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lunes, 9 de enero de 2017

De la parálisis al apresuramiento pro-bici

Muchas veces confundimos la inacción con la falta de interés e intención y, aunque normalmente van de la mano, hay ocasiones en que no es así. Hablamos, como siempre, de bicis, de ciudades y de cambio hacia una movilidad menos automovilística y compulsiva. Que no se hagan cosas inmediatamente, ante un cambio de gobierno en muchas ciudades, no debe tomarse como una mala noticia o cobardía política. Sobre todo cuando la valentía muchas veces se puede asociar a acometer actuaciones aprisa y corriendo sin tener los apoyos, los consensos, la participación y las críticas y aportaciones que las legitimen.

Es lo que ha pasado o está pasando en Pamplona, donde pasamos de un gobierno reaccionario con todo lo que representara reducir oportunidades para que el automóvil siguiera siendo el medio de transporte urbano dominante, a un gobierno de coalición cuyas intenciones han quedado más que claras, pero que se han lanzado a prometer acciones sin haber recapacitado suficientemente sobre las consecuencias que estas puedan suponer.

Al final, por unas cuestiones o por otras, el caso es que las actuaciones en favor de una movilidad menos motorizada siguen en una situación de parálisis que se empieza a hacer demasiado larga y que está consumiendo una legislatura que debería haber supuesto un punto de inflexión y haber marcado el inicio de un cambio de rumbo decisivo y decidido hacia otro modelo de ciudad y otro modelo de movilidad.

Nota editorial de
Diario de Navarra (7-11-2017)
El problema es que ha dado tiempo a desenfocar tanto el tema y a desvariar tanto en las consecuencias de las propuestas enunciadas y no puestas en práctica, que ya no sabemos ni dónde estábamos ni donde estamos. Todo eso acompañado de discursos maximalistas, propaganda vestida de demandas sociales constatables, presentaciones públicas con pretensiones de procesos de participación y otros momentos casi carnavalescos. Todo amplificado por los medios de comunicación interesados y partidistas, ávidos de mostrar a este gobierno municipal debilitado e incompetente.

Este es el momento en el que nos encontramos: con las promesas a punto de caducarse, las expectativas bañadas de escepticismo y la gente cada vez más crispada, más indignada y más incrédula. Y los coches campando a sus anchas y las bicicletas circulando de manera masiva e indolente por las aceras.

Es el momento de ponerse en marcha de una manera decidida, buscando el máximo consenso. No hacer de esto una bandera partidista o un arma arrojadiza. No hacer y deshacer en cónclaves monocordes y monocromáticos, maniqueos y maquiavélicos. Hacer es trabajar con formatos inclusivos y no excluyentes, y con métodos suficientemente ecuánimes, fidedignos y legitimadores, contando con los agentes implicados y afectados y trabajando de manera holística, integral y no parcial.

No vale con hacer actuaciones espectaculares, emblemáticas y que busquen ser impactantes, si no se enmarcan en un plan que las contemple, las enmarque y les dé sentido. En Pamplona, ahora mismo, plantear la reconfiguración de la Avenida Pío XII o la peatonalización del centro de la ciudad o pintar unas ciclocalles o habilitar un aparcamiento de bicis para residentes en Descalzos no va a servir nada más que para causar un efecto sensacionalista y poco más. Como llamar Plan de Movilidad a algo que sólo propone actuar segregando espacios a los distintos modos de transporte en las grandes avenidas. O llamar reparto modal a la redistribución del espacio de circulación. Y en ningún caso plantear medidas para disuadir del uso del coche (fundamentalmente, reducción y encarecimiento del aparcamiento en superficie y corte de atajos).


Pero, si hablamos exclusivamente de medidas para favorecer el uso de la bici, hasta que no se haga una auditoría de las actuaciones hechas hasta la fecha, se estarán validando todas las chapuzas realizadas en el pasado y se estarán asumiendo como consolidables, lo cual pondrá en tela de juicio cualquier actuación que se proponga, por más espectacular y modélica que se quiera presentar.

Así pues, tenemos un año decisivo por delante y no podemos permitirnos el lujo de desperdiciarlo. Tenemos demasiada tarea: aprobar la Ordenanza de Tráfico y darle la difusión que no se le ha dado nunca a los derechos y obligaciones de los ciclantes, habilitar más ciclocalles y algún que otro carril bici, dotar la ciudad de aparcamientos seguros para bicis, iniciar una campaña de sensibilización y educación vial ciclista en los colegios municipales, retomar el Observatorio del Peatón y de la Bicicleta, participar en el Plan de Movilidad de la Comarca de Pamplona... y lo que se nos ocurra.

Sin prisa, pero sin pausa.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Hacer más carriles no hace más sostenible la movilidad

Ni aunque sean carriles dedicados y exclusivos que garanticen la mayor eficiencia de los medios deseables. No. Más carriles bici o más carriles bus no son sinónimos de mejor balance en la movilidad. Muchas veces, si sólo se actúa de esta manera, mejorando la oferta, no se consigue compensar la carga indeseada que, si hablamos de movilidad, suponen los automóviles de baja ocupación o de uso excesivo en nuestros entornos.

En contra de lo que la corriente infraestructuralista trata de vendernos y que muchos incautos han querido adoptar, que es aquello de que el carril bici hace que más gente se suba a la bici y el carril bus hace que más gente se suba al bus y que eso es algo intrínsecamente bueno e incontestable, los datos agregados muchas veces nos dan malas noticias. Y es que muchas veces, esos movimientos positivos no consiguen compensar el peso del automóvil y sirven sólo para sustituir viajes sostenibles y hacer trasvases entre medios deseables (para entendernos, peatones que se suben a una bici o al bus). Eso cuando los conteos no son fraudulentos.


De  hecho, para llegar a esta conclusión no hace falta irse muy lejos, donde el coche es de uso preminente, basta con mirar a nuestro alrededor. Sólo Vitoria-Gasteiz es capaz de exhibir un resultado negativo en el uso del coche privado y privativo, entre las ciudades de nuestro alrededor, al menos con datos mínimamente fiables y contrastados. Y su logro no ha consistido precisamente en la construcción masiva de carriles bici o carriles bus segregados y exclusivos, sino en un trabajo sistemático y mantenido en equilibrar las fuerzas en la ciudad, empezando por repensar el sistema de transporte público, dificultando el libre tránsito y aparcamiento de coches por el centro de la ciudad, dando algunas ventajas a los ciclistas, poniendo el foco en la recuperación de espacios públicos de calidad, reorganizando la ciudad y definiendo zonas libres de tráfico o con altas restricciones (bicis incluídas) y poniendo el acento en las personas y no en su necesidad de moverse imperiosamente.

Y para ello han hecho una labor mantenida durante varias legislaturas, con alternancia política, donde la labor principal la han liderado y protagonizado técnicos municipales empoderados y reconocidos, que han sabido, apoyados en un Pacto Ciudadano de Movilidad y en un Plan de Movilidad y Espacio Público y gracias a una increíble labor pedagógica, buscando consensos, convencer a sus representantes políticos y a la población en general de que la movilidad y, sobre todo, la adecuada gestión del espacio público es el gran reto y la gran oportunidad para hacer de nuestras ciudades lugares cada vez más habitables.

Evolución del reparto modal en Vitoria-Gasteiz
Así pues, podemos ponernos tan tercos como queramos en lo que pretendidamente son las demandas históricas de los colectivos marginales y marginados de la sociedad de la especulación, la opulencia y la hipermovilidad motorizada, pero mientras no trabajemos en reducir la demanda de uso del coche y en condicionar extraordinariamente su abuso en entornos habitacionales, esto no servirá más que para hacer más complejas nuestras ciudades y sus aparatos circulatorios.

Y eso sólo se hace reduciendo y encareciendo la oferta de aparcamientos, haciendo circuitos imposibles para coches y ofreciendo atajos a los demás modos de locomoción. Sin eso, todo lo que podamos hacer para convencer a la población de que se monte en una bici, en un bus o que venga andando, no va a compensar más que residualmente el uso intensivo y extensivo del coche como medio de transporte, con todas las consecuencias indeseables que ello conlleva para la salubridad de nuestras ciudades, para su seguridad, para su habitabilidad, para que vuelvan a ser espacios donde se pueda vivir, más ahora que la población es mayoritariamente urbana.

