No hay que darle muchas vueltas. Cuando todos nuestros esfuerzos se han encaminado a tratar de lograr la ubicuidad todos a la vez, ¿quién de verdad no había pensado que no iba a haber sitio para todos?
Seamos serios. Lo sabíamos. Estábamos jugando. Jugando a destruir ciudades, jugando a acorralar peatones, jugando a atemorizar a la población, jugando a las casitas, jugando a las carreras, jugando a los autos de choque.
Hoy he tenido la oportunidad de ver uno de los juguetes que hay por casa, uno de esos regalos de algún familiar ingenioso: el "Rush Hour" de Thinkfun (Everybody Plays), algo así como la "Hora Punta" de Divertidea (Todo el mundo juega). La imagen de la caja me ha cautivado, el mensaje más aún: Escapa del atasco. ¡Ese es el juego! Demostrar que podemos pasar hasta cuarenta niveles de congestión y escapar del embrollo. Pura habilidad.
Y funciona. Aún creemos que vamos a tener suerte, que vamos a llegar en pocos minutos aunque sea hora punta, que vamos a encontrar sitio en la puerta de nuestro destino, que los gurús de la semaforización nos van a ayudar, que la diosa prioridad va a interceder por nosotros, que la santa prisa va a mejorar nuestra pericia al volante. Y seguimos jugando a eso.
Tú también puedes jugar. ¡Suerte!
Para un ciclista el embotellamiento también puede representar una dificultad, pero no hay duda de que no le condiciona más que en la mera ocupación de espacio y en la polución. Al final no deja de ser una situación de tráfico calmado, incluso estático. Es triste pero es real.

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Sí, la afición por sacar tajada es inagotable en algunos. Y me temo que no es sólo un juego, es estrategia pura y dura.
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