Conocido es cómo el antropólogo Marvin Harris analizó el fenómeno de las vacas sagradas de la India y la prohibición de matarlas por respeto a la vida. Descubría con datos económicos que detrás de la religión había todo un sistema de subsistencia basado en la eficiencia, bastante más excelente que las componendas de un capitalismo que insistía una y otra vez en sacrificar los animales como solución al problema del hambre.
Demostraba que el despilfarro del modelo energético del coche o de la agroindustria intensiva superaba con creces lo que millones de vacas pudieran gastar, y concluía su artículo con una comparación que apuntaba a este modelo insostenible: "Si desean ver una verdadera vaca sagrada, salgan a la calle y observen el automóvil de la familia".
Encontrado por sorpresa en un periódico de ayer como argumento contra la política de movilidad local, escrito por Víctor Abárzuza. Un placer.
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miércoles, 11 de diciembre de 2013
lunes, 29 de abril de 2013
Si conduces tu coche solo....
Vivimos tiempos difíciles. Para muchos la situación es tan angustiosa que es comparable a un estado de excepción o un ambiente pre-bélico, un ambiente de guerra, financiera y económica pero guerra en definitiva. En este escenario donde la llamada a la austeridad se ha generalizado como única fórmula para afrontar las dificultades, el asunto energético cobra una preeminencia sobre otros.
Con una balanza energética altamente deficitaria, con una economía energéticamente dependiente, con un consumo energético disparatado y con un estilo de vida que no está poniendo en cuestión este tipo de desmanes, debería ser lógica una reacción responsable por parte de los estados dirigida a hacer reflexionar a la ciudadanía respecto a las consecuencias que todo esto tiene en el estrangulamiento de nuestros países.
Y así podrían tener sentido campañas de corte propagandístico dirigidas a controlar este despilfarro energético apelando a la conciencia colectiva. Igual que hicieron los estadounidenses en vísperas de la Segunda Guerra Mundial alertando a sus conciudadanos de que conducir sólos un coche suponía un derroche energético comparable a darle fuerza al enemigo.
Hoy el enemigo quizá no sea tan personalizable, pero hoy igualmente conducir un coche en solitario sin motivo justificado no deja de ser una forma de alimentar este monstruo que consume espacio y energía de una manera insaciable, este monstruo que se cobra más víctimas que muchas guerras y deja muertos y heridos a diario, este monstruo que atemoriza a todos en la calle, que intimida a los demás, este monstruo que además nos hace dependientes del poder de las corporaciones energéticas y de los grupos financieros que les dan cobertura.
Conducir un coche solo sin una justificación suficiente e inevitable, en este escenario, representa así una irresponsabilidad tremenda en una sociedad que necesita reorganizarse, pero representa además una tiranía respecto a las libertades de los demás y una forma de poner en compromiso su seguridad. Así pues, y aunque la imagen de Hitler quizá no represente estos valores, cabría reeditar este tipo de mensajes que llaman a compartir los viajes en coche. Pero también podrían reformularse en otros que incentivaran al uso de medios no motorizados, como la bicicleta.
Gracias a JuanCris Ortiz por la inspiración.
Con una balanza energética altamente deficitaria, con una economía energéticamente dependiente, con un consumo energético disparatado y con un estilo de vida que no está poniendo en cuestión este tipo de desmanes, debería ser lógica una reacción responsable por parte de los estados dirigida a hacer reflexionar a la ciudadanía respecto a las consecuencias que todo esto tiene en el estrangulamiento de nuestros países.
Y así podrían tener sentido campañas de corte propagandístico dirigidas a controlar este despilfarro energético apelando a la conciencia colectiva. Igual que hicieron los estadounidenses en vísperas de la Segunda Guerra Mundial alertando a sus conciudadanos de que conducir sólos un coche suponía un derroche energético comparable a darle fuerza al enemigo.
