No podemos evitar sonreír de envidia cuando vemos esos videos nórdicos donde la gente circula de manera masiva en bicicleta. Nos parecen situaciones ideales, aunque sólo sea por la cantidad de personas que han elegido nuestra opción de movilidad. Somos así de imbéciles. Y no somos capaces de ver nada más. La envidia nos ciega. Envidia sana, pero igualmente idiotizante.
Como ejemplo basta. Aquí vemos cómo los dóciles ciclistas acorralados en sus fabulosos carriles se apelotonan en los semáforos. Y nos gusta. No nos percatamos de la injusticia fabulosa que estas imágenes muestran. Porque somos incapaces de darnos cuenta de que, si no hubiera carriles, con la cantidad de coches que circulan, la congestión ciclista se reduciría y su libertad de movimientos se multiplicaría.
Pero preferimos ver esos apelotonamientos porque nos provocan una emoción especial. Somos así de ridículos y nos sigue gustando ver a los ciclistas discriminados en sus carreteritas dedicadas.
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domingo, 8 de noviembre de 2015
martes, 27 de octubre de 2015
La pesadilla que se muerde la cola
Esto del tráfico es un cuento recurrente, una cadena sinfín, una excusa autojustificada, una causa reincidente. Tráfico induce tráfico. La cadena viciosa del coche es una vieja conocida con la que no acabamos de congeniar pero que no nos la podemos quitar de encima.
Sin embargo hay otra lógica que es igual de contundente y que no nos atrevemos a citar en serio, porque, aunque sólo conlleva beneficios para la comunidad, contraviene los intereses de los grupos dominantes, que nos han traído hasta donde estamos prometiéndonos el bienestar y el desarrollo.
Hay que empezar a darle la vuelta a la justificación del coche por el coche y hay que empezar a pensar que esto lo hemos hecho mal y que encima nos está haciendo daño, pero que es reversible si empezamos a ponernos a ello.
Sin embargo hay otra lógica que es igual de contundente y que no nos atrevemos a citar en serio, porque, aunque sólo conlleva beneficios para la comunidad, contraviene los intereses de los grupos dominantes, que nos han traído hasta donde estamos prometiéndonos el bienestar y el desarrollo.
Hay que empezar a darle la vuelta a la justificación del coche por el coche y hay que empezar a pensar que esto lo hemos hecho mal y que encima nos está haciendo daño, pero que es reversible si empezamos a ponernos a ello.
lunes, 2 de febrero de 2015
Con 4 copos de nieve basta
Vivimos esta semana un temporal de los de antaño. Unos días en los que la nieve nos visita y nos hace recordar que todo lo que no sea calzada se pone impracticable. La nieve deja al descubierto la realidad más cruel y más ingrata de las ciudades en las que sólo importan los automóviles.

Basta una tarde de nieve de la buena, de esa que cuaja y deja todo más blanco que la leche para darnos cuenta de lo miserables que son las opciones de movilidad que no sean motorizadas, por calzada y, además, potentes.
En esos días en los que las calles se quedan reducidas a la mínima expresión circulatoria, la discriminación de los más lentos se hace más patente que nunca. Ahí es cuando todos los medios se vuelven a poner a disposición de los automóviles y donde todos los demás sufren pacientemente su miseria.
Aquí es donde queda claro que eso de la movilidad no motorizada es un camelo y donde se puede obviar incluso a la mayoría de la población (que se desplaza a pie), sin que ello suponga nada. Las excusas son múltiples: no hay medios suficientes, los medios más eficaces son motorizados y sólo pueden actuar en calzada, los peatones prefieren utilizar medios motorizados o los ciclistas, en su sano juicio, dejarán la bicicleta para mejor ocasión.
No les falta razón, vista la situación y entendido que esto no va a cambiar de la noche a la mañana, la gente sufre con resignación su humillación. Hemos entendido el mensaje: no son buenos tiempos para algo que no sean coches. Al menos en estas latitudes.
Porque curiosamente en otras latitudes, en países y en ciudades donde nieva más y dónde tienen mucho más invierno y menos luz que nosotros, han buscado soluciones y han invertido en garantizar oportunidades para todos los modos, independientemente de por dónde se desplacen.

Basta una tarde de nieve de la buena, de esa que cuaja y deja todo más blanco que la leche para darnos cuenta de lo miserables que son las opciones de movilidad que no sean motorizadas, por calzada y, además, potentes.
En esos días en los que las calles se quedan reducidas a la mínima expresión circulatoria, la discriminación de los más lentos se hace más patente que nunca. Ahí es cuando todos los medios se vuelven a poner a disposición de los automóviles y donde todos los demás sufren pacientemente su miseria.Aquí es donde queda claro que eso de la movilidad no motorizada es un camelo y donde se puede obviar incluso a la mayoría de la población (que se desplaza a pie), sin que ello suponga nada. Las excusas son múltiples: no hay medios suficientes, los medios más eficaces son motorizados y sólo pueden actuar en calzada, los peatones prefieren utilizar medios motorizados o los ciclistas, en su sano juicio, dejarán la bicicleta para mejor ocasión.
No les falta razón, vista la situación y entendido que esto no va a cambiar de la noche a la mañana, la gente sufre con resignación su humillación. Hemos entendido el mensaje: no son buenos tiempos para algo que no sean coches. Al menos en estas latitudes.
Porque curiosamente en otras latitudes, en países y en ciudades donde nieva más y dónde tienen mucho más invierno y menos luz que nosotros, han buscado soluciones y han invertido en garantizar oportunidades para todos los modos, independientemente de por dónde se desplacen.
miércoles, 14 de enero de 2015
En bici al trabajo, también en invierno
Lo de que el tiempo, el malo claro, es una de las excusas más recurrentes entre la gente que ve en la bici una opción con más pegas que otra cosa se vende como un tópico fácilmente desmontable por el simple hecho de que en esos países donde la bicicleta se usa de una manera masiva el tiempo no es para nada respetuoso en el invierno (y tampoco en el otoño ni en la primavera).
Sí, es verdad, en Holanda, en Dinamarca y en Alemania hace malo en invierno, y hace frío y hay poca luz, y en Suecia no digamos, y, sin embargo, eso no arredra a nórdicos y centroeuropeos en su empeño de utilizar la bicicleta como medio de transporte. No, eso no es una excusa para ellos. Por eso no debería ser excusa para nosotros tampoco y así lo decimos y repetimos. Lo que pasa es que ellos son vikingos y teutones y nosotros no. Por eso, cuando el frío aprieta y las inclemencias azotan nuestras latitudes, las tropas ciclistas urbanas se diezman. Invariablemente.
Es por eso que hay que insistir en el argumento. Porque esto debe plantearse como una misión, donde los adeptos rebosen convicción, fe en su elección. El hábito hace al monje que dice el refrán. Y el sacrificio no es tanto cuando hay muchos parroquianos haciendo el mismo ejercicio. Eso han debido pensar muchos. Al menos por estos lares.
Lo que sorprende es que este tipo de llamamientos procedan precisamente de esos lugares donde nadie se cuestiona el tema. El ejemplo nos llegó ayer mismo en forma de reto bajo el nombre literal de Día Internacional de ir en Bici al Trabajo en Invierno, que en inglés suena mejor (International Winter Bike to Work Day). Y nos llegó desde el Norte más ciclista.
El reto consiste en geoposicionarte en un mapa global en el que tu aportación, tu gota, es comprometerte a ir en bici al trabajo el viernes 13 de Febrero haga el tiempo que haga. Así de simple... al menos sobre el papel. El gancho es ver un mapa lleno de gotas, tantas como ciclistas que dicen que van a cumplir el reto, tantos como gotas de lluvia o copos de nieve en ese Viernes 13. Se aprovecha la propuesta para hacer una breve encuesta sobre el sujeto y el objeto del reto (perfil de la persona, itinerario, opinión sobre los elementos que más promocionan o motivan los viajes en bici, etc.)
Bonito y con esas pretensiones virales que tanto nos gustan hoy en día. Lo sospechoso es que la invitación a semejante reto es que no provenga de Italia, España, Portugal o Grecia sino de Holanda. ¿Qué mueve a una holandesa a querer hacer cruzada de algo que para ellos es absolutamente normal e incuestionable? Y ¿por qué no se propone un reto parecido en Julio o Agosto donde en el otro hemisferio de este planeta las cosas se ponen más difíciles, al menos en lo que a la meteorología se refiere? ¿O es que la cosa ciclista también es una exclusiva del Norte?
What it Feels Like in Winter Cycling Paradise from Winter Bike to Work Day on Vimeo.
Sí, es verdad, en Holanda, en Dinamarca y en Alemania hace malo en invierno, y hace frío y hay poca luz, y en Suecia no digamos, y, sin embargo, eso no arredra a nórdicos y centroeuropeos en su empeño de utilizar la bicicleta como medio de transporte. No, eso no es una excusa para ellos. Por eso no debería ser excusa para nosotros tampoco y así lo decimos y repetimos. Lo que pasa es que ellos son vikingos y teutones y nosotros no. Por eso, cuando el frío aprieta y las inclemencias azotan nuestras latitudes, las tropas ciclistas urbanas se diezman. Invariablemente.