Porque, si no, duplicar y triplicar el sistema circulatorio lo único que consigue es hacer las calles donde esto se intenta ingobernables e incomprensibles y penalizar invariablemente a las personas que tratan de vivirlas. Los mal llamados peatones. Al final, tratar de cruzar una calle con tres tipologías de carriles y de circulación en dos sentidos se puede convertir en una auténtica pesadilla, sobre todo si no se ha reducido previa y extraordinariamente el tráfico motorizado. Basta con intentarlo en cualquier ciudad centroeuropea en hora punta en las inmediaciones de su estación central. No sabrás de dónde te atacan, no sabrás cómo defenderte.

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domingo, 2 de octubre de 2016

Atención gente ciclista que vienen los del plano y los rotuladores

El Área de Movilidad del Ayuntamiento de Pamplona ha presentado su flamante plan para hacer de esta ciudad un nuevo epicentro de la cosa ciclista, para bien o para mal y caiga quien caiga. En resumen, se trata de hacer unos cuantos carriles bici segregados en las principales avenidas, pero se viste como la gran solución a la accesibilidad y seguridad ciclista en esta capital provinciana.

4 millones para 30 kilómetros de felicidad ciclista

Sin preguntar a nadie, más que a ellos mismos y a una consultoría de prestigio, ignorando foros de calidad contrastada y de funcionamiento ejemplar como el Observatorio del Peatón y la Bicicleta, los responsables de la movilidad de esta ciudad se han echado la manta a la cabeza y han pergeñado un plan magnífico para la ciclabilización de Pamplona.

¿Y qué han hecho? Pues pintar en un mapa unas cuantas rayas de colores, como si de líneas de transporte público se tratara y buscar la plantilla que más se ajuste a la sección de cada calle sobre las que circule esta fantasía de tranvía ciclista que es el carril bici segregado. De manual. Por supuesto, esas avenidas cuentan con gran densidad de tráfico motorizado, peatonal y de transporte público, así que el follón está garantizado.

El mapa es precioso.

Esto es lo que nos gusta a todos. Pintar con rotuladores y hacer una red con ejes troncales y ramales. Aunque a simple vista se vea que esa red está descompensada y atienda de manera más tupida a los barrios del oeste que a los del este y deje corredores desatendidos tan estratégicos como el de Errotazar, o el Camino Viejo de Burlada, más conocido como Camino de Santiago, por mencionar sólo dos.

¿Es éste el carril bici que queremos?

Cuando se bajan al terreno la cosa cobra una gravedad fantástica. Pero como el papel lo soporta todo y el PowerPoint más y si viene avalada por una consultoría reconocida cualquier imprudencia por temeraria que sea se reverencia, van y proponen el modelo de carril bici que a los "bicicleteros de quiero un espacio para mi" tanto les gusta. El carril bici segregado y protegido.


¿Y  por qué no verdad? Se dibuja, se hace una simulación y todo el mundo contento. Los peatones por la acera tranquilos, las bicicletas por su carril protegidas y los coches solos en el resto, sin invitados molestos que ralenticen su marcha y pongan en cuestión su pesada lógica. Perfecto.

Podríamos analizar qué pasaría en el caso de que se juntaran dos ciclistas y uno quisiera adelantar al otro o cómo se gestionarían las protecciones en las intersecciones, pero eso son nimiedades en las vías que nos ocupan. Porque para las grandes vías los prestidigitadores de la plantilla y la infografía han propuesto esto.


Que visto así en bruto vuelve a ser estupendo, pero que mirado con un poco más de atención resulta ser una barbaridad. Parecen detalles insignificantes, pero en las dos propuestas hay aspectos que es mejor no pasar por alto (aparte de que el modelo inferior no sea simétrico, que un descuido lo tiene cualquiera).

Carril bici segregado, autobuses y coches aparcados

Efectivamente. Poner un autobús en el esquema cambia radicalmente las normas de juego en el tráfico de una vía urbana, porque el autobús no sólo circula, sino que para y carga y descarga pasajeros más o menos cada 300 metros. ¿No han reparado en eso? Y lo que es peor ¿cómo van a gestionar esas paradas sin atropellar a los ciclistas o sin que los ciclistas atropellen a los peatones en las inmediaciones de las marquesinas? Parece una cuestión tonta pero no lo es, sobre todo cuando las vías en las que se propone el carril bici son intensivas en transporte público.

El otro detalle tonto es el de los coches aparcados, sobre todo en el modelo inferior izquierdo en el que las bicicletas circulan entre la linea de aparcamiento y la acera. Vamos este.


Este formato, bien conocido por la gente que intenta andar en bici en Pamplona, es una calamidad, por no decir que es criminal. Encajonar a los ciclistas e invisibilizarlos del tráfico entre coches a los aparcados y bordillos debería estar tipificado en el código civil como tentativa de homicidio y condenar al técnico que se atreva a proponerlo. Pero no. Lo pintan y a la gente le gusta.

Tenemos la solución, pero es cara

Si os pensáis que esto es todo, os equivocáis. Los malabaristas de la ingeniería civil siempre esconden un as en la manga por si aparecen en sus presentaciones o en las sugerencias o alegaciones (que tan poco les gustan) personas como tú y como yo que ponga de relieve lo anteriormente expuesto y cuestione sus magníficos modelos. El as en la manga esta vez se llama "Boulevard sostenible". Y es así de bonito.


¿Cómo se os queda el cuerpo? La fórmula mágica consiste en, nada más y nada menos, segregar a los coches por un lado y a los medios de transporte sostenibles por otro. Y no se les cae la cara de vergüenza. Como si los felices ciudadanos buscaran el horizonte cada vez que se subieran a su medio de transporte preferido.

Aparte de la difícil relación entre ciclistas y autobuses, ¿alguien ha pensado qué tendría que hacer un ciclista para girar a la izquierda en el Boulevard sostenible? ¿No verdad? Pues eso.

Obligatorio, también en rotondas y bifurcaciones

Ah, otro detalle tonto para los listillos de turno: si el carril bici está ejecutado en la misma plataforma es obligatorio, o sea, que, sea lo que sea lo que al final sean capaces de hacer, si lo hacen, excluirá a los ciclistas del resto de la calzada y me consta que en algunos de esos itinerarios hay rotondas y bifurcaciones, con lo cual la circulación ciclista se ve penalizada por su encarrilamiento presuntamente protector. Ese disco azul redondo tan anhelado por los "ciclistas de carril bici" así lo indica. Que no nos pase nada.

Rotondas (amarillo) y giros a la izquierda (verde)

Tempus fugit

Lo peor de este asunto es que para llegar a estas conclusiones y a estos modelos, el Ayuntamiento de Pamplona ha perdido más de un año y ha gastado unos cuantos miles de euros contratando a una ingeniería de renombre y desoyendo los intentos de interlocución de su propio Observatorio del Peatón y de la Bicicleta que estoy seguro de que hubiera advertido de estas cuestiones y de muchas otras más.

Pero hay algo peor todavía. Siempre hay algo peor en este siniestro juego de los tiempos y las maneras políticas. Lo peor es que hay que decidir ya y hay que empezar a actuar ya, porque los plazos políticos marcan el ritmo y a esta legislatura le quedan dos años hábiles de vida. Si contamos los plazos de los anteproyectos, sugerencias, proyectos, alegaciones, proceso de contratación de las obras y ejecución de las mismas en fases, nos daremos cuenta de que ya no hay tiempo para procesos de participación suficientes. Una vez más.

Eso por no decir que después de este ejercicio de megalomanía pro-bici, otras medidas como habilitar aparcamientos seguros, cómodos y a cubierto en centros de actividad y en puntos estratégicos de la ciudad o hacer campañas de concienciación en centros escolares, Pero de eso ya hablaremos en otro momento.

miércoles, 6 de abril de 2016

La movilidad sostenible, una asignatura pendiente

Se ha acabado la expectación en Pamplona respecto a lo que el nuevo equipo de gobierno tenía que proponer y disponer en temas de movilidad, en una ciudad que estaba ilusionada con un cambio de rumbo que se antojaba prometedor. Este nuevo gobierno municipal no se acaba de decidir, igual porque no sabe qué se puede hacer y qué no, y anda entreteniéndose con las formas en vez de estar centrado en los contenidos.

