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lunes, 19 de octubre de 2015

Algo se mueve a pedales

De regreso de la interesantísima Conferencia Europea sobre Ciclologística celebrada estos días en San Sebastián, no se puede resumir la experiencia más que como una emocionante constatación de que algo está cambiando y madurando rápidamente en un mundo que se había quedado un tanto anquilosado y que seguía mirando para atrás de reojo para ver si los buenos tiempos le seguían. Pues no, los buenos tiempos son pasado.

Ahora toca vivir los tiempos presentes que siempre son mejores y que apuntan futuros prometedores. Me refiero a ese futuro cercano en el que diferentes actores trabajen por que las ciudades, esos sitios todavía demasiado inhóspitos gracias a la irresponsabilidad de una generación empeñada en depredarlo todo, se conviertan en lugares en los que apetezca estar, relacionarse, vivir en definitiva.


El tráfico, la polución, la violencia, la escasez de espacios para estar, para pasear, para disfrutar son los grandes logros de una generación que ha perseguido el bienestar urbano en coche pero que no ha acabado de encontrarlo y que ha condenado a todos los demás a sufrirlo, siendo, curiosamente, una minoría la que tenía sometida a la mayoría.

Ahora toca deshacer ese orden, reponer las pérdidas, revertir la dominación y enfocar la gestión del espacio público hacia las personas más que hacia los vehículos. Eso requiere una reflexión profunda no sólo de la movilidad de las personas sino también de la movilidad de las mercancías.

Calle peatonalizada (foto:Adoquines y losetas)
El transporte de mercancías y su necesidad de llegar a sus destinatarios condiciona formidablemente el objetivo de tratar de conquistar espacios de calidad libres de tráfico o con tráfico minimalizado en nuestras ciudades, porque los vehículos de reparto y de servicios ocupan esos espacios con un tráfico pesado.

Ahora toca reorganizar ese tráfico, limitar los accesos a los centros de las ciudades de los vehículos no circulen a carga completa y replantear el tratamiento del reparto terminal allá donde se haya decidido priorizar el uso del espacio público hacia las personas.

Es precisamente ahí donde los vehículos a pedales vuelven a recobrar un sentido y deben de asumir un protagonismo incuestionable. Vehículos ligeros, limpios y amables que pueden ayudar a conseguir ese objetivo que debe ser perseguido y trabajado por todos: responsables municipales, vecinos, comerciantes y operadores del transporte.

Dicen los estudios que se han realizado en las ciudades pioneras que aproximadamente el 50% de los vehículos de transporte de mercancías que se mueven en nuestras ciudades van como mucho a media carga. Este es un dato realmente alagüeño porque permite plantear soluciones utilizando vehículos más ligeros, menos voluminosos y menos contaminantes.

La propuesta de solución más exitosa son los llamados centros urbanos de consolidación de cargas, cuya finalidad es ofrecer un espacio donde esos vehículos a media carga puedan descargar y hacer un reparto agrupado de esas cargas con vehículos ligeros, ecológicos y amables, liberando esos espacios delicados de vehículos pesados innecesarios.


Muchas son las pegas, muchas las dificultades, pero sin duda hay que permanecer expectantes a lo que viene y trabajar porque eso se produzca. Algo interesante, diferente, sostenible y a pedales.

domingo, 25 de mayo de 2014

Hoy Su no ha venido a trabajar

Y no ha sido porque tenía un día disponible, tampoco es que le hayan despedido o hayan optimizado su puesto de trabajo. No, Su no ha venido porque estaba de baja.

Su trabaja con nosotros en Oraintxe desde hace algo así como 10 años, aunque parece que lo haya estado haciendo desde siempre. Su trabaja en bicicleta, en triciclo, en oficina y algunas veces conduciendo una furgo. Nada especial, nada que no hagan otros y otras en nuestra empresa. Sobre todo otras.


Recuerdo cuando nos cuestionábamos si el trabajo de ciclomensajero era demasiado duro para las chicas, duda que se nos disipó cuando contratamos a la primera, que todavía hoy sigue con nosotros. Las chicas en bici funcionan perfectamente. Muchas veces mejor que los tíos por una mera cuestión de regularidad y predisposición.