Es por eso que hay que insistir en el argumento. Porque esto debe plantearse como una misión, donde los adeptos rebosen convicción, fe en su elección. El hábito hace al monje que dice el refrán. Y el sacrificio no es tanto cuando hay muchos parroquianos haciendo el mismo ejercicio. Eso han debido pensar muchos. Al menos por estos lares.
Lo que sorprende es que este tipo de llamamientos procedan precisamente de esos lugares donde nadie se cuestiona el tema. El ejemplo nos llegó ayer mismo en forma de reto bajo el nombre literal de Día Internacional de ir en Bici al Trabajo en Invierno, que en inglés suena mejor (International Winter Bike to Work Day). Y nos llegó desde el Norte más ciclista.
El reto consiste en geoposicionarte en un mapa global en el que tu aportación, tu gota, es comprometerte a ir en bici al trabajo el viernes 13 de Febrero haga el tiempo que haga. Así de simple... al menos sobre el papel. El gancho es ver un mapa lleno de gotas, tantas como ciclistas que dicen que van a cumplir el reto, tantos como gotas de lluvia o copos de nieve en ese Viernes 13. Se aprovecha la propuesta para hacer una breve encuesta sobre el sujeto y el objeto del reto (perfil de la persona, itinerario, opinión sobre los elementos que más promocionan o motivan los viajes en bici, etc.)
Bonito y con esas pretensiones virales que tanto nos gustan hoy en día. Lo sospechoso es que la invitación a semejante reto es que no provenga de Italia, España, Portugal o Grecia sino de Holanda. ¿Qué mueve a una holandesa a querer hacer cruzada de algo que para ellos es absolutamente normal e incuestionable? Y ¿por qué no se propone un reto parecido en Julio o Agosto donde en el otro hemisferio de este planeta las cosas se ponen más difíciles, al menos en lo que a la meteorología se refiere? ¿O es que la cosa ciclista también es una exclusiva del Norte?
What it Feels Like in Winter Cycling Paradise from Winter Bike to Work Day on Vimeo.
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miércoles, 17 de diciembre de 2014
Cortando vías
¿Alguien se imagina qué pasaría si en una ciudad se cortara una calle sin previo aviso? ¿Sobre todo si afectara al tráfico? Sería una pequeña hecatombe. Si además fuera un acceso estratégico al centro urbano, la cosa tomaría tintes catastróficos. Si a eso le añadimos que fuera una vía recién puesta en servicio, el clamor sería generalizado. Incluso de la gente que no estuviera afectada por el cambio. Prácticamente impensable.
Sin embargo, cuando eso mismo ocurre con un itinerario para "gente sin motor", se puede hacer así sin más y no pasa nada. Nadie se queja. A nadie le sorprende. Se trata de justificar. Hasta los propios perjudicados intentan entenderlo.
Es lo que está pasando estos días con el vial recientemente reinventado en uno de los accesos al centro de Pamplona, exactamente por la Avenida de Guipúzcoa. La exigua acera, su ampliación y el discutido carril bici bidireccional han quedado reducidos a la mínima expresión. Justo la misma ignominia que había antes de su reconfiguración. Pues no han pasado ni dos semanas y ya se ha dispuesto del mismo sin aviso y sin plazo determinado para... arreglar el yerbín de la muralla.
Una vergüenza que demuestra la falta de tacto y de miramientos de un Ayuntamiento que nunca se ha tomado a los ciclistas ni a los peatones en serio. Al menos no tan en serio como a sus jardines.
Es lamentable. Sigue siendo lamentable.
Ahí queda eso.
Sin embargo, cuando eso mismo ocurre con un itinerario para "gente sin motor", se puede hacer así sin más y no pasa nada. Nadie se queja. A nadie le sorprende. Se trata de justificar. Hasta los propios perjudicados intentan entenderlo.
Es lo que está pasando estos días con el vial recientemente reinventado en uno de los accesos al centro de Pamplona, exactamente por la Avenida de Guipúzcoa. La exigua acera, su ampliación y el discutido carril bici bidireccional han quedado reducidos a la mínima expresión. Justo la misma ignominia que había antes de su reconfiguración. Pues no han pasado ni dos semanas y ya se ha dispuesto del mismo sin aviso y sin plazo determinado para... arreglar el yerbín de la muralla.
Una vergüenza que demuestra la falta de tacto y de miramientos de un Ayuntamiento que nunca se ha tomado a los ciclistas ni a los peatones en serio. Al menos no tan en serio como a sus jardines.
Es lamentable. Sigue siendo lamentable.
Ahí queda eso.
lunes, 17 de noviembre de 2014
Sé ciclisto y tírate el pisto
Hoy he aprendido un nuevo palabro. Una de esas pretendidas ingenuidades ingeniosas de nuestros amigos los publicistas encaminadas a premiar las decisiones bien tomadas, o lo que es lo mismo, la compra del producto deseable, que, curiosamente, ha de coincidir con el deseado.
En el extraordinario mundo de la publicidad, en ese en el que todo vale si está bien presentado, unos genios de la argucia mercantilista han acuñado el término "automovilisto" para definir al cliente de su producto: un coche todoterreno que, además de abrirte las puertas de la naturaleza para poder pisotear hasta el más recóndito de sus rincones, te va a posicionar frente a tus semejantes en un lugar privilegiado, distinguido, aunque no lo quieras.
Hasta aquí todo normal. La industria del automóvil vendiendo posición social y accesibilidad incomparables.
¿Alguien se imagina qué pasaría si una marca de bicicletas hiciera lo mismo para vender su producto?
Seguro que veríamos el intento comercial como una exageración, como un dispendio y como algo ilusorio, a pesar de que, en realidad, los argumentos que los publicistas utilizan para convencernos de que necesitamos comprar un coche son mucho más apropiados y más cercanos a las virtudes que nos ofrece una bicicleta para conseguir los objetivos que el supuesto comprador desea conquistar.
Veamos como sería:
En el extraordinario mundo de la publicidad, en ese en el que todo vale si está bien presentado, unos genios de la argucia mercantilista han acuñado el término "automovilisto" para definir al cliente de su producto: un coche todoterreno que, además de abrirte las puertas de la naturaleza para poder pisotear hasta el más recóndito de sus rincones, te va a posicionar frente a tus semejantes en un lugar privilegiado, distinguido, aunque no lo quieras.
Hasta aquí todo normal. La industria del automóvil vendiendo posición social y accesibilidad incomparables.
¿Alguien se imagina qué pasaría si una marca de bicicletas hiciera lo mismo para vender su producto?
Seguro que veríamos el intento comercial como una exageración, como un dispendio y como algo ilusorio, a pesar de que, en realidad, los argumentos que los publicistas utilizan para convencernos de que necesitamos comprar un coche son mucho más apropiados y más cercanos a las virtudes que nos ofrece una bicicleta para conseguir los objetivos que el supuesto comprador desea conquistar.
Veamos como sería:
"En serio, ¿para qué quieres un todoterreno? ¿para llegar a lo más alto? ¿para sentirte superior? ¿para ser el centro de todas las miradas? ¿o para demostrar que tú estás por encima de todo eso?"
"Sé ciclisto y cómprate una bicicleta por mucho menos de 10.900 euros con muchos más de 5 años de satisfacción asegurada. Gracias, por pedalear."
miércoles, 15 de octubre de 2014
Me encanta andar en mi bici
La campaña que ha propuesto Italian Cycle Chic en Facebook. Es tan tonta que conmueve. No consiste más que en grabar en video durante apenas unos segundos tu pedaleo con tu indumentaria, esa que elijes para tu destino, no precisamente para andar en bici.
Una especie de juego "selfie" pero sin retratar la cara, sólo las piernas en movimiento.
Bastan esos instantes para transmitir normalidad, sensualidad y glamour a bordo de una bici. Un movimiento acompasado... como un baile. Agradable. Placentero. Encantador. Me encanta. Me encanta andar en mi bici.
Una especie de juego "selfie" pero sin retratar la cara, sólo las piernas en movimiento.
Bastan esos instantes para transmitir normalidad, sensualidad y glamour a bordo de una bici. Un movimiento acompasado... como un baile. Agradable. Placentero. Encantador. Me encanta. Me encanta andar en mi bici.
sábado, 11 de octubre de 2014
La ridiculez de ser peatón en Holanda
En general, ser peatón en toda Europa central y del norte está muy denigrado. Su modelo urbanístico disperso, la potencia del transporte público y los perfiles suaves hacen que todo lo que no se afronta al volante, se haga en bici o en transporte colectivo o en una combinación de ambos, dejando el placer de caminar para tramos terminales e islas peatonales de carácter comercial y de ocio.
En Holanda, dada la tremenda incidencia de la bicicleta como vehículo dominante, incluso en las distancias cortas, la marcha a pie áun está más denostada, lo que hace que caminar fuera de las islas peatonales sea a la vez ridículo y casi imposible. Basta con intentarlo. Aceras angostas o inexistentes plagadas de bicicletas aparcadas o abandonadas, o invadidas por los ciclos, con ciclomotores incluídos, cruces indescifrables en los que el peatón tiene que mirar hasta 7 veces para cerciorarse que no va a ser arrollado por, en este orden, bicis, buses, tranvías, coches o camiones y alguna que otra moto que vienen en todas direcciones con cierta superioridad.
