A veces nos enredamos en discusiones eternas, que no hacen más que generar violencia, nos enzarzamos en altercados que no van a ninguna parte por tener la razón. Y la razón no existe o es una cosa, cuando menos, subjetiva.
Hoy me ha pasado, por ejemplo. Iba yo en mi bici tranquilamente, haciendo mis pequeñas irregularidades inofensivas y totalmente seguras, cuando he notado en una parte del trayecto que un motorista necesitaba adelantarme, pese a que circulábamos, yo por el centro del único carril, por una zona de aparcamiento que desembocaba en una calle con un stop de escasa visibilidad.
Al incorporarme en el tráfico y viendo que no había moros en la costa yo pensaba atajar cometiendo la ilegalidad de pisar una doble continua cuando he notado que el motorista, harto de ir apenas 20 metros a la miserable velocidad de un ciclista presuntamente distraído, iba a rebasarme y casi colisionamos.
- ¿A dónde vas? - se me ha ocurrido preguntarle, viendo que su maniobra acelerada y excesivamente cercana podía haber motivado que nos chocáramos o que me tirara.
- ¡A dónde vas tú! - me ha contestado no sin razón, pero con excesiva violencia.
- ¡No me pases tan cerca! - y he seguido tranquilamente.
A los 50 metros (todo ha ocurrido en muy poco espacio) he oído una moto que pitaba y un tipo que vociferaba. He parado. No sé cuántas barbaridades he tenido que oír en apenas 15 o 20 segundos. Que yo no podía hacer esa maniobra, que me he comportado como un imbécil y no sé qué más. Todo con una violencia totalmente exagerada.
- Vale, tienes razón.
Y se ha marchado. Cuando apenas había doblado la curva, incorporándose de nuevo al tráfico, me he dado cuenta de que, para saciar su necesidad irrefrenable de reprenderme el motorista ha girado 180º pisando las mismas lineas continuas que habían causado nuestro desencuentro y he pensado para mis entrañas, intentando calmar el escozor que sentía.
- La razón está para darla... la razón está para darla.
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viernes, 24 de julio de 2015
lunes, 15 de junio de 2015
El cambio que viene... a pedales
Hemos visto que los resultados de las elecciones municipales en muchas de las principales ciudades de nuestro mapa ha significado un cambio radical de color en muchos ayuntamientos y eso, en ciudades con largas trayectorias monocromas, se agradece. Más cuando, para constituirse, han requerido de un proceso de entendimiento entre diferentes fuerzas porque se han acabado las apisonadoras de las mayorías absolutas y eso ha obligado a los candidatos a buscar puntos de encuentro que acercaran propuestas programáticas y voluntades comunes.
Da gusto ver gente nueva en los ayuntamientos. Gente ilusionada con que esta realidad, por más cruel y dramática que se presente, se puede cambiar y también con vocación de ostentar menos y trabajar más y más cerca de la ciudadanía que la generación anterior de políticos que, gracias a la alternancia y a la abulia de casi todos los partidos minoritarios, se habían apoltronado, acostumbrados a repetir las mismas caras y ocupados más en atender su continuidad en las listas cerradas de sus siglas que en lo que realmente deberían ocuparse, que es a gestionar la cosa pública de acuerdo a las demandas ciudadanas.
Esa nueva hornada de políticos, muchos de ellos veteranos y curtidos en batallas sociales, ya le están dando un aire nuevo a la cosa pública, al menos a nivel municipal. Ya se ven los primeros destellos de esas nuevas maneras en las bajadas de sueldos o en la forma de desplazarse a sus obligaciones. Alcaldes y parlamentarios que se desplazan en bicicleta o en transporte público, rompen con una generación de políticos dependientes de sus coches oficiales para hacer cualquier desplazamiento, incluso urbano.
Como guiño vale, pero los guiños nunca son suficientes, lo que vale es la mirada, la perspectiva y las actitudes valientes mantenidas en el tiempo. De ahí manarán las actuaciones definidas y decididas que busquen cambiar de escenario, que asuman riesgos, que planteen nuevos retos y que trabajen por conseguirlos. Porque lo fácil es la pose, regalarse unas declaraciones para la galería y hacer posibilismo con etiqueta renovadora.
Ahora es el momento de ser exigentes con los que dicen que pueden cambiar las cosas, ahora es el momento de no conformarse con que el político de turno haga declaraciones con una bicicleta y una sonrisa, ahora es el momento de demandar apuestas atrevidas que vayan más allá de habilitar algún pasillito más para bicis o para buses o de tener un tranvía o buses de mayor capacidad. Si no es a costa de poner en aprietos al coche esto se puede quedar en unas cuantas cosas simpáticas y poco más.
No nos quedemos en las formas, por favor.
Da gusto ver gente nueva en los ayuntamientos. Gente ilusionada con que esta realidad, por más cruel y dramática que se presente, se puede cambiar y también con vocación de ostentar menos y trabajar más y más cerca de la ciudadanía que la generación anterior de políticos que, gracias a la alternancia y a la abulia de casi todos los partidos minoritarios, se habían apoltronado, acostumbrados a repetir las mismas caras y ocupados más en atender su continuidad en las listas cerradas de sus siglas que en lo que realmente deberían ocuparse, que es a gestionar la cosa pública de acuerdo a las demandas ciudadanas.
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| La alcaldesa de Madrid en bicicleta (Foto: Sergio Pérez) |
Esa nueva hornada de políticos, muchos de ellos veteranos y curtidos en batallas sociales, ya le están dando un aire nuevo a la cosa pública, al menos a nivel municipal. Ya se ven los primeros destellos de esas nuevas maneras en las bajadas de sueldos o en la forma de desplazarse a sus obligaciones. Alcaldes y parlamentarios que se desplazan en bicicleta o en transporte público, rompen con una generación de políticos dependientes de sus coches oficiales para hacer cualquier desplazamiento, incluso urbano.
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| El alcalde de Valencia en bicicleta - Foto: Miguel Lorenzo |
Como guiño vale, pero los guiños nunca son suficientes, lo que vale es la mirada, la perspectiva y las actitudes valientes mantenidas en el tiempo. De ahí manarán las actuaciones definidas y decididas que busquen cambiar de escenario, que asuman riesgos, que planteen nuevos retos y que trabajen por conseguirlos. Porque lo fácil es la pose, regalarse unas declaraciones para la galería y hacer posibilismo con etiqueta renovadora.
Ahora es el momento de ser exigentes con los que dicen que pueden cambiar las cosas, ahora es el momento de no conformarse con que el político de turno haga declaraciones con una bicicleta y una sonrisa, ahora es el momento de demandar apuestas atrevidas que vayan más allá de habilitar algún pasillito más para bicis o para buses o de tener un tranvía o buses de mayor capacidad. Si no es a costa de poner en aprietos al coche esto se puede quedar en unas cuantas cosas simpáticas y poco más.
No nos quedemos en las formas, por favor.
lunes, 13 de abril de 2015
El ciclista valiente no es conveniente
Seguimos aquejando un mal endémico en las sociedades donde los coches siguen ostentando el dominio de la calle en la que queremos reintroducir la bicicleta: el mal del ciclista valiente. El ciclista valiente es esa persona aguerrida que se enfrenta al tráfico en su condición de vehículo, asumiendo las diferencias con dignidad, carácter y actitud. Sabe perfectamente que ese tráfico al que dice pertenecer está organizado a favor de los coches o, más en general, de los vehículos motorizados, pero insiste en confluir con ellos y de hecho cree comportarse como ellos, aunque ni lo consigue por volúmen, peso, aceleración y velocidad, ni ellos le reconocen como un igual y actúan en consecuencia, menospreciándolo.
Esto que muchos lo han interiorizado como normal, e incluso deseable, no deja de ser una señal clara de que hemos consentido que esto pase durante demasiado tiempo, tanto que no creemos que se pueda cambiar y, entonces, no queremos cambiarlo.
El ciclista valiente es un elemento que es igual de contraproducente en muchos casos para la proposición de un ordenamiento diferente (más protectivo y más inclusivo) que el ingeniero que regula el tráfico y que cree que todo se puede resolver con semaforizaciones inteligentes, turborrotondas y carriles dedicados.
Está claro que hay que educar a toda la gente, desde el colegio y desde el entorno familiar, en que la calle es de todos y que las bicicletas tienen el mismo derecho, aunque deberían tener más, de circular por ellas libremente y con seguridad, ocupando el espacio que precisen para hacerlo y exigiendo un respeto a los demás, el mismo que es exigible a ellas, pero en una sociedad en la que el coche sigue representando tanto con esto no es suficiente.
Porque a lo que hay que dedicar mayor esfuerzo educativo, empezando desde la más tierna infancia, es a que la lógica del coche tiene que ser desmontada en favor de la lógica de las personas y que, mientras esto no se produzca, todos seremos víctimas de una ordenación urbana que no busca más que saciar la avidez de espacio y de velocidad de los coches y sus sucedáneos. Ahora bien, habrá qué determinar cómo se hace esto.