El equipo de gobierno se muestra dubitativo respecto incluso a propuestas tan simples como hacer valer la ley en las zonas declaradas de acceso restringido en la ciudad. De hecho, la única medida visible en movilidad ha sido la declaración de implantar un sistema de control de acceso de tráfico al Casco Viejo de Pamplona, que han decidido ampliar al Ensanche, pero ni eso han sido capaces de hacer. Bajo la excusa de consultar a la población, mediante grotescas sesiones donde la participación se ha reducido a hacer unas presentaciones voluntariosas y dejar tomar el micro a las personas de manera indiscriminada, la toma de decisiones se está dilatando de una manera que empieza a ser inaceptable.

Parece que les tiembla el pulso cuando, en realidad, la propuesta no va más allá de hacer valer unas reglas que llevan escritas más de una década y cambiar muy sutilmente un escenario en el que la inoperancia de gobiernos anteriores ha permitido todo tipo de atropellos y ha dejado una sensación de impotencia entre los afectados: empezando por los vecinos y acabando por los comerciantes, pero preocupando a transportistas, visitantes y observadores varios.

Sin embargo esto, que ya es de por sí preocupante, no es lo más grave. Lo más grave es que esto no responde a ningún plan. No hay una hoja de ruta. Es una medida aislada. Y eso es lo que más nos debe importar a los que veíamos en este nuevo gobierno municipal una oportunidad para replantear un tipo de ciudad que da mostradas señales de inviabilidad. Y en cuestiones de movilidad esto se hace mucho más patente.

No hay un planteamiento integral de ciudad. No hay una reflexión suficiente y con participación de calidad. No hay un establecimiento de prioridades. No hay un asentamiento de bases. No hay unos objetivos definidos. No hay un cálculo de afecciones y consecuencias. No hay un plan de actuación. Nada.

Por eso no vale de nada o de muy poco mostrar mucha afección respecto a una zona de la ciudad como si pueda aislarse del resto y actuar sobre ella de manera independiente y no estudiar el núcleo urbano de una manera integral, holística.

Así pues, aunque se revise la peatonalización del Casco Viejo y se amplíe la restricción de acceso al Ensanche, aunque se haga un fabuloso carril bici en Pio XII o en la cuesta del Labrit, aunque se dispongan más aparcamientos para bicis, si no hay un proyecto de mayor calado que responda a una visión distinta de ciudad y de movilidad y se estructure en un plan de actuación, Pamplona va a seguir siendo, lamentablemente, una ciudad pensada por y para los coches y todas estas medidas no van a ser más que fuegos artificiales.

Lo peor del asunto es que el tiempo político corre y esta legislatura no tiene mucho más de un año por delante antes de empezar el periodo preelectoral, así que, para cuando quieran decidirlo, igual ya es demasiado tarde.

Mientras tanto, las cosas seguirán igual: los ciclistas invadiendo las aceras con prepotencia, los automovilistas intimidando voluntaria o involuntariamente a los que no son automovilistas, los peatones acosados y ninguneados mientras se les reverencia en la prensa... en definitiva, dando continuidad a una ciudad que no quiere renunciar al dominio del coche y que no quiere replantearse su futuro, por la miopía, la inacción o la pusilanimidad de sus políticos electos.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Un buen diagnóstico es el principio de un buen plan

Hay mucha gente dispuesta a hacer cualquier cosa así, a la brava, si tan sólo sospecha que la dirección es la correcta. Sin pararse mucho a pensar, sin analizar la realidad, sin ser consciente de las tendencias, de los síntomas, del cuadro general del ámbito en el que se quiere actuar. Simplemente creyendo que están haciendo bien, con eso les basta.

Con las bicis esto pasa de una manera tan repetida como preocupante. La gente, los técnicos, los políticos, las asociaciones se lanzan a hacer cosas y a aplaudirlas por el mero hecho de estar respaldando a la bicicleta, su medio de locomoción favorito. No importa de dónde venimos y a dónde queremos llegar. Es sumar por sumar y parece que con eso basta.

Unos metros más de carril bici, unos aparcabicis aquí y allá y ya están promoviendo el desarrollo de la bici. Una biciescuela y una masa crítica y listo. Y a esperar a recoger frutos. Así de tontos somos. Tontos o ilusos.

Si no somos capaces de darnos cuenta de por qué, por ejemplo, la bicicleta ha sufrido el abandono histórico al que le sometió nuestra generación o creemos que eso es fácilmente reversible con unos cuantos caminitos bici o poniendo un fabuloso sistema de bicicletas públicas, estamos más desorientados que un pulpo en un garaje y tenemos más peligro cuando nos ponemos a hacer cosas que un elefante en una cacharrería.

Empezar por un diagnóstico serio de cuál es la realidad, cómo hemos llegado hasta ella y cuáles son sus derivas es fundamental para hacer las cosas bien y, sobre todo, hacer las cosas que de verdad merecen la pena, priorizando en las más importantes.

Es lo que hemos tratado de hacer durante un par de años en el Observatorio de la Bicicleta de Pamplona, tratando de poner de relieve dónde nos encontramos, para que, ahora que los vientos parece que soplan más favorables, no cueste tanto saber qué es lo que hay que hacer y que va primero y que va después o, incluso, no hace falta hacer.


¿Cuál es ese diagnóstico?