Esto es tan acusado que, cuando se ponen a hacer una infraestructura moderna e inclusiva, normalmente dirigida a los ciclistas, que son los amos de la pista, se olvidan de las necesidades de los peatones que no son otras que evitar desniveles y otras barreras y buscar la línea recta.
Un ejemplo esclarecedor lo tenemos en una de las últimas superobras espectaculares que han inaugurado en los Países Bajos (y Planos habría que añadir).
Analizado a primera vista, para un lego de la cosa ciclista neerlandesa, sorprende la pendiente que han asignado a los ciclistas en ese tobogán fabuloso. Eso hasta que te das cuenta que los que deben afrontar esas cuestas y encima a puros peldaños. Se aprecia mejor en el video que nos facilita <a class=" />Mark Wagenbuur en su fabuloso blog Bicycle Dutch.
Se puede ver cómo la actividad peatonal se queda en algo recreacional, casi una atracción para menores, un juego, algo así como columpiarse. Una cosa infantil.
En Holanda, dada la tremenda incidencia de la bicicleta como vehículo dominante, incluso en las distancias cortas, la marcha a pie áun está más denostada, lo que hace que caminar fuera de las islas peatonales sea a la vez ridículo y casi imposible. Basta con intentarlo. Aceras angostas o inexistentes plagadas de bicicletas aparcadas o abandonadas, o invadidas por los ciclos, con ciclomotores incluídos, cruces indescifrables en los que el peatón tiene que mirar hasta 7 veces para cerciorarse que no va a ser arrollado por, en este orden, bicis, buses, tranvías, coches o camiones y alguna que otra moto que vienen en todas direcciones con cierta superioridad.
Un ejemplo esclarecedor lo tenemos en una de las últimas superobras espectaculares que han inaugurado en los Países Bajos (y Planos habría que añadir).
Analizado a primera vista, para un lego de la cosa ciclista neerlandesa, sorprende la pendiente que han asignado a los ciclistas en ese tobogán fabuloso. Eso hasta que te das cuenta que los que deben afrontar esas cuestas y encima a puros peldaños. Se aprecia mejor en el video que nos facilita <a class=" />Mark Wagenbuur en su fabuloso blog Bicycle Dutch.
Se puede ver cómo la actividad peatonal se queda en algo recreacional, casi una atracción para menores, un juego, algo así como columpiarse. Una cosa infantil.
martes, 30 de septiembre de 2014
Ni contigo ni sin ti
Parece que para muchos de los que nos hallamos inmersos en esto de darle la vuelta a la tortilla en nuestras ciudades y empezar a hacerlas un poco más habitables y un poco menos automovilísticas el principal escollo al que nos enfrentamos lo representan nuestros políticos gobernantes.
Cierto. Nuestra clase política sigue acomodada en una suerte de apoltronamiento que la hace funcionar siempre a remolque de los acontecimientos y muy por detrás de las demandas sociales o de las tendencias emergentes. Debe ser que se han creído que es connatural con su cargo. Ningún político en el gobierno arriesga, ninguno cambia, ninguno apuesta por las minorías, ninguno se anticipa a los acontecimientos, ninguno prevé las consecuencias... Todos se dejan llevar por las inercias. Creen que ahí están los votos y sólo trabajan por los votos.
Así, cuando participan y creen que lideran (ellos siempre creen que lideran) alguna iniciativa que proponga un cambio, lo hacen sólo de cara a la galería, para aparecer modernos en la foto, como una pose, siempre magníficos y magnánimos, condescendientes. Los políticos son, por defecto, así: arribistas, oportunistas y vanidosos. Y creen, como muchos, que la movilidad sostenible es impopular.
Esto es así siempre que no se encuentren con una contestación social suficientemente organizada, seria, permanente y que se dedique más a hacer propuestas que a reivindicar y quejarse de manera gratuita. Cuando es así, los políticos gobernantes no tienen otro remedio que responder y muchas veces acaban dándose cuenta de que las fórmulas propuestas funcionan y mejoran su gobierno y la realidad objeto de dichas reacciones. Aunque en las ocasiones en las que se visualicen logros tratarán de acaparar toda la atención mediática, atribuyéndose el protagonismo de todo el proceso.
Hay otro elemento que suele jugar un papel decisivo a la hora de cambiar las tornas a los políticos y es un cuerpo técnico, en las propias instituciones donde esos políticos mandan, dispuesto a hacer la labor de cambio desde dentro de la propia administración.
Lo hemos visto en principales procesos que se han ido fraguando a nuestro alrededor. El cambio y la apuesta por la movilidad sostenible y por la bicicleta en San Sebastián no fue una iniciativa de Odón Elorza, como el de Vitoria no lo ha sido de Javier Maroto, aunque ambos se hayan llevado la foto. No. Ellos han sabido encaramarse a lo alto del cambio y han creído capitalizar el éxito del mismo, pero siempre ha habido detrás una demanda social sólida y consistente (Kalapie o Bizikleteroak) y un cuerpo técnico atento y valiente en estas ciudades que ha sabido domar, aconsejar y, por qué no, engañar un poco a sus políticos al mando. Sin estos agentes ninguno de estos procesos hubiera sido posible, o al menos no hubiera sido tan exitoso y se habría quedado en agua de borrajas, como ha pasado en Murcia, en Pamplona o en Valencia, por ejemplo.
Lo que pasa es que al final los verdaderos cambios en la fisionomía y en la forma de definir y ordenar nuestras ciudades están en manos de los políticos que las gobiernan y es por eso por lo que hay que tratar de seducirlos y conquistarlos. Seducir y conquistar a los políticos más que discutir y pelear contra ellos, porque hace falta que la clase política en general y sobre todo la gobernante se dé cuenta de que esto es bueno para las ciudades, bueno para sus ciudadanos y, por tanto, bueno también para ellos.
Es un trabajo duro e ingrato, pero un trabajo imprescindible en el que hay que saber, además, que ellos se van a llevar la gloria y el reconocimiento en caso de que la cosa salga bien. O al menos lo van a hacer ver así. Ahora bien, si ese es el precio, que sea.
Cierto. Nuestra clase política sigue acomodada en una suerte de apoltronamiento que la hace funcionar siempre a remolque de los acontecimientos y muy por detrás de las demandas sociales o de las tendencias emergentes. Debe ser que se han creído que es connatural con su cargo. Ningún político en el gobierno arriesga, ninguno cambia, ninguno apuesta por las minorías, ninguno se anticipa a los acontecimientos, ninguno prevé las consecuencias... Todos se dejan llevar por las inercias. Creen que ahí están los votos y sólo trabajan por los votos.
Así, cuando participan y creen que lideran (ellos siempre creen que lideran) alguna iniciativa que proponga un cambio, lo hacen sólo de cara a la galería, para aparecer modernos en la foto, como una pose, siempre magníficos y magnánimos, condescendientes. Los políticos son, por defecto, así: arribistas, oportunistas y vanidosos. Y creen, como muchos, que la movilidad sostenible es impopular.
![]() |
| Javier Maroto dirigiéndose a un acto político en bicicleta (Foto: El Mundo) |
Esto es así siempre que no se encuentren con una contestación social suficientemente organizada, seria, permanente y que se dedique más a hacer propuestas que a reivindicar y quejarse de manera gratuita. Cuando es así, los políticos gobernantes no tienen otro remedio que responder y muchas veces acaban dándose cuenta de que las fórmulas propuestas funcionan y mejoran su gobierno y la realidad objeto de dichas reacciones. Aunque en las ocasiones en las que se visualicen logros tratarán de acaparar toda la atención mediática, atribuyéndose el protagonismo de todo el proceso.
Hay otro elemento que suele jugar un papel decisivo a la hora de cambiar las tornas a los políticos y es un cuerpo técnico, en las propias instituciones donde esos políticos mandan, dispuesto a hacer la labor de cambio desde dentro de la propia administración.
Lo hemos visto en principales procesos que se han ido fraguando a nuestro alrededor. El cambio y la apuesta por la movilidad sostenible y por la bicicleta en San Sebastián no fue una iniciativa de Odón Elorza, como el de Vitoria no lo ha sido de Javier Maroto, aunque ambos se hayan llevado la foto. No. Ellos han sabido encaramarse a lo alto del cambio y han creído capitalizar el éxito del mismo, pero siempre ha habido detrás una demanda social sólida y consistente (Kalapie o Bizikleteroak) y un cuerpo técnico atento y valiente en estas ciudades que ha sabido domar, aconsejar y, por qué no, engañar un poco a sus políticos al mando. Sin estos agentes ninguno de estos procesos hubiera sido posible, o al menos no hubiera sido tan exitoso y se habría quedado en agua de borrajas, como ha pasado en Murcia, en Pamplona o en Valencia, por ejemplo.
Lo que pasa es que al final los verdaderos cambios en la fisionomía y en la forma de definir y ordenar nuestras ciudades están en manos de los políticos que las gobiernan y es por eso por lo que hay que tratar de seducirlos y conquistarlos. Seducir y conquistar a los políticos más que discutir y pelear contra ellos, porque hace falta que la clase política en general y sobre todo la gobernante se dé cuenta de que esto es bueno para las ciudades, bueno para sus ciudadanos y, por tanto, bueno también para ellos.
