sábado, 22 de octubre de 2011

Las bicicletas me cargan

Me cargan mucho. Para empezar me cargan a mi, que no es poco. Y me transportan, aligerando mis tránsitos, ayudándome a acarrear los pesos del día a día, a soportar las cargas, a hacerlas más livianas. Y cargan a los míos, en viajes divertidos, vivencias compartidas.

Bajando a lo más a lo prosaico, la bicicleta es un vehículo que permite transportar cargas de manera cómoda, segura y eficiente, algo que parece que la mayoría por estas latitudes se empeña en ignorar. Y no sólo las bicicletas de carga, esos inventos fabulosos que han vuelto con fuerza después de haber desaparecido en muchos lugares, las bicicletas ordinarias son capaces de llevar nuestras cargas cotidianas mucho mejor que nuestros hombros y nuestras espaldas.



Una simple parrilla, o mejor una no tan simple para que no se desarme cuando queramos cargarla un poco más, permite llevar hasta 30 kilos sin demasiados problemas. En alforjas, en cestas, en cajas... dependiendo de nuestras preferencias y de la mercancía que queramos llevar. Papeles, objetos personales, la compra, un paquete ocasionalmente, la compra, los productos de la huerta, el equipaje cuando viajamos. Si las bolsas son impermeables además conservarán la mercancía a salvo de las inclemencias, que muchas veces no es lo de menos.

Con una pata de cabra la cosa mejora sensiblemente y el ejercicio de cargar se simplifica, gracias a la estabilidad que aporta

Después puedes añadirle una parrilla delantera para mejorar tu capacidad de carga sin jugarte la integridad de la rueda de atrás, que bastante tiene con soportar tu peso. Aquí se ha perdido mucho la cultura de cargar delante. La sensación resulta realmente gratificante. La bicicleta gana estabilidad, se equilibra, tracciona mucho mejor, se hace más direccional, menos loca. Es algo sorprendente. Personas o cosas, viajan perfectamente delante y además nos permiten vigilarlas durante la marcha.

Los remolques ofrecen otra buena solución para transportar peso y volumen. Ahora bien, no se pueden sobrecargar porque el efecto arrastre puede hacerse desagradable y reducir nuestra eficiencia en arrancadas y el subidas.

Hay lugares en el mundo donde la gente ha mantenido la costumbre de usar la bicicleta como vehículo de carga hasta límites insospechados. Copenhagenize en su post de hoy nos acerca al caso de Rio de Janeiro, aportando unos datos sorprendentes.

Nosotros en Pamplona llevamos más de 17 años haciendo nuestros pinitos, y hace unos meses que empezado una nueva etapa que hemos decidido denominar, la "estrategia del caracol", despacio, con concha, llevamos a casa a cuestas.


Pero hay otros que nos superan. Como muestra, el fotógrafo Alain Delorme dedica una exposición en la que fija su admiración hacia estos colosos con verdadero acierto, haciendo un homenaje a esos héroes anónimos y sus magistrales malabarismos. La ha llamado "Totems" y acaba de estar expuesta en el Molino de San Andrés durante mes y medio.


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