Pues básicamente el siguiente:
  1. Falta cultura ciclista.-  En general, la bicicleta se percibe como un modo de transporte marginal. Los conductores habituales perciben a la bicicleta como algo molesto en la calzada. Muchos consideran que si hay un carril bici la bicicleta está obligada a circular por él. La mayoría se ponen nerviosos al adelantarlas y no saben cómo reaccionar. Los peatones se sienten amenazados por las bicis en aceras y zonas de coexistencia (calles peatonales, sendas, aceras bici, parques…). Existe una percepción de peligro, sobre todo en personas de edad avanzada o padres con hijos pequeños. Muchos ciclistas no saben circular ni por las zonas de coexistencia ni por la calzada, y circulan por aceras sabiendo que está prohibido, o simplemente por desconocimiento. No conocen la normativa aplicable (ordenanza, reglamento de circulación…) y no respetan las señales de tráfico (semáforos, stops…) ni mantienen las mínimas medidas de seguridad con los peatones (velocidad, distancia al adelantar, señales de aviso…). 
  2. Todo esto está organizado para el coche.- La mayor parte del espacio público (70-80 %) está destinado al vehículo privado, tanto para su circulación como para su aparcamiento, es decir al medio de transporte mediante el cual se realizan solo el 34% de los viajes totales. Para el peatón, protagonista del 50% de los viajes totales solo se reserva el 10-15% del espacio público. Llama la atención teniendo en cuenta que el 100% de los ciudadanos son peatones y usuarios potenciales del transporte público, y, sin embargo, se estima que en un 20% de los hogares no se dispone de coche. En muchos barrios de la ciudad, las aceras son tan estrechas que no posibilitan las relaciones sociales, son solo lugares de paso. La parte de la calzada destinada a la circulación de los vehículos está diseñada pensando exclusivamente en el vehículo privado, y especialmente en el coche, a excepción de una pequeña parte reservada para el transporte público, y una pequeñísima parte reservada a la circulación ciclista. Tanto el ancho de los carriles, como los radios de giro, las velocidades máximas, las rotondas, la señalización, el aparcamiento… todo está pensado para el coche. La regulación del tráfico favorece al circulen de forma fluida y rápida, y en un segundo plano, de forma segura. No existen medidas de regulación del tráfico que favorezcan la movilidad del transporte público, y mucho menos de la bicicleta. Muestra de ello es que en los cruces con pasos de peatones, el tiempo dedicado al tránsito de vehículos es muy superior al tiempo destinado a la circulación de peatones.
  3. Infraestructuras ciclistas inadecuadas, inexistentes e inconexas.- La red actual de infraestructuras ciclistas es insuficiente, tanto en grado de cobertura como en conexión de itinerarios, diseño de los viales, señalización, etc. No se han seguido con carácter general las recomendaciones del Plan de Ciclabilidad. Además, existe una variedad de tipos de infraestructuras (aceras bici, pistas bici y carriles bici) con distintas características: pavimento, color, señalización, anchura, separadores… No hay un modelo o modelos de referencia a seguir con carácter general. Todo lo anterior dificulta la identificación de las infraestructuras ciclistas. Las aceras señalizadas, una medida propiciada a partir de la Ordenanza de Tráfico, que no estaba contemplada en el Plan de Ciclabilidad y que era contraria al Pacto de Movilidad. Se puso en marcha sin explicación alguna a la ciudadanía y cada uno la interpretó a su manera. Ha legitimado a los ciclistas a circular por todas las aceras, puesto que se han señalizado aceras ridículamente estrechas. 
  4. Normativa incoherente.- La normativa actual, y en especial la Ordenanza de Tráfico de Pamplona, es poco práctica, farragosa, difícil de entender y desconocida para la gran mayoría de los ciudadanos. Existen discrepancias entre las ordenanzas de los municipios de alrededor. La Ordenanza de Pamplona ha contribuido a que los ciclistas elijan la acera para circular por la ciudad, a pesar de prohibirlo con carácter general. 
  5. Las consecuencias de consentir o promover la circulación de las bicis por las aceras.- Conflicto peatón-bici: todos los problemas descritos anteriormente han contribuido a generar un conflicto y a enfrentar a peatones con ciclistas, cuando las políticas de movilidad deberían favorecer ambos modos por encima del vehículo privado. Inseguridad vial: existe un problema de seguridad vial relacionado con la movilidad ciclista. Por un lado han crecido los accidentes con ciclistas involucrados, principalmente en cruces peatonales. Al crecimiento de estos accidentes han contribuido muchos de los factores comentados anteriormente. Existen numerosos puntos negros en la ciudad. Los accidentes afectan también, y en mayor medida, a peatones llegando a causar muertes. Hay un problema de falta de visibilidad en pasos peatonales. También se producen situaciones de inseguridad vial entre bicicletas y peatones. 
  6. Robos de bicicletas.- En los últimos años ha crecido el número de robos de bicis. Esto se debe por una parte al incremento de su uso, por otra a la falta de aparcamiento seguro, y también a la falta de información y de concienciación ciudadana sobre medidas de prevención. 
  7. Necesidad de aparcamiento.- Está ligado al punto anterior. El desarrollo de la movilidad ciclista en la ciudad está condicionado a la existencia de aparcamiento cómodo y seguro para las bicis. En los barrios de nueva construcción se ha resuelto en parte, pero en la ciudad consolidada está por resolver. Además, la demanda de aparcamiento en vía pública es cada vez mayor, principalmente asociada a puntos atractores de viajes.
  8. Servicio de alquiler de bicicletas poco operativo.- La cobertura y el horario del servicio no permiten un buen desarrollo del mismo. Estos sistemas presentan numerosas ventajas para el usuario, que se ven incrementadas si se trata de bicicletas eléctricas. Solucionan el problema de los robos y del aparcamiento a los usuarios. En otras ciudades están más desarrollados. 
  9. Control policial.- Aunque se realizan campañas informativas y algún control rutinario (alcoholemia), la sensación general es que los ciclistas se saltan impunemente la normativa. 
  10. Accesibilidad.- Existe un problema de identificación de las vías ciclistas por parte de las personas con discapacidad visual.
Aunque el diagnóstico pueda ser matizable o mejorable en alguno de sus apartados, nos da una buena perspectiva del escenario, muy semejante al de otras ciudades de nuestro entorno. Un ejercicio que, pese a que parezca una colección de obviedades, sirve para tomar conciencia del estado de la cosa ciclista. A partir de aquí el gobierno de esta ciudad tiene que empezar a meter mano para mejorar la situación. Ahora toca hacer.

jueves, 29 de octubre de 2015

No vamos a esperar a nada para invitar a la gente a dejar sus coches

Si hasta la propia industria del automóvil es capaz de reconocer que algo ha cambiado en los hábitos de movilidad de la gente y propone dejar los coches en casa ¿quiénes somos nosotros para cuestionar que es el momento de dar un paso firme hacia la desmotorización de nuestras ciudades?

Parece que tenga que producirse una especie de conjunción astral para que se pueda dar el paso hacia una movilidad más sostenible como inicio del camino hacia un mundo más justo, más amable, más cercano y más humano y no es así. Cualquier día es bueno para empezar a proponerlo. A proponérselo.

Mantener la calma y hacer un plan
Algunas tesis sustentan la teoría de que sólo cuando las alternativas al coche estén suficientemente implementadas y optimizadas, se podrá proponer la disuasión del uso del coche, y no están del todo desencaminadas. Nadie va a dejar de hacer las cosas como las hacía porque se lo digamos y mucho menos si las alternativas que le proponemos son mucho peores que sus hábitos.

Estando esto claro, lo que no es menos cierto es que hay que empezar ya, sin esperar a que todo esté preparado. Se pueden simultanear medidas que favorezcan las elecciones que se estimen convenientes con otras que disuadan de tomar las que queremos evitar, mientras se va construyendo ese nuevo sistema de transporte. Esto es, se puede empezar ha mejorar la seguridad de las vías, a detraer espacios al coche, a ralentizar el tráfico, a cortar ejes principales sin tener las alternativas totalmente desarrolladas. Y se puede, a la vez, empezar a hacer planes de movilidad a centros de trabajo o educativos, hacer programas de sensibilización y concienciación, habilitar aparcamientos seguros para bicicletas, probar con pequeñas mejoras en algunas líneas del transporte público, proponer sistemas para hacer viajes compartidos en coche, etc.

Una cosa no quita la otra. Todo suma (o resta, dependiendo cuál sea el factor objetivo).

Pero necesitaremos un plan

Estar tranquilos que tenemos un plan
Ahora bien, lo que hace falta es un plan marco que recoja todas las medidas de manera organizada de acuerdo a unos criterios y estableciendo prioridades para conseguir unos objetivos claros en un tiempo definido. Porque sin plan esto puede convertirse en una merienda de negros y en un juego alocado y propagandístico que no consiga más que enervar a las partes implicadas. Debe ser un plan consensuado, suficientemente participado, sencillo, claro, entendible, asumible y realizable. Y debe recordarse en cada actuación que se realice, por nimia que parezca.

Sólo así podremos evitar que las propuestas en temas de movilidad sean cuestionables por una mera opinión aislada. Sólo así podremos legitimar las actuaciones que se ejecuten. Porque tendremos un plan.

Si no lo hacemos así, se lo estaremos poniendo muy fácil a los que desautorizan cualquier intento de cambiar el orden establecido, simplemente por el mero hecho de proponer cambios.

Lo dice hasta la DGT: es hora de cambiar la historia.

martes, 6 de octubre de 2015

¿Qué 5 cosas hacer por la bici en la ciudad de los coches?

Estamos a principio de legislatura, un momento clave en el que poner sobre la mesa algo más que buenas intenciones, y toca hablar de bicis porque la ocasión lo requiere: hemos sido convocados por primera vez desde que se constituyera el Ayuntamiento por el Observatorio de la Bicicleta de Pamplona.

¿Qué se puede hacer por la bicicleta en Pamplona? La pregunta parece fácil y sin embargo a los de aquí nos cuesta responder en positivo en un tema donde llevamos tantos años tratando en términos negativos, críticos ante las medidas aleatorias, oportunistas, propagandísticas o simplemente inexistentes de un ayuntamiento demasiado acostumbrado a desoir a todo aquel que no le hiciera coro.


Ahí va una propuesta.

1. No hablemos de bicis, hablemos primero de coches

Quizá, a modo introductorio, habría que recordar que las oportunidades de las bicicletas, como de cualquier medio de transporte urbano distinto al coche está relacionado diametralmente con el desarrollo (o el mantenimiento) de las condiciones de las que gozan los automóviles en la ciudad.

Porque, si no, podemos caer en la trampa de promocionar un medio de manera unívoca y no tener en cuenta las compensaciones o descompensaciones que un crecimiento de los ciclistas urbanos puede conllevar. Si no somos capaces de detraer viajes en coche, entonces igual no resulta interesante para la ecología urbana incrementar el número de personas que opten por la bici, porque estaremos restando caminantes o usuarios del transporte público.

Sólo condicionando el uso del coche, dificultando su libre circulación, encareciendo su aparcamiento (sobre todo en superficie) y haciéndolo inconveniente podremos buscar opciones para otros modos y estas opciones serán beneficiosas para la ciudad.

