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jueves, 5 de septiembre de 2013

La educación ciclista se aprende en casa

Y cuando somos pequeños, sobre todo. Imitando, siguiendo los consejos de los que para ti son tu guía y tu modelo. Esa es la principal escuela de ciclismo. Un padre, una madre acompañando a sus pequeños por los itinerarios habituales y dándoles consejos de prevención, mejorando las habilidades básicas, cogiendo confianza.


No hay mejor educación que predicar con el ejemplo y, en esto de la educación vial, la mejor escuela es la calle. No hacen falta profesores ni policías, que serán bienvenidos en el entorno escolar para reforzar los conocimientos y para recordar la presencia de la ley y las consecuencias de su incumplimiento. La educación vial, el civismo en bicicleta se aprende andando en compañía de alguien de confianza. Los padres, los mejores. También valen tíos, abuelos y hermanos mayores, pero es otra cosa.



El ejemplo de una madre, de un padre para un hijo, para una hija es insustituíble. Y el aprendizaje se impregna de una manera natural, como un juego familiar, como una demostración de los menores de una adquisición de habilidades ante sus padres, como una demostración de que ya se van haciendo mayores, autónomos, independientes. Es realmente emocionante para las dos partes y lo que se aprende así no se olvida nunca.

Para empezar, unos cuantos consejos
  1. No tengas prisa.
  2. Circula con el menor delante, para poder ver su evolución y para corregir sus vicios y hacerle consciente de la prevención.
  3. Paciencia.
  4. No te obsesiones con que lo hagan todo perfecto a la vez. Son demasiadas cosas. Es preferible ir paso a paso. Detente las veces que te haga falta y repite amablemente las maniobras.
  5. Paciencia.
  6. Deja que el niño (la niña) te demuestre que ha aprendido. Es mucho más gratificante.
  7. Paciencia.
  8. Prueba primero en circuitos seguros y totalmente apartados del tráfico. Cuando muestren seguridad, no rehuyas las calles tranquilas. Es la mejor manera de salvar el miedo al tráfico y la intimidación del coche.
  9. Paciencia.
  10. Haz itinerarios con sentido y con objetivos interesantes y reales: ir al cole, ir a la piscina, ir a hacer la compra, etc. Así demostrarás el valor como vehículo y no sólo como juguete que tiene la bicicleta.
  11. Vete complicando los escenarios para iros haciendo con todas las situaciones posibles: rotondas, intersecciones, incorporaciones, pasos difíciles.
  12. Enséñale a bajarse de la bici en las aceras y en las zonas peatonales cuando haya mucha gente.
Enhorabuena y gracias.

P.D.: Gracias a Mikael por las fotos.

miércoles, 15 de agosto de 2012

¿Quién nos protege de los promotores de la nueva movilidad?

Pongamos que quisiéramos introducir un nuevo medio de locomoción en nuestras ciudades por considerarlo realmente interesante para resolver algunos de los problemas que se han ido generando como consecuencia de un estilo de vida y una forma de moverse insostenibles. Pongamos que ese medio fuera asequible, limpio, conocido, saludable y relativamente fácil de acceder por toda la población, independientemente de su edad y de su nivel económico: un medio popular.

Pongamos, además, que, para mejorar las cosas y animar más a su uso, dispusiéramos de toda una serie de facilidades para que se puedan desplazar de manera segura y prioritaria a otros modos de transporte. Pongamos, incluso, que cambiáramos en parte la fisonomía y la ordenación de muchas calles de nuestras ciudades para reorganizar la circulación, favoreciendo a los que elijan el medio seleccionado.

Dispuesto todo lo anterior ¿a alguien con un minimo de juicio no se le ocurriría montar todo un sistema de información, educación y adiestramiento tanto generalista (para toda la población) como específico (para aquellos que hubieran elegido el medio propuesto) con todo tipo de medios y herramientas para intentar llegar a todos los rincones de la ciudad que se lo hubiera propuesto?


