche sigue representando tanto con esto no es suficiente.

Porque a lo que hay que dedicar mayor esfuerzo educativo, empezando desde la más tierna infancia, es a que la lógica del coche tiene que ser desmontada en favor de la lógica de las personas y que, mientras esto no se produzca, todos seremos víctimas de una ordenación urbana que no busca más que saciar la avidez de espacio y de velocidad de los coches y sus sucedáneos. Ahora bien, habrá qué determinar cómo se hace esto.


Porque el ciclista valiente no va a ser capaz de acabar con los gigantes por su mera presencia o por su testarudez y lo peor es que parece que no vaya a colaborar mucho desde su perspectiva a reducir el número de gigantes. De hecho, esta visión caballeresca y casi beligerante no va a ayudar a cambiar este orden de cosas sino, quizá, y sólo digo quiza, vaya a servir para consolidarla un poco más si cabe y para reforzar la idea de que los ciclistas pueden convivir sin problemas y pueden seguir sufriendo la tiranía de los coches en las ciudades.

Por cierto, yo soy uno de esos ciclistas valientes.

domingo, 8 de marzo de 2015

El camino de en medio

Hay varias maneras de ver una misma realidad y todas son válidas. Es fácil decirlo, pero mucho más difícil defenderlo. Sobre todo, cuando las tendencias dominantes empujan fuerte y tratan de imponer sus tesis desoyendo otras. En el impulso ciclista urbano pasa, igual que en otros campos donde hay alternativas.

Ya está más que recogida la tendencia dominante de demandar espacios marginales exclusivos como vía para promocionar el uso de la bicicleta de una manera cualitativa y cuantitativa definitiva. Pero ¿qué pasa con los que promulgan que también se puede conseguir ese mismo reconocimiento y crecimiento sin necesidad de construir infraestructuras específicas para los ciclistas? ¿Están locos?

Es difícil postular que haya una sola vía o que algo sea mejor en el complicado terreno de la adaptación de la calle a los distintos usos para los que se la requiere, pero lo que está claro es que descartar algo categóricamente sin haberlo siquiera probado es tan poco inteligente como lo contrario.


Está claro que proponer, a muchos ciclistas noveles o a cualquier persona que quiera proponérselo, circular utilizando todo un carril (o el único carril) en muchas calles es un reto que muchas personas no están dispuestas a afrontar, pero no es menos cierto que evitar este tipo de medidas sistemáticamente para lo único que sirve es para demostrar que los ciclistas no tienen sitio y por tanto derecho en la calzada, dejando el camino expedito sólo a los motorizados. Sobre todo si lo único que se hace para facilitar el tránsito ciclista es construir unas cuantas vías segregadas o pintar unas cuantas aceras con mayor o menor acierto.

¿A qué obedece entonces esta incapacidad general de hacer las cosas dignamente para los ciclistas?

Es fácil mirar a países donde la bicicleta es una opción exitosa, e incluso dominante, y tratar de reproducir sus sistemas, hasta que se plantean las actuaciones sobre el terreno y volvemos a los mismos postulados de siempre: que la ciudad consolidada es intocable, que no hay flujo suficiente, que lo necesito todo para el tráfico motorizado...

Quizá no somos conscientes que hay una cuestión de carácter cualitativo importante que nos diferencia a países como España, Italia o incluso Francia de otros como Holanda, Dinamarca, Bélgica o Suiza. Los primeros somos países donde la industria automovilistica se ha consolidado como un agente importante en la economía y en el consumo interior, cosa que en los segundos no pasa.

Aún así, esto no debería ser suficiente argumento, porque hay muchas zonas en uno de los paises de más marcado carácter automovilístico: Alemania. En muchas ciudades alemanas, el impulso de la bicicleta es realmente importante, y allí no les tiembla el pulso cuando se trata de dar facilidades a los ciclistas y de respetar sus derechos. ¿Por qué entonces no podemos proponerlo en estas latitudes con el mismo éxito?

Pues, simple y llanamente, porque aquí no es ni simple ni llano.