2. No hablemos de bicis, hablemos de modelo de ciudad, de movilidad, de accesibilidad y de usos del espacio público

No va a bastar tampoco con enfocar la cosa en el objetivo de desincentivar el uso del coche. El ejercicio debe ser más profundo, más integral, más holístico. Debemos pasar de ver las partes a ver el todo, para luego comprender el sentido de las partes.


Para ello, el ejercicio previo es la definición del modelo de ciudad, la profundización en la concepción y gestión del espacio público como algo más que un espacio circulatorio, pavimentable o convertible en parque, plaza o paseo, así sin más. Y dentro de esa ciudad, hay que definir cómo vamos a organizar la movilidad y, más que la movilidad, la accesibilidad de las personas, garantizando la equidad teniendo en cuenta las prioridades que se hayan establecido.

3. No pensemos sólo en las ruedas, empecemos pensando con los pies

Y eso no va a ser viable si no empezamos a pensar con los pies, como decía Josu Benaito, Jefe de Sección Técnica de Movilidad en Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián, el otro día en una brillante presentación en el marco de la Semana de la Movilidad en Pamplona. Esto es: debemos empezar a pensar la ciudad, la movilidad, la accesibilidad, la lógica circulatoria y los usos del espacio público teniendo en cuenta a las personas que caminan por la calle, sin caer en la tentación de considerarlas peatones, porque esa sólo es una de las motivaciones que lanza la gente a la calle.


4. No seamos celosos de nuestro feudo y trabajemos en ámbitos geográficos lógicos

Porque en circunstancias como las que se dan en Pamplona, tratar de trabajar en el ámbito puramente municipal parece poco adecuado, ya que Pamplona forma parte de una unidad metropolitana que abarca una decena de municipios contiguos que trabajan asociados en Mancomunidad para afrontar temas tales como el abastecimiento y la calidad del agua, la recogida y tratamiento de residuos o la gestión del transporte público. Qué mejor ente para trabajar el tema de la movilidad que esta institución que reúne a los ayuntamientos de la Comarca de Pamplona y trata de recoger y dar cauce a todos sus intereses y necesidades.

5. Y luego, si queréis, hablamos de bicis... pero con un Plan

Hagamos por favor este ejercicio antes de lanzarnos a hacer actuaciones espectaculares, a diseñar carriles bici, a hacer calmado de tráfico, a peatonalizar, a dedicar carriles al transporte público o a poner o quitar una sola plaza de aparcamiento más.

Luego ya tocará hacer todo eso de acuerdo a un Plan, un Plan de Movilidad Urbana Comarcal, el Plan de Movilidad Urbana de la Comarca de Pamplona, aquél que con tanta ilusión trabajamos en su día y que con tanto atrevimiento el gobierno de aquel ayuntamiento de Pamplona decidió paralizar y aparcar.

Tenemos suerte los ciudadanos que vivimos en ciudades que acusan un retraso histórico respecto a las ciudades vecinas y es que podemos aprender de sus errores. Bendito consuelo.

sábado, 23 de agosto de 2014

Estrategas de la bicicleta

Regresamos satisfechos de un par de jornadas intensas en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, donde ha tenido lugar un curso monográfico sobre la bicicleta que bajo el título Vías para ciclistas ¿realidad o ficción? Ha servido para poner sobre la palestra, una vez más, la situación de la bicicleta desde diferentes perspectivas y para debatir y cuestionar algunos aspectos que rodean a un desarrollo que tiene distintos niveles, distintas velocidades y distintas particularidades dependiendo del escenario en el que está teniendo lugar.

Lo que ha quedado claro, después de dos jornadas donde el debate y el diálogo han sido tan ricos o más que muchas ponencias, es que la bicicleta está madurando en nuestro entorno y se está consolidando como una opción de movilidad y que está empezando a superar esa adolescencia alocada y calenturienta y empieza a tener un poso interesante. Empieza.

Hemos pasado ya los tiempos de las actuaciones puntuales, de las oportunidades de oro, de las bicis públicas del IDAE, de la emoción después de años de reivindicaciones sin eco, de la tontuna. Ahora que hay algunas cosas hechas, más mal que bien, pero que se pueden ver y se pueden explicar, toca hacer evaluación y sentar las bases para que el desarrollo de la opción ciclista se consolide en nuestras ciudades y en las conexiones entre ellas. En esas ciudades en las que algunos de sus responsables creen que han hecho la tarea porque han sembrado unos cuantos carriles bici, unos cuantos aparcabicis o unas cuantas bicis públicas.


La necesidad de una Estrategia de la Bicicleta

Ha llegado el momento de hacer una Estrategia de la Bicicleta, con mayúsculas. Un plan común que marque objetivos a medio y largo plazo y que aborde los distintos campos en los que la bicicleta tiene que representar una herramienta que contribuya a hacer que nuestro entorno sea más amable, más agradable, más sensato y más divertido.

Una Estrategia que dibuje un mapa y que incardine a la bicicleta en las distintas áreas de actuación en las que debe ser tenida en cuenta y debe sumar. Una Estrategia inteligente e interesante, deseable pero alcanzable, ambiciosa pero lógica. Una Estrategia incluyente y participada.

Debemos ser capaces, todos los que trabajamos por que la bicicleta tenga oportunidades, de sumar fuerzas y apoyar la elaboración de un marco común de actuación, que persiga unas líneas y trate de alcanzar unos objetivos y que, sobre todo, coordine y aproveche los esfuerzos puntuales para que no queden aislados y generen sinergias y para que los asuntos relacionados con el desarrollo de la bicicleta como medio de transporte superen estúpidos apropiamientos, oportunismos, atribuciones y protagonismos tontos.

Hemos de ser conscientes de que no hay un único modelo de movilidad ciclista y que lo que hace falta, ahora que la crisis a azotado la lógica imperante en las últimas décadas, es tratar de tener un consenso que mire más allá de localismos, púlpitos y celos y que defina qué es lo que tiene que pasar en los próximos años para que la bicicleta consolide una tendencia que ya es una realidad y que trabaje desde los distintos ámbitos afectados para conseguirlo.



Terrenos de juego múltiples y simultáneos

Necesitamos para ello superar diferencias y protagonismos tontos y contar con todos los que se quieran sumar y que puedan aportar: desde usuarios a fabricantes, desde funcionarios a profesionales, desde políticos a técnicos, desde comerciantes a periodistas, desde planificadores a trabajadores, desde jóvenes a mayores. Esto va más allá de un simple organismo (sin despreciar la importancia de los organismos), debería ser casi un movimiento. Y no debería ser compulsivo, ni convulsivo. O más bien sí, pero siempre teniendo en cuenta unos principios y sin perder el norte. 

Debería ser más bien un juego donde deberían jugar muchos participantes y que tuviera lugar de manera natural en los distintos terrenos en los que la bicicleta pinta y debe pintar mucho más: en la escuela, en la consulta médica, en la mesa de la cocina, en el comedor, en la cafetería, en la calle, en el despacho, en el Parlamento, en el pleno del ayuntamiento, en la judicatura, en la prensa, en una conversación... en cualquier parte y promovida por cualquiera, sin permiso.

No es un asunto simple, desde luego, pero eso no debe desilusionarnos.

viernes, 17 de enero de 2014

La visión zoológica del ciclista urbano

La manía de los responsables de organizar la vida urbana y de establecer las condiciones de cómo esta debe producirse de catalogar a las personas de acuerdo con la forma de desplazarse que hayan elegido ha devenido en una especie de ciencia según la cual el modo de transporte en sí mismo se ha maximizado sobre las personas hasta límites exagerados.


Cuando esos arquitectos, ingenieros, gestores, munícipes y demás elementos que deciden las características y las propiedades que tienen que reunir las calles se juntan para diseñar un nuevo espacio urbano o rediseñar uno existente es cuando aflora esta manía. Lo vemos en cualquier nuevo proyecto de urbanización o reurbanización, en esas simulaciones en 3D en las que las personas son muñecos animados que todo lo que tienen de humano es la apariencia porque sus actitudes son puramente mecánicas o completativas.