Porque el ciclista valiente no va a ser capaz de acabar con los gigantes por su mera presencia o por su testarudez y lo peor es que parece que no vaya a colaborar mucho desde su perspectiva a reducir el número de gigantes. De hecho, esta visión caballeresca y casi beligerante no va a ayudar a cambiar este orden de cosas sino, quizá, y sólo digo quiza, vaya a servir para consolidarla un poco más si cabe y para reforzar la idea de que los ciclistas pueden convivir sin problemas y pueden seguir sufriendo la tiranía de los coches en las ciudades.
Por cierto, yo soy uno de esos ciclistas valientes.
Esto que muchos lo han interiorizado como normal, e incluso deseable, no deja de ser una señal clara de que hemos consentido que esto pase durante demasiado tiempo, tanto que no creemos que se pueda cambiar y, entonces, no queremos cambiarlo.
El ciclista valiente es un elemento que es igual de contraproducente en muchos casos para la proposición de un ordenamiento diferente (más protectivo y más inclusivo) que el ingeniero que regula el tráfico y que cree que todo se puede resolver con semaforizaciones inteligentes, turborrotondas y carriles dedicados.
Está claro que hay que educar a toda la gente, desde el colegio y desde el entorno familiar, en que la calle es de todos y que las bicicletas tienen el mismo derecho, aunque deberían tener más, de circular por ellas libremente y con seguridad, ocupando el espacio que precisen para hacerlo y exigiendo un respeto a los demás, el mismo que es exigible a ellas, pero en una sociedad en la que el coche sigue representando tanto con esto no es suficiente.
Porque a lo que hay que dedicar mayor esfuerzo educativo, empezando desde la más tierna infancia, es a que la lógica del coche tiene que ser desmontada en favor de la lógica de las personas y que, mientras esto no se produzca, todos seremos víctimas de una ordenación urbana que no busca más que saciar la avidez de espacio y de velocidad de los coches y sus sucedáneos. Ahora bien, habrá qué determinar cómo se hace esto.
Porque el ciclista valiente no va a ser capaz de acabar con los gigantes por su mera presencia o por su testarudez y lo peor es que parece que no vaya a colaborar mucho desde su perspectiva a reducir el número de gigantes. De hecho, esta visión caballeresca y casi beligerante no va a ayudar a cambiar este orden de cosas sino, quizá, y sólo digo quiza, vaya a servir para consolidarla un poco más si cabe y para reforzar la idea de que los ciclistas pueden convivir sin problemas y pueden seguir sufriendo la tiranía de los coches en las ciudades.
Por cierto, yo soy uno de esos ciclistas valientes.
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miércoles, 14 de enero de 2015
En bici al trabajo, también en invierno
Lo de que el tiempo, el malo claro, es una de las excusas más recurrentes entre la gente que ve en la bici una opción con más pegas que otra cosa se vende como un tópico fácilmente desmontable por el simple hecho de que en esos países donde la bicicleta se usa de una manera masiva el tiempo no es para nada respetuoso en el invierno (y tampoco en el otoño ni en la primavera).
Sí, es verdad, en Holanda, en Dinamarca y en Alemania hace malo en invierno, y hace frío y hay poca luz, y en Suecia no digamos, y, sin embargo, eso no arredra a nórdicos y centroeuropeos en su empeño de utilizar la bicicleta como medio de transporte. No, eso no es una excusa para ellos. Por eso no debería ser excusa para nosotros tampoco y así lo decimos y repetimos. Lo que pasa es que ellos son vikingos y teutones y nosotros no. Por eso, cuando el frío aprieta y las inclemencias azotan nuestras latitudes, las tropas ciclistas urbanas se diezman. Invariablemente.
Es por eso que hay que insistir en el argumento. Porque esto debe plantearse como una misión, donde los adeptos rebosen convicción, fe en su elección. El hábito hace al monje que dice el refrán. Y el sacrificio no es tanto cuando hay muchos parroquianos haciendo el mismo ejercicio. Eso han debido pensar muchos. Al menos por estos lares.
Lo que sorprende es que este tipo de llamamientos procedan precisamente de esos lugares donde nadie se cuestiona el tema. El ejemplo nos llegó ayer mismo en forma de reto bajo el nombre literal de Día Internacional de ir en Bici al Trabajo en Invierno, que en inglés suena mejor (International Winter Bike to Work Day). Y nos llegó desde el Norte más ciclista.
El reto consiste en geoposicionarte en un mapa global en el que tu aportación, tu gota, es comprometerte a ir en bici al trabajo el viernes 13 de Febrero haga el tiempo que haga. Así de simple... al menos sobre el papel. El gancho es ver un mapa lleno de gotas, tantas como ciclistas que dicen que van a cumplir el reto, tantos como gotas de lluvia o copos de nieve en ese Viernes 13. Se aprovecha la propuesta para hacer una breve encuesta sobre el sujeto y el objeto del reto (perfil de la persona, itinerario, opinión sobre los elementos que más promocionan o motivan los viajes en bici, etc.)
Bonito y con esas pretensiones virales que tanto nos gustan hoy en día. Lo sospechoso es que la invitación a semejante reto es que no provenga de Italia, España, Portugal o Grecia sino de Holanda. ¿Qué mueve a una holandesa a querer hacer cruzada de algo que para ellos es absolutamente normal e incuestionable? Y ¿por qué no se propone un reto parecido en Julio o Agosto donde en el otro hemisferio de este planeta las cosas se ponen más difíciles, al menos en lo que a la meteorología se refiere? ¿O es que la cosa ciclista también es una exclusiva del Norte?
What it Feels Like in Winter Cycling Paradise from Winter Bike to Work Day on Vimeo.
Sí, es verdad, en Holanda, en Dinamarca y en Alemania hace malo en invierno, y hace frío y hay poca luz, y en Suecia no digamos, y, sin embargo, eso no arredra a nórdicos y centroeuropeos en su empeño de utilizar la bicicleta como medio de transporte. No, eso no es una excusa para ellos. Por eso no debería ser excusa para nosotros tampoco y así lo decimos y repetimos. Lo que pasa es que ellos son vikingos y teutones y nosotros no. Por eso, cuando el frío aprieta y las inclemencias azotan nuestras latitudes, las tropas ciclistas urbanas se diezman. Invariablemente.
Es por eso que hay que insistir en el argumento. Porque esto debe plantearse como una misión, donde los adeptos rebosen convicción, fe en su elección. El hábito hace al monje que dice el refrán. Y el sacrificio no es tanto cuando hay muchos parroquianos haciendo el mismo ejercicio. Eso han debido pensar muchos. Al menos por estos lares.
Lo que sorprende es que este tipo de llamamientos procedan precisamente de esos lugares donde nadie se cuestiona el tema. El ejemplo nos llegó ayer mismo en forma de reto bajo el nombre literal de Día Internacional de ir en Bici al Trabajo en Invierno, que en inglés suena mejor (International Winter Bike to Work Day). Y nos llegó desde el Norte más ciclista.
El reto consiste en geoposicionarte en un mapa global en el que tu aportación, tu gota, es comprometerte a ir en bici al trabajo el viernes 13 de Febrero haga el tiempo que haga. Así de simple... al menos sobre el papel. El gancho es ver un mapa lleno de gotas, tantas como ciclistas que dicen que van a cumplir el reto, tantos como gotas de lluvia o copos de nieve en ese Viernes 13. Se aprovecha la propuesta para hacer una breve encuesta sobre el sujeto y el objeto del reto (perfil de la persona, itinerario, opinión sobre los elementos que más promocionan o motivan los viajes en bici, etc.)
Bonito y con esas pretensiones virales que tanto nos gustan hoy en día. Lo sospechoso es que la invitación a semejante reto es que no provenga de Italia, España, Portugal o Grecia sino de Holanda. ¿Qué mueve a una holandesa a querer hacer cruzada de algo que para ellos es absolutamente normal e incuestionable? Y ¿por qué no se propone un reto parecido en Julio o Agosto donde en el otro hemisferio de este planeta las cosas se ponen más difíciles, al menos en lo que a la meteorología se refiere? ¿O es que la cosa ciclista también es una exclusiva del Norte?
What it Feels Like in Winter Cycling Paradise from Winter Bike to Work Day on Vimeo.
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martes, 30 de diciembre de 2014
domingo, 23 de noviembre de 2014
Un vacío tremendo
Se nos ha ido el alma mater de la promoción del uso de la bicicleta como medio de locomoción en Navarra. El padre del Plan Director de la Bicicleta y del Parque Fluvial de la Comarca de Pamplona, miembro fundador de Ciudadanos Ciclistas de la Comarca de Pamplona y mentor honorífico de la empresa en la que trabajamos desde hace 20 años, Oraintxe, se ha marchado y nos hemos quedado huérfanos.