No es simple ni llano

No es simple porque nosotros, a diferencia de estas plazas, hemos perdido durante dos generaciones el hábito del uso de la bicicleta, quedando su uso reducido a unos pocos locos en la ciudad y a un montón de deportistas, durante varias décadas. Esto es crucial cuando se trata de proponer el uso de la bici como medio de transporte, porque todavía hay demasiada gente que lo interpreta como algo regresivo y lo asocia a la posguerra, a los tiempos difíciles, al subdesarrollo. Todavía no hemos podido compensar esa losa que supuso el franquismo, que utilizó estratégicamente el papel del automóvil como doble facilitador del progreso tanto desde la perspectiva industrial como desde la del consumo. La irrupción del "utilitario" acabó de enterrar a la bicicleta.

Y no es llano. Porque hay muy pocas ciudades entre las nuestras que cumplan un requisito importante para el concurso de las bicicletas fácil y cómodo que es no tener desniveles importantes. Tan sólo unas pocas ciudades cuentan con esa condición. En el resto, tratar de impulsar la bicicleta cuesta mucho más trabajo y esfuerzo, porque las cuestas representan el inconveniente más importante, después de las condiciones de preeminencia del tráfico motorizado, para disuadir a los usuarios potenciales de la bicicleta.

Sólo siendo conscientes de estos lastres monumentales podremos ser razonables en nuestros planteamientos pro-bici. Ignorándolos no conseguiremos más que desalentarnos en nuestra pelea. Y que no se interprete esto como un impedimento insalvable, sino más bien como un condicionante a tener en cuenta para trabajar de una manera más consecuente y largoplacista.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Diálogos ciclistas

Os reproduzco a continuación el diálogo que suscitó esta imagen de hiperrealidad cotidiana entre dos ciclistas en una red social, respecto a la situación que se vive en nuestras ciudades con las bicicletas y las actitudes aconsejadas para evitarlo, poniendo como ejemplo la circulación por la calzada del ciclista "cazado" por "el ojo que todo lo ve" en la tercera imagen.



- Va dejando hueco y ahí cualquier conductor que se acerque por detrás ya no ve el ciclista, ve el hueco y se pone a hacer complejas operaciones matemáticas que le anulan el raciocinio para saber si cabe o cuando puede rebasarle y perderle de vista, esto suele ocurrir en la próxima intersección o espacio vacío entre los coches aparcados en los que el ciclista hace una leve curva en la trazada y se desplaza 30 o 4o cm más a la derecha y entonces ya está el lío o el accidente... La culpa es del conductor del coche sin embargo es uno de esos casos en los que el ciclista puede participar activamente en mejorar su seguridad no cediendola al resto de los conductores (o peatones).

- Hay una cuarta opción: ¿Por qué los coches han de tener 3 carriles y las bicis ninguno...? Yo dejaría dos carriles para coches en dirección única y uno para ciclistas en doble dirección, mas las dos aceras para peatones. ¿Resultado? Todos contentos y más conductores de coche que se pasan a ciclistas. Y menos polución!

- Mejor, el carril que le quitamos a los coches se lo damos a los peatones, reducimos el volumen de coches y creamos un carril contra dirección (si es necesario) y el que queda que sea compartido entre coches y bicicletas..

- No entiendo porqué los peatones han de tener las dos aceras y un carril(?). Mi solución me parece más equitativa. Yo soy peatón, ciclista y conductor de coche. Cuando voy por la acera de peatón no quiero bicicletas. Cuando voy de ciclista, por mi carril bici, no quiero ni peatones ni coches. Cuando voy con el coche no quiero ni bicicletas ni peatones, por no ponerlos en peligro (si hay los respeto, pero mejor cada uno en su sitio!) No es más equitativo? ...