Las chicas en bicicleta normalmente son más prudentes, mejor avenidas en caso de conflicto y mejor predispuestas al trabajo, menos agresivas, menos impulsivas, más discretas, más suaves y más atentas a los detalles. Al menos las que trabajan con nosotros, aunque haya excepciones que lo confirmen o precisamente por eso.

Su es un buen ejemplo de ello. Pero hoy no ha venido a trabajar y la hemos echado en falta. Y no ha venido, no por capricho sino porque ayer una conductora despistada no le cedió el paso en un cruce entre dos calles 30. No ha sido gran cosa, pero el toque, además del susto, le ha fisurado un dedo del pie derecho (su parachoques en este caso).

Su circulaba por la calzada, por el centro del carril de una de esas calles que conoce perfectamente, visible, prevenida, con indumentaria que no pasa desapercibida y con casco porque estaba trabajando, pero todo eso no fue suficiente cuando esa conductora decidió seguir su camino sin atender a la obligación de ceder al vehículo que circulaba por la calle con prioridad.

- Perdona, no te había visto - dijo nerviosa la automovilista- ... perdona... pero tú tampoco has frenado.

martes, 22 de abril de 2014

La “ciclologística” ¿una broma pesada?

Venimos de asistir a la conferencia final del proyecto europeo Cyclelogistics, una de esas propuestas que financia la Comisión Europea en uno de sus infinitos tentáculos dedicados a tratar de hacer una Europa más sostenible, al menos de cara a la galería.

Cyclelogistics tenía como empeño tratar de fomentar el uso de las bicicletas de carga para el reparto de mercancías en las ciudades. Algo que muchos llevamos haciendo años con quizá más pena que gloria, y que se hacía y se hace en todas las latitudes del planeta, en algunas por puro subdesarrollo y en otras por tratar de convencerse y convencer a los demás de que es posible reformular el transporte urbano de una manera más ecológica y que, ahí también, las bicicletas en su versión de carga tienen algo que aportar.


En esta conferencia final, en la que se exponían los logros de algunos de los participantes y las reflexiones de otros muchos, lo que pudimos comprobar todos los que nos desplazamos hasta Nijmegen (Países Bajos) es que esto de las “cargo bikes” es todavía un juguete en manos de unos cuantos locos inocentes bienintencionados, pero no va más allá de una cosa pintoresca.

De camino al lugar de la conferencia, tuve la ocasión de departir unos minutos, mientras circulábamos por una de esas “cicloautopistas” en sendas OV Fiets –las bicicletas públicas asociadas al transporte ferroviario holandés-, sobre el asunto con un consultor de ese país. La impresión era compartida: las bicicletas de reparto de mercancías pueden representar tan sólo una pequeña aportación para ayudar a hacer el transporte urbano más sostenible, pero nada más.

Tratar de pensar de otra manera, al menos visto el “estado actual de la cosa” (“the state of art”, que tanto les gusta a todos estos conferenciantes que se reúnen al calor de la financiación pública internacional), es no pisar sobre el terreno.

Foto de familia  de la plana mayor de Cyclelogistics, mientras un participante prueba un juguete

Ahora mismo no hay experiencia, por más que las bicicletas de carga no hayan desaparecido de la faz de las ciudades europeas. Y no hay experiencia porque nadie, o casi nadie, se toma esto en serio. No hay tecnología, no hay modelos de gestión, no hay política sostenida de fomento, no hay políticos a la altura de las circunstancias. Nos movemos en un puro mar de ilusiones, proyectos piloto y prototipos, casi todos subvencionados por entes públicos.

Las empresas que nos estamos jugando el tipo y los garbanzos en esto estamos sufriendo las consecuencias. Bicicletas de carga endebles, motorizaciones deficientes, políticos poco convencidos y operadores que sólo quieren deshacerse de los marrones, contribuyen a que lo que podía ser una interesante contribución para zonas condicionadas y condicionables (cascos antiguos y zonas peatonalizadas sobre todo) no pase de ser un trabajo casi indigno.

Falta fundamento

¿Por qué está pasando todo esto? Porque se está improvisando, porque nadie está apostando por ello en serio.