Es un trabajo duro e ingrato, pero un trabajo imprescindible en el que hay que saber, además, que ellos se van a llevar la gloria y el reconocimiento en caso de que la cosa salga bien. O al menos lo van a hacer ver así. Ahora bien, si ese es el precio, que sea.
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jueves, 25 de septiembre de 2014
¿Un poco de publicidad anti-bici?
De un tiempo a esta parte, se han ido dando cuenta que la ubicuidad, la ligereza, la libertad, la sonrisa, la actitud envidiable y las ventas (en unidades) se las estaban llevando las bicicletas y se las estaban llevando de calle y sin tanto machaque publicitarios. ¿Y qué han hecho? Pues ridiculizar esa opción y demostrar, cómo no, que el coche gana.
El último anuncio de Nissan lo explica en apenas unos segundos. ¡Estremecedor!
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Superhéroes, necesitamos superhéroes
Cuando algo se visualiza como un reto casi inalcanzable, donde existen unas barreras importantísimas, una percepción de peligrosidad extrema y una pusilanimidad generalizada, lo que hace falta para realizarlo es un superhéroe.
Los superhéroes pueden hacer lo que el común de los mortales no puede. Muchas veces porque no lo intenta. Muchas veces porque no se lo cree. Necesitamos más superhéroes, muchos superhéroes. Aunque realmente lo que necesitamos es que cualquiera se convierta en un superhéroe, simplemente porque se crea lo que está haciendo, le ponga mucha energía y un montón de ilusión. Eso hará cambiar las cosas.
Para ejemplo un botón, o, más bien, un montón de estrellas que dentro del programa del mismo nombre, STARS (Sustainable Travel Accreditation and Recognition for Schools), trata de demostrar que se puede ir al cole en bici, aunque sea en una ciudad tan pretendidamente imposible como Madrid. Y lo demuestran con hechos y con mucho gusto, por cierto.
Ole!! Ole!! Ole!! en bici voy al cole... from José Rossi on Vimeo.
Enhorabuena por la iniciativa y que la fuerza acompañe a todo aquella persona que, como ha ocurrido en este colegio madrileño, ya lo hace, se lo ha propuesto o se lo quiere proponer. Es mucho más fácil de lo que parece. Tenemos demasiados monstruos y demasiado bien alimentados, pero ni son tan feroces ni pueden tanto contra la voluntad personal individual.
Tú puedes ser tu propio superhéroe. Y el nuestro. Inténtalo.
Los superhéroes pueden hacer lo que el común de los mortales no puede. Muchas veces porque no lo intenta. Muchas veces porque no se lo cree. Necesitamos más superhéroes, muchos superhéroes. Aunque realmente lo que necesitamos es que cualquiera se convierta en un superhéroe, simplemente porque se crea lo que está haciendo, le ponga mucha energía y un montón de ilusión. Eso hará cambiar las cosas.
Para ejemplo un botón, o, más bien, un montón de estrellas que dentro del programa del mismo nombre, STARS (Sustainable Travel Accreditation and Recognition for Schools), trata de demostrar que se puede ir al cole en bici, aunque sea en una ciudad tan pretendidamente imposible como Madrid. Y lo demuestran con hechos y con mucho gusto, por cierto.
Ole!! Ole!! Ole!! en bici voy al cole... from José Rossi on Vimeo.
Enhorabuena por la iniciativa y que la fuerza acompañe a todo aquella persona que, como ha ocurrido en este colegio madrileño, ya lo hace, se lo ha propuesto o se lo quiere proponer. Es mucho más fácil de lo que parece. Tenemos demasiados monstruos y demasiado bien alimentados, pero ni son tan feroces ni pueden tanto contra la voluntad personal individual.
Tú puedes ser tu propio superhéroe. Y el nuestro. Inténtalo.
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jueves, 5 de junio de 2014
Al contraataque
La industria del automóvil sigue tratando de sobreponerse a la propagación de las tendencias desmotorizantes que se están imponiendo en las ciudades. Los mensajes dirigidos a la desincentivación del uso del coche se han generalizado en la mayoría de las ciudades del mundo presuntamente civilizado. Mensajes como el que ha enviado la Ciudad de Melilla hace apenas unos días.
Frente a esto la todopoderosa y maquiavélica industria del automóvil no se ha quedado impávida y ha propuesto otra vez más la huida hacia adelante. Esa que ha protagonizado en las últimas décadas mostrando ciudades sin coches, paraísos para los del volante, imágenes idílicas. Ahora fagocitan también el mensaje dirigido a fomentar el caminar. Ya lo vimos en su día con respecto a las bicicletas.
Esto va en serio. Estáis avisados.
Frente a esto la todopoderosa y maquiavélica industria del automóvil no se ha quedado impávida y ha propuesto otra vez más la huida hacia adelante. Esa que ha protagonizado en las últimas décadas mostrando ciudades sin coches, paraísos para los del volante, imágenes idílicas. Ahora fagocitan también el mensaje dirigido a fomentar el caminar. Ya lo vimos en su día con respecto a las bicicletas.
Esto va en serio. Estáis avisados.
miércoles, 23 de abril de 2014
Llevando a los niños a pedales
Una parte vital de la logística doméstica es, además de acarrear las compras a casa, transportar a los menores a los distintos lugares a donde les tenemos destinados, empezando por el colegio y acabando por esa interminable carta de actividades en las que hemos decidido los mayores que tienen que invertir su tiempo y nuestro dinero y así, de paso, tenerlos colocados en lugares seguros.
Eludiendo la cuestión de fondo del confinamiento infantil y de la agorafobia que padecemos muchos de los mayores y que infringimos a nuestros pequeños, vamos a tratar del tema no menos escabroso de cómo transportamos a los niños de un sitio a otro y, más que eso, cómo los podríamos transportar si quisiéramos, entre todos, promocionar entornos que dieran oportunidades a las distintas opciones de locomoción por igual.
Podríamos ponernos realmente pesados tratando de argumentar pros, fórmulas, modelos, accesorios, trucos prácticos, sistemas, condiciones y hasta ingeniería civil y social, pero muchas veces es más útil y más sugerente ver unos cuantos ejemplos más o menos llamativos, más o menos fáciles.
Ahí van unos cuantos rescatados de la última visita al país líder en hacerlo a pedales.

Hasta aquí todo muy bien, muy correcto y muy conocido, pero el que se lleva la palma es el vehículo que vi pasar un viernes por la mañana en Nijmegen, no sabiendo bien si estaba suficientemente despierto como para dar crédito a lo que estaba presenciando.
Eludiendo la cuestión de fondo del confinamiento infantil y de la agorafobia que padecemos muchos de los mayores y que infringimos a nuestros pequeños, vamos a tratar del tema no menos escabroso de cómo transportamos a los niños de un sitio a otro y, más que eso, cómo los podríamos transportar si quisiéramos, entre todos, promocionar entornos que dieran oportunidades a las distintas opciones de locomoción por igual.
Podríamos ponernos realmente pesados tratando de argumentar pros, fórmulas, modelos, accesorios, trucos prácticos, sistemas, condiciones y hasta ingeniería civil y social, pero muchas veces es más útil y más sugerente ver unos cuantos ejemplos más o menos llamativos, más o menos fáciles.
Ahí van unos cuantos rescatados de la última visita al país líder en hacerlo a pedales.

Hasta aquí todo muy bien, muy correcto y muy conocido, pero el que se lleva la palma es el vehículo que vi pasar un viernes por la mañana en Nijmegen, no sabiendo bien si estaba suficientemente despierto como para dar crédito a lo que estaba presenciando.
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martes, 25 de febrero de 2014
¿Hablamos de intersecciones?
Últimamente se le ha dado mucho eco a un video explicando una pretendida solución al problema de la seguridad de la circulación ciclista en las intersecciones, el punto fatídico, sobre todo cuando hablamos de vías segregadas, que parece que es la definitiva.
Protected Intersections For Bicyclists from Nick Falbo on Vimeo.
No es fácil abordar el tema de las intersecciones sin antes discutir sobre la necesidad y las características de las vías segregadas. Lo es mucho menos si de las vías ciclistas exclusivas de las que hablamos son las que se han hecho en la mayoría de las ciudades que no sean holandesas o danesas. Para empezar, porque en esos paises ha habido un proceso histórico que optó, aprovechando la crisis del petróleo de los años 70 y la fuerza que tenían los movimientos sociales en aquellos años, por presionar para desbancar al coche como medio de transporte dominante en los centros urbanos y reconstruir las calles para promover el uso de la bicicleta.
Sin hacer esto, sin despotenciar al coche, sin desincentivarlo, sin restarle espacio de circulación y aparcamiento, sin estrechar sus vías es difícil hablar de duplicar el viario. Lo explica muy bien Mark Wagenbuur en Bicycle Dutch.
Con el ancho de vía disponible, con estructuras urbanas como las que se dan en esos paises y, sobre todo, con esa determinación por disuadir al uso del coche y potenciar el transporte y la bicicleta y con tan pocos peatones desplazándose, las vías dedicadas resultan mucho más fáciles de implementar en unas ciertas condiciones de mínimos, aunque esas condiciones son difícilmente extrapolables.
