Pues sí hay una ciudad en el mundo cuyo símbolo más famoso es un icono peatonal. Es Berlín y su Ampelmännchen, el hombrecillo del semáforo, ese personaje que representa a la vez la memoria histórica de una ciudad bipolar en la que Occidente quiso eliminar la imaginería del Este (ese hombrecillo sólo habitaba en los semáforos del Berlín oriental) y el reconocimiento y la reivindicación popular de un simpático enanito con sombrero que nadie quería que desapareciese.
Esa ciudad que ha decidido defender la imagen del peatón como uno de sus símbolos más identificativos es una ciudad ciclista y no precisamente por sus infraestructuras, y decididamente no lo es por sus bicicletas públicas, ni siquiera porque haya conseguido alejar el coche de sus centros neurálgicos. Berlín es una ciudad ciclista porque allí la gente va en bici de manera habitual a los sitios. Y lo hace con total naturalidad.
Ayuda mucho que sea una ciudad plana como la palma de una mano. Ayuda también que se haya hecho complicada la circulación en coche en algunas zonas. Sin embargo Berlín sigue siendo una ciudad bicéfala, multicéfala, sin un centro histórico, sin un único punto de referencia sobre el que organizar una mancha peatonal, por ejemplo, y eso ha favorecido el desarrollo del vehículo a pedales.
Ayuda también su carácter bohemio, neohippie, posmoderno, hipster o como se le quiera etiquetar. Berlin es una ciudad dinámica, joven, descreída, descarada, desmitificadora, y la bicicleta en ese escenario ha cuajado, como no podía ser de otra manera.
Basta asomarse a la calle en una de esas mañanas metálicas para comprobarlo. Bicicletas en las calles, bicicletas en los patios, bicicletas en las estaciones, bicicletas en las escuelas y en los centros de trabajo, y muchas bicicletas desplazándose, desplazando a mayores y menores, mujeres y hombres, tranquilos y apresurados, despistados y atentos.
Esta ciudad amable y dinámica, entrañable y fría, cercana y distante, es una ciudad donde la gente que se desplaza en bici está comprendida, está integrada, está normalizada y todo eso se ha hecho sin alardes de infraestructuras, sin ostentación mediática, sin prepotencia, sin propaganda, sin más.
Y lo ha hecho con un respeto escrupuloso de los derechos y de los espacios de los peatones. Con sus excepciones, pero siempre desde el reconocimiento de los verdaderos protagonistas de la calle que son las personas. Hay una imagen que quizá simbolice y resuma esta cualidad y esta calidad. Una imagen que resume también el entendimiento entre ciclistas y peatones.
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jueves, 10 de abril de 2014
domingo, 16 de marzo de 2014
¿Les interesa el ciclismo urbano a los ciclistas deportivos?
He recibido una invitación para escribir en un blog dedicado exclusivamente al ciclismo deportivo, de competición para más señas, para mantener una sección sobre esto que nos viene ocupando en Bicicletas, ciudades, viajes... desde que iniciamos esta aventura hace ya cuatro años.
¿Qué hace un pirado del ciclismo urbano y del cicloturismo de viajes participando en un sitio dirigido a los "ruteros"? ¿Pero es que a esa gente les interesa algo más que el rendimiento, los resultados, seguir a sus ídolos, el peso y los componentes de su bicicleta, el porcentaje de grasa corporal, el desnivel acumulado de su próximo reto o el horario de retransmisión de la próxima prueba UCI Pro Tour? Os sorprenderíais.
Los ciclistas, todos los ciclistas tienen algo en común: se desplazan en bicicleta. Esto que parece una obviedad no lo es tanto. Para empezar a todos los que andamos en bici, andemos como andemos, cuando andemos y con el objetivo que lo hagamos, nos meten en el mismo saco. Los ciclistas somos ciclistas por el mero hecho de circular en una bicicleta y eso nos hace pertenecer a una casta, que no es comparable con ningún otro tipo de personas en desplazamiento. Ni siquiera los motoristas están tan categorizados.
Es tristemente así. Los ciclistas somos ciclistas y eso nos convierte en una especie concreta y determinada, un colectivo, para el resto de los mortales. Al menos en esta parte del mundo. Formamos parte de ese grupo de ciudadanos que pedalea y que engrosa una estadística que, hasta el momento, sólo preocupa a los demás en el incremento de su accidentalidad, lo cual muchos se han encargado en traducir en peligrosidad y aprovechar para sembrar miedo alrededor de la bicicleta. Los ciclistas sufren una siniestralidad que ha aumentado en los últimos años y que tiene preocupado, primero a los propios "practicantes", pero después al resto de la sociedad y, sobre todo, a los responsables de gestionar el tráfico encabezados por la DGT, a los que quiere imponer una legalidad constrictiva y culpabilizadora. Este es un punto de encuentro entre los ciclistas con independencia de su origen, condición u objetivos.