Los que hemos tenido el placer de conocerle no vamos a saber llenar ese espacio discreto, calmado, amable y amistoso que él ocupaba. Todos le recordaremos como un hombre con una ilusión incombustible, con una sonrisa perenne, con un talante conciliador y con esa talla personal que, a su lado, te hacía sentirte vulgar y hasta mezquino.
José Ignacio ha sido uno de esos maestros que la vida te regala y cuya figura y cuya importancia nunca eres capaz de reconocer y de agradecer suficientemente, pero que te dejan una impronta imborrable y una admiración que no puede expresarse.
Gracias por todo, José Ignacio. Mañana, cuando vaya a trabajar, todavía creeré que podré volver a saludarte, como cuando pasabas todos los días en tu bici verde con aquella inseparable alforja de cuero, dispuesto a hacer las cosas bien y hacer tu aportación para cambiar el mundo, al menos un poquito. Gracias.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Pedalea que algo queda
Alguien dijo que el movimiento se demuestra andando y no le faltaba razón. A ese y tampoco al que dijo que le juzgaran por sus actos más que por sus palabras. Después de la resaca de la Semana de las Declaraciones de Buenas Intenciones Relacionadas con la Movilidad Sostenible, hoy toca hacer. Y hacer cuesta mucho más que decir, porque las palabras se las lleva el viento con una facilidad pasmosa.
Hoy toca pedalear. Hoy toca caminar. Hoy toca compartir vehículo, público o privado. Hoy toca aguantar al prójimo como queremos que nos aguanten a nosotros. Hoy toca insistir en que otra forma de ciudad es posible, otra forma de desplazarse es recomendable. Hoy toca reivindicar una calle más amable.
La acción es la madre del cordero para cambiar la inercia de las cosas. Tú haz y no digas nada. O haz y di, pero haz. Ya verás el efecto que causas en tu entorno. Mucho más que si andas argumentando todo el rato y dando la chapa con tu verdad y el engaño en el que viven los demás.
Pedalea y déjate ver, demanda tus derechos y hazte acreedor de ellos porque estás ahí, ejerciéndolos, y cumple con tus obligaciones, esas que hacen que señalices tus maniobras, respetes las normas del tráfico y, más que eso, te comportes como un agente más del tráfico.
Es la única manera de que esto cambie: que cada vez haya más gente civilizada andando en bici. Demuestra que eres una de esas personas, disfruta del placer de serlo y contagia a los demás. Y recuerda que la envidia sigue siendo probablemente el principal motor de los cambios personales. Ya lo decía Schopenhauer:
Hoy toca pedalear. Hoy toca caminar. Hoy toca compartir vehículo, público o privado. Hoy toca aguantar al prójimo como queremos que nos aguanten a nosotros. Hoy toca insistir en que otra forma de ciudad es posible, otra forma de desplazarse es recomendable. Hoy toca reivindicar una calle más amable.
La acción es la madre del cordero para cambiar la inercia de las cosas. Tú haz y no digas nada. O haz y di, pero haz. Ya verás el efecto que causas en tu entorno. Mucho más que si andas argumentando todo el rato y dando la chapa con tu verdad y el engaño en el que viven los demás.
Pedalea y déjate ver, demanda tus derechos y hazte acreedor de ellos porque estás ahí, ejerciéndolos, y cumple con tus obligaciones, esas que hacen que señalices tus maniobras, respetes las normas del tráfico y, más que eso, te comportes como un agente más del tráfico.
Es la única manera de que esto cambie: que cada vez haya más gente civilizada andando en bici. Demuestra que eres una de esas personas, disfruta del placer de serlo y contagia a los demás. Y recuerda que la envidia sigue siendo probablemente el principal motor de los cambios personales. Ya lo decía Schopenhauer:
"La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren."
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Superhéroes, necesitamos superhéroes
Cuando algo se visualiza como un reto casi inalcanzable, donde existen unas barreras importantísimas, una percepción de peligrosidad extrema y una pusilanimidad generalizada, lo que hace falta para realizarlo es un superhéroe.
Los superhéroes pueden hacer lo que el común de los mortales no puede. Muchas veces porque no lo intenta. Muchas veces porque no se lo cree. Necesitamos más superhéroes, muchos superhéroes. Aunque realmente lo que necesitamos es que cualquiera se convierta en un superhéroe, simplemente porque se crea lo que está haciendo, le ponga mucha energía y un montón de ilusión. Eso hará cambiar las cosas.
Para ejemplo un botón, o, más bien, un montón de estrellas que dentro del programa del mismo nombre, STARS (Sustainable Travel Accreditation and Recognition for Schools), trata de demostrar que se puede ir al cole en bici, aunque sea en una ciudad tan pretendidamente imposible como Madrid. Y lo demuestran con hechos y con mucho gusto, por cierto.
Ole!! Ole!! Ole!! en bici voy al cole... from José Rossi on Vimeo.
Enhorabuena por la iniciativa y que la fuerza acompañe a todo aquella persona que, como ha ocurrido en este colegio madrileño, ya lo hace, se lo ha propuesto o se lo quiere proponer. Es mucho más fácil de lo que parece. Tenemos demasiados monstruos y demasiado bien alimentados, pero ni son tan feroces ni pueden tanto contra la voluntad personal individual.
Tú puedes ser tu propio superhéroe. Y el nuestro. Inténtalo.
Los superhéroes pueden hacer lo que el común de los mortales no puede. Muchas veces porque no lo intenta. Muchas veces porque no se lo cree. Necesitamos más superhéroes, muchos superhéroes. Aunque realmente lo que necesitamos es que cualquiera se convierta en un superhéroe, simplemente porque se crea lo que está haciendo, le ponga mucha energía y un montón de ilusión. Eso hará cambiar las cosas.
Para ejemplo un botón, o, más bien, un montón de estrellas que dentro del programa del mismo nombre, STARS (Sustainable Travel Accreditation and Recognition for Schools), trata de demostrar que se puede ir al cole en bici, aunque sea en una ciudad tan pretendidamente imposible como Madrid. Y lo demuestran con hechos y con mucho gusto, por cierto.
Ole!! Ole!! Ole!! en bici voy al cole... from José Rossi on Vimeo.
Enhorabuena por la iniciativa y que la fuerza acompañe a todo aquella persona que, como ha ocurrido en este colegio madrileño, ya lo hace, se lo ha propuesto o se lo quiere proponer. Es mucho más fácil de lo que parece. Tenemos demasiados monstruos y demasiado bien alimentados, pero ni son tan feroces ni pueden tanto contra la voluntad personal individual.
Tú puedes ser tu propio superhéroe. Y el nuestro. Inténtalo.
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lunes, 31 de marzo de 2014
Se perjudica con el ejemplo
Que nuestros políticos viven de espaldas a la realidad que les circunda es algo generalizado. Con excepciones loables y ejemplaridades singulares, la mayoría de los elegidos en las distintas clases políticas todavía no han acabado de enterarse de que se deben a los ciudadanos y no sólo a los que les han votado, y que deben trabajar por demostrar que son acreedores de tan digna misión.
Lo que pasa es que todavía vivimos en la pubertad democrática, pese a que llevamos ya más de 30 años en ello, y no nos acabamos de enterar bien en qué consiste la política, la representatividad, los partidos, los cargos públicos y la responsabilidad que todo ello conlleva, por no hablar de la participación. Por eso nos parecen normales los desplantes, los mutis por el foro, el apoltronamiento, la relajación, la chulería y la indignidad de la mayoría de los que dicen representar a la ciudadanía.
En términos de movilidad pasa lo mismo. Esos que se llenan la boca reclamando derechos de los ciclistas, necesidades peatonales, defensa del transporte público y apologizan sobre la movilidad sostenible, luego se olvidan de todo lo que eso significa cuando tienen que ejercer las obligaciones propias de su cargo, para desplazarse en sus coches, oficiales o no, a la sede de la institución donde desempeñan su labor política, sean Ayuntamientos o Parlamentos.
En Pamplona, la semana pasada denunciaron a unos cuantos concejales por hacer abuso del permiso que el Ayuntamiento les concede para aparcar sus coches ocasionalmente en zonas restringidas para hacer sus mandados. La actuación de la Policía Municipal ha generado mucho revuelo mediático y mucho comentario privado, que ha hecho declararse hasta al Jefe del citado cuerpo para decir que "las denuncias a coches de ediles son ilegales".
Que nuestros políticos, personas ocupadas y estresadas donde las haya, con agendas realmente atiborradas de tareas, actos y trabajo, cuya ubicuidad les obliga a hacer multiplicidad de viajes relámpago utilicen sus coches para hacer viajes puerta a puerta puede estar justificado en ciudades que siguen vendiendo su automovilismo entre propios y extraños. Que hagan abuso de sus prebendas es algo que se ha asumido por todos. Ahora bien, que trate de mantenerse esto ante la denuncia pública es absolutamente inadmisible y que se utilice al Jefe de la Policía Municipal para cargar contra sus propios agentes por su celo en el trabajo, una vergüenza.