Sin estas condiciones, hablar de "reparar intersecciones" se convierte en un ejercicio de trapecismo poco recomendable pero al que muy poca gente pro-bici está dispuesta a renunciar, o lo que es lo mismo, tratar de resolver intersecciones sin antes validar los estándares y los criterios de implementación de las vías ciclistas es una equivocación fundamental.
En un país donde habría que desmantelar el 80% de los carriles bici que se han hecho, hablar de los cruces de los mismos es perverso. Hacerlo sin plantear cada caso, cada tramo, cada intersección, cada alternativa incluída en primer lugar la posibilidad de circular por el centro del carril en la calzada es ladino.
Así pues, se puede parchear si lo que se tiene es decente, pero cuando lo que se tiene es indecente lo que hay que hacer es replantearse la cosa desde el principio y establecer cuándo, cómo y por qué hay que hacer las cosas y sobre todo qué requisitos previos han de reunirse.
Por cierto, ni siquiera en países tan civilizados, tan ciclistas, con tantas vías ciclistas y tan pocos coches y peatones estas maravillas de la ingeniería civil acaban con los fatídicos accidentes en las intersecciones, que siguen siendo el caballo de batalla de la siniestralidad ciclista, así que mejor no pensar qué pasaría en nuestras ciudades si sometemos a nuestros peatones a tantos cruces y a los automovilistas, que no ceden ni al que está parado, a tener en cuenta tantas interacciones.
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No es fácil abordar el tema de las intersecciones sin antes discutir sobre la necesidad y las características de las vías segregadas. Lo es mucho menos si de las vías ciclistas exclusivas de las que hablamos son las que se han hecho en la mayoría de las ciudades que no sean holandesas o danesas. Para empezar, porque en esos paises ha habido un proceso histórico que optó, aprovechando la crisis del petróleo de los años 70 y la fuerza que tenían los movimientos sociales en aquellos años, por presionar para desbancar al coche como medio de transporte dominante en los centros urbanos y reconstruir las calles para promover el uso de la bicicleta.
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| Manifestación anticoche de la Cyclist Union en Copenague (1982) |
Con el ancho de vía disponible, con estructuras urbanas como las que se dan en esos paises y, sobre todo, con esa determinación por disuadir al uso del coche y potenciar el transporte y la bicicleta y con tan pocos peatones desplazándose, las vías dedicadas resultan mucho más fáciles de implementar en unas ciertas condiciones de mínimos, aunque esas condiciones son difícilmente extrapolables.
Sin estas condiciones, hablar de "reparar intersecciones" se convierte en un ejercicio de trapecismo poco recomendable pero al que muy poca gente pro-bici está dispuesta a renunciar, o lo que es lo mismo, tratar de resolver intersecciones sin antes validar los estándares y los criterios de implementación de las vías ciclistas es una equivocación fundamental.
En un país donde habría que desmantelar el 80% de los carriles bici que se han hecho, hablar de los cruces de los mismos es perverso. Hacerlo sin plantear cada caso, cada tramo, cada intersección, cada alternativa incluída en primer lugar la posibilidad de circular por el centro del carril en la calzada es ladino.
Así pues, se puede parchear si lo que se tiene es decente, pero cuando lo que se tiene es indecente lo que hay que hacer es replantearse la cosa desde el principio y establecer cuándo, cómo y por qué hay que hacer las cosas y sobre todo qué requisitos previos han de reunirse.
Por cierto, ni siquiera en países tan civilizados, tan ciclistas, con tantas vías ciclistas y tan pocos coches y peatones estas maravillas de la ingeniería civil acaban con los fatídicos accidentes en las intersecciones, que siguen siendo el caballo de batalla de la siniestralidad ciclista, así que mejor no pensar qué pasaría en nuestras ciudades si sometemos a nuestros peatones a tantos cruces y a los automovilistas, que no ceden ni al que está parado, a tener en cuenta tantas interacciones.
lunes, 24 de febrero de 2014
Bienvenidos al Apocalipsis
Muchas veces no somos conscientes de qué estamos hablando cuando nos referimos a cosas tan cotidianas como la luz, el transporte, la comida o el dinero. Nuestra ignorancia y la descontextualización de cada uno de esos elementos fundamentales para nuestra vida nos hace trivializar su importancia o reducirla a una mera repetición de tópicos. La ignorancia es atrevida y, más que eso, es pasto de reduccionismos demagógicos que sólo ayudan a mantener el orden establecido mediante falsas expectativas e intoxicación con miedo de cualquier opción alternativa a dicho orden.
Por eso cuando oímos algunas voces que tratan de alertarnos sobre la autoconsunción del mundo, las tachamos rápidamente de apocalípticas o maltusianas, ridiculizándolas utilizando lugares comunes y sofismas sin base alguna, pero que por pura repetición acabamos creyéndonos, y así las desactivamos y las silenciamos rápidamente.
Hoy toca hacer un ejercicio de información para la conciencia sobre el futuro que nos espera si seguimos a este ritmo de destrucción planetaria. Este fabuloso vídeo didáctico encierra una densidad de información y de lógica científica, que será difícil que no explote dentro de las cabezas que sean capaces de querer entender el mensaje que encierra.
Damos por supuesto que la inmensa mayoría de la gente sólo es capaz de ver lo que es capaz de creer, pero eso no debe desanimarnos en nuestra tarea de hacer viral un mensaje cuya esperanza se base en la inteligencia de cada persona para cuidarse de sí misma, más que en que el poder concentrado en unas pocas vaya a ocuparse o preocuparse de todos nosotros. Así pues, bienvenidos al principio del final de la era del petróleo y larga vida a un futuro más prometedor.
Por eso cuando oímos algunas voces que tratan de alertarnos sobre la autoconsunción del mundo, las tachamos rápidamente de apocalípticas o maltusianas, ridiculizándolas utilizando lugares comunes y sofismas sin base alguna, pero que por pura repetición acabamos creyéndonos, y así las desactivamos y las silenciamos rápidamente.Hoy toca hacer un ejercicio de información para la conciencia sobre el futuro que nos espera si seguimos a este ritmo de destrucción planetaria. Este fabuloso vídeo didáctico encierra una densidad de información y de lógica científica, que será difícil que no explote dentro de las cabezas que sean capaces de querer entender el mensaje que encierra.
Damos por supuesto que la inmensa mayoría de la gente sólo es capaz de ver lo que es capaz de creer, pero eso no debe desanimarnos en nuestra tarea de hacer viral un mensaje cuya esperanza se base en la inteligencia de cada persona para cuidarse de sí misma, más que en que el poder concentrado en unas pocas vaya a ocuparse o preocuparse de todos nosotros. Así pues, bienvenidos al principio del final de la era del petróleo y larga vida a un futuro más prometedor.
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miércoles, 19 de febrero de 2014
¡Que vienen los drones!
Ya podemos espabilar. Hace tiempo que teníamos que haberlo hecho, aprovechando las contracciones de esta crisis. No vamos a tener mejor coyuntura en muchos años para proponer "lo siguiente" en términos de movilidad y, ya de paso, de estilo de vida. Si no somos capaces de sacar partido de estos momentos aciagos, donde se está cuestionando hasta la pertinencia de las autopistas, donde todo ha quedado infrautilizado, donde cada vez menos gente se mueve y los que lo hacen cada vez lo hacen de una manera más inteligente, luego no tendremos derecho a quejarnos.
Porque ellos, los poderosísimos y sus cabezas pensantes ya están pensando en la resurrección del coche y en presentarlo como una revolución. Ya están pensando en el coche inteligente, en una especie de "smart car", un coche 2.0 que se relacione con coches, porque está demostrado que las relaciones entre humanos son problemáticas y causan demasiados accidentes. Estos drones se comunicarán en red y serán capaces de procesar información en tiempo real y aprender de los itinerarios habituales para los que se les requiera como Google aprende de nuestras búsquedas repetitivas y al final sabe más de nosotros que nosotros mismos.
Hasta entonces tenemos un "impasse", un tiempo muerto en el que podemos tratar de montar una organización diferente que habilite a los pobres que no tienen un coche y se mueven a pie o en bicis para hacerlo con más o menos facilidad. Aunque, si no andamos vivos, se nos va a pasar la oportunidad esperando... o quejándonos. Para construir ese nuevo orden hace falta que demostremos que andar a pie o en bicicleta es conveniente y que ayuda, mucho más que la cibernética, a ahorrar tiempo y dinero, a mejorar la salud, a disponer de mejores espacios públicos, a capacitar a mayores y menores a moverse libremente y a disfrutar de la calle y de la ciudad de manera amable, segura y relacional.
Ah, y una cosa, la gente de los drones no saben qué hacer con peatones y bicicletas por la escasa masa y energía que mueven ya que hace muy difícil su detección y posicionamiento "on time" por sus radares y satélites y muchas veces para cuendo se quieren dar cuenta es demasiado tarde y los tienen que atropellar.
UMTRI Revised Draft 2 from safetypilot on Vimeo.