Receso en la conferencia adornado con cargo bikes: mesa, cafetería y puesto de arenques

Porque la industria de los “pedelecs”, las bicicletas de pedaleo asistido, no va más allá de hacer vehículos para pasajeros. Los pocos vehículos de carga a pedales que se ven son meros “rickshaws” electrificados con motores chinos, mientras Panasonic, Bosch and company siguen mirando sólo hacia el “electrociclista” utilitario o deportivo.

Porque la normativa sigue siendo ridícula y pretende que la misma asistencia (250 vatios) sirva para desplazar a una persona en una bici que puede pesar 25 kilos, que a esa misma persona, un triciclo que perfectamente puede pesar 200 kg y una carga de otros tantos y en España, por ejemplo, no permite llevar intermitentes o sirenas.

Porque los políticos y los gestores de las ciudades no se atreven a restringir aún más el tráfico motorizado en los centros urbanos, y no se atreven a hacer una “zona cero emisiones” donde sólo se puedan utilizar vehículos amables y limpios y cerrar el acceso a todos los demás, como lo hacen en sus edificios oficiales y sedes institucionales, donde sólo se puede llegar a la estafeta correspondiente y luego hay un servicio de reparto interno.

Porque los operadores de carga, esos que manejan la mercancía y que forman grupos transnacionales, no quieren hacer nada al respecto, no quieren “soltar su carga” más allá de un poco de “publicidad verde” que les prestigie ante sus clientes, cada vez más dispersos y más atomizados y cada vez más sensibles a la propaganda.


Escepticismo e ilusión

Por eso hay que ser escépticos. Porque si los propios holandeses, daneses o alemanes no están apostando por ello en serio, países muchos de ellos donde la bicicleta se utiliza masivamente y donde todo está montado a favor de la bici, ¿qué vamos a hacer los pobres diablos del sur?

Pero el escepticismo no nos puede dejar inmóviles sino que nos tiene que servir para ser realistas sobre el momento en el que vivimos, ser cautos en nuestras expectativas y concienzudos con nuestras iniciativas. Porque, curiosamente, las mejores propuestas, las más exitosas, las más ambiciosas y las más avanzadas provienen de los extremos de la Europa Ciclista, en nuestro caso de Suecia, de Britannia y de Hispania, en Catalunya, Euskadi, Navarra o la República Popular de Valladolid. De la mano de Move by Bike, Outspoken Delivery, VanAPedal, Txita, Oraintxe o Xiclo aprenderemos mucho más de las posibilidades de este sector que de toda esa partida de cerebros agradecidos que se afanan más en dorarse la píldora unos a otros que en creer que pueden cambiar las cosas, aunque sea poco a poco, y apostar por ello.

Seguiremos peleando, seguiremos pedaleando. Seguiremos “ciclologizando” y seguiremos “ciclologistizando” lo que nos sea posible, lo que alcancemos.

jueves, 4 de julio de 2013

Sobre logística urbana a pedales

Llevamos muchos años tratando de encontrarle sentido a nuestras ciudades, para hacerlas más habitables, más sanas y más sostenibles y muchas veces no acabamos de hacernos con todo lo que ello implica. Nos llenamos la boca hablando de espacios públicos de calidad, de sostenibilidad, de respeto ambiental, de fomento de los aspectos sociales de la vida urbana y muchas veces nos olvidamos de las cuestiones relativas al transporte de mercancías, porque, simplemente, no somos capaces de visualizar otro formato, otro sistema que el que hemos ido heredando durante estas décadas de dominio motorizado privado y de concesiones a sus imperativos.

En otras ocasiones hemos tratado el asunto desde la perspectiva del reconocimiento de la valentía de unas cuantas iniciativas que han ido surgiendo y cuajando en nuestro entorno más o menos inmediato. Su valentía, el valor de sus propuestas, su carácter innovador, atrevido y hasta descarado. Hoy toca hablar en serio del asunto.


Resulta complicado pensar en el futuro de un sector que hace aguas por todos los lados, cuyo fundamento reside en apretar los eslabones de una cadena que ya soporta tensiones increíbles a un precio cada vez más ridículo y en minimizar la repercusión de la escalada de los combustibles y de las restricciones de circulación, y que, sin embargo, viene sufriendo unas fluctuaciones terribles en las últimas décadas provocadas por la deslocalización de la producción primero y la del consumo después.