- Yo tampoco quiero coches, pero en las calles, no se trata de ser equitativos. El elemento principal a cuidar es el peatón. En nuestra cultura las aceras nunca son suficiente anchas y a las aceras de las fotos les vendría bien una ampliación. Los carriles de doble sentido para ciclistas son muy peligrosos, si es necesario un solo carril contra-dirección (y esperar que los ciclistas lo usen solo para ir contra dirección) y el espacio que queda lo puede compartir perfectamente el resto de vehículos, con las mismas reglas (con alguna excepción para dar prioridad a la bicicleta donde sea necesario sin que por eso se vea menoscabada la seguridad) y lo más sencillas posible huyendo del ruido que produce el exceso de señalización, normativo y de segregación, la ciudad acaba siendo más segura y más amable, bastante complejas son ya las calles con los tráficos peatonal y el transporte público segregados.

- La mezcla de bicicletas y vehículos a motor no la veo muy segura: si se produce un alcance, y en un tráfico denso de ciudad es inevitable, el ciclista siempre lleva la peor parte: su piel es su propia carrocería, no hay igualdad de oportunidades. Sin contar que, como estamos viendo estos días, no se respetan las distancias de 1,5 metros en los adelantamientos. Prefiero un carril bici, eso si, segregado de vehículos a motor y de los peatones, que son la parte débil frente a ciclistas y coches.

- Un carril-bici no te va a llevar de puerta a puerta, igual necesitas esto:
http://es.scribd.com/...


Manual de conducción de la bicicleta

- Ya, ... , pero cuantos más carriles bicis tengamos, (miremos a paises como Dinamarca, etc.), más gente se quitará el miedo y se apuntará a la bici. Si nosotros no presionamos, ¿quien si no lo hará ...? Gracias por la información, ...

- La mayoría de esa gente que se quitará de en medio serán peatones y usuarios del transporte público, también habría que preguntarse de donde viene ese miedo que ha propiciado que nos encasqueten el casco a la fuerza, porque donde se están pegando los ciclistas un buen número de hostiones es en los carriles bici y en las aceras. Y más carriles bici no nos acerca a Dinamarca, etc, tenemos como ejemplo Sevilla en España (que concentró el tráfico ciclista en unas pocas calles y también ha incrementado algo pero ha tocado techo), Frankfurt en Alemania (que a pesar de su interesante reparto modal tiene menos ciclistas que cuando sólo tenía cuatro tramos de carriles bici y muchos de sus ciclistas circulan por las aceras),... etc
Presionar en ese sentido está siendo más perjudicial que beneficioso, habría que presionar en otro sentido.

- Me estas hablando de países que ya tienen consolidada una "coexistencia pacífica" entre peatones, bicicletas y automóviles", como Berlin, donde casi no se precisan carriles bicis, pero me temo que en nuestro país los vehículos a motor y los peatones consideran a los ciclistas como unos "intrusos", como a un estorbo, a los que hay que adelantar cuanto antes o al que hay que echar fuera, lo que produce situaciones de peligro en el tránsito. De acuerdo que lo ideal sería que fuéramos a esta coexistencia pacífica, pero que esto costará tiempo y muertos y, mientras tanto, yo me apunto a los carriles bici, siempre claro que existan, y si no pediré que se construyan ... llámalo instinto de supervivencia, si quieres ...

- Haces bien en entrecomillarlo: "coexistencia pacífica" (entre peatones y ciclistas muy pacífica no es). Este año y el pasado no he tenido tiempo de estudiarme los datos de Berlin pero en 2011 con 10 ciclistas muertos, la mayoría relacionados con un carril bici, sea por atropello o porque en dos casos se estamparon contra una farola y un semáforo circulando por un carril-bici,... de todos modos yo no me refería a Berlín, y me tomaría con precaución que es lo que pretendemos para nuestras ciudades que parece que podemos convertirlas en Amsterdam o Copenhague pero en el mejor de los casos nos quedaremos como Frankfürt donde han convertido la circulación en bicicleta en un infierno. Y aquí tenemos a Valencia, que gracias a su política "en favor" de la bicicleta han conseguido un tráfico motorizado mucho más agresivo hacia los ciclistas que una ciudad como Madrid que tiene fama de ser el eje del mal en cuanto a la circulación ciclista, en la capital donde a pesar de que su volumen de tráfico puede ser abrumador y muchas de sus calles son un avispero se circula en bici mejor, si sabes comunicarte con el resto de los conductores, ser predecible y gestionar tu espacio, que otras ciudades con fama de pro-ciclistas que te mandan a la acera o te presionan para que abandones la calzada.