Porque ellos, los poderosísimos y sus cabezas pensantes ya están pensando en la resurrección del coche y en presentarlo como una revolución. Ya están pensando en el coche inteligente, en una especie de "smart car", un coche 2.0 que se relacione con coches, porque está demostrado que las relaciones entre humanos son problemáticas y causan demasiados accidentes. Estos drones se comunicarán en red y serán capaces de procesar información en tiempo real y aprender de los itinerarios habituales para los que se les requiera como Google aprende de nuestras búsquedas repetitivas y al final sabe más de nosotros que nosotros mismos.
Hasta entonces tenemos un "impasse", un tiempo muerto en el que podemos tratar de montar una organización diferente que habilite a los pobres que no tienen un coche y se mueven a pie o en bicis para hacerlo con más o menos facilidad. Aunque, si no andamos vivos, se nos va a pasar la oportunidad esperando... o quejándonos. Para construir ese nuevo orden hace falta que demostremos que andar a pie o en bicicleta es conveniente y que ayuda, mucho más que la cibernética, a ahorrar tiempo y dinero, a mejorar la salud, a disponer de mejores espacios públicos, a capacitar a mayores y menores a moverse libremente y a disfrutar de la calle y de la ciudad de manera amable, segura y relacional.
Ah, y una cosa, la gente de los drones no saben qué hacer con peatones y bicicletas por la escasa masa y energía que mueven ya que hace muy difícil su detección y posicionamiento "on time" por sus radares y satélites y muchas veces para cuendo se quieren dar cuenta es demasiado tarde y los tienen que atropellar.
UMTRI Revised Draft 2 from safetypilot on Vimeo.
martes, 18 de febrero de 2014
¿Qué ciudad hemos preparado para nuestros niños?
¿Y cómo tenemos que adiestrar a nuestros niños para que se adapten a esa ciudad?
Si viendo videos adoctrinadores como éste no se nos ponen los pelos de punta es que somos unos indolentes y unos irresponsables, o que ya nos hemos inmunizado a la basura infantil.
¿De verdad queremos mantener este estado de cosas? ¿De verdad queremos seguir metiendo miedo a nuestros niños? ¿Queremos seguir prohibiéndoles jugar en las aceras? ¿Queremos seguir reprimiéndoles y represaliándoles porque no son capaces de hacerse con el orden que les hemos establecido? ¿De verdad lo queremos? ¿O es que simplemente no creemos que se pueda cambiar?
Esto no es seguridad vial, esto no es educación vial, esto es represión vial.
Basta de semaforitos, basta de niños advertidos, basta ya de meter miedo y de proteger al coche y justificarlo, incluso en los despistes de los automovilistas, basta ya de culpabilizar a los que tendrían que ser los protagonistas de la movilidad y de la vida urbana.
Esto es demasiado siniestro para que nos siga pareciendo normal.
Si con ese video no os ha sido suficiente, ahí va otra joya de la misma firma. Aquí al miedo, a la protección de la tiranía del coche, a la educación aborregante y maniqueísta hay que sumar la justificación de las prisas y la irascibilidad al volante, la inevitabilidad de la congestión, la incitación al consumo y a la competencia infantil y, no paremos de alucinar... ¡la circulación de las bicicletas por las aceras y la peligrosidad de los peatones!
Luz roja a esta luz verde tristona y atemorizadora que va a hacer de nuestros niños unos zombies a las órdenes de Nancy Agente de Tráfico. No más terror en las aulas.
Si viendo videos adoctrinadores como éste no se nos ponen los pelos de punta es que somos unos indolentes y unos irresponsables, o que ya nos hemos inmunizado a la basura infantil.
¿De verdad queremos mantener este estado de cosas? ¿De verdad queremos seguir metiendo miedo a nuestros niños? ¿Queremos seguir prohibiéndoles jugar en las aceras? ¿Queremos seguir reprimiéndoles y represaliándoles porque no son capaces de hacerse con el orden que les hemos establecido? ¿De verdad lo queremos? ¿O es que simplemente no creemos que se pueda cambiar?
Esto no es seguridad vial, esto no es educación vial, esto es represión vial.
Basta de semaforitos, basta de niños advertidos, basta ya de meter miedo y de proteger al coche y justificarlo, incluso en los despistes de los automovilistas, basta ya de culpabilizar a los que tendrían que ser los protagonistas de la movilidad y de la vida urbana.Esto es demasiado siniestro para que nos siga pareciendo normal.
Si con ese video no os ha sido suficiente, ahí va otra joya de la misma firma. Aquí al miedo, a la protección de la tiranía del coche, a la educación aborregante y maniqueísta hay que sumar la justificación de las prisas y la irascibilidad al volante, la inevitabilidad de la congestión, la incitación al consumo y a la competencia infantil y, no paremos de alucinar... ¡la circulación de las bicicletas por las aceras y la peligrosidad de los peatones!
Luz roja a esta luz verde tristona y atemorizadora que va a hacer de nuestros niños unos zombies a las órdenes de Nancy Agente de Tráfico. No más terror en las aulas.
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domingo, 2 de febrero de 2014
Ahora va a resultar que Volkswagen significa movilidad sostenible
Como BMW, Honda y otras marcas punteras, la industria del automóvil se ha puesto ya hace tiempo a adulterar el discurso de la sostenibilidad y del ambientalismo para vender más coches. Teniendo en cuenta que es la industria comercializadora más potente del planeta y que está en eminente recesión a nadie le extrañará que trate de identificar las tendencias emergentes para fagocitarlas y regurgitar su versión pervertida y perversora y así vender más de sus productos.
En la ciudad donde vivimos, Pamplona, manda, entre otros, la Volkswagen. Quedaba constatado hace unas semanas en un editorial que lo decía a las claras: es la vaca sagrada de la economía navarra, el motor de nuestra riqueza, de nuestro bienestar, de nuestro desarrollo y la esperanza de nuestro futuro... o al menos eso es lo que nos quieren hacer ver.
Aunque estaríamos dispuestos a tragarnos todos sus humos con ejemplar sumisión y nadie a este lado del Ebro osaría criticar a quien le da de comer, la prepotencia y el paternalismo propio de las grandes industrias multinacionales les obliga a hacer demostraciones públicas de su benevolencia y de su contribución incuestionable a la sociedad donde se asientan y, ya de paso, a su entorno.
Es el caso de la Volkswagen. Si a nivel mundial ha lanzado su mensaje de respeto al medio ambiente gracias a innovaciones tecnológicas que reducen la contaminación y minimizan el consumo energético, últimamente tienen una especial fijación en las bicicletas ya que se han debido dar cuenta de que transmiten todo lo que la mercadotecnia busca: una imagen fresca, amable, respetuosa, sana, limpia, moderna, atractiva y, por qué no, feliz.
O casi mejor... bicicleta
Hace tiempo que el monstruo alemán dijo dar con la solución a la movilidad urbana, cuando nos presentó su "bicicleta" eléctrica plegable. "Bicicleta" entre comillas porque no tenía pedales, por lo cual deberían haberla presentado como un ciclomotor, pero ellos ya sabían lo que exigía el guión y lo que marcaba la tendencia. La juventud en el mundo desarrollado ya no quiere coches y, mientras que los americanos prefieren tablets o smartphones, en Alemania prefieren bicis. Así pues, bicis o sucedáneos de bicis. Luego ya fue toda una gama.

En nuestra ciudad agradecida, la Volkswagen lidera hasta la Semana de la Movilidad Sostenible, en la que los ciudadanos y ciudadanas reconocen con una peregrinación en bicicleta la contribución inigualable que hace la factoría automovilista a la movilidad y recorren la ciudad hasta meterse en sus fauces y circular alegremente donde, hasta ahora, las bicicletas no podían llegar (a menos que fueran las bicicletas que usan algunos operarios para moverse por dentro de la fábrica).
Digo hasta ahora porque hoy se puede comprobar en la contraportada del mismo periódico (ese que demostraba la necesidad irreemplazable de esta industria) que la magnanimidad de esta compañía no conoce límites y no han tenido pudor en becar por cuatro meses a dos estudiantes de arquitectura de la Universidad de Navarra para que desarrollaran su proyecto de hacer un carril bici hasta el interior de la ciudad industrial. Algo que vienen reclamando algunos de sus empleados, lo pocos que osan ir en bicicleta a trabajar, con la negativa como respuesta invariable.
La magia mediática, el lobbismo y la mercantilización sublime de todo ello vende mucho más que atender las demandas laborales de unos cuantos pirados. No sé que será lo siguiente, pero seguro que no hacen caso de los postulados de las personas que llevan años dedicándose a esa valiosa labor de fomentar la educación vial y la movilidad sostenible en el Parque Polo, un centro que se aloja dentro del recinto blindado de la misma factoría y que cuando no se usa para eso sirve de pista de carreras para karts y minimotos.
Algunos hasta ahora pensábamos que el sueño nazi llamado "Volkswagen" significaba algo así como "el coche del pueblo", el utilitario, el paradigma de la movilidad, el fundamento de la hipermotorización doméstica, el origen de los problemas de la congestión, de la contaminación, de la sobreocupación y de la violencia vial de nuestras ciudades, pero va a ser que no, que estábamos equivocados. Ahora va a resultar que "Volkswagen" significaba movilidad sostenible y, como nos despistemos, va a significar también bicicleta y al final también felicidad.
