lunes, 10 de octubre de 2011

Esta ciclabilidad es surrealista

Intentaba explicarlo en los últimos artículos. Nos han vuelto locos, definitivamente. Nos faltaba muy poco, pero ya está. Ya han conseguido que su sistema se haga incomprensible de puro retorcido, y ya ha llegado el día en que nadie es capaz de interpretarlo y cada uno se las apaña como puede, como se lo imagina o, en el mejor de los casos, como le viene en gana.


Era una crónica anunciada. Semejante desnaturalización y reinterpretación de todo no podía dar otro resultado. Y parece que todos han coincidido en la fecha para denunciarlo. Ayer, sin ir más lejos, veíamos las noticias de Pamplona, Vitoria-Gasteiz y Sevilla en las que se dejaba patente este estado de desorientación y de descontento. Hoy le toca el turno a Valencia.



Esta ciclabilidad que se traduce en la mayoría de los casos en hacer andar a las bicicletas por las aceras (con o sin carril bici), cuando no por intransitables circuitos discontínuos y sin criterio, es lo que tiene: que luego nadie se aclara. Y esto, además de provocar inseguridad colectiva, crea peligro y crispación entre los peatones. No tiene vuelta de hoja.

El problema es que somos tan tozudos que, después de hacer caso omiso a los avisos insistentes que se han ido dando desde el principio de todo este proceso y después de haber consumado todo este desastre, ahora a ver quién es el valiente que se quiere dar cuenta del fracaso y que pone en tela de juicio todo este desmán y propone la deconstrucción del carril bici, la derogación de estas normativas imposibles y la reinclusión de la circulación ciclista en el tráfico en la mayoría de las calles a través de la pacificación del tráfico y la reducción de las velocidades. Desde luego si hay alguien, más que un valiente se tratará de un suicida.

Seguiremos atentos a nuestras pantallas y seguiremos presenciando el devenir de este despropósito  desde nuestros manillares. Algo que se augura emocionante. Suerte para todas y todos.

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