Y lo dejo aquí. No quería enfangarme en un intercambio de comentarios estéril que no nos lleva a ningún lado. Sólo pretendía puntualizar respecto al ejemplo de las fotos que no debemos dejar huecos que inviten a adelantarnos incorrectamente, saber gestionar correctamente nuestro espacio para que los adelantamientos que nos hagan sean seguros y que podemos participar activamente en nuestra propia seguridad. Veo diariamente a muchos ciclistas circulando por la calzada de forma que están invitando a ser adelantados mal, los automovilistas no deberían comportarse así pero es la realidad que nos toca vivir en este preciso instante e insisto, nosotros podemos hacer algo por cambiar esa situación sin esperar a que los demás nos lo resuelvan o a las intervenciones que hagan en nuestras ciudades quién sabe cuando.

- Yo también lo dejo. Creo que he expresado suficientemente claro que mi "instinto de supervivencia" me lleva a no intentar ser pedagógico y cambiar las tendencias de los conductores de vehículos a motor, y que solo aspiro a ir por mi carril donde los haya, sin meterme en las aceras de los peatones a ser posible, ni tener que lidiar con los imprevisibles coches en su terreno. Tenemos convicciones diferentes, la vida es así, pero tan amigos! ...

Por cierto, tengo mucho respeto por los peatones: un tio abuelo mío murió a los pocos dias de ser atropellado por un ciclista ...

- Te equivocas si crees que pretendo ser pedagógico con los conductores de vehículos a motor, y tampoco pretendo cambiar tendencias. Son personas que se han examinado de unas reglas y aunque en algunos casos no las siguen a rajatabla es fácil e instantaneo (y necesario si se quiere servir correctamente al instinto de conservación) condicionar su comportamiento que es lo contrario de circular pegado a la derecha, como dictan las ordenanzas de muchas ciudades. Hay una evidencia que se suele cumplir, "si te han adelantado demasiado cerca igual es porque circulas demasiado a la derecha"...

Un diálogo representativo del subdesarrollo en el que nos encontramos en los temas relacionados con la bicicleta. Resulta difícil imaginar este tipo de disputas tan concienzudas, tozudas y acaloradas en lugares donde la bici es normal, y no precisamente en Holanda o Dinamarca, sino en India, Japón o China. Seguimos siendo lamentablemente "ciclismiquis", seguimos siendo extraordinariamente ñoños y adoctrinadores, seguimos siendo preocupantemente intransigentes en nuestra marginalidad. Tenemos mucho por hacer. En fin, seguiremos trabajando.

viernes, 13 de julio de 2012

Pedalear a la sombra para ver la luz

La de hoy es una historia bonita. Una de esas historias que da gusto encontrarse de vez en cuando. Una de esas historias que ayuda a creer que la vida es una sucesión de momentos que se pueden mirar desde distintas ópticas y que siempre hay una forma de verla amable y positiva.

Nos llega desde Brasil, a través de un periódico argentino y rebotada por una gente que, en Valencia, también quieren aportar una visión crítica amable y divertida de los desmanes circulatorios que allí se suceden. Cuenta que hay una prisión brasileña que ha implantado un novedoso método de reducción de las penas gracias al cual si pedaleas para generar luz te compensan el esfuerzo a razón de un día de condena por cada tres días pedaleados.


Al programa se han apuntado, de momento, 8 reclusos que pedalean una media de 4 horas al día en unas bicis estáticas, recicladas y adaptadas para generar luz en los faroles del paseo del pueblo contiguo a la prisión por la noche. Realmente simbólico. Con ello, los reos, además de sentirse útiles, cuentan con un permiso de estar al aire "libre" unas cuantas horas más, se ponen en forma y tienen un objetivo: pedalear para acercar la meta de la libertad.