La visión zoológica en este caso no es sólo por catalogación de especies, referida a la ciclista, sino por esa componente de pura exposición de los especímenes en espacios aislados y de máxima visibilidad para mayor regocijo de planificadores. Si no, no cabe en ninguna mente mínimamente práctica planificar un "carril-tranvía-bici" en un andén central flanqueada por tráfico a ambos lados y sin acceso a las bocacalles, como si las bicicletas fueran trenes y necesitaran un ferro-carril porque su objetivo inequívoco es ir en línea recta buscando el horizonte al otro lado de esa maravillosa vía que ojalá nunca acabe de construirse porque seguro que deja a los pobres ciclistas virtuales desvalidos en alguna parte allá donde se acabe esa fabulosa infraestructura.

Dejemos por favor la zoología para los zoólogos y los zoológicos para los que crean que esa es la única manera de ver animales salvajes.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Más PIB, menos IPC

Señoras y señores de este país y de cualquier sitio que se precie de estar impulsando la bicicleta como medio de locomoción: la bicicleta es un asunto serio. Es un asunto que necesita de planificación, de financiación, de seguimiento, de evaluación y de revisión. No es un juego o, al menos, no debería serlo. Aunque lo haya sido y se haya jugado con asiduidad y con demasiada ligereza.

Porque llevamos demasiados años de IPC, Improvisación de Propuestas Ciclables, que no han servido más que para hacer crecer las expectativas y especular con un incremento espectacular de usuarios de bicicletas, pero sin apoyarlo en un basamento suficiente, en una estrategia que fundamente y dé continuidad a toda una colección de artificios orquestada con auténtico furor mediático y un populismo inusitado antes cuando hablábamos de bicicletas. Pero todo eso se ha hecho muy a la ligera.

Por eso necesitamos un PIB, o lo que es lo mismo, un Plan Integral de la Bicicleta que recoja los distintos aspectos a implementar en distintas areas de trabajo y que, a su vez, se incardine en un Plan de Movilidad dentro de una Estrategia Territorial que busque la reconstrucción de nuestras ciudades de acuerdo con un modelo social amable, eficiente, inteligente y ecológico (o al menos sostenible), donde las personas vuelvan a ser protagonistas de la vida pública y la arquitectura de las mismas persigan ese objetivo.


Un Plan Integral de la Bicicleta debería contemplar:
  • Educación.- Empezando desde la escuela, con programas que busquen la integración de la bicicleta en el currículum de los niños, que promulguen el respeto, el civismo y la convivencia y que sirvan para revalorizar la bici más allá de su carácter de juguete para consolidar las habilidades de los menores y presentar la bicicleta como el primer vehículo a disposición de nuestros infantes.
  • Infraestructuras.- Por supuesto, habrá que habilitar algunas facilidades para que la bicicleta se más práctica y cómoda de usar que lo es en la actualidad. Empezando por buscar soluciones de aparcamiento seguro tanto doméstico como en los principales centros de actividad y puntos atractores de viajes. También habrá que adecuar algunos espacios para hacerlos más amables a la circulación de bicicletas con soluciones de calmado de tráfico y, excepcionalmente, de segregación, siempre atendiendo a criterios de seguridad, funcionalidad y calidad contrastados. Y revisar las condiciones para que se produzca la intermodalidad (sucesión de distintos modos de transporte) en la que se incluya a la bicicleta.
  • Servicios.- Igualmente habrá que promover el desarrollo de servicios para que usar la bicicleta sea fácil, asequible y competitivo. Talleres express, asesoramiento particular y a centros de actividad, aparcamientos de rotación, inspección de bicicletas, préstamo de bicicletas, cafés ciclistas...
  • Comunicación.- Poniendo el acento en la dignificación de la práctica ciclista y en la información suficiente y de calidad, clara, práctica y natural. Mediante canales que sean capaces de recoger el sentir de los usuarios y de la sociedad en general para ir tratando de madurar de una manera acompasada a la evolución del entorno en el que se enmarca. Campañas, acciones, foros y espacios para la participación que den vitalidad y alimenten el impulso ciclista.
  • Normativa.- Con una ordenación legal que favorezca razonablemente la movilidad ciclista. Códigos y ordenanzas de circulación comprensivos, normas urbanísticas que prioricen la sostenibilidad, criterios constructivos de obligado cumplimiento para vías ciclistas, decretos fiscales y subvenciones a la compra y ayudas a la utilización… toda una serie de herramientas que pueden servir para potenciar la bicicleta desde distintas perspectivas.
Todo ello estructurado como un organismo vivo, en constante crecimiento, con un plan de vida y revisión de su estado de salud debidamente programado.

Porque el desarrollo de la actividad ciclista debería depender más de la construcción de una base estructural y cultural que de la especulación apresurada con fórmulas mágicas. Y sin buenos cimientos, que no se hacen en unos pocos años, lo único que estaremos haciendo es construir castillos de naipes.

martes, 17 de abril de 2012

Sistema bicicleta

Nos hemos acostumbrado de tal manera a ver tantas actuaciones aisladas, deslavazadas, inconexas y oportunistas en lo relativo al impulso de la bicicleta, que muchos han acabado creyendo que esto depende más de la buena voluntad o del atrevimiento de algunos políticos o responsables que de una política dirigida a ello. Es decir, que nos hemos acostumbrado de tal manera al posibilismo, al populismo y a la mentecatez, que ya nos parece imposible organizar una estrategia que recoja las distintas areas y vertientes pero que tenga como denominador común el fomento de la bicicleta como medio, como vehículo y como herramienta para conseguirlos. Un plan de la bicicleta, para que nos entendamos. Un sistema basado en la bicicleta.

Hay una visión simplista y sesgada de un sistema que sólo se refiere a su parte infraestructural, a la adaptación de la ciudad a la bicicleta, a las facilidades con las que deberían contar los distintos elementos dotacionales para incluir la bicicleta. Pero eso sólo es una parte mínima de todo el asunto. Podría resumirse en este gráfico.

Este esquema no deja de representar un escenario, una plantilla, sin embargo el impulso de la bicicleta resulta de algo más que una más o menos compleja y aparatosa obra de ingenería civil. La bicicleta requiere un cambio de mentalidad y un cambio de hábitos, una modificación sustancial de las rutinas y una consolidación de todo ello. Y eso, más que como un sistema más o menos artificioso, hay que concebirlo como un organismo vivo, con sus órganos diferenciados pero dependientes.

Para ello hay que revisar las areas de influencia de la bicicleta, para después identificar los objetivos y los agentes, y poner los medios para conseguirlos. Educación, Salud, Obras Públicas, Medio Ambiente, Turismo, Trabajo, Empresa, Transportes, Comunicación, Asuntos Sociales, Administraciones Locales, Interior, Deporte y Juventud, podrían ser, en primera instancia, las grandes áreas de actuación.


Y este sistema complejo y vivo hay que analizarlo de forma transversal, tanto horizontal como verticalmente. Es decir, hay que tener en cuenta que se trata de un complejo multidisciplinar, donde habrá que coordinar esfuerzos paralelos, cruzados, complementarios, organizados, orquestados, integrando todos los niveles sociales y administrativos. De manera acompasada y progresiva, porque de nada valen grandes esfuerzos en algunas areas si no están compensados con avances en otras. De hecho, pueden devenir crecimientos desproporcionados que suelen resultar traumáticos.

Para ello habrá que saber sentar las bases y poner los cimientos para que la estructura se sujete, pero estableciendo prioridades. Y habrá que sospechar de cualquier fórmula mágica que no esté comprendida en la estrategia planificada, aunque esto no significa que el sistema deba ser especialmente rígido, más bien al contrario, un proyecto de esta envergadura deberá ser flexible, adaptable y con capacidad de acomodarse a los nuevos tiempos, a las circunstancias, cuando éstas sean suficientemente trascendentes.


Es hora de plantear el asunto como algo más que una colección de medidas aisladas, por más espectaculares que estas sean. Así unos cuantos carriles bici, unas bicicletas públicas, una siembra de aparcabicis, una nueva ordenanza o un registro de bicicletas no son más que anécdotas si no forman parte de un plan más integral y de una visión más holística que incluya la revisión de las políticas urbanísticas, la educación y la formación tanto integrada en el curriculum , sensibilización, soluciones de aparcamiento domésticas y en los centros de actividad, fiscalidad favorable, ayudas a la compra y a la utilización de la bici, fomento del cicloturismo, programas que promuevan la actividad física en los distintos colectivos sociales, normativas que integren la bicicleta de manera natural y labor policial para combatir el robo y para comprender las excepciones y atajar las prácticas abusivas e ilegales, entre otras políticas.