Pero lo peor de todo es que los propios políticos encausados, dos del gobierno y dos de la oposición más encarnizada, no hayan hecho acto público de contrición y se hayan disculpado aunque sea simbólicamente ante la población. Que los políticos de la oposición pagaran las multas para retirar sus vehículos y las del gobierno no lo hicieran solo da una idea de hasta dónde llega el descaro.
Estamos en manos de unos cuantos desalmados.
Lo que pasa es que todavía vivimos en la pubertad democrática, pese a que llevamos ya más de 30 años en ello, y no nos acabamos de enterar bien en qué consiste la política, la representatividad, los partidos, los cargos públicos y la responsabilidad que todo ello conlleva, por no hablar de la participación. Por eso nos parecen normales los desplantes, los mutis por el foro, el apoltronamiento, la relajación, la chulería y la indignidad de la mayoría de los que dicen representar a la ciudadanía.
En términos de movilidad pasa lo mismo. Esos que se llenan la boca reclamando derechos de los ciclistas, necesidades peatonales, defensa del transporte público y apologizan sobre la movilidad sostenible, luego se olvidan de todo lo que eso significa cuando tienen que ejercer las obligaciones propias de su cargo, para desplazarse en sus coches, oficiales o no, a la sede de la institución donde desempeñan su labor política, sean Ayuntamientos o Parlamentos.
En Pamplona, la semana pasada denunciaron a unos cuantos concejales por hacer abuso del permiso que el Ayuntamiento les concede para aparcar sus coches ocasionalmente en zonas restringidas para hacer sus mandados. La actuación de la Policía Municipal ha generado mucho revuelo mediático y mucho comentario privado, que ha hecho declararse hasta al Jefe del citado cuerpo para decir que "las denuncias a coches de ediles son ilegales".
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| El lugar de los hechos (Foto: Diario de Navarra) |
Que nuestros políticos, personas ocupadas y estresadas donde las haya, con agendas realmente atiborradas de tareas, actos y trabajo, cuya ubicuidad les obliga a hacer multiplicidad de viajes relámpago utilicen sus coches para hacer viajes puerta a puerta puede estar justificado en ciudades que siguen vendiendo su automovilismo entre propios y extraños. Que hagan abuso de sus prebendas es algo que se ha asumido por todos. Ahora bien, que trate de mantenerse esto ante la denuncia pública es absolutamente inadmisible y que se utilice al Jefe de la Policía Municipal para cargar contra sus propios agentes por su celo en el trabajo, una vergüenza.
Pero lo peor de todo es que los propios políticos encausados, dos del gobierno y dos de la oposición más encarnizada, no hayan hecho acto público de contrición y se hayan disculpado aunque sea simbólicamente ante la población. Que los políticos de la oposición pagaran las multas para retirar sus vehículos y las del gobierno no lo hicieran solo da una idea de hasta dónde llega el descaro.
Estamos en manos de unos cuantos desalmados.
jueves, 5 de septiembre de 2013
La educación ciclista se aprende en casa
Y cuando somos pequeños, sobre todo. Imitando, siguiendo los consejos de los que para ti son tu guía y tu modelo. Esa es la principal escuela de ciclismo. Un padre, una madre acompañando a sus pequeños por los itinerarios habituales y dándoles consejos de prevención, mejorando las habilidades básicas, cogiendo confianza.
No hay mejor educación que predicar con el ejemplo y, en esto de la educación vial, la mejor escuela es la calle. No hacen falta profesores ni policías, que serán bienvenidos en el entorno escolar para reforzar los conocimientos y para recordar la presencia de la ley y las consecuencias de su incumplimiento. La educación vial, el civismo en bicicleta se aprende andando en compañía de alguien de confianza. Los padres, los mejores. También valen tíos, abuelos y hermanos mayores, pero es otra cosa.
El ejemplo de una madre, de un padre para un hijo, para una hija es insustituíble. Y el aprendizaje se impregna de una manera natural, como un juego familiar, como una demostración de los menores de una adquisición de habilidades ante sus padres, como una demostración de que ya se van haciendo mayores, autónomos, independientes. Es realmente emocionante para las dos partes y lo que se aprende así no se olvida nunca.
Para empezar, unos cuantos consejos
P.D.: Gracias a Mikael por las fotos.
No hay mejor educación que predicar con el ejemplo y, en esto de la educación vial, la mejor escuela es la calle. No hacen falta profesores ni policías, que serán bienvenidos en el entorno escolar para reforzar los conocimientos y para recordar la presencia de la ley y las consecuencias de su incumplimiento. La educación vial, el civismo en bicicleta se aprende andando en compañía de alguien de confianza. Los padres, los mejores. También valen tíos, abuelos y hermanos mayores, pero es otra cosa.
El ejemplo de una madre, de un padre para un hijo, para una hija es insustituíble. Y el aprendizaje se impregna de una manera natural, como un juego familiar, como una demostración de los menores de una adquisición de habilidades ante sus padres, como una demostración de que ya se van haciendo mayores, autónomos, independientes. Es realmente emocionante para las dos partes y lo que se aprende así no se olvida nunca.
Para empezar, unos cuantos consejos
- No tengas prisa.
- Circula con el menor delante, para poder ver su evolución y para corregir sus vicios y hacerle consciente de la prevención.
- Paciencia.
- No te obsesiones con que lo hagan todo perfecto a la vez. Son demasiadas cosas. Es preferible ir paso a paso. Detente las veces que te haga falta y repite amablemente las maniobras.
- Paciencia.
- Deja que el niño (la niña) te demuestre que ha aprendido. Es mucho más gratificante.
- Paciencia.
- Prueba primero en circuitos seguros y totalmente apartados del tráfico. Cuando muestren seguridad, no rehuyas las calles tranquilas. Es la mejor manera de salvar el miedo al tráfico y la intimidación del coche.
- Paciencia.
- Haz itinerarios con sentido y con objetivos interesantes y reales: ir al cole, ir a la piscina, ir a hacer la compra, etc. Así demostrarás el valor como vehículo y no sólo como juguete que tiene la bicicleta.
- Vete complicando los escenarios para iros haciendo con todas las situaciones posibles: rotondas, intersecciones, incorporaciones, pasos difíciles.
- Enséñale a bajarse de la bici en las aceras y en las zonas peatonales cuando haya mucha gente.
P.D.: Gracias a Mikael por las fotos.
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miércoles, 1 de mayo de 2013
La policía, montada, es más efectiva
En bici, por supuesto. Pasó ayer. Otra vez más la realidad desbordó las cotas más altas de nuestra imaginación y nos demostró que es mucho más alucinante que nuestras ensoñaciones más calenturientas y que nuestras fantasías más atrevidas.

Un agente de la Policía Municipal de Pamplona detuvo al ladrón con la bicicleta que había robado y abandonado en su huída.
Un agente de la Policía Municipal de Pamplona detuvo a un ladrón utilizando la misma bicicleta que esta persona había sustraído y que había abandonado durante su huida. Los hechos ocurrieron sobre las 13:45 horas del pasado vuernes día 26. La emisora interna de la policia informó a los agentes de la sustracción de una bicicleta en la Plaza del Castillo. Además, gracias a los testigos, se facilitó una descripción del presunto ladrón.
Dos agentes que se encontraban de servicio a pie por las inmediaciones del Teatro Gayarre observaron que por Carlos III circulaba en bicicleta una persona que coincidía con la descripción facilitada, por lo que procedieron a seguirle hasta la calle Arrieta, donde abandonó la bicicleta para continuar huyendo a la carrera.
Uno de los dos agentes cogió entonces la bicicleta que había sido abandonada, se montó en ella y persiguió al ladrón hasta Paulino Caballero, donde lo consiguió alcanzar.
Demostrado. En bici es más rápido y, si la policía fuera montada en bicicleta, además de empatizar mejor con los ciclistas y dar mayor visibilidad y prestigio a la bicicleta, podría perseguir a los criminales de una manera mucho más efectiva.
Ignoro si el agente en cuestión es uno de esos que está solicitando la inclusión de una brigada ciclista en esta ciudad, pero, incluso si no lo es, seguro que, gracias a su instinto, se ha dado cuenta de que si hubiera "policías montados" conseguirían llegar más rápido.
Un policía alcanza a un ladrón con la bici que había robado
Fuente: Diario de Navarra 
Un agente de la Policía Municipal de Pamplona detuvo al ladrón con la bicicleta que había robado y abandonado en su huída.
Un agente de la Policía Municipal de Pamplona detuvo a un ladrón utilizando la misma bicicleta que esta persona había sustraído y que había abandonado durante su huida. Los hechos ocurrieron sobre las 13:45 horas del pasado vuernes día 26. La emisora interna de la policia informó a los agentes de la sustracción de una bicicleta en la Plaza del Castillo. Además, gracias a los testigos, se facilitó una descripción del presunto ladrón.