Historias de éstas deberían estar a la orden del día. Por descabelladas, por ilusionantes, por ingeniosas y por sanas. La ocurrencia es del juez local que, después de haber tenido noticia de que en un gimnasio se incentivaba a los clientes a hacer bicicleta estática a través de un programa que convertía su esfuerzo en luz, y contando con la comunidad local (bicis recogidas por la policia municipal, baterías de coche donadas y una pequeña aplicación de la ingeniería local) había formulado una propuesta innovadora y atractiva para la población reclusa.

Gracias a No se puede Valencia por la chivatazo.

jueves, 19 de abril de 2012

¿Qué son las "ciclocalles" y para qué sirven?

Hace tiempo que se inventó legalmente una fórmula que, basada en la teoría del bote de pintura que los activistas practican desde tiempos inmemoriales, define un espacio en la calzada en calles de un sentido y normalmente de velocidad limitada a 30 kms/hora que indica que los ciclistas circularán por ellas por el centro y de una manera prioritaria. Son las "ciclocalles" y cada vez nos las encontramos con más asiduidad en nuestras ciudades.


Esto que a primera vista pasaría por una sandez bienintencionada no deja de ser una herramienta adecuada para reeducar a los usuarios de dichas calles en la convivencia, para establecer prioridades dando preeminencia a la bicicleta y para reivindicar dicho privilegio.

Una medida sencilla y barata que, aunque costosa, lo es muchísimo menos que construir carriles bici imposibles, se puede hacer en la mayoría de las calles de una ciudad y sirve de recordatorio y de guía para todos esos energúmenos que creen que la calle es de ellos. Así pues, sirve también para educar en la necesidad de compartir el espacio público (que es finito y escaso) y para recordar que, en las nuevas ciudades más humanas, más sostenibles, más seguras y más tranquilas, necesitamos un tráfico más calmado, necesitamos entendernos de una manera pacífica, necesitamos aprender a convivir y necesitamos reconocer que hay modos que son bienvenidos en dicho orden y hay otros que no lo son tanto.


Dicho todo esto, parecería incontestable que en esa Ciudad 30 sobre la que parece que hay un principio de consenso entre los distintos agentes sociales encausados en el asunto de la movilidad a nivel estatal, las "ciclocalles" representarían la herramienta más valiosa y más eficiente para conseguirlo, y, sin embargo, podemos encontrarnos con detractores curiosamente entre muchos presuntos expertos en el tema (lamentable recuerdo el del Director provincial de Tráfico de Murcia en sus declaraciones ante la implantación de las primeras "ciclocalles" en dicha ciudad, por ejemplo).

¿A qué jugamos?

El debate sobre la reinclusión de la bicicleta en un escenario descabellado se sigue dilatando y enconando preocupante e inexplicablemente (o no tanto) y medidas tan sencillas como estas que dan solución a más del 70% de las calles de las ciudades no se quieren poner en juego. ¿No será que "el juego de la bici" ha sido un canto de sirena y una cortina verde que ha servido para despistar a unos cuantos incautos y ocultar el objetivo de seguir preservando el tráfico motorizado casi intacto? ¿Cuánto más vamos a seguir jugando al "Carril bici ya" en vez de al "Queremos ciudades amables"? ¿No nos damos cuenta que lo que está en juego realmente es la convivencia, la seguridad y la habitabilidad de las calles y que el tráfico motorizado segregado e impune no hace sino empeorar el asunto?

Seguiremos dando la tabarra lo que haga falta y seguiremos jugando en frontones impasibles y hablando a sordos cognitivos hasta que logremos abrir brechas de sensatez, de civilidad y de diálogo para que se restablezca el sentido común que nos devuelva las ciudades a las personas, ciudades donde las calles sean para vivirlas lo más amablemente posible, que no sean excluyentes, que no sean inseguras y que no fomenten la violencia.

martes, 8 de noviembre de 2011

Acción mutante

A veces, la mayoría de las veces, cuando tratamos de explicar las cosas generalizamos, categorizamos, segmentamos la realidad, exagerando, para tratar de explicarlas de una manera simplificada de forma que resulte más claro y contundente nuestro argumento y nuestra propuesta. Pero la realidad es compleja, mucho más compleja de lo que nos gustaría.