Hoy el enemigo quizá no sea tan personalizable, pero hoy igualmente conducir un coche en solitario sin motivo justificado no deja de ser una forma de alimentar este monstruo que consume espacio y energía de una manera insaciable, este monstruo que se cobra más víctimas que muchas guerras y deja muertos y heridos a diario, este monstruo que atemoriza a todos en la calle, que intimida a los demás, este monstruo que además nos hace dependientes del poder de las corporaciones energéticas y de los grupos financieros que les dan cobertura.
Conducir un coche solo sin una justificación suficiente e inevitable, en este escenario, representa así una irresponsabilidad tremenda en una sociedad que necesita reorganizarse, pero representa además una tiranía respecto a las libertades de los demás y una forma de poner en compromiso su seguridad. Así pues, y aunque la imagen de Hitler quizá no represente estos valores, cabría reeditar este tipo de mensajes que llaman a compartir los viajes en coche. Pero también podrían reformularse en otros que incentivaran al uso de medios no motorizados, como la bicicleta.
Gracias a JuanCris Ortiz por la inspiración.
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jueves, 25 de agosto de 2011
¿Y si David pudiera con Goliat?
Hoy, como parte de mis rutinas estivales, me he vuelto a quedar embobado mirando a ninguna parte, absorto en la placidez del momento. En esas estaba cuando me ha parecido ver una mosca desplazándose de espaldas por el suelo de la terraza. ¿Cómooo? ¿La mezcla de buena temperatura, sol y el aire sano de la montaña tienen efectos alucinógenos? ¿O quizá ha sido el exceso de ejercicio de las últimas semanas que me ha debilitado tanto que me hace ver visiones?
He decidido incorporarme de mi postración y acercar el morro hacia ese insecto para tratar de interpretar qué demonios estaba ocurriendo y ¿qué me he encontrado? Una hormiga arrastrándola con las mismas dificultades que determinación hacia su hormiguero. ¡Quién si no! En otro momento de largo verano dediqué unas líneas a estos increíbles insectos. Hoy no voy a insistir en ello, sino en lo alegórico de la imagen: el pequeño pudiendo con el grande, el ligero arrastrando al pesado.
No me quiero poner sentimental, apocalíptico ni utópico, pero se me ha representado esta famosa fotografía en la que un ciclista acarrea la carrocería de un coche. Y me ha parecido representativa del futuro incierto que nos augura la crisis energética que para muchos es inminente, donde la universalidad y la sobreutilización del coche como vehículo preeminente y prepotente se acabará y habrá que buscar fórmulas más eficientes y más ligeras. Y me ha venido a la mente la historia de David y Goliat. Y he pensado: ¿Y si David pudiera con Goliat?
¿Cómo? ¿Qué pudo? ¿Qué la fuerza bruta y descomunal fue abatida por la inteligencia y la agilidad de un mindundi con una herramienta que multiplicaba su fuerza y que acertó a darle en toda la cabeza con su piedrecita? ¿Y que eso sirvió para acabar con el dominio insolente y el terror que ejercía el pesado gigante sobre la población? ¡Venga ya!
He decidido incorporarme de mi postración y acercar el morro hacia ese insecto para tratar de interpretar qué demonios estaba ocurriendo y ¿qué me he encontrado? Una hormiga arrastrándola con las mismas dificultades que determinación hacia su hormiguero. ¡Quién si no! En otro momento de largo verano dediqué unas líneas a estos increíbles insectos. Hoy no voy a insistir en ello, sino en lo alegórico de la imagen: el pequeño pudiendo con el grande, el ligero arrastrando al pesado.
No me quiero poner sentimental, apocalíptico ni utópico, pero se me ha representado esta famosa fotografía en la que un ciclista acarrea la carrocería de un coche. Y me ha parecido representativa del futuro incierto que nos augura la crisis energética que para muchos es inminente, donde la universalidad y la sobreutilización del coche como vehículo preeminente y prepotente se acabará y habrá que buscar fórmulas más eficientes y más ligeras. Y me ha venido a la mente la historia de David y Goliat. Y he pensado: ¿Y si David pudiera con Goliat?