Dos agentes que se encontraban de servicio a pie por las inmediaciones del Teatro Gayarre observaron que por Carlos III circulaba en bicicleta una persona que coincidía con la descripción facilitada, por lo que procedieron a seguirle hasta la calle Arrieta, donde abandonó la bicicleta para continuar huyendo a la carrera.
Uno de los dos agentes cogió entonces la bicicleta que había sido abandonada, se montó en ella y persiguió al ladrón hasta Paulino Caballero, donde lo consiguió alcanzar.
Demostrado. En bici es más rápido y, si la policía fuera montada en bicicleta, además de empatizar mejor con los ciclistas y dar mayor visibilidad y prestigio a la bicicleta, podría perseguir a los criminales de una manera mucho más efectiva.
Ignoro si el agente en cuestión es uno de esos que está solicitando la inclusión de una brigada ciclista en esta ciudad, pero, incluso si no lo es, seguro que, gracias a su instinto, se ha dado cuenta de que si hubiera "policías montados" conseguirían llegar más rápido.
lunes, 18 de febrero de 2013
La bicicleta urbana objeto de estudio
El otro día estuvimos dilucidando, con unos estudiantes de decoración de la Escuela de Arte de Pamplona, cuáles podían ser las claves de un centro de referencia para ciclistas urbanos en una ciudad como ésta, en la que la bicicleta ha ido ganando presencia de una manera notoria en los últimos años.
Resulta complicado poner en antecedentes en tan sólo una hora a un grupo de jóvenes para los que la bicicleta, en muchos casos, no es más que un encargo más dentro de su disciplina académica, un escollo más, una idea más o menos peregrina o más o menos acertada de sus profesores.
Sin embargo, resulta también interesante tratar de profundizar con un grupo de profanos en este asunto de la bicicleta, porque se puede descubrir cómo de inquietante y vigente es el tema en cualquier círculo de nuestra sociedad y cómo de conscientes son nuestros jóvenes del papel que juega y puede jugar la bicicleta en el espacio urbano y las oportunidades que ofrece y que merece.
Salvando los tópicos más reiterados como son la indecencia de los carriles bici (o como se le quiera llamar a la gamberrada que han desplegado nuestros responsables municipales), la actitud de algunos ciclistas, la convivencia con los peatones y el miedo al tráfico, la práctica totalidad de nuestros jóvenes son incapaces de poner en cuestión el protagonismo de la bicicleta y su potencialidad en la configuración de una ciudad que necesita cambiar hacia un modelo más sostenible, más humanizado y más amable.
Resulta igualmente emocionante observar cómo se ha desmitificado la bicicleta como elemento minoritario, como vehículo marginal o como opción descabellada y estereotipada, incluso teniendo en cuenta todos esos prejuicios y dificultades que todavía presenta a priori.
Pero lo más alentador es que cualquiera que piensa e intenta desarrollar un proyecto relacionado con la bicicleta le da un carácter social, más allá de grupos reducidos, y considera que la bicicleta reúne todos los ingredientes de universalidad, cercanía, accesibilidad y familiaridad para ser un óptimo punto de encuentro para cualquiera. Una buena excusa, un buen motivo, un punto de coincidencia, algo que pertenece a nuestro subconsciente colectivo, porque es parte de nuestra vida, porque es fácil, porque es conveniente y, sobre todo, porque nos recuerda que la vida puede ser simple y divertida.
Ignoro cómo plasmarán estos estudiantes las ideas que estuvimos barajando durante esta jornada y que estarán a punto de presentar, pero, sólo con las expectativas que generaba el proyecto, podemos esperar que poco a poco vayan surgiendo todo tipo de iniciativas interesantes alrededor de la bicicleta. Estaremos atentos.
Resulta complicado poner en antecedentes en tan sólo una hora a un grupo de jóvenes para los que la bicicleta, en muchos casos, no es más que un encargo más dentro de su disciplina académica, un escollo más, una idea más o menos peregrina o más o menos acertada de sus profesores.
Sin embargo, resulta también interesante tratar de profundizar con un grupo de profanos en este asunto de la bicicleta, porque se puede descubrir cómo de inquietante y vigente es el tema en cualquier círculo de nuestra sociedad y cómo de conscientes son nuestros jóvenes del papel que juega y puede jugar la bicicleta en el espacio urbano y las oportunidades que ofrece y que merece.
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| Al final de la sesión tuve que enseñarles cómo funcionaba mi Brompton |
Salvando los tópicos más reiterados como son la indecencia de los carriles bici (o como se le quiera llamar a la gamberrada que han desplegado nuestros responsables municipales), la actitud de algunos ciclistas, la convivencia con los peatones y el miedo al tráfico, la práctica totalidad de nuestros jóvenes son incapaces de poner en cuestión el protagonismo de la bicicleta y su potencialidad en la configuración de una ciudad que necesita cambiar hacia un modelo más sostenible, más humanizado y más amable.
Resulta igualmente emocionante observar cómo se ha desmitificado la bicicleta como elemento minoritario, como vehículo marginal o como opción descabellada y estereotipada, incluso teniendo en cuenta todos esos prejuicios y dificultades que todavía presenta a priori.
Pero lo más alentador es que cualquiera que piensa e intenta desarrollar un proyecto relacionado con la bicicleta le da un carácter social, más allá de grupos reducidos, y considera que la bicicleta reúne todos los ingredientes de universalidad, cercanía, accesibilidad y familiaridad para ser un óptimo punto de encuentro para cualquiera. Una buena excusa, un buen motivo, un punto de coincidencia, algo que pertenece a nuestro subconsciente colectivo, porque es parte de nuestra vida, porque es fácil, porque es conveniente y, sobre todo, porque nos recuerda que la vida puede ser simple y divertida.
Ignoro cómo plasmarán estos estudiantes las ideas que estuvimos barajando durante esta jornada y que estarán a punto de presentar, pero, sólo con las expectativas que generaba el proyecto, podemos esperar que poco a poco vayan surgiendo todo tipo de iniciativas interesantes alrededor de la bicicleta. Estaremos atentos.
miércoles, 30 de enero de 2013
Hazte un favor, no me toques la bocina
Querido automovilista:
Cada vez que me veas circular delante tuya por una calle cualquiera de la ciudad piensa que gracias a mi tú tienes más espacio para circular, tienes mejores oportunidades para aparcar, respiras un aire un poco mejor, pagas un poco menos de sanidad pública, mantienes tu carretera menos desgastada a pesar de que mis impuestos la pagan igual que los tuyos, y, sobre todo, la ciudad, tu ciudad, mi ciudad, es un poco más tranquila, un poco más amable, un poco menos violenta, un poco más segura.
Así pues, querido automovilista, cada vez que me veas circular delante tuya, hazte un favor, no me toques la bocina, no te enfurezcas porque no circulo al límite de la velocidad permitida, no te castigues pensando que estoy retrasando tu importante viaje, no presupongas que estoy ahí sólo para fastidiarte, no consideres mi elección como despreciable o ridícula, porque, si mucha gente decidiera dejar de utilizar el coche para alguno de esos viajes que no lo requieren, este mundo sería mucho más habitable, más duradero, más humano. Hazte un favor, no lo hagas.
Gracias. De nada.
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Cada vez que me veas circular delante tuya por una calle cualquiera de la ciudad piensa que gracias a mi tú tienes más espacio para circular, tienes mejores oportunidades para aparcar, respiras un aire un poco mejor, pagas un poco menos de sanidad pública, mantienes tu carretera menos desgastada a pesar de que mis impuestos la pagan igual que los tuyos, y, sobre todo, la ciudad, tu ciudad, mi ciudad, es un poco más tranquila, un poco más amable, un poco menos violenta, un poco más segura.
Así pues, querido automovilista, cada vez que me veas circular delante tuya, hazte un favor, no me toques la bocina, no te enfurezcas porque no circulo al límite de la velocidad permitida, no te castigues pensando que estoy retrasando tu importante viaje, no presupongas que estoy ahí sólo para fastidiarte, no consideres mi elección como despreciable o ridícula, porque, si mucha gente decidiera dejar de utilizar el coche para alguno de esos viajes que no lo requieren, este mundo sería mucho más habitable, más duradero, más humano. Hazte un favor, no lo hagas.
Gracias. De nada.
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domingo, 20 de enero de 2013
No necesitamos más socorristas sino más nadadores
Padecemos una plaga ideológica que nos hace creernos víctimas con más facilidad que protagonistas y es de tal manera endémica que ya nadie cree que está en su mano nada que no haya venido nadie a ofrecerle en forma de salvación y solución a su problema. Así nos va, claro. Lo que pasa es que estamos ya tan acostumbrados a quejarnos, que sólo mediante la queja, el sufrimiento y el sacrificio creemos que estamos en el camino correcto. Por eso necesitamos a nuestro alrededor socorristas para salvarnos, porque hemos querido creer que solos no podremos mantenernos y mucho menos cambiar nada..