Nos gustaría, porque así lo explicamos, que la gente que eligiera una vez una cosa lo hiciera así de manera permanente. Eso simplificaría mucho las cosas para posicionarse y tomar las medidas oportunas para trabajar sobre estas decisiones tanto para fomentarlas, si ayudan a conseguir los objetivos que perseguimos, como para desincentivarlas, en los casos en los que no sean tan convenientes.

Sin embargo, las personas somos volubles. Nuestras decisiones cambian y dependen de muchos factores, muchos de ellos irrenunciables, otros absolutamente triviales. La comodidad es un elemento clave en todo ello. La experiencia es otro. Las circunstancias son determinantes.

En esto de la movilidad urbana hablamos de peatones, ciclistas, automovilistas, usuarios del transporte público como si fueran grupos aislados, independientes y, más que eso, opuestos o excluyentes. Nada más lejos de la realidad.


Cualquier persona que se mueve a diario en su ciudad utiliza inevitablemente varios modos diferentes de transporte dependiendo de las características del desplazamiento que se proponga. 

La distancia, el tiempo, la climatología, la orografía, la tranquilidad, la seguridad, la compañía, la carga, la capacidad son sólo algunos de los elementos que todos valoramos a la hora de elegir el modo en el que nos vamos a desplazar.

Así cualquiera, todos, dependiendo del desplazamiento que nos propongamos vamos a pie, en coche, en transporte público o en bici, o combinando varios de ellos. Esto, más allá de suponer un problema, lo que representa es una oportunidad. ¿Por qué? Pues simplemente porque muchas personas, la mayoría, conocen la realidad de los demás cuando utilizan los distintos medios de transporte a su disposición mucho mejor de lo que muchos están dispuestos a reconocer.

Esto es, que todos los conductores de automóviles, caminan, muchos, además, utilizan el transporte público, algunos, cada vez más, andan en bici por la ciudad y algunos son discapacitados o lo están temporalmente. Es por ello que no se puedan valorar de manera categórica las elecciones de cada uno, sino tan sólo los papeles que juegan en sus distintas actuaciones cuando utilizan uno u otro modo.

Así los peatones no deben ser considerados como peatones sino como personas que caminan, los automovilistas no son automovilistas sino personas que conducen automóviles, y tampoco los ciclistas, ciclistas, sino personas que conducen bicicletas. Lo son además en el preciso momento en que realizan estos ejercicios nada más. Y las mismas personas en el transcurso de una jornada pueden hacer las tres cosas, incluso más.

Por eso no tiene sentido tratar las opciones como categorías y mucho menos como compartimentos estancos o como castas que rivalizan por el mismo espacio y que demandan las garantías exclusivas para desenvolverse de acuerdo con su elección. 

No podemos ser deterministas aunque resulte tentador (y muchas veces necesario), porque, cuando hablamos de movilidad, las personas somos seres mutantes y nuestras acciones e interacciones también lo son. Y eso la estadística no lo trata y las encuestas tampoco, como tampoco lo hacen los juicios de valor.

Así pues, de la misma manera que muchas veces tratamos de simplificar, generalizando, hoy el ejercicio propuesto es tratar de comprender la complejidad, la alternancia, la volubilidad, la variabilidad y la casuistica de las opciones de movilidad de las personas de una ciudad, para tratar de comprender que, muchas veces, casi todas, donde vemos un enemigo o un rival, nos podemos encontrar a nosotros mismos en otro momento de nuestra jornada, de nuestra semana, de nuestra temporada o de nuestra vida. O a un familiar, o a un amigo, o a un conocido, o a un desconocido.

domingo, 3 de julio de 2011

Tele biciones

A veces veo la tele. Lo confieso. No es nada grave. La procuro ver en dosis limitadas. Si no me alela, como a todo el mundo. A pesar de que sigue habiendo algún programa que se salva de vez en cuando, sigo prefiriendo los anuncios.  Creo que recogen la esencia de la comunicación televisiva. Como pastillas. El problema es que incluso cuando estoy viendo esos pequeños pildorazos de apenas 20 segundos, sigo manteniendo mi atención en esos pequeños artilugios de dos ruedas que transportan a personas a pedales. Soy un obseso, lo reconozco.