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miércoles, 15 de febrero de 2012

¿Para quién debe ser la línea recta?

Anteayer Copenhagenize nos dejaba esta imagen que recogía su idea de lo que debe ser el modelo planeamiento del tráfico de los distintos modos de transporte para conseguir unas ciudades más habitables, según su criterio danés, centroeuropeo y con una masa crítica y un urbanismo de sobra conocidos y renombrados.


La imagen habla por sí sola y recoge esa mentalidad pro-ciclista tan acusada en esas ciudades. Sin embargo, este esquema que nos puede resultar tan sugerente no es fácil de extrapolar a nuestra cultura y a nuestra circunstancia.

De A...

Para empezar, nuestra situación actual, sobre todo después de la década del carril bici vendría a ser más o menos esta:


Las bicicletas haciendo recorridos casi imposibles, retorcidos, inconexos, sin planificar y, además, con secciones y soluciones inverosímiles. Los peatones con tránsitos algo menos increíbles, pero con barreras infranqueables y haciendo algunos recorridos más sinuosos de la cuenta en muchos trayectos.

... a B

Partiendo de semejante panorama, habría que replantear de alguna manera la estrategia para poder conseguir una situación ideal, que en el caso de las ciudades de estas latitudes con mayoritaria presencia peatonal vendría a ser algo así como:


Donde los peatones deberían ser los únicos privilegiados que fueran acreedores de la línea recta, porque son los más deseables en esas ciudades humanas, cercanas y relacionales, y porque su eficiencia está muy condicionada por la distancia. Después de ellos, los ciclistas que, aunque tuvieran itinerarios que no fueran exactamente directos por no perjudicar a los peatones, deberían ser suficientemente eficientes. El mismo tratamiento para los autobuses (con la salvedad de las zonas desmotorizadas).

Por un camino de espinas

Este es un esquema que muy pocos responsables municipales de gestión de la movilidad es capaz no ya de aplicar, sino tan siquiera de interpretar. Tal es la preeminencia del coche entre los gestores del tráfico que, sólo de mencionar la posibilidad de plantear circuitos disuasorios o ponerle más dificultades, les tiembla el pulso de una manera tal que se les nubla el entendimiento. Igual que cuando se plantea que los ciclistas o los peatones necesiten la línea más recta posible, aunque sea condicionando el tránsito de los vehículos motorizados o que esos "recorridos protegidos" que han sido capaces de ingeniar haciendo las mejores virgerías y que la asunción de ese esquema significaría tener que desmantelar la mayoría de los carriles bici implementados.

Mientras tanto, seguiremos deliberando si los "caminitos bici" y las "aceras invadidas" hay que preservarlas como conquistas históricas o si los peatones se merecen aceras de más de 3 metros en exclusiva o eso va a ser demasiado en una avenida que puede tener hasta 50 metros de anchura para el tráfico motorizado.

jueves, 2 de febrero de 2012

¡Vete a Francia!

Aquí, en zona fronteriza, para mandar a alguien a paseo se le dice "¡Vete a Francia!". Son las cosas de la maldita vecindad, las envidias, los odios, la rivalidad. Pasa en cualquier comunidad, los vecinos siempre son mal recibidos sólo por el hecho de ser vecinos. En el asunto de la bicicleta pasa poco más o menos lo mismo... desgraciadamente. Y no sólo aquí. Lo mismo ocurre entre Holanda y Alemania, Dinamarca y Holanda, Alemania y Francia o Suiza e Italia o entre Catalunya y el Pais Valenciá , Gipuzkoa y Bizkaia o Villarriba y Villabajo. Siempre.


Lo sangrante de este asunto es que nos impide ver lo próximo, que muchas veces es lo más interesante por ser lo más accesible y lo más realizable, por ser lo más semejante y, por tanto, lo más comprensible. En esta especie de batalla vecinal, somos capaces de ir a fijarnos a lugares remotos o, cuando menos, lejanos e ignorar las conquistas y los logros de nuestros vecinos.

Con Francia ocurre. De hecho, Francia, que lleva un montón de tiempo andando en bicicleta de una manera ejemplar, por amable, respetuosa y digna, no aparece en el universo del desarrollismo ciclista como ejemplo de nada que no sea el monstruo de las bicicletas públicas que alimentaron en Lyon y Paris y que todavía anda dando guerra en todo el mundo para satisfacción de JCDecaux y sus secuaces.

Debe ser cosa de la edad, pero desde hace más de 30 años llevo impresa una sensación en mi acervo ciclista: la de la seguridad de las carreteras y poblaciones francesas para circular en bicicleta. Seguridad fundamentada en el respeto mutuo, en la comprensión y en una educación impecable. Era pasar la frontera y sentirte respetado y, más que eso, incluso incómodo por tu actitud defensiva y victimista, labrada desde la más tierna infancia a este lado de esa línea invisible que es la frontera. Claro que París es otra cosa.

Ahora los franceses, que en esto de la bici como en tantas otras cosas nos llevan una buena ventaja, están viendo la necesidad de incrementar el esfuerzo en la promoción del uso de la bicicleta y han anunciado toda una serie de medidas para tratar de fomentarla como medio de locomoción. Hablan en concreto y por este orden de:

Desarrollo de facilidades e infraestructuras
  • Garajes para bicis obligatorios en las nuevas construcciones
  • Desarrollo de una red de ciclovías y vías verdes
Iniciación al uso de la bicicleta
  • Evaluación de la retribución por kilometraje en desplazamientos al trabajo
  • Integración tarifaria entre el transporte colectivo y las bicis públicas
  • Fomento de la intermodalidad
Mejora de la seguridad
  • Puesta en marcha del "giro a derecha" que autoriza a los ciclistas a saltarse los semáforos en rojo en dichos giros
  • Fomento del aprendizaje de la bicicleta a través de biciescuelas
  • Marcaje de bicicletas para luchar contra el robo y el hurto
Ejemplaridad del Estado
  • Dotación de bicis en instituciones estatales
Mejorar la percepción de la imagen de la bicicleta por los franceses
  • Lanzamiento de un programa de comunicación nacional
  • Repetición bianual de los recuentos nacionales de bicis

Ahí queda eso, enunciado por un gobierno central, más concretamente del Ministerio de Ecología, Desarrollo Sostenible, Transportes y Vivienda, y no por una asociación voluntarista o por un municipio aislado.


Yo particularmente y como he hecho muchas veces en mi vida, seguiré mirando a nuestros vecinos, sean los que sean, para poder copiar y anticipar algunos temas, con admiración, con respeto y con cierta reserva crítica, por qué no.

viernes, 6 de enero de 2012

Ciudades que no planean... mariposean

Es curioso ver cómo muchas ciudades están tomando medidas e implementando actuaciones que pretendidamente persiguen hacer la movilidad en su entorno más sostenible. Se hacen carriles bici y carriles bus, se instalan bicicletas públicas, se regula el aparcamiento, se potencia el transporte urbano, todo muy loable y bienintencionado. Y, sin embargo, ¿cuántas de estas medidas responden a un plan de movilidad previamente estructurado que persiga disminuir el uso del coche en la ciudad?

Uno de los casos más graves que conozco de primera mano es el de la ciudad de Pamplona y su comarca. Una ciudad con unas condiciones excepcionales para promover medios de transporte alternativos al coche por su tamaño, por su estructura urbanística, por su red viaria y por el servicio de transporte público con el que cuenta. Pamplona ha sido siempre una ciudad agradable para vivir, con zonas verdes y paseos, con barrios vivos y un buen comercio, pero eso no es suficiente para justificar cualquier actuación que se haga en el marco de la movilidad.

Por ejemplo, ¿de acuerdo con qué criterio se implementó y se mantiene el sistema de bicicletas públicas con que cuenta la ciudad? ¿y los carriles bici? ¿y los aparcamientos supuestamente disuasorios dispersos por la ciudad o la zona azul? ¿y los ascensores?