Creo que ya vale de funcionar con "ángeles de la guarda" y salvadores. Hay que ponerse a nadar cada uno en su casa, en el mar que le corresponda, con el estilo que prefiera, pero con decisión y coraje. Solo, sola, afrontando cada uno la ansiedad de mantenerse a flote, de guardar el equilibrio y de avanzar. Porque esto es una decisión personal e intransferible.
Claro que necesitaremos a veces contar con una representación elegida democráticamente que haga valer nuestra voz ante los dueños del poder, pero nunca deberemos dejar que su arrogancia les desenfoque de su cometido y se atribuyan poderes que no les han sido encomendados, porque estaremos alimentando a más socorristas.
Por eso, basta de dar pábulo a toda esa pléyade de iluminados que se atribuyen poderes mágicos y misiones alucinantes y empecemos a alumbrar cada uno nuestra pequeña vereda, porque cada vez somos más luciérnagas y cada vez nos hacemos ver más en la noche de los tiempos que nos han tocado vivir.
Creo que ya vale de funcionar con "ángeles de la guarda" y salvadores. Hay que ponerse a nadar cada uno en su casa, en el mar que le corresponda, con el estilo que prefiera, pero con decisión y coraje. Solo, sola, afrontando cada uno la ansiedad de mantenerse a flote, de guardar el equilibrio y de avanzar. Porque esto es una decisión personal e intransferible.
Claro que necesitaremos a veces contar con una representación elegida democráticamente que haga valer nuestra voz ante los dueños del poder, pero nunca deberemos dejar que su arrogancia les desenfoque de su cometido y se atribuyan poderes que no les han sido encomendados, porque estaremos alimentando a más socorristas.
Por eso, basta de dar pábulo a toda esa pléyade de iluminados que se atribuyen poderes mágicos y misiones alucinantes y empecemos a alumbrar cada uno nuestra pequeña vereda, porque cada vez somos más luciérnagas y cada vez nos hacemos ver más en la noche de los tiempos que nos han tocado vivir.
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jueves, 22 de noviembre de 2012
A cara descubierta
Dicen que uno de los mayores inductores de la violencia vial y también de la cibernética, que son las dos que nos ocupan en este espacio, es la protección y la potencia que nos da ver el mundo a través de una pantalla que nos permite interactuar con los demás con una valentía que seríamos incapaces de mantener sin esa protección. Eso y la posibilidad de escapar con sólo mirar a otro lado y apretar un botón, nos hace sentirnos invulnerables, poderosos y valientes. Los coches, como el anonimato cibernético, nos permiten, al sentirnos sobrepotenciados, adoptar unas actitudes que, en muchos casos, seríamos incapaces de soportar a cara descubierta.
En eso también la bicicleta es distinta (un poco como los que escribimos y opinamos sin refugiarnos en un seudónimo o en el anonimato) porque te obliga a presentarte ante los demás dando la cara y absolutamente desprotegido. Eso y que no puedes huir más que pedaleando (que sólo vale ante peatones).
Ir a cara descubierta permite interactuar de una manera mucho más directa con los demás y ayuda de una manera determinante, casi inevitable, a buscar la amabilidad. Ya sólo el hecho de recibir el aire en la cara, de sentir el frio y el calor, los aromas y los hedores, los ruidos y los rumores, nos hace ser más sensibles y estar mejor predispuestos a entendernos con el entorno, con los demás.
Si a eso le sumamos la indefensión propia del ciclista y la reiteración de los itinerarios, encontraremos que los que andamos en bici a diario y repetimos rutas necesariamente profesamos la amabilidad y buscamos el entendimiento con nuestros semejantes, especialmente con los que más podemos hacerlo que es con otros ciclistas y con los peatones. Con los automovilistas es más difícil, sobre todo porque van aislados en sus corazas metálicas y actúan con la violencia que les propone y que les impone el medio de locomoción que han elegido (la mayor parte de las veces) o que no tienen más remedio que utilizar (las menos).
Por supuesto que entre los ciclistas hay cafres, imbéciles, arrogantes y violentos. Es inevitable. La especie humana nos ha provisto de ellos para reconocer las virtudes de la sociabilidad. Nadie sabe mejor que el que lo practica, lo que recompensa solicitar permiso y pedir perdón, agradecer un gesto y practicar el respeto y el entendimiento. Muchos de los que andan en bici, seguro que lo conocen, los de los coches, difícilmente.
En eso también la bicicleta es distinta (un poco como los que escribimos y opinamos sin refugiarnos en un seudónimo o en el anonimato) porque te obliga a presentarte ante los demás dando la cara y absolutamente desprotegido. Eso y que no puedes huir más que pedaleando (que sólo vale ante peatones).
Ir a cara descubierta permite interactuar de una manera mucho más directa con los demás y ayuda de una manera determinante, casi inevitable, a buscar la amabilidad. Ya sólo el hecho de recibir el aire en la cara, de sentir el frio y el calor, los aromas y los hedores, los ruidos y los rumores, nos hace ser más sensibles y estar mejor predispuestos a entendernos con el entorno, con los demás.
Si a eso le sumamos la indefensión propia del ciclista y la reiteración de los itinerarios, encontraremos que los que andamos en bici a diario y repetimos rutas necesariamente profesamos la amabilidad y buscamos el entendimiento con nuestros semejantes, especialmente con los que más podemos hacerlo que es con otros ciclistas y con los peatones. Con los automovilistas es más difícil, sobre todo porque van aislados en sus corazas metálicas y actúan con la violencia que les propone y que les impone el medio de locomoción que han elegido (la mayor parte de las veces) o que no tienen más remedio que utilizar (las menos).
Por supuesto que entre los ciclistas hay cafres, imbéciles, arrogantes y violentos. Es inevitable. La especie humana nos ha provisto de ellos para reconocer las virtudes de la sociabilidad. Nadie sabe mejor que el que lo practica, lo que recompensa solicitar permiso y pedir perdón, agradecer un gesto y practicar el respeto y el entendimiento. Muchos de los que andan en bici, seguro que lo conocen, los de los coches, difícilmente.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Herramientas para dar oportunidades a la bici
Mucho se habla, mucho se escribe, mucho se opina sobre cuáles son las fórmulas para tratar de dar a la bicicleta las oportunidades que se merece como vehículo práctico, limpio, respetuoso y amable y, por lo que se ve, todo el mucho sigue elucubrando sobre el asunto y apostando parcialmente, cuando no lavándose la cara con la bici.
Llevo dos días enteros dedicado a demostrar que esto de la bicicleta es sencillo y que, desgraciadamente, se ha complicado de una manera interesada para presentarlo como algo poco posible, poco razonable o poco recomendable, a menos que se cumplan toda una serie de condiciones que, en la práctica, son muy difíciles de cumplir. Una de ellas, la más importante, que la bici circule sola y protegida, lejos de automóviles y, a ser posible, también de peatones.
Pero, ¿por qué se demanda este tipo de sobreprotección para un vehículo que hasta la fecha no ha mostrado una siniestralidad preocupante? Pues por dos motivos fundamentalmente:
En ese escenario e incluso contando con todos esos condicionantes, la bicicleta sigue teniendo sentido. Por rápida, por barata, por sana y por respetuosa. Por eso algunos seguimos haciendo misiones con ese mensaje que es bien sencillo.
Porque la bici es sencilla, es abarcable, es un mecanismo eficiente que podemos aprender a manejarlo, a repararlo y a promoverlo con sorprendente simplicidad.
El sábado en un curso de mecánica básica de mantenimiento, hoy dando charlas en un instituto, el mensaje es el mismo, claro y contundente: esto es fácil. Por eso debes probarlo.
Porque todos tenemos bicis en casa, porque ponerlas a punto y mantenerlas es una tarea que podemos hacer nosotros mismos y porque basta con montarse en ellas y actuar con prudencia, con respeto, con dignidad y con sentido común para comprobar que es posible.
Claro que hay mucho por hacer, que hay que hacer nuestras calles más amables y a nuestra gente menos agresiva, claro que habrá que adaptar de alguna manera el espacio público para ello, claro que habrá que enseñar también a los ciclistas a comportarse, pero no podemos esperar a que todo el mundo se ordene para hacer nuestras opciones. Pero cuidado con complicarlo innecesariamente, porque no funcionará.
Por eso resulta imprescindible seguir comunicando, contagiando con nuestra experiencia como algo posible y al alcance de cualquiera, porque sólo haciéndolo podemos demostrar que puede hacerse y cómo puede hacerse.
Llevo dos días enteros dedicado a demostrar que esto de la bicicleta es sencillo y que, desgraciadamente, se ha complicado de una manera interesada para presentarlo como algo poco posible, poco razonable o poco recomendable, a menos que se cumplan toda una serie de condiciones que, en la práctica, son muy difíciles de cumplir. Una de ellas, la más importante, que la bici circule sola y protegida, lejos de automóviles y, a ser posible, también de peatones.