Pero hay otro aspecto que nos une a la mayoría de los ciclistas, es que circulamos en algún momento de nuestros itinerarios por espacios urbanos. Si las carreteras están pensadas y diseñadas para que circulen los coches, la cosa en las ciudades es mucho más acusada, hasta puntos donde los ciclistas no sólo no son bienvenidos sino que se juegan el tipo. Los trayectos urbanos y sobre todo los accesos a los mismos son los puntos más comprometidos para los que andamos en bici. Las entradas y salidas de las ciudades, las grandes rondas, circunvalaciones, conectores, autovías y autopistas urbanas con sus dimensiones extraordinarias, con su ordenación orientada al automóvil, representan las mayores dificultades para la práctica del ciclismo.
Por último, hay una realidad que es incuestionable y es que las personas con hábito de andar en bicicleta son más proclives a utilizarla como medio de locomoción urbano. Da igual que hayan entrenado para competir, que hayan orientado sus objetivos en el rendimiento, que sean unos locos del mountain bike, del BMX o del cicloturismo, unos pistards o unos hachas del ciclocross. Todos dominan un vehículo que les puede servir de transporte en la ciudad y en un número muy alto acaban haciéndolo.
¿Qué hace un pirado del ciclismo urbano y del cicloturismo de viajes participando en un sitio dirigido a los "ruteros"? ¿Pero es que a esa gente les interesa algo más que el rendimiento, los resultados, seguir a sus ídolos, el peso y los componentes de su bicicleta, el porcentaje de grasa corporal, el desnivel acumulado de su próximo reto o el horario de retransmisión de la próxima prueba UCI Pro Tour? Os sorprenderíais.
Los ciclistas, todos los ciclistas tienen algo en común: se desplazan en bicicleta. Esto que parece una obviedad no lo es tanto. Para empezar a todos los que andamos en bici, andemos como andemos, cuando andemos y con el objetivo que lo hagamos, nos meten en el mismo saco. Los ciclistas somos ciclistas por el mero hecho de circular en una bicicleta y eso nos hace pertenecer a una casta, que no es comparable con ningún otro tipo de personas en desplazamiento. Ni siquiera los motoristas están tan categorizados.
Es tristemente así. Los ciclistas somos ciclistas y eso nos convierte en una especie concreta y determinada, un colectivo, para el resto de los mortales. Al menos en esta parte del mundo. Formamos parte de ese grupo de ciudadanos que pedalea y que engrosa una estadística que, hasta el momento, sólo preocupa a los demás en el incremento de su accidentalidad, lo cual muchos se han encargado en traducir en peligrosidad y aprovechar para sembrar miedo alrededor de la bicicleta. Los ciclistas sufren una siniestralidad que ha aumentado en los últimos años y que tiene preocupado, primero a los propios "practicantes", pero después al resto de la sociedad y, sobre todo, a los responsables de gestionar el tráfico encabezados por la DGT, a los que quiere imponer una legalidad constrictiva y culpabilizadora. Este es un punto de encuentro entre los ciclistas con independencia de su origen, condición u objetivos.
Pero hay otro aspecto que nos une a la mayoría de los ciclistas, es que circulamos en algún momento de nuestros itinerarios por espacios urbanos. Si las carreteras están pensadas y diseñadas para que circulen los coches, la cosa en las ciudades es mucho más acusada, hasta puntos donde los ciclistas no sólo no son bienvenidos sino que se juegan el tipo. Los trayectos urbanos y sobre todo los accesos a los mismos son los puntos más comprometidos para los que andamos en bici. Las entradas y salidas de las ciudades, las grandes rondas, circunvalaciones, conectores, autovías y autopistas urbanas con sus dimensiones extraordinarias, con su ordenación orientada al automóvil, representan las mayores dificultades para la práctica del ciclismo.
Por último, hay una realidad que es incuestionable y es que las personas con hábito de andar en bicicleta son más proclives a utilizarla como medio de locomoción urbano. Da igual que hayan entrenado para competir, que hayan orientado sus objetivos en el rendimiento, que sean unos locos del mountain bike, del BMX o del cicloturismo, unos pistards o unos hachas del ciclocross. Todos dominan un vehículo que les puede servir de transporte en la ciudad y en un número muy alto acaban haciéndolo.
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