Pamplona, que fue una de las primeras ciudades que firmó un Pacto de Movilidad allá por 2005 y que se dotó de un Plan de Ciclabilidad al año siguiente, estuvo inmersa en un proyecto de Plan de Movilidad comarcal que quedó abortado precisamente por la falta de voluntad de su ayuntamiento a la hora de llegar a acuerdos básicos respecto a las medidas que apuntaba dicho estudio. Dichas medidas trataban de ofrecer oportunidades a modos de movilidad limpios y sanos, tales como caminar, andar en bici o viajar en transporte público, a costa de restar oportunidades a la utilización másiva e indiscriminada del coche.

El Plan quedó abortado a principios de 2008 y, pese a que ha habido intentos de revitalizarlo mediante mociones mayoritarias, el Ayuntamiento de Pamplona ha hecho caso omiso y ha seguido improvisando su quehacer en estos temas. Tal ha sido la falta de voluntad por aparejar algo mínimamente estructurado que, con el cambio de gobierno municipal, han decidido desmantelar el Area de Movilidad, que supuestamente se dedicaba a estas labores, aunque nos consta que sin presupuesto y sin planificación suficientes. Eso dejó a la ciudad sin estrategia y a las poblaciones contiguas que forman la Comarca huérfanas y obligadas a hacer sus propios planes interiores pero sin una herramienta para coordinar sus esfuerzos a nivel comarcal. Pero, más que eso, sirvió para sentar un estilo, el de la improvisación, el posibilismo y el oportunismo para hacer chapuzas tan sangrantes como muchos tramos de carril bici, que han sido imitados en otras partes de la Comarca y del resto de Navarra.

Hoy es el día en que nuestros vecinos de Vitoria celebran la capitalidad europea en el asunto verde y que su última encuesta de movilidad arroja unos datos realmente impresionantes en crecimiento del uso de la bici y en optimización del transporte público. Ellos cuentan con un Plan de Movilidad Sostenible y nosotros no. Y, además, lo están poniendo en marcha con determinación y con participación. Y así les va: mejor. Y así nos va a nosotros: igual de mal.

La sospecha razonable es que nuestro ayuntamiento no quiere que en nuestra ciudad se condicione para nada el tráfico automovilista y es capaz de hacer cualquier cosa para que esto siga así: promover la circulación de bicicletas por aceras, denigrar a los peatones, despotenciar el transporte público o maniatar el transporte de mercancías. No sé cuánto calculan que se puede mantener esta situación, pero, gracias a su empeño, Pamplona puede presumir de estar perdiendo oportunidades de mejorar su movilidad y su accesibilidad de manera consensuada y con financiación externa, para perjuicio de sus habitantes, de sus comerciantes y de sus visitantes.

Lo peor del asunto es que si hoy, después de 3 años, se quiere reactivar dicho Plan descubriremos que se ha quedado obsoleto y habría que revisar el diagnóstico, que ya tiene 4 años, para volver a diseñar las líneas de actuación, así que eso que nos ahorramos.

Por cierto, la semana pasada se publicaron las ayudas del Gobierno de Navarra en su convenio con el IDAE para proyectos relacionados con la movilidad. ¿La condición? Que estén recogidos en un Plan de Movilidad Urbana Sostenible. Luego diremos que es culpa de la crisis.

Como para hablar de educación, de sensibilización, de respeto, de empatía y de memeces de esas...

domingo, 1 de enero de 2012

¿Qué podemos esperar de 2012?

Estrenamos el año más incierto del siglo. Con una crisis de caballo que está rehusando saltar los obstáculos y se está quedando atrancada y sin visos de cambiar. Con un panorama político que da para atrás y no precisamente por una cuestión de colores sino más bien por una cuestión de confianza. Con un panorama social desmembrado y todavía más indignado que ilusionado.

Con estos ingredientes y, en el terreno de la bicicleta o de la movilidad en general, con una serie de promesas incumplidas, con unos cuantos platos rotos, con ambiciones todavía desmesuradas y presupuestos menguantes, parece que más vale quedarse en casa que pensar en hacer algo y, sin embargo, una vez más y contracorriente, hay que volver a la carga. Es necesario. Imprescindible.

Pensemos mejor qué vamos a hacer

Pero este año, a diferencia de los años anteriores, necesitamos un plan. Un Plan de Acción con mayúsculas para mejorar nuestras ciudades y nuestros pueblos. Y me temo que no va a valer con un simple Plan de Movilidad o un Plan de Ciclabilidad, que en sí mismos no están tan mal pero que adolecen de un exceso de ingeniería y una falta vergonzosa de participación real. Le llamaremos Plan de Acción porque su objetivo principal es plantear retos, actuaciones, acciones. Para definirlo necesitaremos un marco ideológico que nos defina los objetivos y que oriente las estrategias: un Pacto Local de Movilidad y Accesibilidad. Así que habrá que juntarse, pero no de cualquier manera, habrá que conformar una mesa de trabajo.


¿Quiénes son los llamados a la mesa?

Pues, para empezar, y siempre en primer lugar, los cargos electos, que para eso son los elegidos y que tienen que acostumbrarse a lidiar en este tipo de plazas que son las suyas, las públicas. Después habrá que contar con la mayor representatividad posible (una persona por entidad) de entre los agentes sociales que realmente sean activos en la localidad. No precisamente los que tengan más nombre, sino más bien los que hagan más cosas, los que estén en los saraos, los que se remanguen y estén dispuestos a compartir esfuerzos y proyectos.

Y luego algún elemento externo, alguien que haga de juez de paz y de abogado del diablo al mismo tiempo, que vea las cosas desde la barrera, que esté involucrado pero no comprometido ni cohartado, que no comparta el enviciamiento propio de las relaciones locales y que a la vez lo ponga en evidencia, alguien que dinamice, que recuerde lo que se olvida y que denuncie, si es necesario, los contubernios y que remarque que es un juego y que se trata de mejorar lo que es de todos, el espacio público, la calle.

Superando estereotipos e intereses creados

En esto de la movilidad hay que empezar a olvidarse de que esto es un asunto de ciclistas y de conductores y hay que empezar a hablar de vecinos y vecinas, porque, curiosamente, los peatones que somos mayoría no estamos nunca representados y a veces se nos olvida que deben presidir estas mesas en vez de sufrir las consecuencias del enfrentamiento entre las facciones minoritarias y las inframinoritarias que, además, muchas veces cuentan con líderes poco representativos y defienden modelos obsoletos con estúpida vehemencia y se olvidan fácilmente que ni siquiera sus secuaces más acérrimos son ciclistas o automovilistas exclusivamente, sino que alternan, y andan, y usan el transporte público.

Luego hay que contar con todos aquellos que se han ido apropiando de la calle como si fuera de ellos y que se resisten a devolverla: estos son los comerciantes, con su derecho inalienable de que toda su clientela aparque en su escaparate y sus proveedores puedan cargar y descargar en su puerta, y también son aquellas personas que se apropian de los lugares más valiosos de la población para dejar sus coches abandonados ocupando 10 fabulosos metros cuadrados de manera privativa, que nadie sabe bien quién se los ha concedido.

Hay que tener sentados en la mesa a representantes de los principales centros de actividad que movilicen a la gente todos los días: empresas, centros educativos, hospitales, centros de salud, instituciones públicas, polideportivos, etcétera. Y hay que prestar especial atención de entre estos a los menores y a los jóvenes, de los que dependerá, en muchos casos, que esto cuaje y que se mantenga en el futuro.

Si en este año podemos montar esta mesa y formular un plan no estará nada mal. Si además podemos ponernos, después, manos a la obra en él, mejor que mejor.

Sin pintadas, sin circo, sin basura

"Herrian txirrindula" = "En el pueblo, bicicleta" pintada en Bera (Navarra)
 Ahora bien, si seguimos haciendo cositas más o menos vistosas, más o menos aparatosas, pero sin ton ni son, sólo porque nos las ofrecen a buen precio o gratis o porque las esté haciendo el vecino, o porque nos ponen en la palestra, entonces nos seguiremos sorprendiendo del fracaso de nuestras propuestas y de la poca efectividad de dichas medidas. Tampoco la vía es reivindicar, porque es demasiado fácil y no compromete a trabajar. Esto no se hace para la galería ni para la prensa, sino para tener un pueblo mejor, más humano, más habitable.

Hay gente que ya se ha puesto a ello y que el año que entra, con los deberes hechos, van a empezar a meter mano al asunto. Enhorabuena y suerte.