¿Por qué?
Pero, ¿por qué se demanda este tipo de sobreprotección para un vehículo que hasta la fecha no ha mostrado una siniestralidad preocupante? Pues por dos motivos fundamentalmente:
- Por un lado, porque se ha perdido el hábito y con él la habilidad de andar en bici de manera natural, con destreza, con reflejos, de manera instintiva, con seguridad y aportando seguridad a los demás.
- Por otro, porque la bicicleta se ha convertido, por puro abandono, en un elemento extraño, complejo, incómodo, difícil... complicado.
En ese escenario e incluso contando con todos esos condicionantes, la bicicleta sigue teniendo sentido. Por rápida, por barata, por sana y por respetuosa. Por eso algunos seguimos haciendo misiones con ese mensaje que es bien sencillo.
La bici, simplemente
Porque la bici es sencilla, es abarcable, es un mecanismo eficiente que podemos aprender a manejarlo, a repararlo y a promoverlo con sorprendente simplicidad.
El sábado en un curso de mecánica básica de mantenimiento, hoy dando charlas en un instituto, el mensaje es el mismo, claro y contundente: esto es fácil. Por eso debes probarlo.
Porque todos tenemos bicis en casa, porque ponerlas a punto y mantenerlas es una tarea que podemos hacer nosotros mismos y porque basta con montarse en ellas y actuar con prudencia, con respeto, con dignidad y con sentido común para comprobar que es posible.
Claro que hay mucho por hacer, que hay que hacer nuestras calles más amables y a nuestra gente menos agresiva, claro que habrá que adaptar de alguna manera el espacio público para ello, claro que habrá que enseñar también a los ciclistas a comportarse, pero no podemos esperar a que todo el mundo se ordene para hacer nuestras opciones. Pero cuidado con complicarlo innecesariamente, porque no funcionará.
Por eso resulta imprescindible seguir comunicando, contagiando con nuestra experiencia como algo posible y al alcance de cualquiera, porque sólo haciéndolo podemos demostrar que puede hacerse y cómo puede hacerse.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Paso a la acción ciclista
Llevamos unos cuantos años dando cabida a todo tipo de iniciativas relacionadas con la
bicicleta simplemente por eso, porque incluían a la bicicleta. Con eso bastaba,
con eso nos bastaba. Veníamos de años de sequía, de incomprensión, de
marginalidad, de denuncias a gritos, de
sofocarnos en batallas interminables, perdidas… y de repente nos pareció que
las cosas estaban cambiando. Las señales eran inequívocas: infraestructuras,
campañas, congresos, presencia física y social. Y nos quedamos alucinados entre tanta
abundancia. Y perdimos el criterio. Alegremente. Porque pensábamos que, por
fin, nos iban a tener en cuenta, iban a hacer caso a nuestras demandas, a
nuestros argumentos.
Pero
estábamos equivocados. Vivíamos engañados. Nos gustaba la basura que nos
vendían tan sólo porque llevaba la bicicleta impresa. Y éramos incapaces de mirar en
perspectiva y de ser exigentes, porque la realidad fundamental seguía alentando
el uso del coche. Nos habían emborrachado de ciclabilidad fraudulenta.
Ahora
Ahora
que la cosa no es tan boyante, ni mucho menos, y que el dinero no se reparte a
espuertas, ahora que ya no hay felicidad derrochadora en busca de campañas
fáciles, de un verde amarillista, de un sostenible de pacotilla y de un ramplón
espeluznante, ahora ya no nos queda aliento ni credibilidad para volver a
retomar el discurso esencial, ese que habla de la bicicleta en primera persona,
ese que empieza desde la niñez como un juego, ese que necesita protección, pero
sobre todo contra el robo, ese que requiere de una inclusión real y una
proyección, y no precisamente a través de grandes obras megalomaníacas ni de
campañas populistas facilotas y volátiles.
Ahora
que hemos superado la maldita Semana de la Movilidad Sostenible, dejando muestras de lo falsos que somos, lo bienintencionados pero inactivos,
lo arrepentidos pero reincidentes, ahora es el momento de recordar que sólo a
través del ejemplo, de la acción cotidiana, de los acuerdos inmediatos, de las
pequeñas conquistas en los círculos de influencia personales, se cambian los
hábitos. Porque esto es una cuestión de hábitos, de decisiones personales, íntimas,
atrevidas, valientes, sostenidas.
Así
pues, permitirme que no comulgue en la ceremonia de la escenificación de la
falsedad en la que se ha convertido la Semana de la Movilidad Sostenible,
porque hay que empezar a reclamar el Día a Día de la Movilidad Deseable,
esa que recompensa a los que con sus decisiones y sus actos aportan su granito
para que nuestras ciudades, esas agregaciones impersonales de seres humanos,
empiecen a ser un poco más humanas, un poco más habitables.
La
tarea es difícil, pero merece la pena devanarse los sesos en pensar cómo vamos
a hacerlo:
- Cómo vamos a facilitar que nuestros niños y jóvenes puedan moverse en la ciudad de manera autónoma y responsable.
- Cómo vamos a hacer para fomentar que en nuestras empresas, en nuestros centros de actividad, las bicicletas sean bienvenidas y las personas que las traen, recompensadas. Igual que las que vengan a pie o, en el peor de los casos, en algo que sea un coche monopasajero.
- Cómo vamos a denunciar y dificultar el uso indiscriminado del coche.
Todo lo
que no sea eso serán milongas, paripés y declaraciones de buenas intenciones.
No sirven. De hecho, empiezan a resultar contraproducentes por
autocomplacientes, porque nos autojustifican y nos perdonan en nuestra inacción.
Así pues, basta
ya de pamplinas, que para esto no hacen falta campañas, ni subvenciones, ni
obras públicas. Esto se habla en casa, se decide individualmente, se comparte
entre colegas y se defiende con la actitud personal.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
El día que San Miguel se puso el casco
Mencionábamos ayer la participación de Induráin en una marcha ciclista hasta las fauces de la factoría de Volkswagen en Pamplona, como una representación del tributo al Rey Coche en una desafortunada, por llamarlo de alguna manera, inauguración de la Semana de la Movilidad Sostenible.
Hoy vamos a detenernos un momento en un detalle, que, como todo en la vida pública de estos animales mediáticos que son los ídolos deportivos y los políticos, no fue para nada improvisado. Se trata de esa foto buscada de las personalidades participantes en la fastuosa marcha ajustándose el casco para regocijo de participantes y reporteros presentes.
Este acto que para muchas personas representará una nadería y que para otras será una demostración inequívoca de ejemplar responsabilidad y de prevención, no es sino una jugada burda, otra, para consolidar una estrategia encaminada a denigrar el uso de la bicicleta en la ciudad. La polémica del casco, con actos como éste, queda zanjada por los medios más potentes con los que cuenta esta sociedad, los de comunicación de masas.
Que Miguel Induráin, San Miguel, se coloque un casco y haga ostentación del mismo, significa en términos mediáticos la consagración de este gesto y sepulta cualquier intento de polemizar al respecto. Miguel Induráin, que el viernes y tampoco por casualidad, hacía una aparición estelar en el Expobike, de la mano de, ni más ni menos, que Doña Esperanza Aguirre (hasta ayer Presidenta de la Comunidad de Madrid) para bendecir esta feria (organizada curiosamente por su hermana en las mismas fechas que la decana Festibike), ayer se enfundaba un casco para alegría de los congregados, en presencia de su propio hermano Prudencio, que resulta que es Director del Instituto Navarro de Deporte y Juventud..
No parece que haga falta profundizar más en el asunto, como en la omnipresencia de esos nefastos chalecos reflectantes de coche a plena luz del día. Esto está hablado, está apalabrado, está decidido: andar en bici en la ciudad es peligroso, incómodo... inconveniente. Vale como juguete, vale como deporte y vale como ocio, pero no como vehículo.
Por cierto, para los que duden de la integridad de los personajes, Miguel Induráin no utiliza casco para sus desplazamientos urbanos en bicicleta, que por cierto son frecuentes. Tampoco usa chaleco salvavidas reflectante.
Hoy vamos a detenernos un momento en un detalle, que, como todo en la vida pública de estos animales mediáticos que son los ídolos deportivos y los políticos, no fue para nada improvisado. Se trata de esa foto buscada de las personalidades participantes en la fastuosa marcha ajustándose el casco para regocijo de participantes y reporteros presentes.
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| Miguel Induráin se ajusta el casco ante la atenta mirada de su hermano Pruden |
Este acto que para muchas personas representará una nadería y que para otras será una demostración inequívoca de ejemplar responsabilidad y de prevención, no es sino una jugada burda, otra, para consolidar una estrategia encaminada a denigrar el uso de la bicicleta en la ciudad. La polémica del casco, con actos como éste, queda zanjada por los medios más potentes con los que cuenta esta sociedad, los de comunicación de masas.