No hace falta que te lo creas, es así... y, si no, se cambia la historia y punto.
En la ciudad donde vivimos, Pamplona, manda, entre otros, la Volkswagen. Quedaba constatado hace unas semanas en un editorial que lo decía a las claras: es la vaca sagrada de la economía navarra, el motor de nuestra riqueza, de nuestro bienestar, de nuestro desarrollo y la esperanza de nuestro futuro... o al menos eso es lo que nos quieren hacer ver.
Aunque estaríamos dispuestos a tragarnos todos sus humos con ejemplar sumisión y nadie a este lado del Ebro osaría criticar a quien le da de comer, la prepotencia y el paternalismo propio de las grandes industrias multinacionales les obliga a hacer demostraciones públicas de su benevolencia y de su contribución incuestionable a la sociedad donde se asientan y, ya de paso, a su entorno.
Es el caso de la Volkswagen. Si a nivel mundial ha lanzado su mensaje de respeto al medio ambiente gracias a innovaciones tecnológicas que reducen la contaminación y minimizan el consumo energético, últimamente tienen una especial fijación en las bicicletas ya que se han debido dar cuenta de que transmiten todo lo que la mercadotecnia busca: una imagen fresca, amable, respetuosa, sana, limpia, moderna, atractiva y, por qué no, feliz.
O casi mejor... bicicleta
Hace tiempo que el monstruo alemán dijo dar con la solución a la movilidad urbana, cuando nos presentó su "bicicleta" eléctrica plegable. "Bicicleta" entre comillas porque no tenía pedales, por lo cual deberían haberla presentado como un ciclomotor, pero ellos ya sabían lo que exigía el guión y lo que marcaba la tendencia. La juventud en el mundo desarrollado ya no quiere coches y, mientras que los americanos prefieren tablets o smartphones, en Alemania prefieren bicis. Así pues, bicis o sucedáneos de bicis. Luego ya fue toda una gama.

En nuestra ciudad agradecida, la Volkswagen lidera hasta la Semana de la Movilidad Sostenible, en la que los ciudadanos y ciudadanas reconocen con una peregrinación en bicicleta la contribución inigualable que hace la factoría automovilista a la movilidad y recorren la ciudad hasta meterse en sus fauces y circular alegremente donde, hasta ahora, las bicicletas no podían llegar (a menos que fueran las bicicletas que usan algunos operarios para moverse por dentro de la fábrica).
Digo hasta ahora porque hoy se puede comprobar en la contraportada del mismo periódico (ese que demostraba la necesidad irreemplazable de esta industria) que la magnanimidad de esta compañía no conoce límites y no han tenido pudor en becar por cuatro meses a dos estudiantes de arquitectura de la Universidad de Navarra para que desarrollaran su proyecto de hacer un carril bici hasta el interior de la ciudad industrial. Algo que vienen reclamando algunos de sus empleados, lo pocos que osan ir en bicicleta a trabajar, con la negativa como respuesta invariable.
La magia mediática, el lobbismo y la mercantilización sublime de todo ello vende mucho más que atender las demandas laborales de unos cuantos pirados. No sé que será lo siguiente, pero seguro que no hacen caso de los postulados de las personas que llevan años dedicándose a esa valiosa labor de fomentar la educación vial y la movilidad sostenible en el Parque Polo, un centro que se aloja dentro del recinto blindado de la misma factoría y que cuando no se usa para eso sirve de pista de carreras para karts y minimotos.
Algunos hasta ahora pensábamos que el sueño nazi llamado "Volkswagen" significaba algo así como "el coche del pueblo", el utilitario, el paradigma de la movilidad, el fundamento de la hipermotorización doméstica, el origen de los problemas de la congestión, de la contaminación, de la sobreocupación y de la violencia vial de nuestras ciudades, pero va a ser que no, que estábamos equivocados. Ahora va a resultar que "Volkswagen" significaba movilidad sostenible y, como nos despistemos, va a significar también bicicleta y al final también felicidad.
No hace falta que te lo creas, es así... y, si no, se cambia la historia y punto.
sábado, 25 de enero de 2014
Ciclogénesis bicicletera en Pamplona
Pamplona se ha metido en los últimos días en una ciclogénesis bicicletera tanto en el terreno político como en el mediático, que ha deparado un cierto clima de excepción en la calle. La gente se ha hipersensibilizado con las bicicletas y eso, como se sabe, tiene su lado positivo pero también conlleva una cierta reacción negativa contra "esos de las bicis", que suele empujar a las víctimas a esgrimir el "ladran, luego pedaleamos" que tan pocos amigos acaba haciendo.
El caso es que una conjunción de acontecimientos ha servido para poner a la bicicleta en la palestra, si no lo estaba ya antes en la ciudad con más kilómetros de ciclovías por habitante y con las bicicletas públicas menos utilizadas de estas latitudes, la única cuyo registro de bicicletas incluye de manera obligatoria una placa a modo de matrícula y la que se ha atrevido a regular la velocidad en su gran parque fluvial longitudinal por debajo de 10 kilómetros hora. Pamplona ha despertado de su letargo y ha vuelto a polemizar sobre la bici.
Por un lado, el Pleno del Ayuntamiento aprobando una serie de mociones relativas a la bicicleta:
Todo esto despertó a los medios de comunicación que trataron de recoger, cada uno poniendo énfasis en un aspecto diferente según su criterio apriorístico de lo que era más importante, más noticiable o simplemente más sensacionalista. Al final, unos preocupados por los robos, otros por la calidad de los carriles y los terceros por ascensores y limitaciones de circulación y velocidad, la cosa ha devenido un auténtico fregado mediático con su correspondiente revuelo de opinión.
Todo ello coincidiendo con la segunda reunión del Observatorio de la Bicicleta de Pamplona recientemente constituido, en el que muchos de esos temas habían surgido y ya se habían tratado de una manera informal en su primera reunión, pero que no habían trascendido de este foro.
El resultado de todos estos acontecimientos y de todo este espacio dedicado en los efímeros medios de comunicación ha sacado a la bicicleta de su estado de hibernación y la ha puesto en el candelero y ha servido para poner en solfa todo lo que nuestros ayuntamientos benévolos han concedido a los ciclistas: migajas y, para colmo, dispersas.
La bicicleta no ha conseguido mejores cotas de normalización en nuestras ciudades y más concretamente en Pamplona simplemente porque no se ha trabajado desde la lógica de promocionar un medio de transporte sino desde la óptica de la misericordia por unos cuantos desalmados que querían jugársela en medio de la ciudad motorizada con sus vehículos a pedales.
El resultado de esta visión caritativa no ha sido otro que el esperado: conservar la opción ciclista en la marginalidad, en la pobretonería y en la discriminación respecto al todopoderoso tráfico motorizado, pero con buenas dosis de propaganda, de autocomplacencia y de escenificación de éxito.
Lo que se concluye de toda esta onda expansiva es que el proceso de ciclabilización que han iniciado con más o menos acierto, con más o menos decisión o con más o menos valentía nuestros ayuntamientos todavía está pendiente de un reconocimiento mayor de la dignidad del ciclista y con ella de sus derechos, obligaciones, deseos y condiciones. Hasta entonces seguiremos trabajando denodadamente por lograrlo.
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| Foto: Javier Muru |
El caso es que una conjunción de acontecimientos ha servido para poner a la bicicleta en la palestra, si no lo estaba ya antes en la ciudad con más kilómetros de ciclovías por habitante y con las bicicletas públicas menos utilizadas de estas latitudes, la única cuyo registro de bicicletas incluye de manera obligatoria una placa a modo de matrícula y la que se ha atrevido a regular la velocidad en su gran parque fluvial longitudinal por debajo de 10 kilómetros hora. Pamplona ha despertado de su letargo y ha vuelto a polemizar sobre la bici.
Por un lado, el Pleno del Ayuntamiento aprobando una serie de mociones relativas a la bicicleta:
- Aparcamientos domésticos seguros en locales de titularidad municipal, sobre todo para la población del Casco Viejo de la ciudad, por su particular situación y casuística.
- Aparcamientos cubiertos y vigilados de rotación en los parkings de concesión pública en lugares estratégicos de la ciudad.
- Revisión y ampliación de la red de carriles bici de la ciudad.
- Conexión de la red de carriles bici haciendo mención especial a los accesos que presentan fuertes pendientes.
- Realización de campañas de buenas prácticas entre ciclistas.
Todo esto despertó a los medios de comunicación que trataron de recoger, cada uno poniendo énfasis en un aspecto diferente según su criterio apriorístico de lo que era más importante, más noticiable o simplemente más sensacionalista. Al final, unos preocupados por los robos, otros por la calidad de los carriles y los terceros por ascensores y limitaciones de circulación y velocidad, la cosa ha devenido un auténtico fregado mediático con su correspondiente revuelo de opinión.
Todo ello coincidiendo con la segunda reunión del Observatorio de la Bicicleta de Pamplona recientemente constituido, en el que muchos de esos temas habían surgido y ya se habían tratado de una manera informal en su primera reunión, pero que no habían trascendido de este foro.