En este escenario parece lógico y hasta exigible pensar que las bicicletas o los vehículos a pedales con tracción asistida deben tener un papel protagonista en el replanteamiento del transporte en la parte tocante a la ciudad consolidada, esa que se quiere preservar y mejorar, aunque sea en las zonas de acceso restringido a los automóviles de explosión. Y, sin embargo, cuesta pensar en ello como en una solución real.

¿Por qué es tan difícil el transporte a pedales?

Y que conste que hablamos de algo más que simple mensajería. Pues el tema de la distribución urbana de mercancías es tan complicada y, hasta la fecha, tan inviable por varios motivos:
  1. Falta de fiabilidad de los vehículos.- Si pensamos en sustituir furgos o camiones por bicicletas de carga y que estas asuman las tareas de aquellos, dependemos de que sean tan robustas, tan fiables y tan fáciles de reparar en cualquier sitio como los vehículos a los que tratan de reeemplazar, si no más. Y no lo son. La mayoría de los triciclos de carga que circulan por nuestras ciudades son caros, endebles y poco duraderos, además de ser complicados de reparar y de tener tecnologías todavía en desarrollo difíciles de reparar y de reponer. Esto obviando el vacío legal en el que se encuentran y las terribles dificultades que ello origina en la homologación de estos vehículos.
  2. Falta de confianza de los operadores de transporte.- Más en los tiempos que corren de caída del negocio y de revisión de sistemas, recortes y restricciones en todos los aspectos. Los grandes grupos que dominan el sector del transporte urbano ven la introducción de este tipo de vehículos como algo simpático pero poco fiable y poco eficiente, y los observan con una mezcla de interés, estupor y desconfianza, pero, salvo contados casos casi testimoniales, no mueven ficha a favor de esta opción aunque sea como solución parcial de "última milla".
  3. Falta de decisión de las autoridades municipales.- Sobre todo a la hora de condicionar el tránsito en las zonas de acceso restringido, vigilar su cumplimiento estrictamente donde se hace y, más que eso, tratar de construir nuevas formulaciones realistas y sensatas. Nadie se atreve a acotar zonas suficientes donde proponer unas nuevas reglas de juego consensuadas y mínimamente factibles.
  4. Falta de experiencia de los promotores de iniciativas independientes.- La mayoría de las personas que se embarcan en la empresa de repartir a pedales provienen del mundo de la bicicleta y no cuentan con experiencia suficiente en el sector del transporte, lo cual les hace presentarse como opciones demasiado riesgosas para las empresas que deciden confiarles sus cargas.
  5. Falta de experiencias exitosas de referencia.- En ninguna plaza de una mínima entidad ha habido una experiencia basada en un estudio serio y riguroso de demanda, bien cuantificado y bien implementado que cuente con estos vehículos como medio de transporte y que haya durado algo más de unos meses. A lo sumo hay compañías que los utilizan como taxis a modo de rickshaws o pequeñas iniciativas privadas casi testimoniales.
  6. Problemas operativos.- Si a todo esto le añadimos los problemas relacionados con la operativa de las actividades de carga, consolidación de la distribución, volcado de información, trazabilidad, tratamiento de incidencias, recogidas y devoluciones, además del celo de los operadores en ceder sus mercancías y el trato con el cliente a terceros, entenderemos que esto es prácticamente inasumible por alguien mínimamente cabal.
Ahora bien, siempre habrá un lugar honorable y una aportación incuestionable de todas y cada una de estas iniciativas atrevidas y la sospecha razonable de que algo de todo esto se puede hacer a golpe de pedal. Pero ¿alguien ha calculado cuántas bicicletas y triciclos de carga harían falta para dar servicio a todas las actividades económicas y a todos los particulares que pueblan esas zonas que se quieren preservar del tráfico motorizado?