Acabo de ver estos dos anuncios prácticamente seguidos:





No me sorprenden especialmente porque planteen mensajes persuasivos o disuasivos sobre el uso de la bici. No. Lo que me interesa de este tipo de anuncios es que la presencia de la bici es normal, o, más que normal, normalizada. Las bicicletas se presentan integradas. No tienen papeles protagonistas. No se valora la bicicleta como tal. Son parte del entorno, del universo que se presenta en estas secuencias que consiguen representar un mundo, un ambiente en apenas unos segundos.

martes, 19 de abril de 2011

Ser o no ser... ciclista ¡ese es el dilema!

¿Lo es?

Existe una obsesión actualmente por tratar de establecer una diferencia suficiente y marcar una frontera entre lo que representa ser "ciclista" o lo que simplemente supone "montar en una bicicleta para desplazarse". Con ello se trata de discriminar al que utiliza la bici como deporte frente al que lo hace como simple vehículo de locomoción. Mucha gente trata de defender tendenciosamente que aquellos que se visten deportivamente no pueden ser comparados ni mezclados con los que no necesitan vestirse de ninguna manera especial para andar en bicicleta.

Esto, que a priori puede ser comprensible, encierra una peligrosa carga de profundidad: dividir a los que conducen la bici en cualquier vía pública por la absurda razón de valorar cuál es la finalidad de su desplazamiento.

¿Qué pasaría si hiciéramos lo mismo con los automovilistas o con los motoristas? 

¿A alguien le parecería normal que se diferenciara a los automovilistas de las personas que conducen automóviles o a los motoristas de las personas que conducen motos? Por supuesto que no. Pero en esto de la bicicleta todo ha de ser distinto, especial y extraordinariamente complicado para ser aceptado.

Lycra vs Tweed

San Francisco Tweed Ride
En este asunto las nuevas tendencias han apostado por denostar el uso de la licra como algo indeseable para el fomento de una bicicleta moderna, actual y atractiva.

Dejarme que dude de la buena intención de esta propuesta que los gurús del "cycle-chic" o del "trendy cycling" defienden a capa y espada. No hay más que ver a gente como Copenhagenize o Amsterdamnize por no mencionar el movimiento Tweed (ese tejido tan británicamente retro) entre otros, haciendo propuestas donde la licra está prohibida y ridiculizando al ciclista deportivo.

Está claro que es útil mostrar una imagen normalizada de la bicicleta que responda a las modas y que recoja las tendencias, pero está más claro aún que dividir a las personas que se desplazan en bicicleta según sus usos es, más que ridículo, contraproducente cuando la masa crítica en nuestras ciudades es más que insuficiente, ya que debilita la fuerza de la bicicleta, que, para defender sus derechos y mejorarlos, debe ser unívoca.

Ya habrá tiempo, si es que en algún momento se alcanzan niveles de uso de la bici superiores al 25% de todos los desplazamientos, para segregar a unos ciclistas de otros, hacer carriles de lentos, de aceleración y todo eso. Hasta entonces, todo esto no sólo está fuera de lugar, sino que fomenta el fratricidio... e interesa a todos menos a los ciclistas.

Ciclista cuando utilices una bici

Igual que peatón cuando vayas andando o automovilista cuando conduzcas un automóvil. Con orgullo, con dignidad, con conciencia, con respeto y con humildad.

Es fácil, dílo conmigo: "Yo soy ciclista, tú eres ciclista, ella es ciclista, él también..." No es más que una circunstancia, no nos etiqueta, no nos encasilla, simplemente nos reconoce unos derechos y unas obligaciones como responsables de la conducción de un vehículo, concreto, con una serie de particularidades y condiciones.

Nada más... y nada menos.

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