Pongamos que el medio elegido hubieran sido los patines. ¿A alguien con dos dedos de frente se le ocurriría montar un sistema de promoción de la movilidad con patines sin alertar a toda aquella persona que se lo proponga de que la cosa entraña sus riesgos y sus dificultades y que sólo a través de un periodo de prueba y entrenamiento, mejor tutelado, se puede lograr un dominio mínimo para aventurarse a utilizarlos para desplazarse?

Y si, pese a no haber organizado de esa manera la promoción, la gente se hubiese lanzado a la nueva práctica alegremente y se estuvieran poniendo en riesgo e incluso anduvieran dándose sus buenos leñazos, con varios accidentes mortales, y además estuvieran comprometiendo la tranquilidad de las zonas peatonales, ¿tampoco entonces nadie pondría el grito en el cielo y reclamaría un poco de cordura y un poco más de prevención?

¿Ni siquiera si estuvieran empujando a semejante práctica a nuestros niños y a nuestros abuelos reclamando la ciudad 8-80 o la 5-90? ¿No diríamos que se han vuelto todos locos?

¿Y qué tal si, además, todo esto nos estuviera costando unos milloncetes? 

¿Nadie lo estaría denunciando y tachando a las autoridades y a los representantes de los usuarios que lo estuvieran consintiendo y respaldando de irresponsables temerarios? ¿O acaso estaríamos todos tan felices practicando con nuestros patines o los que nos hubiera dispuesto nuestro amable ayuntamiento en máquinas expendedoras para poder coger unos patines aquí y dejarlos allá, jugando a supermanes apareciendo por sorpresa en cruces y aceras y cayendo como moscas en las proyecciones de nuestros circuitos exclusivos?

¿Creeis que en ese caso seríamos capaces de consentir que los presuntos responsables del asunto estuvieran deliberando si hacer el casco obligatorio o no para todos los patinadores?

No ¿verdad? ¿Entonces por qué lo consentimos con la bicicleta?

martes, 15 de noviembre de 2011

Mira mamá puedo solo

Aprender a andar en bicicleta es algo más que una pura cuestión de equilibrio. Este es el axioma que se repite una y otra vez cuando hablamos de circular con una bicicleta en la ciudad. Es cierto. No se aprende a andar en bicicleta por ciencia infusa, pero tampoco hay que sacar las cosas de quicio cuando se proponen "biciescuelas" y cosas similares.

Lo que sí es real es que hay mucha gente a la que se le está invitando a conducir una bicicleta y que acumula muchos miedos e inseguridades que les hacen "refugiarse" en las aceras, donde tampoco acaban de adquirir los fundamentos básicos que les hagan poder concurrir en el tráfico en unas condiciones mínimas de seguridad y confianza.


Enseñar a andar en bicicleta es una tarea interesante, pero superar los prejuicios de mucha gente que ve en el tráfico rodado un peligro insalvable es una labor mucho más difícil y de resultados mucho más comprometidos.

Mantener el equilibrio, seguir una linea, salvar unos obstáculos, soltar una mano, soltar las dos, mirar atrás, levantar una rueda, derrapar... todo eso está muy bien y es imprescindible para dar el paso siguiente, que es realmente el paso crucial.

Posicionarse al circular, evitar las zonas de riesgo, saber ganar carriles en una avenida, señalizar las maniobras, mirar a los ojos, circular por zonas peatonales con respeto y con cuidado, anticipando las trayectorias de los peatones, saber bajarse de la bici en un momento dado o en un tramo completo, mirar de reojo, oir, frenar en mojado o en terreno suelto, corregir una trazada, salvar un imprevisto... son cosas que sólo se aprenden con la experiencia y hoy en día no hay cursos para esto.


Los "bicibuses" son también iniciativas que ayudan a incentivar el uso de la bicicleta en determinados centros, pero, al final, la persona que anda en bicicleta de manera habitual lo hace sola, sin más protección que su habilidad y su instinto, de su confianza, de su sentido común, de su empatía y de su capacidad de interactuar y entenderse con los demás, de improvisar, de cambiar de planes, de reconocer las situaciones, de actuar con respeto, con precaución y con dignidad. Algo mucho más humano por suerte que conducir un coche y con ello mucho más complejo de explicar pero mucho más sencillo de aprender.