El resultado de todos estos acontecimientos y de todo este espacio dedicado en los efímeros medios de comunicación ha sacado a la bicicleta de su estado de hibernación y la ha puesto en el candelero y ha servido para poner en solfa todo lo que nuestros ayuntamientos benévolos han concedido a los ciclistas: migajas y, para colmo, dispersas.
La bicicleta no ha conseguido mejores cotas de normalización en nuestras ciudades y más concretamente en Pamplona simplemente porque no se ha trabajado desde la lógica de promocionar un medio de transporte sino desde la óptica de la misericordia por unos cuantos desalmados que querían jugársela en medio de la ciudad motorizada con sus vehículos a pedales.
El resultado de esta visión caritativa no ha sido otro que el esperado: conservar la opción ciclista en la marginalidad, en la pobretonería y en la discriminación respecto al todopoderoso tráfico motorizado, pero con buenas dosis de propaganda, de autocomplacencia y de escenificación de éxito.
Lo que se concluye de toda esta onda expansiva es que el proceso de ciclabilización que han iniciado con más o menos acierto, con más o menos decisión o con más o menos valentía nuestros ayuntamientos todavía está pendiente de un reconocimiento mayor de la dignidad del ciclista y con ella de sus derechos, obligaciones, deseos y condiciones. Hasta entonces seguiremos trabajando denodadamente por lograrlo.
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sábado, 11 de enero de 2014
¿Hay que gastarse muchos millones para conseguir mejores ciudades?
Hoy ha llegado a nuestros ojos este vídeo fantástico, que recrea la maravilla de la ingeniería civil que ha planeado el Ayuntamiento de Burgos para una de sus avenidas más importantes: la Calle Vitoria.
Algo similar a lo que se ha hecho en muchas ciudades en estas arterias centrales para hacerlas más amables y más vertebradoras de los núcleos urbanos. La obra propone una reconversión de una autopista urbana de cuatro carriles en una vía normal de un carril por sentido y un ridículo carril bici encajonado en el andén central en el que se presupone que el ciclista sólo quiere recorrer esta preciosidad urbanística en sentido longitudinal, reforzando una concepción casi zoológica de la movilidad ciclista, porque no han previsto ninguna escapatoria más allá de los puros pasos peatonales, con la consecuente invasión automática de las aceras ampliadas colindantes. Una estupidez soberana, pero que queda que ni pintada ahí en medio a modo estandarte de la modernidad sostenible.
Mejorable, sin duda, pero a primera vista interesante, aunque lo verdaderamente importante es si es prioritaria a otras actuaciones en el barrio o en la ciudad, dado el coste astronómico de este tipo de obras, sobre todo en tiempos de crisis y de recortes presupuestarios a diestro y siniestro.
En fin, que la respuesta civil, esta vez de los vecinos congregados por las redes sociales, no se ha hecho esperar y por desgracia ha desembocado en incidentes desagradables: una batalla campal.
¿Qué quiere la gente?
Es lo que tiene la remodelación de la ciudad, que genera respuestas. Seguro que a todos estos la mejora de los espacios peatonales, de la eficiencia del transporte público o de la pretendida circulación ciclista no se la trae al pairo, como la mayor calidad del espacio público o los beneficios económicos y sociales que ello conlleva, pero visto así parece que sólo defienden su derecho inalienable de usar el coche en la ciudad de manera prioritaria a cualquier otro modo de transporte y a ellos sólo les preocupa la reducción de carriles y la eliminación de plazas de aparcamiento. Sus carriles, sus plazas de aparcamiento.
Aunque lo verdaderamente preocupante y lamentable no es que se produzcan estas respuestas ante una propuesta de reurbanización, sino que estas sean violentas y acaben con daños en el mobiliario urbano y en los comercios y bajos de esa misma calle que dicen pretender proteger. Esto no es solidaridad, esto no es civismo, esto no es más que brutalidad y no ayuda para nada a argumentar las razones de fondo, que seguro que las hay y algunas seguro que valiosas, ante ese Ayuntamiento por unos cauces más adecuados. Con este tipo de maniobras, casi siempre distorsionadas por unos cuantos energúmenos calentados por actuaciones policiales desmesuradas, sólo se consigue desautorizar la iniciativa popular.
¿Importante o impactante?
Lo que subyace en este tipo de encontronazos entre ayuntamientos y ciudadanía es el criterio de unos y otros sobre lo que es importante en la construcción de una ciudad. Mientras que para los cargos electos suelen resultar más atractivas, dada la perentoriedad de sus puestos, las actuaciones visibles y que dejen huella inequívoca de su paso por el poder, para la ciudadanía suelen ser más importantes los servicios sociales que muchas veces pasan casi inadvertidos para el resto de la opinión pública por no ser tan mediáticos o no ser mediáticos en absoluto.
Normalmente estas diferencias se suelen presentar por parte de las autoridades, aprovechando toda su potencia propagandística, como miopía ciudadana y reaccionarismo a cualquier cambio por parte de vecinos y comerciantes afectados y, aunque se han dado numerosos casos que así lo han atestiguado, generalizar siempre es peligroso, sobre todo cuando el presupuesto es escaso y las necesidades acuciantes.
La pregunta del millón sería precisamente esa: ¿hay que gastarse muchos millones para conseguir mejores ciudades y personas más felices? En el caso que nos ocupa podríamos acompañarla de una segunda: ¿sólo las modificaciones urbanísticas son capaces de cambiar la configuración de una ciudad?
Seguiremos atentos a nuestros receptores.
Algo similar a lo que se ha hecho en muchas ciudades en estas arterias centrales para hacerlas más amables y más vertebradoras de los núcleos urbanos. La obra propone una reconversión de una autopista urbana de cuatro carriles en una vía normal de un carril por sentido y un ridículo carril bici encajonado en el andén central en el que se presupone que el ciclista sólo quiere recorrer esta preciosidad urbanística en sentido longitudinal, reforzando una concepción casi zoológica de la movilidad ciclista, porque no han previsto ninguna escapatoria más allá de los puros pasos peatonales, con la consecuente invasión automática de las aceras ampliadas colindantes. Una estupidez soberana, pero que queda que ni pintada ahí en medio a modo estandarte de la modernidad sostenible.
Mejorable, sin duda, pero a primera vista interesante, aunque lo verdaderamente importante es si es prioritaria a otras actuaciones en el barrio o en la ciudad, dado el coste astronómico de este tipo de obras, sobre todo en tiempos de crisis y de recortes presupuestarios a diestro y siniestro.
En fin, que la respuesta civil, esta vez de los vecinos congregados por las redes sociales, no se ha hecho esperar y por desgracia ha desembocado en incidentes desagradables: una batalla campal.
Disturbios en Burgos en una protesta contra la conversión de una calle en bulevar
¿Qué quiere la gente?
Es lo que tiene la remodelación de la ciudad, que genera respuestas. Seguro que a todos estos la mejora de los espacios peatonales, de la eficiencia del transporte público o de la pretendida circulación ciclista no se la trae al pairo, como la mayor calidad del espacio público o los beneficios económicos y sociales que ello conlleva, pero visto así parece que sólo defienden su derecho inalienable de usar el coche en la ciudad de manera prioritaria a cualquier otro modo de transporte y a ellos sólo les preocupa la reducción de carriles y la eliminación de plazas de aparcamiento. Sus carriles, sus plazas de aparcamiento.Aunque lo verdaderamente preocupante y lamentable no es que se produzcan estas respuestas ante una propuesta de reurbanización, sino que estas sean violentas y acaben con daños en el mobiliario urbano y en los comercios y bajos de esa misma calle que dicen pretender proteger. Esto no es solidaridad, esto no es civismo, esto no es más que brutalidad y no ayuda para nada a argumentar las razones de fondo, que seguro que las hay y algunas seguro que valiosas, ante ese Ayuntamiento por unos cauces más adecuados. Con este tipo de maniobras, casi siempre distorsionadas por unos cuantos energúmenos calentados por actuaciones policiales desmesuradas, sólo se consigue desautorizar la iniciativa popular.
¿Importante o impactante?
Lo que subyace en este tipo de encontronazos entre ayuntamientos y ciudadanía es el criterio de unos y otros sobre lo que es importante en la construcción de una ciudad. Mientras que para los cargos electos suelen resultar más atractivas, dada la perentoriedad de sus puestos, las actuaciones visibles y que dejen huella inequívoca de su paso por el poder, para la ciudadanía suelen ser más importantes los servicios sociales que muchas veces pasan casi inadvertidos para el resto de la opinión pública por no ser tan mediáticos o no ser mediáticos en absoluto.
Normalmente estas diferencias se suelen presentar por parte de las autoridades, aprovechando toda su potencia propagandística, como miopía ciudadana y reaccionarismo a cualquier cambio por parte de vecinos y comerciantes afectados y, aunque se han dado numerosos casos que así lo han atestiguado, generalizar siempre es peligroso, sobre todo cuando el presupuesto es escaso y las necesidades acuciantes.
La pregunta del millón sería precisamente esa: ¿hay que gastarse muchos millones para conseguir mejores ciudades y personas más felices? En el caso que nos ocupa podríamos acompañarla de una segunda: ¿sólo las modificaciones urbanísticas son capaces de cambiar la configuración de una ciudad?
Seguiremos atentos a nuestros receptores.
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