¿Cómo? ¿Qué pudo? ¿Qué la fuerza bruta y descomunal fue abatida por la inteligencia y la agilidad de un mindundi con una herramienta que multiplicaba su fuerza y que acertó a darle en toda la cabeza con su piedrecita? ¿Y que eso sirvió para acabar con el dominio insolente y el terror que ejercía el pesado gigante sobre la población? ¡Venga ya!
martes, 23 de agosto de 2011
Soy combustible
Lo sé porque me quemo. Me quemo tanto física como mentalmente. Es fácil darse cuenta con los calores que estamos soportando. También he podido comprobar cómo me he ido consumiendo con el paso del tiempo, aunque esa creo que es una combustión más lenta.
Sin embargo, creo que soy combustible, mucho más que por todo eso, porque para moverme utilizo habitualmente una bicicleta y consigo desplazarme con facilidad distancias realmente importantes con la única energía que soy capaz de generar yo mismo. Por supuesto que para ello me alimento, pero también lo hago los días que no ando en bicicleta y no consigo ver a dónde va a parar el excedente que ese día no he consumido, por lo que he decidido que soy a la vez motor y combustible.
No me importa mucho que la biología y la anatomía no estén de acuerdo conmigo. A mi me gusta creer que soy una especie de refinería, con sus depósitos, que genera un fuel de calidad, ligero y eficiente, que es el que me permite moverme 10, 20, 30 ó 150, 200 ó 250 kilómetros al día. Claro que consumo agua para hidratarme y refrigerarme. Nadie es perfecto. También contamino y emito residuos y CO2, como cualquier combustible.
Lo realmente simpático de mi caso es que no necesito ir a repostar a ningún sitio distinto a los que frecuento habitualmente en mi vida cotidiana. Ese es el truco y esa es la gracia. Simplemente lo llevo conmigo, es parte de mi naturaleza.
Además, cuando entro en combustión libero una serie de sustancias que me generan un bienestar increíble. Adrenalina y endorfinas me provocan una serie de sensaciones que más que agradables me crean una dependencia difícil de combatir. Y lo mejor del asunto es que cuanto mayor es el hábito, mayor es el octanaje.
El problema es que el combustible puede encender a los demás y provocar en ellos diversos tipos de reacciones. A veces se dejan prender y arden placenteramente, otras veces explotan provocando fuertes ondas expansivas.
No sé. Creo que seguiré consumiéndome. Es un placer.
Sin embargo, creo que soy combustible, mucho más que por todo eso, porque para moverme utilizo habitualmente una bicicleta y consigo desplazarme con facilidad distancias realmente importantes con la única energía que soy capaz de generar yo mismo. Por supuesto que para ello me alimento, pero también lo hago los días que no ando en bicicleta y no consigo ver a dónde va a parar el excedente que ese día no he consumido, por lo que he decidido que soy a la vez motor y combustible.
No me importa mucho que la biología y la anatomía no estén de acuerdo conmigo. A mi me gusta creer que soy una especie de refinería, con sus depósitos, que genera un fuel de calidad, ligero y eficiente, que es el que me permite moverme 10, 20, 30 ó 150, 200 ó 250 kilómetros al día. Claro que consumo agua para hidratarme y refrigerarme. Nadie es perfecto. También contamino y emito residuos y CO2, como cualquier combustible.
Lo realmente simpático de mi caso es que no necesito ir a repostar a ningún sitio distinto a los que frecuento habitualmente en mi vida cotidiana. Ese es el truco y esa es la gracia. Simplemente lo llevo conmigo, es parte de mi naturaleza.
Además, cuando entro en combustión libero una serie de sustancias que me generan un bienestar increíble. Adrenalina y endorfinas me provocan una serie de sensaciones que más que agradables me crean una dependencia difícil de combatir. Y lo mejor del asunto es que cuanto mayor es el hábito, mayor es el octanaje.
El problema es que el combustible puede encender a los demás y provocar en ellos diversos tipos de reacciones. A veces se dejan prender y arden placenteramente, otras veces explotan provocando fuertes ondas expansivas.
No sé. Creo que seguiré consumiéndome. Es un placer.
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