Seguiremos trabajando en ello a pesar de que el mundo nos siga enseñando que esto no va a ser sencillo.

jueves, 14 de junio de 2012

El suicida de la cámara en el casco todavía vive

Sí, señoras y señores, Lucas Brunelle, el personaje que mejor ha sabido retratar y alimentar el mito del mensajero suicida, transgresor, agresivo, alternativo, marginal, maleducado... idiota, sigue vivito y coleando y, para celebrarlo, ha hecho una película de sus azañas. Las suyas y las de sus compinches de los "alley cats" (carreras ilegales, normalmente nocturnas) y de los CMWC (Cycle Messenger World Championships). Todo un mito. Y en estos 10 años de vanagloriarse de ser "el más" y de poder además contarlo con imágenes nadie se los ha llevado por delante.

Aquí el trailer. Inexcusable.



Aún me acuerdo de aquellos CMWC de Barcelona de aquel ya lejano año 97. ¡Años locos! Parece mentira que todavía haya gente defendiendo esa visión de la calle en bici. ¿Será que nos estamos haciendo mayores?  ¿O será quizá un "revival" de aquello?


viernes, 4 de mayo de 2012

Mensajeros en bici ¿trabajo de riesgo?

El Mundo dedica un reportaje a una mensajería en bicicleta que ha surgido en Valencia, llamada Bicitrans, y en él, aparte de elogiar la valentía de estos jóvenes por su iniciativa, no se hace sino alimentar el mito urbano de que esto de repartir en bicicleta en la ciudad es un trabajo de riesgo, como catalogan en su epígrafe. El texto es absolutamente imperdonable. Toda esa terminología del culto y del miedo decora todo el artículo: la jungla del asfalto, mensajeros que se juegan el tipo, maniobras no exentas de riesgo, no duda en subirse a la acera, requiere de cierta dosis de inconsciencia...


Los que llevamos más de 15 años haciendo de este trabajo algo más que una afición más o menos bohemia demostramos con nuestra experiencia que, lejos de ser un trabajo de riesgo, es una práctica segura. Ahora, eso sí, siempre que se haga en buenas condiciones.

Viendo el video que acompaña el reportaje, se explica por qué los protagonistas han convencido a los reporteros de que su visión de este trabajo es riesgosa, intrépida. Lo es porque con sus infracciones la hacen pretenciosamente transgresora y eso, en muchas de estas tendencias de la calle, es sinónimo de atrevimiento, prestigio, esnobismo, subcultura o algo así.


Es realmente penoso que este tipo de actitudes tengan todavía eco y que se siga alimentando este tipo de imaginería, sobre todo si lo que se quiere vender a ese mismo mundo es fiabilidad y confianza, que, según hemos podido comprobar en nuestro día a día, es lo único que de verdad tus clientes están dispuestos a comprar. En la mensajería local, la confianza percibida vende mucho más que la rapidez, la ecología, la simpatía, la autenticidad o el "frikismo".

No me malinterpretéis, me parece encomiable el esfuerzo y el intento de esta gente por echar a andar un negocio y más en estos tiempos de depresión. Tampoco estoy diciendo que los demás no hagamos alguna "trampilla" en una ordenación circulatoria apañada para los motorizados. Pero de ahí a hacer exhibicionismo y ostentación va un paso cualitativo esencial. Y eso no es un punto de inconsciencia, es pura irresponsabilidad, si no temeridad empresarial.

Hay otra cosa importante, más cuanto más pequeña sea la ciudad: no sabes quién es al que le has hecho la pirula, al que le has montado la bulla, al que has pasado rozando o al que le has demostrado que tú eres más listo que él y créeme, muchas veces, muchas más de las que te imaginas, el mundo está mucho más interrelacionado de lo que parece. Así que cuidado con las maneras y cuidado con fardar de ello, sobre todo si quieres currar en la jungla urbana mucho tiempo.

lunes, 10 de octubre de 2011

Todo el día mensajeando

Hoy publica Copenhagenize esta película al estilo cine mudo que recoge una historia de las "bicisitudes" de un histriónico mensajero en bici de NYC, desmitificando la imagen de los aguerridos ciclorrepartidores neoyorquinos. Como diría JR de Goteo, "un tipo que se pega todo el día mensajeando por la citi" o algo así.


A Day's Messing from Jeff Seal on Vimeo.

Una pequeña obra de arte.