Que Miguel Induráin, San Miguel, se coloque un casco y haga ostentación del mismo, significa en términos mediáticos la consagración de este gesto y sepulta cualquier intento de polemizar al respecto. Miguel Induráin, que el viernes y tampoco por casualidad, hacía una aparición estelar en el Expobike, de la mano de, ni más ni menos, que Doña Esperanza Aguirre (hasta ayer Presidenta de la Comunidad de Madrid) para bendecir esta feria (organizada curiosamente por su hermana en las mismas fechas que la decana Festibike), ayer se enfundaba un casco para alegría de los congregados, en presencia de su propio hermano Prudencio, que resulta que es Director del Instituto Navarro de Deporte y Juventud..
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| Esperanza Aguirre "compite" con Miguel Induráin en la carrera mediática de Ifema contra Festibike |
No parece que haga falta profundizar más en el asunto, como en la omnipresencia de esos nefastos chalecos reflectantes de coche a plena luz del día. Esto está hablado, está apalabrado, está decidido: andar en bici en la ciudad es peligroso, incómodo... inconveniente. Vale como juguete, vale como deporte y vale como ocio, pero no como vehículo.
Por cierto, para los que duden de la integridad de los personajes, Miguel Induráin no utiliza casco para sus desplazamientos urbanos en bicicleta, que por cierto son frecuentes. Tampoco usa chaleco salvavidas reflectante.
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sábado, 25 de agosto de 2012
Besando el suelo
De vez en cuando ocurre. Es lo que tiene el equilibrio, que a veces se pierde. Ayer tocó desmontar de la bici involuntariamente y besar el suelo no precisamente con la boca. Un buen sopapo. Un buen susto. Las bicicletas tienen eso, que de vez en cuando te caes. Por un despiste, por una sorpresa, por un accidente, por una mala maniobra o por el maldito exceso de confianza.
El caso es que te caes y eso te hace pensar: en la vulnerabilidad, en el riesgo no percibido, en la mala suerte o en la inconsciencia. Pero piensas. Más si te haces daño. Más si vas solo. Más si no te lo esperabas. Porque hay veces que lo ves venir, pero otras te coge de improviso. Y ahí es donde se suelen producir los males mayores.
Ayer fue una de esas, en un sitio poco comprometido, no transitado, sin cobertura. No me hice nada grave, la bici tampoco. Pero me preocupé y me lamenté, todo al mismo tiempo. Porque no había sido capaz de verla. 35 años andando en todo tipo de bicis, por todo tipo de terrenos no son suficientes. Está claro que hay que extremar precauciones y hay que conducir con los seis sentidos, el de la intuición incluído, y eso no te va a salvar de encontrarte con el suelo de vez en cuando.
¿Casco? Sí, claro. Pero, pese a ser una caída sorpresiva, no toqué con la cabeza el suelo. Cuando te caes, rara vez te pasa. Es por eso que los detractores, valorando el cálculo de probabilidades, aducen que sería más efectivo poner casco a los pasajeros de los coches o a los peatones que a los ciclistas. Pero esa es otra batalla.
Aún dolorido y relamiéndome las heridas miro la previsión meteorólogica para mañana. Al que anda le pasa... y yo voy a seguir andando.
El caso es que te caes y eso te hace pensar: en la vulnerabilidad, en el riesgo no percibido, en la mala suerte o en la inconsciencia. Pero piensas. Más si te haces daño. Más si vas solo. Más si no te lo esperabas. Porque hay veces que lo ves venir, pero otras te coge de improviso. Y ahí es donde se suelen producir los males mayores.
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| Foto de Nationaal Archief |
Ayer fue una de esas, en un sitio poco comprometido, no transitado, sin cobertura. No me hice nada grave, la bici tampoco. Pero me preocupé y me lamenté, todo al mismo tiempo. Porque no había sido capaz de verla. 35 años andando en todo tipo de bicis, por todo tipo de terrenos no son suficientes. Está claro que hay que extremar precauciones y hay que conducir con los seis sentidos, el de la intuición incluído, y eso no te va a salvar de encontrarte con el suelo de vez en cuando.
¿Casco? Sí, claro. Pero, pese a ser una caída sorpresiva, no toqué con la cabeza el suelo. Cuando te caes, rara vez te pasa. Es por eso que los detractores, valorando el cálculo de probabilidades, aducen que sería más efectivo poner casco a los pasajeros de los coches o a los peatones que a los ciclistas. Pero esa es otra batalla.
Aún dolorido y relamiéndome las heridas miro la previsión meteorólogica para mañana. Al que anda le pasa... y yo voy a seguir andando.
domingo, 12 de agosto de 2012
La esencia del cicloturista
Recuerdo en mis tiempos de viajero hiperactivo en bicicleta que estábamos empeñados en marcar una frontera infranqueable que separaba al viajero del turista y que, básicamente, los diferenciaba por su actitud cuando visitaban países que no eran el suyo. Así el viajero era una persona que trataba de descubrir la parte auténtica de la ruta que había elegido, diseñada por ella misma, de acuerdo con unos objetivos y unos intereses casi personales, mientras que el turista era un mero consumidor de productos dirigidos por toda una industria montada para atraer visitantes y con productos terminados, normalmente masivos y masificados, normalmente comercializados dentro de paquetes con toda una mercadotecnia alrededor.
Según esta división el turista era una víctima, una presa de un mercado interesado, mientras que el viajero era el protagonista de su propio viaje. El turista debía cumplir y comprobar toda una serie de hitos y expectativas que le eran dadas y el viajero dependía sólo de su capacidad de investigar, improvisar y maravillarse por las pequeñas cosas, por los detalles, por las personas y los parajes tal y como eran, sin espectáculo y sin marketing alrededor.
El tiempo pasa y la experiencia te enseña que nada es puro, como nada está totalmente contaminado, que en todos los sitios hay cosas auténticas y que la propia mercadotecnia turística es una realidad en sí misma, digna de conocerse y descubrirse, con sus ambientes, su encanto y sus protagonistas, basta con tener las ganas de verlas así y de disfrutarlas.
Así, cuando hablemos de cicloturismo, tratemos de poner el acento en la actitud, más que en el producto. Porque no se puede esperar eternamente, a semejanza de lo que ocurre con los carriles bici, a que una ruta esté perfectamente diseñada, señalizada y aparejada y conveniente segregada para catalogarla como cicloturista. Ejemplos: el Danubio, el Canal del Midi o el Camino de Santiago (salvando las distancias).
La esencia del cicloturismo debe radicar en el propio protagonista y en su capacidad de descubrir, improvisar, interactuar y maravillarse. Sólo así seremos capaces de promocionar y proteger esta variedad de viaje que no es comparable con ninguna otra, y, con ella, el encanto de las carreteras secundarias, de las pistas locales, de los pueblos olvidados, de los lugares "vírgenes"... y de aquellos que no lo son. Y eso no depende del tipo de bicicleta, de la calidad de los accesorios, de si se viaja con alforjas o no... esas son cuestiones menores, aunque pueden condicionar tu forma de viajar de manera determinante.
Salud, pedales y a descubrir mundo.
Según esta división el turista era una víctima, una presa de un mercado interesado, mientras que el viajero era el protagonista de su propio viaje. El turista debía cumplir y comprobar toda una serie de hitos y expectativas que le eran dadas y el viajero dependía sólo de su capacidad de investigar, improvisar y maravillarse por las pequeñas cosas, por los detalles, por las personas y los parajes tal y como eran, sin espectáculo y sin marketing alrededor.
El tiempo pasa y la experiencia te enseña que nada es puro, como nada está totalmente contaminado, que en todos los sitios hay cosas auténticas y que la propia mercadotecnia turística es una realidad en sí misma, digna de conocerse y descubrirse, con sus ambientes, su encanto y sus protagonistas, basta con tener las ganas de verlas así y de disfrutarlas.
Así, cuando hablemos de cicloturismo, tratemos de poner el acento en la actitud, más que en el producto. Porque no se puede esperar eternamente, a semejanza de lo que ocurre con los carriles bici, a que una ruta esté perfectamente diseñada, señalizada y aparejada y conveniente segregada para catalogarla como cicloturista. Ejemplos: el Danubio, el Canal del Midi o el Camino de Santiago (salvando las distancias).
La esencia del cicloturismo debe radicar en el propio protagonista y en su capacidad de descubrir, improvisar, interactuar y maravillarse. Sólo así seremos capaces de promocionar y proteger esta variedad de viaje que no es comparable con ninguna otra, y, con ella, el encanto de las carreteras secundarias, de las pistas locales, de los pueblos olvidados, de los lugares "vírgenes"... y de aquellos que no lo son. Y eso no depende del tipo de bicicleta, de la calidad de los accesorios, de si se viaja con alforjas o no... esas son cuestiones menores, aunque pueden condicionar tu forma de viajar de manera determinante.
Salud, pedales y a descubrir mundo.
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